Domingo, 09 Septiembre 2018 04:07

El boom de la poesía mexicana Guillermo Fernández Rentería (primera parte)

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El boom de la poesía mexicana

Guillermo Fernández Rentería

I

(Las editoriales como campo de batalla)

Es indudable que la poesía se ha vuelto el ciclón del movimiento literario en México en estos últimos tiempos. Me refiero de tres o cuatro años para acá. Lógicamente todo boom tiene como antecedente un trabajo y un trasfondo, pero no abarcaré ese tema por el momento. Por ahora baste decir que el boom está aún en su comienzo, pero queda ya claro que tendrá un largo camino. Por qué hago esta afirmación, por- que no bastó con la aparición de un Mapa Poético Del silencio hacia la luz, concebido por Adán Echeverría y Armando Pacheco, con Ediciones Zur, o la reciente aparición de la ya tan polémica antología de poesía y sus editoriales 40 Barcos de Guerra (que ostenta el título de autogestiva), articulada por los editores de Verso Destierro, sino que ahora también los editores alternativos del medio tradicional no quieren quedar- se atrás, e impulsados por el Fondo de Cultura Económica se lanzan a reunir a 50 editoriales.

Si hacemos el recuento de todos los proyectos convocados por estas tres iniciativas llegaremos a cifras no espectaculares, pero que hablan ya de un nutrido grupo de profesionales que se están jaloneando en este libre mercado del libro literario, y en especial, el libro de poesía. Por un lado —hablando editorialmente— la coalición de 42 editoriales logró una antología, que más allá de sus alcances poéticos, ha roto con el hito de la mala distribución, por no decir pésima por difícil (o que para otros es imposible) de la poesía mexicana. Por otra parte tenemos al Fondo de Cultura Económica, con una amplia red de distribución convencional, apoyando, con un costo mínimo por derecho a stand de 1, 200 pesos, a los 50 editores alternativos que componen esta muestra y venta de libros. De estos 50 proyectos, 3 están incluidos también en la antología de 40 Barcos de Guerra, con lo cual tenemos una cifra, si sumamos los 42 proyectos reunidos por Verso Destierro, y los 47 de la feria del Fondo de Cultura Económica, 89 proyectos totales. Esto sin contar a Ediciones Zur, que bien valdría la pena tenerlo en cuenta en esta cifra, pues en la introducción del libro marítimo lo menciona el prologuista Adriano Rémura. Con esta última tendríamos 90 proyectos totales en lo amplio del campo de lectura.

¿Cómo podemos leer esta cantidad de proyectos activos? Podemos asumir es una cantidad sustancial, sin contar proyectos que también están en plena ebullición y que no están aquí, como Linaje Editores, Fridaura, Ediciones Eón, Editorial Andrógino, Épica, Start Pro, La Orquídea Errante, La Otra, Generación Espontánea, La zorra vuelve al Gallinero y otros tantos que seguro existen o están en ciernes, y que bien la efervescencia provocará en algún momento armen su propia flota; lo cual enriquecería esta concentración, y sobre todo la diversidad, en cuanto a lo cualitativo, de literatos.

Es en verdad sorprendente que en tan sólo cinco años el panorama de la poesía mexicana haya cambiado tan radicalmente. Recuerdo todavía esos años 90 y principios del 2000 donde el escepticismo respecto a los creadores nacionales reinaba, platicaba con compañeros de academia, con algunos autores incluso, y la expectativa era, un estancamiento, una crisis. No cabe duda que hay quienes todavía están en esa crisis. Pero para otros lo mejor ha sido la práctica, y si bien no han aterrizado, están en plena composición de sus propuestas.

Por qué hablar de un boom poético, porque de estas 90 editoriales, en principio 43 están dedicadas si no de lleno a la poesía, por lo menos sí en lo sustancial, pues editorialmente esa es la cara que están mostrando como su fuerte. De las otras 47 que tenemos en el Fondo, están algunas de las que se dedican a publicar textos académicos, políticos, libros de arte, narrativa, teatro, etc., y entre otras cosas a reeditar poetas clásicos de diferentes países y épocas. También están los que se dedican, si no de lleno a publicar autores recientes, sí por lo menos a producir colecciones donde incluyen a poetas que están sonando en los ámbitos culturales del INBA y diversas academias del país, y muchas de ellas ya con una amplia tradición. Es decir, de estas 47 editoriales podemos contabilizar, y acótenme si me equivoco, por favor, 29 editoriales que publican poesía, aunque 5 de ellas no incluyan poetas nacionales; y de las 21 restantes, 10 de ellas se dedican a la narrativa, 2 al teatro, 8 a publicaciones generales (ensayo, narrativa, divulgación, etc.) y 1 a distribuir.

