Sábado, 11 Agosto 2018 07:04

Recomendaciones para los certámenes literarios / Fer de la Cruz /

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Recomendaciones para los certámenes literarios

Fer de la Cruz

 

Un poeta ha ganado cantidad de premios literarios. Años atrás ya se le había descalificado de alguno de ellos, de manera no oficial, cuando un jurado perspicaz notó la misma dedicatoria (a su esposa e hijos o hijos, con todo y nombres) en más de uno de los poemarios participantes, en flagrante violación de las bases, según me fue revelado en declaración anónima de primera mano. El año pasado, a dicho poeta le revocaron un premio que había ganado en Palenque tras descubrirse que acababa de ganar otro premio en Ciudad del Carmen con el mismo trabajo, en idéntica violación de las bases.

Este poeta, nacido en Champotón, Campeche, no tuvo reparo en volver a participar en la nueva edición del mismísimo premio de Ciudad del Carmen, los LX Juegos Florales, con el ilegal envío de siete trabajos firmados con sendos seudónimos. Entrando en los territorios de la especulación, en sus ansias de ganar por las buenas o por las malas, este poeta, de nombre José Landa, envió poemarios que apelaran a diferentes preferencias estéticas posibles del jurado calificador, aumentando muchísimo la posibilidad de salir ganador. En los hechos, prácticamente el veinte por ciento de los 38 trabajos valorados por el jurado eran libros suyos. La prensa campechana ya registra que, tras abrirse las plicas, los organizadores descubrieron la violación a la primera de las bases que textualmente limita la participación a “un libro de poemas”.

Hace unos días, un poeta yucateco recibió la llamada de los organizadores de los XV Juegos Florales de Ciudad del Carmen anunciándole que, de acuerdo con el laudo, el jurado calificador le otorgaba una Mención de Honor. Este poeta yucateco —nacido en los ochentas, me limitaré a revelar— rechazó dicha mención tras escuchar que el ganador había sido el ya célebre Landa. Sabiamente, el yucateco buscó evitar que su nombre se asociara al de Landa cuya fama es precisamente de tramposo, como queda sobradamente evidenciado; digamos que “por higiene”, como ha señalado al respecto el maestro Manuel Iris.

Tras la justa descalificación del Landa, los organizadores debieron haberle otorgado el Primer Lugar al poeta yucateco autor de la Mención Honorífica. Sobre este caso, el maestro jalisciense Luis Armenta Malpica —ganador, en años anteriores, de los Juegos Florales de Ciudad del Carmen y jurado veterano en los principales premios de poesía del país— ha expresado en redes sociales lo siguiente: “las menciones honoríficas se conceden a los trabajos finalistas que están casi a la par del libro ganador. Ante la descalificación del ganador, deberían ser consideradas para sustituirlo, si es el caso, únicamente el o los libros que hayan merecido tal distinción”.

Desconocedora de estos protocolos, la institución convocante, malamente, optó por seleccionar a otro poeta, cuyo trabajo no constaba en el laudo, para declararlo Primer Lugar y extenderle la Flor Natural y los ochenta mil pesos correspondientes, despojando a un excelente poeta yucateco de la distinción y el monto monetario que legalmente le correspondían. Supongo que se habrá tratado de una decisión política de los organizadores, sintiéndose despechados por el justificado rechazo de la mención y desoyendo el criterio de los miembros del jurado, cuya honorabilidad no pongo en duda.

Yo no participé en este concurso. Con esta aclaración busco evitar que se cuestione la imparcialidad de mis palabras. Sin embargo, he participado en otros concursos que han sido ganados por el champotonero y, conociendo sus tácticas, sospecho que en aquellos premios también jugó con los dados cargados y de que nos cometió fraude tanto a mí como a la totalidad de los escritores participantes, así como a los organizadores.

En el espíritu de combate a la corrupción que se espera que impere en las administraciones entrantes a nivel nacional, y para evitar participaciones y premiaciones fraudulentas, a continuación planteo las siguientes

 

RECOMENDACIONES PARA LOS ORGANIZADORES DE CERTÁMENES LITERARIOS:

 

Sobre las bases generales.

