Sábado, 01 Septiembre 2018 05:41

A la medida, Talla 53 Lo puro puesto Víctor Hugo Díaz, Editorial Cuarto Propio, Santiago, Chile, 2018 Por Susana Reyes

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

 

 

A la medida, Talla 53

Lo puro puesto

Víctor Hugo Díaz, Editorial Cuarto Propio, Santiago, Chile, 2018

Por Susana Reyes

 

 

                                                                             “Cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida”

                                                                                                                                                   Jaime Sabines

 

Así transcurren los versos de Víctor Hugo Díaz, poeta chileno (53 años), en su reciente libro Lo puro puesto, publicado en Chile y presentado en México, como en una sucesión de fotogramas, que nos muestra los momentos vividos desde la perspectiva de las cosas, los sencillos actos donde aparece el yo como un fantasma.

 

En una actitud de desdoblamiento la voz lírica nos guía por el libro dejándonos saber sus intenciones:

 

Es solo abrir los ojos

y escuchar cómo se construyen los edificios

desde arriba.

Comienzan por el último piso

y el primero… se guarda para el final

 

Cada poema nos devela la materia prima del edificio que es esa vida que la voz lírica va construyendo,  reconstruyendo, o quizás deconstruyendo, desde arriba hacia abajo, mostrándonos piezas, materiales, detalles. Desde el juego de abrir el libro en una Escena Secundaria, la analogía de la construcción hace iniciar el libro por los pisos superiores, y poco a poco vamos volviendo la vista hacia atrás con la consciencia de lo vivido, y entonces observamos y redescubrimos la fundación.

 

Jugar con piedras es sinónimo de vitrina rota

de espejos nuevos o packs de cerveza vacíos

traiciones de plástico

y castillos de arena antisísmicos

que al día siguiente nadie recordará

 

Pero lo primero y lo esencial se ha quedado en la memoria. A fin de cuentas, dice el poeta, “Los recuerdos como los libros / se pueden ordenar en estantes y repisas / clasificarlos por tema, por edad, por dolor”. La memoria siempre se actualiza, cada vez que volvemos a un recuerdo, éste es tamizado por las experiencias inmediatas que nos hacen verlo siempre de otra perspectiva, aunque el hecho siga pareciendo el mismo, aunque después ya no lo recordemos. En esa primera parte, en los pisos superiores, esos instantes parecen disiparse.

En la Primera Escena, que es la segunda parte del libro, la voz lírica se interpela a sí misma:

 

Lo más extraño eres tú

ese al que le estoy hablando, a mí

 

Nos reuniremos este verano a ver la puesta de sol

alrededor de una fogata apagada y humeante

sobre arena usada para la Construcción

pero muy lejos del mar.

 

Esta voz que deja el mensaje, nunca pisa la sombra

que proyectan los cables de Alta Tensión

 

Y reconocemos el aquí y ahora, ese instante en que pareciera que no hay vacantes para terminar de construir la edificación que somos, y en adelante del poemario descubrimos una voz más colectiva, pero atrapada en un círculo vicioso de búsquedas, carencias, de formas de resolver que no son más que nuestra propia esencia: vivir, morir, vivir para morir, o morir para vivir.

 

Después de sembrar los terrenos con gente

y con techos

cada familia cosechó diez ladrillos de adobe

 

Así construyeron su escuela.

 

Y en estos poemas de la segunda parte vemos la construcción atropellada de nuestros cimientos, de un colectivo que siempre se agrede, la piedra no solo es material de construcción, sino también un arma que acomete contra nosotros mismos en el momento menos pensado.

Así transcurrimos, parece, a fin de cuentas sólo tenemos lo puro puesto que es la vida entera que recorrimos y que a veces ya ni siquiera podemos recordar. Lo puro puesto de Víctor Hugo Díaz, hoy, es la Medida de la Poesía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A todo eso que es visible.

                                                                        a lo que sucede entre dos espejos, frente a frente,

                                                                                                                                            mirándose

 

 

 

MATERIALES LIGEROS

 

Las pisadas de los que huyen

se pueden escuchar durante la sequía

 

son el crepitar de flores

y pastos muertos del año anterior

donde cada paso dice algo

 

historias inconclusas que suceden

entre Estaciones del Metro

o construcciones de material ligero

que los puertos y el aburrimiento

de no sentir miedo        

se llevarán

 

odios amados que se cocinan por horas, un día a la vez

a fuego lento durante años

en este vertedero de puertas abiertas;

pero clausurado a los que piensan escapar.

 

Islas que nunca han visto el agua

apenas calles pavimentadas

y explosiones extranjeras fabricadas

                                   para reunir a los amigos

pero solo a los que puedan recopilar extremidades

armar el rompecabezas

y después sepultarlo.

 

Cuando al lado solo hay dinero falso

y la respuesta es: no me acuerdo

no sé lo que hice ayer

era el último Teléfono Público de monedas

solo             

en el Centro Comercial      

mientras nadie llegaba

por el camino bloqueado     

huérfano de pies.

 

Los barrenderos saben rastrear el peso y tiempo

que dejan los desperdicios sobre tierras depiladas

también leen el silencio que cometen las hojas secas

junto a árboles desnudos exhibiéndose en público

                                                       una tarde sin viento.

 

Pero no importa, todos han vuelto, nadie huía

ya crecieron los pastos         

levantaron nuevos techos

regresó la lluvia.

 

 

 

HELADOS

 

Los dedos nunca andan solos

Escapan desde el otro lado de la ciudad

manchas de sangre y semáforos en rojo

conduciendo un carro de Supermercado

                                            lleno de ganancias        

a exceso de velocidad.

