Sábado, 08 Septiembre 2018 05:47

Ángel Vargas: Periplos “ni tan allá ni tan acá” de lo doméstico Por Daniel Olivares Viniegra

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Ángel Vargas: Periplos “ni tan allá ni tan acá” de lo doméstico

Por Daniel Olivares Viniegra

 

A partir de 2015, Ángel Vargas ha saltado, si no a “la fama”, sí a una recurrente visibilidad, luego de que resultara ganador del VII Premio Estatal de Cuento y Poesía María Luisa Ocampo, gracias su libro El viaje y lo doméstico, cuya más reciente presentación tuvo lugar en el Feria Infantil y Juvenil del Libro Pachuca 2018. Ya antes, en el 2012, este poeta había obtenido el primer Premio Estatal de Literatura Joven (en la categoría de Poesía) del Instituto Guerrerense de la Cultura y el Premio Estatal de Bando Alarconiano en 2013.

Acapulqueño de origen, es autor también de los poemarios Díptico (2015), A pesar de la voz (2016) y Límulo (2016), labor que le ha permitido ser parte del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico de Guerrero y al Programa de Jóvenes Creadores del FONCA.

En cuanto a El viaje y lo doméstico, debe decirse que deviene una propuesta ciertamente deleitosa no sólo por su muy acertada propuesta de diseño (obra de Carlos Adampol Galindo Rodríguez), sino por las innovaciones o retos que se plantean desde la concepción general de su arriesgado discurso poético, y es un libro al que podríamos definir, de paso, como todo un compendio de brevedad aforística, tejido entre poemas de los que se van, de los que vuelven, de los que extrañan casi todo y de los que se mueven por necesidad (o no) casi del todo permanentemente. Un libro escrito, paradójicamente, “al tiempo que para no olvidar; para dejar ya en el pasado todo aquello que de algún modo lastima”, según explica el autor. Pero más allá de ello, y ya apropiándonos de la materia que nos deja ver “sobre la mesa”, el recurso que más destaca es el ludismo mediante el cual, por ejemplo, se propone al obligarnos a concebir todo su poemario como un mapa en el que coordenadas geográficas precisas aparecen en sustitución de los títulos de los poemas:

 

[16°52’25.4”N 99°53’08.2”W]

Cómo ubico en un mapa
el día en que nací,
el hospital en que mi madre dijo
esto es el mundo.

Cómo hallo en el tiempo
una imagen que no existe más
en la memoria,
si la memoria no puede medirse en latitudes.

 

Y es aceptando de entrada este recurso, como iniciamos un satelital acercamiento sobre un tejido de nodos que suponemos interrelacionados biográfica y geográficamente, para –a continuación– centrarnos ya de manera voluntaria (o del todo procedentemente inducida) en la temática del viaje, de los desplazamientos, de las partidas y los regresos, de los abandonos y los reencuentros; de los aprendizajes exteriores, pero también de los reacios y recurrentes apegos; éstos últimos, los dedicados justo a lo que somos por esencia, por necedad (o por necesidad) al sabernos tal como somos; un trazo entonces de un devenir: del ir(se) y regresar al hogar, a ese espacio ubicado a la vez dentro del ente llamado nosotros mismos,  así tan insólita, rebelde y reiteradamente tan cotidianos.

En el trayecto, o mejor dicho mediante sus múltiples trayectos y sus, a veces, casi siempre “fatigosas” incidencias, este poeta se confirma como un espíritu inquieto, a la vez que rebelde revelador de muy diversas realidades. Sin escapar del dolor ante lo social, y aunque tampoco desgarrándose las vestiduras, prefiere confirmarse como lo que es: un ser un tanto hedonista (y en ocasiones hasta un tanto cínicamente egoísta), mismo que, sin embargo, no queda exento de virtudes, la mejor de ellas su vocación por la belleza o su aspiración por lograr que prevalezcan los muy diversos placeres del mundo, mucho de lo cual finalmente nos comparte.

Asumida tal actitud, un reclamo y un autoflagelo parecen también manifestarse casi todo el tiempo, si bien estos mea culpa resultan igualmente lenificados por la ironía, el humor, el desenfado.

Como ya hemos adelantado, algunos malabares formales, que no dejan de ser incluso arriesgados trucos visuales (o hasta cinematográficos), como el conducirnos por breves tramos observando la línea blanca de la carretera… confirman el afán propositivo de este creador, quien, por lo demás, no rehúye cierto prosaísmo o la aceptación de neologismos  como síntoma de su modernidad… en tanto que en lo filosófico absorbe, degusta y asume las consecuencias de nuestra también aporística manera de aposentarnos en el mundo: nos perdemos para recuperarnos, incluso sin ir hacia ninguna parte (diría proustianamente); al tiempo que al irnos alejando extrañamos ya (casi al momento) lo que hemos sido o hemos dejado detrás; de la misma forma que, apenas al llegar, expresamos ya añoranza del pasado cuando no una apremiante sed de futuro; tal y reiterada es la circunstancia y la quejosa contradicción con la que este poeta nos confronta desde el título; lo mismo que inclusive desde sus acertados epígrafes que nos remite hacia la ingente aventura de pensamiento y viajes hacia todos los confines (no solamente terrenos) que han ejercido seres que, como José Lezama Lima, escasamente y si viajaron fuera de su ciudad o inclusive de casi su propia casa. Así viajes en el tiempo y en el espacio (o en el tiempo y espacio del ser) se imbrican y dan densidad a este planisferio personal que, como ya decíamos, no deja de ser una deliciosa aventura que vale la pena compartir.

El jurado correspondiente premió a este libro “por tratarse de una colección que resume una mirada de lo doméstico, a través de una mirada de lo inmediato y la creación de atmósferas sugestivas”, ponderando además la claridad de “una poética que plantea su aventura en lo próximo y en lo íntimo”. Dictamen ante el cual, por supuesto, nada objetamos, sino al que aducimos lo que aquí queda apenas esbozado.

 

***

Ángel Vargas. El viaje y lo doméstico, México: Praxis / Secretaría de Cultura de Guerrero, 2017.

Visto 1891 veces Modificado por última vez en Jueves, 20 Septiembre 2018 04:46
Daniel Olivares Viniegra /

Daniel Olivares Viniegra

(Hidalgo, México, 1961). Es dos veces normalista y universitario. Académico y promotor de la cultura. 

Es autor, entre otros, de los libros Poeta en flor..., Sartal del tiempo, Arenas y Atar(de)sol. Colabora además en diversas revistas, ya formales, ya virtuales.

Premio Interamericano de Poesía, Navachiste 1995. Pertenece al Comité Editorial de la revista electrónica El Comité 1973 y es coeditor del proyecto Humo Sólido.

 

 

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