Martes, 20 Diciembre 2016 21:51

Tánatos instaura su trono

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Tánatos instaura su trono

Rocío García Rey

Posgrado en Letras, FFyL-UNAM

 

 

Resumen:

 

El presente texto es una reflexión de la presencia simbólica de Eros y Tánatos en la película húngara, “Opium. Diario de una mujer poseída”. Planteamos que en la historia de la película son prácticamente invisibles las fronteras entre enfermedad y salud mental. La película permite que nos preguntemos ¿Cómo puede el médico de la historia suavizar el dolor existencial de su paciente, si a él mismo le duele la existencia? ¿Cómo develar el cuerpo de Eros si es Tánatos quien hace girar las manecillas de la vida? Es por estas preguntas que narramos las conductas y las percepciones tanto de la paciente Gizella Klein, como del médico Brenner.

La escritura desenfrenada que lleva a cabo Gizelle es lo que le servirá de salvación al médico. Mientras ella, al final, forme parte del espacio de la muerte.

 

Palabras clave: Enfermedad mental, Eros, Tánatos, Escritura, Olvido.         

 

Abstract

This paper is a reflection on the symbolic presence of Eros and Thanatos in the Hungarian film "Opium. Diary of a Madwoman.” I suggest that in this story the borders between illness and mental health are virtually invisible. The film brings up several questions: How can the physician in the story soothe the existential pain of his patient, if his own existence hurts? How can Eros’ body be revealed if it is Thanatos who turns the gears of life? Based on these questions I narrate the behaviors and perceptions of both the patient, Gizella Klein, and Brenner, the physician. Gizelle’s rampant writing will redeem her doctor, while she remains part of the geography of death.

 

Keywords: Mental Illness, Eros, Thanatos, Writing, Oblivion.

 

  

 

 

Gizella Klein escribe de manera obsesiva, pero no es considerada como una mujer letrada ni culta, al contrario su no alfabetismo la presenta frente al cuerpo médico constituido por hombres, como una más de las mujeres histéricas que habita uno de los tantos ¿hospitales psiquiátricos? Gizella es diagnosticada como enferma mental. Por ello es significada como mujer loca, histérica, incapaz de controlar-se, de dominar-se, ante ello el cuerpo del poder clínico, la somete a una serie de prácticas tortuosas que supuestamente la curarán.

Gizelle escribe, llena cuadernos, traza insaciablemente líneas, frases, acaso oraciones; también se masturba porque cree que el demonio la posee. La práctica irrefrenable de la escritura aunada al ejercicio de su sexualidad son las pulsiones que la acercan a Eros. Pero bien sabemos que Eros halla su contraparte en Tánatos esa poderosa fuerza que guía hacia lo lóbrego, hacia la penumbra en que Eros sólo es sombra. Y es precisamente en las prácticas para curar a una mujer “poseída”, que Tánatos se hace presente: encierros, choques eléctricos, sumergimientos en tinas con agua fría.

Gizelle es el personaje principal de la película húngara: “Opium, Diario de una mujer poseída” (Ópium: Egy elmebeteg nö naplója, 2007), de János Szász. El eje de la película es la relación que en el manicomio se establece entre Gizella y el Dr. Jozsef Brenner quien llega para aplicar novedosos métodos psicoanalíticos. Lo que en un principio es una relación médico – paciente, en el transcurso de los meses culminará con una relación sexual entre ambos.

En esta película, János Szász presenta a los personajes en un ambiente lúgubre, porque ellos mismo cargan un peso de la llamada “locura”. Gizella mediante la escritura obsesiva y Brenner mediante su depresión porque como él lo expresa: “desde que inicié las sesiones de psicoanálisis la necesidad de escribir desapareció”. Brenner entonces ya no tiene inclinación a escribir. Hecho contrario de su paciente cuya escritura, aunque hecha en un estadio de delirio, no deja de ser interesante.

La historia se desarrolla en 1913, nuevos métodos de tratamiento habían surgido, entre ellos el psicoanálisis; esos son precisamente los que Brenner aplicará con Gizella. Es en este punto donde se rompe la frágil línea entre malestar mental, pues Brenner para soportar la propia existencia debe inyectarse opio. Además, sentir que no puede escribir lo hace caer en estados de desesperación y lamento hacia sí mismo. El asombro entonces aparece: ¿Cómo Gizella quien en alguna sesión le dice “estoy completamente demente”, puede hacer lo que él no? Es decir, ¿cómo puede escribir y repetir: “Tengo que decirle que soy el brazo de su Dios”? ¿Cómo surge esa conexión con la palabra cuasi literaria? Finalmente médico y paciente sufren. La paciente sufre al sentir deseos irrefrenables de masturbarse. La culpa la atrapa porque está convencida de que “El Diablo está sentado en el trono del mundo”.

