Lunes, 30 Enero 2017 06:46

Extrañas flores de la muerte

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Extrañas flores de la muerte

 

Para Manon Azul

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La muerte es una mentira. Jugando a las escondidillas ejecuta simpáticas bromas y en todo encontramos su esencia, porque no está sola. Ella es Madre de un ramillete de flores extrañas que conocemos como minúsculas muertes. Estos capullos se divierten y se esconden para que uno de nosotros —de pronto impulsado por el descuido— o muerto de risa con alguna de Ellas se encuentre. Son flores de inciertos matices que filtrados al ojo se trasmutan diferentes. Como “la muerte de botellón” que al romperse en trozos de vitral sobre la cabeza de algún desconocido nos da una tonalidad de cierto verde.

 

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Otra es azul: “la muerte de jabón o de azulejo” que a la más leve caricia del pie nos ayuda a traspasar el húmedo tul y entramos sin caer en cuenta al otro lado.

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O la de pétalos negros, “muerte de cine”, multicolor que ya, medio a oscuras, se introduce y te aprieta con su puño el corazón, hasta que lo detiene en la cima del susto de una maldita película de terror. Porque este “núcleo” es un niño molusco que inadaptado intenta escapar del trenzado de sus posesivas venas, por lo tanto es difícil que la tibia flor de niebla se pueda contener.

 

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Pero hay quien del puro susto muere en sencilla confusión por el cosquilleante escalofrío del cuerpo. Esta muerte traviesa es por la que culpan a la araña, a ese siniestro nudo de cabellos que suponen dueño de las Ideas más descabelladas (y sólo es culpable de existir) de ingenuamente  dar su lento paseo por cualquier espalda con delgadas piernas femeninas, encarnadas en negras y largas pestañas.

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 Otras muertes son de Observa: No tengas miedo, es una broma. Y cuando llevas tres noches sin día, tres noches sin noche, y en ninguna parte hay velas encendidas, no temas, no es una pesadilla, es “la muerte perpetua”, flor violeta de cavidades frías que te está cuidando los pasos con su parsimoniosa luz antigua.

 

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Algunas son de pétalos perversamente cariñosos, comienzan con  un muero por ti y al otro ser con el que están latiendo poco a poco en espeso amor y con el desgastado gotero (de las caricias) le absorben todo el tiempo. Y día con día hora tras hora va usurpando el fértil jardín de su pensamiento, y así este ser de envenenada carne, igual que gusano termina devorándole beso a beso.

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 La más amorosa y de mayor peligro es la flor “de Niña con sus juguetes”. Ella está  familiarizada con la Madre Muerte por tener menos tiempo de haber nacido (y su lazo del recuerdo es todavía de vapor). ¿Quién no ha visto alguna vez a esa muñeca desnuda, que aparece en los sueños con el rostro agónico por asfixia, dentro de una bolsa de plástico?

 

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Una increíblemente bella, plateada en la imaginación: es morir caminando en una tarde convencional, por un estrecho pasillo rumbo al parque. Que salte un gato negro, y un señor testarudo conmovido por la superstición se tape la cara y se sorprenda. Y que prosiga su camino casi de puntas, tranquilo por ese extenso, infinito largo: sendero de la buena suerte, donde las blandas piedras son pájaros ciegos y el arco iris es un eclipse en el fango.

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 Por lo general las “flores de la muerte” son indefinidas y caprichosas. Brotan en la tierra del recuerdo y la inspiración. Se cuenta, una de ellas fue una mujer que visitó a su amado muerto y decidió quedarse a dormir dulce y olorosa como naranja seca sobre su tumba. En realidad vivir no es saludable. Provoca en algunos hipersensibles una rara gripe —por así decirlo—, la alergia de despertar, y de acabarse tranquilamente la vida a estornudos.

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Sin embargo hay quien asegura es absurdo, que lo muerto no existe por sí, que —antes— no había tal cosa y se lo debemos a un ebanista ocioso que se inventó la muerte y se murió. De cualquier modo estas extrañas florecillas germinan en todas partes —hasta en los rincones más desolados—. Ahí en donde nos queremos esconder también brotará alguna pequeña. De nada sirve preocuparse por nuestros parientes, nuestros amigos ni por ninguno de nuestros seres amados. Tengamos por seguro que morirán. Y podemos sentirnos recompensados. Tantas formas existen de morir como pelusas en la barba tiene un sucio anciano.

 

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Adriana Tafoya

Adriana Tafoya. Poeta y Editora. México.1974. Libros publicados: Animales Seniles (2005), Enroque de flanco indistinto (2006) -poemario sobre ajedrez- que le valió jugar contra Garry Kasparov en las simultaneas para celebridades en "La Gran fiesta Internacional del Ajedrez 2010", Sangrías (Ediciones el Aduanero,2008), El matamoscas de Lesbia y otros poemas maliciosos (Ediciones Pasto Verde, 2009 / segunda edición Bitácora 2010/ tercera edición Cátedra Miguel Escobar 2014) Diálogos con la maldad de un hombre bueno (Editorial Ultramarina Cartonera, España, 2010/ segunda edición Inferno Ediciones 2014). Malicia para niños, (Colección Mi Primer Bakunín 2012), El derrumbe de las Ofelias (selección poética, Inferno Ediciones, 2012), Viejos rituales para amar a un anciano(Casa Maya de la Poesía, Colección Rosa Náutica No. 93/Campeche México 2012) y Los cantos de la ternura,(colección poesía sin permiso, 2013), Mujer embrión (Edición Especial, 2013), Los rituales de la tristeza (Rojo Siena Editorial, 2013) y Parábolas del Equilibrio(Sikore Ediciones, 2015). Muestra de su trabajo poético, aparece en "Antología General de la Poesía Mexicana", poesía del México actual, de la segunda mitad del siglo XX a nuestros días.Selección, prólogo y notas de Juan Domingo Argüelles,(Océano/Sanborns, 2014) .

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