La Piraña - Elementos filtrados por fecha: Abril 2017

 

 

Un poema y una carta para Eusebio Ruvalcaba

 Por César Rito Salinas, poeta de Oaxaca

 

 

 

 

Poema

 

¿Qué busca Eusebio Ruvalcaba al escribir sobre la muerte
de sus amigos?
Burlarse de la muerte.
La amistad es un asunto que trasciende la vida.
Una tarde me dijo
en su casa en Tlalpan,
“Cuando muera quiero que me entierren en Oaxaca”.
Eusebio es cordial con sus amigos,
se mantiene distante.
Un día celebré una de sus novelas,
“eso pasa cuando la escritura se publica”, dijo.
“La gente la celebra”.
Eusebio se burla en vida de sus amigos.
Se dice embajador del mezcal,
cuando bien sabe que cada hombre es una sombra de mosca
bajo la luz del mezcal.
Eusebio Ruvalcaba se ríe de sí mismo
al momento de empuñar la pluma,
“un músico aplica más tiempo en ensayos
que el hombre que escribe la gran obra”.
A Eusebio Ruvalcaba le apura el tiempo
y la intensidad de la vida,
escribe sonetos.
Un día dijo en público,
“con César tengo una competencia por saber quién bebe más,
quién muere primero”

 

Carta a Eusebio Ruvalcaba

 

Madrugada

El fuego que viene de muy lejos.
Que inició cuando naciste.
Beber es una necesidad que acompaña al hombre en esta vida.
Es el impulso que hace que te entregues a una mujer
que será la madre de tus hijos
o la que te recibe desnuda en la cama.
Todos los hombres que pasan por la tierra tienen sed.
Padecieron hambre, sueño y sed.
Enfrentaron la existencia con una copa en la mano.
¿Tú por qué habrías de ser la excepción?
Aquí no hay excepciones.

 

 

San Martín por la Secundaria, Oaxaca, enero 9, 2015.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

Colilla

(Del poemario, “Gramática de lo cotidiano”)

(A dos voces)

Por: Alex Morales

 

 

 

¿Qué si he levantado una colilla del piso 

y me la he fumado?

pues claro que sí.

El vicio ha sido más grande que mi voluntad.

También me he dormido en esta esquina 

y he roto mi reputación.

Tengo mucho que decirle a la vida que ya es testiga de

todo lo que pienso:

me han tratado como loco, siendo cuerdo

                                                                   ¿quién no habla solo?

Han mentido frente a mí, viendo la verdad

                                                                  ¿quién no se miente?

Han dicho que no soy hipócrita, siéndolo

                                                                 ¿quién no lo es?

He sido egoísta y no me arrepiento

                                                                 ¿quién no?

He disfrutado del cuerpo y sus placeres

                                                                  ¿quién no es humano?

Estoy traumado

                                                                  ¿y cuántos no?

He deseado otros cuerpos

he reído

llorado

sufrido

me han tratado como tonto

                                                                 ¡siendo inútiles!

Han subestimado al hombre y al niño,

al dicharachero y al culero.

¿Y me preguntas que si he levantado una colilla del piso 

y me la he fumado?

¡¡¡pues claro que sí!!!

 

 

 

HUBO UN LUNES

 

 

 

Un lunes sin trabajo, sin preocupaciones, sin responsabilidad.

Ese lunes se transformó en domingo:

tirado en la cama,

sobándome los huevos,

evadiendo la realidad con la tele,

con el sueño, abrazado a mis mascotas.

La culpa fue mi amiga retorciéndose en la cama.

La cruda de cigarro mi enemiga haciéndome una chaqueta.

La puerta era la maldita huida de este mundo con moral.

Ese lunes caminé por la calle,

disfrutando su calma, su gandalla forma de torturarnos en la soledad,

esperando que algo fuera distinto, ¡pero no!, todo estaba en un lugar:

un bote de basura, un hombre tirado envuelto en sus cobijas y el viento,

el viento callado que toca los huesos.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 19 Abril 2017 20:45

Volando como un águila

Ser excelente no significa ser mejor que alguien,

significa ser uno mismo en su máxima potencia.

                                

                                                        Roámhery

 

 

 

 

 

 Caricatura de María Balcázar 

 

 

 

 

Perdí un diente por culpa de Eusebio Ruvalcaba

Renato Galicia Miguel

 

Mi diente incisivo central derecho lo perdí por culpa de Eusebio Ruvalcaba. Si bien diez años antes había sido lastimado de forma severa en un juego de futbol llanero, era un gran sobreviviente, pero por el buen Eusebius se desprendió definitivamente de su raíz. Por eso mantengo el hueco, como una forma de homenaje al amigo, al colega periodista, al bohemio.

A unas semanas que entré como reportero a la sección cultural del periódico “El Financiero” de antes, el de don Rogelio Cárdenas Sarmiento, la cual dirigiera un cuarto de siglo el maestro Víctor Roura, acabado el quehacer en la redacción ese día, me dice Eusebio:

___ Te invito un trago de vodka.

Eso me propuso él, todo un escritor consolidado ya, que no me conocía a mí, el novato de la sección, con la sola intención de hacer buenas migas, amistad, como lo haría cualquier chavo de barrio.

___ Te acompaño, porque yo no tomo -respondí.

De Eusebio –quien era el corrector de estilo, como ya no los hay, diría, de la sección- no recuerdo su reacción, pero del maestro Roura sí: se giró bruscamente en su silla de rueditas y exclamó con educado sentido del humor: “entonces, por qué te contraté”.

