Jueves, 29 Diciembre 2016 04:50

ATAR DE SOL(EDADES), LA POESÍA DE DANIEL OLIVARES VINIEGRA

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Por Víctor Argüelles

 

A principios del siglo XX, el formalista ruso, Alexander Potebnia afirmaba en su Notas sobre la teoría literaria, que “la poesía es sobre todo, y en primer lugar, una cierta manera de pensar y de conocer”. Algo tan sencillo, pero complejo para reaccionar ante la poesía en general y, particularmente ante la propuesta de título sugestivo: Atar (de) sol de Daniel Olivares Viniegra (Hidalgo, México, 1961), en cuya estructura el discurso de la ausencia se vuelve canto al vacío de un yo que prefiere exaltar la carencia en vez de sublevarla. A fin de cuentas, la poesía suple lo faltante, y lo hace por un procedimiento de muchos recursos.

Uno de ellos es el referente en el mensaje y, en este sentido, es la ausencia el eje principal por donde transita la voz poética concebida desde un punto de vista femenino pues, a decir de Roland Barthes, en su emblemático Fragmentos de un discurso amoroso: “todo hombre que dice la ausencia del otro, lo femenino se declara […] el porvenir pertenecerá a los sujetos en quienes existe lo femenino.” Y no es que lo femenino se pondere en un amaneramiento del lenguaje, sino que, es notorio en la franqueza y la sensibilidad de la palabra dicha. En este poeta la ausencia es la huella de un paso en el tiempo. Aquí basta el tiempo para hilar la espera, y ésta se hace de una buena parte de confesiones.

En Atar (de) sol se dilucidan tres momentos: “Naufragios”, “Arenas” y “Líquida luz”, cada uno, a su vez, representan: 1) El momento de la ausencia con la imagen del naufragio, y aquí establezco un nexo con dos de los cuadros más emblemáticos del romanticismo: uno pintado por Théodore Géricautl (La balsa de la Medusa) y otro por Caspar David Friedrich (El naufragio del Esperanza); en ambos se enuncian naufragios, aunque pueda quedar establecido que se trate de una concepción social del término, pues dicho movimiento finca sus raíces en lo social, no obstante la adjudicación individual como la imagen del naufragio viene de esta época de individualidades; de esta manera las imágenes conceptuales del naufragio que quedan hoy en día se ligan al sentimiento de la adversidad; sobre todo a la idea de adversidad subjetiva para el enamorado, 2) El reposo en la arena, encallamiento acaso en orillas para producir la reflexión del primer momento, incluso, la arena como soporte de escritura se anuncia en “Posdata de amor (sobre la arena)”, y 3) La líquida luz en la que se escribe, y aquí se presenta el acto creativo aunado a la reiteración de un efecto preconcebido amoroso, un efecto extendido a la esfera del lenguaje que le permite a un yo jugar con palabras como si éstas fueran los fragmentos, justamente de su discurso amoroso.

              En este sentido, Atar(de)sol propone una idea constante: la experimentación de sentidos que conforman las palabras: “atar”, como idea de escribir con la fuerza de la soledad, teniéndose solo, primicia básica del mensaje poético donde una voz metálica y cortante irrumpe en versos y partituras para ser leídas en silencio. Existe también una organización sincrónica que va de la forma decimonónica de métrica y rima hasta el soltarse y volverse atar en una suerte de juegos verbales usados, ante todo, en los poemas breves; todo esto conduce al ritmo, anclado también a la imagen latente en todo momento: la entidad melancólica del quien se concibe solo. Ya desde este arranque, el poema como unidad mínima se conecta a la cualidad totalizadora del poemario, donde el tema y el fondo, pero por encima, la forma, generan lo singular de una subjetivad vuelta poesía. ¿Qué se anuncia con tanta insistencia bucólica ‒primera idea que me ilumina‒ para entender el paisaje de naturaleza romántica?, donde conviven un él y una ella, como en los días del paraíso; una ella (ausencia), un él, (presencia) del yo lírico saltando de metáfora en metáfora, resolviéndose en la alegoría, algunas veces, y otras más, en la vivencia personal.

              En el poema “Amordanza” el sentido se duplica: es amor, pero también danza. Las palabras unidas se acoplan en el canon de la belleza y la violencia, pues al pronunciarse, fonéticamente producen un efecto más: ¿“amordaza”?, que determina un atar con la fuerza pasional del enamorado. Amordazar, ¿a quién? a quien ya no está, al cuerpo primigenio, a la Eva del paraíso, la efigie conservada como una talla antigua en el recuerdo.

            Más adelante, ‒en este mismo poema‒, se desprende la entereza de la declaración. El yo descubre el porqué de la ausencia, y surte efecto con las aliteraciones:

“Casi noches me salen de los ojos

Y cuerdas vibrantes

                        amanecidas en tonos menores

                                                           brotan de mis dedos…”

            Hay un muro de florestas en mi entorno

                                                                       y las devoro

            por si acaso quieren reintegrarse

            a lo mucho que de amor nutriente:

Clorofila erótica…

Y finalmente el lamento… Algo falta y algo sobra; la presencia humana por el efecto del vacío.

“¡Ay amor que siempre me faltas

y me sobras!”