 

Con esta apreciación rápida podemos sumar en total 43 editoriales de poesía por parte de los 40 Barcos, y 29 (que son mayoría) dedicadas a la poesía por parte de la feria del Fondo de Cultura Económica; es decir, tenemos 72 editoriales centradas en la poesía, de las 90 que se presentan.

El impulso viene desde lo independiente, y está per- meando lo alternativo. Parece cierta ahora esa premisa posmoderna de que lo “marginal” está dejando de existir, para volver este mundo más incluyente y amplio. Es gustoso saber que en México el boom poético está en su arranque y que seguramente nos dará peleas memorables en ese mar que es el libre mercado del arte y donde la poesía es ahora su principal arma.

Me parece importante enumerar las editoriales implicadas en la euforia editorial por la poesía. Las colocaré a renglón seguido, empezando por las que no están incluidas ni en una ni en otra, luego con las de la feria y para concluir con las de la antología belicosa, que son mayoritariamente de provincia: Linaje Editores, Fridaura, Start Pro, Épica, Ediciones Eón, La Orquídea Errante, Editorial Andrógino, La Otra, Generación Espontánea, La Zorra vuelve al Gallinero y Alias, Almadía Editorial, Azafrán y cinabrio Ediciones, el Billar de Lucrecia, Bonilla Ar- tigas Editores, Bonobos, La Cabra Ediciones, Doble Hélice, Arlequín, Cal y Arena, Ediciones de Educa- ción y Cultura, Ediciones Del Ermitaño, El Mila- gro, El Tucán de Virginia, Endora, Monte Carmelo, Ediciones Sin Nombre, Aldus, Atemporia, Editorial Efímera, Editorial Ítaca, Lenguaraz, Moho, Praxis, Editorial Resistencia, Ficticia, Juan Pablos Editor, Laboratorio de Novela, Libraria, Libros del Umbral, Libros Magenta, Literalia Editores, Lunarena Editorial, Mangos de Hacha, Mantarraya Ediciones, Mantis Editores, Nitro/Press, Nostra, Paso de Gato, Petra Ediciones, El poeta y su trabajo, Proyecto Literal, Quimera Ediciones, Sexto Piso, Sur+, Taller Ditoria, Textofalia, Trilce, Tumbona Ediciones, Vaso Roto y Amanuense, ARCA, Ediciones Arlequín, Blasfemia, Bulimia de Camaleones, Cantera Verde, Taller de Cartago, Casa del Arte Comitán, Ediciones Clandestinas, Clarimonda, Ediciones la Cuadrilla de la Langosta, Cultura de Veracruz, Datura Red, DiVerso, Ediciones El Aduanero, El Brujo, El Chiquihuite, Floricanto, Galería Urbana, Garabatos Editorial, Homoscriptum, Kala Editorial, La Tarántula Dormida, Ediciones Ladrillo, Las Dos Fridas, Ediciones Libera, Metáfora (hoja de poesía), Mezcalero Brother’s, Molinos de Acentos, Nuevo Siglo Editorial, Papeles de la Mancuspia, Letras de Pasto Verde, PLACA (plataforma Chilango Andaluz), Plan de los Pájaros Ediciones, Poetas en Construcción, Tlacaxipehualiztli Ediciones, Ediciones Unicornio, Verso Destierro.

Después de todo, los poetas empiezan a tener opciones.

 

 

II

(Los estilos variados del ahora)

En la primera entrega de este texto, bien observó Adán Echeverría, faltó enumerar algunas editoriales, como son: Tinta Nueva, Editorial Pharus, y Guadalupe Morfín me preguntó sobre Era. Me parece importante arrancar el texto con estos anexos pues para hacer un redondeo general de los estilos y el nivel poético que oscila en ellos, es necesario tener “el margen” lo mejor delimitado posible. Karina Falcón, editora de la revista ARCA, acotó respecto a la calidad en la producción lírica nacional2, cierto escepticismo, el cual no es ella la única que lo posee, pues el rango de “calidad” es uno de los requerimientos con los que más frecuentemente se da de golpes el “crítico” literario mexicano de ocasión; es decir, los lectores exigentes (en su mayoría poetas) piden siempre un nivel que “no alcanzan a cumplir” los vates con los que se topan, en las ahora, tan frecuentes lecturas.

