Autor: Cristina Sosa de las Barreras

De vez en cuando me convierto en creyente   y alzó los micrófonos,

incluso contra mi voluntad

volteo a verme el interior

Y por un segundo me reconozco, no estoy llena de críticas ajenas, no estoy llena de lástimas terceras.

Alzo los ojos un poco más arriba del privilegio social

y luzco un poco menos completa,

porque recuerdo que tengo sed.

Olvido que tenía que encender las luces antes de entrar a la habitación, desmemorias de una gratificante lucha de selección natural.

Y los sueños llegan en letras mayúsculas, recordándome del todo,

Y sus partes malévolas tomaran sus propias

riendas, me harán benevolente.

De los días cálidos, de los días fríos o simplemente de los futuros, quiero decirlo fuerte; realmente quiero destripar tímpanos.

No tengo miedo de irme, a donde tenga que ser, porque de vez en cuando, logro ahuyentarme lo inmensamente penoso de ser yo.

 

Sola un viernes en la noche.

Me dirigí al lugar faltante de las cualidades humanas,

una dirección conocida,

acudí a nihilismos, dejé de sentir

miseria en ese lugar, y

se descifre todo,

me contraje en experimentos de crueldad encerrada en mis silencios.

Quería sentir mis cartílagos, el estribo tocándome el alma, porque me faltaba el alcohol, y

juro que no era la abstinencia, sino todo lo contrario,

era el exceso, la libertad

estaba perdida en las carencias,

de tierra desechada por falta de fertilidad; de mujeres deshechas por falta de integridad.

¿Quién putas me creo?

para declamar estos versos

fuera de mi intimidad, ya no puedo controlar los riegos de aguantar las fusiones en mí , y solo las dejé volar,

hasta que encontraron las palabras acertadas en papel, llevándome a la cúspide de Maslow, donde ni los orgasmos alcanzan,

las palabras observan y los genios fallan.

Red de trivialidades

Yo, pude haberte contado todas las estrellas que refleja América. Y aun así me hubiesen faltado las facultades para asimilarte.

Creamos extrañezas en los códigos que cada uno tenía en la dinámica de

nuestra realidad, de tus dimensiones, de nuestro grupo social.

Al ritmo de mis letras junto al sonar de la máquina,

los instintos de estar juntos

perecieron.

Luego de los últimos resentimientos cargados y al son de condicionamientos, hicimos lo despechado, las etiquetas nos traicionaron,

El deseo se concretó cuando vaciaste tus traumas en mí.

En tus recordatorios

me añadí, sin dignidad a tu lista de espera,

¿Y qué diablos iba a esperar? A ti, pero si no valías nada, menos una insensata espera.

Y aquí estoy, haciendo que valga este soneto por ti, porque la espera no pudo valorarse.

Del desamor, me quedo revisarme en otros,

buscarme en el piloto del último

autobús, en un  destino desconocido o

en el taxista habitual de las 5 AM.

Tres, cuatro o cinco noches seguidas viviendo en el centro del mundo, en la cima de la autoestima hipócrita que

daba la sensación de superarme.

O quizás me desplazaba a lo íntimo de mi cama,

con las últimas canciones

que escuché, las que cantaste desafinado.

La deuda telefónica

no estaba solo cobrando las llamadas, me cobraba el caos cruel de los servicios, de escuchar nuestras conversaciones.

Inaplazables penurias, cuando me cuestionabas

¿con cuántos?, ¿y por qué?

Ahora estoy paralizada, en todo lo que te confesé.

No debí leer a Gabo, y tampoco debí ir

al café de la avenida principal.

No debí atraerte en mis insomnios.

Si todo resultaba decentemente,

íbamos a terminar en la infinita

pendiente de encontrarnos en la otra vida.

Porque se terminó todo con cierres de gastos impagables,

errores, y planes mentirosos .

Y ahora las novelas, y las baladas románticas ya no caben

en nuestro vocabulario.

                                                    Efectos colaterales

Y un día no recordé

el nombre que fundí en la pared amarilla, aquella que dictaba sentencias,

no recordé los rincones profundos del amor sobornado, en forma de caricias.

Sostenidas en copas delgadas entre vinos y

alcohol etílico.

