Lunes, 05 Marzo 2018 04:21

EL ACTO CREATIVO / Sergio García Díaz /

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EL ACTO CREATIVO

/ Sergio García Díaz /

El devenir del ser humano y la creación son inseparables. Lo que hace, piensa y dice han determinado la hominización y los procesos civilizatorios del hombre. Al respecto Federico Engels nos plantea, en su librito de El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, que fue la mano la que determino el proceso de la transformación de los homínidos, que fue la mano sujetando una piedra la que dio como resultado de la idea, el pensamiento, la erección, transformarse en bípedo. Ese largo proceso fue un proceso creativo.

   La creación es el acto humano por excelencia. La creación de herramientas, instrumentos, artefactos, lenguaje, obras de arte, música, pinturas rupestres, danza, arquitectura, escultura, poesía, también, han creado al mismo hombre. La acción creadora colectiva e individual ha creado al mismo hombre y a la misma sociedad.

   En el caso del lenguaje, creación humana, a su vez ha creado un dialogo continuado con las primeras manifestaciones literarias. Desde los sonidos guturales, la articulación de sonidos, silabas, palabras, enunciados hasta que el propio lenguaje ha alcanzado vida propia y se mueve por su cuenta. En la naturaleza hay un lenguaje natural, que a partir de la Teoría del Caos, los fractales han demostrado que los sonidos, colores, energías formas también son lenguajes de la naturaleza y nosotros como seres humanos, animales humanos demasiado humanos no dejamos de ser parte de la naturaleza y de la madre tierra. Lo único que nos podría distinguir sería el lenguaje humano, el cual ha escapado al humano mismo.

   Pero regresemos al tema del acto creativo. Donde crear es engendrar. Donde la obra incluye al creador. De tal forma que se habla por ejemplo: este es un Picasso, el estilo de escribir inconfundible de Jorge Luis Borges. Hasta cierto punto la creación hace un poco más libre a su creador.

   El acto creativo es un proceso donde se concreta la creación. Hay un inició donde la creación es inacabada, son balbuceos, sonidos, hasta llegar a momentos de síntesis, que perduran el tiempo y nace lo clásico. Nacen los clásicos. Nacen los mitos, los iniciados, los iluminados. El arte y la artesanía. El artesano y el artista, el amateur y el maestro; nacen las escuelas de arte y los talleres de creación. Y pasa de lo concertó a la abstracto y de los abstracto a lo concertó hasta llegar a lo virtual y el cuerpo como soporte. Meter el arte a recintos cerrados, hasta el arte público y del arte público al recinto cerrado. Y se cierran ciclos y se abren ciclos.

   De ahí que se hable de arte como proceso y devenir. De tal forma que el acto creativo y el proceso de creación formen parte de la historia, de la realidad. La captura de la realidad por el acto creativo. La sublimación y el gusto estético se a ligera hasta llegar al manierismo y la imposición de normas, el canon. Y en otra vuelta de tuerca se liberaliza de nuevo el proceso y todos pueden acceder, lo que vivimos ahora.

   Para Alain Badiou el acto creativo es una multiplicidad sin uno, una multiplicidad sin centro. Y Guille Deleuze nos permite visualizar que la ciencia, el arte, la filosofía podrían ser articulados en algunos puntos y líneas de intercepción. Lo que ya Federico Engels había avizorado en la famosa Carta de Engels a Block donde dice que la historia es un sinfín de paralelogramos. Que hacen posible cierta visibilidad de la realidad en coyunturas determinadas, es el momento en que se da el acontecimiento. El arte es un acontecimiento. Así saber, reflexionar, sentir se articulan en un proceso creativo.

