Sábado, 16 Septiembre 2017 04:36

Destino en la palabra Julio César Aguilar

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Destino en la palabra

Julio César Aguilar

 

Honorables miembros del Ayuntamiento de Zapotlán el Grande, señoras y señores, amigos todos:

Es para mí motivo de una enorme alegría recibir este reconocimiento de Zapotlán el Grande, y en el mismo sitio del cual provengo: Zapotlán, ciudad que con su espíritu entrañable y su idílica atmósfera circundada por un volcán que custodia y una laguna durmiente, despertó en mi ser el ímpetu por la palabra poética, y más aún, por el conocimiento y la cultura en sus más amplias acepciones. Ciudad ésta que ha visto a mis ancestros crecer y multiplicarse, como obedeciendo fielmente los preceptos bíblicos, y por cuya sangre mi propio hálito se manifestó un día para luego cantar las glorias de la literatura, la que en este mismo suelo aprendió a deletrear. Apremiante aventura la de la palabra, que venturosamente comenzó en la infancia bajo la prodigiosa sombra, tan pródiga, de nuestro Juan José Arreola.       

            Aquí, en Zapotlán, convidado fui a saborear del resplandeciente verbo de Arreola y de su magia inagotable que, ciertamente, en mi alma de niño supieron echar raíces, las cuales acaso ahora ya van floreciendo. “Con fe en su destino”, me escribió en una dedicatoria Juan José Arreola — como ya lo he dicho en otras ocasiones—, palabras que a su vez fueron escritas para él por Pablo Neruda, cuando estuvo de visita en nuestro pueblo de ese entonces. La ciudad ha crecido a través de los años, es cierto, y la fe en el destino es un baluarte que impide al poeta claudicar en la consecución de su canto.

            Como el médico que soy, vislumbro de la palabra su incalculable poder de sanación o destrucción. “Por sus frutos los conoceréis”, se lee en un versículo. Los frutos son los actos, eso es claro, pero antes de serlo fueron palabras que actuaron para efectivamente concretar un hecho real. Así, nuestra realidad, tanto a nivel personal como colectivo, es el reflejo invariable de todo un sistema de valores creados a partir de la conjunción entre palabra, pensamiento y acción. Porque el lenguaje es puente entre los hombres, y siempre hay puertas que se abren tras la utilización de la certera llave de la palabra, la literatura, a los hombres, nos vuelve más humanos. Si “el hombre es hombre gracias al lenguaje”, como ha afirmado Octavio Paz, también es cierto entonces que de acuerdo a su léxico empleado se conforma en gran medida su realidad. De este modo, ¿cuál sería el valor de la literatura en este siglo XXI? Su importancia ahora, como desde siempre ha sido, radica en documentar el paso de la historia, sin ser historia, y en sensibilizar al hombre desde el pensamiento y el ejercicio de la reflexión.

            Hace más de quince años partí de estas tierras con ese sueño de una vida mejor que al hombro cargamos todos los emigrantes, y un desterrado busca siempre un techo que acoja la ilusión o el desamparo —aquí entonces las gracias sean dadas a mi hermana Lourdes—, para que las aspiraciones empiecen luego a germinar. Eran esos otros tiempos. De muros no se hablaba en la política exterior norteamericana de aquellos años, sea por Dios. En este mundo cada vez más competitivo, por lo tanto, sólo la educación es el único instrumento viable capaz de desarrollar los talentos personales, para que pueda así el individuo abrirse brecha después. Época de acelerados cambios la nuestra, como no ha habido ninguna otra con anterioridad, en la que predominan los conceptos del posthumanismo dentro de una era tecnológica, entonces busquemos ya en las universidades de la vida un nuevo humanismo que incorpore la razón al servicio de los grandes ideales nobles. Resurja, pues, un Don Quijote moderno en cada lector contemporáneo.

            Yo, el hijo ausente de Zapotlán, aquí hoy presente, comparezco ante ustedes para agradecer el honor de esta distinción, y para decir lo que aún no he dicho y he querido desde el comienzo decir: agradecido estoy porque hoy se reconoce, antes que a mí, a la palabra y su relevancia. La palabra que es canto, la sílaba dorada de la poesía, la letra que es principio y fin de la literatura. A ella, a la literatura, he dedicado mis años, mis días, mis horas de más gozo, las que me han iluminado con todo y siempre su resplandor.

 

*Texto leído el 15 de agosto de 2017, en sesión solemne, en el Palacio de Gobierno Municipal de Cd. Guzmán, Jalisco, durante la entrega de la Presea al Mérito Ciudadano, con motivo de los 484 años de la fundación de la ciudad.

 

Visto 253 veces Modificado por última vez en Jueves, 05 Octubre 2017 05:54
Julio César Aguilar

(Ciudad Guzmán, Jalisco, México). Poeta, ensayista y traductor de inglés. Cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Guadalajara; posteriormente realizó una maestría en Artes en Español en la Universidad de Texas en San Antonio y un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Texas A&M, de la cual obtuvo una beca postdoctoral. Su obra se ha traducido a varios idiomas y ha sido publicada en diversos países. Es autor de Rescoldos, 1995; Brevesencias, 1996; Nostalgia de no ser mar, 1997; Mano abierta, 1998; El desierto del mundo, 1998; El patio de la bugambilia, 1998; Orilla de la madrugada, 1999; Illuminated Mysteries/Misterios iluminados, 2001; La consigna y el milagro, 2003; Una vez un hombre, 2004, 2007; La consigna y el milagro/The Summons and the Miracle, 2005; Transparencia de lo invisible/Transparency of the Invisible, 2006; El yo inmerso, 2007; Barcelona y otros lamentos, 2008; Alucinacimiento, 2009; La consigna y el milagro/La convocazione e il miracolo, 2010; La consigna y el milagro, edición bilingüe español-árabe, 2011, y español-polaco, 2013, y Aleteo entre los trinos, 2015. Traducciones suyas son Con ansia enamorada, de Irving Layton, 2004; Camino del ser. Antología: 24 poetas anglosajones, 2006; Pintando círculos, de Luciano Iacobelli, 2011; La costurera y el muñeco viviente, de Beatriz Hausner, 2012, y Pascal va a las carreras, de Janet McCann.

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