Sábado, 04 Febrero 2017 07:31

El Museo de la Mujer y la exhumación de escritoras

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El Museo de la Mujer y la exhumación de escritoras

Rocío García Rey

“He insistido tanto en eso en la

necesidad de tener dinero

y un cuarto propio”.

Virginia Woolf

 

I LA ANÉCDOTA ¿BASTA TENER UN CUARTO PROPIO?

¿Qué representa en el siglo XXI  que en un Muso de la Mujer haya, entre otras actividades, talleres de literatura? Tal vez esta pregunta deba estar acompañada de la aclaración que tal literatura ha sido escrita por mujeres.

            En un siglo en que nos dejamos guiar por lo aparente, dicha acción para muchos resulta inocua. No así para quienes conocen los avatares de las mujeres en la historia de la cultura escrita. Si bien la literatura parece ser concebida como un discurso aséptico, guiado mayoritariamente por cuestiones estéticas y de forma, la otra cara de la moneda dice lo contrario: la literatura es un discurso de poder y por lo tanto un discurso que es construido por el canon literario, aquel constructo que ya sea desde la escuela, desde las editoriales o desde el mismo imaginario legitima aquellos textos que supuestamente deben ser el modelo y ejemplo de literatura. Debido a estos constructos es que el plano de la significación de la relación mujeres - literatura cobra una relevancia altamente vigente en nuestros días. Es al mismo tiempo que hago esta afirmación, que viene a mi mente aquella narración que Virginia Woolf hizo en Un cuarto propio. Me refiero a lo que halla y al mismo tiempo no encuentra, así de paradójico y oximorónico. Lo que ve en el Museo Británico son libros que hablan de las mujeres, sin haber sido escritos por éstas. De esta manera devela que las mujeres en el ámbito discursivo de los eruditos fuimos construidos con base en la serie de prejuicios de aquellos hombres como Pope (citado por Woolf) quien afirmó: “La mayoría de mujeres carecen de todo carácter”. (p.40)

            “Eso ha pasado, eso ya no existe, veámonos como iguales”, me dijo un alumno en un curso que di hace unos meses sobre “Creadoras suicidas”. Lo enunció luego de que afirmé que la historia de las mujeres en la República de las Letras no ha sido la misma que la de los hombres. Si hubiera sido así, Ted Hughes hubiera sucumbido igual de agotado por tener que cuidar a los hijos que procreó con Sylvia Plath. Es verdad que esta gran escritora era proclive a ciertas tormentas mentales, pero también es cierto que en Las cartas a su madre, sobre todo en los últimos escritos refiere una y otra vez estar agotada, no tener mucho tiempo para escribir debido a que debía cuidar de sus pequeños hijos.

Si la historia de las mujeres hubiera sido igual en materia literaria, a Alfonsina Storni, quien se atrevió a develar el erotismo femenino, no le habría dicho César González Ruano, con respecto a sus poemas,  que el “ripio era abundante flor de este original paisaje”. (Citado por Mercedes García Basa p.106).

Si no existiera diferencia, dónde colocaríamos las siguientes palabras de la mexicana Inés Arredondo ante el comentario que le hace Erna Pfeiffer en una entrevista:

EP- Porque me pregunto a veces por qué será que la literatura de mujeres en México no traiga obras voluminosas como las novelas del boom, por ejemplo; las únicas que han escrito novelas extensas fueron Elena Garro y Rosario Castellanos, y las otras autoras casi todas traen o cuentos largos o novelas cortas

Arredondo responde: “No, lo especial es que después, todas nos divorciamos a una cierta edad, y entonces, hay que darles de comer a los hijos, vestidos y todo eso, entonces empezamos a trabajar como locas dando clase aquí, escribiendo articulitos allá, así como vive un escritor para los hijos; entonces te queda poco tiempo para relajarte, para escribir una novela. Estás siempre tensa, entonces, esa tensión se traduce en que seas breve”.

