Sábado, 15 Abril 2017 00:58

Utopía y escritura: breve comentario de “El abanderado” de Eusebio Ruvalcaba / Dra. Rocío García Rey /

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Utopía y escritura: breve comentario del “El abanderado” de Eusebio Ruvalcaba

Dra. Rocío García Rey

 

En la década de 1990, cuando muchos pensamos que las utopías políticas habían sido inhumadas y que por tanto  nuestros pasos sortearían suelos oscuros,  surgió en México el resplandor del movimiento zapatista. Personajes que no habían sido enunciados ni considerados por la oficialidad de los discursos en general, se colocaban en el escenario de la palabra, de la voz y la visibilidad.

            El 1 de enero de 1994, los escenarios cambiaban. Todos los escenarios incluido el de la literatura. Quien escribe  esta columna tenía veinte años y ve aventuró a  ir a trabajar a la zona llamada de “conflicto”. La firma de Tatic Samuel plasmada en una identificación “hechiza” era el pasaporte para que los compañeros zapatistas permitieran la entrada a la zona en que creímos nacía el sueño renovado.

            Ante lo visto, ante lo vivido yo quería plasmar con palabras los olores de la selva, la imposibilidad, en ocasiones, de comunicarme plenamente con los dirigentes porque yo no hablo tojolabal. Palabras, palabras sorteando la hoja en blanco. El afán de veracidad me abrazaba, aún no cabía en mi mundo la verosimilitud.

            Meses después de mi regreso de Chiapas, mi hermana mayor compró un libro titulado  Atrapados en la escuela. Se trata de una compilación de cuentos hecha por Beatriz Escalante y José Luis Morales. Entre el abanico de historias cuyo eje es precisamente la escuela y el ambiente de cautiverio que la educación tradicional cimienta, aparece una historia que despliega maestría en la construcción de un personaje: “El abanderado”, cuento del Maestro Eusebio Ruvalcaba.

            Movimiento zapatista, cuentos, ¿cómo armar este relato? Lo armo mostrando lo que señalé al principio de este texto: el quehacer literario para algunos fue también darle vida a historias cuyo telón de fondo tuviera que ver con lo que sucedía: una ruptura en que la historia inmediata era escrita de manera diferente, si recordamos los comunicados del célebre Subcomandante Marcos o la forma en que veíamos a nuestros hermanos indígenas que habían dicho “Basta”.

            Ruvalcaba no fue ajeno a este nuevo edificio político y  demostró mediante el cuento “El abanderado” ese binomio conocido, pero no por ello siempre comprendido: el entrecruzamiento entre literatura y sociedad. Lo hizo creando como personaje principal a un niño de sexto año de primaria (el abanderado) que critica los ritos caducos y sin sentido que se llevan a cabo para ¿honrar a la Patria?

            El clásico narrador omnisciente es desplazado por un yo, un yo púber (el abanderado) quien narra lo que piensa de la escuela, incluidos sus compañeros y “el ciudadano director”. Con su relato  pone en tela de juicio lo que desde las instituciones nos hacen creer es el comportamiento adecuado. Se premia la conducta para que después se nos dificulte ser hombres y mujeres de ruptura.

            El personaje creado por Ruvalcaba, es el  “niño héroe”, quien mediante su monólogo construye al tiempo una etopeya de sí mismo y un retrato del ambiente que lo rodea. Es una vez que comienza a contar cómo y por qué fue elegido “el abanderado” de la escuela, que se despliega la gran crítica al sistema: “Dicen que se fijan en todo, o sea lo que ellos creen que es todo: las calificaciones y la conducta. Claro está que tienes que estar en sexto. Pero estar en la escolta es una verdadera lata […]”

En efecto, -bajo una mirada obtusa- lo cuantitativo: las calificaciones, unidas a la conducta son la muestra de que la escuela  está creando a los futuros buenos ciudadanos. “El abanderado”, por suerte, es el símbolo de la rebeldía que puede existir aun dentro de un microcosmos: escuela, salón de clase, patio donde se lleva a cabo el homenaje a la bandera. Por ello se entiende que nuestro personaje no encaje con los demás adolescentes y que diga: “Y a mí me aburren como si estuviera viendo a Raúl Velasco; por eso prefiero estar solo en el recreo y no echar relajo cuando la maestra sale de la clase por cualquier cosa”.

