En torno a La medusa dual

Por Rosa Espinoza

 

 

Desde el punto de vista editorial una antología persigue muchas cosas. La primera que como editora considero como la más importante: el afán por congregar, convidar, compartir, reunir, sumar. Es algo muy cercano a una fiesta en la que converge un grupo importante de voces. Esta condición de convivio, como segunda intención, dispara al lector una multiplicidad de visajes con la palabra.

 

Sin intentar en principio establecer un canon, que a lo largo de la historia muchas antologías, sobre todo poéticas, han intentado, La medusa dual lo hace –voluntaria o involuntariamente–, como una apuesta al tiempo. La unidad temática es irrelevante, en ninguna sección de esta antología se plantean en forma precisa o se declaran los criterios de selección, pero no importa, porque en toda antología hay una certeza: a la luz de los años representará un corte en la historia. Una instantánea en un lapso de tiempo. Un snaptchat de la poesía de nuestro país.

 

Como ejercicio editorial, antologar es estratégico en un país en el que la distribución y el fomento editorial adolecen de espacios y redes para la difusión y la comercialización de libros de poesía. En este sentido La medusa dual hace un cruce de ciudades, de puntos de convergencia geográficos, consiguiendo con ello que la visibilidad de este trabajo, y de forma muy orgánica, sea más afortunada.

 

El conjunto de autores es otro elemento en este banquete de poéticas. No hay tedio, hay ritmo, musicalidad, saltos sorpresivos e intensos. Voces muchas. Placidez y alborozo. Elementos que sólo reuniones como ésta son capaces de producir. Esta Medusa, no vacilemos, es una muestra valiosa de los muchos registros que la literatura nacional ofrece, sin caer en la inclusión de los autores de siempre.

 

Por si fuera poco mostrar a 17 autores mexicanos de diferentes puntos del país, cruza las barreras y amplía su espectro de lectores al tratarse de una obra bilingüe, presentada en español y portugués. Un ejercicio no sólo osado para lo que estamos acostumbrados, sino espléndido y sensible.

 

Gracias al trabajo del brasleño Leo Gonçalvez, Arturo Tejo Villafuerte, Antonio Hernández Villegas Jorge Contreras, Armando Alanís, Daniel Olivares, Jesús Gómez Morán, Pedro Emiliano, José María Lumbreras, Fernando Reyes Trinidad, Andrés Cisneros de la Cruz, Isolda Dosamantes, Leticia Luna, Guadalupe Sánchez Linares, Lina Zerón, Aglae Margalli, Patricia García y Uriel Reyes ofrecen a los lectores un espectro amplísimo de temáticas, de giros, vuelos, trasmutaciones de la imaginación que cumplen cabalmente lo que todas las antologías, pero ésta en su condición de medusa, es seductora y atrayente sin que necesariamente al leerla nos convirtamos en piedras.

 

 

1 Comentarios de la obra en el marco del 7 Encuentro Tiempo de Literatura, Mexicali, Baja California, noviembre 2018. La medusa dual: antología bilingüe portugués-español, Fernando Reyes Trinidad (Comp.), México, Cisnegro, 2017.

2 Poeta, narradora y editora mexicalense.

 

 

INSTRUCCIONES PARA LEER

LA TELEVISIÓN

Ramiro Padilla Atondo

 

 

La televisión tiene un efecto importante en la manera que vemos la vida. Puede llegar a generar una guerra o promover la paz.

A pesar de las nuevas tecnologías, la televisión sigue siendo la reina del entretenimiento. ¿Entrará en declive algún día?

Es ya de muchos sabido que así como es un vehículo de entretenimiento, puede convertirse también en un camino seguro a la colonización de las mentes.

El filósofo argentino José Pablo Feinmann explica el concepto a través de un programa llamado filosofía aquí y ahora, para los que quieran copiar el link:

 

http://www.youtube.com/watch?- v=mXR48V_MggA

 

Es categórico al afirmar que en la televisión se trabaja para estupidizar a las personas.

La televisión atrapa al hombre medio con el espectáculo infinito de la pavada (hechos tontos y sin gracia) y nombra la televisión como la máquina de distracción masiva.

El filósofo argentino explica también donde empieza la libertad del individuo. Esta empieza en el momento en que decide apagar el aparato. Cuando cobra conciencia que hay una vida más allá de la televisión.

Pero Feinmann no ha sido el único que habla de este poder corruptor. Giovanni Sartori ayudaría a cambiar la percepción que tenemos del mundo al escribir el homo videns, la sociedad teledirigida. Sartori es el principal teórico de la comunicación y explica este cambio cualitativo de la manera en que vemos el mundo. Evolucionamos de un homo sapiens a un homo videns, esto es, llegamos a la cultura de la imagen.

El pensamiento se transforma. Es muy distinto leer un periódico que ver una imagen en tiempo real explicando una noticia. Y aquí viene el quid del asunto. Sartori lo dice de manera contundente. La televisión ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas, y llama a esto la video política, la conversión de un video-niño en un adulto sordo de por vida:

 

http://www.youtube.com/watch?v=IjOa95Y- CxYA

 

Alguien capaz de defender el sistema que lo oprime pues así ha sido educado. Para no criticar. El filósofo Roberto Nuñez, radicado en Ensenada, hablaría de esto como un mecanismo para controlar la neurosis o encausarla a través de actividades distractoras o derivativas.Sartori diría a su vez que esta sordera del adulto sería sobre todo para los estímulos provenientes de la lectura y todo lo que tenga que ver con la cultura escrita.

Ante el avance de la cultura audiovisual se pregunta si aparecerá un post pensamiento basado en estas premisas. Y vaya si está apareciendo. La televisión se convierte en un empobrecedor de la percepción. La información que llega al sujeto no es en la mayoría de los casos objetiva. Tiene una agenda.

Una muestra de esto la daría el documental de Michael Moore, Farenheit 9-11:

https://www.youtube.com/watch?v=-KCyQ- qsYFRE

La mediocracia de ese país unida para vender una guerra que no tenía razón de ser. Se creó la percepción de las armas de destrucción masiva y los medios la vendieron. Algunos años después el teatro se cayó. Cien mil muertos después. Muertos que no tenían la culpa de que un loco con ganas de revancha enviase un ejército a masacrarlos. El efecto pernicioso de la televisión. El ya famoso disneyland state of mind promovido hasta la saciedad.

Nuestro país por supuesto no está exento de esta influencia apabulladora. La televisión como aliada fiel del sistema. La masacre de estudiantes del 68 se distorsionaría de tal manera que aun en nuestros días no se tiene certeza de lo que sucedió en realidad. La fuente de información primaria dijo lo que al gobierno le convenía. Igual pasa en nuestros días.

Vivimos en una supuesta “democracia”. Esto es la opinión pública tendría que ser determinan- te a la hora de la creación de políticas de gobierno. Pero la opinión pública a decir de Sartori es modificable y frágil. El problema estructural reside en el hecho de que para que una democracia representativa funcione, esta debe de estar basada en esta opinión. Pero la opinión como se puede com- probar está diseñada por la televisión. Esto es, el gobierno y sus aliados son juez y parte.

La fuente primaria de opinión es la televisión y su penetración en nuestro país es muy amplia. La encuesta nacional de prácticas y consumos culturales hecha por la Conaculta dice que más del 95% de los entrevistados acostumbra a ver la televisión:

http://www.fundacionpreciado.org.mx/bien- comun/bc170/Numeralia.pdf

Una influencia demasiado tentadora para dejarla pasar de lado. La disputa entre televisión y lectura entonces es absolutamente desigual. Si algunas encuestas dicen que se leen solo 2.8 libros al año (aunque esta cifra es rebatible porque hay millones que en su vida jamás han leído un libro), la lógica indica que es bastante fácil manipular la opinión pública.

Vivimos la peor de las situaciones. Un público que cree que es culto por mirar programas de opinión política que dicen por agenda lo que les con- viene decir, al grado de soltar barbaridades como

 

que leer es irrelevante a la hora de gobernar.Y los resultados son funestos. Un pueblo formado y crítico que ve a la televisión solo como un accesorio es en esencia poco manipulable. Pero para pasar de un pueblo teledirigido a uno realmente informado habría que hacer cambios sociales estructurales.Un ejercicio interesante nacería de ver la televisión con una libreta y un lápiz en la mano. Yo lo hice en alguna ocasión. Un noticiero soltó la friolera de quince noticias negativas para empezar el programa. Después intentaron matizar la información diciendo que no todo era negativo en México.

Luego vendría la formación de estereotipos raciales en nuestro país. La absoluta preminencia de modelos caucásicos en la pantalla chica es la regla, no la excepción. Tome su libreta y apunte la cantidad de mestizos que aparecen en los roles estelares de las telenovelas. Luego nombre la cantidad de personajes con ojos azules que aparecen. El resultado lo sorprenderá. Hay comerciales que bien pueden salir al aire en Suecia y nadie notaría la diferencia.

La televisión ha sido descarada en la explotación de estos estereotipos. Nos dicen lo que no podemos ser. Y en base a estas categorizaciones nos creamos una percepción de lo bueno y lo malo. Entonces obramos en consecuencia. Al parecer una de las aspiraciones más socorridas es llegar a la pantalla grande. La panacea que resolverá to- dos nuestros problemas.

 

Hemos llegado al extremo de la explotación de nuestros niños. Y esos padres que no saben cuan dañina puede ser esta sobre exposición mediática. Es por eso que es de suma importancia aprender a leer la televisión. Entender sus símbolos y mitología. Humberto Eco diría hace algún tiempo que aparecer en televisión hoy en día ya puede ser calificado como un acto grosero. Y profetizó en 1968 que existiría un vasto número de consumidores chatarra. Y la profecía no podría ser más cierta.

Decodificar el lenguaje televisivo se convierte entonces en una necesidad primigenia. Conocer sus alcances y su perversidad a la hora de la manipulación de las opiniones. Porque todo redunda en poder. En el mayor número de clientes cautivos.

Aunque esta labor Quijotesca esté cuesta arriba. Aún con las nuevas tecnologías la televisión sigue siendo la reina. Y mientras no leamos, los resultados siempre serán los mismos. Candidatos telegénicos con analfabetismo funcional, y crea- dores de opinión (como Alasraki) que creen que son la verdad revelada.

Seamos originales. Apaguemos el televisor. Hay una vida muy rica allá afuera.

Publicado en NORTEC

 

Calibración del lente

con que el lector abrirá esta puerta

Andrés Cisneros de la Cruz

 

 

 

Gloria Gómez Guzmán se encuentra en ese pequeño núcleo de mujeres que se acercan con su poesía a la problemática social de la desigualdad y al conflicto político del abuso; pero sobre todo, es una poeta que se sumerge en la zona abisal de la condición humana, en especial, en ese sito, donde los seres han sido golpeados por aplastamiento económico, que representa la violencia más viva (e invisible) del mundo.  

Es por eso que sus poemas son frescas flores de ira que ayudan a despertar a los que les fue arrancada la gracia onírica, y que sufren despiertos el yugo de un sueño impuesto. Esos mismos que perdieron su derecho a la inconformidad, y que en algún momento también dejaron de percibir su profunda necesidad de indignación.

