Martes, 17 Abril 2018 18:07

Estabas desnuda / Víctor Hugo Clemente Acuña /

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Estabas desnuda

Víctor Hugo Clemente Acuña.

 

Siempre pensé que te gustaría, ay flor de mis lamentos

Aullar bajo la luna en todos los ojos muertos.

 

Burlado al fin de mariposas andróginas inmutables el cansancio en los terciopelos de la boca hambrienta  la pus directa en el centro de los odios y los gritos antes de todos los milagros.

 Desesperado de tus ojos que son y no son y no los veo cuando miran tanto. Te quiero.

El fin fue y no fue en ese café de tarde, los primeros misiles y obuses taladrando la pantalla de una televisión de los noventas y una guerra anunciada y esperada en todos los hogares.  Caminar al lado de ese café presintiendo que tú estarías viendo las noticias y estarías sintiendo nada. Se me figuraba, no sé, pero, tal vez te gustaría ver como brillaban esas luces en el cielo oscuro, cómo taladraban su música de artillería moderna, su metal amargo. De noche, con todos los amantes recostados y cansados, de noche con todas la alambradas solas y todas las madres amamantando, de noche y de noche era en la pantalla, pero la pantalla era negra y las luces la alumbraban, y no había sangre en la pantalla, y no había el desgarrado grito en la pantalla y no había los miembros cercenados, y los niños, supongo que estarían jugando con el tiempo que se derretía como nieve de fuego en los ojos que tenían y que ya no tenían, y tú, supongo que estabas desnuda en tu cama y con las manos cansadas, viendo pasar una guerra moderna, una guerra anunciada, una guerra con spots de colores y productos varios.

El café iba a los labios como iban las mariposas andróginas inmutables al centro del vaso.

Y ahora tú, viéndome de frente me hablas de un fin. Yo no entiendo tanto pero te amo, porque desesperado de tus ojos que son y no son y no los veo cuando miran. Y es tanto el fin que pronuncian tus labios, y es tanto el fin que presencian tus ojos que todo el mundo lo habla y lo mira tanto.

 Yo no sé a qué fin se refieren.

 Yo no sé sin pantallas oscuras y madres amamantando.

 Yo no sé a qué viene el espanto.

 El fin lo vi una vez,

 En un café, Una tarde.

 

Paraíso 1

Desde este desmadrado desierto dos cuerpos desnudos para llevar con dos de azúcar
Aún no se completa y ya estás mordiéndole los senos dile a Abel que se aleje de los asnos
Un día tendremos millones de hijos con cuentas en el banco
Nuestros cuerpos hacen sombra pero por qué no existimos
Hombre sangre
Hombre cucaracha
Hombre atmósfera
Adán por qué no tenemos cable ni teatro
Hombre niño
Hombre esferas
Hombre cuarta dimensión
Hombre de la puta Babilonia que solo ofrece bisutería
Estamos solos Caín se marcha
Ya no quiero cópula habremos de irnos resquebrajados
Aquí Eva ya no hay nada solo bayonetas
Arañas sobre la mesa en la pared arañas sobre el ombligo arañas arañas en los ángulos arañas de borrachos arañas negras lindas arañas
Irnos lejos al mar de mercurio lleno de rostros
Al mar de las células simples a complejas
Algo entre las sombras nos espera y nos devora
Cientos de ángeles nos miran con botas y tolete, pongámonos la ropa.
Meandros celestiales en los huesos en la saliva del piso en la sangre sin dueño
No puedo correr 
Bésame Adán está libre el tránsito.

 

 

 

 

 

 

Y ahora que deseo tus ojos, ahora que los veo,

no puedo desbaratarlos.

