Sábado, 19 Mayo 2018 05:30

HÉCTOR ESQUER / NUDOS /

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HÉCTOR ESQUER

 

NUDOS

 

 

Me provocan ansiedad los nudos. Nudos ciegos, nudos videntes,

nudos para la horca, nudos para desenterrar la libertad,

nudos para sujetar al que ya probó el don de las filosofías

y en consecuencia la fatalidad es hermana de alturas y abismos,

cercanos y distantes en un mismo ojo.

Nudos de piolas, nudos de elásticos, nudos de metal…

Viéndolos bien semejan un extraño pacto con la noche y la realidad.

También hay nudos psicológicos, emocionales y más sinceros que el mar.

También hay nudos de vida pero esos me causan placer.

También hay nudos de enfermedad, nudos para el insensato,

nudos en el nacimiento, nudos para la razón,

nudos para atar la nada y nudos para la embriaguez.

El deseo es el peor de los nudos y el más difícil de desatar.

Y los nudos y los laberintos comparten los vértigos, la sal,

el derrame de los golpes sobre la mesa, las maquinaciones

que de manos en manos los dedos entretejen.

Al caminar hacemos y deshacemos nudos.

Al dormir los nudos nos sueltan aunque el sueño también es nudo.

Al estar inmóviles hay nudos tan extraños como la contemplación.

Y hay nudos que se sueltan y forman otros nudos como los cinco

sentidos que son los nudos más entrañables,

y esperan nuestro arte en deshilar la existencia, los huesos, los músculos.

Decir que las cosas no tienen importancia también son nudos,

la palabra también está llena de nudos por todas partes.

Y el polvo es el nudo más frágil, no le rogamos mucho que nos desate.

Irnos son nudos, volver son nudos, revisar un poema bajo la luz

de una mariposa, también son nudos, y los nudos hablan de nosotros

porque hemos entretejido nudos que llevamos en la mirada,

en las voces, en los oídos, en el tacto, en el sabor llevamos nudos

y en las adivinaciones que nos dan entusiasmos a nudos,

las pesadillas nudos, los acertijos nudos, las groseras políticas nudos,

las corrupciones nudos… El canto de los nudos es notable

y difícilmente hay magos que nos digan las estrategias para desatarles

los nudos a las oraciones, al crucifijo y hasta al diablo…

Nudos para salvarle la vida a alguien que ya ha sido salvado.

Nudos para que el amor eche raíces donde más nos duele.

Nudos el más bello coraje, los perfumes son nudos,

el orgasmo es un nudo que nos desata mientras tanto…

nada más mientras tanto… La ignorancia es el peor de los nudos

y el alma está llena de nudos por amor de Dios,

la luna es un nudo alrededor de los muertos

y los muertos son nudos fríos y cercanos más que todos los desconsuelos,

aunque hay muertos que nos desatan nudos,

nudo el planeta y nudo la galaxia y, para terminar de hacer nudos,

pues nudo es todo el universo, menos el colibrí, la Verdad y la Belleza.

 

 

 

SOBERBIAS

 

Han de saber perdonarnos los hombres sencillos.

Deben saber que el peso de la luz es una región

espinosa y que no es lo mismo que tensar el arco al ritmo de la flecha.

Los hombres sencillos tienen todo el anonimato de las generaciones.

Con eso les basta y sobra y con un poco de prudencia hasta

distribuyen los conejos que crecen en sus canciones.

Nosotros domamos pétalos, instruimos las aguas de los océanos

y le damos relieve a los alfabetos para que reconozcan a la naturaleza

y que el destino no equivoque el número de las veces que han de

rodar los dados en cualquier dirección y en todo lenguaje.

Nosotros hemos de abolir las dudas justo cuando el azar las recoge

en un silbido prolongando visiones adentro de los puntos

cardinales y hacia el átomo que la pasión elabora.

No hay más dictamen que lo inconcluso…

Bella es la mirada del ciego. Sabio el paso que cojea después del eco.

No hay como la humildad del hombre sencillo.

La vida sería su víctima si se la entregamos y todo caería por obra de su reposo.

Nosotros tenemos que inventar lo inalcanzable, lo imposible,

unidos por el movimiento que coincide con el prodigio de todas las ruinas.

Porque el hombre sencillo debe saber que no tiene alma ni la necesita

y menos libre albedrío, aunque todas sus días estén hechos

de retorcidas noches.  

