Sábado, 26 Mayo 2018 07:21

CUANDO LA SELECCIÓN GANÓ LA COPA MUNDIAL / Roberto López Moreno /

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CUANDO LA SELECCIÓN GANÓ LA COPA MUNDIAL

Roberto López Moreno

 

 

 

 

Había sido una situación bastante difícil. En mis años de cronista no había visto algo igual. Hasta le oí decir por televisión que en sus años de cronista no había visto algo igual. Será que sucedió del otro lado del Atlántico, pero desde aquí, desde Bristol, hasta donde me llegaban las noticias directas de Londres, nunca había leído algo igual. Yo, quien escribe estos párrafos, he oído decir a más que muchos, que nunca habían sido testigos de algo igual. Había un eco que repetía colectivo desde todos los rumbos: “nunca habíamos visto algo igual”.

   El pueblo entero se había levantado enardecido, en el desquicio que da la furibundia absoluta. “Ni un campeonato más en nuestro país”, la consigna en ese tono remachaba los oídos brasileños, pero habían ido más allá de las oceánicas distancias y más acá, hasta los latires profundos de los pechos, oceánicos embravecidos. “Ni un campeonato más”

   Las protestas se extendían por las espirales del vertiginio y estallaban en los mercados, en las estaciones del “metro”, en las entradas de los estadios, en las plazas públicas, en todos los sitios propicios para las concentraciones masivas. “Ni un campeonato más, ni una farsa más, ni un ultraje más a la inteligencia del pueblo”. El grito se repetía en los parques y carreteras, por eso fue rebotando y creciendo hasta las demás ciudades. Al poco tiempo ardía ya en el país entero. “Estamos en contra de la burla” se oía a veces; “estamos contra el desfalco, el despojo, el abuso, el fraude” a veces se oía. Pero siempre se oía, veces y veces.

   “No más circo” “No más circo”. ¿Pero todo un pueblo arrebatado por la ira iba a poder contra los oscuros poderes que dominan el planeta y sus más oscuros intereses? De nada sirvieron las huelgas en el metro, en los  centros laborales, en las universidades, entre los empleados de los complejos empresariales. Entonces la ira creció en acentos desmedidos: “No queremos ni un fraudulento Campeonato Mundial de Futbol más en nuestra patria”. “Ni en el mundo”, se oían otros ecos. En mis años de cronista, de la vida, nunca había visto ni oído algo igual. Fue cuando se cerraron más y más los caminos de un dialogo desde antes imposible. Y hubo un momento sombro, sombro, sombro, más sombro aún, y todavía más sombro, en el que se perdió toda posibilidad de poder hacer la narración fidedigna de lo sucediendo.

   Después, cuando aclaró un tanto la atmósfera, se supo de la increíble venganza de los poderes terribles, el incendio total del Amazonas complicó aún más las cosas. Una parte vital del planeta había sido dañada de muerte como desquite de los perversos. El cerceno eran cenizas. El planeta había quedado manco. Los organizadores del engendro repugnado con el fin de no quedar en el total ridículo decidieron ese año donar la Copa. Pero, se había llegado a tanto que, silenciosamente los equipos concursantes en el torneo empezaron a emprender el regreso a sus países. Todos se hacían disimulados y regresaban cabizbajos a sus lugares de origen. Nadie volteaba “ni un pelo” la mirada para mirar siquiera a la Copa amada (hubiera intentado algún poeta). Qué sigilo aquel, uno a uno regresaban los silentes grupos, nadie quería la donación… o quizá sí, pero no se atrevían a aceptarla. Entonces fue cuando los eternos perdedores vieron llegado su momento. Siempre hay un momento del momento. Nunca se había visto algo igual (el cronista). Fue cuando la Selección Verde de Futbol vio dar un categórico vuelco a su destino. ¿La Selección verde? Sí, la de los ratoncitos… Ah sí, la selección verde. Fue el año en el que ganó la Copa Mundial. En cada país, en cada urbe (en Bristol, en Huixtla, en las principales ciudades del mundo, se repetía su sonoro nombre), aquel grupo en desbrido algarábico había logrado por fin su dicha más anhelada. Habían alcanzado por fin la tan deseada Copa. En un punto del planeta la cohetería hacía revolotear en las alturas a un ángel que se desparramaba dorado de orgullo y alegría.      

  

                

 
Visto 219 veces Modificado por última vez en Jueves, 07 Junio 2018 04:16
Roberto López Moreno

Roberto López Moreno. Entre más de cuarenta títulos publicados se encuentran los siguientes libros: de poesía: Décimas Lezámicas (UNAM); De saurios, itinerarios y adioses (Universidad Autónoma de Chiapas); Verbario de varia hoguera (Instituto Chiapaneco de Cultura) y Sinfonía de los salmos, también de la

332 Hablemos de poesía (UNAM). De narrativa mencionaremos: Yo se lo dije al presidente (Fondo de Cultura Económica); Las mariposas de la Tía Nati (Tercera edición en la colección Lecturas mexicanas del CNCA); La Curva de la Espiral en la editorial (Claves Latinoamericanas) y Cuentos en recuento, (UNAM). Ha representado a nuestro país en ciudades como Salta, Argentina; en Santiago de Cuba y La Habana, Cuba; Berkeley, EU; Medellín, Colombia; Struga, República de Macedonia entre otros sitios. Otro libro suyo es Crónica de la música de México

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