De la primera a la segunda y tercera parte del poemario, la estructura hecha de tradición es balanceada con el aporte verbal. Destacan evidentemente, el atrevimiento hacia la libertad creativa, o bien la relación del yo con las palabras; es así que un Sol proviene de soledad, y atar de tarde, o viceversa; de esta manera se propone una lectura donde lo que prevalece es el sentido poliédrico, a la manera de un gran rompecabezas hecho de palabras.

“Después de la resaca

sólo quedan:

el verde mohoso de arrecife

los fósiles cuadrados del tiempo

y la plasticidad de nuestras estrías…

Placas violentas perviven

cuando la historia ha pasado”

En cuanto a los recursos utilizados en esta propuesta destaca el de la imagen, Victor Shklovski menciona que “las imágenes son tomadas por los poetas de otros poetas”, y cómo “el carácter estético del objeto es el resultado de una manera particular de percibir”. De esta manera, no hay poeta que no haya sido tentado a tomar de lo ajeno, y esta consideración aclara que el poeta frente a su quehacer, refracta imágenes, determinadas de una amplia fracción de sus lecturas, y en este caso, la imagen: ‒cómplice efectivo donde ocurre todo‒ destaca ésa, la del personaje inmerso el sentimiento del naufragio, de ahí el acento bucólico. Si ya para el poeta lo efectivo se resuelve en lo visual, para el enamorado lo visual se decanta en “su amor” pues a todo le otorga una forma, un color, una textura; sus analogías lo complacen al destinar parte del tiempo a la musa que lo aflige, que lo alimenta, que lo descongela como si este hecho anunciara la edad de la soledad que padece. Esta imagen del ente solo, del que padece su propio naufragio, tiene una razón de ser. La edificación de la idea, del signo, del propio amor, destaca en “Arqueología“, donde las dos entidades se construyen:

“Piedra tú: piedra yo:

elementalmente

piedra

sobre

piedra

queremos ser…”

En “Visita del ángel” lo áspero de un lenguaje se revuelve también con una suavidad. El día y sus instantes traen de vuelta la “canción de aurora”, es decir, ese otro día añorado.

De Naufragios a Arenas, se intuye un desplazamiento, una transición del cuerpo para alcanzar el punto del descanso ¿será en arenas movedizas? o será en arenas estables para el que viene de una tormenta. En esta sección hay reposo en lo breve, en lo lúdico y en lo reiterativo de la constancia visual, por ejemplo en “Dos de aquel mar”, el breve texto se escinde en dos, de aquí surgen esos arpegios y el atardesol que sirve de título. Justo en éste, lo acontecido se revela en los nuevos sentidos graduados para referir el pasado, no sólo eso, sino de una especie de asombro generado ante el hallazgo de quien descubre el lenguaje, como Adán –el de la creación‒ en su primer día.

Descubierto tal territorio del lenguaje, nos centramos en el signo solar obstinados en su forma y en su símbolos. Pasamos por “PolifemΩ” hasta anclarnos al final en una “Líquida luz”, la de la página, como advierte el poeta, justo en medio del despegue.

“Líquida luz sobre esta página

(o esta historia estalla)”

Destacan de esta última serie, los poemas: “Anda/nada” y “Arte poética”, en el primero, la líquida luz, la del pensamiento uniforme cierra las premisas poéticas en una especie de reposo:

“Al retorno accidental de los ayeres

responde el trueno con sus alarmas huecas

Todo es violencia firme del ahora

y presentimiento fugaz del qué será

latiendo”

El reposo al que se refiere, bien podría ser el reposo del agua en la luz, la de la profunda reflexión sobre el dolor que cesa:

“Llueve después lúbricamente

y el dolor discreto se deshace”.

En “Arte poética” la declaración de principios poéticos cierra en la última página, tal vez como aviso triunfal del náufrago. En este poema sorprende la riqueza estilística aunado al neobarroquismo que se expresa fehacientemente de principio a fin, siendo la declarativa del silencio la que deje en misterio lo anunciado:

“Lejanos mares en que se aburren persistentes

Aquestos ríos, que cual fulgores destellantes

Maledicentes no mal maldicen laberintos

Tras los que afloran graves dones que revisten

Sólo áureo albor bajo el que se esconde gris misterio…

[…] Mucho mejor será que el hombre calle el pico

Cuando el silencio dice más que mil palabras.”

En síntesis, Atar (de) sol conjunta lo extenso y lo breve, lo simple y lo complicado, lo claro y lo obscuro; y permite conjugar asimismo la metáfora plenamente elaborada, así como la experiencia visual que dan la naturaleza y el cuerpo humano, en plena simbiosis con el reino de la creación.

***

Daniel Olivares Viniegra, Atar(de)Sol, México, Editorial Cisnegro, 2016 (Colección Cuántica, 4)

Víctor Argüelles es, además de artista plástico, poeta y especialista en literatura mexicana del siglo XX.

 

 

 

 

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Víctor Argüelles

Víctor Argüelles

Víctor Argüelles (Tuxpan, Veracruz, 1973). Artista plástico y poeta. Diplomado en escritura creativa por la Universidad del Claustro de Sor Juana, diplomado en creación literaria por el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, INBA. Egresado de la especialización en literatura mexicana del siglo XX de la UAM Azcapotzalco. Ha colaborado en las revistas literarias: Sinfín, Crisálida, Opción, Timonel, El Búho y Cultura de Veracruz. Parte de su obra poética ha sido incluida en más de diez antologías de México, Chile, España e Italia.

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