La Piraña - Elementos filtrados por fecha: Noviembre 2016
Jueves, 24 Noviembre 2016 13:57

NUNCA LEJOS DE LA BELLEZA

 

NUNCA LEJOS DE LA BELLEZA

 

Hechiza, poemas anticipados, Víctor Hugo Díaz,

Editorial VersodestierrO, México, DF, 2015

Por Juan Pablo del Río

 

EL DESPLIEGUE DE LA REALIDAD OCULTA EN UN PAISAJE POETICO O LA PERMANENCIA INALTERABLE DE UNA EMOCIÓN EN UN LUGAR SIN TIEMPO.

 

 

            Era mi reflexión contrariamente a lo que representa, la poesía del poeta Chileno Víctor Hugo Díaz; con ese enorme poder de significación de las imágenes. Economía de recursos estéticos, para lograr aquel destello de trascendencia; es decir, la virtud de permanecer en el tiempo. De capturar una emoción vívida en un puñado de versos: LA POESIA EN SU ESENCIA.

           Cada imagen, cada composición de este grupo de poemas, nos remite a una especie de fotografía o carta postal. A un documental de la realidad y sus contextos. Sus circunstancias. A nuestra propia historia latinoamericana, mestiza y hechiza; como claramente expone el título de este libro. Un cuadro construido a partir de retazos y objetos de un espacio periférico. En la periferia del espíritu. Una esquina de hermosa tristeza a veces. Lo que curiosamente, y sin querer queriendo, hermana la poesía de Víctor Hugo Díaz a la de Jorge Teillier. No como sus émulos, sino, por la capacidad de crear un lugar, un lugar poético habitado y reconocible por todos nosotros.

            Con elementos simples, figuras aparentemente estáticas y un lenguaje articulado sobre un discurso a veces mínimo (por no usar el relamido minimalismo japonesoide tan en boga) nuestro poeta logra condensar una emoción, quieta y difuminada, en blanco y negro, si se quiere. Como quién sopla un poco sobre las plumas del tordo*, y logra ver la herida o la cicatriz; el recuerdo, la nostalgia del amor como una sombra. Pero sin con ello, quedar en la pura contemplación estética y olvidar la tarea crítica sobre nuestra historia política y tercermundista.

            Poesía de sombras, de semitonos, de claroscuro donde la ciudad es la escena principal y la habitación vacía la reflexión sobre la ausencia. Víctor Hugo Díaz es poeta trashumante, caminante del espacio público. La fabela o la pobla, el barrio antiguo en extramuros. Un poeta de la calle, un observador preciso y lúcido, inscrito en la vieja tradición de la poesía chilena. Atrás el gran Enrique Lihn y detrás de Lihn los demás. Delante de Díaz, los epígonos; los que tomarán la posta para seguir escribiendo el poema interminable:

            “Esta luz de baliza recuerda otras murallas / a otra hora del día”  Nos dice con meridiana claridad en el poema Murallas de Troya, que resume bellamente, nuestra tragedia de pueblos “hechizos”. Porque extrañamente, la gran poesía, jamás se aleja de la belleza.

            Hay una enorme capacidad en nuestro poeta en crear una épica urbana, original y mínima, como decía antes. Creo sin miedo a equivocarme que Víctor Hugo Díaz, es una de las más importantes voces de su generación, si no la más importante. Alejado de un vanguardismo histérico y ávido de excentricidad. De un “parrianismo” fácil o fome*, o simplemente de ser la fotocopia de un poeta mayor. O como los ahijados del súper- poeta que agradecidos por sus consideraciones, vapulean a los demás, menos al promotor de su causa. Víctor Hugo Díaz camina solo, sin pedirle permiso a nadie. Sólo con su talento y su capacidad poética.

            Un ejemplo de su “maestría” en “Hechiza”, es el poema “Silla de Ruedas”, contenido en una imagen de fuerza extática, donde los objetos, aparentemente inservibles y patéticos, cobran inusitado significado, tras el paisaje del barrio desértico o abandonado. En la metáfora perfecta de nuestra decrepitud como sociedad. Pero paradójicamente dándonos sentido de vida, en medio de un paisaje urbano y agreste. Como esa silla vacía y sola en la escena vacía iluminada por un foco de luz. Un ethos que de alguna manera, reclama la presencia del amor humano, de nosotros, de los otros.            Curiosa condición de una poética que se rebalsa, más allá incluso, de su propio autor. Más allá expandiéndose con propiedad y exactitud.

 

*tordo: ave chilena de plumaje negro

*fome: aburrido, sin encanto

 

Santiago, Chile, julio 2016

 

 

 

SILLA DE RUEDAS

“sin fuerza para unos pasos

viajaba sentado en la cama.”

Domingo Díaz

En la esquina que forma la muralla

del edificio recién construido

y la fachada de la vieja botillería

hay una Silla de Ruedas.

Cada noche se queda

hasta cuando las piernas dejan de pasar

Como arma Hechiza descargada apuntando.

Se queda hasta que su recorrido

deja de transportar: vehículos públicos

donde van de pie, los que pueden elegir.

Desde ese ángulo de 90 Grados

celebra sus cumpleaños con horas

semáforos que cambian de luz

y bocinazos

 a plena vista.

Disfrutando la caída de las hojas

 del sol

 y la orina

practicando a diario

el único paso de baile que conoce.

En la esquina que forma la pared

del nuevo edificio y la fachada

de la última botillería del barrio

hay una Silla de Ruedas.

 

MURALLAS DE TROYA

Con mano izquierda sostiene el arma Hechiza

desde el balcón de una ciudad colonial

con la derecha esto que sigo fumando.

Ante las murallas tose y respira la catástrofe

Ellos son muchos

nosotros pocos y estamos solos.

A un disparo de distancia las campanas

de Zacatecas, me indican con señas qué escribir:

gorros pasa montaña sin nombre

insultos armados y escudos.

Esta luz de baliza recuerda otras murallas

a otra hora del día

al otro lado del mundo

Murallas sin trabajo, ojalá en silencio.

Por fin dejo salir el humo

 lentamente

El enemigo regresa a las negras naves

Afuera todo vuelve a ser lo mismo.

 

 

 

 

PARCIAL A NUBLADO

La conversación entre un cuerpo en la calle

tirado sin zapatos y un automóvil

no es el parabrisas roto

sino un color sospechoso en el suelo

No sangre ni huellas

Hasta de cerca no son huellas

ni marcas de neumáticos

Son los primeros pétalos mezclados con barro

(blanco y negro) restos de flores agiladas

flores de árboles jóvenes fáciles de cagar

Pétalos engañados por un clima templado falso

y pocos días de sol de baja pureza

Olor a pastizal recién cortado

y el ruido que hacen sus sobrevivientes

esos, que cuando dan el vuelto

son más lluvia y frío.

 

ANTES DE LA AUTOPSIA

El carroñero la saborea cuando quiere

ahora que el aire no vale nada

nunca sabrá cómo brilla de verdad.

Como esos tipos con suerte

que encontraron el cadáver de Marilyn

que palparon su textura

 recién endurecida, helada

que recorrieron sus extremidades

y donde se reúnen.

Ninguno antes tuvo tanta impunidad

para conocer ese cuerpo y clasificarlo.

Se quedan fríos, temiendo a todas las veces

en que la imaginaban desnuda, pero tibia.

Ahora se sigue el procedimiento

 ahora

ahora que no brilla.

 

ÁREA CHICA

                                                                                              No bebía líquido sino su sed

Se cortó la cara con hilo curado*

Fue como celebrar un gol, un gol

sacarse la camiseta y gritar

Tatuajes de todos colores

y merca de todos los precios:

una soledad demasiado ruidosa

La misma voz en alto

 hablando los vasos

 cuando se quiebran

El tono en que brama la belleza

que se esparce por el suelo

 envase de litro rompiéndose

el mismo tono de voz

o quedarse esperando pegado

donde una vez el árbol

algunas piedras fósiles

la colección de estampillas

La mujer que hablaba rápido:

el cordón de la plancha

y la vieja máquina de coser Hechiza.

El fierro cargado

 aguja de acero enhebrada

hilo

 el cordón de la plancha.

*Hilo cortante, recubierto de vidrio molido.

 

Víctor Hugo Díaz nació en Santiago de Chile, en 1965. Ha publicado “La comarca de senos caídos” en 1987, “Doble vida” en 1989, “Lugares de uso” en 2000, “No tocar” en 2003, “Segundas intensiones” en 2007, “falta” en 2007 y Antología de baja pureza en 2013 y 2014. En 1988 obtuvo la primera Beca de Creación Taller Pablo Neruda; en 2002 la Beca de Creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. En 2011, 2012, 2013 y 2014 ejecuta el Proyecto Escritos de Sur a Norte, Poesía de Chile en México; y Fronteras sin Límite 2015, Poesía de Chile en Perú y Bolivia, apoyados por el Fondo del Libro y la Lectura. El año 2004 ganó el Premio Pablo Neruda en su centenario, otorgado por la fundación del mismo nombre. Sus poemas han sido publicados en diversas revistas y antologías, además cuenta con numerosos textos críticos acerca de su obra. Es reconocido como una de las voces poéticas vivas más importantes de Chile.   

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Jueves, 24 Noviembre 2016 13:47

Poemas de Humo Sólido

Humo Sólido no. 08

// Cuando ya todo esté prohibido // Ciudad de México, octubre-noviembre 2016

 

Nota: LA PIRAÑA abre sus puertas al proyecto de arte Humo Sólido

 a manera de fraternizar con las diferentes ediciones preocupadas

 por el quehacer artístico en México.

 Uriel Reyes

 

 

 

RITUAL

Para Cristian

 

Acostada en la piedra, abierta al sacrificio

dispuesta a recibir la puñalada final de tu entrepierna

miro tu cuerpo preñado de garrobos

que romperán mis muslos con sus lenguas

y  tu áspera carne devora  mi lascivia.

Inicia el combate:

Aquí no habrá vencedora ni vencido

la batalla es a muerte

sin tregua, sin ridícula bandera

sin clemencia, ni grito de perdón

animales desnudos trenzados en la lucha

Perro y Perra, hasta sangrar la sábana,

hasta escupir el semen, hasta romper mis pechos.

A vomitar el odio, a destripar las ganas, a desollar la carne

a martajar la sangre, a incinerar los sexos.

Yo: Lilith y Eva y Magdalena

Hiena y Puta y Leona en tu horrorosa  cama

Tú: Sansón y Bestia  y Jesucristo.

 

LOS OTROS

Para Octavio

La cita fue puntual,  la hora justa

y empezó el dulce desenlace

se quitaron la piel

y lo que de máscara sobraba

aventaron los miedos por el aire

y rompieron  las tímidas vergüenzas

hicieron una hoguera con silencios

y empezó la lenta confesión:

-¿Quiénes somos?

- Los otros -respondieron al unísono-

Y deslizó la lengua en las axilas

y mordió las tetillas suculentas

y  duros falos temblaron en las bocas.

 

Dos hombres solos hechos sangre

dos cuerpos que exudan las mentiras

dos agujeros voraces que devoran

dos hombres solos amándose en la tierra.

 

PALOMAS

Para Susana 

 

 Así trivial, sin sospecharse

se encontraron de frente en la alameda

una tarde de abril con lluvia fuerte

había que secar la blusa en algún lado.