  1. Que las bases especifiquen, de manera clara e inequívoca, que cada participante podrá enviar un solo trabajo; que las obras enviadas no podrán estar participando en otros certámenes; que no podrán participar los ganadores del Primer Lugar de ediciones anteriores, más otras restricciones que se consideren pertinentes para cada premio en particular.
  2. Que se faculte al Comité Organizador para que, luego de la entrega del laudo por parte del Jurado Calificador, se cerciore de que ningún autor haya participado con más de un libro, mediante la apertura de plicas en presencia de un notario, en estricta confidencialidad, sin la participación del Jurado Calificador y sin dar a conocer las identidades de los participantes.
  3. Que se evite la prohibición de usar epígrafes porque esto inhibe el dialogismo y la intertextualidad, efectivas estrategias disparadoras de discursos poéticos. Para prevenir guiños reveladores de la identidad del participante, que la prohibición se limite a las dedicatorias y alusiones sospechosas.
  4. Que se difundan siempre las obras ganadoras, en ediciones impresas o digitales. Este es un derecho del escritor ganador como de toda persona que quiera conocer cualquier trabajo premiado.
  5. Que se especifique en las bases que se demandará penalmente a los escritores participantes o miembros de jurados calificadores a quienes se les compruebe fraude.

Sobre los miembros del jurado calificador.

  1. Que sean foráneos de la región que abarca el certamen, para disminuir al máximo la posibilidad ya sea de favoritismos o de que, de manera honesta y casual, resulte ganador algún conocido de un miembro del jurado. Si la convocatoria es escolar, que los jurados sean estatales o municipales; si es estatal o municipal, que sean de otro estado no contiguo; si es regional, que sean de otra zona del país, y así sucesivamente.
  2. De ser posible, que además de ser escritores con experiencia y oficio en el género literario que corresponda, sean académicos en literatura. Esto amplía el conocimiento de las formas válidas de literatura en todos sus géneros y subgéneros, a lo largo de las vastísimas tradiciones y posibilidades experimentales, y reduce el influjo de los dogmas reduccionistas prevalentes entre algunos connotados maestros de los talleres literarios del país que carecen de bagaje académico en literatura.
  3. Que sean profesionales. Contrario a la concepción popular del escritor, y del artista en general, como un ser de talento innato, radiante de sensibilidad, sobre quien no se aplican los convencionalismos mundanos de probidad ética, y a quien se le pasan por alto impuntualidad, neurosis, alcoholismo, servilismo político, etc., es perfectamente válido exigir profesionalismo de cualquier escritor, en términos de cumplimiento y rigor argumentativo, en tiempo y forma, del quehacer literario que se le encomiende.
  4. Que en todo caso se les ofrezca a los jurados un emolumento proporcional al trabajo requerido, según la exigencia y magnitud de la convocatoria. Que las instituciones convocantes contemplen en su presupuesto, no solo los fondos para el premio monetario y el transporte, hospedaje y alimentación de los autores premiados —y de los bocadillos, brindis de honor, música y flores de la ceremonia—, sino también el pago puntual y sin contratiempos burocráticos de los honorarios de los jurados, y que este pago se haga efectivo a más tardar el día de la premiación. Por esta misma razón, que a los jurados se les exijan argumentos específicos y concretos —en vez de declaraciones genéricas— para defender a sus propuestas de obras finalistas por sobre los demás trabajos participantes.
  5. Evitar que el ganador de un premio automáticamente se convierta en jurado de la edición siguiente, por el simple mérito de haber ganado.

 

Sobre tiempos y plazos.

  1. Que la institución convocante revise las bases cuidadosamente y que las publique, en papel y en medios electrónicos, con suficiente tiempo para su difusión (sugiero un mes), y para la recepción de trabajos (sugiero otro mes), y para que los miembros del Jurado Calificador puedan leer cada trabajo desde sus casas así como discutir por correo electrónico, dictaminar y firmar el laudo por ese mismo medio (sugiero otro mes), más dos semanas como mínimo para la notificación a quien resulte ganador (quien requerirá de este tiempo para planear el viaje a la ceremonia de premiación); o bien, en su caso, para resolver situaciones como imputaciones o descalificación de trabajos. De este modo, un jurado compuesto por escritores profesionales no requerirá prórroga. La idea de reunir a los miembros de un jurado para que en un día lean cuarenta, ochenta o doscientos trabajos es absurda, y resulta humanamente imposible que la designación de primer lugar sea certera en dichas condiciones. Además, un premio no debe planearse de la noche a la mañana. Los organizadores tienen un año entero para organizar la siguiente edición de sus concursos. Que no actúen como colegiales procrastinadores que hacen la tarea de última hora, ya que el profesionalismo también se espera de ellos.
  2. Anunciar el nombre del escritor ganador inmediatamente después de emitido el fallo, a través de medios electrónicos, con el mismo ahínco con el que se publicitó la convocatoria, y anunciar también, entre otros datos relevantes, los nombres de los jurados. Hay que considerar que sólo entonces los participantes que no resultaron ganadores quedarán libres de mandar sus trabajos a otros concursos.

