Sábado, 12 Agosto 2017 06:12

EL CORREDOR DE LAS NINFAS / novela, tercer entrega / Adán Echeverría

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EL CORREDOR DE LAS NINFAS / novela, tercer entrega /

Adán Echeverría

 

 

 

5.

 

 

"¿Quién?", preguntó Enrique poniéndose detrás de la puerta de su departamento, y cogiendo la pistola como un acto reflejo.

-- Rilma. Vengo por ti para ir a la estación.

-- ¿Qué haces acá tan temprano?,-- preguntó Enrique quitando los cerrojos y abriendo la puerta.

-- El sospechoso ha despertado y tenemos que hablar con él, ya son más de las 10 de la mañana. --Enrique cubría la puerta con su cuerpo. Rilma estaba de pie mirando el hermoso cuerpo de su compañero enfundado únicamente en una toalla blanca. --Estás herido--, miraba cada una de las quemaduras sobre el cuerpo de su compañero.

-- Entra no te quedes en la puerta. Voy a vestirme.

-- ¿Quieres que te lleve al hospital antes?, --pero Enrique ya se estaba exprimiendo un tubo de pasta dental en las quemaduras de los brazos, el rostro, el muslo, y le acercó el tubo a Rilma para que le pusiera la pasta en las quemaduras de la espalda.

-- No tienes que fingir que no te duele.-- Enrique la miró sin ánimo.

-- Gracias. No tienes idea de cómo me ayuda la pasta en este momento.

-- Es un tipo extraño, el sospechoso; --comentó Rilma mientras manejaba.-- Cuando lo encontramos en la camioneta pensamos que estaba muerto, no se movía. Los paramédicos nos dijeron que seguía vivo pero inconsciente. La camioneta esta limpia, no encontraron mas huellas que las suyas.

--¿Ya supieron cuántos muertos hay?

-- Más de 40. Casi todos son jovencitos. El expediente nos espera en la estación.

Enrique nunca volvió a la Ciudad de México. Un amigo se quedó con el departamento que acababa de conseguir y le mandó sus cosas por paquetería. Decidió ingresar al sistema judicial de inmediato. Su físico, tanto como su intelecto y su dedicación le hicieron lograrlo en menos de dos años. Quería estar cerca de la investigación sobre el asesinato de Elena, pero estaba entrampado; el o los asesinos se habían borrado del mapa. El capitán Lorenzo Segura lo recibió al instante en su departamento, los casos rebosaban los archiveros, se dedicaría a "todos los casos relacionados con violencia contra la mujer, violaciones, asesinatos, robos, discusiones domésticas"; fue cuando comenzó a trabajar con Rilma sobre los abusos sexuales que ocurrieran en la ciudad y en el estado. Con dos meses apenas en el departamento, se metieron en la denuncia que hicieron de un profesor al que acusaban de abusar sexualmente de dos preparatorianas, y que inundó la prensa, gracias a una mamá que acudió al periódico en busca de la ayuda que según creía, ni el Instituto ni la policía le estaban brindando.

Fue un caso poco complicado. El profesor no negó ni aceptó los cargos. Sólo una muchacha acudió a las pesquisas; los familiares de la segunda no quisieron seguir con la denuncia, no se presentaron, y no quisieron hablar con la prensa ni con la policía. En cambio, la otra, Patricia Cáceres, si habló con la policía y dijo que estaba enamorada del profesor y que por supuesto que lo visitaba en su casa porque ahí tomaba asesorías para sus materias de la preparatoria. Dijo que él jamás se había propasado con ella, pero que ella insistentemente le mandaba cartas y notitas para meterlo en problemas con su esposa, la directora del plantel, para que su esposa lo dejara.

La madre de Patricia encontró las cartas sexualmente explícitas. Y la joven dijo haber escrito todas las cartas sólo como una fantasía, para que la esposa las encontrara, lo metería en problemas y terminaría por dejarlo. Pero que nada de lo que las cartas decían era cierto. Los estudios físicos en la joven, realizados a petición de la madre, mostraron que no era virgen; pero Audomaro, un muchacho –compañero de la misma preparatoria- que dijo ser su novio confirmó la versión de Patricia, de llevar meses teniendo sexo con la joven. Los padres de ambos se pusieron de acuerdo y reprimieron a los jovencitos, pidiéndoles que llevaran un noviazgo en forma. Pero los chicos ya se habían distanciado, y al no haber indicios de embarazo ni de aborto, los cargos en contra del profesor se desestimaron. Aún así la directora, y esposa del profesor, le pidió la renuncia y el divorcio, y éste accedió sin problema. Llegaron a un acuerdo, se retiró la denuncia, y el profesor y la directora se divorciaron.