Vivo a dos cuadras ¿te parece?

Dijo la una para ver si acaso

y la otra asintió

pues la blancura de la tela y los tacones

dejaban entrever más de la cuenta

y amenazaban con  detonar la rabia.

Llegaron al cuarto

cama destendida y calzones aventados al azar

Perdón, salí corriendo,     

se disculpa Patricia y hace un gesto

No hay problema, lo sé, no has visto el mío

responde Susana y se contemplan

así, natural, se van desabrochando

los tacones, las blusas y las ansias

mientras la lluvia afuera, se sonríe.

 

 

LA RADIO

Oscuro

Tronco perdido, cabeza encontrada

Clandestino

Huesos en el Desierto

Cuerpos desmembrados

Chihuahua

Feminicidio

Descomposición social

Narcogobierno          

Casa de seguridad

Muchacha extraviada

¡Estamos hasta la madre!

60 000 muertos en la guerra contra las drogas

Michoacán

Baño de sangre

Narcotiendas

Impunidad     

Estallido social

Vestidos Jonny Galliano

Los lores y  las leidis se pasean en sus Audis

Espacio vital invadido

Rabia

Toneladas de excremento en el aire

Guerrero

Desollados

Narcomensajes

Cárceles en autogobierno

La Bestia

Gobierno de facto

Carteles

Ayotzinapa

Las madres buscan a sus hijos en las fosas

Alteración de pruebas

Violencia de género

Gobierno fallido

Halcones

Metanfetaminas, cocaína

Transexual asesinado

Esclavas sexuales

Cientos de miles de desplazados

Oaxaca

La CNTE

Autodefensas

Narcobloqueos    

Represión

 

¡México es el segundo país más feliz del mundo!     

 

 

***

 

Humo Sólido: cuando ya todo esté prohibido. // Coordinación: Mario Guzmán / Daniel Olivares. // Poeta número 8: Uriel Reyes // Fotógrafa: Ana Karen Jiménez // Colectivo de colaboradores: Ulises Zamora, Roberto López Moreno, Cristian Galicia, David H. Rambo, Jesús Garrido Gatica, Yuri Valecillo, Beatriz González Lezama, Chay Martínez, Érick Marváz, Rogelio Cruz.

 

 

 

Uriel Reyes Deloya (Mochitlán, Guerrero, México, 1966). Solitario empedernido. Ha escrito en colaboración los libros Abanico de Bosquejos, 2003, y Cuentario, 2004. Ejerce la docencia en Teatro en el Colegio de Ciencias y Humanidades Vallejo de la UNAM. Ha dirigido más de 40 obras y aún cree que la poesía es la única criatura que dice la verdad. Su sueño mayor es conocer el mundo. En su última incursión participó en la 3a. Caravana de Poesía Lima-Huancavelica, en el Cono Sur (2016). Comprende que el único cambio significativo es el personal

 

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Jueves, 24 Noviembre 2016 11:38

Signo griego

***Arte gráfico Ileana Mayanin

 

Signo griego

 

Una vez fui hache,

signo griego,

entre pictogramas,

o hexagramas,

era lo mismo ante la Nada,

Nunca imaginé para mi sopor,

sentir Todo entre hilachas,

migajas del Universo,    

completando tempestades,

abriendo y cicatrizando entrañas.

Creo , más que sílaba o letra muda,

me vi monstruo no amargo,

ante colosal Bestia ,

la que Salva!

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Jueves, 24 Noviembre 2016 06:57

Silencio

***Arte gráfico Jordi Alós

 

SILENCIO

 

Silencio

                                             la palabra no estuvo aquí   

                                                                                        ¡Escucha!

Silencio

                                             la palabra no estuvo aquí   

                                                                                        ¡Escucha!

Desde un hilo de sangre te nombro mujer

Desde un manantial de vida, de sangre viva.

Desde el fértil encuentro de las almas y los cuerpos

Desde el día del amor, desde el misterio de la noche

Desde que no cae España como una flor marchita

Desde éste lado en que todo pasa y en que no pasa nada.

En que yo Joel Gustavo Tavocoalt te corono Fidel

No con mi odio no con mi rencor sino con la promesa

la blanca promesa de la libertad la blanca promesa llamada

Cuba y por Cuba, el desvelo en la hoguera, la locura

en la semilla, te cuelgo a todos Fidel a todos los muertos

a todos los que murieron por la tierra prometida

a todos los que murieron por la libertad. Fidel te tengo una

palabra para ti: ¡Dignidad!

Los muertos se merecen la dignidad. Los vivos se merecen

el descanso, el descansar a sus muertos Fidel los vivos

se merecen descansar.

Desde aquí te cuento la nostalgia de San Juan de Letrán,

1955 y  del Che Guevara cuando vendía libros en la Alameda.

¿A qué estrella le debo todo el firmamento?

Silencio

                                             la palabra no estuvo aquí   

                                                                                        ¡Escucha!

Desde un hilo de tu sangre te nombro mujer

te nombro Chiapas

te nombro los niños orando en una iglesia

te nombro los niños temerosos de los priistas como del hambre

te nombro los niños de un cinco de diciembre de 1997 logo

Canal de las estrellas dos días después el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas

entraría en funciones como el primer gobernador

electo de la capital.

Te nombro mujer desvalida te nombro Chiapas

y en Chiapas no se levantan vocecitas zapatistas

los niños con hambre y miedo no pueden hablar

Se levantan los vientos de promesa sólo 39

Cuando se necesita toda una patria entera para

alimentar a la esperanza 

sólo 39 en sí como una especie en extinción

sólo 39 municipios sólo 39 municipios sólo 39

municipios

Música de selva antigua y lastimera sólo 39

en la hoguera

¿Y que aún hay becas para la guerrilla?

¿Cuesta más un mejoral que una bala?

Estados Unidos tiene el mercado de las armas

y de la paranoia. ¡Gran ciencia!

Y México… México tiene el mercado del ignorante institucional.

Y desde aquí te nombro Chiapas

Y yo no soy militante de la muerte

no creo en la guerra en la guerrilla

no creo en Stalin no creo en Hitler

Yo creo en los niños y en la travesura

yo creo en Dios y en sus pasos no dados

de la piedad

                  Yo creo en el Dios que es mío

Y no en el Dios Castigador de los demás

Yo mi niña yo que débil te nombro

no escribo esto para ganar una beca

e irme del país y regresar a el

para menospreciarlo para bociflorear

mi menosprecio por esta gran patria

para decir dopado y baboso: ¡Bola de ignorantes!

Yo te digo humildemente yo soy éste país

Yo soy México yo soy Chiapas

Yo camino con mis pasos que no quieren más

a estos zapatos gastados estos zapatos derruidos

estos zapatos de mi destino

y sin embargo yo me quedo aquí

y yo te incomodo como la buena memoria

yo estoy solo y no me interesan los hijos de Mallarme

ni el parnaso ni CONACULTA ni el INBA

ni los plumones de la izquierda

y ninguna otra sigla que no me incluya

porque el pueblo me suma y me incluye

Porque yo soy el Poeta 301 porque aquí

en mis palabras está mi sangre.

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Jueves, 24 Noviembre 2016 05:51

Ardan

***Arte gráfico Jordi Alós

 

Ardan

 

1

Perdido en tu maraña selvática

buscando la fuente de tus idearios

entre esa boca

sorprendente,  insospechada

labios delgados 

exagerados por mis ganas.

 

2

Que podría decir menos sucio 

que ese temblor de manos

producido por tu cruzar las piernas.

 

3

De que lógica puedo sujetar la idea,

con que luz puedo interferir sombras,

desde qué grano soportare los vacíos universales.

 

De dónde construyo herramientas

para terminar con este sistema,

numerando con la ayuda de mi lengua

las constelaciones lunares de tu espalda.

 

4

Siente el calor de mi sangre ecuatorial,

unificación neurálgica,

organización colectiva de los poros sudorosos,

piel de guerrilla.

 

Déjate envolver por mi saliva,

tabaco diluido,

ansias solitarias,

conjeturadas

en la soledad de la Vía Láctea.

 

5

Esta sencillez de la vida,

este infierno,

este paraíso,

esta soledad compartida,

esta algarabía febril,

este invierno con su navidad,

esta primavera con su vía crucis,

este Yin Yan occidental,

este nosotros matizado,

isla donde podemos descansar

del mundo y sus monstruos  mitológicos.

 

6

Cuerda tensa que no se rompe

de mi sueño a tu realidad,

antagónica ilusión,

miel de abeja,

aguijón de alacrán.

 

7

Provengo de la estirpe 

ancestral de los hombres

a quienes les han negado

conocer el sabor de la victoria.

 

Pura corona de espinas

sol superior de mi sistema planetario,

calidad sin fronteras,

paraíso artificial,

sustancia legalizada,

modelo septentrional,

en un ardiente Caribe

con sabor a carnaval.

 

8

Tú, testigo mudo,

pendular sobre libros,

Cavilando y cabildeando 

tus múltiples personalidades.

 

Lejos de mí,

rodeando fogatas

consumiendo intensiones,

fénix preponderante  saturando emociones.

 

Al cruce de tu carboncillo

por toda la explanada de mi hoja;

corazón a rayas,

palpitar de los obreros

dentro y fuera de sus fábricas.

 

Eso somos nosotros:

trazos simples

formando la compleja palabra.

 

9

Todo por ser parte de tu última cena,

déjame lavarte los pies,

conozco el camino,

las catorce estaciones,

la agonía,

la resurrección,

la vida eterna,

la palabrería que se inventará después,

sobre nuestra leyenda.

 

10

Que tus palabras taladren mis sentidos

haciendo hueco dinamitando esta firmeza,

no es tan difícil como lograr que mis palabras

echen raíces de amor sobre tu arado.

 

 A favor  de este vástago  Adánico,

Mefistofélico,

sin ganas de ser Fausto,

intentando ser de tu piel el tatuaje,

de tus ojos el llanto,

de tus uñas  la piel después del arañazo.

 

11

No te nombro por temor a equivocarme.

 

No veo tu lunar,

ni tu exclusiva verticalidad nasal,

ni el enjambre de serpientes sobre tus hombros,

no veo tus ojos

y quizá por eso aún no me convierto en piedra.

 

12

Ardan

hasta que el tuétano sea ceniza

hasta que el sueño sea utopía

hasta que los restos repten por el viento

 

Ardan con flamas flotando horizontes

con un calor expansivo

que alcanza nervios y carne

tatuando letras sobre la sangre…

darle a comunicar sus ideas.

Continúe para probarlo.

 

 

 

 

Juan Pereyra Félix Alejandro, Diciembre 26 de 1980, egresó de la Escuela Normal Superior de Chiapas en el 2002, en donde participó activamente en la vida político-estudiantil, dejando testimonio de su trayecto con la coordinación del colectivo Azul-Café, el cual publicó la antología poética: Al borde de la Utopía (2002) donde participaron 9 docentes en formación.

Autor de diversas publicaciones independientes: Cosas de la vida (2003), Cuando se preña al silencio (2005), Caudal del destino (2007), Des-nudos (2009) (publicado por la Escuela Normal Superior de Chiapas, donde opera como coordinador de 10 docentes en formación),  memorial del Festival Rufino González (2010), memorial del Festival Ixquixóchitl (2012), Un Quijiote ya sin manchas (2013),. Dirigió la revista normalista Ixquixóchitl (2007), así como múltiples colaboraciones periodísticas con: semanario Entorno, En suma, El Péndulo de Chiapas.

