Viernes, 24 Noviembre 2017 23:09

COMENTARIO DE “BELLA DAMA SIN PIEDAD” /Columba Moreno Rodríguez/

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COMENTARIO DE “BELLA DAMA SIN PIEDAD”

Columba Moreno Rodríguez

 

 

Fue a partir del siglo XIX cuando el simbolismo se hace presente en la literatura a través de un movimiento que abrió brecha a la poesía moderna y cuyo interés se basó en resaltar las cualidades de la realidad cotidiana para colocarla por encima del ideal. El poeta francés precursor de este movimiento fue Charles Baudelaire, para quien el uso de la sinestesia resulta esencial para distinguir la otra realidad no presente en el texto. Confiere que la poesía se crece cuando esta se acompaña no sólo de palabras precisas o de frases bien eslabonadas, sino que es al agregar un componente fortificante cuando la poesía adquiere un atractivo más consistente y enriquecedor: el símbolo; y en el poema “Bella dama sin piedad” dicho elemento destaca al instaurarse una dicotomía entre Cisne y Muerte.

El objetivo de este trabajo será desgajar la construcción poética que de la Bella Dama hace una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX, Rosario Castellanos (1925 – 1974). Nuestro tema es: La Dama se fusiona con el simbolismo que Cisne-Muerte proyecta a través del imaginario para re-surgir a una realidad más placentera que dará como resultado una tricotomía Cisne-Muerte-Renacer.

El uso del verso es libre. Hay una agudeza de sentidos que se pronuncian por trazar, a través de sus letras, un lienzo encubierto. La intención es que el misterio vaya siendo desvelado lenta y sutilmente. El recorrido que hace la mirada a través de los versos contenidos en cada una de las ocho estrofas, simbolizan el movimiento de las manos ávidas por descorrer el telón que nos permitirá observar el interior: el escenario que Castellanos ha montado para exhibirnos su obra.

La revelación llega, se da, y con ella una atmósfera sombría que confiere la significación de un acto concebido. Las imágenes que nos devuelve el poema, plasman en el semblante un halo de nostalgia por la presencia ausente. Nos instala en medio de una ceremonia de despedida en la que el cisne se convierte en el punto focal.

El cisne estaba consagrado a Apolo como dios de la música, por la mítica creencia de que, poco antes de morir, cantaba dulcemente. La imagen también se refiere a la realización suprema de un deseo, a lo cual se alude su supuesto canto (símbolo de placer que muere en sí mismo). Este mismo sentido ambivalente del cisne había sido conocido por los alquimistas, por lo cual lo identificaban como el “mercurio filosófico”.   (Cirlot Laporta, 1992, pág. 132)

El modernismo simbólico se da también en América Latina y es el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), considerado el mayor exponente del movimiento y escritor de múltiples poemas inspirados en la imagen del cisne, el que alude a su significado y llega a relacionarlo con la expiración de la vida, pero también emplea la contraparte del significado original e incorpora una nueva connotación vinculada con la idea de resurgir, la cual se aprecia en el poema “El Cisne”, cito: “El Cisne antes cantaba sólo para morir. / Cuando se oyó el acento del Cisne wagneriano / Fué en medio de una aurora, fué para revivir”.

En “Reflexión sobre la muerte de un cisne poeta”, Pedro Leonardo Talavera Ibarra nos regala la siguiente definición:

El cisne –su belleza plástica, su baudelairiana desesperación ante el progreso, su canto premonitor de la propia muerte, su gracia y su elegancia-.

Rosario Castellanos integra como parte de la tradición, la figura del cisne, y con estos elementos es como fragua su poema, el cual está hábilmente concebido para interpolar, por una parte, la historia de una mujer que se encuentra embrollada en una ambivalencia: entre una realidad que no es la suya y un imaginario al que quiere pertenecer. La desesperanza es vuelta minusvalía, lo que resulta motivo suficiente para que Ella se proponga resolver el trance de su vida, originado desde el óbito de un antepasado; y así, transigir con la muerte a través de una acción concertada, el suicidio; y por otra parte: la inclusión de una mítica figura: el cisne, la cual viene a tornear la historia con matices calibrados y precisos que dan como resultado el ensamblaje perfecto.

 

SE DESLIZABA por las galerías.

No la vi. Llegué tarde, como todos,

 y alcance nada más la lentitud

púrpura de la cauda; la atmósfera vibrante

de aria recién cantada.

 

“SE DESLIZABA por las galerías. No la vi.” Es el reproche vuelto dolor el que asesta un duro golpe a la entereza del esposo, del compañero, cuando este se hace consciente de que la semilla de la ausencia había ido germinando, sin él sospecharlo, en lo más profundo del pensamiento de su ahora inasequible esposa. La muerte rondaba, se deslizaba por las galerías, y él fue incapaz de verla, no pudo advertirla; tampoco reparó en que, Ella, se había vuelto inalcanzable mucho antes de desaparecer.

Es a través del canto, a través de esa melodía enigmática, pero espectral venida de lejos, emitida por el cisne, donde Castellanos trastoca los sentidos para inducirnos, con sonidos asistidos por la morosidad de la cauda y con un aire cimbreante de fresca aria, a un ambiente de luto y tribulación.  

Es este el comienzo que Rosario eligió para edificar el antecedente de un suceso que irá construyendo de manera magistral, y así, lentamente, exponer la atmósfera que nos revestirá de sensaciones de tristeza y melancolía, pero también, por qué no decirlo, de paz; al exhibir lúcidamente el escenario que dará lugar a un juego de poder entre Eros y Tánatos.

 

Porque no es el cisne. Porque si la señalas,

señalas una sombra en la pupila

profunda de los lagos

y del esquife sólo la estela y de la nube

el testimonio del poder del viento.

 

En el poema se alude la añoranza por la esposa que ha decretado volverse estela, volverse viento, volverse sombra; sombra pasiva, inmóvil, que ha pactado su estadía con la profundidad del lago.

“Porque no es el cisne” es aquí donde Castellanos cristaliza el entorno del poema al hacer alusión a la figura del cisne; donde todo se conjuga para significar a Tánatos, quien se magnífica desde el instante mismo en que se convierte en la alternativa viable que otorgará legitimidad a un pensamiento por demás fraguado.

“Porque si la señalas, señalas una sombra en la pupila de los lagos” momento de la revelación, hazaña que da constancia del hecho consumado. Es la realización suprema de un deseo anhelado y madurado que la muerte le concede para Ella tener el placer de realizar el viaje por demás evocado. Es ese no-ser impuesto por una realidad poco alentadora, el que la coacciona para apetecer dar el gran paso hacia la reconstrucción, hacia ese nuevo comienzo que acontecerá lejos de este mundo.

Es la comunión de la muerte esbozada en la figura de una bella dama al fusionarse con el instante prometido, invocado. Es ese momento, esa brevedad, la que saciará un vacío para terminar colocándola, a Ella, en la ruta de la eternidad.

Visto 64 veces Modificado por última vez en Martes, 28 Noviembre 2017 08:37
Columba Moreno Rodríguez

Columba Moreno Rodríguez, nacida en la Ciudad de México, estudió la carrera en Sistemas Computacionales por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana, actualmente es estudiante de literatura en Casa del Lago UNAM, sus trabajos están basados principalmente en ensayo, cuento y poesía. Es alumna en los talleres de literatura impartidos por Rocío García Rey en la Casa del Lago – UNAM.

 

 

 

 

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