Si obliteramos la diferencia entre  hombres y mujeres a lo largo de la historia en cuanto al acceso en la Republica de las letras, estaremos cayendo en una postura en que el presente es lo único válido. “Eso ya paso. Tratémonos como iguales”, vuelve a mi mente y digo expresamente que darle la vuelta a la historia es darle la vuelta a los elementos que nos permitan situar un valioso material para explicar por qué nuestro presente es como es. Si yo no tomara en cuenta ese pasado que se yuxtapone con el presente, no entendería por qué, por ejemplo para muchas mujeres sigue resultando altamente doloroso estar solteras.  No entendería las imágenes que Castellanos pinta. La mímesis es la desolación que nos hemos tatuado por creer que estar sin una pareja duele, porque nos han dicho que ello es estar “incompletas”. Leamos  el final de “Jornada de la soltera”: “Asomada a un cristal opaco la soltera/ -astro extinguido- pinta con un lápiz / en sus labios la sangre que no tiene. / Y sonríe hacia un amanecer sin nadie.” (Rosario Castellanos, “Jornada de la soltera”). Este poema precisamente lo leímos y discutimos hace tres semanas en un taller de poesía. Fue innegable la diferencia de interpretaciones, la diferencia en cuanto a los textos derivados del poema. Las mujeres hicieron textos más extensos, la urgencia de su palabra era atenuar el dolor del personaje que las había llevado por un momento a la desolación. Fue apremiante en los textos de las alumnas presentar la otra cara de la moneda de la soltería, “Ya no se sentirá sola” / “Aunque sin semen su vientre siente cosquillas”/ decían algunos versos; en cambio los alumnos fueron meno “intensos”, ello los llevo a presentar textos de opinión. “no deberían sentirse mal”, por ejemplo. Tal vez jóvenes consejos, que no por ello están exentos de una lectura particular del mundo.

Hemos vivido bajo la sombra de una educación sentimental que nos ha marcado, todos traemos una especie de cicatriz, como aquella de Ulises que sólo su nana Euriclea pudo reconocer. La cicatriz puede volver a hacerse herida si no acomodamos el rompecabezas de  la vida. Acomodar el rompecabezas es poder leer desde varias perspectivas el relato inmenso hecho a través de los tiempos. Así que es un tanto simplista decir “Eso ya paso. Tratémonos como iguales”.

Pido perdón al auditorio por relatar esta serie de anécdotas, pero me parece que todas juntas dan la clave para entender mejor los tiempos que vivimos y la importancia de desenterrar a nuestras ancestras que con lápiz e ideas nos legaron nuevas formas de asumir la vida. (En este momento que escribo ancestras, la computadora, rápidamente subraya la palabra con rojo. Pulso la “opción” de palabras y parece que lo correcto es “ancestro”. Me rebelo ante esta opción y dejo mi palabra ANCESTRA).

Como parte de estas anécdotas menciono que hay una librería mexicana de gran renombre, cuya página de internet muestra 58 autores con su respectiva fotografía: 56 de ellos son hombres; para quienes hicieron la página sólo existen dos autoras: Virginia Woolf y Clarice Lispector, ¿o quizá son las únicas que vale la pena leer? Este ejemplo, no es para pedir cuotas ni números; es decir mi planteamiento no se reduce a pedir “igual  número de mujeres que de hombres”. Lo utilizo, más bien, para cuestionar los vehículos, en apariencia objetivos, mediante los que como colectividad construimos nuestro mapa cultural y en este caso particularmente literario. ¿Cómo saber que existen autoras como Luisa Valenzuela, Marise Condé, Eunice Odio, Rosario Castellanos, Gabriela Mistral, Claribel Alegría? ¿Cómo acercarnos a textos como “La cocina de la escritura”, de Rosario Ferré si para comenzar el mundo editorial le da la espalda a estas publicaciones?

Fernando Benítez escribió en el espléndido libro: Los demonios en el convento, “Cada cultura tiene sus ficciones totalizadoras.” Y en efecto, una parte de esas ficciones ha estado vinculada estrechamente con el  poder que otorga el conocimiento. De esta manera lo planteado por Luis Vives es un claro ejemplo de cómo las palabras de la autoridad masculina en el siglo XVI apuntaron hacia el silencio y la castidad de las mujeres.  “[…] son dos las virtudes de la mujer, casi exclusivas: por ser la religión; por su sexo la castidad, aun cuando, como dije arriba, la religión abarque todas las otras virtudes”.

