Domingo, 12 Noviembre 2017 16:22

CUMPLE /Guadalupe Ángeles/

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Cumple

 Guadalupe Ángeles

 

¿Que hacer con esta sensación que me desequilibra en serio? ¿A qué demonio expresivo recurrir para que me perdone las diatribas o las engañosas loas que se me vienen encima como gotas de una lluvia muy tupida? Todas las palabras apretujadas entre la cabeza y el teclado. Sé que me queda fingir, hacerme la loca y empantanarme, negar que he sido atraída a este maremágnum de palabras que no me alarma elogiar porque, ¿quién de entre nosotros podría ufanarse de acertar con una manera así, alocadísima de ponernos en contacto con un mundo nada pequeño ni raro, sino no visto por nosotros, no visto por nuestros ojos extemporáneos, porque es un mundo que ya no está, sino fue, por allá por 1947, 1949? Escribir así, ahora, yo, como por encargo, desentendiéndome de mi ángel de la guarda (si es que existe y me mira), pues sé, que lo más que podría decirme es: “enjuágate la boca con agua bendita luego de leer tanta cosa salaz” o, si de plano no existe, concluir que todo sueño venidero habrá de tener esa tintura, esa textura dadora de lindezas tales como una ternura muy húmeda o una humedad muy deleitosa, en fin. En mi descargo no podría decir mucho. Sólo quizá que me emociona pensar que existe para todos esa estrella que insinúa, muy a las claras quien se puso a escribir un día y junto un buen número de palabras para decir absolutamente todo (¿será?) lo que hay que decir cuando un hombre anhela y desea (hablamos de sexo y vida, claro).

Anhelar y desear. El sexo como eje. He ahí la supuesta bipolaridad del texto. Sin embargo, algo se nos pega como un sonsonete de una canción muy hermosa escuchada acaso en sueños. Ninguna negación sería necesaria si pudiera decir simplemente que parece que alguien que está muy contento nos cuenta todo esto. Comentando todo el tiempo lo que hace. Dándonos a elegir entre varios enfoques como invitándonos a hacer la película de lo que leemos. Ver la mesa de los comensales desde éste o aquél ángulo. Considerar al solitario dejado en una sala amarilla como a una estatua que finge su inmovilidad. Enemigo de la inmovilidad precisamente quien todo esto nos cuenta. Se va de aquí para allá y no nos deja tranquilos, si a eso aspiramos, mejor cerrar el libro. Algarabía entonces, recorrer todos los caminos que se  le han ocurrido que anda el protagonista y ver de repente al hombre aprendiendo a manejar en pocas horas; saborear junto con él el clímax sexual más increíble o el tocamiento de manos más austero, meternos en sus pupilas cuando descubre un rostro y en esa nueva experiencia descubre que poco sabe de sí mismo (no lo dice nadie ahí, lo imagino ahora). Nada encontrado bajo la portada es azar. Nadie es azar aquí. Todos los personajes nos cuentan sus vidas haciéndolas. O en abrazos varios o en palabras nada vanas nunca es que se esbozan y cantan su cuento. Bendito ir de aquí para allá con un montón de dinero. Muerto sea el desencarrilarse de lo que llamamos beatitud o discreción o autoengaño. Es sólo que no piensa nuestro protagonista, cuando lo hace ve y escucha fantasmas que no existen, muertos devenidos hijos no natos. Así de loco. Así de estruendoso y sin embargo tan sencillo. Apto para el arte de embrujar con las imágenes y las palabras que podríamos tomar de la boca de cualquier ranchero del norte, de cualquier señora que se precie de ser muy correcta o de cualquier majadero deslenguado que hace gala de la más abyecta de las bocas cuando de hablar de mujeres de la vida galante se trata. O simplemente (creo) saber que ese sabor que nos queda luego de leer “Casi nunca” de Daniel Sada es el de la satisfacción por fin encontrada luego de trashumar como enloquecidos, buscando la desgracia o el final al fin masticado con denuedo desde todas las perspectivas posibles, pues siempre estuvo a flor de acción la traición, el desenganche nada más porque se le diera la gana a don Sada, pero no, cumple. Y se le agradece.

Visto 77 veces Modificado por última vez en Lunes, 27 Noviembre 2017 23:51
  Guadalupe Ángeles

Guadalupe Ángeles

Pachuca, 1962. Actualmente reside en Guadalajara. Ha publicado los libros Souvenirs (Mala Estrella, 1993), Sobre objetos de madera (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1994), Suite de la duda (Editorial del Gobierno del Estado de Jalisco, 1995), Devastación (Coneculta-Chiapas, 2000), Quieta (Paraíso Perdido, 2001), La elección de los fantasmas (Conexión gráfica, 2002) y Las virtudes esenciales (Literalia ediciones / Gobierno del estado de Jalisco, 2005). Su novela Devastación, obtuvo Mención Honorífica en el Concurso Juan Rulfo para Primera Novela convocado por el gobierno de Tlaxcala en 1998, en 1999 obtiene el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos convocado por el gobierno de Chiapas.

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1 comentario

  • Enlace al Comentario Irma Hernández Martes, 28 Noviembre 2017 17:42 publicado por Irma Hernández

    Una gran escritora, orgullosa de ser su "hermana del alma".

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