Recuerdo de Eusebio ese tipo de detalles, detalles que hacían grande –o sencilla, pues- su persona. Como cuando lo acompañé a la inauguración de una muestra de pintura en la Condechy, vio mi aburrición y después de un rato me comentó: “no te late esto, ¿verdad?”. Y sí, no me latía ni me late la vidita social de la cultura, pero inmediatamente me puso de buenas cuando me aclaró: “nada más aguántame un ratito, es que vine a buscar a una mesera que trabaja aquí”. Iba por la mesera, el buen Eusebio, y no por la prehípster –eran los noventa-  expo de la Condechy. O cuando un domingo, porque los domingos le prestaba el coche su mujer y me daba aventón del periódico –que estaba, está, en la colonia Anáhuac— a Tlalpan –delegación donde ambos vivíamos--, pasó, sin tener por qué en apariencia, por la calle del metro Juanacatlán nada más para mostrarme que ahí se juntaban, por ser su día de descanso, las mujeres, casi todas de los estados de la república,  que laboraran en casas, haciendo el aseo–trabajadoras domésticas les dicen eufemísticamente hoy cuanto vanidoso activista, con ese insoportable tufo de presunción de que ellos y sólo ellos sí están conscientes y combaten un problema del que muchas veces, en realidad, no tienen ni la mínima idea—, y algunas “están muy guapas”, me comentó, como midiendo las palabras: con eso me decía, el buen Eusebio, que las mujeres verdaderamente hermosas están en el metro, en el micro, en el barrio, en nuestra vida cotidiana, y no en la pantalla de la tele.

Fuimos buenos compas de ámbito laboral. Porque vivíamos por el mismo rumbo, seguido nos íbamos juntos en el metro y el micro de Barranca del Muerto a San Ángel, pero fue porque lo leía en su columna “Érika” que me enteré -y, con el tiempo, cuando volví al trago, entré- de cantinas como La Flor de Valencia, en Mixcoac, o La Invencible, en San Ángel, a un ladito del parque San Jacinto, que un día se volvería “La Temible” para mí.

Como el excelente corrector de estilo que fue, le aprendí –si es que algo le aprendí - viéndolo trabajar y revisando al otro día mis notas, entrevistas, reportajes. El detalle, quizá la falta de ortografía o un nombre mal escrito o una fecha mal puesta o un dato mal utilizado, que me tuvo en vilo todo el tiempo, pero que, ¡ahhh!, sí lo vio y lo corrigió. Y más, mucho más: una soltura y corrección en la sintaxis que quizá, si no la comparaba con la de mi texto original, me pasaría inadvertida. Y eso lo hacía, lo hizo, sin chistar palabra alguna, sin ostentar conocimiento, si decir es así y no así, lo correcto es tal o cual, sin citar, como tan vulgarmente lo hace tanto presuntuoso dizque erudito en el Face hoy, al gran autor, a la gran RAE, al sesudo gramático, al exquisito libro.

No. Él llegaba como a las cuatro de la tarde, se sentaba en su escritorio –creo que no iba ni al baño— y de corridito corregía a cual más. No platicaba, no perdía tiempo, acaso se paraba ocasionalmente para revisar un viejo diccionario que estaba por ahí. Era rapidísimo e impecable casi siempre –perfecto nada más Dios, dicen-, creo que sólo era comparable al viejo capturista aquél, no recuerdo su nombre, al que se le iba a dejar el texto en papel al piso de abajo y cuando uno regresaba a la redacción de cultura, el escrito ya estaba en la pantalla: sin falla.

Poco después de las seis de la tarde, Eusebio acababa su quehacer como corrector de estilo. Y es cuando podía venir, ocasionalmente, la invitación al trago. Pero yo no tomaba. Y cuando volví al asunto de la ebriedad, él ya no estaba ahí, pero como leía “Érika” y sabía de La Invencible, un día, yo que era habitual de La Camelia –no el restaurante sino una cantinita adyacente que hoy ya fue víctima de la gentrificación-, que estaba en la esquina contraria, me metí ahí, a La Invencible.

Tomé un trago de vodka, pedí el otro y ya no me lo sirvieron porque iban a cerrar –a Eusebio sí se lo hubieran servido, creo que en todas las cantinas a donde iba lo apreciaban-, salí entonces a la calle, eran como las once de la noche, pasaron frente a mi cinco chavos cuba en mano, no les puse mayor atención porque estaba decidiendo a dónde seguir la briaga, opté por caminar por avenida Revolución e ir a La Providencia, crucé la acera, rebasé a los malandrines aquellos, sentí cómo se empapó mi camisa y espalda con las cubas que me aventaron –a Eusebio le hubieran invitado los tragos, tenía muy buena vibra, la violencia estaba erradicada de su ser-, volteé y les menté la madre, me corretearon, alcanzaron y patearon, pero resistí enconchado debidamente y entonces me descuidé, pensé que ya se habían ido, me descubrí y el más malandrín me estaba esperando para darme la patada en la cara con la que se desprendió mi incisivo central derecho para siempre. Y por eso digo que perdí un diente por culpa de Eusebio Ruvalcaba. Lo cual es un honor para mí.

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

Un jueves de mezcal a las 3 am

 Antonio Ildefonso

 

 

Las letras bailaban y se unían a su ombligo,

centro de asambleas gramaticales y filológicas

que no paraban de guarachar y de sudar

diccionarios: clave, combo, timbal y rodillas

hacían girar su cadera y todas las palabras .

