Martes, 14 Agosto 2018 05:24

EN DEFENSA PROPIA / Marco Ornelas /

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EN DEFENSA PROPIA

 

 

Creo poco y en pocas cosas, pero en esto, es en lo que ahora creo... Más que en la realidad estática, creo al igual como lo percibió Heráclito, en el devenir, en el constante cambio, en el ser que esta siendo. El río que corre y baña siempre es otro. Las ideas mutan y las reflexiones se transforman. Que mi pensamiento nunca tienda al autoritarismo, que no se convierta en dictadura, que no desangre la realidad, con tal de conseguir el encuadre con un sistema de creencias estéticas, morales, políticas o filosóficas cualesquiera que sean; que mi pensamiento sea flexible, sin caer en lo lacio, que mi pensamiento sea una contemplación y análisis del mundo, que mi pensamiento sea un diálogo con los hombres y conmigo mismo. Que mi pensamiento siempre permanezca coetáneo del momento histórico. Las ideas de las masas profieren mentiras, los filósofos establecen sofismas. Rechazo a lo recalcitrante, renuncio a los sofismas. Detesto los autoritarismos y creo poco en lo inmutable. Elijo el pensar libremente. En mi transitar por los vericuetos de este mundo, me he topado con los moralistas, y los moralistas me consideraron amoral, me he topado con los ateos, y los ateos me consideraron religioso, me he topado con los religiosos, y los religiosos me consideraron hereje, me he topado con los marxistas, y los marxistas me consideraron burgués, me he topado con los burgueses, y los burgueses me consideraron marxista; y todo esto, sólo porque nunca me he encuadrado a ningún sistema de creencias sin criticarlo duramente en sus fallas. O estoy con ellos y los solapo en sus bajezas, o soy su enemigo a eliminar, no hay más. Escojo el pensar libremente. El encuadramiento sin crítica desemboca en la esterilidad, las semillas estériles nunca dan fruto. Las dictaduras no tiene más vida que la espera de la muerte.  Toda persona posee una cosmovisión, ya sea en su aspecto noemático, o bien, en su faz noético. Es decir, todo ser humano hereda sus ideas, o bien crea su propio conjunto de las mismas mediante la reflexión y la crítica detenida. De la herencia inconsciente a la elección conciente y crítica, elijo la segunda. Romper con lo fallido del pasado y crear superándome hacia el futuro, es el camino que decido transitar. Más que en la guarda de la tradición, apuesto por el cambio evolutivo en pro siempre. De entre las concepciones del mundo más importantes como lo son: la idealista, la realista, la teocéntrica, la pesimista, la voluntarista y la existencialista, mi balanza se inclina hacia el existencialismo, y quizá, se incline todavía más, hacía el existencialismo del francés Gabriel Marcel. A la pregunta metafísica, ¿qué existe?, contestaré con otra pregunta: “¿Quién existe?”. Y para contestar a esta pregunta me apoyaré en el argumento del filósofo alemán Martin Heidegger, del “Dasein” contestaré: yo existo, pero inmerso en la realidad mundana. Yo existo, pero mi existencia esta en el mundo. Soy en el mundo, por lo tanto el hombre puede entenderse como un “ser en el mundo”, “el ser ahí”, o como establece Camus: “Puedo sentir mi corazón y juzgar que existe. Puedo tocar este mundo y juzgar también que existe. Ahí termina toda mi ciencia y lo demás es construcción” El hombre es arrojado al mundo desde que es viable (viable que se desprende del seno materno con vida). El hombre es el lugar en donde se elucida y se manifiesta el ser. Lo típico del hombre es la existencia y estar arrojado en el mundo. Lo común del hombre es vivir en una maraña de relaciones. El hombre es cuidado, libertad, trascendencia y temporalidad. Lo auténtico del hombre dice Heidegger, es que es un “ser para la muerte”. Por lo tanto, Y mundo. Estar en el mundo es vivir. Vivir es encontrarse en ese arrojo con cosas, con idealidades, con situaciones específicas y resolverlas. Vivir es fluir en el tiempo, vivir es encontrarse con lo otro y los otros. Yo y el mundo existimos de manera inquebrantable. Vivir pues, es estar en el mundo. Vivir es el transito para la muerte. Vivir es elegir. Ser en el mundo es vivir. Descreo totalmente que se pueda captar con la razón humana el fundamento último. Dudo mucho que la realidad del mundo y del hombre puedan resumirse en un concepto. Me convence más, pero no del todo la realidad irracional. Me siento inhóspito en los pensamientos absolutistas. Descreo sobremanera de pensadores como: Leibniz y Hegel. Siento más calidez en filósofos como: Marcel y Heidegger. Más que negar los alcances de la razón, reconozco sus limitaciones. Si el racionalismo tergiversa la realidad, entonces elijo las descripciones de las vivencias existenciales, quizá, me inclino por la fenomenología, o por algo muy parecido a la fenomenología como vía de conocimiento. La duda conduce a la seguridad, estableció René Descartes. Más que acercarme al nihilismo, me distancio de la postura de aceptar todo sin haberlo pasado por el embudo del análisis. La crítica es el abono de la ideas del hombre. Mi vida, la vida del hombre, es un tránsito, un viaje, totalmente una aventura. Me atraen profundamente los viajes. Odiseo es mi signo y Proteo mi vía. Es necesario lanzarse a buscar como un viajero para encontrar nuestra Ítaca. Sin duda creo que las conquistas le rinden tributo a los fracasos. No me convence del todo la teoría de los valores preestablecidos, creo más que la existencia es anterior a la esencia. El hombre antes de todo existe y después se define. Encuentro más elocuencia en la teoría del hombre envuelto en situaciones, y resolviéndolas, y así, dando a luz a los valores, que valores que le anteceden. Creo más en el recogimiento personal que en la objetividad para  resolver los dilemas hombre-mundo. Los hombres actúan y sus acciones se convierte en actos loables o viles. No somos espectadores, somos protagonistas. No somos maquinas que acatan funciones, somos humanos con libertad. Por supuesto que algunas acciones de los hombres son imitables, porque somos seres de experiencia, historia y decisión; pero el momento histórico es cambiante siempre. Acepto que algunos actos de los hombres excepcionales han transgredido las barreras del tiempo, y su actuar sigue siendo hoy digno de emulación. El ejemplo de uno de estos hombres extraordinarios fue el de Jesucristo: la kénosis de Dios. La Divinidad que se hizo Hombre, y su pedagogía no fue otra, que crear actos que se bautizaron con la palabra amor. Él vivió el amor, lo describió con sus actos, sus teoremas fueron sus acciones. Desechó los códigos y renunció a las fórmulas. Resolvió su drama con la única acción que probó toda su vida: el amor.

