Jueves, 23 Febrero 2017 06:59

Prosa de Bárbara crítica en homenaje a Josué Mirlo / Por : Adriana Tafoya /

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Prosa de bárbara crítica en homenaje a Josué Mirlo

por: Adriana Tafoya

 

Mirlo poeta, en una realidad de esperpentos, monigotes y psiquiátricos del tamaño de un pueblo, de una ciudad, de un país.  Éste es el contexto donde cantó Mirlo: el de la locura, el de los vectores remarcados, el de las galeras infinitas y sin puertas, en un tiempo atemporal porque no dista de ser como el actual y el futuro. Poeta que en este punto se convierte en referencia, ejemplo del fenómeno en el ámbito poético, como apuntan ensayistas en el libro Museo de esperpentos y ensayos en prosa bárbara (editorial Verso Destierro), por su actualidad, su frescura y por ser padre (por decirlo de alguna forma) de nuestros poetas jóvenes, los que pretenden innovar con una puntuación distinta, signos de interrogación aumentados, signos de admiración llevados al paroxismo y a la expansión de la locura cósmica. Un iniciador de lo que ahora los jóvenes, y no tan jóvenes –al respecto de esta audacia–, realizan en redes sociales, sintiéndose vanguardistas  y rebeldes de la academia.

Juan Cisnegro, encargado de la selección poética y responsable de la curaduría analítica, comenta en la introducción del libro mencionado: “Josué Mirlo es un poeta actual, por eso importa leerlo; porque su poesía se vuelve necesaria como antídoto en el ruedo espectacular del engaño social”. Este ruedo donde cualquiera postea en la red sus textos escritos con k. Cisnegro comenta: “Por supuesto que Mirlo es un poeta moderno, postcontemporáneo, si se quiere –si acentuamos su marginalidad y fijación en el instante–, pero sobre todo porque ya ejercía una crítica con la mira apuntando hacia esta modernidad tardía y decadente que se vive a principios del siglo XXI: Ese monstruo que los siglos llaman enfáticamente humanidad”.

Mirlo se erige por su particularidad y su visión del transcurso, que lo hace empatizar con el hilo invisible que une a los que son poetas, a pesar de su marginalidad y su ensimismamiento. Siempre dueño de su conciencia, congruente con su causa y su posición política, sin caer en abismos ni contradicciones.

Mirlo es un idealista a quienes muchos versistas del medio no consideran ni respetan.  Son acomodaticios, se dicen poetas zurdos, pero cobran con la mano derecha. Peor aún, algunos creen que son un río de cause limpio, sin ser autocríticos ni darse cuenta de que sus aguas están corrompidas por los parajes que no supieron discriminar en su momento. Creen ser autónomos, como si llegaran de Marte; creen que el 100 % de su conciencia es propia, sin averiguar cómo están enlazados al colectivo, a la masa, al estudio general, a la historia y filosofía concebida ya por otros humanos.

A propósito, Malva Flores, poeta y crítica, opina que “han sido los poetas mismos quienes han intentado demoler la noción de la poesía, como sima de una alta cultura hegemónica. Pero en los demoledores, se descubre, también son culpables de un contrasentido: rebelarse vende y actuar como el incómodo, al igual que nuestros padres y abuelos antes que nosotros, inserta al creador y su obra en la línea de producción del mismo sistema, o peor aún, en el toma y daca de la fama y las prebendas. ”Damos por cierto que muchos poetas recurren a esta estrategia para disimular la falta de talento, y disfrazan su poco rigor en el oficio, de irreverencia”. Pero también es cierto, contradiciendo a Malva, que hay poetas de calidad fuera del círculo oficial, y que recurren a lo que ella menciona como una estratagema, para insertar su obra en las letras mexicanas, y formar parte, entre comillas, de lo mismo. También hay que tener claro que su inserción y el reconocimiento que se les dé a estos poetas, como Mirlo, tiene que ser en el planeta Tierra. No hay otro sistema por ahora al cual recurrir. Malva Flores continua,

