Domingo, 09 Octubre 2016 13:43

Del libro Epístolas Mayores o el Libro de la Oscuridad (Versodestierro, 2015)

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Eneas:

 

No debería de ser, pero a veces, también, los hijos son enterrados por los padres. Algo como demencia les abotona la espalda y los vuelve curvos y enfermos, piedras o anclas de un barco que se naufraga así mismo ahorcado sobre la calma o la tempestad.

 

La tristeza del tigre se vuelve arcilla del campo. Y las ciudades florecen porque las flores alcanzan pronto la edad del muerto y no debería de ser, pero a veces, también, alguna fauna previene aquella oscura tormenta: salen de su letargo orquídeas, fantasmas, anémonas impresionantes, débiles girasoles que han calcinado el sol entre sus hojas.

 

Pero lo triste, Eneas,  es la velocidad de la alondra, su manera de augurio en la ventana,

el grito, casi humano, a unos instantes, de chocar

y corromperlo todo.

 

 

 

29/12/2012

 

 

Eneas:

 

En tus pulmones crecen flores y ángeles terrenales bailan contigo la canción de los niños ciegos. Algunos de ellos padecen de algo que en mi mundo, Eneas, no tendría cura. El cáncer les otorgó el imperio de la noche para olvidar la luz de la química blanca; y el sueño, la flor amarga de los laboratorios, la pestilente forma de la palabra farmacia.

 

En este prado de lluvia reinas sobre la fauna. Vuelas desnudo y dulce como un tigre que caza y finge su muerte para otra resurrección, para otro camino abierto sobre noviembre y cinco treinta.

 

Te dieron el corazón más grande, Eneas, para espantar a la muerte,

para dormir con ella, para soñar un mundo quemado por las flores.

 

 

2/6/ 2013

 

 

Alejandra:

 

Platicas con tu hermano difunto y dejas abierto el día para que llueva. Tus ojos ven lo que nosotros no vemos:

un tigre hermoso que dora contigo la tarde y te hace de ángel

para las bestias del mundo, para los crueles remolinos del tiempo, para las cosas sencillas y desgraciadas.

 

Tus labios oyen

lo que ese tigre contesta.

 

Lo que se gruñe del otro lado del río, lo que la fronda y las mariposas ocultan a las orejas de los mortales, a las cinturas calizas de los barrancos, a los ojos cerrados y oscuros del que no mira nada.

 

Tu risa es, para el tigre, una pradera enorme.

Un invisible manto donde se duerme y te acompaña.

Donde te sigue por los caminos, donde te sirve de ángel – ya lo sabes –

para las bestias del mundo.

 

 

13/ 9/ 2013

 

 

 

 

 

 

Visto 5444 veces Modificado por última vez en Domingo, 23 Octubre 2016 18:23
Gustavo Alatorre

Gustavo Alatorre (Ciudad de México, 1979). Poeta, ensayista y estudiante de Doctorado en Letras por la UNAM y profesor de Lengua y Literatura. Tiene publicado los libros de poesía Guardar el infierno (Fridaura, 2009), Nueve nocturnos para que duerma Lesbia (Fá Editorial, 2014) y Epístolas mayores o el libro de la oscuridad (Versodestierro, 2015), Oscura prosa de vulgar Latín, (Mantra Edixxxciones, 2017);  así como el libro de ensayo literario El Derrumbe Amoroso. Apuntes sobre la poética de El turno del aullante de Max Rojas (Fridaura, 2013). Su trabajo ha sido publicado tanto en antologías y revistas nacionales e internacionales. Su obra ha merecido reconocimientos y premios literarios tales como el Premio Universitario de poesía Décima Muerte convocado por la UNAM en sus emisiones 2008 y 2012;  Los Juegos Florales Universitarios convocados por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2008; y el segundo lugar en el concurso de Ensayo Literario Punto de Partida en 2015, convocado por la UNAM; así como el Primer Lugar en el torneo de poesía Campeón de Campeones Adversario en el cuadrilátero 2016. Organiza desde hace más de diez  años el Encuentro Nacional de Poesía Max Rojas CDMX.

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1 comentario

  • Enlace al Comentario Inés Parra Jueves, 03 Noviembre 2016 17:38 publicado por Inés Parra

    Felicidades por la revista, lo celebro..???

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