Y así entre tanta giradera y gozadera

su cadera hipnotizó el soneo etimológico:

"cadera y catedral" en el diccionario,

compartían raíz, según recuerdo

Vaya timing de la noche, ya decía yo,

"Ella baila moviendo las catedrales"

 

 

Lluvia en Parque Bombilla

 

 

Cae la lluvia en parque bombilla:

Gota gota se construye su asamblea

Con palabras que corren río abajo

Arrastrando nombres, y tiempo

Los meteorólogos han pronosticado

Lluvia ligera, pero en los hechos

Esto es tormenta y va río adentro

Sí, va río adentro la tormenta

Gota a gota río tormenta taladra

mi adentro, espacio quimérico

llamado corazón o alma o eso

que te besa en la noche y te ahoga

Cae la lluvia y la gota como alfileres

O balas calibre 44 de amor

Me cae todo, por ejemplo esa gota,bala,

alfiler en la frente que me recuerda

tú inicial primera: A

Y de ahí esta palabra inicia mi tormenta

Andrea andrea aaaaandrea aaaaaa

Amor amara amarra amarrara Andrea

Ámame Andrea aaaaandrea ampárame

Cae la gota, el nombre y su recuerdo

me cae todo, también su alma y su voz

y ese leve dolor que recorre mi rostro

cuando la ausencia es presa del olvido

Y se hace lágrima y se une al gran río

que va río abajo en la tormenta ésta

que llamamos vida, amor, y Andrea

 

La esperanza…

 

Largos tiempos arriban a mi longeva esperanza

tan largos que rozan con olvidarse de ella

Así una a una se cuelan, se escabullen junto a ella

pues degustan de hacerla dudar, a mi esperanza

A la espera entonces estoy de una virtud

que concluya lo que anhela mi querida.

¡Así siguen arribando después de años de vida

soplidos a mi oído en diferente latitud!

Esperanza no te mueras nunca pues eres apoyo

aquí en mi debilidad de voluntad cuando dudo,

allá en mi terquedad de todo en lo que anido

Esperanza, dame tiempo para ser tu apoyo

así quiero perpetuar mis metas con las tuyas:

Juntas siempre, en el miedo y en el valor

Juntos siempre, en el fracaso y el triunfo

Juntos aun después de perder, de concluir

la última batalla

a sabiendas del resultado…

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 19 Abril 2017 07:45

Tía Trini Por: Ángeles Ibarra Alfaro

 

 

Tía Trini

Ángeles Ibarra Alfaro

Andaba descalza sobre la tierra mojada, en la huerta. Unos cerdos salvajes comían mangos maduros que habían caído al piso. Los pájaros discutían algo en un árbol a otro, movían las ramas, hacían caer las últimas gotas de lluvia ocultas en las hojas. El aire caliente olía a nanches podridos.

De repente los encontré:

Tía Trini recostada en la hamaca, con las enaguas levantadas, sin calzones, se ponía una cosa como chocolate entre las piernas y el Sansón le lamía sin descanso.

Tía Trini temblaba y respiraba como si se ahogara.

Quise gritarle que eso era una asquerosidad porque el Sansón lamía  también vómitos verdes afuera de la cantina.

Quise chiflarle al Sansón para que dejara eso y viniera a jugar conmigo, lo buscaba para ir a atrapar ajolotes en los charcos de la lluvia.

Pero en vez de eso me quedé ahí nomás mirando, detrás de una higuera.

Aquella misteriosa flor, de la que hablaba la abuela, existía, y no sólo atraía hombres; también hechizaba perros.

Por la tarde regresé a casa, no hubo ajolotes. Tía Trini rezaba el rosario con mamá.             El Sansón ahí a sus pies, veía embobado las llamas de la veladora.

Sentí una lumbre por dentro y me fui a dormir con dolor de panza.

Aquel día algo se me rompió por dentro. Mamá dijo que me enfermé de Tiricia. Me ha metido en la pileta con un montón de hierbas curativas, y yo hago como que estoy feliz, pero no. Todavía escucho el gruñir de los cerdos salvajes en la huerta.

 

La hora lunática

 

Habitas mi oscuridad, desconocido.

Tu pluma en mi vientre

describe el latido de mi sexo.

Estallido acuático.

Rugido nocturno de olas que se estrellan

una y otra vez contra las rocas

hasta convertirlas en arena.

Hombre relámpago. Hombre tormenta.

Estrellitas en mis ojos siembra el niño huérfano.

Bebes luz de mi pecho:

¡Escribe escribe escribe!

Vamos a intervenir el rezo

los desterrados hijos de Eva.

Ecuación de la entropía

en esta tierra de lágrimas.

Transpiración bajo el bordado.

Poesía axilar.

Beso de mezcal en noche de Vela.

Imperfecto extraño.

Rito siniestro. Pierde mi ánima.

Escucho el trino del Diablo,

como dijo Eusébio.

[Lloras a tu amigo muerto

    y tus lágrimas abren caminos

       por donde sus palabras se desbordan,

          rompen presas, inundan los campos secos.]

Hombre hoz.

Bebo café de tus labios

en la hora lunática.

Desnudos, te beso despacio,

Señor impuntual, cada cicatriz,

cada historia que te trajo hasta mí.

Así, renacido de la mierda, te beso.

Hombre extraño y solitario, te beso.

Recién parido, te beso.

Eufórico y luminoso, te beso.

Entras.

Escribimos disparates,

un ejercicio absurdo,

una historia comunitaria,

colectiva

de resistencia al dolor.

De hacerle un espacio a la alegría. 

Ponte una de Zitarrosa.

Dime.

Tú nunca dices nada.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

Dos poemas entorno a Eusebio Ruvalcaba

 Lucelia Tapia Alvarado

 

I

Se escondió en silencio

mil noches

recitó

a los muertos

que  sabe ama, 

que si yo no lo hago

se iré con ellos

se encerró en silencio

para perpetuar

para gemir

y escupir

en su sepultura

un te odio

Emergió del silencio

danzó con demonios

para concebir pacto con ellos

deletrear mi nombre en un soneto

y gritar que ama

hasta ensordecer.