Gloria Gómez es una voz que emerge de las aguas profundas del siglo pasado, para develar una realidad que no ha sido afrontada, y que son pocos los poetas como ella, que desde siempre dieron la cara para desmentirla.

Sus poemas son bofetadas limpias en el rostro del intelectual engreído que se difumina en la revolución de su silla. Un ácido ojo que revela que no importa lo qué se haga, sino el para qué se hace. Ontología escéptica, dolorosa. De una belleza ruda y desnuda; como la que gozamos cuando no podemos huir de la lluvia o los truenos, de su plata resplandeciente y los árboles oscuros del cielo.

“Si Gloria no es famosa, es porque a ella no le interesa”, escribe Guillermo Lavín, al respecto de la poeta. Porque tiene presente eso que ella llama la down generation, y que es la misma que vio caer la esperanza de otra realidad, al menos esa otra que prometían las revoluciones recientes. Por algo Miguel Donoso Pareja afirma que Gloria Guzmán sale de lo personal y se sitúa siempre en el contexto. 

En esta breve selección que nos ofrece Gloria Gómez bajo el título Un modo de mirar que ya no se usa, deja en claro que sus poemas son tan nítidos, que parecieran haber sido escritos ayer. “Tendríamos que decir que somos / los sobrevivientes / de una década jodida”. Y se contrapone a las máximas de la poesía del discurso que salva, y ella, filosa apunta a ese templete y denuncia el uso de la poesía salvífica para fines lejanos a la producción particular y masiva de la conciencia.

Así mismo el amor a todo lo que es, incluso en su podredumbre, es un síntoma de poesía para Gómez Guzmán, porque no puede evitar esa apetencia emocional por lo que la rodea y termina por conformarla, en su hábito diario de comer de lo real, de lo posible.

También la obra de Gloria es una crítica directa al lector, a los habitantes de su corazón que es el mundo. Arremete contra ellos, con ironía, con acidez pregunta, deja las cosas claras sobre el suelo para que no haya duda de que hay algo mal en esta maquinaria.

Es una poeta que no teme decir, escribo “contra aquellos que se apoderan”, y tampoco se censura para exponer que la “patria es una calle sin salida / una broma asqueante de la historia”. Aquí la madre-padre es una falacia, un show que se montó para que cada quien formulara su íntima idea de imaginarla. Esta perspectiva hace de Guzmán una poeta moderna, completamente consciente de la transición que representa el descubrimiento de las ciencias sociales. No se limita, habla claro, sin tapujos. Y aunque declaró, parecido a Alí Chumacero, o el mismo Juan Rulfo, que no escribiría más poesía, su breve obra es ya una referencia para los poetas que tengan interés en quitarse los grilletes, los falsos estilos, y asumir que su poesía es parte de un todo hirviente, complejo; pero sobre todo, frente al cual el poeta no puede asumir, jamás, una postura de conformidad.

 

 

Andrés Cisneros de la Cruz

Ciudad de México, septiembre, 2015.

 

 

 

GLORIA GÓMEZ GUZMÁN

(Tampico, México, 1950)

SELECCION DE POEMAS BREVES

 

 

 

I

tendríamos que decir de aquellos años

en que todo parecía recién inaugurado

y jóvenes los hombres

y dulces las mujeres que éramos

saltábamos los muros

 

la vida era una roja bandera y esas cosas

entonces sí     llovía la época sobre amapolas

éramos los dueños del futuro y esas cosas

 

tendríamos que contarles cómo amamos

como el sueño estableció su reino entre nosotros

dejar bien claro que estuvimos

palabra desde manos sucias

intentando derribar el muro

 

tendríamos que decir que somos

los sobrevivientes

de una década jodida

 

 

II

 

poesía no ha salvado a nadie

no resuelve insomnios

no sirve gritarla en pantallas de tv

o hacerla canciones y que traguen de ella

dulcemente

los muchachos

 

poesía es un reluciente

bruto

fragmento de náusea

un aullido

están matando todo

 

la razón desvalida

para seguir aquí

 

 

 

III

 

sin las balas del poema estoy perdida

y ustedes también

 

 

IV

 

es terrible ser pobre

termina uno siendo mezquino

 

si se es egoísta

destructivo

y además pobre

uno es un desastre

sobre todo para otros pobres

(especialmente para uno mismo)

 

cuando un pobre encuentra su cara en un espejo

le entristece ver que allí falta algo de belleza

algo de alegría     algo de verdad

(eso puede ser terrible a ciertas horas de la tarde)

 

un pobre siempre está disgustándose por todo    con todos

la certeza de que está de sobra en todas partes

nunca le abandona

así  ¿cómo podría sentirse necesario

solidario

o simplemente vivo?

 

la puerta del futuro se ha estrechado para él

 

hubo un tiempo en que los poderosos temblaban

al pensar en la rabia desatada de los pobres

a los pobres de ahora no les han dejado ni la ira

 

pero si los días de ira han terminado

la puerta del futuro está cerrada para todos

 

V

 

he escrito sobre mí

pensando que servía de algo

esta señal de aquí hacia usted

que tal vez

en medio de un cinematógrafo

rodeado de gente que le desconoce

se aturda de ternura por la suerte nuestra

 

después

ojalá sintiera rabia

un poco de asco si no es mucho pedir

porque

sabe?

no hallo la manera de justificarnos

 

 

 

FICHA BIBLIOGRÁFICA

 

Gloria Gómez Guzmán (Tampico, Tamaulipas, México, 1950). Ha publicado los siguientes títulos:  Obra colectiva: Tarea poética, Editorial Tierra Adentro, INBA, 1979. Mira que yo aquí, Editorial  Tierra Adentro, INBA, 1980. Preso estás afuera y aquí, Editorial Punto de Partida, UNAM, 1980. Vigias en la niebla (producción multimedia) espectáculo de poesía-canción, imágenes de video y música en vivo. Producción Independiente 2001. Individual: No eran la epopeya de estos años nuestros días, Ediciones Punto de Partida, UNAM, 1982. Nada personal, Cartel de poesía, Editorial Penélope, 1983. Litoral sin sobresaltos, Editorial Praxis-Dos Filos-UAZ, 1987. Para quienes en altamar aun velan, Edición del ITC, PCF-INBA, 1988. El sermón del arenque, Colección Letras en el Borde del Consejo para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1992. Aguamala y otros poemas, Colección Los Cincuenta, Comisión Nacional de Decentralización Conaculta/UANL, 1998. Antología personal, Colección Nuevo Amanecer, Ediciones del CCAT, 1998. Poemas, Colección Milenaria, Ediciones Ítaca/Conactulta/Gobierno del Estado de Tamaulipas, 2004. Antología personal, Gloria Gómez Guzmán, una poeta huasteca, Ediciones de la Facultad de Música de la UAT, 2009.

 

 

 

 

 

 

Alí Chumacero, Joaquín Díez-Canedo y José Luis Martínez a inicios de la década de 1940. / Cortesía: Archivo José Luis Martínez

 

 

Hombres en su siglo

(Alí Chumacero / José Luis Martínez)

Víctor Manuel Pazarín

 

 

Yo, pecador, a orillas de tus ojos

miro nacer la tempestad…

ALÍ CHUMACERO

 

 

ENTRADA

Los cien años de Alí

 

Apenas tres libros de poemas y uno de ensayos compone la obra completa de Alí Chumacero. Hombre de entresiglos, nació en Acaponeta, Nayarit, en 1918, y murió en 2010 en la Ciudad de México a los noventa y dos años. Figura esencial de nuestras letras, Chumacero dedicó gran parte de su vida a la edición de libros.

A los veintiséis años se dio a conocer con Páramo de sueños (1944), luego le siguieron Imágenes desterradas (1948) y Palabras en reposo (1956). Después de un largo silencio, en 1987 aparecieron Los momentos críticos: ensayos y reseñas que dan fe de sus pasiones como lector.

Obra breve, una vida larga. Su último libro de poemas todavía no hace mucho se podía encontrar, en su segunda edición (1965), en espacios para libros de viejo y tiliches en Guadalajara. Yo me encontré sus Palabras en reposo en un altero de una tienda de cachivaches y “antigüedades”. Al paso de esa casa del centro de la ciudad, me llamó la atención que al menos cien ejemplares intonsos se levantaran en la puerta de la casa, donde un anciano vendía de todo. Entre eso, el poemario del nayarita que revisó Augusto Monterroso, quien fuera corrector de pruebas en el Fondo de Cultura Económica; allí mismo Chumacero fue corrector y editor, y le fue dado el placer de haber cuidado la edición de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, algo que

le dio fama; la leyenda incluso dice que fue él quien le dio los toques magistrales a la obra, algo que el propio Alí desmintió.

Durante muchos años vivió en Guadalajara; fue aquí donde el futuro poeta hizo sus estudios de primaria, secundaria y preparatoria; luego, en 1937, se trasladaría a la capital mexicana para así dar comienzo a sus estudios universitarios y a su obra poética y ensayística. Alguna vez Alí Chumacero dijo que había nacido en Nayarit, “pero uno es de donde hace la secundaria”, de algún modo Chumacero es también tapatío.

Quizás por eso, porque vivió en Guadalajara, fue donde encontré su último libro de poemas, que guarda la serenidad de la poesía clásica: con un lenguaje sin aspavientos, y con asuntos en los que son visibles la literatura griega, latina y del Siglo de Oro español; y es una secuencia de la tradición de la mejor poesía latinoamericana y, sobre todo, mexicana.

Palabras en reposo es un libro extraordinario, contiene algunos de los poemas esenciales no solamente del nayarita, sino de la literatura mexicana. Se ha dicho que México es un país de poetas, y la lectura de este singular libro lo confirma. Pese a su relevancia actual, al comienzo no fue tomada en cuenta; los años vendrían a confirmar lo sabido: lo que ahora goza de fama pronta, se olvida rápido; lo que camina con impulso propio tarda en ser esencial, pero lo logra.

El reconocimiento que Alí cultivó de manera expedita, fue gracias a su labor como editor. Ya en 1940, en su estancia como estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, junto a Jorge González Durán, Leopoldo Zea y José Luis Martínez editó la revista Tierra Nueva, que duró apenas dos años, pero que introdujo a Chumacero en los círculos intelectuales. Fue en la UNAM que conoció al filósofo José Gaos, cuya amistad y obra le ofrecieron a Alí una perspectiva definitoria. Su mundo se amplió y fue reconocido por quienes ahora son las más altas personalidades de la literatura hispanoamericana, como Octavio Paz, Alfonso Reyes, Luis Cernuda, Gilberto Owen, y por quienes conformaron el círculo cultural que llegó a nuestro país como refugiados de la Guerra Civil española.

En 2003 la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le otorgó a Alí Chumacero el Reconocimiento al Mérito Editorial, hecho que lo retornó a su casa de la infancia y la adolescencia. Y en 2008 el país se volcó entero con su homenaje por sus noventa años. Ese año presentó

en Guadalajara su quizás último libro, Poesía, que publicó el Fondo de Cultura Económica con un prólogo de José Emilio Pacheco Alí

Chumacero en su intervención en la FIL dijo: “La poesía es la manera más profunda, más hermosa, más linda, diríamos con una palabra cursi, de lo que es la vida misma. Unir la poesía y la vida no deja de ser una tarea constante para llegar a vivir con amplitud, con interés, con intensidad por lo que le sucede a uno. La vida es el sostén de todo lo que el hombre piensa y siente…”.