 

Como el trabajador del frigorífico

que abre temprano el negocio

                                          antes de los disparos

a la hora en que se decide dejar la infancia

                                                        y envejecer

para ser adolescente por décadas

empuñando un arma casi falsa

mientras lo único sembrado

ya comenzó a reproducirse.

 

Un buen golpe madura bajo el sol

primero se arrojan las redes

para ver si amanece

                                        los anzuelos, después

-el que mira a todos lados y sus llaves

                                                           son la carnada-

 

Pero la luna siempre es quien dice la verdad

justo antes de eyacular en su cara

bajo amenaza de no contárselo a nadie

Escombros que sirven de pantalla

a una casa de seguridad en Ciudad de México

donde alguien se lava el culo

                                           ensuciado por nadie.

 

Ahora parece que todos los pájaros

con un mensaje atado a la pata

perdieron su dirección para repartirse el botín

La colilla de cigarro que siempre

quiso provocar un incendio

antes de apagarse.

 

Hoy es el día más caluroso         

y los Helados seguirán vendiéndose en las calles

 

Pero el dinero, por fin, se derretirá en otras bocas.

 

 

OBJETOS CULPABLES

Lo primero sería sentarse

a deletrear la palabra DESIERTO

 

al lado izquierdo de un crimen recién cometido.

 

Porque la culpa será siempre de los objetos

objetos sospechosos en la escena

armas, sobrenombre.

 

Al parecer, quedaban deudas pendientes:

un lago que se evaporó en sólo una noche de lluvia

o el deseo de Feliz Cumpleaños

que nunca, nunca se cumple

 

donde la sangre se esparce y fluye

por las imperfecciones

por la geografía mal terminada del suelo de cemento

barricadas levantadas con materiales ligeros

 

prueba suficiente de un trabajo mal hecho

pero que al menos sirvió

para dejar escrito su último mensaje.

 

Así es la suerte, sólo para algunos:

el primer recluta muerto en una guerra

o el último, segundos antes de la rendición incondicional

cuando la intemperie, el agua o la tierra seca no importan

 

tampoco el vidrio polarizado antibalas CNI

que al final alguien bota de su casa

para obtener la clave de la caja de seguridad

donde se guardan los recuerdos que nunca serán

 

donde se esconde ese vello púbico

depilado tantas veces, hecho de tiempo sintético

de ese que se vende en todas las ferreterías

en oferta, hasta agotar el stock.

 

Igual a estar desnudo en posición fetal

en medio de las piedras o de la vegetación y la brisa

 

extrañando lo bello y tóxico

                                         de las aguas contaminadas

el sudor del sol         su brillo dorado

el precio en oro de todo lo que no se tiene

 

dorado seco en la piel                    todo el día

esperando el brillo de una limosna.

 

“Viajero, si escapas de esta cárcel

                                                  y vas a Esparta

diles a todos que nos rendimos, que fuimos culpables

que nos apuñalamos tras las rejas

en cumplimiento de su Ley”

 

 

LOS LÁPICES NO SABEN ESCRIBIR

 

 

No saben mentir

menos cuando están lejos de su casa

su periferia  y los vertederos vivos

 

cárceles concesionadas

o las terribles consecuencias

que pueden dejar el rocío, el cambio de Estación

y lo rico que es

saludar en invierno a los extraños.

 

El martillo sólo sabe de clavos

pero escucha entre golpe y golpe la vibración y el ruido

que hacen los muebles que se mueven en el piso de arriba.

 

Los lápices tampoco saben leer

nacieron con síndrome de abstinencia

                                                          ya de fábrica

en medio de una fotografía digital

la familia retocada en sepia, suplantando a lo que no fue

con la misma mirada

a que huele el combustible de alto octanaje

 

una voz inflamable que se deja ver

pero que no se oye

 

tan sólida como el vacío

que prefirió quedarse en esa habitación

ya remodelada hace tantos años

 

donde las cajas de cartón todavía están ahí

embalando objetos y evidencias

 

el Estado Físico de la Materia

de esos recuerdos, una mañana

                                    donde todo se hizo tarde.

 

El que nunca supo a qué especie pertenecía

cuáles insectos

                           la hierba

                                            esos desperdicios

y los arbustos a la orilla del camino.

 

Visto 2073 veces Modificado por última vez en Martes, 04 Septiembre 2018 20:55
SUSANA REYES

SUSANA REYES

(El Salvador). Profesora y licenciada en Letras por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA, y egresada de la Maestría en Estudios de la Cultura Centroamericana, opción Literatura de la Universidad de El Salvador. Ha trabajado como docente de lenguaje y literatura en diversas universidades y ha participado en programas de formación literaria para jóvenes y maestros. Ha impartido talleres de teatro para estudiantes. Coordinadora editorial para Índole Editores. Preside la Fundación Claribel Alegría. Imparte talleres de creación literaria para jóvenes y adultos. Ha participado en montajes teatrales con el grupo La Calle, fue coanfitriona del programa radiofónico “La bohemia” en YSUK en los años 90. Pertenece al Grupo Literario de Mujeres Poesía y Más. Ha trabajado como gestora cultural para la realización de diversos eventos de formación y promoción de temas relacionados con la literatura y la edición. Ha publicado: Los solitarios amamos las ciudades, Postales urbanas y vitrales e Historia de los espejos. Aparece en diversas antologías nacionales e internacionales, recientemente en la antología La poesía del siglo XX en El Salvador ( Visor, 2012). Ha participado en investigaciones relacionadas con poesía de mujeres y el estado de la literatura en El Salvador..

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.