Estaba cansada de renombrar y

acertar nombres para tus sentimientos, así que te olvidé.

Solo me senté, en la repisa inagotable de las faenas diarias y disfruté sencilleces, gocé el agua de los platos al restregarles, olvidé que estabas escondido en lo inconsciente.

Aguanté lo que tenía que

pesos infinitos si al final el resultado era olvidarte.

Deje que tus letras fluyeran galantes entre cambios personales.

No importaba la magnitud de estas evoluciones, pequeñas

o grandes todas me acercaban a

las amnesias bien programadas,

lagunas mentales que

ahogaban esperanzas,

planes de vida y todo lo que venía después de tragedias griegas

Bombas

Ultrajes, golpes, ya no me gusta el siglo XXI

construyes el arma y la guardas en lo profundo de tu juventud,

aún podrías rescatarte, en medio de las difuntas fracciones de color

Retratas tu primer orgasmo o tu primer amigo real, pero no basta.

Sin adviento enredado, en el desértico cuarto, el mal te rodea,

Y aun así después de pasar meses en vela en la construcción de la bomba

te faltaron ideas o agallas para detonarla,

en medio de Compostelas inventadas y excusas, el fuego te dominó

Incluso si las cenizas se riegan, aún te resbalas en las ventajas de no arrojarla

no lograste buenos arreglos con los visitantes emocionales, ya no pienses más tu virtud en fuego, la retraes en ensoñaciones, pues lo

único abrasador aquí es la nicotina.

El cielo y el miedo, han rimado y tentando al valiente

pero, quizás tu no lograste entrar como mercenario, porque ya te delataste en

rituales, adicciones y desacatos, te discriminaron sin aliento, lo devolviste

arrullaste la bomba en tus manos, la ignoraste y humillaste al sostenerla.

No puedes cargarla tanto tiempo, se aferra a tu corazón y te hace un dios,

las voces silbaran tan cerca de tu consciencia, que no podrás arrojarla,

solo quedara una última alternativa,

pensar, y entender a tu realidad como el último haz.

Te absorbiste en la energía y reventaste en subatómicos instantes de voluntad,

el disparo fue tan mortal que lograste salir de tu esclavitud, y tus manos

no sintieron la necesidad de creer en algo o alguien, solo rogaste el sabor del

alcohol, alquitrán y el monóxido de carbono una vez entre tus labios hidratados.

Nadie te vio morir, nadie pudo ver la luminosidad en tu rostro cuando te fundiste, en medio de la nada universal, y tu no sabias de vida, dogmas o amor,

solo sabias que el planeta estaba ya tan lejano y la paz era normativa, que aun hoy en día, no recuerdas tu nombre.

  

Un día..

Y si un día me fundo,

y te fundís,

o nos fundimos,

para desgarrar nuestras almas

sí, esas pobres sometidas a opresores

envoltorios.

Un día acontece,

que te callaste,

y yo me calle,

porque aprendimos a comunicarnos,

entre empatía, prosa y

un poco de

benevolencia.

O puede ser que me quede,

y te quedés,

o nos quedamos,

entre procesos

artísticos, y siendo dos

nos compongamos.

Pero lo real es que,

te fuiste,

y yo me fui,

y nos ausentamos,

en paralelismos de

nostalgias, somos los

dos recordándonos

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En cuartos de marzo

sucedió que desapareciste,

como por un hechizo

sellaste destinos ajenos.

En memorias incrédulas

todos te lloraron, porque te

te llevaste los conceptos vitales

de 3 personas que te amaron en vida.

Saltaron precipicios,

cantaron himnos de suicidios,

llenaron de papeles con tu cara

la ciudad y un par de universos paralelos.

Contemplaron un par de restos mortales,

entre pupilas inundadas en sal, solo esperando,

que no fueras tú y por un segundo;

se gozaban porque no te habían hallado.

En caos y en subconscientes,

tu madre vigilo cada recuerdo tuyo que

tiene, en medio de cuentos de hadas

soñaba que nunca sucedió aquel marzo.

¿Por qué?

¿Cómo fue?

¿Estás solitaria? ¿Tienes frio?

Aquí se sostiene tu fotografía con sangre y compromiso.

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