 

 

 

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“Ama y haz lo que quieras” concluyó el obispo de Hipona, siguiendo el ejemplo del resucitado. La axiología se fundamenta más en acciones loables que en leyes maquinadas por el cerebro humano que en la mayoría de los casos nada tienen que ver con la realidad. Mi fe está puesta en el Nazareno, pero mi debate sigue vigente contra las anomalías de las instituciones que lo representan. Los hombres no somos Dios, debemos de criticarnos para liberarnos de nuestros errores, la crítica no es un juicio, los juicios implican sentencias: absolución o castigo, la crítica sólo concluye, analiza: trata de corregir los posibles errores.  Criticar no significa dejar de amar, sino fortalecer lo que amas. Las iglesias son gobernadas por hombres, los hombres no somos Dios, nos equivocamos, debemos bajar la cabeza ante nuestras equivocaciones. La fe religiosa no es una herencia sino una elección. Elijo la kénosis de Dios, el resucitado. Ser un coetáneo del momento histórico es lo que anhelo ser siempre. Se me hacen ridículos los anacronismos nostálgicos. El tiempo pasado nunca es mejor, en todos los momentos de nuestra vida siempre habrá tristezas y plenitudes. Habito en el siglo XXI, en el momento histórico que se ha denominado posmodernidad. En la posmodernidad, se tiene experiencia e historia de que no existe la verdad absoluta, de que no existe una historia universal de la humanidad.

 

 

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Pero ¿qué existe a cambio? la diversidad racial, la diversidad sexual, la diversidad religiosa y la política. Todos existimos y coexistimos en este mundo, el diálogo es la salida para las diferencias, el consenso es mejor que Auschwitz o el Gulag soviético. Apuesto por la Belleza, creo en la Belleza que salva. En la redención del hombre por el arte. Creo poco y en pocas cosas, pero esto es, en lo que ahora creo.

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Marco Ornelas

Poeta y ensayista. Estudió Derecho en la Universidad La Salle (1997-2002); también ha recibido cursos de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato. En 2011 La editorial La Rana de Guanajuato, publicó su poemario: Variaciones de la voz alcanzando el tono. En 2013 la Universidad Iberoamericana, León, publicó uno de sus cuentos en la antología Poquito porque es bendito, . Obtuvo el primer lugar en el "Torneo de poesía Guanajuato 2014 (Adversario en el cuadrilátero)".

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