Sábado, 12 Enero 2019 07:07

ERIGONANCIAS (Sobre Cánticos a Erígona de Jesús Gómez Morán) Por Daniel Olivares Viniegra

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ERIGONANCIAS

(Sobre Cánticos a Erígona de Jesús Gómez Morán)

Por Daniel Olivares Viniegra

 

 

… tras penetrar tu carne en forma alguna

me has hecho ver que es el desierto como

ese mar que aun sin agua igual inunda

JGM / Cánticos a Erígona

 

 

 

Partiendo de la nada velada intención de actualizar o desdoblar todavía, de muy diversas maneras, las posibilidades de un mito, en Canticos para Erígona, Jesús González Morán nos sitúa igualmente ante un ejercicio escritural de lo más musical y plástico al confrontar, convertir y revertir las ya escasísimas posibilidades de algunas formas y metros clásicos, como las que corresponden al soneto (preferente y celebradamente).

Da seguimiento a la fábula báquica a la que alude en el título… y, una y otra vez, en el interior de ese breve universo (ahora de otra forma constelado), ejerce su labor tanto de bardo profético como de oficiante filosofal, y nos conecta así con los elementos todos mientras reitera (nos recuerda) conceptos de suyo naturales y existenciales como la sed-pervivencia, goce y sufrimiento del amor, la brevedad de la vida y el consecuente goce del instante a que ello conmina.

 

de luz una hora hay al decir tu nombre

con la sílaba exacta de un silencio.

(“Manuscrito con tinta de luz”, p. 32)

 

Pero en lo que toca a lo lingüístico, pese a la optativa cárcel de la forma, el movimiento resulta las más de las veces mesurado, amén de, en todo momento, por igual mudable e incesante, pues como situados ante una joya hemos no solo de apreciar el compacto y presumiblemente valioso conjunto, sino valorar el genio (ingenio) que a ello condujo, y solazarnos con el milagro azaroso y plausible (o por encontrar todavía…) en cada deslumbrante destello o en toda infinita (apenas esbozada o vislumbrada) arista.

 

Cuando en mí tu pupila se coloca

un cálido destello

brota al oír mi nombre de tu boca,

a una estrella me enganchas

y te hace de luz sello,

pues incluso hasta el sol tiene sus manchas.

(“Madrigal”, p. 33)

 

Conscientemente sumado al río incesante de las genealogías y el discurso universal que de todas ellas anima, además de los clásicos grecolatinos, Jesús se yergue como heredero lo mismo del Rey Salomón que de Stéphane Mallarmé, Jorge Cuesta, Guillaume Apollinaire, Jorge Teillier, Jaime Torres Bodet, Carlos Marzal, Alí Chumacero, Heinrich Heine, Eliseo Diego, Javier Sicilia y Rubén Bonifaz Nuño, entre otros, a quienes brillantemente rinde homenaje. Tal mosaico de simbolismos y sinfonía de ecos y voces, dispuestos además en armonía son otros de los méritos que hay que celebrarle al autor.

Pero la búsqueda (y el rescate) de fondo, como decíamos, va muy más allá pues este conspicuo arqueólogo poético nos obliga también a poner bajo la lupa e inclusive al microscopio tanto algunas formas poéticas olvidadas (las casidas, por citar un ejemplo), como algunos términos, palabras, conceptos o significantes, a los que a su vez adapta según lo dicte, de aquellos, su superviviente maleabilidad o posibilidades de actualización… Así en un “Desideratum” respecto de la gesta de un salmón termina proponiendo:

 

Si ir pulsando la estrella de tu cérvix

dilató esta oval cámara de látex,

un pisar de uvas su uña vuelve un nártex,

que inscrito en la constelación de heptérix

guía tu oreja hipersensible al ápex

mientras su ala abre en nuestra sangre un fénix.

(“Desiderátum inscrito en modo de hápax”, p. 64)

 

En una fiesta de las evocaciones, los sentimientos y los sentidos, particularmente los de la vista, el gusto, el tacto y  los del oído, o mejor dicho del pleno goce de vivir pese a las inevitables espinas, devienen entonces estos agradecibles Cánticos a Erígona. Cantos del amor erótico, lo cual quiere decir de lo sacro y lo profano, todos ellos hápax inmenso e intenso, caballerescos y cortesanos cantos a la vida y a la seducción de los placeres, sobre todo los del entendimiento que terminan por ser pax animae en concordancia con memento mori y carpe diem… esto para continuar utilizando esta fraseología tan cara al autor, de quien retomamos también, para concluir, el siguiente gongorino lo mismo que quevediano fragmento:

 

¿Qué cielo bajo de cuál noche cubre

al conjunto de fotos que sin dato

de fecha brilla así en el firmamento?:

las leyes de la física alterando

fue ese azogue el lugar donde dos cuerpos

cubrieron con su unión el mismo espacio.

(“Flecha del tiempo versus flecha de espacio”, p.31)

 

***

Jesús Gómez Morán, Cánticos a Erígona, México Tenochtitlan, Agua Escondida Ediciones, 2018

(Colección Coyote Que Ayuna, Serie Poesía mexicana actual). Ilustraciones de Balbina Zamora Jaimez, Carina Macías y Doris Naranjo.

Visto 904 veces Modificado por última vez en Viernes, 18 Enero 2019 06:02
Daniel Olivares Viniegra /

Daniel Olivares Viniegra

(Hidalgo, México, 1961). Es dos veces normalista y universitario. Académico y promotor de la cultura. 

Es autor, entre otros, de los libros Poeta en flor..., Sartal del tiempo, Arenas y Atar(de)sol. Colabora además en diversas revistas, ya formales, ya virtuales.

Premio Interamericano de Poesía, Navachiste 1995. Pertenece al Comité Editorial de la revista electrónica El Comité 1973 y es coeditor del proyecto Humo Sólido.

 

 

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