 

 

 

FRAGMENTOS

 

 

 

Si somos algo, sí, somos fragmentos…

somos fragmentos, fragmentos,  fragmentos

desesperados, entusiastas, incongruentes partículas

de un hasta pronto, de un adiós, de un venir sin haber ido

y un irse sin haber llegado a un plan inexplicable,

de un desarrollo de algo que no ilumina el agua

ni el viento ni el sol le quita el frío.

Fragmentos de urbes y paisajes somos y nos advierten

las sombras inconclusas, los pensamientos en restos

de ultrajes, inéditas elucubraciones, reiterativos remordimientos

de humos y ciencias, pero la voz y el acto son intensiones,

intenciones de fragmentos hacia ninguna parte, acaso un poco

de consuelo ante el dolor, ante la enfermedad para estar

contentos, la sonrisa es fragmento, la ira es fragmento,

la lluvia iluminada por los relámpagos es fragmento,

los ríos que lleva el hombre en su caminar son fragmentos,

apalabrados nosotros como si una sola familia de la galaxia

más cercana que también es fragmento, y los que estorban

y los que estamos de más en el instante y las coquetas

que nos hipnotizan con sus movimientos, son fragmentos

y una naranja solitaria sobre la mesa es fragmento

 

y el destino por el árbol de las selvas es fragmento,

ellos sin nosotros son fragmentos y nosotros sin ellas

somos fragmentos y a veces estamos sin nosotros

y somos menos que fragmentos, con todos los peros posibles,

con todos los asegunes existenciales, fragmentos, fragmentados,

fragmentarios…¡oh, totalidad, qué difícil el arte del insomne!   

 

 

VIRTUD

 

Paciencia para vivir este mezcal y algo de resfrío en algún lugar

y paciencia para la muerte con sabor a limón.

Paciencia para abrir los ojos extranjeros cuando el sueño es incierto

y paciencia para cerrarlos cuando la realidad nos desquicia.

Paciencia con la moneda que cae romboide

y paciencia con el viento que cae y se astilla en los árboles.

Paciencia con el dolor indoloro y azucarado

y paciencia con el dolor que nos quiebra y nos dobla como espigas

llenas de un batallar de mareas…

Paciencia con el santo y con el diablo que me besan en la misma mejilla…

oh, cantor con toda suerte de esquinas donde el planeta juega a los laberintos.

Paciencia con los lagrimales oxidados

y paciencia con la falta de paciencia del paciente que no tiene nada de Job

y se arranca los dedos de sus manos y las muelas a golpes de espíritus.

Paciencia y brinca la cuerda irreal.

Paciencia y toma de las orejas al conejo de la luna.

Paciencia con el malo y bandido que le cambia la maldad  a Dios

a cambio de otra edad, bandido con puñados de confetis y sin ningún cumpleaños.

Paciencia con el que sabe las respuestas de las preguntas que no has hecho

y las ordena entre las hojas secas.

Paciencia con la caricia que se pudre en la línea del deseo de la mano izquierda

y el crepitar de una cerradura que la belleza no puede abrir.

Paciencia con el coraje que llamamos corazón y se porta nostálgico.

Paciencia con tu caminar sin ningún nombre, sin romboides,

sin ninguna piedra que aguante el silencio al que le ofrendas

una tuna de octubre que la ciudad observa asombrada.

Paciencia, paciencia, paciencia con las secrecías de un reloj

donde el tiempo es tóxico, deformable como la serpiente enferma

de sus mensajeros venenosos…paciencia que, más temprano que tarde,

el sudor te perlará la frente y entonces brillará en tu ombligo

el mes de todas las cuevas, el pulgar de tanto insomne a los que

llamamos, con lujo de delicadeza, ciudadanos, paciencia con esta palabra

que brinca y nos chupa el sexo hasta sentirnos vampiros,

pacientes de luces extrañas, de verborreas que ahora mismo diseño

en contagios, de crucifixiones abandonadas a su decorativa generación

y degeneración, paciencia ante la mujer que macera todos los metales

y con hilos de sangre verde se pinta los labios y ahí estás tú, paciente

de que la luz del sol dibuja en tu piel los años en la cicatriz

que paciente se aloja en forma de sabiduría, y paciencia este quemar

alas desde los omoplatos hasta el nadir que gira demasiado

y me quedo sin rostros, paciente con la frase que grita entre los dientes

y silencias con la lengua desatada de impaciencias. 

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