 

Actualmente trabaja su gaceta pedagógica cultural La Grandeza Humana y continúa su promoción artística en el Grupo  Juventud en Praxis evolución del Cultural Independiente Bastón de San Pedro el cual funda en el año 2005. Es fundador y coordinador del Festival de arte Ixquixóchitl, el cual se desarrolla en el municipio de Huehuetán y en este 2016 tendrá su octava edición ininterrumpida.

 

Dentro del grupo Juventud en Praxis, construye una editorial que tiene como objetivo incrementar el acervo literario del municipio de Huehuetán y la región Soconusco de Chiapas, la cual cuenta ya con tres publicaciones tan solo en 2016: Inspirado en el amor del autor Isaac Sánchez Duque; Huehuetán: Corazón del Soconusco de su autoría y El llano en letras, antología literaria con alumnos y maestros de la escuela Telesecundaria 385 del ejido Llano Grande, La Grandeza, Chiapas. 

 

Para contactar con él escribe al correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 23 Noviembre 2016 09:42

Ciudad maciza

***Arte gráfico Jordi Alós

 

Ciudad maciza

 

I

 

La ciudad: mi ciudad ayer tan garra / anteayer tan coágulo

se licua se alta marea se coralina.

ciudad asesina, hipócrita para tomar un trago de tonaya

porque se habla con jitomates y tlacoyos y huaraches

con unos ramos sermones

porque somos muy salsas para purificarnos

con los santos y los madrazos de la guadalupana.

Ciudad de las madrugadas con los ojos rojos

yo y mi mujer nos revolcamos entre los tendederos

y los chismes de las comadres con lenguas de víboras

con nuestros corazones de ases y tréboles de los naipes.

Oh, ciudad de los lavaderos de nuestros lenguajes vulgares

altar de nuestro vocabulario alburero

 saludarme a tu chiquito

por favor; dile como lo extraño

 

 II

 

así caminamos por las noches de los aguaceros

cuando la lluvia Entra por nuestros cuartos de los cachivaches

para destruir nuestros apegos nuestros miedos

uno aparece cada noche entre las madrizas de las jefas

y las cascaritas levantando pasiones por las chivas

rompe madres por nuestros símbolos patrios y los moles poblanos.

Ya no queremos ser fanáticos

pero vamos despegando cicatrices de las tranzas

 selladas con un beso de piquito de novios

de manita sudada ante los lengüetazos bestiales sobre tus nalgas

y sentirme feliz de probar cada noche tus carnosos pechos,

en terrenos baldíos; sudando el sabor de tu sexo húmedo

 

III

 

qué vergüenza ser un desquiciado cilíndrelo

un desquiciado enamorado atrapando

entre el mono araña y aráñame despacito muy despacito.

No me preguntes porque te espió todas las noches,

 mis pesadillas son del sabor del amaranto de tus obleas con vellos

 como pepitas de calabazas en la noche de las animas

déjate venir   hija de cempasúchil y donde te escondes

 

 

IV

 

sobre la ciudad de mujeres y comadres chingonas

 que levantan con ladrillos y gravas y varillas

 la historia de los profesionales sin huaraches.

 La ciudad de los perros en brama y los históricos remolinos

de las infecciones priistas, vergonzantes.

cargando botes de agua, cargando nuestra sed de siglos y de hambre.

Vengo a denunciar los trozos de historias perdidas,

cadáveres anónimos tirados por los federales.

basurero del bordo de Xochiaca, asesinadas por nuestros silencios.

 De las mujeres violadas por el carnaval de los malditos

 somos una generación de hijos de las distopías demoledoras

 construimos espacio humano, para sacar de nuestra casa

toda esta mierda humana que se llama post-HUMANA.

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 23 Noviembre 2016 09:26

Los días heridos

***Arte gráfico Jordi Alós

LOS DÍAS HERIDOS

 

A mi padre

I

Esta noche hay un olor fétido en el aire

sin duda es el olor de un país que muere

como en aquellos años de la corrupción

cuando mi infancia era una parvada de golondrinas

y mi padre enfermo

ya nunca fue el mismo

 

Hoy persiste ese olor tan fétido en el aire

y mi padre

no está aquí

para limpiarlo

 

XII

 

Hay días cuando la mañana

muestra su apego a la savia dulce del pueblo

días en que por un instante la vida aparece

donde pensábamos que había quedado

vencida y olvidada

 

XVIII

 

Hay ciudades en el fuego de la chimenea esta noche

recuerdos de tus rostros, padre, que murieron bajo la ceniza

sonrisas bajo el tizón de la tempestad más cruel

 

Ahora el mar se lamentará por el dolor guardado en la penumbra

por la angustia en los ojos de las palabras

que se enredan en el corazón

 

Ahora el mar sabrá del grito del pelícano muerto

y tratará de lavar y endulzar nuestras heridas

mientras duermo

 

 

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 23 Noviembre 2016 08:56

Escritores del Karst

Escritores del Karst

(Parte primera)

 

 

 

" En Yucatán no está pasando nada que me llame la atención.

Me parece que por el momento seguirá igual.

A pesar de que el resto de la República conoce el nombre

de uno o dos poetas yucatecos, no se interesa

y desconoce realmente el panorama estatal."

Marco Antonio Murillo (nacido en Mérida, Yuc. 1986)

al contestar una entrevista.

 

 

Tres mujeres, tres décadas diferentes de nacimiento.

La península yucateca, es una planicie kárstica resultado de la meteorización de las rocas calcáreas en que se sitúa el verde espacio de la selva subtropical. Al carecer de ríos superficiales (ríos Palizada y Candelaria en Campeche; río Hondo en Quintana Roo, frontera con Belice), el escurrimiento es casi por completo subterráneo, dando lugar a los cenotes (una de sus manifestaciones kársticas de mayor claridad) de los cuales se han contabilizado no menos de ocho mil, tan sólo para el estado de Yucatán. Los climas que brinda la vegetación que se desarrolla en la península de Yucatán (de duna costera, sábanas, selva baja subcaducifolia –que pierden sus hojas en una época del año-, hasta la selva alta subperennifolia –que no pierden las hojas) permiten que la mirada viaje sobre paisajes verdes, en época de lluvias (junio a agosto), temporada de huracanes (septiembre-octubre) y nortes (vientos fríos que se desprenden del polo norte y que bajan las temperaturas, de septiembre, noviembre a febrero), lo mismo que para el espacio de los amarillos, cafés, y cálidos naranjas en que nos vamos presintiendo en la época de secas (marzo a mayo). Y desde Palizada, en lo más occidental de Campeche, hasta Chetumal, bajando por el Mar Caribe, frontera con Belice; como en aquellas islas que rodean la península (El Carmen en el Golfo de México; Holbox, Contoy, Isla Mujeres y Cozumel, en Quintana Roo), el universo sea vasto. Sobre esta vastedad miran los ojos de los autores que nos abren el pecho y la pluma, y que se describen hoy como "Escritores del Karst". Y desde esa riqueza en que se distribuyen plantean sus esperanzas de comunicar el pensamiento, mediante la palabra escrita. El karst yucateco es de poco relieve, abundante en roca calcárea que se disuelve y precipita ante la precipitación pluvial. De la misma forma, la literatura que los autores acá discutidos presentan temáticas similares, capaces de diluir los antiguos pensamientos de una sociedad internacional que va fundiéndose con la tradición, para darnos los textos que acá discutiremos.

En este documento comentaré sobre los 21 autores compilados en la antología Karst, escritores de la península yucateca en 2016, que han sido documentados en estas regiones kársticas, donde los paisajes, las esperanzas, las melancolías de sus espacios vitales se dejan sentir en cada una de sus propuestas literarias, ya sea como poemas, minificciones, o cuentos. Voces frescas, no sesgadas por grupismos literarios de otras épocas (Centro Yucateco de Escritores, nacido en la década de 1990, o la Red Literaria del Sureste que apareciera en la mitad de la primera década del 2000), y tampoco cinceladas desde las Academias Literarias existentes en los tres estados que forman la Península de Yucatán (de este a oeste: Campeche, Yucatán y Quintana Roo) Escuelas de Escritores, de Creación Literaria o Licenciaturas en Literatura de las Universidades Autónomas de Yucatán o de Campeche. Voces literarias llenas de esa novedad en las que pueden, queridos lectores, ir descubriendo qué cosa es Yucatán, cómo se mira Campeche, cómo se descubre Quintana Roo. Porque en estos autores, cuyas edades fluctúan de los 45 hasta los 20 años, se miran los espacios de interacción en que pueden descubrir sus necesidades de comunicar ideas, que nos ayuden a descubrir ¿para qué están escribiendo?

La generación de los nacidos en la década de 1990, presenta la voz de una mujer, junto a la de cinco autores hombres. Violeta Azcona, estudiante de veterinaria quien, determinada a dejarse escuchar por los derechos de la mujer, hace que sus personajes ya sea niñas, jovencitas o jóvenes adultas, tomen decisiones con seriedad, y sean combativas. Sus textos son evidencia y confesión. No paran de ser grito para la reflexión y el cambio de posturas, la transformación y evolución de las sociedades, al reclamar sus errores, y evidenciar las nuevas posibilidades. En su discurso, Violeta sabe apretar la voz, el signo, y transcribir un claro uso del lenguaje para desarrollar su propuesta narrativa. Establece la diferenciación marcada socialmente por el género: "Habría que verlo, tan chaparro y gordo, además le he notado unas cuantas verrugas en la papada y en el cuello, parece un sapo. Y yo tan hermosa, tan espigada, tan blanca y limpia como la leche; pude haber sido actriz o modelo, pero no, estoy atada a éste hombre; es que no lo puedo dejar, y a pesar de lo que me ha hecho sigo aquí, tomándole la mano." "Mi madre me ha dicho que sea obediente, que sea más dócil. Pero es que no puedo, algo en mi interior es rebelde y quiere guerra con la hegemonía masculina."

Después de la autora Patricia Garfias (Mérida, Yucatán, 1985), o de Carolina Luna (1964), en el sureste no había surgido una voz tan clara y ágil para las narraciones, y conscientes de que el trabajo de Garfias jamás pudo despegar en la literatura, como en la promoción cultural (lo cual siempre será una lástima), es Violeta Azcona Mazun (Mérida, Yuc., 1993) la promesa de la narrativa hecha por mujeres de la península yucateca. La autora posee la ironía, y la inteligencia para mirar el mundo que le rodea, y sabe plasmarlo en sus textos. Como cuando unas jovencitas cometen un robo en una plaza comercial, en el cuento Mi primer reloj

"Éramos un grupo de cuatro muchachas. Brisa era la más guapa, con ese cuerpo perfecto que dictamina el estereotipo de la sociedad; la condescendiente del grupo, todos la querían por ello, y otras la odiaban por guapa. Misha era flaca, alta y guapa también, la "loca" del  cuarteto; siempre andaba de fiesta, de novios y pasando las materias de 'panzazo'. Ariel era la chaparrita, morena y también guapa, por supuesto; era la criticona, se la pasaba quejándose de todo, siempre se peleaba con todos y todas,  muchos la odiaban. Yo era la 'nerd', la más alta de todas, no era fea pero jamás me consideré guapa. No porque tuviera baja autoestima, o porque me comparara con mis amigas, sino, pura y llanamente porque para mí resultaba vano y superfluo aquello de la 'belleza' exterior."