Eros y Tánatos, como hemos dicho, se conjugan, pues al tiempo que Gizella goza su cuerpo cuando se autoerotiza, está convencida de que aquel acto no le pertenece, aquel acto lo percibe con un salir fuera de sí, una pérdida de control porque esta “demente”. Incluso escribiendo se percibe cierto sufrimiento debido a la obsesión con que traza las letras. Una de las pocas escenas donde la personaje goza sin culpa es cuando en la mañana sale al patio y abre los brazos como una mujer libre, el sol parece protegerla, y ella disfruta ese momento.

Brenner, por su parte, también halla en la sexualidad una forma de huir de su propio caos existencial. Tiene como él lo escribe, coitos con desconocidas. La sombra de la tristeza lo guarece, pues así como Gizella está convencida de ciertas “máximas” dictadas por su mente, el médico no duda en releer lo que en algún momento escribió: “La esencia de la vida es un bien costoso”. “Debemos morir incluso antes de nacer”.

¿Cómo podría el médico suavizar el dolor existencial de su paciente, si a él mismo le duele la existencia? ¿Cómo develar el cuerpo de Eros si es Tánatos quien hace girar las manecillas de la vida? Lo que la paciente dice cuando está con Brenner en una sesión de asociación de palabras, son palabras que el mismo médico dice en su propia infelicidad: “Sufro mucho”, “Mi vida es mísera, oh, mi Dios! ¿Cómo puede ser medido el grado de trastorno? Cuando el médico llega al hospital el director le dice: “Una mente trastornada es como un reloj descompuesto”. Lo dice mientras practican una lobotomía en una paciente; “los hacemos olvidar”, declara. Tánatos, entonces, puede tener muchos rostros: el del olvido, el de la desolación, el del vacío existencial, el de la ausencia de palabras, incluso el de las mismas palabras, pues éstas asumirán un significado marcado por el estado emocional de cada personaje. Por ejemplo, las palabras que escribe Gizella en sus diarios, son anheladas por Brenner porque “en sus escritos hay una suerte de fuerza inusual”, mientras que para los otros médicos son palabras sin valor, palabras de una loca que serán borradas y quemadas cuando aquella paciente le pida como último acto de “amor” a Brenner que le saque el cerebro.

En efecto, hay un acto de amor y erotismo entre paciente y médico, pues es en una prueba que Brenner le hace a Gizella que ésta declara, cuando él le da a oler una sustancia, “Huele al Diablo”, es decir huele a deseo. La sexualidad y el deseo por Brenner han aparecido en Gizella, sin que el médico sea ajeno a éste. Es en una noche, en un espacio lóbrego, que paciente y médico están juntos, mientras él se inyecta, ella escribe. Después sus cuerpos se unen, aparece Eros como un anuncio urgente de la debacle. Para Gizella se ha cumplido el deseo y su creencia “Conozco a alguien que me ama […] puedo convertirme en su esposa”. Brenner se ha unido a la mujer que pese a no ser abrazada completamente por la razón puede hacer lo que él tanto anhela: escribir. Por ello una vez que han estado juntos una nueva fuerza abarca al médico. Se apropiará de la escritura de Gizella. Su pulsión hacia Eros lo hará plagiar aquellos textos contenidos tanto en grandes cuadernos como en hojas sueltas.

Sin embargo, las sanciones existen, por ello una vez que el director del hospital se entera de que el médico ha  estado con la paciente, despide a Brenner quien, a pesar de ello, tiene la posibilidad de cumplir el último deseo de Gizella.

-       ¿Tiene alguna petición?

-       Sí.

-       Dígame.

-       Sáqueme el cerebro.

Brenner entonces cumple la petición de su amante-paciente. “Máteme”. Aquel método en el que no creía (la lobotomía) es empleado por él para salvar de su propia aflicción a Gizelle. En la siguiente escena veremos la misma acción con la que inicia la película: una mano anónima pinta las paredes en las que en sus momentos de mayor obsesión, Gizella escribió. A continuación vemos una fogata en la cual las monjas del hospital, como en un ritual de muerte, arrojan los innumerables diarios.

Esa locura que implicó para nuestra protagonista la sanción, pues su compañera de cuarto se suicida al no soportar ver a Gizella escribir arduamente, se vuelve cenizas. Nadie recordará el sufrimiento que padeció cuando a causa de la muerte de su compañera, le negaron papel y lápiz. La ceniza que ardía aún por momentos es apaciguada por la lluvia, mientras una Gizella ya sin memoria observa por un recuadro de la ventana; pero como ella ya no puede significar el hecho, el cineasta presta a los espectadores ese recuadro para que veamos como todo se apaga, porque con la lluvia también llega la noche. Brenner mientras tanto, también contempla la lluvia mediante una ventana, aunque él seguirá portando la vida. Se alejará de aquel hospital con la herencia de una mujer loca, que por serlo no podía ser considerada como escritora.

Lluvia, frío, olvido, palabras disueltas, quemadas y una mujer ausente nos dicen que en esa historia Tánatos instauró su trono.

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Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

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