 

 

Caminar con los muertos

 

Puedes ver mis ojos y saber que te extraño, que mis oídos reclaman tu voz ahogada en la tragedia, tus oraciones enmudecidas por tu el llanto.

Y sí palpas mi cabello te darás cuenta que se ha secado, pues no se ha enramado con el tuyo.

Mírame caminar y sentirás la fragilidad con la que recaen mis tobillos, y sí lo haces con cautela verás a los muertos  salir  de la tierra y aferrarse a mi recuerdo, a mis piernas.

Ahora escúchame; de mi boca sale un hilo de voz que se arrastra para ser pisoteado por quienes no miran por donde caminan.

Bebe mis lágrimas, así entenderás que tu ausencia me seca la garganta.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 19 Abril 2017 07:09

Bonanza  Antonio Reyes Carrasco

  

Bonanza

 Antonio Reyes Carrasco

 

(“Bonanza” es una de las colonias de Tapachula, Chiapas)

 

Bonanza parque navaja

Bonanza la luna degollada

Bonanza en el barranco en el parque de los chifladores la

[federal 4 la tosqui

Bonanza huacalero barrio Tapajiuston

Bonanza phs prepa 2

Aerolitos derruidos

La calle el barrio que te silba

El barrio que te zumba en las venas

En la piel banqueta

En la mirada cristal roto ventana de casa al final de la cuadra

Bonanza la toma de agua

La cisterna celestial de los beodos precoces procaces

Orines de prematuro m. s. (18) Papasquiaro

Las azoteas catapultas al cosmos

La ebriedad divina

Los ríos hondos hondos

Y el grito que se expande y rompe

Bifurca las equinas del espacio y el tiempo

Bonanza la pandilla

El asalto

El rapto

La abducción

El puente colgante

La piedra

La coca

El perico

La lata

La antena de tv

Un primito

Un bazuco

El barranco

La pistola

Bonanza la bala

La sangre

La rabia

La cárcel

El Tropi

El Capone

El Mole

Y todo el personal caído tullido

Bonanza tus rodillas raspadas

El muro de Rialfer a saltar después del atraco

Bonanza tus mujeres

Bonanza los patios baldíos

Y las ganas

Mis dedos en tu ansia mojada

Mis dedos mojados por tu jugo

Bonanza en el árbol PHS

Bajo la luz de la luna escuálida

A la orilla del río

Desnudos

Bonanza poetas muertos

La palabra que se estira y todo lo abarca

El sino del anacrónico

El sino del que brilla desde la oscuridad de la grieta de su alma

Bonanza el espíritu se cuartea

Se caen las capas de la “real/i/dad”

Bonanza la infaltable rocola en todas las cantinas de mala muerte

Bonanza nos fuimos

Hermosos y devastados

Bonanza primer tatuaje tinta china máquina casera

Bonanza nos fuimos

Sobrevivimos al primer estruendo

Ahora

Seguimos muriendo

Nos seguimos pudriendo

Cayendo con estilo

La muerte aun nos toma una fotografía

Bonanza

1 2 3 por todos mis amigos y por mí

 

 

Ya te he dicho que el domingo es el vacío con nombre

 

 

Ya te he dicho que el domingo es el vacío con nombre

Un embudo que todo se traga

Hasta a sí mismo

Que las putas en la zona siguen cobrando 50 pesos

De 80 a 150 con cierta(s) pose(s)

Y que nunca me ha gustado ir a coger con ellas

Menos en domingo

Ya te he dicho que la vida a veces te parte la madre

Y otras me hace el amor

Me fela me fela me fela

Y se traga el semen espiritual dominical

Ya te he dicho que las elecciones se hacen los domingos

Porque la gente es más pendeja los domingos

Es más estúpida

Es más insulsa

Ya te he dicho que el soundtrack a veces se raya

Se repite se repite se repite serepiteserepiteserepite

Que los rateros y criminales más cabrones van a misa

[engominados

Los domingos

Y se dan golpes de pecho mientras piensan

En vaginas y vergas que no son las de sus respectivas parejas

Te he dicho que los domingos a veces suena

En la casa del vecino

Esa canción tan nefasta de Cepillín

Que va encontrando instrumentos musicales en una feria

Como si la vida los domingos

Fuese una película checa de bajo presupuesto

Ciertas ocasiones la tarde se desploma

La tarde muere

Y un olor a melancolía y nostalgia pisoteada

Aplastada

Sube del asfalto

Y por las paredes se resbala cierto miasma

Y todos parecen andar en cámara lenta

Y todos morimos te he dicho

Todos morimos y caemos

L

e

n

t

a

m e n t e

(A veces llega a mí tu sonrisa

Y tu otra sonrisa vertical

Y sonrío contigo

Mi sonrisa chueca

De freak

Mi sonrisa idiota

De idiota

Mi sonrisa cínica

De palurdo

Libidinoso

Y mi espíritu

Mi verga también sonríen

Contigo)

Ya te he dicho que los domingos son el vacío con nombre

Pero me gusta repetirlo

Se siente cómo la tarde se resbala en el embudo decadente

Ridículo de la vida

La semana termina

Los cadáveres regresan de las casillas electorales

Sintiéndose ciudadanos ejemplares

Unos se toman foto

Con sus pulgares manchados cómplices de la ignominia

Abrazan a sus hijos y les dicen algo así como:

“Cuando sean grandes van a votar también”

Y por dentro tiemblan de miedo

Sonríen esperando que todo esté mejor y piensan:

“Me siento bien porque vine a elegir quién nos va a robar

con mi consentimiento”

Ya te he dicho que los domingos soy más sarcástico

Más cínico

Más poeta ridículo

Poeta de mierda

Más freak

Y que es en domingo

Cuando más me gusta

Ver esa película de culto de 1932

Freaks de Tod Browning

Porque en (d)efecto

Me gusta que ellos me canten:

