Viernes, 27 Enero 2017 01:00

Saber y no saber sobre crítica

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Saber y no saber sobre crítica

 

Luis Ricardo Palma de Jesús

El ejercicio de la crítica ha tenido una gran importancia en el ámbito literario, sobre todo por los innumerables ensayos que existen y las diferentes posturas sobre determinados temas e inclinaciones teóricas. Pero, uno como lector, ¿qué piensa cuando se encuentra un ensayo crítico sobre una obra que ya leyó? En una ocasión encontré en internet un ensayo crítico sobre Cien años de soledad, novela que yo había leído con desmesurado interés y con apasionante atención. El texto comenzó resaltando la rica prosa de García Márquez y sus mágicos párrafos de la familia Buendía. Hasta ahí mi lectura iba bien, pero cuando comenzó a decir que en la obra del colombiano aparecía una figura como recurso: la hipérbole. Y dijo que Cien años de soledad no hubiera existido si Gabriel no hubiera leído Gargantúa y Pantagruel. Resulta paradójico mencionar que, muchos años después, leí la entrevista que le hizo Plinio Apuleyo Mendoza (que se encuentra en el libro El olor de la guayaba) sobre el génesis de Cien años de soledad, y Gabriel mencionó que ese crítico, de origen francés, le había dado un golpe en la crisma y que ignoraba que en el caribe suceden cosas fantásticas e increíbles, y que sólo se necesitaba abrir los ojos para darnos cuenta de la riqueza que hay en el mundo. El tono ácido y sarcástico sobre la crítica a la novela me pareció pedante y sin mucho fundamento, ya que también mencionó que ahí estaba la caricatura latinoamericana de William Faulkner.

            Sin duda, cuando leí el ensayo, quería descubrir algo más interesante, como por ejemplo, el autor del ensayo qué pensaba sobre la obra de Gabriel, qué le había hecho sentir desde su postura como ser humano y como intelectual, qué le había provocado, si asombro o nada. Porque yo quería saber por qué Prudencio Aguilar perdió a José Arcadio Buendía en un sueño interminable; o por qué Remedios, la bella, había ascendido al cielo sin alguna explicación; o por qué Ursula Iguarán había quedado convertida, después de muchos años, en una ciruela pasa. Todas esas cosas me sorprendieron sobremanera y quería saber si existía alguna explicación ante tales sucesos que jamás creí posible. Después, la lectura se hizo más densa, porque mencionó que Cien años de soledad era plagio de Pedro Páramo, novela insuperable del mexicano Juan Rulfo. Y puso un sinfín de referencias librescas que, hasta ahora, desconozco.

            No dudo que la crítica tenga que cerrarse a una simple manera de opinar; pero cuando el autor no critica la obra como tal y toca aspectos secundarios o que no sabremos a ciencia cierta, el ejercicio ensayístico se convierte en un circo de adivinanzas y acertijos infundados que sólo confunden más al lector. El crítico no tiene que usar de pretexto la crítica sólo para verter sus referencias librescas y demostrar su conocimiento exiguo. Más bien, lo que debe proporcionarle al lector, como primicia, es una invitación a leer una obra literaria y destacar los aspectos buenos y malos que el autor considere, y decir qué fines estéticos la delinean. En una ocasión platiqué sobre literatura con un poeta. Me dijo, ¿sabes definir el término literatura? Creo que a estas alturas definir esa palabra es un riesgo; pero en algo coincidimos: y es que la literatura, desde los diferentes géneros, debe proponer algo estético, ya esté escrito en prosa o en verso. Sin duda el ensayo crítico no sólo debe comprenderse como algo negativo (que es lo que semánticamente denota la palabra) sino como esa posibilidad estética de decir algo que, quizá, nadie más ha dicho.

            Además, dentro de la crítica existe una especie de rivalidad literaria; es decir, que una crítica vale más por las referencias que maneja el autor que por su reflexión profunda; que vale más hacer un ensayo para que mis contemporáneos vean que sí se lee y para demostrar que sus conocimientos son insuperables. Este juego en donde nos ponemos la sotana literaria para decir yo sé más que tú; mira, yo he leído toda la obra de tal o cual autor, me parece algo patético; y más cuando detrás del ensayo hay una terrible saña por denigrar a otra persona, olvidándose por completo del objetivo principal. Posiblemente ésta de una de tantas causas de que la crítica ha tomado un camino erróneo.

            Por lo menos hablo como lector. Cuando encontré esa entrevista de Plinio Apuleyo Mendoza a García Márquez comprendí que muchos de los críticos que creen saber todo sólo ensucian y denigran la vida de los autores. Por principio, al crítico debe interesarle la obra, no la vida del autor; en segundo punto, el crítico debe entender que su postura no es una verdad absoluta y sólo es su visión, una opinión subjetiva. Que si el autor tiene o cual oficio; que si promueve el islam o el cristianismo; que si es comunista o anticomunista; que si es polígamo o célibe; que si lee o comenta sobre tal o cual libro. Eso es algo que no debe tomar en cuenta el crítico. Mucho después comprendí que la vida del autor es importante porque toda obra de ficción es reflejo de una mente real, de alguien que vive en tal condición y que piensa de esta otra manera. De ahí en fuera, la obra como tal es un producto independiente que debe ser analizado desde su fisionomía, desde su arquitectura y desde su carpintería estética.

            Pienso que muchos de los ejercicios ensayísticos están dirigidos a un determinado público; sin embargo, hablar con un lenguaje barroco y oscuro puede resultar difícil para un lector novicio que apenas descubre una opinión sobre una obra. Y, a modo de conclusión, la función de un crítico y de un ensayista es la de imprimir su visión, su postura desde su horizonte de expectativas, sin caer en el juego de yo sé más que tú. El crítico debe ser un facilitador de conocimiento, no un personaje que juzga prejuiciosamente y de manera equívoca una obra. Su conocimiento debería aportar a la comprensión de un texto y de todo ese mundo poético y narrativo, libre de rivalidades políticas e ideológicas que al lector no le interesan. Pero bueno, me parece que eso siempre va a existir, como existió entre Góngora y Quevedo, entre Borges y Rulfo, entre Heriberto Yépez y Domínguez Michael. Ojalá que las mentes ensayísticas no se cansen de hacer una crítica que aporte, porque saber o no saber sobre crítica implica quitarnos la coraza y ver al desnudo la riqueza que hay por dentro.

 

Visto 377 veces Modificado por última vez en Martes, 14 Febrero 2017 06:38
Luis Ricardo Palma de Jesús

Luis Ricardo Palma de Jesús (1990) es licenciado en Literatura Hispanoamericana. Obtuvo el premio estatal de ensayo al tercer lugar CONACYT y el XVIII premio estatal de cuento y poesía María Luisa Ocampo 2016. Becario del PECDA 2015. 

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