--¿Sabes cómo se llama el sospechoso?

--Dime.

--Óscar Garfias.

--¿No es el profesor que habíamos investigado antes, por la denuncia de aquella mujer? ¿Al que luego protegiera la alumna? ¿Se desestimó el caso, verdad?

--Es el mismo. Lo entrevistamos porque la madre dijo a la prensa que había violado a su hija pero no pudimos probarlo porque la chica lo defendió. Sólo le pidieron su renuncia en el Instituto. Pero no sólo eso. Las víctimas, quizá la mayoría, son estudiantes de la misma escuela donde estudiaba aquella chiquilla de secundaria, ¿cómo se llamaba?, Mariana Bojórquez, que entrevistamos cuando desaparecieron tres jovencitos de una banda de delincuentes del sur.

-- O sea que este es el tercer caso en el que se involucran alumnos de ese Instituto.

-- Parece que todas las víctimas del incendio son alumnos de ese lugar.

-- Pero el profesor qué hacía ahí, ¿no que le habían pedido su renuncia?

-- Exacto. Parece que a esta excursión igual venía esa misma chica que conocía a los niños desaparecidos, a los chicos banda. Pero no me creas, hay que cotejar bien todos los datos que tenemos hasta ahora. Y no sólo eso, la excursión en la Hacienda Tabi, era organizada por el mismo plantel. Y eso no es todo, no aparecen ni la directora, ni cuatro chicas que eran estudiantes y…

-- No me digas… Una de las chicas es la misma Patricia Cáceres. ¿Acaso esta Patricia es la misma Jill Inked?

-- ¿Jill Inked?

-- La que mencionaran tanto Patricia Cáceres. ¿Recuerdas que había otra chica involucrada? Al menos que fuera solo una. Que siempre se haya tratado de solo una. Jill Inked puede ser cualquiera.

-- Cierto, eran dos las chicas que supuestamente habían sido abusadas por el profesor.

-- Pues la Mariana Bojórquez había mencionado también a Jill Inked. Hay que revisar su declaración. Pidió que se le llamara. Y vino una chica, en uniforme escolar, y con lentes de sol –jamás la voy a olvidar- acompañada de una mujer adulta que pagó la fianza de la chamaca. Ya que sólo se le había detenido porque se le vio brincar hacia dentro de una propiedad, justo cerca de la casa de uno de los chicos que habían desaparecido. Pero no teníamos de qué más acusarla. ¿Entonces la tal Mariana Bojórquez, se cuenta entre las víctimas del incendio?

-- No lo sé. Hay que identificar a esa Jill Inked y ver por dónde nos lleva. Pero espérate. Ahora mismo están entrevistando a los padres de todos los estudiantes. En total hay 45 cadáveres entre 13 y 17 años. 35 niñas y 10 muchachos. Más los cinco desaparecidos. En la camioneta del sospechoso se encontraron palas y picos, y él tenía la ropa y las uñas llenas de tierra. Pero no había más huellas. Se encontró igual el cadáver de una mujer adulta. Quizá sea la esposa del profesor, la ex esposa, la que era directora.

-- Pensaba enterrarlas. Pero a ver, dime, un día se le antojó matar a 50 personas todas juntas ¿y nadie se iba a dar cuenta? Entonces por qué enterrar a cinco. ¿Por qué desaparecer el cadáver de tan solo cinco personas?

-- No lo sé. Él no presentó quemaduras de ningún tipo. La camioneta está a su nombre. La compró con el dinero que le dieron al liquidarlo del Instituto.

--A ver, a ver, Rilma, no saquemos conclusiones apresuradas. No sabemos qué es lo que está pasando. Necesitamos citar a los padres, a los maestros, a los vecinos. Por lo pronto tenemos que volver a hablar con él. Esto es lo que creo, y si tú tienes otra idea dímela, para continuar armando la investigación. Al tipo lo deja la esposa, que es al mismo tiempo la directora del plantel, de donde lo corren. Lo dejan como hombre, lo arruinan como profesor. Porque la prensa lo había acusado de "violador de sus alumnas".