Gooble gable gooble gable one of us one uf us

Porque me siento uno de ellos

Más los domingos

Glitch primigenio

Al salir de cada cuarto recinto casa lugar no lugar hueco

espacio no espacio mujer húmeda ninfa oscura realidad

alterna

no olvides ponerte tus alas destruidas

No olvides acomodarte bien tu sombrero de ausencia de

luz que ilumina tus sueños

No olvides dejar encendida la luz del desván de tu alma

Recuerda que no sabes si vas a volver

Que tus pasos te llevan desde que saliste disparado del

vientre de tu hermosa madre a reencontrarte con El Gran

Imán que azotó en la oscuridad milenaria polvo de estrellas

en tus huesos el inicio fin de la serpiente que se traga a sí misma

No olvidar que

a veces

encuentro

la redención exquisita

en la virgen que se dibuja en tu vagina

y me hinco ante ella

tus rosarios se escurren en mi lengua

erecta mi plegaria chueca abriéndote celestial

a veces nuestra música es la que nos salva

el fulgor nos arropa

No se te olvide

que

a veces

caerás más profundo

abrirás más puertas alternas

saldrás disparado fuera de órbita

y te morderá el reptil del tiempo

Recuerda:

antes de salir

que el regreso no es seguro

que todo es nuevo y viejo siempre al mismo tiempo

que algunos puentes pueden caer

los hoteles demolidos

bla bla blá

Que sueño es destino

Que el cosmos escupe para ti todos sus planetas desolados esta noche

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

 

 

Hierba artificial

 “O no hacer nada de eso”

David Yeste

 

 

 

 

Te digo que pisamos, casi sin darnos cuenta,
con nuestros pies descalzos, por encima
de un compuesto plástico coloreado: una formación
de tallos y hojas que asoman por encima
de un manto granulado, diseñado para parecer
una hierba capaz de sobrevivirnos a nosotros
y a todas las generaciones venideras.


Te digo que alguien se dedica, casi a diario,
a regar esa superficie, para insistir
en el trampantojo; tal vez crean que crecerá,
que enraizará. Te digo, aunque ya seguro sabes,
que he visto al mismo tipo aplicando,
en los bordes de esa superficie, algún tipo
de herbicida. Matando la hierba natural.


Me dices que se verá verde aunque no llueva,
que los hijos de nuestros hijos la verán
del mismo modo. Te digo que el plástico
de nuestros zapatos y el de la hierba son casi
la misma cosa, y te digo que quedamos doblemente
aislados del suelo y del magnetismo. Y ahí estamos,
te digo, los dos, abrazados sobre la hierba
artificial, preguntándonos tal vez
sobre la artificialidad del abrazo,
de la ropa, o de la ropa interior, o de la piel,
o de lo que quiera que haya en el interior
de la piel. Te digo que acaricio esa hierba
como quien acaricia el lomo de un animal
paciente y silencioso. Me dices que cuesta
distinguirla de la verdadera. Te digo que sí,
que seguro que han pensado en todo: que bajo
las hojas alargadas que apuntan al cielo,
sobre el mantillo de caucho molido, se afana
un ejército de insectos sintéticos: hormigas
metálicas, caracoles de cerámica y escarabajos
de plástico negro y mate, animados por baterías
inagotables, impermeables. Te digo incluso
que ingenieros y botánicos calcularon la exacta
flexibilidad de las briznas, para que cedan al viento,
o a mi mano, y luego se incorporen despacio,
coordinadas como un ballet bien ensayado.


 

Alguien que pasa —yo mismo, que paso, a lo lejos—
grita —me grito— que la hierba artificial
es un objeto artístico ¡Cómo el retrete de Duchamp!,
dice —me digo—. Arti-ficial. Tomo tu mano
para no perder el equilibrio, como si tu mano
fuera lo único real en diez millas a la redonda.
Te digo que, en el campo contiguo, están instalando
más hierba artificial. Hay un plan secreto
de todos los gobiernos para convertir el mundo
en una gran alfombra verde de hierba sintética,
excepto en el asfalto de las carreteras
y en el fondo de los mares, que acabarán
revestidos de pequeñas baldosas azules
y rectangulares. Te digo, pues, que unas máquinas
vagamente parecidas a las apisonadoras
extienden rollos de hierba, en paralelas
anchas y perfectas. Detrás, un ejército
de operarios —tú, yo, él, nosotros—
se encarga de que no se noten las junturas.
Te digo que nosotros mismos ocultamos la sutura,
disimulamos la costura, y luego nos convencemos
—tú, yo, él, nosotros— de que nunca existieron.

 

Te digo que me tumbo boca abajo, te digo
que tú también hundas tu rostro en esa
superficie de plástico erizado, por si nos contagia
algo de su perfección fabril, por si le inoculamos
algo de lo quebradizo de nuestros huesos,
o simplemente, por si se ve algo, acaso submarino,
bajo esa epidermis sintética. Te digo

que rodemos hasta quedar de espaldas al suelo
para especular juntos sobre la veracidad de la nube,
para descifrar juntos el pantone del cielo de la tarde,
para intentar hallar juntos el copyright del aliento.
Entonces me miras, me dices de lugares, no lejanos,
donde la hierba es cierta, fractal y despiadada,
como sólo puede ser la hierba prometida. Te digo,
mientras con una mano toco tu rostro
y empeño la otra en el trabajo imposible
de arrancar del suelo un puñado de hierba
artificial, que no debería haberme mostrado
tan ingrato con la alfombrilla de la entrada
de tu casa.

