Sábado, 23 Marzo 2019 07:08

LA LEYENDA DE MELUSINA / Daro Soberanes /

Escrito por
Valora este artículo
(2 votos)

 

 

LA LEYENDA DE MELUSINA

Daro Soberanes

 

Capítulo que trata cómo la deslealtad es una primera desilusión que se vuelve un discernimiento.

 

Raymondin, Conde de Lusignan, juró la promesa que su futura esposa Melusina le pidió: nunca visitarla en su habitación en días sábados, ni siquiera mirarla, y preguntar jamás el porqué.

La vida le dio alegrías al matrimonio Lusignan, tantas como estrellas sobre los alcázares de su castillo. Sin embargo, pasado el tiempo, al conde lo socavó la sospecha. En un día negado escondiose Raymondin tras un tapiz para espiar a su mujer. Entonces la miró. Bañándose estaba la Melusina en una tinaja de laca, peinaba sus cabellos como hacía habitualmente, pero ahora éstos parecían verdosas algas; y vio Raymondin que de cintura para abajo —oh estupor— en lugar de dos piernas tenía Melusina una gran cola de serpiente. En aquel momento el conde no albergó ningún horror, sino una gran desolación por haber roto el juramento que tan religiosamente había hecho a su esposa. Ella, al darse cuenta sintió también una infinita tristeza marina que oscureció su rostro. Las promesas rotas traen consecuencias perpetuas. Saltó al alfeizar de un postigo, miró por última vez a su esposo y, tras batir unas alas de murciélago, se alejó volando del castillo de Lusignan.

El relato lo reescribí a partir de la leyenda popular francesa del hada Melusine. Esta historia, aparte de hipnotizar por la categoría muy alta, ideal, de las visiones medievales (queda uno hechizado al conocer al hada), ilustra la culpa de la abjuración a grados superiores. A la decepción se actúa en consecuencia con el abandono. Si los seres humanos (e incluso Dios) perdonan, las consortes que son hadas, no. «Sí, es la mujer perdida. La que canta en la imaginación del hombre, pero también será la mujer recuperada», escribe Bretón en una nota a pie de página de la novela Nadja, novela donde yo conocí a Melusina. ¿Recuperada? No, André. A menos que, iluso, escribas poemas lamentando la ausencia de aquella quimera y entonces sí, en versos ingenuos, la “recuperes”. Melusina no es como nosotros, su palabra orbita sobre sus actos, ¿por qué tendría que perdonar ella como hacen los hombres y las mujeres, si no es ni lo uno ni lo otro?

Se dice, se cuenta, se rumora, que Raymondin rompe su promesa por la sembrada convicción —falsa— de la existencia de un supuesto amante del hada. Todas son percepciones irracionales, están fuera de contexto, pero eso no hace ninguna diferencia. Aquel que ha sido visitado por la lengua hendida de Yago, ya no se detendrá hasta confirmar [imposible] la mentira. ¿Dónde nace esta duda-afirmación? ¿Qué veneno es el alimento de todo esto? Como siempre: la conciencia depende. Las señales aparecen —nunca mejor dicho— en la variación de la conducta de quien será inculpada. Cambiar de horarios; vestirse distinto; evitar, o, por el contrario, acercarse a determinada circunstancia; tener otro ánimo; hacer cosas quiméricas, que en el caso de Melusina es llana y sencillamente encerrarse en su habitación todos los días sábados. Cada una de estas señales activa una imaginación negra, un celo indeciso, que se convertirá en hoguera de delirios. ¿Cómo culpar, nosotros, a Raymondin, si la elevación en la lealtad es menos humana que la concreción de la deslealtad?

En la única novela que escribió Breton hay varios dibujos del hada hechos por la propia protagonista Nadja. En mi concepción del mundo nadjiano, la locura de la francesa (personaje y mito: Nadja) es semejante a la condena de Raymondin abandonado, también francés: Melusina enamora, pero es un amor —a la manera que menciona Ortega y Gasset en las facciones de esta emoción— de enamoramiento por frenesí, “abandonado a sí mismo se irá multiplicando hasta la extremidad posible”. La fisgonería innoble y maldita que cometió Raymondin con su esposa fue inevitable, porque el amor que sintió hacia ella demostró ser obsesivo, frágil, y se hizo enfermizo. El origen desencadena la causa. En cambio, el amor del hada es el amor de un ser extraordinario, es perfecto, es decir: puro. Años antes le ha pedido un pacto de virtud a su esposo. Él lo rompe y ella, en consecuencia, se aleja, es congruente. No hay resarcimiento. O el resarcimiento es el castigo del abandono.