 

Violeta hace que su narrador viaje al pasado (flash back), cuando se escaparon de clase, pensando en gozar la libertad adquirida por decisión propia; renuentes a la vigilancia de padres, maestros, para enfrentarse al mundo real, en el que poca experiencia tienen, como la autora evidencia su cúmulo de errores. Que, cínicas y entronas, deciden que nadie puede rajarse, hasta convertir la travesura de niñas de familia, en delito de jovenzuelas de la calle.

"Al llegar a la plaza reparamos en que no teníamos dinero suficiente para gastar. Habíamos comprado helados y papas, pero ya no quedaba más que para comprarnos unos moños que habíamos visto en un local. 'Realmente quería mi moñito', me quejé tristemente mientras hacía una mueca con la boca. Misha me miró y por un momento no dijo nada, me tomó de la mano y me sonrió, 'Ven, vamos' dijo y todas las seguimos.

Entramos de nuevo a la tienda y hacíamos como que observábamos la bisutería, la ropa, los lentes y de repente ¡Vi cómo Misha tomaba el empaque de los moños y los metía en mi bolsa de la camisola!, ¡No pude decir nada ni hacer nada!, tragué saliva y  abrí los ojos intermitentemente, como las alas de un pájaro que apresura su despegue. Casi no podía moverme y si no hubiera sido por Brisa, que me abrazó de repente, despistando a la vendedora, mientras Ariel le daba las gracias para distraerla, seguramente me hubiese dado un ataque de pánico o algo por el estilo.

 

Al dejar la oración "Realmente quería mi monito", en voz de una de las actuantes del texto, Violeta hace evidente el infantilismo de las jóvenes de la historia; esta idea que hace que las chicas vuelvan y cometan el hurto, es muestra del talento observador de la autora sobre su sociedad. Mientras al inicio las describe como "guapas", poco aplicadas "pasando las materias de 'panzazo'; o cuando señala "cuerpo perfecto que dictamina el estereotipo", o cuando se declara "nerd"; contrasta con las actitudes añiñadas de jóvenes con ese dejo de sexualidad, en pleno berrinche para hacerse de un adorno. Esa dualidad en el carácter de las jóvenes continúa durante todo el texto. La observadora Violeta hace evidente los pocos valores dentro del núcleo familiar, de padres y maestros, incapaces para saber dónde andan sus hijas, sus alumnas; pero eso no las excluye de saber discernir entre "lo bueno y lo malo" de sus acciones:

"Cuando nos disponíamos a salir de la plaza, después de que mi nerviosismo se acabara, de que mi corazón recuperara su ritmo, de que al fin perdonara a Misha por haber tomado algo que no nos pertenecía ¡Y de meterlo en la bolsa de mi uniforme!, después de creer que la habíamos librado… El vigilante no nos abrió la puerta para salir de la plaza y pronto llamó por radio a dos compañeros más, que llegaron para impedirnos la huida.

—Hay reportes de dos tiendas, señoritas; de que cuatro colegialas han tomado algunas cosas 'prestadas' —lo decía con tono morboso, y dándole énfasis a la palabra 'prestadas', como si disfrutara el hecho de que no fuera así.—  No podemos dejar que se vayan sin que se les revise. Casi sentí cómo me iba a desmayar pero, guardé la compostura—. Síganme, en una fila por favor, una detrás de otra."

 

Violeta caricaturiza la "detención" de las jovencitas por los guardias de seguridad de la plaza donde ocurre la escena del cuento. Las hace caminar "en una fila", como en aquella escena inicial de la película de 1973, Papillon (dirigida por Franklin J. Schaffner); imaginarlas caminando por la plaza comercial, en fila, y rodeadas de los vigilantes de la misma, es una trágica forma de humillación por su "delito". Lo que bien podía terminar en una llamada de atención, se había vuelto una forma de humillar a las cuatro jovencitas:

"Si no lo pagábamos, 'Un vigilante las va a acompañar a la escuela y hablará con el director o la directora, para que llamen a sus padres. O les hablamos de una vez desde acá, denme los teléfonos… o a la policía ¿Sería mejor, no?'"

 

Y esta situación la que motiva la ruptura de las falsas amistades, que impulsan a las chicas de golpe hacia la madurez, para entender que en el transcurrir de la vida, las relaciones sociales tienen que ser escogidas con mucho detenimiento. Violeta Azcona puede narrar esa historia grupal de las amigas, pero igual puede abstraerse hacia textos más íntimos, en el que desarrolla su propia postura sobre la depresión, el abandono social, y la soledad de la complejas relaciones familiares que ocurren en las familias mexicanas, en las que ambos padres de familia tienen que salir a trabajar para obtener el ingreso económico suficiente, disfrazado además de "liberación de género"; como ocurre en De pulgares, orejas y otras partes, minificción en la que el personaje se va mutilando poco a poco, en su imaginación, como en su realidad, y que en la prosa de Violeta el paso entre realidad-fantasía es tenue pero directo.

"Desde que tengo memoria me ha gustado jugarme las orejas. He intentado dejar la manía pero no he podido; me da placer y una tranquilidad inigualable."

 

El nerviosismo del personaje de Violeta en busca de la autocomplacencia que le ayude a su tranquilidad es creíble en la línea anterior. Y de ahí, Azcona Mazun, evidencia esa violencia personal, que tanto impulsa a las juventudes actuales para hacerse cortes en las piernas, en los brazos. Azcona lleva la idea al exceso:

"Decido cortarme las orejas. Tomar un cuchillo de la cocina, afilarlo y ¡zaz!, realmente no es tan doloroso. Supongo que mi vanidad es más fuerte. Tomo el lóbulo de la otra oreja y ¡zaz!, en menos de cinco minutos se tiene una cabeza libre de orejas. Se cocinan muy bien en caldo, y se las da a la perra. Lo bueno de los perros mestizos es que comen de todo."

 

Otro tema que toca la autora, es el amor a los animales, que en la actualidad llega hasta el exceso, con personas que incluso proclaman "Prefiero matar toreros, matar rancheros y campesinos que gustan de la fiesta brava, para lograr impedir la muerte de los toros". Esa posibilidad es la que Violeta nos retrata: la adolescente solitaria que prefiere lastimarse a sí misma, mientras consciente a su mascota alimentándola con su propia carne cortada; una mascota que además no es de raza, sino que se trata de un perro mestizo. La actualidad cuelga de su obra, y nos hace celebrar su capacidad de observadora natural.

Y desde esa capacidad, la autora Violeta Azcona, puede trazar la violencia desde la infancia, en una de sus prosas de largo aliento, titulada: Mi rata Potter, que al puro estilo de Los hombres que no amaban a las mujeres (2005) de Stieg Larsson, llevada al cine con el nombre de La chica del dragón tatuado (de David Fincher, 2011), muestra como una chica logra castigar a su violador; de la misma forma Violeta Azcona presenta esta actitud para México y toda Hispanoamérica. El texto, además nos permite ver –de nuevo- su visión generacional (nacida en los años 90) al bautizar a su violenta mascota, que usará para castigar, como Potter, en referencia al mago personaje de la saga de J.K. Rowling: Una niña de seis años, junto con su niñera de 14 (Juanita), son violadas por la nueva pareja (padrastro) de mamá; texto del cual recreo unos pasajes aterradores:

"Creo que tenía alrededor de 5 años cuando Carlo se vino a vivir con nosotras. Mi madre inmediatamente se olvidó de mí. Me encargaba con doña Chepa, pero ya era muy viejita; así que me contrataron una niñera: Juanita. Juanita tenía 14 años y jugaba conmigo todo lo que yo quería, luego en las tardes se escapaba de mí para irse a ver las novelas con Chepa, mientras yo jugaba en mi cuarto, en donde Carlo se escurría para verme los calzones".

"Carlo se volvió más cariñoso que nunca, me abrazaba todo el tiempo y me sentaba en sus piernas, donde algo duro siempre me rozaba las nalgas, haciéndome sentir extraña".

"Sentí una mano que se posaba sobre mi trasero, y que a pesar del calzón, pude sentir cómo no le costaba trabajo embarrar los dedos en mi raya. 'Mi niña, ¿qué haces ahí?', dijo Carlo mientras me jalaba de una pierna. Rápidamente me paré, más emocionada por contarle lo del ratoncito que incómoda por su atrevida caricia. Es que a los 6 años todo es nuevo, todo parece tan normal."

"Carlo me llevó al cuarto donde estaban mis regalos; me sentó sobre el mueble y con una voz áspera —que muchas ocasiones después de esa seguiría aguantando—, me dijo 'Te voy a dar mi regalo, no seas una niña grosera y acéptalo. Si no te gusta, te aguantas'. Se bajó el pantalón y sacó una tripa negra y peluda que mientras la iba frotando iba quedando gruesa y dura. La pelaba y tenía la punta rosada. (…) De pronto algo me raspaba, giré a ver y era su barba. Carlo me daba lengüetazos en mi raya, sentía su lengua adentro y afuera; de pronto su rata dura se metió en mi trasero, lentamente, yo sentía que me estaba haciendo popó; luego comencé a sentir mucho dolor, y en eso una rata real cruzó el cuarto, era la misma rata que vi debajo del mantel."

"Luego me limpió todo con la sábana que cubría el mueble. Me obligó a jurar que nunca diría nada. Y me sacó del cuarto para regresarme a la fiesta".

"Juanita bajó la cabeza y se puso a llorar. Creo que ahí fue que me di cuenta de que no había sido la única."

"Mi madre nunca quería verme, Juanita se la pasaba en la televisión y Carlo siempre entre mis piernas".

"Cuando cumplí 10 años, mi madre decidió que yo ya era muy grande para seguir teniendo niñera. Que además ni jugaba con juguetes ni con Juana. Regresó a Juanita a su pueblo esa misma semana, dejándome más sola que nunca."

 

Por prosas como ésta, Violeta Azcona Mazun representa ese músculo vital en el que se pueden discursar las historias sin tapujos de esta Mérida, la de Yucatán, en este 2016. El personaje infantil que ha sufrido una violación durante cuatro años, ha logrado la venganza, ¿a costa de qué? habría de preguntarse. A costa de matar a su madre y a su padrastro, y entonces pensar –contrario a lo retratado por Stieg Larsson- ¿cómo sobrevirá esta niña de 10 años en el mundo? La narración de Violeta no lo dice, sin embargo, como lectores quedamos "complacidos" con mirarla liberarse de sus violadores, y abrimos la esperanza de ese final ¿feliz?

El escritor necesita recrearse en su entorno, alimentarse de él, y conocer el pasado mediante sus lecturas. Esta dualidad experiencial es la que le impulsa a escribir, para llenar aquellos espacios de la literatura que le gusta abrevar. Para los Escritores del Karst nacidos en la década de los 80, encontramos la voz de cinco mujeres; cada una con sus búsquedas propias de voz y realidades. En una antología apenas accedemos a un fragmento de la obra de un escritor. Justo es que los antologadores y los autores vayan poniéndose de acuerdo con qué fragmento podría ser representativo de su obra, porque el trabajo literario de los escritores evoluciona con el paso del tiempo, y las lecturas. Abrevan en la vida cotidiana, como en los libros que comparten, esa búsqueda de la felicidad como derecho inalienable en el cual parpadean los instantes de sus lecturas.