“…y los poetas, los incorregibles poetas, justo ahora, en algún festival, estornudan los gérmenes de la verdadera poesía para el nuevo milenio, juntan fondos para el rescate de los auténticos rebeldes de las décadas pasadas.”...y remata: “La distancia entre la poesía y la calle parece que se acorta y nunca como hoy es cierto aquello de que todo está en todo. Tal vez por ello, en el paisaje de la poesía ya no es políticamente correcto distinguir las liebres de los gatos, porque ya no hay liebres ni gatos sino un animal mestizo.” En esta parte, como es obvio, se refiere a que hoy te dan gato por liebre. Y nada más cierto en estas sabias palabras, pues muchos poetas piensan que para poder avalarse necesitan de becas y toda clase de apoyos del Estado. Para hacerlo, escriben como sus maestros, marcan tendencia para entrar en la Fundación para las Letras, y en realidad nunca apuestan por su oficio, por su poesía; nunca buscan el reconocimiento a través de sus lectores, sino a través del posicionamiento a secas y el parasitismo vía nuestros impuestos.

Un poeta tiene opciones, por ejemplo,  dedicarse a crear una obra valiosa. Carlos Aguasaco comenta sobre Josué: “la obra poética de Josué Mirlo amerita múltiples lecturas y estudios rigurosos. Su estética de las correspondencias, que soluciona la dialéctica sujeto-universo a través del concepto de la resonancia, es hoy más vigente que nunca. Su genialidad radica en permitir la oscilación y la multiplicidad sin destruir el valor de la experiencia particular. A su vez, Hiram Barrios analiza: “su apuesta no pretende transgredir canon alguno; se trata, más bien, de un epígono sui géneris.” La reflexión demuestra que sólo falta desprejuiciarse y tener más de una perspectiva para ampliar la visión y los alcances de diversas poéticas que enriquecen a la república mexicana. También se denota que es posible no sólo ampliar el canon o formar parte de él, sino que, para tener un mayor poder en el análisis de la poesía mexicana, es necesario entender que tenemos diversidad de cánones, precisamente por la riqueza cultural en nuestro país, que conlleva sus variantes ideológicas y, por ende, estéticas.

Rubén Medina escribe en este volumen: “Josué Mirlo es un poeta de varios registros expresivos, no de un romanticismo tardío, ni un modernismo formalista, sino un representante híbrido de una modernidad no imitativa, por ello en sus poemas encontramos un hablante poético que articula su subjetividad con el vértigo y la vibración de lo que el mismo llama ‘individualidad emotiva’.”

En lo que están de acuerdo todos los ensayistas invitados en el libro Museo de esperpentos (me refiero a Jorge Hiram Barrios, Ricardo Suasnavar, Marco Antonio Murillo, Eva Castañeda, Víctor Hugo Díaz, Carlos Aguasaco, Rubén Medina y Roberto López Moreno) es en que el poeta Josué Mirlo tiene una obra sustentable de altos alcances, que fuera de estar influenciada por un movimiento, o empatar con otro, logró prevalecer en la voluntad y el valor individual del autor, y que al parecer se mantendrá fresca por mucho tiempo.