 

 

INTERMEDIO

José Luis Martínez, una vida desde los libros

 

Para recordar el ochenta aniversario de Juan Rulfo, en San Gabriel se abrió, en mil novecientos noventa y siete, la Ruta Rulfiana. Para darle el carácter que se merecía tal acontecimiento se invitó a un grupo de escritores y artistas, y allí, entre los más importantes, estuvieron José Luis Martínez y Federico Campbell. Fue allí, entonces, que en un balneario —y con el cuerpo semidesnudo y mojado por el chapuzón que me había dado en el azul del agua que reflejaba el cielo de San Gabriel— que fui invitado por Campbell a su mesa donde ya estaba el maestro Martínez.

Caminé por un sendero hacia el lugar de la mesa al lado de Campbell, que había conocido en la Ciudad de México y con quien había sostenido una charla extensa sobre Arreola y, claro, sobre Rulfo. Volvió a la conversación, como era de esperarse, en esa prodigiosa mesa donde se encontraba uno de los autores jaliscienses más importantes, quien había nacido en Atoyac, en mil novecientos dieciocho y, durante los conflictos sociales de la Guerra cristera había ido a vivir a Zapotlán y fue condiscípulo de Arreola y Rulfo en la escuela primaria.

Es curioso, en todo caso, que el destino alguna vez haya reunido en las aulas a quienes años después serían los escritores más importantes —y quizás los últimos de esas alturas— del Sur de Jalisco.

Los tres, de algún modo, de una misma generación y surgidos de un entorno histórico singular. Y de ellos estamos celebrando, desde el año pasado, el centenario de su nacimiento.

Entre las varias vertientes desde la cual puede observarse la vida y la obra de José Luis Martínez, hay dos que sin duda son esenciales. La primera es la de su vida como lector y como historiador. Una va con la otra, es decir, Martínez es y fue uno de los más importantes lectores de la historia y la literatura mexicana, algo que se ha olvidado ya: nadie —o muy pocos— ya quieren ser solamente lectores. Ser lector es tan importante como ser un escritor, sin embargo actualmente los escritores leen muy poco, y en cuanto comienzan a leer a lo que aspiran es a ser escritores. Y en todo caso olvidan esa tarea: la de lector.

José Luis Martínez fue un gran lector y un amante de los libros. Su biblioteca personal es una de las más grandes e importantes del país. A ella acudieron autores tan importantes como Octavio Paz, que la consultaron para escribir algunos de sus más importantes libros de ensayos. La otra es que fue uno de los más importantes directores del Fondo de Cultura Económica, la editorial que ha traído no solamente a México a las grandes voces del mundo intelectual y creativo, sino también a Latinoamérica. Esa labor logró que nuestro país se sostuviera como una potencia editorial que el Estado mantiene como una de las pocas labores que debemos elogiar en materia cultural.

El trabajo que realizó el historiador y ensayista literario de Atoyac, quien ya celebra su centenario de nacimiento, es una de las más importantes, como importante y fundamental es su presencia en nuestras letras.

 

 

SALIDA

Seguir la luminosidad y mudar de camino

 

Dos cumbres poéticas sostienen la tradición literaria de la tierra del Nayar. Ambos son símbolos nacionales de nuestra poesía mexicana.

Uno es Amado Nervo, aquel caballero andante que se unió y fortificó, a su modo, a la corriente modernista, de la cual destaca y describe en su máximo esplendor el nicaragüense Rubén Darío; corriente que fue la ruptura de América contra la costumbre lírica castellana. El otro pilar es sin duda el trabajo y la persona de Alí Chumacero.

Dos nombres que se antojan extravagantes dentro de la increíble nómina descrita por la tradición, que va de la figura de Nezahualcóyotl, hasta cualquiera de las voces de nuestros días. Amado y Alí, ¿resultan naturales al español de México? Nervo y Chumacero, ¿nos recuerdan un sonido natural en nuestras tierras? Extravagancia en los sonidos, sí, pero no en las correspondencias, pues ambos resultan lo suficientemente celebrados como para negarlos.

Amado Nervo y Alí Chumacero fincan con sus obras el firmamento de una poesía y son luminosidades que alumbran el trayecto de nuestra lírica nacional.

Hoy esos cometas han dejado el plano terrenal para perpetuarse en los altos bancos luminosos de las constelaciones. Los creadores de dos sistemas verbales nacieron en una misma ciudad. En Tepic, Nayarit, dieron sus primeros pasos para luego caminar por rumbos distintos y conformarse en lo que son.

Una forma fácil para Alí hubiera sido seguir la trayectoria de la luz de Nervo. Por fortuna Chumacero no tomó el camino simple y abrió una nueva ruta que se encuentra más cercana a la obra del grupo sin grupo de los Contemporáneos que de su coterráneo. La breve pero bien edificada obra poética de Alí Chumacero recuerda más a la de José Gorostiza y su Muerte sin fin, que a la abundante producción de Amado Nervo.

“Los poemas de Alí Chumacero —ha dicho Octavio Paz en un breve ensayo— son sucesos de la carne o del espíritu que ocurren en un tiempo sin fechas y en alcobas sin historia”. En seguida agrega: “Es el tiempo cotidiano de nuestras vidas cotidianas recreado por un oficio estricto que, en sus mejores poemas, se resuelve en un diáfano equilibrio. No encuentro mejor palabra para definir a este arte exquisito que la palabra cristalización…”

A Paz la obra de Chumacero le recuerda a dos grandes poetas mexicanos: a Ramón López Velarde “por la religiosidad” y a Salvador Díaz Mirón, “al que lo une el culto a la forma cerrada” y la afición por “asuntos no poéticos” y la “reserva orgullosa”. Pero también a los textos bíblicos en los cuales caminó, según Paz, muy cercano a López Velarde, por su “conciencia del pecado” (Yo pecador, a orillas de tus ojos /miro nacer la tempestad…), y debido al acercamiento de ambos a la liturgia católica

(Oh cítara del alma, armónica al pesar, /luto hermana: aíslas en tu efigie/ el vértigo camino de Damasco/ y sobre el aire dejas la orla del perdón, /como si ungida de piedad sintieras/ el aura de mi paso desolado…).

Se puede afirmar que Alí Chumacero es un poeta del amor y en un texto José María Espinasa afirma que sus poemas en este sentido son de “amor cumplido siempre en el lamento”.

El ensayista asevera que la poesía de Chumacero “va en busca” del “milagro de la estatua”, y lo contrapone con la obra de Xavier Villaurrutia al proferir: “…de una estatua mucho más tangible que la de Villaurrutia, vuelta puro grito al morir de sueño…”, pues para Alí Chumacero, “el amor está siempre en un ‘después’ que llamamos escritura”. Pues para José María Espinasa: “El amor es pura forma de la misma manera que la carne es pura forma”.

Los dos puntos de vista y sus lecturas son admirables y nadie puede estar en desacuerdo, pues las argumentaciones surgen de estudios profundos, de lecturas que fueron hasta el fondo y hacia las alturas y otorgan luces para una nueva lectura de cada poema del autor nayarita, quien se ha vuelto ahora una

 

Petrificada estrella, temerosa

frente a la virgen tempestad.

Jueves, 25 Octubre 2018 04:52

GOD HATES US ALL J. M. Lecumberri

 

 

GOD HATES US ALL

J. M. Lecumberri

 

Drones since the dawn of time

Compelled to live your sheltered lives

Not once has anyone ever seen

Such a rise of pure hypocrisy

I'll instigate I'll free your mind

I'll show you what I've known all this time

SLAYER

 

Un alegre y lúcido viejecillo afincado en París por más de treinta años, sale de su pequeño departamento en la rue de l’Odéon, como todas las noches para dar un paseo , dejando tras de sí una estela de insomnio.

Esta vez, el anciano se encuentra con algo que lo hunde en una sombría revelación: el tráfico infernal de una metrópoli sobrepoblada, miles de coches atascados en las callejuelas y avenidas, detenidos por horas, en trayectos interminables. Un espectáculo grotesco.

Tras esa experiencia, Cioran llega a una sublime y terrorífica sentencia: “todo lo que el hombre crea se vuelve en su contra…”, piensa para sí mismo.

Vivimos en una época de no muy diferente a aquél París de los años setenta, una época que ha ido rumbo a peor, ciertamente. Una época en la cual el pensamiento de ese viejo alegre y pesimista está más vigente que nunca.

Nuestro mundo, ahora dividido, casi por la mitad, entre lo real y lo virtual, sigue generando maravillas que, tarde o temprano se volverán en nuestra contra, como alguna vez lo hicieron, el fuego, la religión, el acero, las leyes de Newton, la energía nuclear, la literatura, el cine, el petróleo, la medicina, la ecología y un sinfín de ideaciones, inventos, artefactos, disciplinas, concepciones, máquinas que el hombre ha dado a luz y desarrollado en el seno de una civilización cada vez más enclenque, ñoña, cursi y hueca, una generación de monas Instagram, leñadores de aparador y budistas de medio pelo.

Contrario a lo que el genio-ingenuo de Schopenhauer y Nietzsche nos hiciera pensar, Dios no ha muerto, muy por el contrario, está más fuerte, más vivo, más presente que nunca y nos odia a todos.

Dios extiende sus órganos por todas nuestras instituciones, desde la iglesia (obvio) hasta la biotecnología y las salas de espera de la seguridad social, pasando por los orfelinatos de donde obtiene sus víctimas más preciadas, hasta las fosas clandestinas donde gusta ver arder nuestros frágiles cuerpos putrefactos. Dios es el anti Cuerpo sin Órganos, es el deseo de la muerte del deseo en estado puro: la Razón iluminista y moral.

Dios está vive en los corazones de cada activista esperanzado por su causa, en cada rechazo de uso de un popote, en cada perrito rescatado en las calles, en cada linchamiento contra un violador, en cada aborto, en cada opinión estúpida que proferimos libremente por alguna red social, en cada

pensamiento trasgresor, en cada iPhone X, en cada orgía, presidiendo en cada concierto de Black Metal, con su disfraz de chivo macabro.

Carl Sagan hace alusión a la increíble suspicacia de una secta cristiana de los Estado Unidos que, había prefijado la fecha del apocalipsis en el año 1914 de nuestra era.

Cuando dicho apocalipsis no ocurrió, la secta declaró algo insospechado, eminente: ellos afirmaba que si después de 1914 nosotros seguíamos aquí es por que Dios se había llevado a los justos y no nos había elegido a nosotros, que el apocalipsis efectivamente había sucedido y que ahora vivimos todos en un mundo postapocalíptico. Dos guerras mundiales después e infinitas guerras locales de horríficas proporciones (Sierra Leona, Líbano, Siria, Afganistan, Vietnam, Korea, Haití, Croacia, México, etc.), no considero tan descabellado lo dicho por aquellos fanáticos religiosos.