Entre las mujeres escritoras del Karst nacidas en la década de los ochenta, Ángel Nimbé (Campeche, 1988) es la más joven. Nace en Campeche donde estudió literatura en la Universidad Autónoma de esa entidad; actualmente radica en Cancún, Quintana Roo donde cursa la maestría en Creación y Apreciación Literaria, como una clara muestra de la continua movilidad existente en la península de Yucatán; y desde ese recorrer kilómetros de selva define su palabra poética: " Yo, Dios, y soy gusano, tecla y tinta de otro dios más fuerte". Nimbé ha sido becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico en Campeche (Pecda) en su emisión 2012; es autora de Las danzas de la serpiente, con el que obtuvo el premio estatal de poesía 2015. Y dentro del trabajo poético que acá revisamos, Leptomar (Las bitácoras del desahuciado), se observa el trazo de posibilidades artísticas con los que se mira a la sociedad y que la autora percibe; se deja sentir el abandono en que el que sus hablantes líricos se encuentran sumergidos; así como la búsqueda interior que no termina de fracasar.

El desahuciado hablante lírico de Nimbé no logra salir de la depresión que el mundo le impone: la niñez, la familia, los amigos, los otros, la vida toda: "Este recinto blanco me sofoca. Debe tener el sabor del abandono. Con esta esclavitud deben vivir los muertos." La fallida esperanza que narra en sus poemas, huele a derrota, a miseria, al abandono en el que uno se nutre cuando quiere llegar a lo más hondo de la tristeza. Pero igual entre sus textos se percibe esa presencia marina, ese olor oceánico que rodea a la península, su natal ciudad Campeche, situada a la orilla del Golfo de México, y Cancún, donde ahora reside, situada a orillas del Mar Caribe; por ello puede percibirse el espíritu de mar en el que la autora ha crecido, mar y religión como un viaje que se complementa en la actualidad de su mirada: "Vengo a ti como el rey de los ejércitos, para enfermarte como enfermé estas olas, provocar un nuevo amanecer aún más oscuro. Hay otro mar allá, tras esas sombras. Hay otro mar allá, cae en picada sobre la arista del cuadrado mundo."

Esta desolación puede mirarse en los versos de su Día tercero; las relaciones del hablante lírico con personajes débiles, tiernos, y en esa docilidad de carácter 'como solían ser las princesas de los cuentos', Nimbé remarca a la sociedad enferma contemporánea, enferma por lo políticamente correcto, enferme con el neoliberalismo, enferma con esa necesidad de "no exacerbar los caracteres, reprimir las pasiones, evitar ser contestatario, privando de reacción a la juventud que languidece como "la dama de las Camelias", de una enfermedad del alma, ante ese fantasma que les absorbe el cerebro, como aquel monstruo retratado por Horacio Quiroga, que iba succionando a la mujer, hasta matarla en El almohadón de plumas. De esa forma la autora presenta a sus personajes:

"Mi mejor amigo tenía el cuerpo diminuto y delgado. Era un niño blanco como solían ser las princesas de los cuentos. Tal vez cuando crezca halle un hada y se case. Tal vez se acuerde de mí, que solía devorar los corazones de los lobos.

Mi mejor amigo de la infancia se desmayaba a ratos. Mucho tiempo bajo el sol le hacía desvanecerse. Solía cargarlo y correr hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído. (…)

Creo que mis intentos de felicidad ya fracasaron, murieron desde la primera vez que abrí los ojos."

 

Y sin dejar además de señalar a esa sociedad capaz de lastimar al que se presiente débil. Con ello, Nimbé remarca la batalla contemporánea contra el Bullyng (acoso físico o psicológico al que someten de forma continua a un individuo sin importar el sexo, por el hecho de presentarse débil ante una persona o un grupo social): "hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído". En su poema Cuentos de hadas desgraciados, Ángel Ninbé hace eco de las narraciones de Violeta Azcona, retratando la pobre educación de la familia. Y con la sutileza que permite la poesía, sus versos se acercan igual al miedo que sienten los infantes ante el acoso de los adultos: "Mamá me dijo que el hombre de arena no es real, /que no morderá mis juguetes, /ni jalará mis pies si resbalo /cuando juegue en el columpio a medianoche." Y en ese miedo por los adultos, igual prevalece el miedo a los narcotraficantes que les acercan las drogas. Es interesante que mientas muchos "activistas" se inclinan por la legalización de las drogas, la joven poeta nos diga, desde su hablante lírico: "No me arrastrará a su reino de morfinas /debajo de la cama /ni me convertiré en una de esas niñas /a las que a veces se les caen los ojos /que los rincones devoran." Y es en los tres versos finales donde la autora deja ver su postura ante la "trata de blancas", o nos permite imaginar a las chicas suicidas, las que han sido diagnosticadas con algún problema mental, que viven de píldoras, y pastillas recetas por el psiquiatra, o que han sido incluso recluidas en clínicas mentales. La alusión "a veces se les caen los ojos /que los rincones devoran", puede ser una referencia de aquella canción infantil mexicana de Francisco Gabilondo Soler "Cri-Cri", "La Muñeca Fea" (grabada en 1958), que vive "escondida por los rincones"; y cuya letra ha estado en el imaginario colectivo de las familias mexicanas ininterrumpidamente desde su grabación.

Entre los nacidos en la década de los setenta la única mujer entre los Escritores del Karst, es Gema Cerón Bracamonte (Mérida, Yuc., 1979), licenciada en nutrición por la Universidad Autónoma de Yucatán. Sus relatos vienen cargados con las emociones vitales de una observadora ávida. Una mujer mira hacia la prisión de otra mujer, en busca de la libertad y la determinación, consiguiendo el juicio de las autoridades que la reprimen. ¿Tiene justificación el asesinato? ¿Tiene límites el abuso sufrido? La lucha de la mujer para dejar el papel de víctima, o con la firme intención de asumirlo como ocurre en el cuento Sentencia.

"Cuatro años de matrimonio teñidos con sangre, ¿quién lo hubiera imaginado? Recuerdo el día de mi boda y ese hermoso vestido blanco. ¡Nunca me sentí tan dichosa!, como princesa en cuento de hadas. ¡Qué decir de Rogelio!, tan guapo, con ese frac negro, corbata de moño y sus ojos marrones mirándome embelesado.

Todo era perfecto, hasta que Rogelio decidió que debíamos abandonar la casa para vivir con su madre."

El personaje-narrador de la historia de Cerón termina por dar muerte a su suegra, que durante la relación a la que se enfrenta se la ha pasado atormentándola. Este texto es evidencia de que el Machismo que tanto daño hace a las familias, a la mujer, a los hijos, en ocasiones es estimulado por otras mujeres, ya que como decía Simone de Beauvoir: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos", como en este caso Madre-Hijo son quienes someten a la Nuera-Esposa, hasta enloquecerla, cegarla, y orillarla a defenderse: "Sumida en mis recuerdos, no escuché con claridad la sentencia. Al parecer, jamás podría ver a mis hijos, esto me derrumbó. ¡No podía creerlo!, ¿por qué me condenaban?, la víctima era yo."

Gema Cerón carga su discurso con la sencillez de las palabras y las escenas que plantea denotan la experiencia del diálogo y de saber escuchar a las personas que nutren sus reflejos literarios. Tal postura se vislumbra en la segunda narración que analizamos Pedrito: donde una mujer busca corregir y educar a su hijo, por lo que el texto se carga de la magia literaria del absurdo. Se reconocen las lecturas de Gema, el apropiarse de la tradición literaria infantil para poder construir sus propias intenciones, el nombre del personaje de inmediato nos lleva a reconocer al personaje de la fábula de Pedro y el Lobo, que acá es mezclado con aquel pillo de los cuentos llamado Pepito (de ahí el diminutivo) que siempre se sale con la suya, y que en la contemporaneidad nos haría pensar en Daniel el Travieso (tira cómica de Hank Ketcham, estrenada en 1951), o al más reciente Bart Simpson (personaje de Los Simpson, creados por Matt Groening en 1989).

"Pedrito, niño malcriado de 3 años y medio, el menor de tres hermanos. Era el consentido de sus padres. (…) Pedrito se había enfurecido tanto, que comenzó a golpear a su progenitora a puño cerrado."

De inicio Cerón llama a su personaje "niño malcriado", y lo evidencia mostrando como es capaz de golpear a su madre. La fabula que la autora propone, pasa a ser un cuento que pretende espantar a los niños, y de nuevo hace referencia a Gabilondo Soler con la letra de la canción de "El ropavejero", quien compra o cambia: "Chamacos malcriados /miedosos que vendan"; evidenciando además cómo son los Padres los que crean y refuerzan los miedos en los niños.

"El reloj se detuvo; para un pequeño de tres años, un minuto sin su madre parece una eternidad. El silencio retumbó en la casa. Pedrito subió las escaleras, entró al baño, exploró cada habitación sin hallar a nadie. Hasta sus hermanos se esfumaron. Creyó que jugaban a las escondidas y buscó debajo de la cama, dentro del ropero y nada."

La referencia obligada acá es a la película "Mi pobre angeligo (Home Alone), película de Chris Columbus, estrenada en 1990, sobre el niño que por distracción de su familia que se va de viaje, se queda solo en casa. Pero en el texto de Cerón, el niño es de una edad mucho menor que el protagonista de la saga hollywoodense; por lo cual tiene un mayor contacto con la obra de Gabilondo Soler:

"Se sorprendió al ver un anciano sucio de barba desordenada, con una bolsa negra al hombro. Parecido al hombre que buscaba en la basura cuando mamá sacaba las bolsas. Aquel que un día le vio jugar en el jardín y dijo: 'Ven conmigo pequeño, en mi casa hay muchos juguetes, eres un niño muy lindo. Te enseñaré un juego muy bonito mientras te cuento un secreto'. Ese hombre, del cual rehuía mamá, debido a su nauseabundo olor y porque algo le habían dicho sobre él, sobre algo terrible que les sucedía a los niños, cuando se cruzaban en su camino, y de lo cual, jamás una madre podría comentar a sus hijos."

 

Y con el final de este párrafo, Cerón Bracamonte, vuelve a tocar el mismo punto que Violeta Azcona y Ángel Nimbé, el posible acoso, secuestro y abuso sexual de los infantes; lo cual marca una constante en la prensa mexicana, en las noticias de todos los días cargados de desaparecidos (los 43 estudiantes de una normal rural de Ayotzinapa, en el sexenio actual de Enrique Peña Nieto, o los 16 jóvenes estudiantes asesinados en una fiesta en Ciudad Juárez en Villas de Salvárcar, en el sexenio anterior de Felipe Calderón Hinojosa). ¿Cómo estas tres escritoras no desarrollarían textos en los que se denote la vulnerabilidad de los pequeños, y permeé el miedo latente?