 

 

 “Cartas de amor para Amy”)

Intimidad. Un génesis apócrifo.
Imaginarte estrechando a tu hijo
contra el pecho. Osmosis inversa
de ambas pieles. Sincronía estática
de dos corazones de distinto tamaño.
Imaginar a ese hijo latiéndote.

_
Intimidad. Una ruta sintética.
Buscar en google toda la información
sobre los ahogados azules, sobre
los ahogados blancos. Adivinar
la hipoxia, la salinidad, la flotabilidad
de los cuerpos. Andar sobre el agua.

_
Intimidad. Una condescendencia aplicada.
Hurgar entre tu vello púbico,
manchar tus dedos con sangre asidua.
Identificar tu sexo con una herida
crónica, metódica, obstinada.
Conjeturar la femineidad de la cicatriz.

_
Intimidad. Un género aprendido.
Acercar tanto tu cara al espejo
que tus rasgos se deformen. Besar
los labios del reflejo de tus labios.
Alejarte, observar la huella,
el negativo de las grietas de la boca
impresas en el cristal. Volver a besar.

_
Intimidad. Un lugar común.
Dejar que se mezclen en tu cara
el agua, el jabón, la lágrima,
dentro del receptáculo blanco de la ducha.
Solidarizarte con la oscuridad
angosta y mojada de los desagües.

_
Intimidar. Una poética descalza.
Gritarle al televisor apagado. Luchar
contra el teléfono inerte. Insultar
a la puerta cerrada. Decapitar el futuro
escrito en un billete de lotería.

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Desear fervientemente que nunca nadie te vea,
que nunca nadie deje de mirarte.

22/03/2017

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

El surgimiento del movimiento independiente

en la poesía mexicana

Andrés Cisneros de la Cruz

 

 

A diferencia de un movimiento social, o la concreción de un instituto, escuela, o incluso una vanguardia, para el poeta la independencia es un proceso, antes que un fin, y por tal modo, es un acto radical —que significa de raíz— y que se afecta desde los cimientos de su propia vida para generar un impacto que se notará en su creación, y de ahí que el poeta sea la fuente de las infinitas  particularidades, y su mezcla, su conflicto.

            En el México moderno, la independencia cultural deviene de la inconformidad con que se institucionalizó la cultura a partir de los movimientos literarios de principios de siglo, con el visor de desarrollar un México integral, que dejaba fuera las estéticas no convenientes con el proyecto general de vida nacional, así como un preciosismo fundacional que encerró la poesía en una vitrina, sólo para la contemplación de los conocedores, o de los asistentes a tal museo, que regularmente fue la clase política, luego los autores apadrinados, y para la segunda mitad del siglo, la universitaria, hija y beneficiaria de las instituciones del México contemporáneo.

            Similar es en el rubro de lo político, donde la Revolución Institucionalizada se mantuvo como una imposición acordada para evitar más “muerte pública”, de lo cual devino la dictadura que hasta la fecha se mantiene con base en convenios internacionales y la inversión de capitales inimaginables, sin embargo con sus mismo sistema de supresión activo.

            Pero en los años sesenta y setenta el literato o poeta iban de la mano con la militancia, y en muchas ocasiones la literatura se veía afectada por tal situación, pues quedaba en un nivel secundario, supeditada al interés de partido o grupo. Y el poeta perdía esa independencia. Es decir, el poeta pertenecía a una escisión política, pero él se mantenía sujeto a un ideario. Sin embargo varios poetas lograron romper con esta segunda atadura, e hicieron de su arte un arma propia de expresión poética, y por ende, con su postura, un carácter político: una lógica artística, antes que un deber partidario. Porque la política del poeta es más profunda, pues corresponde a la constante transformación, y no la estandarización de la belleza, o al carácter estático de un fin.

            El grupo no grupo de la segunda mitad del siglo XX, que mejor ilustra este fenómeno y sus debidas complejidades, fue el compuesto por los hijos de la ira, que podemos llamar así, por Una gramática iracunda, de Enrique González Rojo Arthur, el más joven de sus integrantes. Y por otra parte, José Revueltas, que es tinta tutelar y confrontante, de este movimiento de múltiples cabezas, y que mantuvo una conexión dialógica con Efraín Huerta, que José Emilio Pacheco homologó con Dámaso Alonso, por su libros, Los hombres del alba y los Hijos de la ira, respectivamente, publicados el mismo año. El último integrante de esta pequeña comitiva de disidentes de la escritura, es Ramón Martínez Ocaranza, que se escindió en una soledad convulsa, para dar origen a una reflexión profundamente violenta y crítica; a un lenguaje que transcribía claramente la teratología del mundo.