La violencia necesita ser reinventada. El propio Cioran aseveraba que la inteligencia es esencialmente violenta. ¿Afirmación gratuita? No lo creo.

Pensemos en el ecofacismo de Pentti Linkola, un idiota finés que propone acabar con todo el tercer mundo para hacer espacio a los occidentales primermundistas, saneando el planeta, establecer controles natales de máximo un hijo por pareja (él tiene tres hijos), propone abandonar la tecnología y volver a la naturaleza, como si nada hubiera pasado. Sueño tentador, he de confesarlo. Una especie de Doctrina Monroe con esteroides bálticos. Vale la pena mencionar que este tipo es un héroe de la intelectualidad nórdica.

Si por algo se ha caracterizado todo el linaje indoeuropeo, en todas sus formas, es por su cerrazón, intolerancia, ambición y brutalidad. Irónico que los tengamos ahora por seres superiores y de gran cultura cívica, una especie de elfos decadentes.

Peor volviendo al meollo del asunto, nuestra generación está ávida de sueños guajiros, de masturbaciones mentales, de las tetillas del Dios veneno que nos amamanta y engorda para luego cosecharnos de las formas más crueles. En la cursi subcultura Dark, el negro representa un luto infinito, una actitud de vitalismo inerte, un oxímoron de la realidad ramplona, simple y grosera: el hombre es un ganado.

En cambio aquellos que viven con levedad, según dijera Epicuro, los dioses, aquellos que según él ni siquiera nos notan (cuán equivocado estaba el bonachón hedonista), ellos son los artífices de nuestra desgracia, los creadores de tanto y tanto sufrimiento y nosotros somos las máquinas usadas para dispersar ese sufrimiento y convertirlo en orden, en universo.

Ellos nos odian a todos, han estado presentes desde el inicio de nuestra civilización, como lo dijera Deleuze: “el Estado (Urstaat) no fue inventado, nació con la humanidad” y todo lo que está dentro de sus sistemas y algoritmos es una ilusión, tanto para bien como para mal. Su ideología, su moral, su arte, su música, su poesía, todos barrotes de una prisión invisible. Yo mismo, más de lo mismo.

¿Qué nos queda?, tratar de destruirlo todo, caminar, resignados, hacia una extinción voluntaria, ¿salvar al planeta? ¡Vaya estupidez! Si no puedes ni salvarte a ti mismo, que no te llenen el cerebor de mierda pietista y ecocursilerías. Creamos una isla de plástico en el Pacífico y es hermosa ¡una verdadera obra de arte! El ser humano no sirve más que para la generar sufrimiento y destrucción.

EL planeta no nos necesita para salvarlo, simplemente se deshará de nosotros cuando así lo considere (Gaia-James Lovelock).

Pero ¿y toda la generosidad, los actos desinteresados de bondad? La parte más cruel de un sistema que requiere equilibrar sus fuerzas para mantenerse avante. “Dominar a otros es fortaleza. El dominio de sí mismo es el verdadero poder”, dice Lao Tse. Vivimos un mundo en el que el poder de lo virtual nos ha exiliado de nuestro centro interior, vivimos en un mundo de doctrinas de autoconocimiento y viejas sabidurías convertidas en coaching y merchandising.

Sales a correr diez kilómetros en un bosque agonizante en medio de la ciudad colérica y patibularia y sientes que ya te conoces a ti mismo, que te amas y te dominas, ¡pues no! Sigues siendo un autómata, un vástago de Nike y tu jodido iWatch, pero qué se puede hacer, matan cientos de mujeres todos los días, las matamos todos, todos somos responsables, todos matamos a niños palestinos y a indígenas huicholes, todos somos asesinos sin armas, criminales marionetas. “whatever works” dice un personaje de Woody Allen.

Eres vegano y te sientes superior a los omnívoros porque no haces sufrir a animalitos inocentes por la necesidad de alimento creada artificiosamente por una industria desvergonzada. Eres feminista, incluyente, delicada en el trato con los demás, una verdadera ser humana, llena de vitalidad y pureza. ¡Bien, aun así no sirves de nada! Una serie de efectos adversos se generan por el simple hecho de tu presencia en este mundo. Nuestra simple existencia afecta y deteriora la existencia del resto de las criaturas. ¿Por qué? ¿Qué clase de sistema subsiste a base de la tortura, la injusticia y la crueldad? Pues de esto nos alimentamos todos. Nadie es inocente. Nadie es especial. NO hay un elegido. Las doctrinas de los elegidos (cristiana, islam, judía, buidista) son todas igual de pusilánimes y falsas. Dios nos odia a todos por igual. La compasión es la más sucia de todas las vanidades, pues nos hace creer que es posible sentir el dolor de los demás, ayudarlos y, lo que es peor, librarlos de un dolor que es genético, que todos llevamos inscrito en nuestra codificación más radical.

Nietzsche pensaba que el mundo valía la pena sólo como fenómeno estético. Quizá por eso hacer arte sea tan doloroso. Insignificantes criaturas tratando de darle sentido a un sistema universal caótico: “Con la ayuda de la piedra de un Caósofo, encontré a la Diosa Eris Discordia en mi glándula pineal (en el Canal Cósmico Número Cinco), y desde entonces he sabido las respuestas a todos los misterios de la metafísica, metamística, metamórfica, metanoicay metafórica…” dice el Principia Discordia, una religión que se mofa de las religiones y , sin embargo, resulta el más serio atentado en contra del sistema del Dios nefasto, de la dualidad y del redencionismo religioso y ateo (ambos, igualmente estúpidos).

Una vía caótica en un mundo en los albores de un Nuevo Orden.

El Principia, continúa: “Jesús no era el hijo de Dios en lo absoluto sino –como Él dice en la biblia, una y otra vez –, Él fue el Hijo del Hombre. Realmente, Su Misión era advertirnos y prevenirnos acerca de Dios – una computadora robot cargada con armas láser, ubicada en una estación espacial, enviada para regular o destruir la humanidad”

 

 

Si dormiste fuera de una tienda de Mac, para gastarte lo que ganas en una año o simplemente tu cheque de la semana en un iPhone, no eres cool, simple y sencillamente eres un idiota más de todos los idiotas que abarrotan este mundo. La violencia necesita ser reinventada, una violencia espiritual sin cuartel, dirigida por la discordia, el caos y la creatividad. Una violencia que no tema destruir todo lo que se opongo a su misticismo, a su vertical de ascensión rizomática, hacía mundos delirantes.

Una violencia artística, que no genere muerte sino vida.

Una inconcebible violencia que nazca del amor. Pero, eso del amor sigue siendo muy ambiguo, muy ingenuo, quizás.

Hablemos de deseos.

 

++++FIN+++

Publicado en ZONA DE DESASTRE

 

 

Cuatro visiones sobre Arreola

Víctor Manuel Pazarín

 

 

A Daena Molina

 

Un poema en prosa

Un primer acercamiento a la obra de Juan José Arreola se dio por azar.

En el libro de la escuela primaria, correspondiente al quinto grado, hay dos textos que surgen de la única novela del fabulador de Zapotlán. El primero es un fragmento en el que se describe la feria del pueblo; y el segundo es otro que ya no recordaba, pero que en un encuentro con el poeta David Huerta le escuché recitar ya que lo sabía de memoria —me lo dijo en 1997 en el huerto de mi casa de la calle Alcalde, donde una tarde salimos a disfrutar de comida y tequila— porque en sus noches de cuitas en la Ciudad de México con Orso Arreola “casi invariablemente cuando caminábamos en las madrugadas por las calles del centro terminábamos diciéndolo a dos voces”:

 

Si camino paso a paso hasta el recuerdo más hondo, caigo en la húmeda barranca de Toistona, bordeada de helechos y de musgo entrañable. Allí hay una flor blanca. La perfumada estrellita de San Juan que prendió con su alfiler de aroma el primer recuerdo de mi vida terrestre: una tarde de infancia en la que salí por vez primera a conocer el campo. Campo de Zapotlán, mojado por la lluvia de junio, llanura lineal de surcos innumerables…

 

Yo imaginé —al tiempo que me narraba el hecho— a David y a Orso: perdidos en las sombras, pero de pronto iluminados de manera dramática por las luces artificiales. Únicamente sus voces en el páramo de la gran ciudad; solamente ellos como habitantes del mundo, alejados —en definitiva— de lo que fue el Zapotlán de Arreola. 

El poema quizás fue la simiente de La feria (donde los curiosos pueden leerlo completo entre sus páginas), nació en 1951 como un solitario poema en prosa con el que Arreola (con un título poco afortunado: “Oda a Zapotlán, con un canto terrestre para José Clemente Orozco”) ganó los Juegos Flores de Zapotlán ese año. El concurso, sabemos, fue presidido por Arturo Rivas Sáinz, Alfredo Velasco Cisneros  y J. Manuel Ponce.

El poema es como un sueño de un adulto que va hacia la infancia en busca de un tiempo ya perdido para siempre, pero avivado gracias a la memoria, al lenguaje. Como casi todos los textos de Arreola, la palabra está puesta en escena y logra que en su movimiento sea efectiva y, en este caso, afectiva. Evoca e invoca. Rememora y hace que de inmediato quien lo lee se sienta obligado a decirlo en voz alta. Toda la obra de Juan José Arreola nos recuerda que fue un actor, un recitador y, claro, un pulcro prosista.

Es, entonces, la descripción de un sueño y nos hace ensoñar un mundo perdido, ya en Zapotlán no existe exactamente la barranca y ahora es casi imposible mirarla. O ya no se puede mirar. Nos queda solamente el poema de Arreola. Es, pues, un vestigio de un lugar que ya no está. Yo a los doce años leí el poema y entonces busqué el lugar, pregunté por él, pero ya nadie me supo decir con exactitud si realmente existió.

Quedan, eso sí, el bosque y los helechos; y si se tiene fortuna alguno podrá encontrar en algún camino la blanca flor, “la perfumada estrellita de San Juan”.

Cada vez que leo La feria me nace el deseo de volver a los campos de Zapotlán.

 

 

Arreola y los talleres literarios

 

Vi entonces las manos de Arreola elevarse y, en seguida, hacer figuras en el aire. Había dejado sobre el escritorio el grueso libro de poemas que había extraído del librero de su oficina de la Casa de la Cultura de Zapotlán. Leía, en ese instante, el poema de Manuel Gutiérrez Nájera “Para entonces” con una impecable dicción, una voz pequeña pero bien timbrada y exacta en la emoción.

De sus delgados labios surgían las palabras como de un maná.

 

Quiero morir cuando decline el día,

en alta mar y con la cara al cielo,

donde parezca sueño la agonía

y el alma un ave que remonta el vuelo.

 

Y nosotros —mi amigo y compañero de clase en el bachillerato, Margarito Chávez— abrimos desmesuradamente los ojos y la boca llenos de un doble asombro. Ante nosotros Juan José Arreola leía —sólo para nosotros— un poema. Ese privilegio nunca lo olvidaré.

