Lunes, 24 Julio 2017 17:03

LAS MUJERES EN LA HISTORIA LATINOAMERICANA: LA MIRADA DE  TERESA DE LA PARRA Dra. Rocío García Rey

Escrito por
Valora este artículo
(2 votos)

 

LAS MUJERES EN LA HISTORIA LATINOAMERICANA:

LA MIRADA DE  TERESA DE LA PARRA

Dra. Rocío García Rey

 

 

Estas notas tienen como objetivo presentar la visión y la narración que una escritora latinoamericana -y a la vez cosmopolita- plasmó de una parte de la historia de las mujeres latinoamericanas. Se trata de rescatar el entrecruzamiento que la venezolana Teresa de la Parra (1889-1936) hizo, a principios de la década  de 1930, de la presencia y del papel de las mujeres en el pasado de nuestro continente.

El documento que ha servido de base para este trabajo son sus tres conferencias: “Influencia de las mujeres en la formación del alma Americana”. Mismas que dictó en Bogotá y Barranquilla, en  Colombia.[1]

Cierto es que Teresa de la Parra ha sido “rescatada” de unos años para acá como literata y no como historiadora. En efecto, su obra se ubica en la creación literaria; sin embargo es importante hacer un rastreo que permita conocer cómo “construyeron” el pasado las mujeres de letras, aun cuando no se hayan dedicado a la historia. Por ello los invito a mirar este trabajo en dos vertientes que habrán de encontrarse: el rescate histórico que desde la historia de la literatura puede hacerse de la escritura de la venezolana y la mirada que como mujer de letras plasmó en las conferencias mencionadas.

            Hablar de mujeres escritoras de las primeras décadas del siglo XX sigue siendo un acto de rescate y de cierta “arqueología” que tarde o temprano nos llevarán a comprender que la escritura en el caso de las mujeres- al menos en gran parte de occidente- fue como Marie-Claire Hook afirma, parte de la herencia de la modernidad.

           

            En el caso de Teresa de la Parra lo que la mueve a construir el pasado (un tanto idílico, hay que reconocerlo) de América Latina es su deseo de desempolvar la presencia de las mujeres que en sus palabras: “Durante más de tres siglos habían trabajado en la sombra como abejas, sin dejar nombre, nos dejaron su obra de cera y miel.”

            En las Conferencias podemos apreciar que en cada momento trata de no caer en lo que ya antes había criticado de la historia: “La verdad histórica es una especia de banquete de hombres solos”. Si la historia era un banquete de hombres solos tal vez se trataba de una doble soledad: los protagonistas de los hechos históricos Teresa de la Parra trató de resarcir aquella soledad desde su estatuto de escritora cosmopolita y por ello también habló del papel de las mujeres en la formación de lo que ella nombra alma americana. En su presente:  

La crisis por la que atraviesan hoy las mujeres no se cura predicando la sumisión, la sumisión y la sumisión como se hacía en los tiempos en que la vida mansa podía encerrarse toda dentro de las puertas de la casa.

[…]

Los verdaderos enemigos de la virtud femenina no son los peligros a que pueda exponerla una actividad sana, no son los libros, ni las universidades, ni los laboratorios ni las oficinas, ni los hospitales, es la frivolidad es el vacío mariposeo mundano […]

            Era 1930, la década siguiente a los años de vaivenes políticos, sociales y culturales. Era la década en que se seguían desdoblando las vanguardias artísticas; eran los años en que varias mujeres, desde la escritura, comenzaban a ser tomadas en cuenta por lo que Certeau ha llamado la institución histórica, que bien puede extenderse a la institución académica.

            Fue a partir de estas relaciones y redes intelectuales que Teresa de la Parra fue invitada a un país que no era el suyo, luego de haber viajado por París y Cuba. Era una mujer que había estrechado desde el ámbito intelectual cierta amistad, ya con la inglesa Virginia Woolf, ya con la francesa Colette, ya con la chilena Gabriela Mistral.  Era de la Parra una mujer que para cierto grupo valía la pena ser escuchada y leída. De ahí que se comprenda que a su llegada a Colombia, los periódicos Ahora y La Tarde “publican entrevistas y reportajes de su llegada a Colombia y anuncian sus conferencias”.