Sin embargo hay una gran distancia de la ira de Dámaso (“Sí, alejadme ese tristísimo pedagogo, más o menos ilustre, ese ridículo y enlevitado señor, / subido sobre una tarima en la mañana de primavera / con los dedos manchados de la más bella tiza, / ese monstruo, ese jayán pardo, / versánico estrujador de cerebros juveniles, / dedicado a atornillar purulentos fonemas / en las augustas frentes imperforables, / de adolescentes poetas, posados ante él, como estorninos en los alambres del telégrafo”) con la de Huerta (“Literalmente perdemos contacto con el suelo: vamos al infinito apoyados en nuestra propia sangre. / Olvidamos los ríos y el silencio. / Gritamos por la noche y las voces del viento se recogen / en un puro rencor de ojos desorbitados. / ¡Qué destino, qué lucha y cuánta cólera reprimida!”), cosa que Ocaranza dice de este modo (“Y crece el corazón, / y crece el cielo, / crece el polvo de la muerte oscura, / y crece la esperanza, / y crece el odio, / y crece el barco del dolor del mundo. / Pero yo estoy aquí, / junto a mis lágrimas, / a la orilla del mar / junto a mis muertos / tendidos en la nocturna flor de las espumas, / bajo el cielo del mundo / y de la muerte, / convertido en un puño, / en una espada.”) y la gramática iracunda de González Rojo, de este otro (“Pero un día, / ante los golpes de culata, / las ráfagas de párpados vencidos, / el furor lacrimógeno, / me nació un inesperado / «hijos de puta». / Se trataba de mi primer arma, / de un odio que a dos pies / cargaba la sorpresa de su propio nacimiento. / A partir de entonces, / dentro de mi gramática iracunda, / dentro del diccionario en que mi cólera / se encontraba en un orden alfabético, / disparaba palabras corrosivas, / malignas expresiones que eran áspides / con la letra final emponzoñada. / Pero yo me encontraba insatisfecho. / Ningún hijo de puta / corría hacia su casa, ante mi grito, / para zurcir el sexo de su madre. / Mis alaridos eran inocentes, / inofensivos eran como besos que Judas ofreciese / tan sólo a sus amantes. / Ante eso, / pasé de un insatisfecho «cabrones» / —pólvora humedecida por mi propia saliva— / a una pequeña piedra, / el pedestal perfecto de mi furia, / la lápida mortuoria que encerraba / la pretensión guerrera de mi lengua. /
Y ahora, en la guerrilla, / mientras limpio mi rifle. / recuerdo cuando yo era, camaradas, / lo que podría llamarse una persona / decente”). Prevalece el desencanto en España y México, una imposibilidad ante el dominio, pero en México, la ira se desprende del dios, para volverse totalmente humana. Y se vuelve un arma para enfrentar la increíble injusticia que priva en la realidad. La ira para los poetas mexicanos es un motor emancipatorio y de inconformidad.

            Los movimientos “independientes” de los ochenta, fundamentalmente se dieron desde la música, el performance y la plástica [con sus debidas excepciones]. Mientras la poesía oficial se fundía con la operatividad de la UNAM, Punto de partida, y con los encuentros de autores jóvenes [que reproducían el sistema de apoyos del Centro Mexicano de Escritores].

            Entre tanto la poesía comienza a allegarse a los institutos de investigación, así como a círculos literarios conformados por burócratas y editores maquiladores. Por otra parte, en los lindes de la realidad de a pie, el día a día de la calle, la poesía es un ruido; una melodía rupestre que se desahucia y sobrevive a capela. Rupestres, infras, estridentistas, poeticistas, burlándose del rey que camina desnudo, mientras la corte le aplaude su traje.

 Es el auge del performance, el rock mexicano, la danza, la pintura, el poema objeto. La poesía visual como asidero de la poesía concreta. Y la tendencia contracultural como una empatía con la decadencia social, y el intelectual como un proscrito que se deja caer en la roca de los sacrificios dionisiacos. La causa perdida, y la sensación total de la derrota de cualquier revolución.

            Es en los noventa donde se moldea la figura de la editorial independiente, ahora modelo elemental para el ejercicio cultural. En principio es un movimiento que surge de los maquiladores de libros oficiales, y que así genera un capital alterno para generar su “otro” pronunciamiento [muchas veces enajenado por el mismo campo de autores que ha editado, pero con otra idea de la edición]. Punto aparte de la editorial alternativa, se haya el fenómeno independiente como tal, que no cuenta con el capital, los medios de producción, y el acceso a los núcleos intelectuales de ejecución, y que por obvio, si quiere realizar un proyecto, tiene que apelar a la creatividad y a la promoción autónoma para generarse los medios y métodos de producción y reproducción intelectual.

            Ambas posturas devienen de los círculos que fueron conformándose en los años ochenta, y que en los noventa se presentan como círculos editoriales para consolidar una figura, o un trabajo subterráneo en el segundo caso. Y aunque la poesía está al margen del interés de Estado, fuera de foco, en este momento histórico lo que se busca moldear desde las instituciones es otra cosa. Por algo es que se fragua una visibilidad “alternativa” operada desde el Conaculta, de talla salinista, que dio auge a los círculos en torno a Paz, y donde los apoyos favorecieron las obras que realizaban una crítica hacia la “narco-violencia” que fue cada vez más notoria a partir de entonces entre la sociedad civil. Y así, se conformó el círculo elemental de la burguesía poética nacional.

La burguesía, entendida como los productores oficiales de cultura, se apoltrona en torno al recurso, y crean un mythos para proteger su núcleo del “ruido externo”, eso que desde la teorización de sus esgrimistas, se puede denominar periferia de la burguesía, y que no es, desde su óptica, sino una fuerza que busca desplazar a la primera burguesía, o replicarla. Ante lo que se genera un cerco de contención que deviene en ley, canon, o estereotipo, para definir qué es poesía, y quién no es poeta. De cómo luce el rapsoda, no sólo físicamente, sino también como debe ser su modo de vida. De este proceso surgen, efectivamente, un segundo círculo de medios de producción, con copias no autorizadas, ilegales, de los primeros. Lo que garantiza el proceso de reproducción de la obra, sin exponer la clase. Porque los segundos productores mantendrán su condición —de vida y clase— en tanto que no generan capital intelectual alguno. De modo similar sucede en talleres, y otras formas capacitación [antes que de educación] derivadas de métodos de reproducción estructural, y que distan mucho de la enseñanza. En el arte, y en la poesía específicamente, la capacidad de producir realidad para vivir, y el poder de transmisión intelectual, no obedecen a una clase económica, sino a una clase transformativa radical, inscrita dentro de la clase intelectual, aunque sea minoritariamente. Si el arte obedece a una clase económica, entonces concibe policías o guardianes de las letras que buscan mantener vigentes e inmaculados sus patrimonios. Alta técnica y perfeccionamiento del arte. Sin que eso conlleve un arte transformativo; paradoja de su denominación.

