Miércoles, 08 Marzo 2017 02:25

GABRIEL MARCEL EL PASO DE LA EXISTENCIA AL SER /MARCO ORNELAS /

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GABRIEL MARCEL EL PASO DE LA EXISTENCIA AL SER

Por: MARCO ORNELAS

Creo en el discurso filosófico y en la biografía del filósofo. Creo que el  pensamiento y la vida edifican el Ser, hacen el todo, no hay escisiones entre pensar y vivir. De la coherencia brota la autenticidad. Marcel pensó y actuó, y actuó como pensó, por eso floreció su integridad. Al novelista y al poeta se les puede dividir su obra de su vida, hay poetas hiperbólicos y novelistas de ciencia ficción, la estética misma les descubre estas aguas para que ahí naden. Al filósofo, no. Pienso que este mismo ensanchamiento le puede caber al hombre masa, aquel que no habita en la intimidad ni con su vida ni con su pensamiento, que vive manejado por sus impulsos, que vive actuando al ahí se va, aquel que las circunstancias le viven la vida, aquel que no se preocupa por buscar una respuesta a su vivir-existencial. Al filósofo, no. El hombre que contempla el mundo desarrolla en conjunto: axiología y epistemología o epistemología y axiología, sea filósofo en estricto sentido o pensador asistemático, a estos dos seres no se les pueden dar concesiones entre decir y actuar. Filosofía y hacer hacen la síntesis probatoria del hombre filósofo. Bien declaraba Kierkegaard: “Tengo que hallar una verdad que sea positiva y verdadera para mí, una idea por la qué vivir o morir”. Si la crítica de la modernidad minó fuertemente los cimientos de la razón, y las pruebas racionalistas ya no convencían; ahora lo que iba a importar era la verdad moral. Si las verdades lógicas yacían en el suelo, lo que importaba ahora era ser. La autenticidad.   El filósofo tendría que decir: “Yo soy”,  y no “yo conozco”. La prueba de su discurso sería su vida. Ahora la vida se empezaría a ver estéticamente. El propósito del filósofo existencial consistiría en hacer de su vida una obra de arte. Gabriel Marcel se encaminó por este vericueto; la metafísica para el discurso marceliano no es otra cosa que el desvelamiento de los misterios. Pero por esta vereda del pensar, ¿se podrá elaborar un sistema cerrado? La respuesta de Marcel fue un no. La vida integral del hombre es mucho más que un concepto. La humanidad y su complejidad son más que una ecuación filosófica, por eso toda su  obra es asistemática; sus libros son un diario, ensayos y obras teatrales. Todo está deviniendo. “Nadie se baña dos veces en el mismo río”; diría anteriormente Plutarco parafraseando al ciudadano de Efeso. El hombre es un poema no terminado, una escultura que hay que ir esculpiendo cincelazo a cincelazo. Su misma realidad inacabada desvela que sus creencias y su vida misma padecen del virus de la fragilidad, ésa es su condición. Toda creencia y toda vida pueden desmoronarse. Por eso hay que estar construyéndose, eligiéndose a diario, cuidando su situación, sólo así se pueden mantener firmes los cimientos de su obra de arte. Y si se derrumban recomenzar a construir. El hombre es un peregrino, Homo viator. En este punto Marcel, se acerca a los existencialistas. Sartre, lo clasifica junto a Jaspers, como existencialistas cristianos. El hombre es un proyecto que se vive subjetivamente, plenamente responsable, y su