 

Sobre certámenes específicos en Yucatán.

  1. En el caso del Premio Nacional de Poesía Experimental “Raúl Renán”, que la administración estatal entrante lo reactive como merecido tributo al maestro —junto con los demás premios de la extinta bienal—, y que sus jurados sean, además de los puntos arriba señalados, realmente conocedores de las vastísimas posibilidades de experimentación poética.
  2. En el caso del Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Mérida”, que la administración entrante lo reactive. Que se permita la entrega de trabajos por e-mail, en Word o PDF, ya que sólo así se posibilitará la participación de poetas merideños (de Mérida, Venezuela) y se facilitará la participación, igualmente importante, de poetas emeritenses (de Mérida, España). Que se acepten trabajos ya sea en tamaño carta o en A4, común en España. Que eliminen la ridícula exigencia de un mínimo de 10 versos por cuartilla; mejor que se exija un número total de versos en la totalidad del libro, como se estila en España, en lugar de pedir número de cuartillas. Antes de insistir en el requerimiento de una carta de vecindad, que se aseguren de que dicho documento sea fácilmente accesible en Venezuela.
  3. En el caso de los Juegos Florales de Progreso, que la administración municipal entrante los reactive, sobre todo ahora que existe ese vacío de premios estatales entre los certámenes literarios de Yucatán, ya que que los premios que eran estatales han pasado a ser regionales o nacionales o han desaparecido.
  4. En el caso de los Juegos Literarios Nacionales Universitarios de la Universidad Autónoma de Yucatán: Fueron excelentes las medidas asumidas en la edición pasada en tiempos, en formas de prevención de fraude y en la elección de jurados que procesaran la gran cantidad de trabajos recibidos. Sigan así.
  5. En el caso del Premio Regional de Poesía “José Díaz Bolio”, su convocatoria sobresale por la facilidad brindada a los poetas participantes, al recibirse los trabajos por e-mail, y también a los miembros del jurado calificador por concederles suficiente tiempo para deliberar. Sigan así.
  6. Sobre los concursos de poesía y cuento en las escuelas primarias, secundarias y preparatorias públicas y privadas: Que los directores proyecten la creación permanente de talleres literarios antes de pensar en concursos. En otras palabras, como buenos pedagogos, que piensen en procesos antes que resultados.

 

Anticipo que habrá escritores del país que estarán en desacuerdo con algunas de mis apreciaciones o con la totalidad de ellas, sobre todo cuando tengan cola que les pisen o se conciban como vacas sagradas acostumbradas a la reverencia personal y a la descalificación de quienes no los reverencien, o bien, porque consideren que sólo los practicantes de una determinada estética o los creyentes en una determinada ideología —o sus imitadores y cortesanos— tendrán la posibilidad de llegar a recibir algún mérito. Me tiene sin cuidado y celebro el derecho de disentir. Aquí apelo a la buena voluntad de las y los funcionarios de Cultura que lleguen a tener a su cargo la organización de algún certamen literario. Que cada quien tome lo que le sirva de estas recomendaciones y las adapte a sus necesidades, limitaciones y alcances específicos con criterios éticos y literarios por igual.

Visto 393 veces Modificado por última vez en Domingo, 19 Agosto 2018 17:38
Fer de la Cruz

Fer de la Cruz, M.A. (1971).

Tras graduarse del Máster en Español por Ohio University, fue profesor fundador de la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes, en Mérida, Yucatán, por cuatro años. También impartió dos semestres del Seminario de Escritura Creativa en la Universidad de Quintana Roo. Actualmente coordina el plantel Centro Histórico del Centro de Idiomas del Sureste. Recibió dos premios nacionales, dos regionales y dos estatales de poesía. En sus libros, transita del poema lírico al narrativo, de la tradición a la ruptura, del amor a la sátira (mejor reír que llorar) y viceversa.

 

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