Somos herederas de dichas ficciones totalizadoras. Ello explica que nuestra labor como mujeres de letras siga siendo develar y revelar los textos escritos por nuestras congéneres. ¿Cómo hacer un periplo por la cultura escrita, si nos han hecho creer que es sólo la inventio del hombre la que puede volverse canónica? Se trata de construir desde los verbos leer y escribir, lo que Weigel llama “(el) mapa de los textos literarios: allí donde se había olvidado un nombre de mujer”.

II ¿DE QUÉ SE QUEJAN SI YA PUEDEN PUBLICAR?

             Muchos hombres, mujeres también, creen que el problema del desconocimientos de escritoras desaparece si vamos a la librería y vemos que hay libros escritos por mujeres. ¿De qué se quejan? Dijo otro alumno en un taller de literatura. “Usted puede encontrar libros de…” y enumeró una serie de nombres de mujeres. ¿Qué debemos observar de este hecho?

-          Que cuando las mujeres ponemos en duda ciertas dinámicas, en este caso de lectoescritura relacionada con el género, tal duda es significada como queja. Las mujeres no se conforman. ¿Qué más quieren? Es lo que escuchamos en el subtexto

de las afirmaciones sexistas. Esto equivale  (y sé que haré una digresión) a lo que se nos dice en el metro o en algún otro espacio si nuestro cuerpo es violentado. ¿Para qué lo provocaste? Esto lo digo porque ambas preguntas me las han hecho directamente. Una como parte de un cuerpo académico “quejoso”. Cállese, deje de poner en duda lo que nos da miedo y leamos el cuento sin analizarlo.

|           La otra pregunta me la hacían muy frecuentemente cuando yo era una casi niña de 15 años y apenas estaba aprendiendo a viajar en el metro.

A los 15 en viajes a la escuela mi cuerpo vomitado. /Sucedía en los vagones de metro/ los hombres arrimando su sexo /a mi cuerpo adolescente/ Yo hoja muda, ciega de palabras, al fin niña. /Mi madre me había dicho fea y gorda / gorda y burra/ y yo solo albergaba miedo / Los toqueteos y el acoso / en el baúl del sudor de miedo. /No puedo ser poeta/ Cuerpo sucio / toqueteado /Cuerpo hinchado/ jamás podrás ser poeta. / ¿Para qué lo provocaste?/Recuerdo que me dijo un hombre. /Silencio en llamas/ Silencio en forma de vergüenza.

Tal vez crean que he perdido el hilo conductor de esta conferencia, no es así, con lo que acabo de leer deseo darle paso a un concepto básico que es el que ha hecho que me sume a las tareas para exhumar a las escritoras y colocarlas en diversos talleres que me han permitido impartir en el Museo de la Mujer. Tal concepto es “la voz”, Jean Franco dice que ésta “es, de hecho, una metáfora para la gran división socialmente constituida (y quizás imaginaria) entre el mundo letrado e iletrado, el primer y el tercer mundo, el mito y la historia”. En efecto, el hecho de que ahora haya libros escritos por mujeres en las grandes librerías no significa que tengamos acceso a la voz, puesto que la voz al tiempo que enuncia construye un entramado ideológico que en el caso que nos concierne nos conduce a cierta “alfabetización literaria”. Muchas lectoras en potencia, por ejemplo, para saber conducirse en las relaciones amorosas comprarán un libro de autoayuda, no recurrirán, por ejemplo a la novela Maldito amor,  de Rosario Ferré. Esto nos conduce a cuestionarnos qué tan iletradas somos con respecto a nosotras mismas, si las que ahora tienen mayoritariamente voz, nombran sólo lo aparente, sin poner en duda jamás el statu quo. En este sentido suscribo totalmente lo que Sigrid Weigel escribió en Una mirada bizca: “Un texto descubierto en un archivo polvoroso no será bueno ni interesante sólo porque lo escribió una mujer”. Y como la escritura y la lectura crítica no son un don, como letradas comprometidas, reitero, debemos buscar espacios extra muro para salir de la caverna, “despertar de nuestra propia muerte”, como dijo Adriene Rich.  Pero para salir de la propia muerte hay que encontrarnos con las voces de las que han colocado en la revuelta discursiva nuestro papel en el ya nombrado gran relato de la vida y la historia. Por ello la importancia de contar con espacios físicos para la impartición de cursos y talleres críticos. Talleres críticos que exhumen la voz de las mujeres podrán hacer que las alumnas queden azoradas cuando a partir, por ejemplo, de la lectura de algunos poemas de la costarricense Eunice Odio, descubran formas altamente estéticas para construir una poesía erótica.

