Lunes, 19 Junio 2017 17:11

Nuestro sueño / Karla Barajas /

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Nuestro sueño

Karla Barajas

 

 

Regresar a casa después de limpiar parabrisas de las seis de la mañana a las diez de la noche en el libramiento; refrescarnos el rostro sonrojado por el sol y los pies hinchados con agua limpia saliendo de una regadera en nuestra casa. Ese sueño termina al pagar el pozol de las doce, las tortillas y un refresco con los que nos quitamos la sed, Selene, Panchito y yo.

A veces comemos dos tacos, o chicharrones con salsa y tortilla. Terminan los ahorros. Ellos aún creen cuando digo que si trabajo duro y comemos menos, si me ayudan cargando agua, limpiando parabrisas, en unos años el terreno que invadimos atrás del fraccionamiento las Águilas será nuestra casa, y no la esquina en la que dormimos bajo el libramiento.

Pellejo de vaca

 

 

Donde había unos cuantos huizaches trespeleques y zacate; los huachicoleros extraen de la red de hidrocaburos en PEMEX. Si Faustino, Melitón, Esteban y yo hubiéramos sabido que el duro pellejo de vaca que era esa tierra daría petróleo, no hubiéramos abandonado el llano.

 

Aguja de arria

 

 

Desensarté la aguja de arria mientras el Fer me sacudía y gritaba; ¡Deja de perder el tiempo en la escuela, tu trabajo es cocinar, barrer y costurar! Si hubieras barrido en lugar de leer, no te pegara, ¿de qué te sirve leer Felipa?

Fue cuando ensarté la aguja cerca de su ombligo y luego en donde estaba el corazón. ¿Ve cómo sirve la lectura? le refuté al quejumbroso, mientras leía La Cuesta de las Comadres.

 

 

La Mapacha

 

 

¿Otra vez metida en el negocio? Encontré tu ropa brillosa, los calzones con lentejuelas, las medias, las botas a la rodilla. ¡Hija, no tienes necesidad de estar metida en esas cosas! No es de mujeres decentes estar rodeada de hombres gritándote: ¡Dale duro, Mapacha, dale con todo!

Lo que haces no es de Dios, recapacita, deja esas tonterías de ser luchadora.

¿Cuánto costó tu libertad? El Arcadio era un demonio vestido de anciano, cobraba el precio más alto por sus favores.

Creí que no había pagado, porque no cumplió el trato. Aunque salí del prostíbulo, huí por todo el país, temía me encontraran… y entonces, años más tarde al regresar a San Cayetano en busca de mi padre, encontré la tumba con mi nombre en el Panteón y supe que nunca me fui.

 

 

Donde hubo fuego

 

 

Adquirió la vela mística aromática: Págame pronto con su proveedor en el mercado. La encendió con fe para ver si el deudor le retribuía el trabajo doméstico que por más de veinte años realizó sin obtener remuneración. El deudor, con risa irónica, respondió:

-Las buenas mujeres cuidan su casa, a sus hijos, a su marido por amor y el amor no se paga. Además gastabas mi dinero en esas porquerías, ¡qué las velas del amor y págame pronto!, mejor te hubieras comprado una casa con ese dinero, porque ésta yo la construí con mi trabajo. Las velas no sirven, yo ni te quiero, ni daré pensión.

Fue entonces cuando la mujer arrojó la veladora sobre la puerta de madera, previamente mojada con petróleo.

-La vela es efectiva- dijo mientras la casa ardía y las cenizas de ese antiguo amor se regaban por las calles.

 

 

El secuestro de Raúl

 

 

Raúl huyó a prisa de familias enteras, hombres solteros con machete en mano, dos alcohólicos gritándole groserías con orgullo y desazón en la voz; Bestia te llegó la hora, lo amenazaron y le arrojaron las botellas de Cañita sobre el dorso. Raúl estaba sólo.

La situación, además de grave, parecía irreal, como un paisaje infernal de una madrugada fría, en donde la  oscuridad confería el paso a las luces amarrillas del fuego, a las sombras amorfas de los hombres con antorchas que iban y venían buscándolo.

Él estaba listo para la pelea, era gigantesco, emitió un sonido demencial retando a la multitud, dejando ver la barrera blanca de sus dientes, de sus colmillos; a pesar de su fuerza, de sus músculos, de su valentía, a  Raúl lo cercaron a pedradas y no supo cómo continuar. El primer machetazo le cayó sobre la espalda, la sangre sobre su cuello le resbaló por el dorso; los golpes pétreos apalearon a su abdomen, la sangre escurrió hasta llegar a la tierra.

La sangre seca sobre el suelo, mezclada con gasolina con la que bañaron al cuerpo inconsciente de Raúl, fue pisada por las botas de Jerónimo Domínguez y las de las otras autoridades luego de unas horas.

Jerónimo intentó abrirse paso entre la gente, ellos reunidos cerca de la desembocadura de un río observaron a un Raúl, a merced de cualquier cosa, incapaz de defenderse pues fue amarrado con lazos y con cadenas a un mástil enterrado en la tierra.