Con toda seguridad quienes se acercaron a Arreola en los años sesenta en la calle de Río Volga, donde leía en voz alta los textos de quienes luego fueran los grandes autores de esa generación (y otras), les había ocurrido lo mismo que a nosotros. Guardadas las distancias, de algún modo de la voz del autor de La feria aprendimos a amar el lenguaje como él siempre lo hizo. En ese taller surgirían grandes textos que ahora son obras parte de la historia reciente de nuestra literatura nacional. Leídos y corregidos por Arreola (algunos dicen que veía las fallas al vuelo), esos materiales de escritura donde hubo poemas, cuentos, obras de teatro y hasta novelas como La tumba de José Agustín, serían los materiales que dieron forma a una revista, que a la postre es una de las más importantes (y menos estudiadas) de nuestra vida literaria.

Mester, fue el nicho de grandes poemas como “Oscura palabra” de José Carlos Becerra y albergaría trabajos de —pongo otros ejemplos— Jaime Sabines y Rosario Castellanos.

En esa dirección y ese año, Arreola no solamente fue el mentor de muchos escritores entre los que se cuenta a Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Vicente Leñero, sino que fundaba una forma de trabajo y una revista que daría nombre a ese taller y a una generación de escritores que ya hacían una vida cultural, pero que no habían tenido un espacio donde se les respetara y diera el apoyo para que afinaran sus voces.

En mi libro Arreola, un taller continuo (1995), recogí las palabras de algunos de los pilares del taller y la revista Mester (Eduardo Rodríguez Solís, Tita Valencia, Guillermo Fernández, José Agustín, Arturo Guzmán, Elsa Cross, Elva Macías, René Avilés Fabila, Federico Campbell, Carmen Ronsenzweig, Vicente Leñero, Álex Olhovich-Greene, Jorge Arturo Ojeda, Carlos Bracho, Víctor Villela, Rafael Rodríguez Castañeda, Orso Arreola, Leopoldo Ayala y Alejandro Aura), que solamente perduró doce números, pero que guarda una importancia fundamental.

En la entrevista a Arreola declaró su principio sobre su forma trabajo en el taller: “Hay que buscar perfectamente (hasta en el texto más débil) —dijo— los elementos positivos que contiene. El mejor texto para un taller de literatura es el texto regular, que puede llegar a bueno. Ése es el mejor. Porque hay textos, naturalmente, insalvables. Y el texto bueno-bueno, pues es nomás cosa de revisar detalles, pero el texto regular, con posibilidades, es el más fértil”.

El dramaturgo Eduardo Rodríguez Solís recuerda que “En mayo del 64 sacamos el primer número de la revista. Desde mayo de 1964 hasta diciembre del mismo año, salieron seis números; el grupo empieza como una cosa tremenda, gracias al apoyo de Manuel Casas quien nos dio crédito para sacar la revista, y el mejor papel”.

Hasta mayo de 1967 aparecieron doce números de Mester —afinó el dato Rafael Rodríguez Castañeda, en un artículo publicado sobre Arreola, un taller continuo, en la revista Proceso, en 1995—, nombre que bautizó a la promoción de escritores nacidos alrededor de los años cuarenta que allí publicaron por primera vez. Arreola conducía las sesiones, leía en voz alta, criticaba, descubría lo valioso o rescatable de los textos, impulsaba correcciones y cambios que los mejoraban y elogiaba sin reservas los aciertos que hallaba.

“Era excelente lector —dijo de Arreola Vicente Leñero —. De pronto uno oía sus cuentos en boca de Arreola y le parecían buenos. Además los corregía al vuelo; había en el texto alguna palabra mal empleada y él ponía la buena. Y era muy agudo para opinar, pero hacía también participar a todos. Era un gran animador”.

“De pronto no sé por qué, decía: ‘Esta línea me gusta, ¿por qué? Quién sabe, pero por algo’. Ese estado de sensibilidad él lo definió un día. ‘Así como hay catadores para ver dónde hay irradiaciones, debería de haber catadores de poesía: que pudiéramos pasar sobre un poema y en un momento dado, cuando hay poesía, se moviera la aguja’. Quizá él tenía eso de la pura sensibilidad. Un estado como de entusiasmo”, recordó Jorge Arturo Ojeda en un departamento de la Ciudad de México, contiguo al Bosque de Chapultepec, que había pertenecido a Arreola.

Y eso mismo es lo que percibimos nosotros —una tarde del mes de abril de principios de los años ochenta— cuando Arreola terminaba de leernos el poema de Gutiérrez Nájera:

 

Morir, y joven; antes que destruya

el tiempo aleve la gentil corona,

cuando la vida dice aún: “Soy tuya”,

aunque sepamos bien que nos traiciona.

 

 

Arreola, el evangelista

 

En términos bíblicos, Juan José Arreola pertenece a esa estirpe de los Evangelistas, y que el Diccionario Mundo Hispano define como “el que anuncia buenas nuevas” (según la etimología griega euangelistes) y es usado —de acuerdo con el diccionario— en un sentido general para “cualquiera que proclama el evangelio de Jesucristo”, o “una clase particular de ministerio”.

Arreola, en todo caso, desde siempre trajo a los oídos las antiguas primicias de la palabra y las novedades que no siempre tienen que ver con lo nuevo, si no aquello que uno no conocía y es relevante y enriquecedor. Es, pues, un ser —aún lo es— que a través de la palabra estimula el amor hacia el lenguaje, la palabra, y nos lleva siempre por el sinuoso camino de la imaginación. De hecho a Juan José Arreola lo escuché hablar a lo largo de treinta años —casi la mitad de mi vida— y fue él quien me estimuló el gusto por la lectura y, luego, la escritura.

Soy, debo decirlo de una vez, un hechizado por la palabra del Maestro que alguna vez fue mi vecino pero que yo no sabía quién era. Fue hasta finales de los años setenta que un amigo me dio a leer un libro suyo, luego de que en los cuadernos de textos de la primaria lo descubriera yo con un fragmento de La feria.

Leí entonces la novela y, acto seguido, justo frente a la catedral, Arreola cruzaba en su moto y mi amigo me dijo: “Quieres conocer al escritor de La feria”; a lo que yo contesté casi en automático que sí.

Es un síntoma de los lectores creer que los grandes escritores ya están muertos, sin embargo fue el caso que Arreola estaba vivito y coleando, era mi vecino, y estaba ante mis ojos. Mi amigo lo señaló con el dedo y fue que le dije: “¿Él es Arreola?, no es cierto. Él es mi vecino…”.

Entonces mi vida cambió. Y seguí al Maestro por largo tiempo. Algunas veces lo espiaba desde la azotea de mi casa: lo veía salir de su casa del bosque y lo miraba perderse; otras lo veía en la televisión; lo escuchaba desde el fondo de sus libros y, más tarde fui su alumno de lectura en voz alta, primero en la Casa de la Cultura de Zapotlán y, en seguida, en su casa.

Ya en Guadalajara lo escuché una vez por semana en el ex Convento del Carmen; luego en la Facultad de Letras de la Universidad de Guadalajara. Cuando fue el momento, hice el libro Arreola, un taller continuo donde entrevisté a algunos de los alumnos de su taller de los años sesenta; en todo caso lo seguí: hasta que un día volví a su casa de Zapotlán y conversamos largamente. Una parte de esa entrevista (que aún conservo en casete), la coloqué en lo que fue mi primer libro, que se publicaría años después, en 1995.

Cuando Arreola iba a cumplir ochenta años, la revista Tierra Adentro me pidió una entrevista; fui a su casa el 3 de mayo —día de la Santa Cruz— de 1998 y hablamos yo digo que a profundidad. Supo entonces que yo escribía y leyó en voz alta uno de mis poemas de La medida; me dijo que había sido amigo de mi abuelo Gabino Pazarín y me confesó algunas cosas personales que yo guardé —y guardo— como un regalo. Luego enfermó y al comienzo de este nuevo siglo fui a despedirlo en su funeral. Al subir el féretro la escalinata del Paraninfo universitario, robé una blanca flor que aún conservo con orgullo y que me recuerda siempre a su palabra.

Las palabras del evangelista que siempre fue Arreola. Porque Arreola fue sobre todo el “verbo encarnado” de las letras mexicanas. Y esa blanca flor: “La perfumada estrellita de San Juan que prendió con su alfiler de aroma el primer recuerdo de mi vida terrestre: una tarde de infancia en la que salí por vez primera a conocer el campo. Campo de Zapotlán, mojado por la lluvia de junio, llanura lineal de surcos innumerables…”, como él mismo dijo.

 

El lenguaje de Arreola en escena

 

Dueño de una pequeña pero bien timbrada voz de declamador, todo en Arreola fue una forma de colocar en escena el lenguaje verbal y corporal. Su persona y su obra estuvieron ligadas siempre a ese histrión que quiso ser y fue. No hubo un solo gesto en el fabulador que no hubiera puesto en el escenario que es la existencia misma. Toda su obra está dispuesta como si la hoja en blanco fuera un teatrino que de inmediato lo ocupa la palabra, el lenguaje y la escritura.

La prosa de Arreola, entonces, es una que siempre está en escena. Es decir, Arreola casi invariablemente coloca el lenguaje en un espacio cuyos elementos son teatrales. Si leemos con atención la obra del narrador zapotlense, desde el comienzo sabremos que una de sus más grandes aspiraciones fue la dramaturgia, el teatro.

Uno de sus primeros textos, “La vida privada” (Varia invención), es una historia que se narra en derredor de una puesta en escena de un acontecimiento “real”, que va muy ligada a La vuelta del cruzado, melodrama inmerso en una comedia que, aparentemente, ocurre en Zapotlán. Este cuento, que Arreola considera entre su producción como uno de sus textos “inmaduros”, en realidad nos revela la clara visión de que Arreola siempre se mantuvo en la escena.

Él mismo fue un actor de sí mismo. Como declamador que fue, desde muy temprano en su vida, esta disposición en todos sus cuentos se plantó con fuertes raíces. Arreola, en todo caso es un dramaturgo con unas piezas de teatro muy menores y poco recordadas (La hora de todos, Tercera llamada, ¡tercera!, o empezamos sin usted), y una vasta producción narrativa que describen al gran dramaturgo que fue; ¿o acaso “El guardagujas”, una de las piezas centrales de su narrativa, no es una obra teatral, una puesta en escena en la que con toda claridad podemos ver al Arreola en la estación, a la espera de un tren inexistente?

El lenguaje de toda la narrativa arreolina está impregnada del actor-autor que invariablemente fue; y Juan José Arreola fue un actor que desplegó en sus trabajos todas las posibilidades dramatúrgicas. No en balde sus poemas en prosa del Bestiario fueron dictados (a José Emilio Pacheco) y no escritos. Arreola, pues, es uno de los más grandes y queridos prosistas de México y este año se cumplen cien años de su nacimiento. Arreola, su obra y su personaje, serán celebrados y con ellos el idioma castellano de Zapotlán el Grande.