A cuatro columnas aparecían los titulares: “Bogotá hizo una gran recepción a Teresa de la Parra. Había gente encima de los vagones. Del tren  al automóvil  veinte minutos por entre la muchedumbre.”

La especialización: la literatura, propiamente la escritura, pero como sabemos, en la escritura cabe el mundo y parte de él lo era la reconstrucción del pasado, reconstrucción cargada de anécdotas y cuyas fuentes eran los recuerdos, la imaginación misma, los relatos hechos por otras mujeres. Se trataba de reconstruir la identidad criolla, (como le llama a la identidad latinoamericana de aquel momento) desde el rescate de lo que ahora llamamos la historia oral.

            Años treinta, repito, se trataba de escribir, de enunciar con cautela para no escandalizar ni a la institución histórica ni a la sociedad misma; aun así se atreve a pronunciar una palabra que todavía ahora causa, en ciertos sectores, cierta aversión: feminismo.

Mi feminismo es moderado. Para demostrarlo y para tratar, señores ese punto tan delicado, el de los nuevos derechos que la mujer moderna puede adquirir, no por revolución brusca y destructora, sino por evolución noble que conquista educando y aprovechando las fuerzas del pasado, para tratar ese punto había comenzado por preparar en tres conferencias una especie de ojeada histórica sobre la abnegación femenina en nuestros países, o sea la influencia oculta y feliz que ejercieron las mujeres durante la Conquista, Colonia e Independencia. Como creo que existe realmente un espíritu común a todos los países de nuestra América católica y española, y como creo que fomentarlo en la unión es patriotismo amplio, abarqué en esta ojeada histórica todos nuestros países y la llamé: “Influencia de las mujeres en la formación del alma Americana”.

            “Mi feminismo es moderado”, advierte para ganar la oportunidad de que su relato sea escuchado sin el prurito que suele levantar la palabra feminismo y el cambio de rol de las mujeres en la sociedad. No se trataba de violentar, advierte, se trataba, como parte de una visión con herencias positivistas, de responder a la evolución que el pasado conlleva. Se trataba de re- significar en la voz de una mujer, los nuevos rumbos que podía tomar la identidad latinoamericana si era asumida, como condición sine qua non, la presencia de las mujeres en la historia. Una historia que deja asentado, es fruto de un pasado en que lo prehispánico no tiene cabida. La herencia y la tradición de la que provenimos es la española.

            Si de acuerdo al constructivismo “lo único que conocemos en la lectura de un relato histórico es una construcción discursiva del historiador”[1], esto es en efecto lo que podemos hallar en las conferencias de Teresa de la Parra, quien varias veces expresó de una u otra manera su desapego a lo que llamaba “realismo”. Desapego que se entiende si tomamos en cuenta su vinculación con los planteamientos de Bergson.

            Por ello se comprende que su discurso se mueva hacia una reconstrucción cargada de subjetividad en el que el pasado se convierta en etapa anhelable. La operación de la memoria se encuentra plagada de vida cotidiana. Es en la cotidianidad, precisamente, en la que se hallan las mujeres de ese pasado ya colonial, ya independiente, ya de conquista.

Para hablar de la colonia hay que tomar el tono llano y familiar de la conversación y de los cuentos: el tono que toma la abuela de palabra fácil que vivió mucho, leyó poco; o el que toma el negro viejo adherido siempre a la misma casa o a la misma hacienda, confunde entre imágenes sus propios recuerdos con el recuerdo de cosas que le contaron. Para hablar de la Colonia es preciso narrar, es preciso hablar a menudo de sí mismo, es decir, de las propias impresiones. Que al azar aquí y allá hemos ido recogiendo.

