Martes, 17 Abril 2018 22:58

JOSÉ GARCÍA OBRERO EL MURO

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JOSÉ GARCÍA OBRERO

EL MURO

 



Entre estos dos terrenos
hemos construido un muro
como hacían los nuestros en origen:
apilando piedras y más piedras.
No se trata de crear una frontera,
impedir el paso o evitar el robo
de los frutos de uno u otro lado;
es solo una manera de observar
la vida a lo largo de esa línea
divisoria para obtener una mirada
nueva o, en el mejor de los casos,
puñados de palabras que nos sirvan.
Las piedras son seres febriles,
cuando se les agrupa de este modo,
enseguida revisten su dureza
con suave piel de musgo;
convocan el reposo de las aves de paso;
facilitan el camino a los insectos
hacia lo más recóndito de sus oquedades.
Este fluir de vida, unido al respirar
continuo del subsuelo,
dota de movimiento a nuestro muro:
con el tiempo las piedras se desploman,
se desmoronan tramo a tramo,
y hay que volver a colocarlas,
cada uno dispuesto en su pedazo,
sin  tener muy presente cada linde,
pues no es un muro que selle territorios;
no es un muro impermeable, desconfiado;
no es un muro que atente contra nadie
–todos sabemos que la tierra no tolera
heridas sobre la longitud de su columna –;
es el muro de agua de dos ríos,
es un dibujo abstracto de isobaras,
es la suave invasión que se acomete
entre mi despertar y mi clausura.

 

 

 

JOSÉ GARCÍA OBRERO

 

LE MUR

 

Traduction de Miguel Ángel Real

 

 

Entre ces deux terrains

nous avons construit un mur

comme faisaient les nôtres à l'origine:

en entassant des pierres et des pierres.

Il ne s'agit pas de créer une frontière,

d'empêcher le passage ou d'éviter le vol

des fruits d'un côté ou de l'autre;

ce n'est qu'une manière d'observer

la vie le long de cette ligne

de démarcation pour obtenir un regard

nouveau, ou, dans le meilleur des cas,

des poignées de paroles qui nous servent.

Les pierres sont des êtres fébriles,

quand on les rassemble de cette façon,

de suite elles revêtent leur dureté

d'une suave peau de mousse;

elles convoquent le repos des oiseaux de passage;

elles rendent facile le chemin des insectes

vers le plus grand secret de leurs cavités.

Cet écoulement de vie, ajouté à la respiration

continuelle du sous-sol,

dote notre mur de mouvement :

avec le temps les pierres s'écroulent,

elles s'effondrent tranche par tranche,

et il faut les replacer,

chacun prêt dans son morceau,

sans avoir très présente chaque limite,

car ce n'est pas un mur qui scelle des territoires;

ce n'est pas un mur imperméable, méfiant;

ce n'est pas un mur qui attente contre qui que ce soit

-nous savons tous que la terre ne tolère pas

des blessures sur la longueur de sa colonne- ;

c'est le mur d'eau de deux rivières,

c'est un dessin abstrait d'isobares,

c'est la douce invasion que l'on entreprend

entre mon réveil et ma clôture.

 

Visto 1897 veces Modificado por última vez en Miércoles, 18 Abril 2018 06:18
JOSÉ GARCÍA OBRERO

José García Obrero nació en Santa Coloma de Gramenet en 1973, aunque reside en Córdoba desde 1997.

Es autor de los poemarios Un dios enfrente (La Garúa, 2013), con el que fue finalista del premio Ciudad Alcalá de Henares de Poesía, en 2014; y Mi corazón no es alimento (Ediciones En Huida, 2014). En 2015, la editorial Valparaíso publicó su traducción de Mal, del poeta catalán Jordi Valls.

Con La piel es periferia (Visor, 2017) obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Burgos en 2016.

Actualmente, forma parte del equipo de redacción de la revista de poesía contemporánea en lenguas peninsulares Caravansari y colabora en el suplemento cultural Cuadernos del Sur, de Diarío Córdoba.

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