Su propia lengua y catafalco

 

Castigar la sed es adentrarse al hueco de la mano que pide, 
las líneas del tiempo digital que ya no el reloj de arena, 
que ya no el aluminio reflejando el labio diciendo te amo, 
la locura que ya no se compra con alucinógenos baratos; 
castigar, castigarse porque le pierdes el miedo a la muerte, 
y la muerte te acaricia a diario, 
en el borde de la calle, 
en el odio de la esquina, 
en la boca que calla y el ojo que mira con machete mellado; 
voy a ver la transparencia del sueño que no puedo aferrar con mis manos, 
por eso, trato de morir a cada rato, 
a cada vez del caballo negro espueleado de las ingles y la lepra prometida, 
por eso desgasto mis años en la fiebre de la piedra, 
en la grieta de los libros que se comen los gusanos, 
tuvo una vez un amigo pero su cráneo quedó esculpido en la roca de los cerros, 
lo miro a diario, 
y lo entierro a diario, 
por eso la ventana deja ver su lista de barcos de plástico que zarpan al naufragio; 
entre la duda y la certeza ya sabe que sus ojos son sus manos, 
y toca todo cuando mira y mira todo en la ceguera, 
y ciego y frío se esconde entre húmeros y escápulas, 
tiene rojos los ojos
y clara la impotencia de saberse agujero mínimo entre las enredaderas de los brazos que intentan asfixiarlo, 
de las brasas que son sus carnes y su calle, 
de la mujer que no llega y cuando llega es festín de tanto olvido; 
tiene el tiempo necesario para escarbar su propio abismo,
su propia lengua y catafalco.

 

Ay de las líneas y el verbo apretujado, la boca no es divina,

costales de osarios

 

 

Bitácora de Guerra II

Uno es todas las estaciones vacías,
todas las ventanas llenas de tizne,
porque le he escrito a mi cuerpo
un mapa de úlceras y cáncer,

un sordo y duro boleto;
una puerta fácil de abrir que no quema
como queman tantos muertos.

Uno es todas las ramas de los árboles

donde posan los ahorcados,

los pozos de agua y todas las balas

Uno solo camina entre nopaleras y desiertos,
entre caravanas de gente triste y mugrienta,

Uno es la víscera en la banqueta

el credo de un cielo en bancarrota

uno solo camina robándole a la muerte

el delirio la fiebre de su mano

y su guadaña.

 

 

 

 

Temporada de calabazas IV

La pared y el papel picado,
la hormiga comiéndose los cráneos.

La mujer dentro de la jaula.
no quiere que grite

La niebla viene
en los cuellos de los pájaros.

Tú y los muertos 
son el paisaje de esta ventana cerrada.

 

 

Casi al borde de la razón

Casi al borde de la razón 
la locura del resuello
tenía de verde y la equidistancia
era una sirena de tu seno
tosías y tosías como si quisieras
derrumbar el esqueleto
como si no alcanzara 
la panela de la taza
almizcle entre tus piernas
bajabas y luego el enrojecimiento
de las glándulas
férula del hombro 
porque te amaba casi a rastras
y de tu boca salían mil demonios
llenos de sortilegios
¡no, no apagues la luz
gritabas!
es mejor el arrullo
de la luz
bajo la cama
De pronto la píldora
de todas las mañanas
y sin dinero en los bolsillos
y así se te iban las ganas
así fue como comenzaba 
la ceniza de la amnesia
el olvido de la lluvia
pero regresaba
siempre regresaba
y tú eras la cruel mariposa
el ombligo del camino
cartón de los que lloran
Ahora ya no huele
tu recuerdo
ya no duele
dibujo en los perfiles
nariz de los desaires
pero aquí la mano
y la quijada
y el antiguo gemido de 
humedales
pero ya no duele
blancura de tus ojos
axila del escombro
Esta loco y luego 
una noche me golpeaba
decías, decías
rincón de no me olvides
arrullo de tus ojos.
La muerte cobrará 
por mucho 
la distancia 
del despojo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Víctor Hugo Clemente Acuña

Lic. En Ciencias de la Educación

Profesor de nivel Primaria

Aficionado a la poesía.

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