II
Ah, /si yo siquiera te encontrara un día/plácidamente al borde de mi muerte, /soliviantando con tu amor mi oído/ y no retoñe... /Si yo siquiera te encontrara un día /al borde de esta falda /tan cerca de morir, y tan celeste /que me queda de pronto con la tarde.

¿Qué carácter y significación adquieren las metáforas, la voz en pleno de Eunice Odio, frente a Best Sellers que tratan de convencer en este caso, mayoritariamente a las mujeres de que el tratado del erotismo ha llegado? Me refiero a Las 50 sombras de Grey.  Leamos un breve extracto:

Levanto un poco la vista y lo miro furtivamente mientras espera en la cola a que

le sirvan. Podría pasarme el día mirándolo… Es alto, ancho de hombros y

delgado… Y cómo le caen los pantalones… Madre mía. Un par de veces se pasa los

largos y bonitos dedos por el pelo, que ya está seco, aunque sigue alborotado. Ay,

cómo me gustaría hacerlo a mí. La idea se me pasa de pronto por la cabeza y me

arde la cara. Me muerdo el labio y vuelvo a mirarme las manos. No me gusta el

rumbo que están tomando mis caprichosos pensamientos.

Desde luego la distancia entre construcciones lingüísticas es abismal. Por ello en el Museo de Mujer he procurado revivir textos altamente literarios –utilizando la metáfora de Garro- de las Minervas, que en muchas ocasiones fueron pateadas, como Gabriela Mistral, minimizadas como Claribel Alegría, vistas como plañideras en el caso de Rosario Castellanos. Las alumnas miran los textos, luego hacemos una lectura cuidadosa, ¿qué dice el adjetivo? ¿Qué comunica el texto? Miradas de asombro. “Nunca pensé que existiera alguien que sintiera lo mismo que yo”? Declaró una alumna cuando leímos “Entrevista de Prensa”, de Rosario Castellanos. Otras preguntan ¿Doctora, por qué no se consiguen estos textos en México? Toda esta revuelta se lleva a cabo en el espacio del centro de Documentación de este Museo.

Con lo expuesto digo, propalo que no basta que haya algunos libros de escritoras o pseudo escritoras en las vitrinas de las librerías. Por ello ese ¿Qué más quieren si ya pueden publicar? No toma en cuenta los avatares editoriales ni la alfabetización literaria a la que todos y todas somos sometidas.

            Algunas alumnas llegan con un poco de miedo: “No conozco el tema, pero me llamó la atención porque lo vi anunciado en el metro”. Entonces se abre el telón, el Taller o curso comienza en el Museo de la Mujer y este adquiere aún más vida porque es en este espacio que tiene como objetivo situarnos en el escenario de la historia. No más mudas ni analfabetas funcionales. Las voces de todas valen porque -utilizando las palabras de Ricardo Piglia- los usos que yo hago de la narración tienen como objetivo primario vernos mediante los poemas, las novelas, los cuentos de nosotras – las que dejan de ser otras para volverse para del entramado de una tradición que es la interpretación. Más de una alumna, cuando trabajamos el cuento “El árbol” de María Luisa Bombal, se vio reflejada. Silencio luego de preguntar su punto de vista. En el cuento el árbol había caído y en sus mentes se revelaba como anagnórisis una nueva forma de mirar, de sentir la vida. El final del cuento dice:

Le habían quitado su intimidad, su secreto; se encontraba desnuda en medio de la calle, desnuda junto a un marido viejo que le volvía la espalda para dormir, que no le había dado hijos. No comprende cómo hasta entonces no había deseado tener hijos, cómo había llegado a conformarse a la idea de que iba a vivir sin hijos toda su vida. No 15 comprende cómo pudo soportar durante un año esa risa de Luis, esa risa demasiado jovial, esa risa postiza de hombre que se ha adiestrado en la risa porque es necesario reír en determinadas ocasiones. ¡Mentira! Eran mentiras su resignación y su serenidad; quería amor, sí, amor, y viajes y locuras, y amor, amor. . .