 

 

El boom de la poesía mexicana

Guillermo Fernández Rentería

I

(Las editoriales como campo de batalla)

Es indudable que la poesía se ha vuelto el ciclón del movimiento literario en México en estos últimos tiempos. Me refiero de tres o cuatro años para acá. Lógicamente todo boom tiene como antecedente un trabajo y un trasfondo, pero no abarcaré ese tema por el momento. Por ahora baste decir que el boom está aún en su comienzo, pero queda ya claro que tendrá un largo camino. Por qué hago esta afirmación, por- que no bastó con la aparición de un Mapa Poético Del silencio hacia la luz, concebido por Adán Echeverría y Armando Pacheco, con Ediciones Zur, o la reciente aparición de la ya tan polémica antología de poesía y sus editoriales 40 Barcos de Guerra (que ostenta el título de autogestiva), articulada por los editores de Verso Destierro, sino que ahora también los editores alternativos del medio tradicional no quieren quedar- se atrás, e impulsados por el Fondo de Cultura Económica se lanzan a reunir a 50 editoriales.

Si hacemos el recuento de todos los proyectos convocados por estas tres iniciativas llegaremos a cifras no espectaculares, pero que hablan ya de un nutrido grupo de profesionales que se están jaloneando en este libre mercado del libro literario, y en especial, el libro de poesía. Por un lado —hablando editorialmente— la coalición de 42 editoriales logró una antología, que más allá de sus alcances poéticos, ha roto con el hito de la mala distribución, por no decir pésima por difícil (o que para otros es imposible) de la poesía mexicana. Por otra parte tenemos al Fondo de Cultura Económica, con una amplia red de distribución convencional, apoyando, con un costo mínimo por derecho a stand de 1, 200 pesos, a los 50 editores alternativos que componen esta muestra y venta de libros. De estos 50 proyectos, 3 están incluidos también en la antología de 40 Barcos de Guerra, con lo cual tenemos una cifra, si sumamos los 42 proyectos reunidos por Verso Destierro, y los 47 de la feria del Fondo de Cultura Económica, 89 proyectos totales. Esto sin contar a Ediciones Zur, que bien valdría la pena tenerlo en cuenta en esta cifra, pues en la introducción del libro marítimo lo menciona el prologuista Adriano Rémura. Con esta última tendríamos 90 proyectos totales en lo amplio del campo de lectura.

¿Cómo podemos leer esta cantidad de proyectos activos? Podemos asumir es una cantidad sustancial, sin contar proyectos que también están en plena ebullición y que no están aquí, como Linaje Editores, Fridaura, Ediciones Eón, Editorial Andrógino, Épica, Start Pro, La Orquídea Errante, La Otra, Generación Espontánea, La zorra vuelve al Gallinero y otros tantos que seguro existen o están en ciernes, y que bien la efervescencia provocará en algún momento armen su propia flota; lo cual enriquecería esta concentración, y sobre todo la diversidad, en cuanto a lo cualitativo, de literatos.

Es en verdad sorprendente que en tan sólo cinco años el panorama de la poesía mexicana haya cambiado tan radicalmente. Recuerdo todavía esos años 90 y principios del 2000 donde el escepticismo respecto a los creadores nacionales reinaba, platicaba con compañeros de academia, con algunos autores incluso, y la expectativa era, un estancamiento, una crisis. No cabe duda que hay quienes todavía están en esa crisis. Pero para otros lo mejor ha sido la práctica, y si bien no han aterrizado, están en plena composición de sus propuestas.

Por qué hablar de un boom poético, porque de estas 90 editoriales, en principio 43 están dedicadas si no de lleno a la poesía, por lo menos sí en lo sustancial, pues editorialmente esa es la cara que están mostrando como su fuerte. De las otras 47 que tenemos en el Fondo, están algunas de las que se dedican a publicar textos académicos, políticos, libros de arte, narrativa, teatro, etc., y entre otras cosas a reeditar poetas clásicos de diferentes países y épocas. También están los que se dedican, si no de lleno a publicar autores recientes, sí por lo menos a producir colecciones donde incluyen a poetas que están sonando en los ámbitos culturales del INBA y diversas academias del país, y muchas de ellas ya con una amplia tradición. Es decir, de estas 47 editoriales podemos contabilizar, y acótenme si me equivoco, por favor, 29 editoriales que publican poesía, aunque 5 de ellas no incluyan poetas nacionales; y de las 21 restantes, 10 de ellas se dedican a la narrativa, 2 al teatro, 8 a publicaciones generales (ensayo, narrativa, divulgación, etc.) y 1 a distribuir.

 

Con esta apreciación rápida podemos sumar en total 43 editoriales de poesía por parte de los 40 Barcos, y 29 (que son mayoría) dedicadas a la poesía por parte de la feria del Fondo de Cultura Económica; es decir, tenemos 72 editoriales centradas en la poesía, de las 90 que se presentan.

El impulso viene desde lo independiente, y está per- meando lo alternativo. Parece cierta ahora esa premisa posmoderna de que lo “marginal” está dejando de existir, para volver este mundo más incluyente y amplio. Es gustoso saber que en México el boom poético está en su arranque y que seguramente nos dará peleas memorables en ese mar que es el libre mercado del arte y donde la poesía es ahora su principal arma.

Me parece importante enumerar las editoriales implicadas en la euforia editorial por la poesía. Las colocaré a renglón seguido, empezando por las que no están incluidas ni en una ni en otra, luego con las de la feria y para concluir con las de la antología belicosa, que son mayoritariamente de provincia: Linaje Editores, Fridaura, Start Pro, Épica, Ediciones Eón, La Orquídea Errante, Editorial Andrógino, La Otra, Generación Espontánea, La Zorra vuelve al Gallinero y Alias, Almadía Editorial, Azafrán y cinabrio Ediciones, el Billar de Lucrecia, Bonilla Ar- tigas Editores, Bonobos, La Cabra Ediciones, Doble Hélice, Arlequín, Cal y Arena, Ediciones de Educa- ción y Cultura, Ediciones Del Ermitaño, El Mila- gro, El Tucán de Virginia, Endora, Monte Carmelo, Ediciones Sin Nombre, Aldus, Atemporia, Editorial Efímera, Editorial Ítaca, Lenguaraz, Moho, Praxis, Editorial Resistencia, Ficticia, Juan Pablos Editor, Laboratorio de Novela, Libraria, Libros del Umbral, Libros Magenta, Literalia Editores, Lunarena Editorial, Mangos de Hacha, Mantarraya Ediciones, Mantis Editores, Nitro/Press, Nostra, Paso de Gato, Petra Ediciones, El poeta y su trabajo, Proyecto Literal, Quimera Ediciones, Sexto Piso, Sur+, Taller Ditoria, Textofalia, Trilce, Tumbona Ediciones, Vaso Roto y Amanuense, ARCA, Ediciones Arlequín, Blasfemia, Bulimia de Camaleones, Cantera Verde, Taller de Cartago, Casa del Arte Comitán, Ediciones Clandestinas, Clarimonda, Ediciones la Cuadrilla de la Langosta, Cultura de Veracruz, Datura Red, DiVerso, Ediciones El Aduanero, El Brujo, El Chiquihuite, Floricanto, Galería Urbana, Garabatos Editorial, Homoscriptum, Kala Editorial, La Tarántula Dormida, Ediciones Ladrillo, Las Dos Fridas, Ediciones Libera, Metáfora (hoja de poesía), Mezcalero Brother’s, Molinos de Acentos, Nuevo Siglo Editorial, Papeles de la Mancuspia, Letras de Pasto Verde, PLACA (plataforma Chilango Andaluz), Plan de los Pájaros Ediciones, Poetas en Construcción, Tlacaxipehualiztli Ediciones, Ediciones Unicornio, Verso Destierro.

Después de todo, los poetas empiezan a tener opciones.

 

 

II

(Los estilos variados del ahora)

En la primera entrega de este texto, bien observó Adán Echeverría, faltó enumerar algunas editoriales, como son: Tinta Nueva, Editorial Pharus, y Guadalupe Morfín me preguntó sobre Era. Me parece importante arrancar el texto con estos anexos pues para hacer un redondeo general de los estilos y el nivel poético que oscila en ellos, es necesario tener “el margen” lo mejor delimitado posible. Karina Falcón, editora de la revista ARCA, acotó respecto a la calidad en la producción lírica nacional2, cierto escepticismo, el cual no es ella la única que lo posee, pues el rango de “calidad” es uno de los requerimientos con los que más frecuentemente se da de golpes el “crítico” literario mexicano de ocasión; es decir, los lectores exigentes (en su mayoría poetas) piden siempre un nivel que “no alcanzan a cumplir” los vates con los que se topan, en las ahora, tan frecuentes lecturas.

La respuesta es (para esta constante frustración del “lector crítico”, para este continuo desastre poético): que la poesía se ha especializado. De nueva cuenta (antaño ha pasado), se ha dividido; si no en nuevos géneros, por lo menos sí, en nuevas poéticas, o en diferentes estadios móviles para la delimitación de su estética. En pocas palabras: ya no hay una sola poesía nacional que albergue a todas las nuevas corrientes, y que guarde en su seno una calidad heterogénea, o el rigor de un solo canon para determinar el alcance escritural de los poetas desde un eje homogéneo.

Comienzo con esta acotación para dejar en claro la óptica con la que abordaré la “plasticidad poética” de México actualmente, y de cómo en su totalidad genera una riqueza que puede traducirse en un estridente (por no decir: no ecualizado) margen de calidad. Después de todo qué podría esperarse de un arte tan prolífero como la poesía, en un país que alberga más de 100 mil millones de personas, y en donde las lenguas son varias y la ciudades son verdaderos hervideros poli-culturales, que bien pueden recordar a la vieja Tenochtitlán, envuelta en una aureola de chinampas y casas, comunidades enteras tejiendo una corona de flores alrededor de aquella ciudad guerrera.

Es bien sabido que todas las épocas clásicas del arte se han dado en grandes ciudades, regularmente a través de sus esculturas u obras arquitectónicas magnas, para así consolidar el esplendor de su grandeza cosmopolita. Pero en el Siglo XXI parece habrá otra lógica para designar la grandeza de una ciudad, y esta será medida por su capacidad para albergar en sí mis- ma una “infinita” variedad de ciudades conviviendo en tensa armonía, y así logar un panorama amplio, enriquecido. Es importante subrayar que esta nueva grandeza no se basará en una cultura bélica, o de mercado, como hubiese sido en otras épocas. Ahora “la cruzada” por la conquista del mundo es: la paz: la unidad, lo global. Y como su antagónico natural, y al mismo tiempo medio para concretarse de una forma sincrética; es el desarrollo de las comunidades pequeñas en base a una auto-estructuración. Así, la poesía es, como lenguaje, base primera de una comunidad viva, como elemento constitutivo. Digámoslo más aventurado; es la poesía el monumento vivo de la lengua: y su forma de consolidarse es la manera en que se practica la realidad y cómo ésta práctica alimenta la riqueza socio- lingüística de sus integrantes. La variante lingüística de la comunidad, así se vuelve una aportación para el infinito mosaico de las Lenguas.