Somos la deslealtad del Conde de Lusignan, personas imperfectas y variables, que hablan de lo maligno “del otro” para justificar conductas propias. No hay un indicio verdadero ni información comprobada de “ese otro”, y sin embargo… ¿qué importa?, ya viviremos engañados. Vivimos.

Pero Melusina no es nuestra igual, no. Ella nos hará pagar la deslealtad. ¡Ah metonimias que están en la vida! La leyenda indica secuencias de una lealtad rota y sugiere la belleza del dolor en un noble castigo. Las palabras que confiesa Raymondin horas después de la partida de Melusina no las sabremos nunca, vivirá errante y en soliloquios por una esposa perdida.

A orillas de aquel mar está siempre un hombre desleal, de sangre azul. Porque, si bien el poblado de los Lusignan no se circunda a una boca marina, las características fantásticas de Melusina nos harán pensar que ella, inmediatamente después de la traición, se retiró al océano limítrofe, como serpiente marina o como sirena medieval, y su cola siempre es de reptil y también siempre es de pez. ¿Un dragón celta?, ¿una sirena para el marino, crédulo y lego? El lugar de autoexilio será el golfo de Viscaya en la propia Francia o en las costas de Chipre, donde también vivieron los Lusignan. La inmensidad y ocultación del mundo marino ante la belleza, inteligencia, gracia y velo de Melusina son una condición melliza provocada por un hombre sin palabra, un hombre sin honor.

 

 

 

[Capítulo V del Tratado sobre la Deslealtad, Burroughs Editorial, 2018]

IMAGEN DE RIMBAUD

 

 

Síntesis del poeta:

Hombre sin alma. Moscón de edad frívola y de afonía imbatible.

 

 

*

 

Ha dominado todo, incluso la ecometría de las bóvedas. Ha envenenado a sus amistades en un idioma exquisito y afable. Ha timado por doquier.

“El tiempo no conjetura el tiempo”, le escribe hace unas horas a Verlaine.

 

Dentro de su canto solista, el brazo se le rompe cada vez que utiliza la confesión como un rubor, que ensaya. Ha asistido a todas las asambleas a primera hora, consonante a su rutina.

 

Jean Nicolas Arthur Rimbaud llegará a una edad en que no mojará más su vestido al andar por las riveras del Mosa. No tomará prisioneros en las Ardenas, como soñó algún día.

 

*

 

Ahora monta sobre una virgen editora. En abismo, una cámara fotográfica fija su alegría.

También ahora, los desdentados ancianos redactan ensayos de la imagen de este pequeño Napoleón.

 

AMY  JADE

 

 

Amy Jade

dibuja el ombligo de dios [ausente]

 

trance,

se queda uno [en trance] al onomatopéyico solo de tus entrañas

y la locura es briaga y se sume

 

arqueada

eres terriblemente cándida, Amy

 

oh niña de prado

 

ocular la luna

 

y en la pared de un pedestal la erección apócrifa

y tu boca de micrófono oxford, mujer

negra

 

vuelve aliento-bastidor mi amor

 

de esta piedad sedúceme tu vicio estrepitoso

puesto a la indulgencia absurda

 

oh reina Winehouse

árdeme

entre tus piernas una mariposa

azabache violácea de cabeza de coatlicue y de vientre alcatráceo escurre

 

benditos los sustantivos que se vuelven exentos

y bendita la consecuencia que se vuelve burda llorona esfinge rosario cascada en trago

 

1983-2011

Amy Jade    electra

Amy Jade    antígona

Amy Jade    circe

beehive

y pinchazos infames en tus pómulos, tus inocentes pómulos

 

sonro a tus absolutos pómulos, infestados en corro

Visto 330 veces Modificado por última vez en Jueves, 04 Abril 2019 06:33
Daro Soberanes

Daro Soberanes


(Ecatepec, Estado de México) Ensayo, teatro y poesía. Segundo integrante de La Deslealtad. Autor de «1854», «Las esfinges» y «La soga». Coordinador de “EJECATL, Poetry Slam Ecatepec”. Editor del sello Burroughs Editorial.

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.