libertad lo crea.  Aunque a Marcel se le considera como el primer filósofo de la existencia debido a que, en 1914,  tituló uno de sus artículos Existence et Objectivite donde expuso tesis existencialistas. Es quien más se acerca al filósofo danés, pero se sabe que no había leído al autor del Concepto de la angustia cuando ya había desarrollado algunas de sus ideas fundamentales. Al principio de sus incursiones con las ideas existencialistas, Marcel, toleraba que lo llamaran existencialista para posteriormente repudiar ese calificativo por el riesgo de que se le confundiera con Sartre.  Él decía profesar un neosocratismo-cristiano, calificativo con el cual lo bautizó uno de sus discípulos en sus tertulias. Hay que creer más en el hombre que en las instituciones. Gabriel Marcel fue un alumno brillante aunque nunca fue maestro en la Universidad. Hay que creer más en los maestros ejemplos que en el prestigio de la Universidad. Hay que creer más en el hombre que en la camiseta de un equipo. Marcel creía en el ser único e irrepetible de cada ser humano. El pensamiento marceliano que empezó por la línea idealista desembocó en el análisis fenomenológico, sus observaciones no son racionalistas sino descripciones de las vivencias existenciales. Su filosofía es subjetiva-existencial. Lo que motivó al francés fue lo concreto, rechazando así las abstracciones. Al autor laureado con el Goethe de la ciudad de Hamburgo,se le considera un filósofo católico aunque de una manera muy singular. Marcel, converso al catolicismo en 1929,  no camina por los senderos de la filosofía católica tradicional, él va por su propio camino siendo congruente con su pensar y vivir, y escribiendo su gran obra de arte, su prueba filosófica.  No coincide con la filosofía escolástica tradicional; pero su pensamiento se puede considerar como un vigoroso replanteo y solución dentro del marco de la filosofía cristiana, a partir de problemas propios del siglo XX, tales como la persona, las relaciones interpersonales, la intercomunicación, la angustia, el amor y la libertad; en este sentido se acerca más al pensamiento personalista que a Sartre y Heidegger. Cabe aclarar que su filosofía no depende de su fe católica, el Diario metafísico se publica en 1927 y hasta dos años más tarde él se convierte. Su reflexión filosófica lo llevó al encuentro del cristianismo y no al revés. La lucidez metafísica del autor de Los hombres contra lo humano lo llevaron a converger con los postulados del resucitado. Después de su bautismo, Marcel es un católico fuera de serie, amigo de ateos, respetado por los círculos intelectuales de París, maestro ejemplar sin cátedra en la universidad, viajero del mundo, amante intenso de su esposa Jaqueline Boegner (fallecida en 1947) Gabriel Marcel es el testimonio del hombre religioso moderno; Cioran, su amigo y vecino, lo exalta en Gabriel Marcel apuntes para un relato. Crítico exacerbado de los errores de la Iglesia y gran devoto de Cristo. El músico, dramaturgo y filósofo Marcel, mantenía en sus tesis que las personas sólo pueden ser comprendidas en las situaciones específicas en las que se ven implicados y comprometidos, por tal situación la filosofía no es objetiva, los problemas filosóficos no pueden resolverse como un problema matemático. En la filosofía los enigmas humanidad-mundo se resuelven personalmente en una actitud de Recogimiento; en ese acercamiento profundo al misterio, la solución es personal.  La reflexión primaria es para resolver los problemas y la reflexión secundaria para resolver los misterios. “No estoy asistiendo a un espectáculo” soy yo el actor, la respuesta cambia si es otro ser humano el que se encuentra en tal o cual situación. Para Gabriel Marcel existe paralelamente al Problema y Misterio el Ser y el Tener. Sólo las cosas se pueden objetivizar y poseer,  el ser humano nunca.  El hombre existe en el ser, participa del ser, se comunica con los demás gracias a su mutua apertura en el ser. El ser es el ambiente propicio de la existencia personal, y no separa sino que une. Desde mi existencia personal puedo reflexionar, ahondar en mi mismo, y captar al ser, por el cual se realiza la comunicación con las demás personas. No se puede decir lo que es el ser, no se puede expresar y objetivizar; su conocimiento nunca es exhaustivo; pero se puede experimentar como una profundidad que nos supera y nos incluye.  El hombre que todavía no llega al nivel del ser trata a los demás como objetos, como un tener, con esto revela que todavía no ha cruzado el umbral de la existencia humana auténtica y personal. La filosofía de Marcel es el paso de la existencia al Ser. 

 Toda persona no vive a un nivel humano, hasta que se encuentra con sus semejantes en el plano del ser, cuando trata a los demás como objetos, los trata como ellos o él, no como un yo y un tú, sino que los separa de su presencia humana.  Saber tratar al otro como un tú es el fruto de la maduración existencial, porque sólo así ese yo y ese tú pueden convivir. “Esse est co-esse” (existir es coexistir). El Nosotos nos lleva a la victoria luminosa que nos abre la ventana hacia el Tú Divino. Según nuestro autor existe una conformidad esencial entre el cristianismo y la naturaleza humana.  En la oración personal y comunitaria de los apóstoles se revelaba Cristo, y en el hijo se nos revela el Padre Dios. En el yo, en el tú, en suma: en el Nosotros culmina la humanidad chispazo de Dios. O como versa la expresión marceliana: “Yo espero en Ti, para Nosotros”. Pero para que el árbol humano pueda dar este fruto necesita del Compromiso y de la Fidelidad, más allá de los momentos y situaciones en que nos veremos implicados en nuestra vida, manteniendo la Unidad y la Permanencia; sólo llegando a este momento se le podrá proferir a un ser: “Te amo tú nunca morirás” (Gabriel Marcel dixit).

 

 

 

 

 

 

 

Visto 414 veces Modificado por última vez en Jueves, 16 Marzo 2017 06:25
Marco Ornelas

Poeta y ensayista. Estudió Derecho en la Universidad La Salle (1997-2002); también ha recibido cursos de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato. En 2011 La editorial La Rana de Guanajuato, publicó su poemario: Variaciones de la voz alcanzando el tono. En 2013 la Universidad Iberoamericana, León, publicó uno de sus cuentos en la antología Poquito porque es bendito, . Obtuvo el primer lugar en el "Torneo de poesía Guanajuato 2014 (Adversario en el cuadrilátero)".

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