Jueves, 22 Junio 2017 02:47

La Poesía de Chiapas, rio Heráclito / Roberto López Moreno /

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La Poesía de Chiapas, rio Heráclito

Roberto López Moreno

 

Siempre que se habla de la poesía de Chiapas, surgen los luminosos los nombres de dos de los escritores que podríamos llamar de todos los tiempos… y de todos los lugares: Jaime Sabines y rosario castellanos, alto ejemplo el de ambos de talento y cultura, ambos duelos de una sensibilidad que ha ayudado con mucho a incrementar el prestigio de la poesía de Chiapas en el ámbito cultural de nuestros días.

La poesía de Sabines y de castellanos, sin necesidad de lo explicito, ha sido levantada a soles y agua de nuestro trópico, de una zoología retumbante que se mueve con la misma fuerza de la vegetación que la hace posible, en síntesis, una poesía en la que hablan con el mismo poder convocador, la historia, y el paisaje en donde se ha desarrollado.

En los dos poetas mencionados su expresión surge de ese ámbito maravilloso que envuelve a los territorios del sureste (sin caer en lo explicito, insisto); el gran poder está ahí, en cada línea que deja sentir su peso categórico sobre el papel y sin embargo con tanta sustancia, tanta savia en movimiento, busca formas de expresión contemporáneas creando poesía única y plural al mismo tiempo, una poesía que es, gracias a las enseñanzas que para ella han dado las máximas expresiones de la poesía universal.

Nos encontramos sin duda alguna ante dos energías que han modelado el sentimiento y la expresividad de toda una época, no solo en Chiapas, si no en México y aún más allá de nuestras fronteras nacionales. Por todo ello el binomio poético Sabines-castellanos constituye un testimonio de nuestra época, un decirnos a nosotros mismos y a los demás con el lenguaje de nuestras tradiciones y muy por encima de ellas, para elevarle hasta el juego de los futuros.

Pero ni Sabines ni castellanos nacieron de la nada, venían de nuestros sueños anteriores, recorridos, ya por nuestros abuelos, ya por esos inmensos ríos que atraviesan el sureste, magníficos, imparables. Venían del tascalate y del pozol, de un quemante trago comiteco, de una cadena de vidas que le habían dado permanencia testimonial a la selva del sur. venían de un pasado poético, rico en posibilidades y que en ellos iba a alcanzar los vuelos más altos.

Plantados en ese pretérito recordemos que por muchos años se tuvo como padre de la poesía chiapaneca al doctor Rudolfo Figueroa, ese antecedente no tan lejano nuestro formado en el discurso del romanticismo, el poeta del valle de Cintalapa que nos describe la sonrisa de la bella muerta porque el estudiante de medicina se niega a vulnerar su piel y con ello a recibir una lección quirúrgica el hosco maestro que no entiende de tales devaneos.

Pero las reconsideraciones de nuestra ancestralidad poética empezaron a tramontar distancias de mayor profundidad y así fue como se llegó al que ahora si podría ser el padre de la poesía chiapaneca, fray Matías de Córdova, A quien no se había considerado como tal, pero que ahora sorprendía a los estudiosos con un texto en verso de excelente escritura escrito a principios del siglo XIX: la tentativa del león y el éxito de su empresa.

Las de fray Matías de Córdova primero en tiempo y Rodulfo Figueroa, con casi un siglo de diferencia, son las primeras referencias del quehacer poético en Chiapas, señalo que en este renglón me refiero únicamente a nuestras primeras manifestaciones de arte literario en lengua española, pues existen muchas referencias de la poesía elaborada dentro del longo periodo precortesiano, dignas de detenido estudio por aparte, pero que no corresponden a la tradición lingüística heredada por nuestros poetas actuales.

La poesía chiapaneca, mito o realidad, es el tema de esta convocatoria y he de confesar que no entiendo bien el espíritu de este planteamiento; creo que no hay motivo para dudar que la nueva poesía en Chiapas es una realidad tan presente, como el estremecimiento vegetal y humano del que nace. Después de la diada formada por fray Matías de Córdova y Rodulfo Figueroa, tramontados los años se puede hablar de la nueva poesía chiapaneca representada en sus grados óptimos por la obra de un Jaime Sabines o de una Rosario Castellanos.

Pero dentro de las corrientes del rio de Heráclito tenemos que aceptar –verdades ahora ya de Perogrullo- que nada nace de la nada y que esa poesía nueva es producto casual del salto cualitativo que en todos los casos proviene de un estadio superior de la cantidad hechizada, como diría el cubano de Trocadero. así, hurgando en nuestro consciente poético, damos con la otra diada, la tensión eléctrica que parte de la cantidad hechizada o más bien, que constituye la nueva forma de su expresión, la sustancia del salto. Es que ahora hablo de los inauguradores de la nueva poesía de Chiapas, de los que hicieron posible, finalmente, con su estudio y con su trabajo un nuevo universo verbal, de los que pusieron la primera piedra –hablando de Chiapas tendríamos que decir, el primer rio, el primer sol- para el edificio del nuevo deslumbramiento. Hablo ahora de los poetas Santiago “chanti” serrano y sobre todo de don armando Duvalier, a quienes la nueva poesía de Chiapas les debe tanto.