-- Al menos de acosador. Pero la prensa igual dijo que se desestimaron las pruebas.

-- Pero la duda ya está sembrada. El tipo no puede conseguir trabajo, y su vida se ha arruinado. Ahí tienes el móvil. Se entera del campamento y va a matar a su ex esposa, prende fuego –por eso no tiene quemaduras- pero se le sale de control porque estamos en secas, y todo coge fuego demasiado rápido, por lo que termina matándolos a todos.

-- Es muy probable. Te ves terrible, ¿en verdad que no quieres ir al doctor?

-- Bueno ya veré a la doctora de la estación. No es nada grave, son quemaduras leves.

-- Pues se ven terribles... ¿Pero, qué tiene que ver entonces la chica aquella… Jill Inked?

-- Aún no lo sabemos. Solo su nombre ha salido en dos casos distintos. Por ahora tenemos a un profesor, al que investigamos por segunda vez. Tenemos igual cuatro nombres, bueno tres nombres y un alias: Patricia Cáceres, Mariana Bojórquez –que sabemos que estudian en ese colegio-, tenemos a la directora ¿cuál es su nombre..?

-- Me parece que se llamaba Luisa… Luisa Sebastián, o algo por el estilo.

-- Y a este profesor que atrapamos huyendo de la escena del crimen. Creo que tenemos suficiente material para que cualquier juez nos de "bateo libre" para interrogar a todos los personajes… Ah… y el alias… la tal Jill Inked.

Antes de entrar a hablar con el sospechoso, Enrique se asomó al cuarto del video, y se percató de que dos cámaras se encontraban filmando la sala del interrogatorio, y miró al profesor Óscar Garfias, sentado, erguido, la espalda derecha, y mirando fijo hacia la puerta. Desde que lo metieron ahí se había portado por demás silencioso. Le estaban sirviendo un café y cigarrillos. Llevaba tres horas aislado en aquella habitación. Enrique y Rilma repasaron la evidencia que les habían entregado. El informe del departamento de bomberos. Al parecer el incendio se desató a las 4.45 de la mañana.

Había dos fogatas en la parte exterior del complejo de las cabañas. La hacienda de Tabi se había vuelto un parador turístico, y así como se había remodelado el casco de la hacienda para servir de hotel, de la misma forma se habían construido un pequeño complejo de cabañas. Cada cabaña podía albergar hasta 10 personas. Se contaba con tres literas y cuatro hamacas por cabaña. Las cuatro cabañas tenían un pequeño recibidor y formaban un pequeño cuadrado con un patio interior, donde se había dejado espacio para una plaza de desafíos, que había sido habilitado para levantar una tercera fogata, la mayor de las tres. La que les sirviera para el entretenimiento y no para cocinar.

Las personas se fueron a dormir, y el viento que sopló en la madrugada parece haber levantado pequeñas brasas hacia la paja de las cabañas. Eso aunado a la yesca que había en la plaza de desafíos, tanto como las hojas secas del suelo y la vegetación que había alrededor, hicieron prender las cabañas de manera inmediata. Las cabañas poseen dos puertas, una hacia el exterior y otra hacia el patio interior. Pero por meter más personas a cada cabaña, habían tapado las puertas exteriores de las cabañas acostándose en el suelo, o pegando las literas a las puertas o atravesando las hamacas, por lo que las puertas exteriores estaban todas cerradas, bloqueando las salidas.

Sólo dos adultos se encontraron muertos. Uno era una mujer joven, y el otro era un hombre que al parecer cuidaba la hacienda. Hasta acá todo parece indicar que se trató de un fatal accidente, sin embargo, en todas las cabañas los cadáveres se encontraron desnudos. En lo que se pudo rescatar de algunos cadáveres que no se carbonizaron, se pudo notar rastros vaginas, rectos y el interior de bocas, resequedades de semen. El fuego destruyó la mayor parte de la evidencia, pero esas pequeñas pistas encontradas en jóvenes de distintas cabañas y en distintos sexos, hace tomar las precauciones de los accidentes. Eran jóvenes relacionados a actos sexuales, eran jóvenes menores de edad, más de cuarenta, y sólo dos adultos, que terminaron muertos.

El profesor Óscar Garfias fue encontrado cerca de la escena del crimen, en una camioneta. El detective Enrique García dio aviso de una posible fuga al escuchar el ruido del motor que intentaba escapar, y luego se le encontró desmayado en una camioneta que chocó contra un árbol. Sin embargo existen indicios que permiten creer que el hombre se encontraba inconsciente mucho antes de que el incendio sucediera.