La respuesta es (para esta constante frustración del “lector crítico”, para este continuo desastre poético): que la poesía se ha especializado. De nueva cuenta (antaño ha pasado), se ha dividido; si no en nuevos géneros, por lo menos sí, en nuevas poéticas, o en diferentes estadios móviles para la delimitación de su estética. En pocas palabras: ya no hay una sola poesía nacional que albergue a todas las nuevas corrientes, y que guarde en su seno una calidad heterogénea, o el rigor de un solo canon para determinar el alcance escritural de los poetas desde un eje homogéneo.

Comienzo con esta acotación para dejar en claro la óptica con la que abordaré la “plasticidad poética” de México actualmente, y de cómo en su totalidad genera una riqueza que puede traducirse en un estridente (por no decir: no ecualizado) margen de calidad. Después de todo qué podría esperarse de un arte tan prolífero como la poesía, en un país que alberga más de 100 mil millones de personas, y en donde las lenguas son varias y la ciudades son verdaderos hervideros poli-culturales, que bien pueden recordar a la vieja Tenochtitlán, envuelta en una aureola de chinampas y casas, comunidades enteras tejiendo una corona de flores alrededor de aquella ciudad guerrera.

Es bien sabido que todas las épocas clásicas del arte se han dado en grandes ciudades, regularmente a través de sus esculturas u obras arquitectónicas magnas, para así consolidar el esplendor de su grandeza cosmopolita. Pero en el Siglo XXI parece habrá otra lógica para designar la grandeza de una ciudad, y esta será medida por su capacidad para albergar en sí mis- ma una “infinita” variedad de ciudades conviviendo en tensa armonía, y así logar un panorama amplio, enriquecido. Es importante subrayar que esta nueva grandeza no se basará en una cultura bélica, o de mercado, como hubiese sido en otras épocas. Ahora “la cruzada” por la conquista del mundo es: la paz: la unidad, lo global. Y como su antagónico natural, y al mismo tiempo medio para concretarse de una forma sincrética; es el desarrollo de las comunidades pequeñas en base a una auto-estructuración. Así, la poesía es, como lenguaje, base primera de una comunidad viva, como elemento constitutivo. Digámoslo más aventurado; es la poesía el monumento vivo de la lengua: y su forma de consolidarse es la manera en que se practica la realidad y cómo ésta práctica alimenta la riqueza socio- lingüística de sus integrantes. La variante lingüística de la comunidad, así se vuelve una aportación para el infinito mosaico de las Lenguas.

Queda en claro que un boom significa que la esté-tica (o estéticas) en juego, están no en su estado de esplendor (donde se refinan y constituyen los cánones) sino de conformación; y toda esta serie de esté- ticas terminarán por generar el aura poética en torno a una nueva nación, ahora, no geográfica, no tangible. Esta nueva nación de los poetas y sus discusiones invisibles será donde se acomodarán todos en un mismo concepto, y al mismo tiempo cada uno puede y debe desarrollarse en su propia dirección. Digamos que sería la vuelta a un nomadismo intelectual, don- de cada punto de llegada es punto de partida para un monumento infinito como lo es la lengua mis- ma. Bien lo han estudiado los sociolingüistas, que al tomar apunte de las lenguas vivas y reconocer que de ahí (de cada uno de esos dialectos espontáneos o en meditación) nacerán futuros mundos semánticos; historias enteras de humanidades aún inverosímiles. De aquí viene la importancia de esta forma natural de consolidación de las lenguas en conflicto, que en la actualidad derivan en un cúmulo de poetas, en caudalosa creación y armonización de estéticas (ahora diminutas), pero que a diferencia de sus antecesores, seguirán el patrón constructivo de lo maleable, el “monumento indestructible” de la poesía.

