Jueves, 18 Mayo 2017 07:45

De los Talleres Literarios al oficio de Escritor / Adán Echeverría /

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De los Talleres Literarios al oficio de Escritor

Adán Echeverría

 

 

 

Si no han leído el cuento "Obras completas", de Augusto Monterroso, tal vez no puedan reconocer al Fombona que vive en los Talleres Literarios. Monterroso lo ha descrito, de manera muy sutil. Tan sutil, que cuando uno lee el cuento podría pensar: ¡Qué bueno es el profesor Fombona al ayudar a su alumno Feijoo!

Creer que lo ayuda, cuando lo que hace es coartarle la libertad creativa, limitar su deseo de ser poeta. Primero diciéndole: "que a pesar de todo sus versos encerraban no poca belleza", y después ponerlo a realizar revisiones enciclopédicas de referencias absurdas sobre Unamuno. Hasta encasillarlo finalmente como un "especialista en Unamuno", limitando sus intenciones de convertirse en poeta.

Por eso les presento 10 puntos para asistir y coordinar un Taller Literario:

1) Se asiste a un taller porque se tiene duda sobre algún texto, y queremos buscar la manera de resolverlo; escuchando nuevas opiniones.

2) No se asiste a un taller para mostrar un texto y pensar que cuando lo lean, las personas se doblaran de rodillas adorándonos; no se asiste para pensar que con la lectura el mundo cambiará, y las personas que nos miren comenzarán a aplaudir, y nos pedirán autógrafos y las editoriales correrán a buscarnos para firmar un contrato y publicar 300 mil copias de nuestro trabajo en 8 idiomas diferentes. No.

3) A un taller se asiste con la humildad de querer aprender, y con la voluntad y el valor para presentar nuestro texto y dejar que los demás digan de él lo que piensan. Hay que respetar el valor de quien se atreve a compartir un texto. Pensar que estamos ante una obra creativa, que antes no existía, y que por voluntad de aquella persona que decidió verterlo en el papel, ahora existe. ¡Esa debe ser la maravilla!

4) El coordinador que pretenda que todos escriban como escribe él; o que sin él los compañeros talleristas estarán perdidos, que mejor se dedique a otra cosa.

5) Cuando presentas un trabajo a un taller, tú tienes la última decisión de hacer con tu trabajo lo que te venga en gana. Pero eso lo decides en tu soledad, en tu casita, mientras vas al baño. No en el taller. Cuando presentes un texto en taller, escucha con amabilidad lo que tengan que decirte del mismo. No pongas cara ni hagas juicio, y no digas: "Pero qué personas tan tontas, no comprendieron mi genio; simplemente no lo entendieron." Ya que si pretendes que eres un genio incomprendido, mejor no vayas al taller. Tal vez no lo necesites.

6) Cuando comentes un texto, lo primero que tienes que expresar es si te gustó o no el texto. Dilucidar, parte por parte, cada fragmento del mismo. La intención debe ser mejorar el texto. Encontrar qué fallas tiene y buscar resolverlas.

7) El autor que presenta un texto a taller, no tiene qué explicar ni antes ni después, lo que quiso o no decir, lo que le inspiró, ni nada. Un texto se debe defender solo. El autor no estará ahí cuando yo me tope el texto en una librería, o una biblioteca, y ése tiene que ser el espíritu. Luego del taller, al calor de la charla, el autor puede contarnos las mil y un maravillas de su texto.

8) Tienes que ser implacable con los textos que se presentan al taller. Buscando siempre cómo mejorarlo, no cómo destruirlo. Pensando qué cosas pueden estar mal en el texto, -es la mejor forma de corregirlo-, y decirlas, apuntarlas, señalarlas.

9) No llegas al Taller mecánico para que te terminen de amolar el carro, ¿verdad? Llegas para que lo reparen. Lo mismo el taller literario. Llegas a que lo revisen contigo, y te ayuden a repararlo. Tomarás apuntes de lo que te digan, y cuando estés solo decidirás qué es mejor, qué aceptas y qué no aceptas de los comentarios.

10) Las opiniones siempre tienen que ir sobre los textos, no sobre la vida de las personas, ni sus gustos o filias. Cuando te toque opinar de un texto, no nos cuentes lo que dice, porque también nosotros lo escuchamos. Tu comentario no puede ser: "El texto trata de...", tiene que ser sobre estructura, la arquitectura... el valor de las palabras y los signos, su peso, su levedad; sobre quién cuenta, quién es el hablante lírico, sobre los tiempos verbales; y lo que significa cada cosa que está puesta en el texto, y de lo que pueda referenciarte.