En este pequeño apunte sobre la obra de tres mujeres (Violeta Azcona Mazun, Ángel Nimbé y Gema Cerón) sirve de base y cimiento para poder analizar a los otros 17 autores compilados, (21 en total), ya que cada una de ellas sitúa su nacimiento en una de las tres décadas (70s, 80s y 90s) del nacimiento de los demás autores. Pero habrá que evidenciar que la literatura no tiene genitalidad, como veremos al continuar nuestro análisis, ya que los temas vienen a ser correspondientes con los que hasta ahora ellas tres han sugerido. Lo cual nos deja claro que el género del autor no debe seguir siendo una validación para la creación literaria. Toda vez que la literatura tiene como primer objetivo la comunicación de ideas; con base en la estética, que cada quien determinará por su habilidad lectora y su experiencia como creador, asimilando las estructuras que mejor impulsen sus creaciones. Lo cierto es que, el género es una creación social determinada con base en las significaciones de cada persona sobre los infantes, ya que el desarrollo de la literatura actual, contempla la validación de dichos pulsos sociales, y no es sino en la capacidad de asumir esa postura, como cada autor se nutre de su entorno, y puede desarrollar su actividad creativa y creadora.

En este primer fragmento, las autoras revisadas presentan en la violencia sobre la infancia, vasos comunicantes que deben llamarnos la atención, sobre las preocupaciones actuales de los escritores de la península de Yucatán, de México, y tal vez de toda  Hispanoamérica.

 

 

 

Publicado en La pluma sobre el ojo
Miércoles, 23 Noviembre 2016 08:39

Las revoluciones invisibles

Las revoluciones invisibles

] axiología de la corrupción en la poesía mexicana [

 

Una vez determinado este cielo imaginario y su respectivo infierno, podemos saber todo lo que tiene que hacer un recién ingresado para llegar a la presidencia de la poesía. Donde la figura del poeta porro, el grillero, el capataz, el supervisor, el policía (o granadero), el subdirector o secretario, y cualquier otra figura dentro de la escala de valores políticos de México, no queda exenta como una plaza, que continuamente quedará vacante; apetitosa para los mejores prospectos que sabrán atender las necesidades de los mandatarios (y sus patrocinadores). Y dentro de esa lógica la poesía se dividirá en empleados, subempleados, desempleados y auto-empleados, todos bajo la misma regla operativa de la pirámide vectorial que da peso al imaginario colectivo de la poesía y sus ciudadanos en regla, según los requerimientos para estar en el padrón.

            ¿En qué consiste esta serie de valores, mismos que promueven los paradigmas pragmáticos de la operatividad de las instituciones (incluyendo la familia) y sus fluctuaciones estadísticas? Son valores que determinan qué tan eficaz es el individuo (ciudadano económicamente activo) a partir de dos directrices: a) los intereses de altos funcionarios, b) los intereses de sus propios compañeros de grupo (sean personales o sectarios). Por supuesto en muchos casos pueden coincidir ambos.

            La lógica de una estructura de este tipo, dentro del gremio de la cultura, per se el de la poesía, obedece principalmente a valores, extraliterarios; extra-poéticos, como bien lo apunta Samuel Gordon en su Breve atisbo metodológico a la poesía mexicana de los años setenta y ochenta (página 23); pero no sólo eso, sino que esta lógica responde a valores de cúpulas privadas, antes que a valores de carácter político social como presupone una institución pública, situación que deriva en que el capital —en sus diversas facetas— se invierta en intereses particulares y manipule los visores mediáticos para sumar y mantener el poder con el partido que administra, así como sus respectivas asociaciones empresariales, que le empoderan.

            Los valores de la corrupción son “adecuaciones” de los presuntos estatutos planteados para mantener una igualdad social, y que se han creado desde las propias instituciones, problema que desarrolla de manera clara Ikram Antaki, en El manual del ciudadano contemporáneo, donde plantea esa problemática de “la irresolución” de conflictos sociales, desde el núcleo de una cultura mexicana que se pasa las leyes por el “arco del triunfo”, sea desde el rol de autoridad o desde el rol de ciudadano, y donde desarrolla también el tema del monopolio de la violencia (o de la Estética, en este caso), que presupone la idea de Estado. No está de más, recordar a Mario Vargas Llosa, con su reflexión a partir de T.S Eliot sobre la educación fincada desde la familia (que argumenta “estamos en un mundo donde le primer lugar de la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento , y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal, donde la cultura es diversión y lo que no es divertido no es cultura”); también es valioso el análisis de la descolonialización de lo familiar de Ramón Grosfoguel (que analiza el génesis de la opresión a partir del “patriarcado europeo cristiano; por tanto monogámico. Entonces el patriarcado europeo se organiza alrededor del concepto de familia monárquica), para entender que la familia es el primer lugar en donde se aprende a vivir, y es ahí donde se enseña la pirámide del “desclase” social: axiología de la corrupción. 

            Por eso nadie puede imaginar a un grupo de eruditos de la poética, discutiendo honestamente sobre un canon de la poesía mexicana; ¿por qué?, porque esos eruditos se ven desde el filtro del propio valor de exclusión, y competencia desleal (bajo el agua), y que en una política social se pensarían como herramientas de sabiduría, antes que de imposición del interés de un solo sector. Es decir, un funcionario intelectual, tendría por deber político, estructurar medios para el reconocimiento de todas las diferentes culturas y manifestaciones poéticas que se dan en el territorio mexicano (independientemente de su calidad, porque son manifestaciones de cultura), antes que establecer un filtro para detentar una idea cerrada de lo nacionalmente aceptable, dejando fuera del visor una mayoría abrumadora.

Lo que nos coloca antes una hipótesis: la política de Estado se ejerce desde la individualidad abstracta del interés. Y aunque en el caso de una masacre (ejemplo macro) es más visible, por ejemplo, la lógica de la omisión en lo privado (ejemplo micro), no es diferente al caso mayúsculo. E incluso es similar en la censura personal (ejemplo nano). ¿Por qué no podemos pensar en los sabios hablando de un canon para nuestro país? Porque en México no hay un solo canon, y porque hablar de un solo canon es equivalente a de-significar lo otro, en favor de lo único. Apoyar la monarquía poética, y por ende la erección del monarca.

El ejemplo evidente de nuestro tiempo es que en México no se discute, se asesina (sea física, o simbólicamente). Y no sólo en la escena de la política nacional, sino en los distintos gremios culturales. Si no estás, no existes. Si no existes, no estás. Desaparecer o estar muerto es sinónimo en esta nación, y el asesinato simbólico se vive en la praxis cotidiana dentro de las propias familias (bajo el visor de una economía falogocéntrica, como apunta Judith Butler en Prohibición, psicoanálisis y la producción, y que si traspolamos la estructura, puede leerse desde cualquier ejercicio de dominio en el halo de la ley de la casa, plano primero para la iniciación de cierto sector de poetas varones, y desde otro ángulo, para ciertas mujeres poetas de carácter religioso: la casa como la morada); fuera de los núcleos iniciados, difícilmente encontraremos un núcleo emocional donde la gente logre organizarse para convivir y desarrollar un proceso de evolución, sin terminar peleándose, y por ende, anulándose entre sí. Por eso el idealismo mágico se inyecta en altas dosis a la población en general, para alimentar la neurosis y el alcoholismo como principales fuentes de sentido en la identificación grupal. Además de generar un mecanismo de consumo para la constante renovación de los mismos patrones, que garantizan un estancamiento, sujeto a los parámetros de realidad circundante. Es decir, no sólo los refrigeradores y los autores son desechables en esta segunda década del siglo XXI. También las relaciones personales se han vuelto desechables, y la pertenencia de grupo se da en consecuencia directa a satisfacer una necesidad específica (sintetizada en un rol). Este pragmatismo lleva a una alienación donde cada individuo busca la forma de satisfacer lo mínimo de su entorno para sobrevivir, sin percatarse que sus gustos, trabajo, etc., los determina una economía global, y no la serie de decisiones que asume tomó por sí mismo cuando navegaba en red.

El paradigma de lo posmoderno —o en busca de dar continuidad al programa de lo Contemporáneo, llamado Postemporáneo— es cabal. En las familias no existe una ley hecha a la medida de su hogar, porque los hogares responden a una ideología única —fincada desde los medios visibles (televisión, radio, internet, etc.)— y responden a una economía impuesta que no necesariamente entienden y que es dictada por diversos ejecutores (políticos y empresariales) que defienden los intereses “ganados” a lo largo de generaciones, de gente invisible que se desarrolla en “otro nivel de vida” (universidades internacionales, sectas globales) y una educación que proyecta una “nueva raza” (especulativamente intergaláctica).

Por eso el salario mínimo no se incrementa proporcionalmente a la inflación; por supuesto, el poeta mexicano no ilustrado, parte de esta misma problemática, no tiene modos de vida dignos que le den la libertad de trabajar para su propia lengua en conflicto, que sea congruente con su propia comunidad, o dé posibilidades de desarrollo e identidad a la misma [Yolanda Lastra, apunta datos cruciales sobre este tema, y detalla Joel Sherzer, en Lengua y cultura enfocadas en el discurso]5, y por el contrario, en el mejor de los casos, si el poeta, en modalidad de académico, cuando logra acceder al núcleo ilustrado, a través de la universidad, sea pública o privada, consagrará su tiempo a la investigación de los Siglos de Oro, López Velarde y su patria chica, o a las vanguardias de principios del siglo XX. Y en sus tiempos libres escribirá poemas —pero una vez ahí, no hay tiempos libres— y entre la docencia, la burocracia y la investigación, su poemario será apéndice de la misma especialización a la que dedica su tiempo entero.

Esta problemática la tienen presente muchos de los poetas que viven de lleno en esta estructura, y de la cual tampoco hay tantos medios para librarse. Su conciencia genera poéticas de resistencia desde la ironía, y en la mayoría de la veces, desde un cinismo posmoderno, muy de la mano de las clasificaciones de Peter Sloterdijck, donde el ensimismamiento arguye su propia cápsula de existencia, y desde la figura de un “Sócrates reintegrado”, que posee una “falsa conciencia ilustrada”, y de tal modo, desde esa inserción, el poeta, tendrá que ejercer jornadas triples de investigación extra oficial, para consolidar el acercamiento crítico a las realidades circundantes de la poesía. (Véase el caso del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea y su revista online de crítica Ancila, que ha trabajado con la editorial Malpaís o con Verso Destierro).

Pocas veces desde el saber (o como diría Enrique González Rojo Arthur, desde la clase intelectual) se concibe una resistencia que no termine por enajenarse en su propia ideología, y que ejerce de modo inherente el consabido saber es poder, apoyándose en la consabida frase que arguye las leyes generales sólo existen para los tontos.

Es este apretado esquema el que orilla a los poetas (y mexicanos en general) a ajustarse al modus operandi de la supervivencia, donde la pirámide axiológica de la corrupción se impone sobre cualquier política social, y desvanece la idea de ley en común, dividiendo la ley de la casa en un sistema culposo que incrimina a la cabeza de cada hogar, y que mantiene así el ejercicio de la competencia sucia —siempre bajo el agua— y el cambalache de favores. Y se vuelve a imponer el imperativo único, de los más fuertes desde el pódium de lo mediático, para mantener la idea de que existen vencedores (los visibles —incluyendo a supuestos representantes del interés popular, cual diputados—) que lograron apoderarse de los medios y estructuras de difusión, promoción, publicación, etc. (perteneciendo a los grupos que poseen dichos medios), y los vencidos (los invisibles), que son amenazas latentes, que quedaron fuera de la nómina y que no representan sino la carne de cañón que llenará el espacio de los gobernados.