Queda en claro que un boom significa que la esté-tica (o estéticas) en juego, están no en su estado de esplendor (donde se refinan y constituyen los cánones) sino de conformación; y toda esta serie de esté- ticas terminarán por generar el aura poética en torno a una nueva nación, ahora, no geográfica, no tangible. Esta nueva nación de los poetas y sus discusiones invisibles será donde se acomodarán todos en un mismo concepto, y al mismo tiempo cada uno puede y debe desarrollarse en su propia dirección. Digamos que sería la vuelta a un nomadismo intelectual, don- de cada punto de llegada es punto de partida para un monumento infinito como lo es la lengua mis- ma. Bien lo han estudiado los sociolingüistas, que al tomar apunte de las lenguas vivas y reconocer que de ahí (de cada uno de esos dialectos espontáneos o en meditación) nacerán futuros mundos semánticos; historias enteras de humanidades aún inverosímiles. De aquí viene la importancia de esta forma natural de consolidación de las lenguas en conflicto, que en la actualidad derivan en un cúmulo de poetas, en caudalosa creación y armonización de estéticas (ahora diminutas), pero que a diferencia de sus antecesores, seguirán el patrón constructivo de lo maleable, el “monumento indestructible” de la poesía.

Con este breve mosaico arqueológico, podemos hablar ahora sí de estilos, latitudes, sociogeografías, estados y tendencias. Empecemos. De la reunión de editoriales enumerada en la primera parte del ensayo, valdría entresacar a las editoriales que han terminado por definirse como Editoriales Alternativas (o de alto riesgo ¿?), grupo en el cual se nota la tendencia a editar poetas ya con cierto renombre dentro del circuito Central de la poesía. Por Central entendamos, editoriales ya supeditadas al capital nacional, y que por tanto corresponden a un mercado específico, canónico por supuesto, ya que es el Canon el que da garantía de una calidad, aunque éste a veces quede supeditado a intereses ajenos o indiferentes a los autores mismos y sus contextos de vida, o históricos. El mecanismo funciona de este modo: el grupo Alternativo es un círculo editorial que se desprendió del mismo punto central para construir editoriales que no pertenecieran al Estado o a una cadena mercantil de libros, sino que pudieran dar una cara más libre, tanto del centro estético como del mercado volátil de la literatura rápida. Dentro de estas editoriales podemos leer El Billar de Lucrecia, que se ha especializado en poesía Latinoamericana, aunque su editora, Rocío Cerón, es miembro de un grupo sólido de poetas que ha ejercido la poesía estilizada, herencia de la pulcra escritura posmoderna; Bonobos, que ha editado a poetas de garantía formal, ya sea legitimados por una beca o por un premio; Ediciones de El Ermitaño, con una especialización en tirajes cortos, y que ha publicado al igual que Praxis un sinnúmero de poetas consagrados así como de recién ingreso al circuito. Otras editoriales de ya larga trayectoria y con una muy larga tradición de coediciones con instituciones y con un catálogo de autores que bien coincide con el de FCE, y el de Conaculta, y estas son en su mayoría parte de la AEMI (Asociación de Editoriales Mexicanas Independientes), como Mon- te Carmelo, Aldus, El Tucán de Virginia, Ediciones Sin Nombre, Ficticia, Mantis, Ediciones Arlequín (de Guadalajara), Trilce, o más reciente, Almadía; editoriales que comparten en mayoría los autores de su catálogo, y que nos dan un margen alternativo central, con poetas que pueden leerse dentro o fuera del canon poético instituido por las últimas genera- ciones legitimadas en México. ¿Los nombres? Basta echar un ojo al catálogo de poesía de Tierra Adentro y Conaculta. Hablar sobre la calidad poética de este primer grupo, es un tanto sencillo, en cuanto que responde directamente a una tradición ya forjada. Es decir, no hay el desarrollo radical de un estilo o una propuesta, sino que se engloban como clase burocrática (sin que esto sea peyorativo, sino funcional) de un sistema definido por valores nacionales y que son el “frente principal” que incluye a México dentro de una tradición mundial poética, y lo vincula directa- mente con la literatura europea, que en este caso, por obvio, es España. ¿Hay calidad?, por supuesto. Ya avalada bajo los nombres de la historia reciente de la poesía global (recordemos la reciente entrega del premio ibérico3 a José Emilio Pacheco), y por otra parte en el clasicismo ilustrado, griego o renacentista, incluso neoclásico, sustentado en figuras como Rubén Bonifaz Nuño o Eduardo Lizalde.

La contraparte de lo Alternativo, es la Editorialidad Independiente, que busca editar no de segunda vuelta los mismos autores, sino que apuesta por autores nuevos, por supuesto con una “calidad” no comprobada, puesto que muchos de ellos son aventureros transitorios, y otros tantos apuestan por estéticas aún “indefinidas” (digamos en formación). Sin embargo, hay también los que ya han desarrollado un estilo y que bien pueden hacer contrapeso a la estética formal, con una estética innovadora, por su particularidad. En definitiva la evolución de la poesía está hacia la particularización de los Estados  Volátiles, sean altas poblaciones o breves comunidades: es un hecho; el mundo artístico avanza hoy no hacia la “universalidad” concéntrica de las ciudades, o continentales, sino hacia la proliferación de las “pequeñas” entidades: el ejemplo claro es la polípolis mexicana, donde cabe no sólo el Centro, sino Iztapalapa, Tlalpan, Neza, Ecatepec, como ejes del desarrollo cultural.

 

 

POLÍTICOS E INTELECTUALES

Ramiro Padilla Atondo

 

 

La eterna contradicción en un país como el nuestro, proclive a la simulación, a la mentira. Un país de poquísimos lectores donde el gobierno finge que promociona la lectura, muestra elaborados números que “prueban” las supuestas mejorías en los índices de la misma mientras la población se mantiene a los mismos niveles de hace muchísimos años. Esta proclividad a mostrar los avances, el gatopardismo de cambiar para que todo siga igual, solo demuestra la agenda (o falta de ella) para construir ciudadanos críticos. Es iluso creer que aquellos que detentan el poder, (y contra lo que se piensa por costumbre no son los políticos en su mayoría) permitan que haya ciudadanos informados y críticos, pues esto acarrearía una trasformación en la manera que se ejerce el poder; un cambio en la estructura social que permitiría aumentar la base de aquellos con capacidad de tomar decisiones que tengan que ver con un bienestar de la mayoría. Y esto evitaría que las escuelas se conviertan en grandes fábricas de conformistas.

 

El poder se ejerce, no se comparte. Y el poder está basado en la oralidad. La edad de oro del régimen Priista era la edad donde se ejercían aquellos discursos elaborados, los jilgueros que cantaban loas a la revolución y a la figura omnipresente del tlatoani sexenal, depositario del bien y del mal del país. Y el tlatoani invitaba a los intelectuales a compartir un trozo de ese poder. La justificación histórica de los usos y abusos de la presidencia imperial radicaba en aquellos hombres de letras. La justifi cación necesaria de aquellos actos que pervive hasta nuestros días. Los políticos basan su poder en su capacidad de simulación, las medias verdades, las medias mentiras. Esta perversión de la idea de lo que debe ser un intelectual, alguien que por su bagaje cultural desconfía del poder, lo abomina, pero se siente tentado a explicár- selo: Le atraen los hombres de poder más por afán psico-sociológico, aunque en algunas ocasiones sucumben a la tentación de la inmortalidad transexenal.

El extraño paradigma de nosotros los mexicanos, campeones mundiales de velocidad en descalificación, que creemos que nuestra clase política debería ser culta, bonita, educada, y que en cada elección renovamos nuestro compromiso con la corrupción y el statu quo. El pesimista es un optimista bien informado: el verdadero intelectual hace del pesimismo una forma de vida. La esperanza muere al último.

En  México la esperanza nació muerta, y su cadáver es contemplado con indiferencia por todos. Y esta indiferencia promocionada por las élites es la causa principal de nuestra parálisis. Los intelectuales en este país están contaminados por la vida política. Juegan a la grilla y a repartirse los presupuestos en vez de hacer lo que deben hacer, convertirse en la conciencia crítica de la sociedad. Me recuerdan a la fábula del perro gordo y el lobo fl aco. El intelectual debería de soltar la cadena y bajar de peso, convertirse en el lobo fl aco. Abominar del sistema que lo compra. Dejar de ser light. Convertirse de orgánico en inorgánico. En pocas palabras, hacer lo que hace todo intelectual, dejar la visión cortoplacista y buscar la gloria, aunque esta esté alejada del presupuesto. Las nuevas generaciones se lo agradecerán.

Publicado en NORTEC

 

 

 

GUTENBERG INFARTADO

Ramiro Padilla Atondo

 

Ese podría ser el título de un cuento al ver al viejo impresor de Maguncia llegar al presente y ver como su invento empieza a difuminarse. A pesar de nuestros deseos de que el libro no desaparezca ha llegado el tiempo de redactar su necrológica. Daniel Salinas lo escribió de manera magistral en su Réquiem por Gutenberg. Daniel mismo, un lector contumaz dice que leer es una forma de sustraerse de la realidad tal como lo hacen los chicos modernos con los video juegos. El problema es que Daniel es un caso atípico para nuestra realidad mexicana. Si Gutenberg se paseara por nuestros hogares se daría cuenta que encontrar su invención está difícil. Si a esto le sumamos los precios de los libros entonces estamos fritos. Comprar una novedad literaria cuesta casi un ojo de la cara. Hace poco me paseé por la lista de novedades de una conocida librería de Tijuana y al revisar los precios casi me da un infarto. Cualquier novedad rondaba los trescientos pesos. Entonces me doy cuenta que la labor de los lectores voluntarios es valiosísima, Quijotesca. Sus molinos de viento son el sistema y nuestra sicología. Los libros de moda o libros maruchan tienen una vida corta. En meses o quizá en un año estarán en la lista de saldos de alguna tienda departamental. De alguna manera las editoriales empiezan a parecerse a las revistas sensacionalistas. Pararse por un aeropuerto estos días es una invitación a darse un paseo por las decenas de libros que hablan del narcotráfico que es la moda. En Estados Unidos los libros de aeropuerto están definidos por su capacidad para entretener al viajero en vuelos cortos o largos. Las novelas de aventuras y las policiacas son las más consumidas sin dejar de lado las historias de terror de Stephen King, todo un maestro en escribir libros entretenidos. Aunque la tecnología esté haciendo su labor. Hoy hay dispositivos para leer con grandes capacidades de almacenamiento. Un simple aparato puede albergar hasta mil quinientos libros, toda una biblioteca, impensable hace algunos años. Esperemos que estos avances puedan ayudar a paliar los paupérrimos números en cuanto a lectura

Publicado en NORTEC

 

 

La MesaAlterada distintas formas

de conversar sobre poesía y poetas

Marco Fonz

 