Poco a poco igual tú irás abandonando los talleres. No porque ya no los necesites, sino porque has aprendido técnicas para mirar lo que antes no mirabas al escribir, y eso te hará ser más crítico con cada cosa que escribes. Y regresarás al Taller Literario, de nuevo, cuando haya algo que creas que no encaja, cuando pienses y tengas dudas de alguna creación tuya. De esta forma poco a poco te irás convirtiendo en escritor.

Te darás cuenta que eres un escritor de oficio, cuando no puedas dormir porque algún personaje de tus textos te preocupan, cuando te des cuenta que tienes una idea, y ya quieres llegar a casa para escribirla. Cuando sientas esa necesidad de apuntar en la hoja blanca, cuando sientas que tienes la responsabilidad de escribir. Y que no te preocupe la fama, los premios, las becas, ni los encuentros de escritores, todo eso está ahí como parte la vida, de la política cultural, de los amigos. Preocúpate por cuidar tus textos, por construir tus personajes, por dejar claros tus poemas, porque nunca se te acabe la creatividad, la fantasía, la crítica. Escribirás para llenar aquellos espacios de las lecturas que te motivan. Uno escribe como resultado de sus propias búsquedas lectoras.

Dicen que después del descubrimiento de cómo hacer el fuego, crear el Lenguaje  fue el segundo descubrimiento en importancia, porque había que lograr comunicarse. Reconocer y ponerse de acuerdo en qué nombre dar a las cosas, contar los hechos del día, las preocupaciones del mañana; hablar de las emociones. ¿De qué me sirve sentarme junto a la fogata si no me es posible comunicarme con los otros cercanos a mí? Recuerda que el escritor es aquel que utiliza la palabra, y la moldea para establecer "esa forma diferente" de querer contarnos las cosas. Escribir es un oficio, entonces, que puede derivar en obra de arte. Por ello les dejo estos 13 puntos por si quieren dedicarse a la literatura:

1. Sigan sus sueños sin desesperarse.

2 No pierdan el piso, la gente no correrá a pedirles autógrafos cuando caminen por las calles.

3. Sean responsables y dedicados, tengan disciplina al leer y al escribir.

4. Sean observadores, escriban a diario sobre lo que miran.

5. Jamás dejen de ser críticos consigo mismos y con los demás.

6. Aprendan teoría y estructuras literarias para poder leer mirándolas, y apliquen las teorías existentes a sus lecturas, para que aprendan a hacerlo con sus textos.

7. Nunca tengan miedo de perder algún texto, vuelvan a escribirlo, siempre les saldrá mejor; no sean flojos para hacerlo.

8. No se disfracen de escritores, ni de bohemios, ni de hipsters-sábelo-todo, tampoco de turistas, fans, ni grupies literarios. En la literatura lo que importa son las obras y no los autores ni la vida de los mismos (menos sus fotos con los autores, pero sí las reseñas de los libros que han leído).

9. No presumas lo que lees, presume mejor –mediante crítica publicada, ensayos literarios o académicos- lo que te ha dejado una lectura. No seas una foca aplaudidora y di lo que piensas de una obra. Si la leíste, y decidiste usar el tiempo de tu vida para hacerlo, nadie te puede impedir decir lo que en verdad piensas.

10. Deja de seguir el hit-parade de la literatura que hacen revistas, periódicos y editoriales, siempre hay dinero de por medio en ello. Toma todos los cánones y esos hit-parade como guías de lectura; abre y revisa los libros, y lee lo que te dé la gana.

11. Nunca persigas presupuestos de becas y concursos con vanidad; usa las fechas de las convocatorias como fechas límite para tener disciplina en tu escritura, y participa en todos los concursos que puedas.

12. Nunca pierdas de vista que tienes que divertirte y aprender de ti al escribir una obra para comunicar tu pensamiento. Los lectores de tu obra serán aquellos que quieran comunicarse contigo.

13. Escribe siempre con honestidad, jamás queriendo enseñar a los demás. En toda lectura hay un aprendizaje. Toda obra te deja algo, hasta el decir: 'Que mala obra', es un aprendizaje.

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Adán Echeverría

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Columnista en el Periódico impreso El Vigía, y en portal cultural La Piraña (https://piranhamx.club/) Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011), En espera de la noche (2015), Trapacería y fiesta (2017); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

 

Nombre: Adán Echeverría

Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.

Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC

Dirección: Calle Isla San Pedro No 1436, entre Isla Tortuga e Isla San Lorenzo, Fraccionamiento Villas del Roble, C.P. 22842, Ensenada, Baja California

Email: adanizante@yahoo.com.mx romeodianaluz@gmail.com

Tel Cel 646 270 4993

 

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