En efecto a través de que la autora echa andar la inventio, es que hace la reconstrucción del pasado como un tejido de anecdotarios. Es así que podemos mirar  lo que Ricœur  ha planteado: “La historia es escritura  [...]  y por lo tanto, al ser escritura, utiliza los mismos procedimientos y las mismas figuras que la ficción”. En las conferencias es altamente claro el tono de relato plagado de descripciones literarias. Las protagonistas de los relatos eran mujeres. Y para hacerlas presentes a lo largo del pasado las inserta como partícipes activas en uno u otro hecho. Por ejemplo da cuenta que cuando en su país, Venezuela, por decreto, se ordenó la secularización de las monjas en 1872, la madre superiora de uno de los tres conventos existentes, protestó aprovechando su condición de letrada y contestó, por puño y letra que no podía trasladar su comunidad a las afueras de la ciudad. Petición, desde luego, rechazada por el poder. Así es como llega al nudo de la narración y describe: “Cuando llegó la autoridad, la Superiora hizo formar a las monjas en fila, entonó en Magníficat y cantando, escoltadas por las bayonetas, salieron para siempre de su convento”.

Como hemos dicho de la Parra no era historiadora, pero sí mujer de letras adherida al vitalismo y por la misma adhesión trataba de dar luz y color a lo que hasta ese momento se tenía como creencia de la historia: los grandes acontecimientos en que había héroes no heroínas, había historias patrias, jamás matrias. A manera de hipótesis me atrevo a preguntar si tanto los acontecimientos narrados, sus protagonistas, como la menara de escribirlos, se adelantaron a lo que años después hizo la escuela francesa Annales d´ histoire (1938).

Aunado a lo anterior es importante prestar atención a las fuentes a las que acude para reconstruir los hechos, por un lado, hemos mencionado se trata de la tradición oral y en el caso del acontecimiento arriba citado se trata de sus propios recuerdos, de la memoria pasada por el filtro de la subjetividad. Una subjetividad de “criolla cabal”, como la llama Velia Bosch. Es el yo, entonces, el productor del recuerdo, es ella niña testigo de parte de la vida de una otra que quizá sin las palabras de nuestra autora habría quedado en la opacidad de la historia.

Yo alcance a conocer en mi infancia a una de estas enclaustradas. Su recuerdo me ha enseñado luego a leer muchas cosas oscuras. He visto en él no ya el idealismo manso de las mujeres quienes, madre de familia, en la casa modelaron el carácter de nuestra sociedad sino el de las otras que tuvieron por cierto gran preponderancia en la Colonia, aquellas, que acorraladas por los prejuicios y por la vulgaridad ambiente, aun sin ser devotas se volvieron hacia el misticismo y se fueron al convento: eran amantes del silencio, las eternas sedientas de vida interior, y aunque parezca contradictorio, las precursoras del moderno ideal feminista.

            Teresa de la Parra bien sabía que desde la época colonial hasta su presente, el mundo del saber, como le ha llamado Chartier, era equivalente al mundo de los hombres y tenía bien claro que en aquellos años decirse soltera y dedicada a las letras eran dos características que colocaba a las mujeres bajo sospecha de cierta subversión al status quo. Por ello hay momentos en que su discurso vira hacia la exhumación de la exclusión en la que se vieron inmersas las mujeres.  De la Colonia salta al presente para decir:

En aquellos tiempos y en nuestros medios, la mujer que se entregaba a estudiar era una especie de fenómeno que se quedaba al margen de la vida. Este prejuicio estuvo tan arraigado en el alma de los hombres que existe muy vivo todavía. Para hacerse perdonar el andar entre libros hay que halagarlos escribiendo sobre temas de amor.

De esta manera es con su mismo discurso que de una manera literaria y propia, “espeta”  a los escuchas y lectores que ella no necesita hablar o escribir de amor y que en cambio, como lo muestra en estas conferencias puede exhumar a una “linda, ingeniosísima y apasionada Sor Juana o a una mujer valerosa como la ñusta Isabel, madre del famoso Inca Garcilaso de la Vega, y al mismo tiempo víctima de los tiempos de guerra y de la conducta inicua del que fuera su esposo.

Con las Conferencias trata de revitalizar la historia de un pasado que se esfuerza en mostrar como un corpus a Latinoamérica, espacio expuesto al mismo tiempo como topos pintoresco y sujeto de comparación con Europa, particularmente con Francia. De ahí que diga de Sor Juana: “Nacida en Francia dentro de su misma época habría sido uno de los más brillantes genios literarios y una de las más seductoras mujeres de la corte de Luis XIV.” (495) Es decir, como lo afirmó antes, fue en las tierras latinoamericanas en las que ella mira el cautiverio como única opción para aquellas que no querían optar por el matrimonio.

