Viernes, 08 Septiembre 2017 00:47

AYOTZINAPA BUSCA A SUS HIJOS / URIEL REYES DELOYA/

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AYOTZINAPA BUSCA A SUS HIJOS

URIEL REYES DELOYA

 

Caín ¿Dónde está tu hermano?        

Responde Caín, ¿Dónde está Abel?

En que barranca, en que desfiladero

en que tiradero.

Abel ¿Dónde estás?

¿Tus huesos retienen  aun algo de piel?

¿Sabré quien eres?

Dime donde estas.

Las  agujas en mis ojos no dejan de crecer

y tengo miedo de que invadan todo mi cuerpo.

¿Qué queda de ti?

¿Un mechón de pelo? ¿Jirones de tu camisa de franela?

O la amalgama que el doctor te puso

poco después de hartarte de pastel de chocolate.

Las uñas y el pelo son lo único que  crece después de la muerte

¿Reconoceré tus dedos en ellas? Tú tan limpio, tan celoso

del corte de tus uñas.

Adita pregunta por ti y ya no sé que responderle

no la puedo engañar porque lágrimas

salen de mis ojos sin aviso.

Y las cuentas se van multiplicando

de la leña y  la parcela y la siembra

y la comida de las bestias.

 A veces tengo pesadillas en las que los cobradores

me persiguen por las calles hasta  llegar a la casa y

se meten adentro y me siguen hasta mi cama

y entonces pego un brinco y me despierto

y me pongo a llorar como una estúpida.

No puedo darme el lujo de ser cobarde.

Solo quiero encontrarte, ya no me importa cómo,

sólo saber que eres tú.

La incertidumbre mata más que la verdad, por horrible que esta sea.

Dame una señal; en el sueño, en un anuncio, en una frase oída

al pasar. Necesito saber que  sientes que te estoy buscando.

Tu ropa limpia se empolva día con día en tu cuarto.

Estoy muy cansada de hacer antesala en tantas oficinas.

Vinieron unos hombres,

les di la única foto que tenia

tu cara todavía es la de un niño.

¿En que oficina, en que ministerio, en que tugurio me darán razón

de ti?

Tu ropa tiene ya muchos días y quiero lavártela.

Vuelve por favor.

¿En qué esquina? ¿En qué ventana? ¿En qué estación de tren?

¿En qué montaña preguntaré por ti?

¿Tendrás frio?

Las lluvias han sido muy constantes y el invierno se acerca y tiene prisa.

¿Porqué tanto silencio?  ¿No te duele verme con andrajos?

Nuestra casa se cae a pedazos y el perro extraña tus caricias por las tardes.

Vuelve, regresa, acuérdate que prometiste ser el maestro de tu

pueblo.

 

 

 

 

 

LA PATRIA LLORA A SUS HIJOS

 

 

Adán ¿Dónde estás?

Si yo te mandé  a la escuela esa mañana

y te sabía estudiando

¿Cómo fue que corriste a encontrarte con la balas?

Tu tan joven, tan inocente, tan mi hijo

¿Me dirás que pasó esa fatídica noche de septiembre?

Esa noche en que los lobos y las hienas estaban de lascivia.

¿Cómo se te ocurrió  llegar a su guarida?

Llevo  años sin dormir  y la carne se escapa de mis huesos

envejecí de pronto veinte años.

Tanta juventud, tantos muchachos

¿Quién los mató?

 ¿Fue el sicario, cancerbero  a sueldo?

¿Fue el gobierno, con su cara doble?

¿Fuel el milico, servicial esclavo?

¿Fuimos nosotros, por haberte enseñado a obedecer a tus mayores?

¿Fue la sociedad indiferente que te cerró la puerta en las narices?

¿Fue el policía que te entregó al sicario?

¿Fue la nefanda pareja de asesinos?

O fuimos todos

que queremos cerrar los ojos a la sangre,

a la barbarie diaria y cerramos el corazón y los oídos

para no oír los gritos

de 43 muchachos cercenados y echados a los perros.

En este país que se hunde en lodazal y sangre.

En este país en el que la justicia fue desterrada sin carta de retorno.

En el que la mentira es la moneda de cambio, de uso diario.

En el que es más importante  lo que dirán allende el mar

que la inocultable verdad del día a día.

De la muerte que acecha a cada paso

con la mirada cómplice del gobernante en turno

a quien solo le importa cuánto podrá llevarse de las arcas

y el pago de tributo a quienes lo encumbraron.

Los muertos que a diario se apilan en las calles

y los pocos vivos que aun buscan a los suyos

y que al tocar las puertas de la gendarmería

reciben una tosca amenaza en un susurro:

“Sigue buscando y seguirás sus pasos”

¿Quién mató a Israel, a Felipe, a Jonás, a  Martín y a tantos otros?

¿Fue la ignorancia, la ambición, la inquina?

¿Fue la soberbia, la sinrazón, el odio?

¿Fue el oscuro señor de los avernos que reclama

para sí a más muertos?

Estoy tan cansada de buscar bajo la tierra

algún soplo de vida, algún indicio

que me ayude a soportar este dolor…         

ante la celosa mirada del milico

irrisorio esbirro de los capos.

¿Son 19, 35, 43, 50, 60,000, 100,000?

¿Cuántos son? ¿Alguien lo sabe?

Ni yo misma lo sé, pues tuve tantos.

Los hijos míos que se me perdieron

entre detritos, pólvora y carroña.

¿A cuántos más perderé en este interminable  cataclismo?

Es esta larga noche que no acaba

en este páramo de inmundicia y sangre.

Adán regresa  ya por favor

que el café caliente en el brasero,

y tus hermanos sentados en la banca

te esperan a compartir el pan sobre la mesa.

 

 

Visto 67 veces Modificado por última vez en Martes, 26 Septiembre 2017 16:12
 URIEL REYES DELOYA

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