-- No comprendo. Qué quiere decir esto de que llevaba más tiempo desmayado.

-- Lo es. El incendio ocurrió a las 4 de la mañana, y según los rastros encontrados en la camioneta el choque pudo ocurrir desde las ocho de la noche. Hay hojas, insectos, picaduras en el cuerpo del sospechoso que parece indicar que llevaba horas desmayado.

-- Eso es imposible, Rilma, yo escuché la camioneta salir huyendo. La vi incluso y quise correr tras ella. ¿Crees que no sé lo que vi?

-- Te estoy leyendo lo que dicen los reportes y la evidencia. El sospecho demostró en su análisis de sangre y orina, todo un coctel de químicos que parece un milagro que esté vivo. Despertó hace unas horas, muy confundido y silencioso. No ha hablado con nadie.

-- Eso tiraría por la borda la teoría de que el incendió las cabañas.

-- Eso parece.


 

 

 

6.

 

 

-- Claro que no, jamás... No estoy en busca de nuevas relaciones, sino de nuevas emociones... ¡entiéndase!-- Les gritó Jill, mientras caminaba en la plaza de desafíos, dejando que toda su belleza irradiara ese mágico brillo de placer sobre el rostro de los jovencitos. La noche no quería terminar, y el aroma que manaba de las plantas de alrededor del casco de la hacienda cubría los cuerpos, aún, llenos de besos, llenos de sangre, llenos de fluidos. Las Dead Planters corrieron tras ellas, dejando que sus tetitas rebotaran en su cuerpo con la pequeña carrera que hicieron. La orgía había entrado en un receso. La juventud y la inexperiencia hacía presa de los pequeños y delgados cuerpos que rodaban por el pasto. Jill se paró justo antes de entrar a su cabaña. Gogo Flux le puso la capa roja de nuevo sobre la espalda, mientras que Irly Salpe se ponía en cuatro patas, para que Violeta Sookie se subiera en su espalda y coronara de nuevo a Jill, ante la risa y el grito de todos los presentes. Gogo se paró delante de todos.

-- ¡¡Viva nuestra reina!! Viva nuestra querida Jill. Diosa del sexo, del amor, de la rebeldía. Es Jill la que nos ha regalado esta noche. Esta noche toda carne. Esta noche toda fiesta. Una noche lejos de los padres. Una noche lejos de todo aquello que nos ha causado represión. ¡¡¡Viva Jill!!

Y la multitud clamaba enardecida: Salve Valve Vulva Inculda. Salve Valve Vulva Iculda. Salve Valve Vulva Aguida. Y Jill se paraba encima de la espalda de Irly Salpe, y elevaba al cielo El Cetro del Amor que se había construido, y que representaba –como bien lo había dejado claro en el cuerpo de aquel pobre velador- representaba la Furia de la Juventud que sabía castigar la opresión.

Dentro de la cabaña, Luisa escuchaba los gritos, mientras dejaba que dos jovencitas de catorce años siguieran lamiéndole la vulva. Ella sabía que la soledad es el espejo en el que nadie quiere mirarse. Y detenida dentro del sexo, sabía muy bien que su destino se había esclarecido desde que sintió los labios de aquella pequeña desgarbada Victoria Lamas, antes de que se convirtiera en la reina Jill Inked, antes de que asumiera su destino.

Porque el destino de cada quien es único pero se deja influenciar e influencía el destino de los que te rodean. Ese donde uno se mira y puede buscar en cada gesto, en cada arruga, los retazos de recuerdos que le irán armando la experiencia. Luego del divorcio, Óscar Garfias se mudó y se llevó con ello su soledad y la esperanza de poder olvidarse un poco de lo que había vivido los últimos cinco meses. Desde que la hermosa Jill Inked había ingresado al Instituto el huracán de su presencia se había desatado. ¿Dónde aquellas palabras de amor entre Luisa y él? La tienen hipnotizada. La mantienen drogada. Ni siquiera quiso mirarme de frente cuando me hizo firmar la renuncia, y tampoco quiso verme cuando comenzamos las pesquisas del divorcio. Ellas siempre están con ella. Van en su carro las cuatro, con mi Luisa. Necesito hablar con ella, ponerme de acuerdo. La soledad es un ave extraña, come de a poco, y nunca se sacia.