            En el momento en que deben comentar, primero un silencio como el que mantuvo Brígida toda su vida de casada, pero al fin alguna compañera se atreve a alzar la mano y decir que ella también quisiera amor y viajes y locura. Estas palabras bastan para que las demás asistentes se atrevan a hablar. El espacio, su espacio se convierte en un cuarto donde a la par de desmenuzar la parte literaria, como aquella de los tropos en que la sinestesia toma la batuta, también reflexionan desde su mundo, desde su historia de vida. Las reglas interpretativas, entonces, aunque no totalmente académicas nos conducen a la otra parte, a la que el grupo de mujeres que le da vida al taller tendrán que asumir otro papel: El de “autoras”. ¿Escribir? Es que hace mucho que no escribo. Es que a mí eso de la escritura no se me da. Hay entonces que hacer una labor de convencimiento para que permitan sentir deslizar una dos palabras, tal vez una oración en la que extrapolen lo que sienten, lo que descubren. Lo logramos: el binomio se ha producido la lectoescritura a partir de sacar de la tumba a alguna de las tantas autoras que enunciaron el mundo.

            Por fin las alumnas se atreven a virar y mirarse en otro espejo, aquel que les proporcione no sólo un anhelo, no sólo un deseo, no sólo un coraje: Una suma de anhelos, de voces, de fantasías, de metáforas. Es entonces que aquella búsqueda paradójica y oximorónica – de Woolf-  desaparece cuando hay espacios como este en el que me encuentro hablando, en el que el ritual para descubrir escritos de mujeres hechos por mujeres es posible. La exhumación se ha logrado y podremos saber que textos como el citado a continuación son parte de una mirada a nuestros cuerpos, no la mirada en sí, no la mirada toda, reitero, sólo una parte de la mirada.

La memoria de Mary Anne y la mía son enemigas. Ella dijo “lo que nadie nos quitará es que hemos sido felices este tiempo”. Cuando yo ya nos lo quitaba. Yo nunca fui feliz con ella. Nunca lo puede o nunca lo desee. Está claro que en buena parte fue una obsesión sexual lo que me hizo tan necesario su cuerpo, más allá del afecto. Pero igual podría decir que buscaba una madre o ambas cosas (Héctor Manjarrez, No todos los hombres son románticos, p.20)

III LAS CENIZAS POSIBILITAN LOS PROPIOS TEXTOS

Con este apartado finalizaré mi intervención. Lo haré tomando prestado el subtítulo que en español le han dado al libro de Sarah Hirschman: Gente y cuentos ¿A quién le pertenece la literatura? Esta pregunta me parece cobra vigencia cuando los regímenes en apariencia democráticos nos hacen creer que todos tenemos acceso a la lectura, que todos somos ciudadanos por el hecho de poder votar. Pero tratan de hacernos olvidar que el grupo mayoritario de analfabetas lo componemos las mujeres.

En el mundo hay 781 millones de personas analfabetas en edad adulta, un 16 por ciento de la población global, según el Atlas de la Alfabetización del Instituto de Estadística de la UNESCO ( UIS). De ellas, el 64 por ciento son mujeres, unos 500 millones, un porcentaje que, para la UNESCO, no ha mejorado significativamente desde 1990. Por otro lado, del total de adultos analfabetos, 126 millones son jóvenes de entre 15 y 24 años y de ellos cerca de 77 millones (el 61%) son chicas. (http://www.eldiario.es/desalambre/educacion-alfabetizacion_0_300620161.html Fecha de consulta 26 de noviembre de 2016) – Datos del 2014-