 

Miércoles, 23 Noviembre 2016 08:18

Huellas de luz

 Huellas de luz: una apuesta a la sensualidad desde el lenguaje

 

 

“Criaturas luminosas habitan las espesuras del habla.”

Octavio Paz

 

“Manzana de oro con figuras de plata

Es la palabra dicha como conviene.”

Proverbios 25-11

 

         Tres títulos de poesía anteriormente publicados son los que se recogen en Huellas de luz, libro de Coral Bracho: Peces de piel fugaz (1977), El ser que va a morir (1981, con el cual obtuvo el premio de poesía Aguascalientes) y Tierra de entraña ardiente (1992, realizado en colaboración con la pintora Irma Palacios). Este ensayo explora la obra de Bracho con el propósito de dilucidar su poética neobarroca en la que propugna, a través de su discurso, por un desbordamiento de la sensualidad a partir del lenguaje. Por lo tanto, habremos de revisar los procedimientos que utiliza la autora para lograrlo.

Desde el inicio de su carrera literaria, esta poeta mexicana nacida en 1951, se instala en el ámbito de la letras sorprendiendo a los lectores por su lenguaje alejado de lo convencional, pues “rompe con la lógica discursiva para luego reconstruir un esquema sumamente original e idiosincrásico” (Nicholson 259). Para leer la obra de Coral Bracho, imperativa es la necesidad de enterarse que uno de los antecedentes de esta poesía de raigambre neobarroca lo encontramos en Lezama Lima y en “las nuevas tendencias de la crítica postestructuralista, en concreto de las ideas de Derrida (lenguaje) y Deleuze (subjetividad)” (Fernández 72-73), ya que de esta manera el lector ganará en comprensión de la técnica y discursivismo de estos textos herméticos que, como bien señala Nicholson, nos retan “en su aguda inteligencia lírica” (273).

         Con apenas un poco más de un ciento de páginas, Huellas de luz, publicado en 1994, se instaura como un libro fundamental paras las recientes generaciones de lectores de poesía. ¿Pero en qué radica la importancia de una obra tan subjetiva por compleja como la de Bracho? ¿Cuáles son sus atributos y sus cualidades? En la contraportada del cuaderno Peces de piel fugaz, reeditado por la editorial Verdehalago, se lee: “Durante los últimos veinticinco años un buen número de poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas han enriquecido y transformado nuestra tradición literaria”.

         Es precisamente tal transformación a la que se alude arriba la clave para entender la importancia de esta obra vanguardista en el sentido de su afán renovador, en cuyos versos desfila un discurso híbrido al utilizar conceptos, e incluso vocablos, pertenecientes a diversas áreas como la agronomía o geología (o términos terrestres y vegetales y, como veremos en el siguiente texto, también del reino animal) y la arquitectura (o palabras relacionadas a un espacio), puesto que es “la apropiación del léxico de discursos extraliterarios [lo] que marca el texto neobarroco o discursivista” (Nicholson 266). Un fragmento del poema “Deja que esparzan su humedad de batracios” bastará para ejemplificar lo anterior:

                  He ido cerrando, una a una, las puertas;

                  las ventanas están urdidas de hiedra,

                  de arena fina; en los pretiles se acumulan las aguas.

                  Casa de lirios y brebajes ocultos,

                  de patios hondos.

                  Pequeños charcos de luz donde crecen y cohabitan los gansos

                  y las retamas. Sauce de tierra fría. De aquí

                  los volcanes, las caudas,

                  los desvaríos. Frágil cerco la arena de los destellos; (25).

 

         Al agrupar los términos por categorías, resaltan de este fragmento los que atañen a un espacio físico, como puertas, ventanas, pretiles, casa, patios; así como aquéllos del reino vegetal: hiedra, lirios, retamas, sauce; y por último los elementos terrestres o de la naturaleza: arena, aguas, charcos, tierra, volcanes. Sin embargo, también vocablos del reino animal se encuentran presentes en dicho texto. Aunque no hemos citado todo el poema, mencionaremos los que aparecen: gansos, grillos, anfibia, tordos, loros, batracios. Ya Ronald Haladyna había reparado en esta característica de la “multitextualidad” en la obra de la poeta, al analizar otros de sus textos. De acuerdo a este ensayista, “[l]os poemas de Bracho provocan que el lector visualice estas imágenes repletas de sustantivos, de adjetivos y de preposiciones, pero con sólo un verbo ocasional. Son poemas esencialmente descriptivos de ambientes, de estados de ser, sin un aparente interés en acciones, en modificaciones o en conclusiones” (187). Véase de Tierra de entraña ardiente el siguiente texto completo, titulado “Ensanchamiento piramidal”, para corroborarlo:

         La densa

         tenacidad nocturna

         de la historia. Sus construcciones apretadas.

         Su ensanchamiento

         piramidal.

         La maraña profunda de sus brotes confusos, de sus ramajes

         engarzados: sus hendiduras, sus incisiones;

         sus escapes de luz (112).

 

         Como evidentemente puede constatarse, en dicho poema breve no existe ni un solo verbo. Es un texto escrito a base de sustantivos y adjetivos, en el que resalta la utilización excesiva del adjetivo posesivo sus, en seis ocasiones, percibiéndose cierto ritmo, el cual es producido a su vez por la presencia de la discreta aliteración en la que predominan los sonidos de las consonantes t, r y s. La terminación de ambas estrofas con palabras agudas (piramidal y luz), acentúan también el ritmo del poema. Pero además, la utilización del recurso retórico de la aliteración junto con la presencia de las imágenes poéticas creadas, acrecientan ese componente que despierta los sentidos del lector. Un texto en el que coinciden algunos estudiosos de la obra de Bracho, para mostrar el uso indiscriminado y excesivo de las preposiciones, es aquél que abre la colección Peces de piel fugaz:

                  Desde la exhalación de estos peces de mármol,

                  desde la suavidad sedosa

                  de sus cantos,

                  de sus ojos ornados

                  de arenas vítreas,

                  la quietud de los templos y los jardines (19).

 

         Tan sólo en la primera estrofa se encuentran ocho preposiciones. Alma Rosa Jiménez sostiene que “[p]artiendo de preposiciones —bajo, de y desde—, la poetisa dirige la trayectoria de un discurso que en lo visual plasma imágenes coloridas y aluzadas, y se une en lo fonético a cadencias rítmicas”  (251). Tal aseveración se constata plenamente cuando se lee un poema de marcado ritmo sensual como el siguiente:

                  Agua de medusas,

                  agua láctea, sinuosa,

                  agua de bordes lúbricos; espesura vidriante —Delicuescencia

                  entre contornos deleitosos. Agua —agua suntuosa

                  de involución, de languidez

                  en densidades plácidas. Agua,

                  agua sedosa y plúmbea en opacidad, en peso —Mercurial; agua en vilo,                                  agua                

                   lenta. El alga

                  acuática de los brillos —En las ubres del gozo. El alga, el hálito de su                             cima; (69).

 

         Aquí el discurso erótico es utilizado por la voz poética, así como en otros varios textos que conforman el segundo volumen El ser que va a morir, “explotando al máximo todos los niveles lingüísticos. A nivel sintáctico, una serie de repeticiones son capaces de crear un ritmo en el poema para realzar lo sensorial” (Chouciño 258); sin embargo, al enfrentarse a este tipo de poesía, “el lector comprende la imposibilidad de extraer un mensaje concreto”(258), puesto que en el discurso parece tener más importancia el juego de lenguaje, que ha de intervenir de igual manera tanto en la imaginación como en la sensorialidad y que es a la vez elemento representativo de la poesía de estirpe neobarroca (Báez 62). Adolfo Castañón señala que “[a]sistimos por ello al intento radical que define el grado de innovación de una obra: el de la invención o creación de un lenguaje” (13). De lo cual puede deducirse que en la poesía de Bracho, efectivamente, la preocupación por crear una cosmovisión novedosa a partir de la palabra en conjunción con —o a raíz de— la emoción poética, va a ser una constante a lo largo de su obra, en la que resulta primordial “ofrecer varias posibles interpretaciones; evitar la clausura; dar preferencia al proceso de construcción del poema antes que al producto”, ya que “el discurso poético no es, como se mantenía en el Romanticismo, la expresión de un sujeto poético concreto” (Chouciño 246).

         Para tener un mejor entendimiento del estilo poético de la autora de Huellas de luz, baste saber que una de sus principales influencias literarias y filosóficas se encuentran en la obra Rizoma de Deleuze y Guattari, misma que anteriormente había traducido al español y en la que “[l]os conceptos deleuzianos de rizoma, escritura nómada y tiempo interno[…] aparecerán con gran frecuencia en las dos primeras obras y resultarán extremadamente útiles para analizar su poesía” (Fernández 73-74). Uno de los primeros estudiosos de las nuevas tendencias de la poesía mexicana, especialmente de la generación de los poetas nacidos en los años cincuentas, es Evodio Escalante quien afirma que la obra de Bracho carece de ideas o conceptos, y en la que se prepondera, sin embargo, la importancia de las sensaciones; según él, lo que define a la poesía de esta autora de concentrada obra es la multiplicación y el rizoma (41). Esclarecedor es entonces, al mostrar un rumbo en la lectura, el fragmento de Rizoma de los mencionados filósofos franceses que Bracho utiliza como epígrafe en su poema Sobre las mesas: el destello:

                  El rizoma, como tallo subterráneo […] tiene, en sí mismo, muy diversas                        formas: desde su extensión superficial ramificada en todos sentidos, hasta                         su concreción en bulbos y tubérculos.

                  El deseo es un creador de realidad […] produce y se mueve mediante

                           rizomas.

                  Un rasgo intensivo comienza a actuar por su cuenta (73).

 

         Tratando de complicar un poco más la abstracción de los conceptos, la poeta añade una nota tras el título de su texto: “Esto es un corte de rizoma visto al microscopio; la perdiz es una célula de papa. Lo demás aparece o forma parte del paisaje: búsquese en él lo alusivo a la libido de los caballos”, acotación que en vez de facilitar la lectura del texto, irónicamente la dificulta más. Dicho poema, uno de los más extensos del libro, bien pudiera considerarse como el ars poetica de Bracho:

                  En la palabra seca, informulada, se estrecha

                  rancia membrana parda ((decir: fina gota de aceite para el brillo matinal

                  de los bordes, para la línea

                  tibia, transitada que cruza, como un puro matiz, sobre

                  el vasto crepitar, sobre el lomo colmado,

                  bulbo —una gota de saliva animal: (73).

 

         Este poema, como muchos otros, centra la atención del lector en el uso excesivo de los guiones y paréntesis, y por si no bastara con estos signos gráficos, la autora emplea dobles paréntesis, los cuales encierran la mayor parte del texto. Según la ensayista Jiménez, al comentar el texto que se refiere a los grillos, titulado “Tocan los vitrales ocultos”, un “recurso poco afortunado […] es el abundante uso de paréntesis que no guardan ninguna lógica ni aportan a la estética” (258). Una de las explicaciones que ofrece a este respecto Haladyna, en cambio, es que “este fenómeno […] puede basarse en una tentativa formal de lograr efectos indeterminados, de expresar inconformidad con las normas gramaticales del logos, interrumpiendo la fluidez de lectura y recordándole al lector que la puntuación, aún [sic] en su calidad marginal, puede tener tanto impacto (o más) que las palabras como significantes” (212).