Con este breve mosaico arqueológico, podemos hablar ahora sí de estilos, latitudes, sociogeografías, estados y tendencias. Empecemos. De la reunión de editoriales enumerada en la primera parte del ensayo, valdría entresacar a las editoriales que han terminado por definirse como Editoriales Alternativas (o de alto riesgo ¿?), grupo en el cual se nota la tendencia a editar poetas ya con cierto renombre dentro del circuito Central de la poesía. Por Central entendamos, editoriales ya supeditadas al capital nacional, y que por tanto corresponden a un mercado específico, canónico por supuesto, ya que es el Canon el que da garantía de una calidad, aunque éste a veces quede supeditado a intereses ajenos o indiferentes a los autores mismos y sus contextos de vida, o históricos. El mecanismo funciona de este modo: el grupo Alternativo es un círculo editorial que se desprendió del mismo punto central para construir editoriales que no pertenecieran al Estado o a una cadena mercantil de libros, sino que pudieran dar una cara más libre, tanto del centro estético como del mercado volátil de la literatura rápida. Dentro de estas editoriales podemos leer El Billar de Lucrecia, que se ha especializado en poesía Latinoamericana, aunque su editora, Rocío Cerón, es miembro de un grupo sólido de poetas que ha ejercido la poesía estilizada, herencia de la pulcra escritura posmoderna; Bonobos, que ha editado a poetas de garantía formal, ya sea legitimados por una beca o por un premio; Ediciones de El Ermitaño, con una especialización en tirajes cortos, y que ha publicado al igual que Praxis un sinnúmero de poetas consagrados así como de recién ingreso al circuito. Otras editoriales de ya larga trayectoria y con una muy larga tradición de coediciones con instituciones y con un catálogo de autores que bien coincide con el de FCE, y el de Conaculta, y estas son en su mayoría parte de la AEMI (Asociación de Editoriales Mexicanas Independientes), como Mon- te Carmelo, Aldus, El Tucán de Virginia, Ediciones Sin Nombre, Ficticia, Mantis, Ediciones Arlequín (de Guadalajara), Trilce, o más reciente, Almadía; editoriales que comparten en mayoría los autores de su catálogo, y que nos dan un margen alternativo central, con poetas que pueden leerse dentro o fuera del canon poético instituido por las últimas genera- ciones legitimadas en México. ¿Los nombres? Basta echar un ojo al catálogo de poesía de Tierra Adentro y Conaculta. Hablar sobre la calidad poética de este primer grupo, es un tanto sencillo, en cuanto que responde directamente a una tradición ya forjada. Es decir, no hay el desarrollo radical de un estilo o una propuesta, sino que se engloban como clase burocrática (sin que esto sea peyorativo, sino funcional) de un sistema definido por valores nacionales y que son el “frente principal” que incluye a México dentro de una tradición mundial poética, y lo vincula directa- mente con la literatura europea, que en este caso, por obvio, es España. ¿Hay calidad?, por supuesto. Ya avalada bajo los nombres de la historia reciente de la poesía global (recordemos la reciente entrega del premio ibérico3 a José Emilio Pacheco), y por otra parte en el clasicismo ilustrado, griego o renacentista, incluso neoclásico, sustentado en figuras como Rubén Bonifaz Nuño o Eduardo Lizalde.

La contraparte de lo Alternativo, es la Editorialidad Independiente, que busca editar no de segunda vuelta los mismos autores, sino que apuesta por autores nuevos, por supuesto con una “calidad” no comprobada, puesto que muchos de ellos son aventureros transitorios, y otros tantos apuestan por estéticas aún “indefinidas” (digamos en formación). Sin embargo, hay también los que ya han desarrollado un estilo y que bien pueden hacer contrapeso a la estética formal, con una estética innovadora, por su particularidad. En definitiva la evolución de la poesía está hacia la particularización de los Estados  Volátiles, sean altas poblaciones o breves comunidades: es un hecho; el mundo artístico avanza hoy no hacia la “universalidad” concéntrica de las ciudades, o continentales, sino hacia la proliferación de las “pequeñas” entidades: el ejemplo claro es la polípolis mexicana, donde cabe no sólo el Centro, sino Iztapalapa, Tlalpan, Neza, Ecatepec, como ejes del desarrollo cultural.

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Guillermo Fernández Rentería

Guillermo Fernández Rentería.

 

 

Zacatecas, 1971. Estudió Filosofía en la UNAM. Ha impartido clases a nivel superior y medio superior, así como talleres de poesía clásica en el Estado de México desde el 2002. Actualmente, investiga el panorama literario nacional. 

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