-- Estoy calmado, capitán.

-- Bien, porque te necesito en este caso hasta el final. Tienes que ser inteligente para que podamos obtener lo que necesitamos.

-- Se muy bien quienes son las chicas que no aparecen.

-- Entonces usted acepta que ellas estuvieron también en la hacienda.

-- Se lo estoy diciendo detective, se que ellas estuvieron allá, se de lo que son capaces y sé muy bien dónde pueden estar ahora.

-- ¿Dónde? Díganos, sus padres están esperando noticias de sus hijos, quieren saber qué ocurrió. Nuestros forenses tienen un maldito rompecabezas que armar con tantos fragmentos de cuerpos.

-- Son tres niñas de preparatoria y una chica de la secundaria. Dos tienen 16 años, una de 15 y la otra de 13 años. Jill Inked, Gogo Flux, Irly Salpe y Violeta Sookie.

-- A ellas se refiere. ¿Así las nombra?

-- Ese es su nombre de batalla. Tiene que creerme. Darse cuenta de lo que está ocurriendo. Se tratan de Irma Suelí, Irlanda Escobedo, Mariana Bojórquez, y Victoria Lamas. Mire bien: Irma es Gogo Flux, la encargada de contactar a los clientes. Irlanda es Irly una de las guarda espaldas, es muy violenta. La más fogosa es Gogo Flux la de 15 años; Mariana Bojórquez es la chica de 13 años, hace todo lo que Jill le dice, jamás desobedece, es Violeta Sookie, y Jill, oh dios, Jill, ella es un íncubo, se llama Victoria Lamas, es una pequeña rubia bipolar diagnosticada, de dieciséis años, que ha dejado atrás todo respeto por las autoridades. Tiene tatuadas en el bajo vientre dos libélulas en pleno vuelo, y en la espina dorsal se ha tatuado una espada Excalibur, como señal de su unión, son un solo ente con cuatro cabezas. Jill es una muchacha traicionera, calculadora. No puedo negar que a mi mismo me aterra. Debí advertir a Luisa cuando Jill comenzó a actuar por su cuenta. Debimos haber desbaratado el club, pero maldita sea, se que no soy un santo, por eso aceptaré toda la culpa que quieran imponerme. Ellas tienen a mi esposa.

-- Tu esposa está acá, con nosotros, en la morgue; te hemos mostrado la foto de su cadáver.

- No es ella. ¡Lléveme a verla! Revisen la escuela, los archivos, revisen mi casa, la casa de mi ex esposa, busquen detalles, o simple, déjenme identificarla. Jill no pudo haberla matado.

-- De qué hablas, profesor. Es a ti a quien estamos por acusar del asesinato de tu esposa, y de cuatro decenas de estudiantes.

-- Ustedes no entienden. Yo fui a la Hacienda Tabi a rescatar a mi esposa. Si soy culpable de algo es de intentar matar a cuatro jóvenes menores de edad. Eso era lo que intentaba. Me descubrieron. Intenté huir y choqué. Ustedes me tienen desde que desperté.

Apenas a los dos meses de conocernos. Nos casamos. No invitamos a nadie, le pedimos a cuatro desconocidos que firmaran como nuestros testigos y nos casamos al salir del turno de la mañana. Cogimos como locos, siempre cogíamos con tal desenfreno, y luego del delicioso bañó abrazaditos, nos regresamos a la preparatoria a cubrir el turno de la tarde.

-- Pero de quiénes habla profesor, quienes son los que siguen huyendo. Hay muchas cosas que aún no entiendo. Tabi es una reserva, cómo llegaron a ella.

-- Pero detective, ¿quiénes cree que son aquellos clientes a los que servíamos en el club?

-- Capitán, esto no tiene pies ni cabeza.

-- Pues tiene que hallarlos detective, hay 45 menores de edad muertos y calcinados, y tengo que entregar a un asesino. ¿Él sospechoso ha dejado entrever que gente pegada al gobierno ha sido partícipe y quizá comience a decirnos nombres que ensucien a muchas personas del gobierno? A dios gracias, detective, es una mujer la gobernadora, quien me ha llamado personalmente para que sea ella a la única a la que se le informe de los pormenores del caso. Así que sólo usted Rilma, Enrique y yo tenemos acceso al sospechoso. Si alguien tiene que caer, pues que caiga, la gobernadora no arruinará su nombre y el del partido por proteger a unos pederastas imbéciles que salgan salpicados por lo que acá ha ocurrido.