         A este respecto, Kristeva considera que a veces la literatura actual y sobre todo el texto poético, al buscar un significante autónomo que conlleva un significado diferente al significado del mensaje explícito, puede ser tan radical que se crea un nuevo lenguaje, tras romper las reglas del lenguaje de la comunicación, y por lo cual cabría la posibilidad de comunicar más o ser menos efectivo el mensaje (294). La autora de El lenguaje, ese desconocido, acierta obviamente en sus observaciones. Tanto es así que, en el caso de la poesía de Coral Bracho, lo anterior puede ratificarse sin ningún problema, ya que por medio de la transgresión del idioma ha logrado producir un novedoso lenguaje —el de la sensualidad—, cuyos significados dentro de su obra se disparan en múltiples direcciones, pues sus poemas “no crecen como árboles con un centro a partir del cual lanzarán su fronda de versos, sino que más bien se propagan como enredaderas” (Castañón 13). Es decir que, en otras palabras, la idea de rizoma se hace presente de nuevo en la poesía de Bracho tanto en el sentido tipográfico como semántico, como por ejemplo en los siguientes versos pertenecientes a la estrofa final de “En esta oscura mezquita tibia”:

                  —Entornada a las voces,

                  a los soplos que cohabitan inciertos por los quicios—.

                       Hunde en esta calma mullida,

                  en esta blanda emulsión de esencias, de tierra lúbrica;

                       enreda, pierde entre estas algas;

                  secreta, hasta la extrema, minuciosa concavidad, hasta las

                       hégiras entramadas,

                  bajo este tinte, la noción litoral de tu piel. Celdas,

                  ramajes blancos. Bajo la cúpula acerada. Quemar (cepas,

                       helechos, cardos

                  en los tapices; toda la noche inserta bajo ese nítido crepitar)

                       los perfumes. Agua

                  que trasuda en los cortes de las extensas celosías. (Pasos

                       breves, voluptuosos.) Peldaños;

                  Azul cobáltico; Respirar entre la hierba delicuescente, bajo

                       esta losa; Rastros secos, engastados; Estaño

                  en las comisuras; sobre tus flancos: Liquen y salitre en las

                       yemas.

                  De entre tus dedos resinosos; (45).

 

         Del fragmento anterior, pueden destacarse varias particularidades o características de la poética de la también autora de Voluntad del ámbar: En primer lugar, el aspecto rizomático que ya fue mencionado anteriormente, esa propagación de los versos en todas direcciones, como la hiedra o la enredadera; el tema del erotismo, tan recurrente en la escritura de esta poeta, y sobre todo en Huellas de luz; además, puede observarse ese tono sensual por el que apuesta Bracho. Pero eso no es todo. En el aspecto sintáctico y fonético, véase el componente lúdico: la utilización sui géneris de los signos ortográficos como la de los guiones, iniciar la palabra con mayúscula después del punto y coma, y con el mismo signo finalizar el poema. Una de las técnicas que también se observan en la escritura poética de Bracho —aunque no con mucha frecuencia— es el natural paso del verso a la prosa y viceversa, pues como bien se sabe, el fondo determina la forma:

                  Omnívora

                  esfera

                  opaca, el tiempo fluye.

                  Porque todos circulan en sus aspas, porque

                                                  nadie se acerca,

                  porque el borde es la fuerza del abismo que absorbe,

                       el tiempo fluye,

                  porque el borde es la fuerza del abismo que exhala, el tiempo

                  es una esfera, su borde

                  o contorno es ágil; sus fragmentos, periodos germinales. A

                      veces

                  estos segundos crecen extraordinariamente

                  y trascienden la afluencia de otras áreas.

                  Las áreas principales son cuatro:

                  El núcleo. Cavidad imantada que transforma y devora los com-

                  puestos; asimila tan sólo los despojos que antes, en áreas prece-

                  dentes, integraron las formas que ella tritura ahora y elimina (32).

 

         De ese modo, el texto citado arriba continúa con dos estrofas más en prosa, y la siguiente con los tres primeros versos escritos en prosa y los demás en verso. El resto del poema “Percepción temporal” finaliza en verso. En su tesis doctoral, el también poeta Juan Armando Rojas señala que “en Bracho la innovación es una ruptura de la tradición, sin embargo, es la misma ruptura la que da la continuidad de la tradición” (25). Más adelante completa la idea al mencionar que la poesía de Bracho, junto con la de otros autores que experimentaban con el lenguaje, “en el transcurso de los años se volvió materia de aprendizaje para autores aún más jóvenes y por lo tanto se consideró poesía de la tradición” (42). De la aseveración anterior se deriva entonces a una buena reflexión: ¿Continuaremos todavía hoy —finales del año 2016— perpetuando la tradición de nuestros antecesores? Sin embargo, son precisamente estas características postmodernas que se han venido mencionando —y he aquí la paradoja—, las que logran hacer de la poesía de Bracho una de las obras más originales, debido a su experimentación, de la literatura actual en el escenario hispanoparlante y específicamente una de las voces líricas más privilegiadas del México de nuestros días.

         La poesía de esta autora ha sido ya traducida a varios idiomas —inglés, francés—, y recopilada en múltiples antologías: Medusario. Muestra de poesía latinoamericana, compilación de Roberto Echavarren, José Kozer y Jacobo Sefamí; Una temporada de poesía. Nueve poetas mexicanos recientes (1966-2000), de Alberto Paredes; Voces sin fronteras: antología Vintage español de literatura mexicana y chicana contemporánea, de Cristina García; Zoología poética: antología de poemas, de Gabriela Olmos y Luis Manuel Serrano; Casa de luciérnagas: antología de poetas hispanoamericanas de hoy, selección de Mario Campaña, así como en la Antología de poesía mexicana de hoy, también de Campaña; De la vigilia fértil: antología de poetas mexicanas contemporáneas, de Julian Palley y Aralia López González; Bestiario inmediato: muestra de poesía mexicana contemporánea, compilada por César Arístides; The Oxford book of Latin American poetry: a bilingual anthology, de Cecilia Vicuña y Ernesto Livon-Grosman, entre algunas otras.

         Entre los títulos de los poemarios publicados posteriormente a Huellas de luz, se encuentran Voluntad del ámbar (1998), Trazo del tiempo (2000), Ese espacio, ese jardín (2003), Entre el sol y el laúd (2005), Papeles de la casa (2006), Cuarto de hotel (2007), y algunos libros de poesía infantil.Al recibir el Premio Xavier Villaurrutia en el año 2003, Coral Bracho leyó su texto “El lenguaje: punto de partida y de llegada”, en el que propone que

                  [a]dentrarse en los territorios del lenguaje significa, para la poesía,

                  recuperar lo que en él ha desgastado y opacado su uso habitual. Recuperar                     el brillo, el peso, el color original de las palabras, reencontrar su                                    densidad —de materia moldeable, de fuerza conducible, de                                 movimiento— y sopesar los efectos de sus combinaciones es una parte del           proceso creador del poeta. Otra, simultánea, es la de entrever y entretejer                         la multiplicidad de sentidos que sus posibles combinaciones generan: De                       la fusión de esos sentidos con la gestualidad sonora del lenguaje (sus                           ritmos, sus cambios de tono, su densidad, su ligereza…) surge el lenguaje                    poético. De su       organización, a la vez plástica y musical, en un espacio que           no sólo lo enmarca sino que contribuye también a la generación de                                sentidos y despliegues cinéticos […] surge el poema.

 

         En el párrafo anterior, se destaca el interés de la poeta por reivindicar la fuerza generativa y expresiva del lenguaje. Por medio de las palabras que hemos señalado en negritas, pretendemos enfatizar la intención de la autora, quien a través del significado de esos términos, manifiesta su afán de captación del elemento sensual en su poesía,  entendiendo la sensualidad como el placer que se obtiene, en la medida que cualquiera de los cinco sentidos del ser humano puedan ser impactados, por algún agente externo, y en este caso mediante la lectura del poema. Esa sensorialidad es sin lugar a dudas el motor que impulsa el goce estético de la poesía de Coral Bracho.

         En sus versos, mediante la utilización de aliteraciones y sinestesias, los sentidos del lector se despiertan de su letargo, incitándolos a ver, oír, oler, degustar y palpar la realidad de lo oculto y de lo tangible, de lo que el hombre ha aprendido a ignorar en la cotidianidad de su existencia. Hablamos de versos como éstos: “bajo las hojas tibias de los almendros” (19), “el mármol frágil de su silencio” (20), “ese estertor marino entre tus labios” (22), “El licor del estío; el aroma incisivo del heliotropo” (25), “Oigo tu cuerpo con la avidez abrevada y tranquila” (41), “Te amo desde el sabor inquieto de la fermentación;” (50), “la palidez del ópalo” (64), “agua blanda, lustrosa;” (70) y “cordajes de ébano” (98). De esta forma, la poesía de Coral Bracho apela a la sensibilidad del lector, y sigue atrayendo el interés de nuevos lectores, debido precisamente al desconcierto que aún provoca, tras haber marcado nuevas rutas dentro de la expresión poética.

 

 

 

 

Obras citadas

 

Báez, Elizabeth. “Poetas mexicanas contemporáneas: La subjetividad en la poesía de 

     Coral Bracho, Myriam Moscona y Kyra Galván.” Diss. U. de California, 1996.

Bracho, Coral. “El lenguaje: punto de partida y de llegada”. Letras libres. 2004.

     <http://www.letraslibres.com/index.php?art=9498>.

---. Huellas de luz. México: CONACULTA, 1994.

---. Peces de piel fugaz. México: Verdehalago-CONACULTA, 2002.

Calabrese, Omar. La era neobarroca. Trad. Anna Giordano. 2ª. ed. Madrid: Cátedra,

     1994.

Castañón, Adolfo. “Aquí otra cosa: Coral Bracho.” Huellas de luz. De

     Coral Bracho. México: CONACULTA, 1994.

Chouciño Fernández, Ana G. “Poesía del lenguaje en México: rechazo de la

     comunicación convencional.” Hispanic Review. 66 (1998): 245-260.

Cohen, Jean. Estructura del lenguaje poético. Trad. Martín Blanco Álvarez. Madrid:

     Gredos, 1974.

Escalante, Evodio. “De la vanguardia militante a la vanguardia blanca (los nuevos

     trastornadores del lenguaje en la poesía mexicana de nuestros días: David Huerta,

     Gerardo Deniz, Alberto Blanco y Coral Bracho).” Perfiles: Ensayos sobre la     

     literatura mexicana reciente. Ed. Federico Patán. Boulder: Society of Spanish and   

     Spanish American Studies (1992): 27-45.

Fernández Iglesias, Juan Carlos. “El espejo fragmentado: La expresión de la subjetividad

     en la poesía mexicana contemporánea.” Diss. U. de Kansas, 2003.

Haladyna, Ronald. La contextualización de la poesía postmoderna mexicana: Pedro 

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