   En el libro El balcón del presente, Alain Badiou nos habla sobre la obra de arte, el creador, la verdad como fin último del objeto artístico, la idea y el acontecimiento:

  1. El arte no es el descenso sublime de lo infinito en la abyección finita del cuerpo y del sexo. Es al contrario la producción, por el medio finito de una sustancia material, de una serie de subjetiva infinita. Afirmamos que no hay, en arte, sino obras. Y que una obra es siempre terminada, acabada, tan acabada como es posible.
  2. El arte no podría ser expresión de la particularidad, ya sea étnica o yoica. Es la producción impersonal de una verdad que se dirige a todos. El esquema de la expresión supone que cada uno, en tanto artista, es una suerte de singularidad inefable. El animal humano no es de ninguna manera la causa, solamente el lugar, o uno de los lugares. El artista como individuo no es sino materia viviente prestada a un sujeto que, porque él es, en la forma de la obra de arte, un sujeto sensible, tiene necesidad de tal materia. Pero una vez dispuesta la obra-sujeto, podemos olvidar enteramente su soporte individual transitorio. Sólo la obra es afirmativa. El artista es el elemento neutro de esta afirmación.
  3. La verdad de la cual el arte es el proceso es siempre verdad de lo sensible, en tanto sensible. Lo que quiere decir: transformación de lo sensible en acontecimiento de la Idea. Aquello que, entre los procesos de verdad, singulariza el arte, es que el sujeto de verdad se extrae lo sensible. Mientras que el sujeto de verdad en la ciencia se extrae de la potencia de la letra, en la política del recurso infinito del colectivo, y el amor del sexo como diferenciación. El arte hace acontecimiento de lo que es el colmo de lo dado, lo sensorial indistinto, y es en ello que es Idea, por el cambio de lo que hay allí en aquello que debe advertir a su propia finitud.
  4. Hay necesariamente pluralidad de las artes, y cualesquiera que sean las intersecciones imaginables, ninguna totalización de esta pluralidad, es, ella, imaginable.
  5. Toda arte viene de una forma impura, y la purificación de esta impureza compone la historia, la verdad artística y de su extenuación.
  6. Los sujetos de una verdad artística son las obras que la componen
  7. La composición es una configuración infinita, que, en el contexto artístico del momento, es una totalidad genérica.
  8. Lo real del arte es la impureza ideal como proceso inmanente de su purificación. Dicho de otro modo: el arte tiene por material primero la contingencia del acontecimiento de una forma. El arte es formalización segunda de la venida de una forma como informe.
  9. La única máxima del arte contemporáneo es la de no ser imperial. Lo cual quiere decir también que no debe ser democrático, sino democrática significa: conforme a la idea de la libertad política.
  10. Un arte no imperial es forzosamente un arte abstracto, en el sentido siguiente: se abstrae de toda particularidad y formaliza este gesto en abstracción.
  11. La abstracción del arte imperial no considera ningún público particular. El arte no imperial está ligado a un autocracismo proletario: hace lo que dice, sin acepción de personas. El arte no tiene que preocuparse por su clientela.
  12. El arte no imperial debe estar sólidamente ligado como una demostración, tan sorpresiva como un ataque de noche y tan elevado como una estrella.
  13. El arte se hace hoy solamente a partir de lo que, para el imperio, no existe. El arte construye abstractamente la visibilidad de esta inexistencia. Es lo que comanda en todas las artes, el principio formal: la capacidad de hacer para todos visible lo que, para el Imperio, y entonces, también para todos, pero desde otro punto de vista, no existe.
  14. Convencido de controlar la extención entera de lo visible y de lo audible para las leyes comerciales de la circulación y las leyes democráticas de la comunicación, el Imperio no censura más nada. Abandonarse a esta autorización de gozar es ruina de todo arte, como de todo pensamiento. Debemos ser, despiadadamente, nuestros propios censores.
  15. Más vale no hacer nada que trabajar formalmente por la visibilidad de lo que, para el Imperio, existe.

   Hasta aquí Alain Badiou, quien reflexiona ampliamente sobre el proceso de creación de objetos artísticos y sus múltiples posibilidades de relación con el todo. Y el papel del arte como una esfera de construcción de verdad. De sensibilidad, de ser para todos. Inclusive para el mercado y el consumo, sin que eso altere el sentido de libertad del creador.