La literatura le sigue perteneciendo a unos cuantos. La tradición en la que estamos imbuidos hombres y mujeres es aquella que le confiere “la voz”, esa voz que debe ser escuchada, que debe estar en los anales de la historia a nuestros colegas hombres. Si buscamos en las librerías La amortajada y Pedro Páramo ¿qué novela hallaremos? Todos sabemos la respuesta. Lo que tal vez no sabemos es aquello que narra Beatriz Espejo: “La amortajada  se ha señalado entre la influencias rulfianas […] pero esas jugadas tuvo otras carambolas”. Espejo cuenta que la obra de Bombal fue descubierta por Emanuel Carballo y Rulfo. La consecuencia en palabras de Carballo, citadas por Espejo son las siguientes:

[…] la leyó de inmediato y cambió la estructura del libro (Pedro Páramo). Estaba a punto de comenzar la Semana Santa, y Juan a quien le habían extraído la dentadura, aprovechó esos días para bocetear febrilmente una nueva versión de la novela. El personaje fundamental, Susana San Juan, desapareció y en su lugar surgió como protagonista Pedro Paramo. (Palabras de Carballo, citadas por Espejo)

“Así, la escritora chilena sirvió para que el mexicano diera una vuelta de tuerca” (pp XV y XVI, de  la introducción escrita por Beatriz Espejo para  La amortajada).

Estas historias que han quedado también en el ataúd de la Republica de las Letras son las que trato de exhumar para que la memoria no tenga un solo camino, ni un solo adjetivo, ni un solo matiz, ni un solo género.

Gracias al Museo de la Mujer de la CDMX y a la Dra. Patricia Galeana, han quedado en la memoria de muchas mujeres un cúmulo de palabras que han reformulado y transformado en sus propios textos. Un ejemplo verificable es la antología que hicimos en junio del 2015 a propósito del taller “Relaciones madres e hijas a través de la literatura”. Los textos eje fueron los de Nelli Campobello, Gabriela Mistral, Simone de Beauvoir, entre otras. Fue un tema fuerte, confrontó a las alumnas, aun así no claudicaron y se atrevieron a dejar constancia de sus lecturas y reformulaciones en la antología que está en el Centro de Documentación de este Museo. Voy a citar las palabras de Janeth Castillo Espejo. Su texto lo tituló: “Disipando dudas”:

Tengo un sentimiento de esperanza que me da un respiro, saber que se abre camino a la aceptación de la mujer como ser femenino independiente aumenta las posibilidades de acercarse a unos pasos más a la equidad de género.

De las cenizas de nuestras autoras muertas física o simbólicamente podemos parir textos y nuevas interpretaciones y conceptualizaciones del mundo.

Esta mujer que ahora habla también resurgió gracias a las lecturas que hizo de textos de mujeres. Si hubiera asumido como verdad absoluta que la única opción era aceptar el acoso, o incluso las palabras hirientes de la propia madre, jamás se hubiera atrevido a decir “yo quiero participar en el 5to. Encuentro de Por ello me atreví a citar parte de un poema mío titulado “Soy parte de la manada”. Sin el rescate de los textos de Beauvoir, de Cixous, de Muraro, estaría en una especie de tumba, y nunca me hubiera atrevido a decir que sí podía hacer un Doctorado, menos aún me hubiera atrevido a dar cursos. “Soy parte de la manada” como digo en el poema. Resurgí y ahora quiero que muchas, que todas resurjamos del olvido y del silencio. Gracias al Museo de la Mujer por permitirnos salir de la propia tumba.


 


[1] Conferencia dictada el 29 de noviembre de 2016 en el Museo de la Mujer de la CDMX.

Visto 339 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 04:05
Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

2 comentarios

  • Enlace al Comentario Irma islas Miércoles, 15 Febrero 2017 18:05 publicado por Irma islas

    Ojalá que las mujeres vayamos al rescate de nuestra identidad como mujeres.
    Me encanta la idea de "desenterrar a nuestras ancestras que con lápiz e ideas nos legaron nuevas formas de asumir la vida"
    Cavemos tumbas para desenterrarnos a nosotras mismas.
    Gracias prof Rocio

  • Enlace al Comentario Cesar Kostia. Lunes, 13 Febrero 2017 23:15 publicado por Cesar Kostia.

    Gracias

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