Miércoles, 24 Enero 2018 21:47

PALIMPSESTO / Rocío García Rey /

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PALIMPSESTO

Rocío García Rey

 

"[…] El puerto retrocede, la ciudad se extiende. Los tiempos idos avanzan.

Se abren paso los fantasmas desde el

exilio tristón de la memoria".

 

Eduardo Galeano

 

 

 

            En el principio fue el mar, en el principio fue una textura diferente a la del asfalto, un sonido diferente al del asfalto, un olor diferente. Luego ella fue naciendo, pálida y amplia. Fue trazada y escrita para albergar en sus noches y días parte de las historias de los que llegaron en barco. Fueron entonces borradas las ciudades que habían existido antes. Las otras ciudades fueron enterradas porque eran textos diferentes al de los nuevos sueños que llegaban.

            La ciudad latinoamericana llegó en barco y fue entonces parida como palimpsesto. De esa suerte fue constituyéndose la nueva textura asfalto.

            La ciudadtexto fue escrita como extensión de poder, como extensión de un imaginario que permitía ocupar y destruir zonas y espacios no útiles a los propósitos de dominio y coerción. El poder fue entendido como la extensión de fuerza de opresión.  El poder buscó alimentar una nueva textura de las avenidas y se olvidó del respeto a la diferencia.

             Los barcos están lejos y ahora sólo las huellas y cicatrices de los que llegaron antes. ¿Cómo comprender este espacio  a la luz de este siglo siglo, de esta increíble debacle?

            Borges en el poema  "Fundación mítica de Bueno Aires" planteó, con respecto a las ciudades: ¿Hasta dónde empieza y hasta dónde termina la ciudad?

            "Una cigarrería sahumó como un rosa

            el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres

            los hombres compartieron un pasado ilusorio.

            Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

            A mi se me hace me hace cuento que empezó Bueno Aires:

            La juzgo tan eterna como el agua y el aire".

 

            En el caso Latinoamericano la ciudad empezó como espacio de control a la vez que espacio de búsqueda de lugar (es) que permitieran una creciente acumulación de la riqueza a través de instituciones de administración. Comprendemos así, que los espacios urbanos fueron el equivalente a la demarcación de fronteras sociales, ideológicas y culturales, pues no es casual que en el momento que las ciudades coloniales fueron trazadas y puestas en marcha quienes podían habitarlas, eran solamente peninsulares. Los indígenas estaban confinados a espacios cercanos, pero no a la ciudad misma. De esta forma cruzar la ciudad era cruzar la frontera. La ciudad imagen y la ciudad poder fue un espacio reservado para y por  la naciente élite latinoamericana.

            El mar quedó olvidado, las cordilleras quedaron olvidadas. Las nacientes ciudades fueron emergiendo con características propias, dando paso, de esta forma, a una cultura urbana específica. Fueron creadas, de manera concomitante, determinadas formas de asentamientos humanos y dinámicas demográficas, pues al concentrar a determinados grupos de población la ciudad se convirtió en desmemoria, al olvidar a los que están del otro lado de ella. Aspiración de unos, la ciudad impone flujos de emigración e inmigración.

            Con el paso del tiempo la ciudad albergó elementos heterogéneos lo que devino mosaico de discursos. En una ciudad hay múltiples espacios en su interior, ghetos que son la expresión del olvido, más allá de los fastuosos centros comerciales, más allá de los edificios emanados de la modernidad están los otros espacios, los lacerantes, cantegriles, cinturones de miseria, extensiones un ordenamiento que no acepta en sus muros la palabra miseria

            La ciudad es una intertextualidad donde los escritos antiguos son el testimonio de su

nacimiento. La ciudad respondió al llamado de la ausencia y se volvió contraste de presencias, donde "los cinturones de viviendas son cada vez más prósperos a medida que uno se acerca al centro de la ciudad".

            La ciudad no termina en el espacio físico, la ciudad nació y crece en el seno del imaginario occidental donde el poder debe encontrar un espacio y un territorio tangible. Los semáforos son el siga y pare de los textos entrecruzados que le dan vida, que la alimentan.

            En la ciudad se entrecruzan también las expresiones de poder. En ellas está el poder ejecutivo, el poder judicial, el poder... En ellas también se alberga el militarismo y se acaba con los espacios que no pertenecen a la ciudad oficial.

            La ciudad es el lugar de la ausencias, Buenos Aires, Lima, La Paz, La Ciudad de México Santiago de Chile, son parte de un mismo escrito, donde hay matices de diferencias entre ellas, pero finalmente son el resultado de la misma pluma.

            Recuperar calles, edificios, recuperar historias, equivale a recuperar espacios del otro tiempo, de la cultura del gheto, de la del grafitti herido. Nombrar de otra forma las catedrales de la memoria.

 

 

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Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

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