   Las cuestiones contextuales, circunstanciales, temporales del acto creativo, también tienen una esfera de libertad, de existencia, de ser, de estar siendo, que tienen que ver con otra categoría que es la intencionalidad. Donde los residuos de libertad se encuentran en la lucha contra la nada, en la existencia desde el subsuelo. La lucha de la existencia contra la nada tiene un punto de partida: la acción creadora. Se crea para existir y trascender. Aun que como dice Badiou, al final lo que transciende es el objeto artístico y con el a veces el nombre del autor.

   El hombre, dice Luhnmann, es sólo el entorno del sistema y no forma parte de él, pues es únicamente su operador circunstancial. E aquí una paradoja de la acción creación. El creador como un sujeto o como un operador circunstancial. Pero igual que en el viaje, lo más importante es el viaje, no llegar al lugar de destino, lo más importante es la sensibilidad, el sentirse libre, como creador en el proceso de la acción creativa.

   Heidegger al respecto nos dice que la experiencia creativa se asemeja al acontecer. Todo comienza con un estado de ánimo. Siempre estamos en un estado de ánimo donde nos suceden y nos acechan las circunstancias. En ese estado de ánimo acecha el tedio y el hastío, el aburrimiento de sí y el mundo. El tener que tomar una decisión nos puede sacar de la nada, de tedio.

   La angustia, la necesidad de tomar una decisión, nos pone en el camino de la transcendencia. Pero cuando el creador intenta convertirse en la mejor oferta para el mercado, se acoge a lo banal. Cualquier cosa que crea será una mercancía para el consumo.

   La sociedad de consumo en el capitalismo postmoderno, en lo que se ha dado en llamar el Sistema Mundo. La estética del mercado, el diseño echa mano de creativos para envolver un producto. Pero, así lo creo, el acto creativo, nada o muy poco tiene que ver con el consumo, en la creación para el consumo se piensa en la masa consumidora. En el acto creativo no se piensa nada más que en crear para ser en el aquí en el ahora, para ser en la trascendencia. Y ese ya es un acontecimiento. Como dijera Mijail  Bajtin: “No se puede entender la vida más que como acontecimiento” y la vida es un acto creativa y la creación es un acto ante la vida, son el acontecimiento de estar en la emoción de la vida.

   El acto creativo es una especie de regresar al origen. Cada creador es un intento de origen y originalidad. El creador como sujeto es un creador de un mundo, todo lo que sucede al interior de una obra es un origen. Entre más original es más creíble, es más verosímil. La intimidad del comienzo es el comenzar hacer algo. Hacer algo nuevo. Mientras crea el creador no está en su mundo está en el mundo de la creación, en el mundo de la obra, en el mundo de su creación.

   El acto creativo es una repetición. La repetición da como resultado el virtuosismo. Así la poesía es acto, cuando se está escribiendo el cuerpo se mueve al ritmo de la escritura, el cuerpo se musicaliza, se verbaliza, se escritura. En el silencio más absoluto y en la soledad más silenciosa el poema nace y permite escuchar cuando uno lo lee el latido del corazón que lo escribe, cuando está escrito desde el cuerpo, desde la circulación de la sangre, desde los latidos del corazón, desde los movimientos involuntarios de las vísceras.

   Francisco Pérez Cortés nos dice en su libro sobre el acto creativo, nos dice que la repetición en el hacer tarde o temprano arroja luz. Es una forma de alcanzar la plenitud que se desconoce. Como dice Rumi, por la herida se alcanza a ver la luz.  

 

         

Visto 1323 veces Modificado por última vez en Jueves, 15 Marzo 2018 01:03
Sergio García Díaz

Sergio García Díaz (México, D.F., 1962). Reside en Nezahualcóyotl. Ha colaborado en revistas y periódicos. Parte de su obra literaria comenzó a ser publicada en antologías de cuento y poesía (La semilla del árbol, Tú vivirás para siempre, Amar el mar). Su obra individual está conformada por Border Lane (Mixcoat, 2002), La pasión por las moscas (cuento, Fontamara, 2006), Dos entradas por un boleto (Jano, 2003), Sueños de un chamán (Coyoacán, 2003), Pétalos de mar (Praxis, 2003), Animales impuros (Fontamara, 2006), Alicia en mi espejo (poesía, Praxis, 2006) y Bajos fondos (Praxis, 2009), entre muchos otros.

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