            Es una especie de Alforja, nombre de aquella ciudad de Tomás Moro o de los Telemitas, que era una ciudad imaginada, cercada en sus propias reglas, fueras de las reglas del mundo. Sin embargo, si una ciudad de esta índole busca imponerse sobre su rededor, devendrá invariable en una lógica de conquista; o imperio. Por tanto, si puede existir una axiología que se contraponga a la axiología de la corrupción, desde la poesía en México, radica en combatir, denunciar, desparecer los procesos de empoderamiento enajenado. Así, la oralidad, como discurso dialógico, es sustancial para un pensamiento plural de los cánones, porque da un lugar a los demás procesos, antes que ignorarlo para imponer el propio. Por tanto, es crucial, para entender o construir una pluralidad, en primer lugar, reconocer que hay movimientos bien definidos que buscan consolidar una idea de poesía, con el soporte en una realidad, por muy cuestionable que sea. Entender qué representa cada una de estas corrientes es fundamental para poder ver más claro el panorama de las poesías mexicanas.

            No es nuevo el tema, ni es la única corriente de emancipación teórica, la descolonización de la filosofía, que paulatinamente se irá mezclando con la poesía. También está el esquizoanálisis de Omar Lara, por poner ejemplo. Y vale aquí un ejemplo de oposición entre dos puntos de vistas distintos, uno conciliador con lo que ya es en el mundo actual, el de Julio Ortega, por demás conocido, y el otro, por un desligamiento brusco con este mundo que es, con Lara, por demás, poco conocido. Sin embargo los dos coinciden en puntos cruciales, al saber que la España prehispánica, encuentra su modernidad en el Nuevo Mundo, en tanto que, Lara arguye que esté nuevo mundo es por principio un desligue del viejo mundo. Ortega: “Leer y escribir son las grandes apropiaciones que el sujeto del Nuevo Mundo instrumenta para pasar de su condición tradicional y subyugada a su renacimiento en la fe, lo moderno y la individualidad. En rigor, su carácter de sujeto requiere del control de estas operaciones para poder manifestar la memoria étnica como una actualidad crítica; y también para demostrar que la cultura oral era capaza de anticipar la filosofía política dominante con sabiduría comunitaria y su orden superior. Si Cervantes parecía haber dudado de la modernidad de la España del siglo XVII, [el Inca] Garcilaso de la Vega parece proponer que la modernidad de España son las Indias”. Así, el lenguaje, sea oral, como esta mnemotécnica que genera el poeta en lo que fonéticamente prevalece con un significado, en Lara toma esta modernidad presente, que no es distante a la otra modernidad, y espeta: “En el Estado-nación moderno brota un nuevo aparato de captura; la esclavitud maquínica se ha sustituido por la sujeción social. En el capitalismo, el capitalista es como sujeto de enunciación, y el proletario como sujeto del enunciado. De esta forma, el capitalismo realiza la subjetivación, llevándola al punto más radical de dominación en la esfera privada. El capitalista ha generado una axiomática con los flujos descodificados, y en la subjetivación hecha (por los obreros) y de ésta se ha llegado a asumir como fundamental y necesaria la recodificación (el Estado) hecha por el capitalista. El obrero ya no está esclavizado por la máquina sino sujeto a ella”.

            Estas dos visiones tan opuestas y coordinadas a la vez, dejan en claro que el devenir, por un lado, es inherente, y por otro, la perspectiva con que quiera enfocarse el suceso, es lo que se proyecta hacia el futuro: prospectiva elemental del teórico que busca definir un camino a seguir de acuerdo a la interpretación de los hechos. Así, la modernidad (posmodernidad), vista por Dussel, se puede leer más o menos en lo siguiente: “La modernidad no es un fenómeno que pueda predicarse de Europa considerada como un sistema independiente, sino de una Europa concebida como centro. Esta sencilla hipótesis transforma por completo el concepto de modernidad, su origen, desarrollo y crisis contemporánea y, por consiguiente, también el contenido de la modernidad tardía o posmodernidad. De manera adicional quisiera presentar una tesis que califica la anterior: la centralidad de Europa en el sistema-mundo no es fruto de una superioridad interna acumulada durante el medioevo europeo sobre y en contra de las otras culturas. Se trata, en cambio, de un efecto fundamental del simple hecho del descubrimiento, conquista, colonización e integración (subsunción) de Amerindia. Este simple hecho dará a Europa la ventaja comparativa determinante sobre el mundo otomano-islámico, India y China. La modernidad es el resultado de estos eventos, no su causa. Por consiguiente, es la administración de la centralidad del sistema-mundo lo que permitirá a Europa transformarse en algo así como la conciencia reflexiva (la filosofía moderna) de la historia mundial. Aún el capitalismo es el resultado y no la causa de esta conjunción entre la planetarización europea y la centralización del sistema mundial (Dussel 1999:148-149)”.

            Desmitificar sin mitificar es lo difícil (construir para destruir, y no destruir para construir); porque se hace hincapié en “remitificar”, pero la función de la poesía tiene el reto mayor de decir sin decir. Afirmar para dudar. Al final, esta mitificación en vida, en ídolos, divide el panorama en una clásica forma que es risible: los buenos, lo malos y los feos. Después de todo la película (tipo Hollywood) no tendría sentido si no hay un bueno y villano que busca acumular todo el poder bajo un mismo cetro que presupone la “mejor opción” para todos. El Estado, el capital privado. Ambos. Las sectas. Los partidos políticos. Izquierda o derecha. Y al final el malo, que siempre pierde y no le sirve a ni a dios ni al diablo, o para el caso, a ambos, según les convenga. Y el feo, es el pueblo, que sirve para ambos amos: a la descolonialización o al colonizado gobernante.

 

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