-- No tiene tintes políticos, capitán. Eso créame que pude descartarlos.

-- Ya le estás creyendo, Enrique.

-- No se trata de creerle o no. Necesitamos que los forenses cotejen listados, con padres, con fragmentos de ropas, con…

-- Acá tengo otra pista más. Viene de los forenses… Mira… si había otro grupo de huellas de neumáticos.

-- Era una reserva que funcionaba como hotel, en el campo; claro que habrá mayor número de huellas de llantas.

-- Pero si tomas en cuenta lo que dijo el sospechoso, y lo que concluye el peritaje; parece que era otra la camioneta que escuchaste escapar, y no la camioneta que encontramos. Mandaré personal a entrevistar personas de la región, veremos si en el horario que atrapamos al sospechoso, alguien vio salir otra camioneta por las carreteras aledañas. El juego de llantas, va del casco de la hacienda, hacia entroncar con la carretera a Ticul.

-- ¿Y qué me puedes contar de Patricia Cáceres?

Qué tan mal están los pensamientos dentro de uno, que al despertar continúa furioso... Nadie debe despertar enojado. Lo importante en la vida es darse cuenta que al despertar se tiene una nueva oportunidad de mirar la vida, uno despierta y esa primera bocanada de aire debe decirte: carajo sigo vivo... qué suerte, y esa es la felicidad, saberse vivo... uno debe transcurrir el día para que esa felicidad dure hasta que llegue la hora de volver a dormirse en la noche, entonces sabrá que ha vivido bien... despertar enojado es no darse cuenta que se está vivo. Despertarse enojado es pensarse muerto. Pero no había otra forma de ver las cosas. Los intentos por recuperar a Luisa, después del divorcio habían sido en vano. Las cartas de Patricia habían sido una broma. Las cosas se salieron del control, Y Luis enloqueció cuando el buen nombre del colegio apareció dentro de un escándalo en la prensa.

-- ¿Cómo puede ser mi culpa? Yo siempre he hecho lo que tú me pides que haga. Pero desde que empezaste por hacerle más caso a Victoria que a mí las cosas no tienen llenadera. Lo sabes bien, ella controla ya todo. Las cosas se han salido de control Luisa, pero yo te sigo queriendo.

-- Esa es la diferencia, querido; Jill y yo nos amamos.

-- Victoria, dile Victoria; deja eso de Jill para las chamacas como ella. Tienes 38 años, no puedes estar jugando a las locuras de estas chamacas. Jamás serás parte de esa locura en la que andan.

-- La locura ha sido de los tres, pendejo, no te salgas más de cuentos. Si no hubiéramos hablado con el Audomaro para que dijera lo de ser amante de la Patricia, hoy estarías en la cárcel, por violador de menores.

-- ¿De qué me acusas? Los dos estamos en esto. He hecho muchas cosas para darte gusto.

Rilma miraba al profesor Oscar Garfias respirar profundo mientras iba desperdigando las palabras de la historia sobre la grabadora portátil, mientras era filmado por las cámaras de video.

-- Lo supe al mirarla de frente. Al tenerla cerca de mi, sin la continua presencia de Jill Inked. Luisa me quiere, está protegiéndome, está con ellas porque las quiere como hijas y no quiere que les pase nada. La avalancha ya no puede detenerse, Luisa tiene que entenderlo. Yo fui a buscarla justo para eso. Cuando llegué escondí la camioneta cerca de donde me encontraron. Era una fiesta sexual, pero no involucraba adultos. Era como una ordenación. Las Dead Planters empezaron a endiosar al íncubo de Jill Inked,. Victoria Lamas.

Victoria llegó al colegio a medio curso, para enero. Venía expulsada de un colegio de mucho dinero.


 

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Adán Echeverría

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Columnista en el Periódico impreso El Vigía, y en portal cultural La Piraña (https://piranhamx.club/) Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011), En espera de la noche (2015), Trapacería y fiesta (2017); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

 

Nombre: Adán Echeverría

Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.

Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC

Dirección: Calle Isla San Pedro No 1436, entre Isla Tortuga e Isla San Lorenzo, Fraccionamiento Villas del Roble, C.P. 22842, Ensenada, Baja California

Email: adanizante@yahoo.com.mx romeodianaluz@gmail.com

Tel Cel 646 270 4993

 

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