Miércoles, 07 Marzo 2018 07:48

Sin perturbar la hierba camina la poesía; el hombre frente a la inmensidad de la intrascendencia / Adriana Tafoya /

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Sin perturbar la hierba camina la poesía;

 el hombre frente a la inmensidad de la intrascendencia

 

Por Adriana Tafoya

 

Yo estoy cansado.
                        Miro
esta ciudad
               —una ciudad cualquiera 
donde ha veinte años vivo.

Todo está igual.
                      Un niño
inútilmente cuenta las estrellas 
en el balcón vecino.

Dámaso Alonso

 

 

Con un verso  de tono arrebatado y a la vez reflexivo,  Arturo Cosme Valadez escribe este libro que contiene la reunión de catorce poemas de  1980 a 1995, enmarcados en 92 páginas, con apoyo de la UAM Iztapalapa  y Ediciones El Lirio, previsto para un  tiro de 300 ejemplares.

Sin perturbar la hierba, (verso de Ezra Pound), es el título que decide dar a este libro su autor, así comienza a nombrar su poesía; con la evocación primigenia, con el aliento de un nacer cimentado en este verso, que  nos obsequia la impresión de un deseo por parte del autor, de ser observado desde  lo imperceptible, lo intrascendente, lo pequeño.

  El libro parte con este epígrafe: “…Y los días no son plenos/ y las noches no son plenas/y la vida se desliza como rata campera/ sin perturbar la hierba”. Versos del  ya mencionado Ezra Pound, plenos de oscuridad y luz a su vez.

Pienso  aquí se puede apreciar la apuesta poética del autor por unos versos lúdicos, impuros, irreverentes y llenos de desconcierto.

Ya señalado está en el texto de contraportada cuando se lee:

“En el escenario de la ciudad, estos versos nos llevan al interior de nosotros mismos, descubriendo nuestros propios dolores, preocupaciones y ocios escondidos, a partir de un lenguaje doloroso, original y al mismo tiempo irónico. La rebeldía de la voz lírica, que sabe reírse de sí misma, es estática, resignada y se solaza en este tiempo impregnado de desconcierto.”

El comentario es acertado, pues el libro nos entrega  penumbras, gracias al florido uso de la palabra en los versos, provocando un espesor, una atmosfera densa. Daré un par de ejemplos: 

“Huía el arlequín en su ajuar cubiculado

 cuando izó su bandera el bajel filibustero,

 cuando su fragata de muertos neblinosos

 arqueó las perspectivas del vacío,

 el dique de los años,

 el cándido rompeolas de una concha cobarde:”

 y  “son los filibusteros de la sombra,

 salteadores de sueño emboscado a la tarde

con ejércitos bobos de guacamayas verdes;

 acechan en las velas

 de los buques que van cargando al día;

 en los mascarones hembra de las carabelas

abren trampas con senos para raptar  al viento:”

También se lee  no sin intención de parte de Arturo  Cosme,  el borbollón de divagaciones y absurdos, semi imágenes e imágenes lúdicas,  variadas contradicciones y juegos de palabras y significantes.  Tal vez un propósito del autor fue tratar de concientizar la raíz de las palabras. Encontraremos que  a la vez  introduce en diversos poemas algunos elementos de la poesía visual.

Mediante esta propuesta, el lector evocará a poetas como Yeats, por los temas urbanos, de academia y oficina. Por dar ejemplo cito:

“Mi corbata es pulcra, mi traje irreprochable.

 me digo antes de entrar: están perdidos;

 me tratan muy bien, son muy corteses;

 y yo me doy tres vueltas en el piso

 les beso la mano sin babearla

 soy amable, engreído, les miento:

 les digo que sé todo y me creen,

 repito que no los necesito”.

Tal vez  nos recuerde un poco  a Pessoa, por el aire de algunos versos y reflexiones, donde afortunadamente el autor les da un vuelco en el disparate.  Y por último al poeta  Dámaso Alonso, por los temas que prevalecen en el libro; el hastío, el dolor, la impotencia ante un pluriverso con multiplicidad de significantes y ninguno; la insignificancia del ser humano trabajador, académico, hombre envuelto en sus afectos, polvo entre la infinita  hierba de la inmensidad. Cito unos versos del poema “Monstruos” de Alonso para demostrar esta empatía:

“…qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan, 
igual, igual que yo les interrogo a ellos. 
Que tal vez te preguntan, 
lo mismo que yo en vano perturbo 
el silencio de tu invariable noche 
con mi desgarradora interrogación. 
Bajo la penumbra de las estrellas 
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar, 
me acechan ojos enemigos, 
formas grotescas me vigilan, 
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos, 
estoy cercado de monstruos!”

Encontrarán versos de Cosme Valadez para ejemplificar este ligero acercamiento empático a los autores mencionados en diversas páginas del libro; extensión lírica desde una perspectiva aunque paralela, distinta: “debatirse, sudar, dar nuestro grito de alegría, ser otro de placer y no ser nadie”.

Todos estos textos  y demás elementos,  nos dan un coctel que construye  cuatro nocturnos asentados en la tradición. Y otros brebajes de poemas de sabor melancólico, de soledad, frustración, de amor y desamor, del entumecimiento social  y de la intrascendencia del ser.  Un libro que puede considerarse estar decididamente ligado a las preocupaciones masculinas más intensas por el tono de sus cavilaciones vertidas en su páginas.

Hay dos poemas que a mi opinión resultan  sobresalientes; “Hombre mirando a la calle” y el apartado cuatro de “Nocturno muerte” en la página 49. También estrofas de las páginas 90 y 91 del “Poema del oficio”, estas por funcionar como especie de manifiesto irreverente, que demuestra una conciencia demasiado humana y visceral del arte de escribir, del oficio del poeta.

 

Sin perturbar la hierba, Ediciones del Lirio 2017.

 

Visto 4725 veces Modificado por última vez en Jueves, 15 Marzo 2018 01:06
Adriana Tafoya

Adriana Tafoya. Poeta y Editora. México.1974. Libros publicados: Animales Seniles (2005), Enroque de flanco indistinto (2006) -poemario sobre ajedrez- que le valió jugar contra Garry Kasparov en las simultaneas para celebridades en "La Gran fiesta Internacional del Ajedrez 2010", Sangrías (Ediciones el Aduanero,2008), El matamoscas de Lesbia y otros poemas maliciosos (Ediciones Pasto Verde, 2009 / segunda edición Bitácora 2010/ tercera edición Cátedra Miguel Escobar 2014) Diálogos con la maldad de un hombre bueno (Editorial Ultramarina Cartonera, España, 2010/ segunda edición Inferno Ediciones 2014). Malicia para niños, (Colección Mi Primer Bakunín 2012), El derrumbe de las Ofelias (selección poética, Inferno Ediciones, 2012), Viejos rituales para amar a un anciano(Casa Maya de la Poesía, Colección Rosa Náutica No. 93/Campeche México 2012) y Los cantos de la ternura,(colección poesía sin permiso, 2013), Mujer embrión (Edición Especial, 2013), Los rituales de la tristeza (Rojo Siena Editorial, 2013) y Parábolas del Equilibrio(Sikore Ediciones, 2015). Muestra de su trabajo poético, aparece en "Antología General de la Poesía Mexicana", poesía del México actual, de la segunda mitad del siglo XX a nuestros días.Selección, prólogo y notas de Juan Domingo Argüelles,(Océano/Sanborns, 2014) .

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