Los pobladores hartos de ser ignorados por el Alcalde de Las Lauras, Acapetahua, decidieron linchar a la Bestia, como ellos le llamaban, la piel de su espalda se encontraba rasgada por el filo de los machetes, y aún seguía consiente para ver a la multitud acercándose a él con sus antorchas. Su plan: quemarlo vivo.

-¿Cómo pueden hacer esto? – les preguntó Jerónimo- esta criatura fue atada, golpeada con piedras y palos durante horas y ahora ¿lo quemarán?

-Se robó mis gallinas!- se excusaba una señora cuando Jerónimo le quitó la antorcha de las manos.

A Jerónimo de nada le servía el tono de entendimiento que le imprimió a sus palabras. La gente respingaba, incluso, él, hombre de pantalón militar y botas, cabello largo, corría peligro por intervenir en esa especie de ritual en que los observadores, incluidos mujeres y niños, sin mirarse entre ellos, gozaban el poder de lacerar, humillar, maltratar a un ser ya indefenso.

Demandas se sumaban, gallinas, caballos, jolotes, perros y ganado desaparecieron durante meses; el culpable estaba amarrado, sus ojos eran ya indiferentes, no tenía movimiento, eran el reflejo de las llamaradas, de las luces amarillas y temblorosas del fuego. El alcalde y las otras autoridades se abrieron paso, lanzaron un balazo al aire. El silencio se esparció como la sangre del herido y como la gente minutos después.

Raúl evitaba el contacto con los hombres, pues sus reacciones oscilaban entre la incomprensión y la agresividad al verlo. Pasaba horas quieto observando el manglar y sus alrededores, horas obteniendo calor del sol, humedad del agua, no intentaba cambiar de residencia, salía en busca de comida y regresaba; pero la biología y las hormonas surgen esa clase de efecto en los seres vivientes, alteran nuestro comportamiento, nuestra conducta y ese fue el caso. Salió de sus terrenos en busca de una pareja, no tenía destino al cual llegar y pronto se vio cercado por hombres arrojándole piedras, pegándole con palos, hombres cortándole la espalda…

Raúl llegó a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; la misma madrugada del lunes 26 de febrero de 2007, luego de cuatro horas de secuestro y tortura. Estaba inconsciente, con estragos en el rostro, ya de por sí chato, en la espalda, en su ser.  A pesar de recibir los primeros auxilios en el camino, parecía a punto de fallecer, sin necesidad de drogas o analgésicos permaneció tumbado, sin despegar los hinchados parpados.

A partir de ese día su vida cambió, nadie encarceló a sus agresores. A decir, verdad, quien pasaría el resto de su vida encerrado sería Raúl, el cocodrilo. Quizá la pérdida de su ojo derecho y de la libertad valdría la pena, pues en el estanque encontró a una pareja con la cual reproducirse algún día. 

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 Karla Barajas

Nací en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; México; en 1982. Desde 2004 publico cuentos, poemas, ilustraciones… en periódicos de Chiapas entre ellos Noticias Voz e Imagen, Mirada Sur, en las antologías Cuéntame un blues, Antología de minificciones, Editorial La Tinta del Silencio(2013), y la antolgía “Poesía desde la coyuntura: voces para caminar”, Editado por el Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (2017); y revistas nacionales; Revista Va de Nuez de Literatura y Arte, Guadalajara, Jalisco; El Beismán, Chicago; Poemas en Red, Proyecto Tijuana, y en Revista Enheduanna desde el 2016, en la Antología Virtual de minificción, coordinada por el escritor José Manuel Soto, en Microrrelato o minificción del día coordinado por el escritor Gabriel Ramos Zepeda y en diversos proyectos en red. 

Publiqué Valentina y su amigo pegacuandopuedes y La noche de los muertitos malvivientes, Editorial Imaginoteca, en el 2016; Neurosis de los bichos, Colección Minitauro, La Tinta del Silencio, 2017. 

 

Participé en el “Primer Festival de Poesía Voces Contemporáneas rumbo a la Equidad”, Radio UNAM, Ciudad de México, Editorial Homo Scriptum, Artemisas Producciones, 8 y 9 de marzo de 2013, en D. F; por invitación de Maya Lima en el “3er. Grito de mujer. Festival de Poesía UAM”, en el Zócalo Capitalino, 9 de Marzo de 2013; en el “I Encuentro Internacional de Escritores en torno a Paradigmas poéticos y Narrativos”, Acequia Va de Nuez y Homo Scriptum, 30 de noviembre y primero de diciembre de 2012, Guadalajara, Jalisco; en el 6º Encuentro Nacional de Literatura, Al Sur de la Palabra, Coneculta y Colorín Colorado, febrero de 2012, Séptimo Encuentro Nacional de Literatura “Al Sur de la Palabra”, 19, 20 y 21 de septiembre de 2013; en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 

 

*Nací en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas en 1982. Desde 2004 colaboro con revistas y periódicos. Este 2017 publiqué el libro de minificciones La Neurosis de los bichos, Colección Minitauro, Editorial La Tinta del Silencio.

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