Pienso que, para concluir, es necesario hacer énfasis en el diálogo del maestro Roberto López Moreno: “escuché por primera vez el nombre de Josué Mirlo, y escuché algunas de sus cosas, y lo oí buen poeta, y me interesó más, porque por esos tiempos andaba con odio cerrado (creo que lo conservo aún), contra todo lo que oliera a poetas de oficialidad, contemporaneizados perennes, dioses en las aulas; dioses en las antologías bien dirigidas y mejor pagadas; dioses en las crónicas de los suplementos culturales; dioses en las publicaciones culturales del Estado; dioses en Becas y reconocimientos y más Becas y más Becas… dioses para quienes no sabían nada de poesía pero que repetían lo que los críticos reconocidos repetían en las páginas de los medios, desde las oficinas de la SEP, del INBA, etcétera”. El maestro se refiere a una de las importantes cualidades del bardo Mirlo, que por supuesto, le valió ser marginado: mantener su ética y no entrar en contradicciones; no mentirse a sí mismo para tomar las manzanas del árbol del rey Midas. Su proceder nos da una reflexión más amplia, para nuestra propia autocrítica en lo cotidiano, sobre las tantas maneras en que entramos en la corrupción, peor aun, en la corrupción ideológica, cuando simpatizamos con una política que está en contra de nuestro propios intereses; cuando le pedimos al vecino conciencia, pero a la menor oportunidad aplastamos sus derechos e invadimos su propiedad; cuando hablamos de igualdad, pero arbitrariamente nos saltamos a los otros para imponer nuestro deseos y nuestras decisiones. Es más, cuando le exigimos a nuestra esposa una posición política de izquierda y que no se desmienta, pero retozamos llenos de lujuria con nuestras amantes de derecha, y le escribimos versos inspiradores a nuestra musa becaria, a nuestra señora de las becas.

Esto nos profesa, con el ejemplo, el enorme poeta Josué Mirlo: el saber qué camino elegir, para no salirse de ser uno mismo. Caminos hay muchos, y dicen que todos llevan a Roma. Depende del poeta que esto no necesariamente suceda así. Que el camino que te lleve a la muerte, y por lo mismo a estar vivo, sea el que trazaste con conciencia, no el que vas siguiendo por la falsa rebeldía o el capricho de los intereses. Seguir este camino aunque tenga un costo, pero tal vez tenga en sus piedras la más importante ganancia: ser un ejemplo a seguir y dejar una gran obra poética.

 

 

 

 

se llama prosa de bárbara crítica en homenaje de Josúe Mirlo

Visto 363 veces Modificado por última vez en Jueves, 23 Febrero 2017 07:02
Adriana Tafoya

Adriana Tafoya. Poeta y Editora. México.1974. Libros publicados: Animales Seniles (2005), Enroque de flanco indistinto (2006) -poemario sobre ajedrez- que le valió jugar contra Garry Kasparov en las simultaneas para celebridades en "La Gran fiesta Internacional del Ajedrez 2010", Sangrías (Ediciones el Aduanero,2008), El matamoscas de Lesbia y otros poemas maliciosos (Ediciones Pasto Verde, 2009 / segunda edición Bitácora 2010/ tercera edición Cátedra Miguel Escobar 2014) Diálogos con la maldad de un hombre bueno (Editorial Ultramarina Cartonera, España, 2010/ segunda edición Inferno Ediciones 2014). Malicia para niños, (Colección Mi Primer Bakunín 2012), El derrumbe de las Ofelias (selección poética, Inferno Ediciones, 2012), Viejos rituales para amar a un anciano(Casa Maya de la Poesía, Colección Rosa Náutica No. 93/Campeche México 2012) y Los cantos de la ternura,(colección poesía sin permiso, 2013), Mujer embrión (Edición Especial, 2013), Los rituales de la tristeza (Rojo Siena Editorial, 2013) y Parábolas del Equilibrio(Sikore Ediciones, 2015). Muestra de su trabajo poético, aparece en "Antología General de la Poesía Mexicana", poesía del México actual, de la segunda mitad del siglo XX a nuestros días.Selección, prólogo y notas de Juan Domingo Argüelles,(Océano/Sanborns, 2014) .

1 comentario

  • Enlace al Comentario Marilú Cruz mimila Viernes, 03 Marzo 2017 13:33 publicado por Marilú Cruz mimila

    Analítica, crítica y reveladora. Así es la pluma de Adriana Tafoya. Promotora de la poesía, pero de la poesía auténtica, de la que no se diluye en el incienso que demandan los poetas de oficialidad. Del trabajo que conlleva el no "salirse de uno mismo" cuando cita al maestro Mirlo para satisfacción de la gleba literaria, en donde y como en todo, hay niveles y hay que tener muy buen ojo y mucho respeto por la poesía para no irse con la finta.

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