Lunes, 21 Mayo 2018 02:31

Craquelado/ hacia una poética del taller de Ricardo Yáñez Una mirada desde el taller Por Isolda Dosamantes

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Craquelado/ hacia una poética del taller de Ricardo Yáñez

Una mirada desde el taller

Por Isolda Dosamantes

 

 

Ricardo Yáñez, poeta, periodista, narrador y excelente conversador es originario de Guadalajara, lo conocí, por el año 2000 en Coyoacán en una lectura internacional bajo el sol de mayo, el poeta leía sus versos bajo un domo blanco junto a los poetas Federico Granados de El Salvador, Zonta de Costa Rica; abajo en el público estábamos Marco Fonz (ahora en otros mundos), Tanya, Julieta Cortés, escuchábamos los poemas, compartíamos ese calor que inunda los meses de primavera en la ciudad. Fue precisamente Julieta Cortés quien nos presentó y luego nos llevó al Covadonga a festejar la publicación de su libro, bebimos, reímos al son de la alegría, que en mi caso me deparaban los rones. Yáñez ha sido de muchos poetas de diversas generaciones de este país.

El trabajo de Ricardo ha girado alrededor de las palabras, como editor, fundador de periódicos, articulista, ensayista, colaborador, narrador, poeta y como tallerista. He comentado antes mis acercamientos al poeta, sin embargo, quien realmente me acercó al maestro fue Ignacia Muñoz, quién decidió formar un taller con diversos interesados en las letras. En aquella época, amante de la ciudad, venía esporádicamente a Tlaxcala, y en muchas ocasiones coincidían mis visitas familiares con el taller de Ricardo; era un gusto llegar a hogar del caminito de flores cultivadas y con olor a comida recién hecha. Tres características fueron definiendo al taller: la amistad, el compartir platillos, la creación literaria, con el tiempo el taller se volvió itinerante, se fue a Puebla a un foro de teatro; y actualmente vaga entre México, Tlaxcala, Oaxaca y Puebla, si mal no recuerdo. Ahí conocí a Ricardo Yáñez como tallerista, siempre ha sido un placer asistir, como a una fiesta a sus clases, y degustarlas, realmente disfrutarlas.

 

¿Qué es un tallerista? Quizá sea alguien capaz de transmitir a los otros sus avances, sus aprendizaje, o alguien a quien le gusta compartir, ser guía. No sé si estos acercamientos son una definición de tallerista, pero sí, es lo que Yáñez, entre muchas otras, ha sido para los aprendices de poesía, narrativa, dramaturgia, música, canto, dibujo y otras artes.

 

Y precisamente, Caquelado, me recuerda, me transporta a la sesiones del taller de Ricardo, en donde el poeta siempre deja un espacio para la reflexión sobre la poesía, las palabras y el poema. Así cuando abro el libro (dice Ricardo: Plaquet, digo yo: libro), me encuentro con una serie de premisas, tesis, aforismos y hasta sentencias, reunidas de tal manera, que me desbordan.

 

Recordando.

 

Los talleres de Ricardo inician, digamos a las doce del día, a veces hay música, o botanas; siempre reflexiones, luego taller, plática, se alargan las sesiones y terminan, por compromisos familiares, a las 9 o 10 más de la noche. Cada taller deja a sus asistentes con imágenes, pensamientos, dudas sobre el quehacer creativo; de la misma manera,  muchos párrafos al que nos enfrenta Craquelado, nos puede dejar rondando una idea, por tiempo indefinido.

 

En este libro, algunas veces sonreímos con sorna pues nos acerca, con esa magia de la ironía, a casos o momentos específicos, como cuando dice:

 

“El lector es el fantasma del libro”

 

“Amor propio hay que tener, mas no a la hora de escribir; a la hora de escribir hay que tener amor por los demás”

 

“Si no mides tus silencios, ¿cómo podrás medir tus palabras?

 

“—Soy lo que la poesía hace de mí.

—Pues ya déjala. Por lo que se ve, nomás te maltrata…”

 

Si bien es cierto, Craquelado, aborda como eje central la creación en sus diversas manifestaciones, y su poética; es también un fruto de los talleres que imparte el maestro, sin embargo estos talleres, o al menos el Taller Itinerante, que es al que me he acercado (he de confesar que más que como una alumna ejemplo, como una aprendiz cometa); se convertía en momentos, en más que un taller artístico, en una comunidad de creadores, llegando más allá de la búsqueda hacia el buen verso, o excelente frase, o el tono de la nota musical, o la transmisión de alguna emoción, esta comunidad de creadores, junto con Ricardo, es una especie de taller para la vida, y así, en el libro que nos ocupa, existen aforismos, reflexiones, iluminaciones (no quiero encajonar esos momentos de luz al que nos lleva Yáñez), pues además de ser útiles en un aprendiz artístico (que todos siempre todos lo somos), son útiles en cualquier ser humano pues nos habla, sin sermones de valores universales, de aprendizajes que la experiencia le ha brindado y nos comparte, sus reflexiones, sus vivencias filosóficas:

 

“Aceptar con sencillez, la sencillez no es asunto sencillo”.

 

“Ser feliz es fácil, pero cómo cuesta trabajo”.

 

“No te exijas ser feliz, pero procura estar contento”.

 

Quiero finalizar diciendo que el poeta Ricardo Yánez, además de haber recibido importantes reconocimientos por su obra poética, ha sido el creador de una metodología interdisciplinaria de talleres de creación artística y que este libro: craquelado /hacia una poética del taller es un testigo fiel de su entrega en la formación de creadores artísticos a lo largo de país. Es un libro que, al tenerlo entre nosotros, se convierte en una herramienta indispensable, que no debe faltar en la biblioteca personal de poetas, narradores, dramaturgos, ensayistas, músicos, artistas plásticos, bailarines; de todos los creadores de arte, pero también de todos los que disfrutamos de los libros escritos con maestría y sentido del humor.

 

 

Craquelado, Mantra, México, 2018.

Visto 605 veces Modificado por última vez en Jueves, 07 Junio 2018 03:57
 Isolda Dosamantes

Biografia Dosamantes Isolda

Isolda Dosamantes nació en el estado de Tlaxcala, México (1969). Tiene la Especialización en Literatura Mexicana por la Universidad Autónoma Metropolitana y el diplomado en Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Ha publicado diversos poemarios entre los que destacan Altura Lustral (2001) y Utopías de Olvido (1997). Colaboró en diversas revistas culturales entre las que destacan Textos, Tierra Adentro, y Molino de letras. Figura en algunas antologías como Eco de Voces Generación poética de los sesenta (2004), Melíferas Bocas, (2004), Para tu exclusivo placer (2003) y en las selecciones Sueños que a plena luz evaporan los soles (1993) y Nos queremos casar de rojo (2001). Ha sido profesora del CEPE UNAM, profesora invitada de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, China y actualmente se desempeña como profesora en la Universidad de Xiangtan, China
 

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