Son en el subtexto de Teresa de la Parra, las mujeres nombradas y las anónimas quienes en América Latina han compartido señas de identidad y pertenencia.

Parte de estas experiencias se encuentran en la mezcla entre imaginación y acontecimiento “verificable”, entre discurso literario y discurso histórico. Son estas configuraciones las que se transformaron en afirmaciones tajantes y oximorónicas con respecto a la manera en que se había expresado de la Colonia: época de amor en la que los conquistadores “vinieron a buscar oro y encontraron ideales”. De acuerdo con ella misma, pareciera que los ideales habían quedado arraigados en los hombres y a las mujeres les habían permitido tenerlos siempre y cuando los escondieran muy bien dentro del convento o los depositaran en el matrimonio. Por ello se comprende que en cuanto a la escritura:

Sólo por orden del confesor o del obispo se publicaban tres libros. Por obediencia había escrito en castilla santa Teresa y por obediencia escribió la Madre castillo la extraordinaria Clarisa colombiana.

Por otro lado es insoslayable observar cierto determinismo geográfico para  “redimensionar tierras lejanas:” La naturaleza del trópico predispone al ensueño, dice para explicar el “culto” de Sor Juana hacia las virreinas. Con base en dicho determinismo configura cierto tipo -o estereotipo- de mujeres como las mantuanas. Las mujeres que no vieron más horizonte que abarcaba su ventana abierta. Son aquellas mujeres dice, las que devinieron “las viejas tías solteras, las creadoras de nuestro sentimentalismo criollo que quiere siempre con dolor y que se exalta hasta la tragedia en los casos de ausencia, de enfermedad o de muerte.”

Teresa de la Parra se inscribe así en la época en que mujeres latinoamericanas como Lydia Cabrera (su gran amiga), Gabriela Mistral comenzaban a lanzar sin autocensura sus textos a la vida pública. Lanzar palabras y narrar, en este caso, como un cuento, la historia de Bolívar y Manuela Sáenz. Por cierto lo que dice de esta heroína, bien puede aplicarse a la escritura de las mujeres que vivieron el tiempo de los ismos;  algunas como de la Parra o Mistral, viajando no sólo con la pluma, también sobre los mares, porque las tías solteras, las ñustas Isabeles, las Sor Juanas, las Manuelas Sáenz, las monjas insurrectas, les habían enseñado, antes de que lo dijera Rosario Castellanos, que había  “otra modo de ser humano y libre, otro modo de ser”.

FUENTES

Michel de Certeau, “La operación histórica” en Françoise Perus (compiladora), Historia y literatura, México, Instituto Mora, 1997.

Alberto Cue, (editor), Conversaciones de  Roger Chartier con Carlos Aguirre, Jesús Anaya, Daniel Goldin  y Antonio Saborit, México, F.C.E. (Espacios para la lectura), México, 2000.

Marie-Claire Hoock-Demarle, “Leer y escribir en Alemania”, en Galván Lafarga, Luz Elena, (coordinadoras), Entre imaginarios y utopías: historias de maestras, México, CIESAS/ UNAM/ PUEG/ El Colegio de San Luis, 2008.

Teresa de la Parra “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”, en  Obra: narrativa-ensayos-cartas, (Selección, estudio crítico y cronología, Velia Bosch), Biblioteca Ayacucho,  Venezuela, 1982.

Luis Vergara, “Discusiones contemporáneas en torno al carácter narrativo del discurso histórico”, en Historia y Grafía, Número 24, 2005,  México, UIA,

 

 

 

 

 

 

 

Visto 438 veces Modificado por última vez en Jueves, 03 Agosto 2017 00:51
Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

1 comentario

  • Enlace al Comentario Irma islas Miércoles, 09 Agosto 2017 21:00 publicado por Irma islas

    Parece imperceptible la presencia y la influencia de las mujeres pero existe. Hay que desentrañarla. Por eso me gusta el trabajo de la prof Rocío. Es como poner en "evidencia" lo evidente.
    Me gusta la frase donde explica que las mujeres que sólo vieron lo que su ventana abierta les permitía también dejaron su marca en la historia.
    Felicidades Prof

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.