Después de vivir algunos años en la ciudad de México y de conocer a casi todos los poetas que viven en esta ciudad y platicar con ellos e ir a sus lecturas y escucharlos en sus reuniones o mesas redondas. Tuve la certeza que necesitábamos una forma diferente de dialogar con los poetas y con sus poemas. Se podría tener la idea del centralismo como un ente que afecta directamente la visión de la poesía en el país. Pero yo añadiría que otro de los factores que afectan a la poesía mexicana es la mentalidad provinciana en todos los ámbitos en que se desarrolla la poesía y el trabajo de los poetas en México. Esta lamentable visión provinciana no tiene nada que ver con la vida en la provincia o el oficio de los poetas en provincia. Esta visión provinciana tiene que ver más con la práctica hasta cierto punto corrompida de la relación del poeta con el Estado y una falta de lecturas y vicios que se vienen arrastrando desde hace ya tiempo atrás. Esto pareciera una verdad callada o algo que todos sabemos pero que nadie, parece, desea acabar o cambiar. La relación que tiene el poeta con las instituciones no sólo afecta de forma directa la práctica en la vida y sociabilidad del poeta, también y lo que es peor, afecta las formas estéticas de la poesía de un país. No existiría ningún problema si los poetas practicantes del erario público dieran ciertas libertades a las propuestas que se ofrecen fuera de las instituciones. Pero lamentablemente los poetas del “estado” tienden a homogenizar todo y querer controlarlo todo e imponer sus criterios estéticos en detrimento de la poesía mexicana. Y no sólo tenemos el problema de la estética ofrecida por unos cuantos, sino que estos cuantos controlan bajo sus criterios, becas, ediciones o premios. El control de todas estas instancias y apoyos, vuelvo a repetir, es en detrimento de la poesía mexicana. Sin participar en este panorama de carreras locas de ver quién aparece en más antologías, de quién gana más premios, de quién es el más comentado, ensayado o lanzado al pináculo del mejor poeta de su generación, como si el oficio del poeta fueran sus logros en vez de su palabra. Nos topamos con la necesidad de variar las formas de diálogo sobre la poesía mexicana y sus poetas. En una plática con Iliana Vargas y con Ángel Carlos Sánchez planteamos desde un principio que las charlas tenían que proponerse con formato distinto. Que los participantes no llevaran ponencia sino que todo fuera una plática de su propia experiencia como gente de letras. Nosotros queríamos algo más íntimo, sin esos públicos familiares o públicos de amigos que sólo van por ese compromiso filial y no por la búsqueda de algo propositivo o en descubrimiento de nuevas estéticas. Convenimos entonces con la idea de Ángel Carlos Sánchez de que hiciéramos las pláticas en  nuestra casa. Y así lanzamos la convocatoria a seis, poetas, narradores y ensayistas de diferentes ámbitos y con diferentes visiones sobre el trabajo poético en México: Ángel Carlos Sánchez, Marcos Daniel Aguilar, Jorge Aguilera López, Adriana Tafoya, Eva Castañeda y Andrés Cisneros de la Cruz. Comenzamos planteando tres temas para desarrollar: 1ª. Influencia de la poesía y narrativa mexicana en literaturas extranjeras. 2ª. Propuestas estéticas actuales que predominan en la literatura mexicana. 3ª. Determina en algo al escritor mexicano pertenecer o no a una institución literaria de gobierno. Estos tres temas me habían inquietado desde tiempo atrás, cuando en los diferentes viajes dentro del país y en el extranjero no encontraba realmente influencias entre los escritores de diferentes estados de México y fuera del país. A esta búsqueda de saber qué escritor mexicano había influenciado a otros escritores, encontré que algunos escritores mexicanos eran conocidos y publicados, pero eso no significaba que fueran influencia para la creación de otros escritores. Entonces creció mi duda y mi incomodidad, porque aquí en la ciudad de México las autoridades e instituciones lanzan un discurso en donde te hacen creer que nuestros “grandes y reconocidos escritores” son leídos y tenidos como referencia y como influencia y esto en verdad en la práctica no sucede. Los autores más nombrados o leídos son Juan Rulfo, Octavio Paz o Jaime Sabines, pero esto no significa que ellos sean nombrados como influencia directa para la creación. Es más, cuando vemos las antologías de poetas mexicanos, tantas que son lanzadas al mercado editorial cada año, vemos en la parte de influencias que los poetas mexicanos son más influenciados por europeos, estadounidenses o sudamericanos que por los propios autores mexicanos. Esto nos hablaría que entonces nuestra tan nombrada tradición literaria no es mexicana y entonces no tendríamos una verdadera literatura mexicana. Esto desde que se concibió la idea de tener una literatura nacional. Al plantear la pregunta a los participantes de La MesAlterada, aunque sus respuestas eran ciertas, no se logró responder acertadamente al tema planteado. Fueron varios los nombres lanzados a la mesa, tales como: Nervo, Alfonso Reyes o López Velarde. Pero esto no demostró que los lectores o escritores en el extranjero tuvieran de estos autores influencia directa. Al parecer tenemos todavía que plantearnos más en serio y con más profundidad este tema y saber qué pasa con nuestra literatura mexicana y cómo podemos dar el siguiente paso. Estéticas desarrolladas que tienen otras literaturas a nivel mundial. Influir con una estética propia la creación de otros territorios de la imaginación y de la creación poética o narrativa en el país. Al parecer los grupos literarios mexicanos en el poder no se han planteado esta cuestión o no les importa el no tener una estética propia ni el reflejar esta misma estética a otros niveles. Pareciera que están más preocupados por su sobrevivencia humana que por su vida creativa y sus obras. El ejemplo más reciente es el plagio hecho por Alatriste. Y aunque tenemos muchos nombres de escritores mexicanos en diferentes premios o becas o publicaciones a nivel mundial esto no demuestra que  se tenga una nueva propuesta estética ni crear una influencia que podamos llamar “Gran influencia a nivel mundial”. Cuando algún escritor se atreve a lanzar alguna propuesta estética que no tenga que ver con la imperante en las instituciones, es casi automáticamente marginado, ignorado y silenciado con los métodos que ya conocemos. El método del “no existes”. Y aunque estás propuestas sean publicadas y salgan en forma de libros o sus autores tengan cierto público, esto no significa que sean entendidos o estudiados por académicos o ensayistas. En este país pareciera un crimen el cuestionar las formas estéticas o proponer algo diferente a lo establecido por los grupos literarios en el poder literario mediático. El siguiente tema es sobre las nuevas tendencias estéticas que se desarrollan en México y vemos también que no existe nada novedoso que podamos entender como una propuesta mexicana. Entiendo como propuesta estética el que algún poeta o narrador haya desarrollado algo en su escritura que en ninguna otra latitud se haya escrito. Así encontramos el caso de Ramón Martínez Ocaranza, Orlando Guillén, José Vicente Anaya o Roberto López Moreno; que insertan en sus poemas otro tipo de ritmos y variantes lingüísticas e idiomas distintos al castellano. Podemos decir que aunque sus influencias sean también del extranjero, desarrollan con ellas variantes que nadie en México había hecho antes. Así ellos serían los primeros poetas mexicanos en proponer una estética que se pueda llamar mexicana. Esto en la poesía, en la narrativa sucede algo similar, pero los escritores están todavía más controlados Marco Fonz no sólo por una estética de estado sino por un mercado editorial casi caníbal. Y esto no permite que nuevas formas o propuestas estéticas sean atendidas como es debido. Tanto así que muchos consideran la poesía de los antes mencionados como mala o inacabada o que está todavía en búsqueda de cómo decir lo que piensan. Esta cerrazón a formas diferentes de decir, es lo que nos lleva a un esquema enfermo, el cual venimos padeciendo desde muchos años atrás y que parece que a la mayoría de los poetas no les interesa salir de él. En La MesAlterada se planteó este tema sobre estéticas llegando casi al mismo resultado que el tema anterior, no hay una repuesta concreta ni objetiva que pueda contestar satisfactoriamente a la pregunta planteada. Desde la búsqueda de una literatura nacional los escritores siempre han participado de manera conjunta con el estado político mexicano, esto ha llevado no sólo a que nuestros escritores vivan casi completamente del dinero del Estado, sino que han sido seducidos y reducidos por el poder y han hecho de su práctica creativa una verdadera mafia literaria. Esto no importaría tanto si esta mafia literaria, vuelvo a decir, no afectara directamente a la estética propuesta por los escritores y poetas. Afectan o no las becas, premios o reconocimientos a los escritores. Yo creo que sí les afecta, en el sentido de que los vuelve complacientes y hasta flojos en su ejercicio de crítica, autocrítica y propuestas o búsqueda de propuestas en verdad novedosas para la literatura mexicana. Puedo decir sin temor a equivocarme que existe una estética de Estado, que es la más solventada por todos los grupos que denotan el poder  literario o la crítica literaria de este país y que en cierta forma alcanza niveles mundiales. Los encuentros de poetas son un claro ejemplo de cómo esta estética del Estado reina en los criterios de los organizadores y participantes, todo lo que sale de sus contornos de comprensión estético no existe o está mal escrito o es inmaduro. Lo mismo sucede con el criterio en el que se proyectan y construyen las antologías. Otro mal de nuestros tiempos, lo que pudo haber sido algo bello, incluyente y en verdad representativo de lo sano que puede ser un país con su literatura. Se ha vuelto algo insufrible y marginal en su propia cerrazón. Nunca una antología podrá representar toda la creación de un país. Pero en México los autonombrados antologadores ven en sus antologías la manera infame de perpetuarse junto con sus elegidos. Pareciera a simple vista que desde hace quince años hasta esta fecha las antologías son tan pasajeras como un registro de un hotel de paso. Pero sus integrantes y antologadores piensan o creen ilusoriamente que es lo contrario. Que las antologías les darán nombre eterno. La cercanía con las instituciones debería ayudar en verdad a que la creación literaria de México sea sana y esté en crecimiento con todas las propuestas posibles. No castrar o cortar las que se van perfilando. Los mismos poetas y escritores deberían de perder el miedo a que surjan nuevas voces, nuevas visiones y nuevas estéticas. Sea como sean planteadas. La docilidad ya sea en los poetas o escritores del Estado o la docilidad en el fracaso manifiesto de su destino de los poetas marginales o outsiders es mala para la creación misma. El equilibrio que desde mi punto de  vista debería practicarse es el de permitirse escuchar, analizar, leer y atender cualquier manifestación que se proponga a nivel nacional. Es sospechoso que en un país como el nuestro con tantos escritores y poetas a nivel nacional sean siempre los mismos los que llenan las páginas de las antologías o las listas de los invitados a encuentros de poetas o los beneficiados con becas o estímulos para la edición. No existe ningún peligro el permitir entrar a las instituciones a las voces que ruedan por los estados de México, las voces y la palabra que crece en los camellones o calles oscuras de la ciudad. Ningún peligro deben de sentir los poetas o escritores que han escrito toda su obra a la sombra de las instituciones. La poesía y la literatura no son competencias. Con tantas lecturas que decimos tener, ya debíamos de haber aprendido que el mejor no es quién gana más cosas sino quien propone mejores cosas. Que a la larga eso siempre lo agradece la poesía y la literatura. La MesAlterada es una propuesta para discutir, criticar y dialogar sobre la poesía y literatura, sobre los poetas y sus circunstancias, sobre el poder y las estéticas propositivas. Una forma distinta, no nueva, de desarrollar temas y contestar preguntas a las cuales no tenemos, todavía, respuestas definitivas. La MesAlterada como una bocanada de aire en medio de tanto silencio brutal, en medio de espejismos institucionales o entre los profetas callejeros. Sea pues el diálogo al final de la historia de la literatura y de la poesía mexicana quien determine y que la estética mexicana sea la que al final del tiempo gane.

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