Jueves, 11 Mayo 2017 05:34

MARTÍ Y LOS ECOS DE LA INFANCIA / Dra. Rocío García Rey. /

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MARTÍ Y LOS ECOS DE LA INFANCIA

Dra. Rocío García Rey.

 

 

LA ANÉCDOTA

           

 

Este trabajo es apenas un boceto de las múltiples interpretaciones que de José Martí pueden hacerse y es ante todo una invitación a mirar su papel de escritor para la infancia. Al leer algunos de sus textos he caído inevitablemente en el recuerdo personal. ¿Qué me dice el nombre de Martí más allá de la historia de las ideas? ¿Qué me dice el nombre desde mi historia personal? Me veo, entonces, siendo niña y asistiendo a la segunda escuela primaria por la que pasé: “Escuela Primaria José Martí”, ubicada en una colonia popular (del Municipio de Ecatepec, Estado de México), y siendo además la escuela que abrazaba a los niños “problema” de la comunidad. ¿Quién es José Martí? Pregunté a mi papá “Fue un prócer cubano”, respondió: Mi duda no fue disipada. En mis seis años sólo cupo una frase: “No es mexicano.”

            Un día un niño lanzó la osada pregunta al profesor: “Maestro, ¿verdad que cuando se abrió esta escuela, vino José Martí?” La respuesta: una sonora carcajada de parte del profesor, seguida de un “cómo crees, si ya está muerto.”

            “Prócer cubano muerto que se parece a Aquiles Serdán” fue la frase que formulé para mí misma, sin entender el significado de prócer y por qué si era cubano no era negro (porque no está de más decir que tanto mis compañeritos como yo teníamos la creencia errónea, de que Cuba era habitada por negros). La aclaración de quién había sido Martí permaneció en la gaveta de los silencios durante los años de primaria y secundaria.

            El enredo geográfico e histórico aumentó cuándo en quinto año leí  “Hidalgo” y abajo el nombre del autor: José Martí.[i] Guiada, sin saberlo, por una visión reduccionista, me pregunté ¿Cómo un cubano supo de un mexicano? Mi corto entendimiento me hacía creer que las historias de los países sólo las podía escribir alguien perteneciente al país en cuestión. Y aunque también había dos textos más, uno sobre Bolívar y otro sobre San Martín, no me “preocupé” de ellos pues se trataba de figuras absolutamente lejanas en geografía y en comprensión para mí.

            ¿Es lícito narrar mi anécdota? ¿Qué importancia puede tener si fui a la primaria Benito Juárez o José Martí? Parte de la respuesta tiene que ver con ciertas filiaciones subjetivas que tenemos a los temas y que parecen ir más allá de lo propiamente académico. Lo importante, en este sentido, está en prestar atención a que esas filiaciones son parte del bagaje y del horizonte cultural en el que hemos vivido.

MARTI  Y LA INFANCIA LATINOAMERICANA

           

Quisiera comenzar este apartado con una pregunta ¿Cuál es la interpretación que daríamos a la reproducción de textos de Martí, en libros de texto infantiles? ¿Por qué de los pensadores- escritores del siglo XIX encontramos a Martí? La respuesta quizá es harto conocida, pero creo que no así la reflexión en torno al hecho. El cubano José Martí (1853-1895) fue uno de los pocos que miró en la infancia latinoamericana un sujeto de recepción de sus textos. Otro ejemplo está en el colombiano Rafael Pombo -1833-1912- cuya producción tomó en cuenta también al público infantil con sus Cuentos pintados y morales para niños formales.

           

La particularidad de Martí con respecto a Rafael Pombo es que el cubano inserta en sus escritos para niños el tema de Latinoamérica y lo que de ello se desprendía: la musicalidad del lenguaje –“¡Vaya la niña divina!/ - dice el padre, y le da un beso-. Vaya mi pájaro preso a buscar arena fina.” [ii]-; la defensa del continente a través del conocimiento, en la que podríamos encontrar una vertiente axiológica – “El viajero hizo bien porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él porque la América fuese del hombre americano”[iii]; la ternura de padre mezclada con su deber ser de revolucionario; el exhorto a su hija María Mantilla para liberarse mediante el conocimiento y romper el “eterno femenino”:

 

[…] ¿Piensa en el trabajo libre y virtuoso, para que la deseen los hombres buenos, para que la respeten los malos, y para no tener que vender la libertad de su corazón y su hermosura por la mesa y por el vestido? Eso es lo que las mujeres esclavas, -esclavas por su ignorancia y su incapacidad de valerse, -llaman el mundo del “amor” […] [iv]

           

             Cierto es que fue en el siglo XIX cuando la infancia como grupo particular cobró mayor visibilidad, sobre todo en términos pedagógicos, en Europa            con los trabajos de educadores como Pestalozzi  (1746-1827) y  Fröbel (1782-1852). Pero como vemos, Martí apenas nacía cuando Fröbel habían muerto, así que el trabajo de rescate de la infancia como la generación en la que podían depositarse los anhelos de cambio, poco tiene que ver con una pedagogía europea. Porque Martí estaba convencido del papel de  la educación como elemento para lograr cambios, pero ésta no se reducía únicamente a la escuela. Hay de hecho una invitación a ser autodidactas y a compartir los conocimientos aprendidos. Ilustro este planteamiento con las siguientes palabras también a la niña Mantilla:

          

  […]Así si serán maestras, contando esos cuentos verdaderos a sus discípulas, en vez de tanto quebrado y tanto decimal, y tanto nombre inútil de cabo y de río,         que se ha de enseñar sobre el mapa como de casualidad, para ir a buscar el país     de que se cuenta el cuento, o – donde vivió el hombre de que habla la historia.-       Y cuentas, pocas, sobre la pizarra, y no todos los días. Que las discípulas amen    la escuela, y aprendan en ella cosas agradables y útiles.[v]

           

Años antes de las cartas a María Mantilla aparecerían dos textos clave en la difusión de la literatura para niños. El primero es Ismaelillo (1882). ¿Cuál es la novedad de este libro? Se trata de un texto poético dedicado a su pequeño hijo. Un hijo que representaba las esperanzas y los anhelos que como revolucionario lo mantenían avante. Pero además se trata de un libro donde un hombre (dándole peso al género) se atreve a cantar el amor tierno a su hijo.

            Hijo: espantado de todo, me refugio en ti./ Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la ventura y en ti./ Si alguien te dice que estas          páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo para profanarte así […]  [vi]

            Escritor prolífico alimentado también de múltiples viajes, Martí echó mano de diferentes géneros literarios y en el caso de la infancia, insisto, ésta fue mirada y en algunos casos admirada por él. No se trataba únicamente de guiar a las “juventudes americanas” como años más tarde harían Rodó, Vasconcelos o Mistral, se trataba de rescatar a este grupo mediante la educación porque era a través de él que podría realizarse el cambio concebido como la liberación no sólo política sino de pensamiento. En “La Sangre Nueva” podemos leer el pasaje en el que cuenta con admiración cómo un muchacho, alumno de la escuela comercial de Packard  para defender el honor de Cuba.

            El niño habla con toda la fuerza de la sinceridad y de su honor: ¿quién le   ofende             a su Cuba? ¿Por qué Cuba, de hijos más trabajadores y cultos en su mayoría, y más universales y emprendedores que los hijos de España, no puede   emanciparse de España?[vii]

           

            La defensa de la Patria no era entonces ya un trabajo exclusivo de los adultos, y tampoco se reducía a una defensa desde un lugar físico particular. El topos más importante se hallaba en el espíritu. Y espíritu, en la propuesta de Martí, es el lugar de la creación y la construcción de un conocimiento “propio” que ayude a tirar la creencia aldeana, como el la llama, de que el mundo y la noción de patria se reducen a estar en  un solo lugar en términos geográficos. En este sentido es comprensible su fuerte cuestionamiento que hace en Nuestra América “¿Para qué sirven los letrados artificiales?”[viii] A esta pregunta bien podemos enlazar su razón de escribir La Edad de Oro: “Para qué los niños Americanos sepan como se vivía antes y se vive hoy, en América, y en las demás tierras […]” y con ello podemos decir que Martí trataba de prevenir que volvieran a prevalecer las visiones constreñidas y únicas.

           

Ahora que la SEP trata de proponer (¿o imponer?) una aparente propuesta educativa. Ahora que se habla de “Una educación para todos,” me pregunto si algo del chocante espíritu aldeano no anda todavía rondando. Me pregunto si a los encargados de la nueva política educativa les dirá algo el nombre de José Martí o sí como yo cuando niña lo reducen a “prócer cubano” de algún momento ya desvanecido.

           

 

 

NOTAS

 

[i] Se trataba de un texto al que titularon “Tríptico” y  que pertenece a “Tres Héroes” contenido en La Edad de Oro.

 

[ii] Martí, José, “Los zapaticos de Rosa”, en Obras Escogidas,  España, (Col. Centenario II) p. 200.

 

[iii] Martí, José, “Tres Héroes” en  La Edad de Oro. Publicación mensual dedicada a los niños de América. Perú,  Briceño Editores, 2003, p. 20.

 

[iv] Martí, José, “A mi María” Cartas a María Mantilla, Cuba, Centro de Estudios Martianos, edit. Gente Nueva, 1982. p. 66. La carta fue escrita en 1895, cuando Martí  se encontraba en Cabo Haitiano.

 

[v] Martí, Cartas... op. cit. pp. 95-96

 

[vi] Martí, José, Ismaelillo, Madrid, Mondadori, 1999, p. 11.

 

[vii] Martí, José, Sobre las Antillas, (Selección, Prólogo y notas Salvador Morales), Cuba,  Casa de las Américas, 1981, pp. 165-166.

 

[viii] Martí, José “Nuestra América”, en Obras Escogidas, op. cit. pp. 119 y 121.

 

 

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Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

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