Martes, 06 Marzo 2018 04:11

TERRE / Par Alberto Tesán / Traduit par Miguel Angel Real

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TERRE

 

Par Alberto Tesán

 

Traduit par Miguel Angel Real

 

 

 

 

 

TIERRA

Por Alberto Tesán (España)

 

Apretar el gatillo sería lo correcto.

Y dejar para siempre de agachar la cabeza.

Un disparo certero entre los ojos

es el remedio a nuestros problemas.

La vida cansa y cansan los políticos,

las ideas mezquinas de un rebaño

decadente. Es tiempo de poetas

y de asesinos, tiempo de suicidas

y violadores, tiempo de actuar.

Porque cansa la vida y la verdad cansa,

la verdad putrefacta y única que nos venden,

que nos hacen tragar como cartón mojado

entre falsas promesas de un mundo habitable.

Es tiempo de actuar, tiempo de cambios.

El cargador está lleno y las balas

esperan, impacientes, su destino.

Pero no, siempre habrá alguien en la sombra,

un verdadero dios bañado en sangre

que manipule nuestras intenciones,

y se apodere de ellas, y las reduzca a polvo.

Siempre habrá una mano que maneje los hilos

y nos haga comer frente al televisor,

con el silencio familiar más triste,

mascando las imágenes que mecen nuestro sueño.

 

 De “Piedras en el agua”

Ed. Pre-textos, 2004.

 

 

 

 

 

 

TERRE

 

Par Alberto Tesán

 

Traduit par Miguel Angel Real

 

 

Appuyer sur la gâchette serait l'idéal.

Et arrêter d'une fois pour toutes de baisser la tête.

Un coup précis entre les yeux

est le remède à nos soucis.

La vie nous fatigue et les politiciens nous fatiguent,

les idées mesquines d'un troupeau

décadent. Il est temps de poètes

et d'assassins, temps de suicidaires

et de violeurs, temps d'agir.

Parce que la vie nous fatigue et la vérité fatigue,

la vérité putréfiée et unique qu'on nous vend,

qu'on nous fait avaler comme du carton mouillé

parmi les fausses promesses d'un monde habitable.

Il est temps d'agir, temps de changements.

Le chargeur est plein et les balles

attendent, impatientes, leur destin.

Mais non, il y aura toujours quelqu'un dans l'ombre,

un véritable dieu baigné dans du sang

qui manipule nos intentions,

et qui s'en empare, et qui les réduise en poussière.

Il y aura toujours une main qui tire les ficelles

et qui nous fasse manger devant le téléviseur,

avec le silence familier le plus triste,

en mâchant les images qui bercent notre rêve.

Visto 1288 veces Modificado por última vez en Viernes, 16 Marzo 2018 07:33
Alberto Tesán

Nací en un pueblo de la provincia de Barcelona, que abrazó con pasión las grandes áreas industriales con restaurantes de comida rápida y viajeros de un solo día.

Con diez años, el Barça me fichó para sus categorías inferiores y, justo en ese momento, supe que quería ser poeta.

O quizás eso sucedió antes, cuando me enamoré por vez primera. Se llamaba Noemí, y recuerdo que ponía los labios muy juntos para pronunciar su nombre. Nos conocimos en la escuela infantil, y lo nuestro no duró mucho. Éramos demasiado jóvenes, y mi chica me dejó por el matón de la clase.

Quizás sea ese el verdadero tema de mi poesía, el abandono.

Con diecisiete años me rompí, o me rompieron, la rodilla. Y ya nunca más volví a correr la banda. Regresé a casa. Regresé al barrio. Recuperé amigos. Volví a enamorarme. Me abandonaron otra vez.

Y ahora pienso que todo eso resultó definitivo. Ese dolor me obligó a escribir sin descanso para lamer mis heridas con palabras.

A partir de ahí, todo sucedió muy rápido, como en una película de acción de serie B.

Publiqué un librito, Los Jardines Instantáneos, en 1994. En 1996 publiqué una ampliación de esa primera entrega que se tituló El Mismo Hombre, y en 2003 me atreví con mi último poemario publicado, Piedras en el Agua.

En 2004 decidí desaparecer, como el Këyser Soze de Sospechosos Habituales (aunque aún no he matado a nadie, de momento)

Y aquí estoy ahora, con 46 años, alejado de cualquier ruido literario, escribiendo una media de dos poemas al año, y sin dejar de pensar que he debido equivocarme en algo, aunque no consigo saber en qué.

Lo único que tengo claro, a estas alturas, es que mi alopecia ya no tiene marcha atrás, que ver jugar a Messi me transporta a una infancia de campos de tierra y códigos indestructibles, y que la poesía, la verdadera poesía, solo puede escribirse desde la pasión, cuando el poeta se desangra en cada verso.

 

 

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