Estamos en la curva de la espiral. El segmento es la totalidad del cuerpo dinámico. Se inicia con la marcha a través de los muros innombrados de la botánica. Los caminos están por hacerse, los parajes y las cosas por nombrarse. Es el momento de los deslumbramientos, del pie que inaugura y asienta su huella en lo que ha dejado de ser lo ignoto. La materia tiene un eco que la trasciende y la transforma, la convierte en la otra realidad. La caravana se pone en marcha, va tras la conquista total de la imagen.

Somos una casa que camina. Nuestra casa se encuentra en el ángulo que forman la iguana y el colibrí, la horizontalidad de la tierra; la verticalidad de lo aéreo. En ese ángulo estamos nosotros, en el disfrute y el reconocimiento de nuestra casa, el marcado con signos de siglos, con sinos de ciclos por cumplirse. Esta casa que camina y nos camina se encuentra enclavada en la curva de la espiral, por ello se mueve.

La caravana camina también en el interior del basto domicilio, está haciendo la historia del movimiento. Bartolomé Vázquez, Trejo, González, Borraz, Mota, Bonifaz, Ruiz, Ruiseñor, Macías, Garduño, Ovilla, López, Selvas, Wong, cruz, Fernández, provienen del segmento anterior de la espiral. La caravana camina y se encuentra, de pronto, con el presente destellante: catellanos-sabines. Y camina para encontrarse con el futuro con lo que abrirán la compuerta de la siguiente curva de la espiral: Santiago serrano, armando Duvalier, los que harán posible que en la tierra (iguana) y su espíritu (colibrí) inicien su marcha los Bartolomé, Vázquez, Trejo, González, etcétera.

Heráclito está contento. Chiapas se le ha convertido en un solo e imbatible rio que nunca será el mismo pero que será eterno. La nueva poesía en chapas responde desde América a la definición griega. Desde hace tiempo se inició la promoción de una nueva poesía en Chiapas, realidad puesta en marcha por las proposiciones de Santiago serrano y armando Duvalier (también latieron en ese empeño Rosemberg mancilla y Eliseo Mellanes).

Ellos serrano y Duvalier, fueron quienes inauguraron el nuevo lenguaje poético a Chiapas, los que nos pusieron al día, arrancándonos un tanto de esa ensoñación binominal del romanticismo –modernismo-.  A ellos, a su constante afán de experimentación se debe en gran medida el nuevo discurso con el que las nuevas generaciones están dibujando su testimonio lirico. De la promoción de ellos partieron las consideraciones hacia las nuevas posibilidades.

Es donde armando Duvalier, el abiertamente empeñado en la experimentación; el trae a Chiapas los aires de renovación y no implanta un estilo si no que muestra las diferentes posibilidades de los estilos, esto, dentro de un apasionado ejercicio de y por la creatividad. Duvalier es el poeta de la imaginación en la eclosión de las formas –galicismo incorporado a las tensiones del Grijalva.

Si fray Matías de Córdova y el medico Rodulfo Figueroa son los padres de la poesía en Chiapas, Serrano y sobre todo Duvalier, son los padres de las nuevas formas y los poetas que escriben actualmente en el suroeste llevan en su esencia algo de ellos (ahora estoy pensando en Ulises Córdova, en Aldana sellschopp, en Cortez Mandujano, en clara del Carmen Guillen, en Gómez fuentes, en Mario Nandayapa en los huixtlecos Cerdio o hidalgo, en Balam Rodrigo, en… ). Por extensión se podría decir que ambos: Serrano, Duvalier, son la nueva poesía en Chiapas, una realidad innegable, combustión para los mitos en los que el hombre crece, su carne y sus hogueras.

 

Obra ensayistica de Roberto López Moreno. Tomado del libro VUELO DE TIERRA 

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Roberto López Moreno

Roberto López Moreno. Entre más de cuarenta títulos publicados se encuentran los siguientes libros: de poesía: Décimas Lezámicas (UNAM); De saurios, itinerarios y adioses (Universidad Autónoma de Chiapas); Verbario de varia hoguera (Instituto Chiapaneco de Cultura) y Sinfonía de los salmos, también de la

332 Hablemos de poesía (UNAM). De narrativa mencionaremos: Yo se lo dije al presidente (Fondo de Cultura Económica); Las mariposas de la Tía Nati (Tercera edición en la colección Lecturas mexicanas del CNCA); La Curva de la Espiral en la editorial (Claves Latinoamericanas) y Cuentos en recuento, (UNAM). Ha representado a nuestro país en ciudades como Salta, Argentina; en Santiago de Cuba y La Habana, Cuba; Berkeley, EU; Medellín, Colombia; Struga, República de Macedonia entre otros sitios. Otro libro suyo es Crónica de la música de México

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