            Si las revistas pornográficas que ven sus compañeros unidos a  los actos cívicos se vuelven carentes de significado importante para nuestro personaje, hay un gran acontecimiento de quiebra que Ruvalcaba usa como giro de tuerca: los comunicados del Subcomandante Marcos y los acontecimientos en Chiapas. “Sobre lo que yo habría querido platicar con Tinajero y compañía era sobre otra cosa: sobre Chiapas y el subcomandante  Marcos. Pero a nadie de mi grupo le interesa.”

            Los significados de la vida y la lectura del mundo se expanden cuando “nuevos” textos aparecen ante nosotros y develan que, por ejemplo, ser patriota no se reduce a ser abanderado.

            Los roles de género también son visibles en el cuento, pues mientras la madre del abanderado se esmera en que su hijo esté presentable en el homenaje y por ello almidona su camisa; el padre es el “lector” de política. Es, entonces, por éste  que “el abanderado” conoce los comunicados del Subcomandante.

A mi papá sí. Me lee los comunicados […] y me cuenta las luchas que desde tiempos muy antiguos entablaron los indígenas y la forma en que los han despreciado, desaparecido y explotado […]

Él mismo ha guardado los periódicos desde el dos de enero –porque el primero no hubo- , porque dice que el día de mañana van a servirme para hacer un trabajo universitario.

Pobre.

Ahí sí está muy equivocado porque yo lo último que quiero es ir a la universidad.

Hay entonces, un entrecruzamiento, también, entre la ruptura del futuro trazado desde el statu quo. Por un lado otrora subalternos : los hermanos indígenas se asumen como sujetos y por ello capaces de cambiar el rumbo de la historia y el abanderado proclama su grito de rebeldía adolescente, no por ello menos importante, no por ello carente de peligro para la escuela y las autoridades.

El día del homenaje a la bandera dice el personaje:

[…] recordé un viejo sueño: dar El grito desde el Palacio Nacional […] grité sin pensarlo dos veces: ¡“Viva México”! De inmediato toda la escuela grito: “viva”, y entonces grité, más fuerte todavía, lo más fuerte que pude, lo primero que me vino a la cabeza: ¡Viva el subcomandante Marcos! Como si fuera uno solo, la escuela por completo gritó lo mismo: ¡Viva! 

La metamorfosis es impecable en el cuento que estamos comentando: Del sueño ubicado en un espacio oficial de la política: El Palacio Nacional hay un salto a un espacio también oficial, el gran cambio está en el significante y significado, pues gritar Viva México no tiene peligro, es un acto incluso aplaudido, gritar, empero, un viva a quien en 1994 era el gran enemigo de la “paz”, era un delito. La voz con toda la simbología que aglutina, es emitida, pero no todo lo que se grita será aceptado. Por ello la gran vigilancia y castigo (en términos de Foucault) se despliegan. En el caso del cuento nuestro niño héroe es expulsado de la escuela y colocado en un espacio de cautiverio mayor: una escuela privada.

“El abanderado” después de años vuelve a mí y se conjunta con aquella experiencia propia.

He dicho yo también quería escribir en 1994 del movimiento zapatista. Eusebio Ruvalcaba me enseñó con su cuento, que había muchas formas e historias, incluso fuera de la selva traspasadas por aquel movimiento que creímos nos devolvería las utopías.

 

Visto 362 veces Modificado por última vez en Jueves, 20 Abril 2017 16:05
Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

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