Martes, 30 Octubre 2018 19:19

RETORNO / Francisco Delgado /

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RETORNO

Francisco Delgado

 

 

(Primer lugar en el certamen interno

de cuento de la Escuela

de Escritores de Veracruz

Sergio Galindo de SOGEM)

 

Conviene que empecemos nuevamente. No me refiero al gastado “vamos a comenzar de nuevo” que podría decir cualquier actorcillo en una telenovela del Canal de las Estrellas. Es algo mucho más profundo.

Por favor, no me malinterpretes. Veo que te has puesto un poco seria. Estoy feliz de verte y de que hayas venido precisamente hoy. Sé que lo hiciste porque es nuestro otro aniversario; no de cuando me diste el sí, sino del día en que nos vimos por primera vez, que para mí es el que realmente cuenta.

Lo recuerdas muy bien, ¿verdad? Yo sí. Llevabas un traje sastre beige que te daba un aire de ejecutiva muy ocupada. Caminabas afirmando cada paso con gran resolución. Las carpetas que sostenías con ambas manos eran tu escudo contra los indiscretos. Me habías visto y lo noté justo antes de que desviaras la mirada para que no te sorprendiera con la guardia baja. Pasaste a mi lado, como dice la canción, fingiendo gran indiferencia.

Te seguí con la mirada por varios segundos y me decidí. No habría otra oportunidad. Te pregunté por la oficina de Juan Carlos De Landa. Yo sabía dónde era; sólo necesitaba el pretexto. Reaccionaste con mucha naturalidad, como si desearas ser abordada por ese desconocido. Después me dijiste que algo en mí llamó tu atención. No es que yo fuera un tipazo rompecorazones, nunca lo he creído. Tal vez fue que te abordé con mucha seguridad ─por dentro me moría de miedo como si fuera un estudiante de secundaria intentando por primera vez declarar su amor a la compañerita de banca─ y creo que eso fue lo que te gustó. No lo sé, nunca quisiste decírmelo. Lo importante es que tuviste interés en el que hasta ese momento era un absoluto extraño. Me dijiste que era en el quinto piso y que ibas para allá.

Nunca habías sentido una impresión así con un desconocido. Lo sé porque me lo confesaste después. Yo tampoco, créeme. El minuto en el elevador bastó para que supiéramos que volveríamos a vernos. Después vino lo demás: La cita a comer que aceptaste sin mucha resistencia; las pláticas de todo y de nada. La primera ida al cine. El primer beso en la puerta de tu casa ─que tú provocaste porque ya me había pasado de respetuoso─. Nunca fuimos a bailar, ni a ti ni a mi nos gustaba. Simplemente nos dimos cuenta de que la pasábamos bien juntos, cada vez mejor.

Poco a poco tu presencia ocupó todos los espacios vacíos que creía solo míos. Nunca hablamos de matrimonio porque teníamos el acuerdo tácito de no vulgarizar la relación. Avanzamos a paso de pequeñas anécdotas; de momentos aquí y allá; de prolongadas charlas sobre todo y sobre nada.

Sí, se instaló cierta rutina; una dulce rutina que nunca fue fastidiosa. Más bien fue como asumir pequeños rituales que nos hacían sentir bastante cómodos. Llegamos a ellos como si los hubiéramos conocido de otras vidas. Seguro que fueron de otras vidas. Si no fuera así ¿cómo explicarías tantas coincidencias?

El otro día vi en uno de los libreros de la casa La insoportable levedad del ser. Era por mucho nuestro libro favorito, aunque lo habíamos leído por separado hace muchos años. No me animé a abrirlo y lo dejé en su lugar. Sabía que no podría hacerlo. Tampoco quería ver los subrayados que le hiciste y que me hicieron enojar porque a mí no me gustan; si lo que alguien escribió realmente te toca, sus palabras se quedarán para siempre contigo.

Por eso nuestra separación fue tan dolorosa… Por supuesto que entiendo que no fue a propósito. Estas cosas nunca se hacen a propósito. Doy por seguro que si las circunstancias hubieran sido otras, seguiríamos juntos.

No quiero mortificarte con todo esto. Nunca fuiste de llorar. Eso es algo que siempre te admiré: fortaleza pura detrás de esa falsa fragilidad. Es más, yo era el que lloraba ─a veces─ en las películas (¿te acuerdas de La Vida es Bella?).

Esto ha sido un poco extraño. Se que han pasado dos años y aun así a mí me han parecido sólo unos cuantos días. Al principio, perdí por completo la noción del tiempo; los días y las noches se sucedían sin sentido alguno y sólo me obsesionaba la idea ridícula de volver a estar contigo; aunque sabía que era imposible.

Poco a poco me fui nivelando. Acostumbrarme a la separación no ha sido para nada fácil. La sensación de que todo dejó de importar al grado que mi cuerpo perdió peso y de que mi memoria ya solo conservó fragmentos de lo que habíamos vivido, sigue siendo inexplicable y cada vez más insoportable.

Hace un mes visité el edificio en que nos conocimos. No fue por masoquismo; disfruto de la idea de recrear ese primer día y quería recordar algunos detalles que he ido perdiendo. Fui un sábado para evitar que hubiera tanta gente. Sólo había un guardia en la puerta que me dejó pasar sin pedirme que me identificara. Fue muy raro ver los pasillos vacíos. Aunque era un día soleado, el lugar lucía sombrío. Una persona hacía labores de limpieza sin reparar en mi presencia. Me quedé un rato en una banca frente a los elevadores. No me animé a subir.

He perdido en parte la visión. Los objetos lejanos se me aparecen borrosos; no sólo eso, también me está costando mucho trabajo acordarme de cosas triviales. El otro día desperté en el reposet de la recámara y no supe cómo es que había llegado ahí.

Me aterroriza la idea de que un día todo recuerdo pudiera borrarse por completo. Por eso ya es momento de comenzar de nuevo. Te lo quería decir para que no te tome por sorpresa. Hoy que viniste a verme, en nuestro verdadero aniversario, sé que tenemos que dejar todo atrás y volver a empezar desde el inicio; desde que no nos conocíamos.

Sí. Lo decidí hace unos días cuando fui al panteón y vi que el pasto había crecido demasiado alrededor de la lápida. Luce descuidada; hay que pagar para que la arreglen. También hay que pedir que remarquen el nombre: No se alcanza a ver de quién es. Para serte sincero, ya no lo recuerdo y tu silencio me hace suponer que estás de acuerdo.

Paco Delgado

Septiembre de 2018

Visto 301 veces Modificado por última vez en Sábado, 10 Noviembre 2018 03:56
Francisco Delgado

(Primer lugar en el certamen interno de cuento de la Escuela

de Escritores de Veracruz Sergio Galindo de SOGEM)

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