Principios de un poema final Mario Santiago en la ruptura

Ignacio Bajter

 

I

 

Hay elementos incontestables para suponer al poeta como un discípulo de Marx. Es difícil, en cambio, adivinar quién es el fanático de Heidegger que encubre el poema. Se puede suponer a alguien que tiene el tiempo y la paciencia para insistir con la pregunta milenaria: “¿Por qué hay ente y no más bien nada?”. También sobran elementos, en la poesía y en el mito, para creer que Mario Santiago no recayó en el “aburrimiento profundo” que conduce a la revelación del “ente total”, metafísico. Su experiencia en la poesía sí deviene de una existencia radical, pero está tan ocupada en el cuerpo, en los sentidos y el deseo que no toca lo abstracto sino tangencialmente. No tiene lugar la “fascinada quietud”, angustiante, pues la enunciación es un movimiento, una huida. Llega a la “quintaesencia” después de haber recorrido y agotado el único camino posible para transfigurar la realidad: su propio lenguaje. La penetración en la materia del mundo, traducida en imágenes, “en astillas”, y la constante apropiación de sí mismo son los fines de un discípulo de Marx que escribe su gran poema inicial antes de cumplir 22 años. La meditación del fanático de las entelequias, que Mario Santiago crea como antagonista, está quebrada y agredida por voces que invaden el silencio, voces y martillazos, ya en su origen. El poema activa la escritura posterior —como un plan lanzado al futuro—, avanza en una producción sin pausas, entra en la economía del gasto y la quema de energía en medio de una naturaleza abundante. La verbalidad de Mario Santiago, su “respiración” es, desde 1975, a la luz de Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, vibrante y resistente a las convenciones. Entre los artistas mexicanos de 20 o 30 años en los tiempos del poema (o 40 y 50, da igual), ¿quién llegó a funcionar como una máquina metaforizante de características similares a aquella, que empezaba a rodar ya como una  cabeza cortada? Esta cuestión no considera el pedestal que le hizo Roberto Bolaño y en el que Mario Santiago Papasquiaro, con todo el nombre, aparece como el ángel negro que recorrió su propio laberinto antes que nadie, sino que formula una curiosidad tras la lectura de los poemas conocidos, reunidos en los últimos años, separados todo lo posible de circunstancias, casualidades, destinos, prejuicios, rencillas. La pregunta, a fin de cuentas, no tiene importancia, pues daría respuestas ajenas a la poesía. En cuanto al fenómeno de la lengua, pocas veces tratado, los fanáticos de Heidegger deberían hablar con rigor. Hasta ahora han reducido al discípulo de Marx a una cuestión. “¿Qué pasa con esta nada?”.

 

II

 

No es suficiente leer a Mario Santiago a partir de la familia que él mismo nombró para su poesía: la vanguardia de los 60, en general, el movimiento Hora Zero de Perú sobre todo; algunos poetas que se expandieron desde Casa de las Américas; los chilenos que derrocaron los últimos pedazos de la poesía que se escribió desde Rubén Darío; los traducidos (no sólo poetas) en México y en otros países del continente; los marginales que recorrían las periferias más allá de la literatura y sus modo de intercambio. Descontando las alianzas latinoamericanas que emulaban a los movimientos de guerrilla, e imponían, en la escritura, los sintagmas de la extroversión y la rebeldía, la fuerza vital del lenguaje, Mario Santiago crece con el ruido de fondo de la beat generation, que repercute en su sintaxis y también en su actitud, en su papel de poeta. Ahora aquello se ve como la última turbulencia de la poesía angloestadounidense que tuvo en México su frontera más cercana: casi en paralelo al nacimiento de los beats los mexicanos leyeron la revista El Corno Emplumado/The Plumed Horn, que establece afinidades entre poetas del inglés y el castellano y cuya estela no se acaba en la década en que sus números se publican (1962- 1969). Cuando escribe Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, aquellas reuniones de escritores —que descentraron, al fin, las tensiones de la poesía española— de seguro resuenan en el joven desconocido poeta, ex tallerista de la unam, ex alumno del poeta Juan Bañuelos, quien tenía noticias de la revista bilingüe que fundó Margaret Randall.  El instinto rítmico, el fraseo que Mario Santiago extiende en cadenas de versos mayores y por supuesto el arrojo contracultural, se ligan a lo beat más primitivo. Incluso con las traducciones de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal a la vista, cercanas, Mario Santiago se abrió su propio camino. En los días posteriores a la escritura de Consejos…, diciembre de 1975, entra en California: una fotografía lo deja ver, junto a Rubén Medina, parado sobre unas rocas en la bahía de San Diego. El viaje es siempre una decisión poética, no una casualidad. De regreso a México escribe su manifiesto infrarrealista, una posición personal, corpórea, en la que cultura es “la fluidez de los nervios”, y entra en el año 1976 llevando de un lugar a otro —y escribiendo en los márgenes— sus libros de la colección “Penguin Modern Poets”. Un tiempo después, alentada por él a continuar la traducción del Paterson de William Carlos Williams, Ana María Chagra recibió de Mario Santiago su humedecida edición del libro (New Directions, 1963), con un recorte de prensa acerca de la muerte de George Cukor (1983) y un paquete aplastado de cigarrillos alemanes entre las páginas. Aunque otras historias de libros también vienen al caso, con relación a la poesía del país de al lado, prefiero ubicar el poema “The Long Street”, de Lawrence Ferlinghetti en A Coney Island of the Mind, publicado en 1958, para establecer un parentesco con los fines de Mario Santiago desde la juventud más precoz. No me refiero a la forma (Ferlinghetti usa un tipo de unidades rítmicas y pausas más acotadas que los períodos de Santiago) sino a la naturaleza del poema, que condensa la idea que flotaba entre sus colegas y que se expande en otros y que será la bandera de otros jóvenes, lejos de San Francisco: la vida como una calle que atraviesa el mundo. Adaptado a lo que hará en el año 1977, en Europa, entre Barcelona y París, la poesía/calle es un “sueño sin fin”. “Take a walk on the wild side, canta Lou Reed y ese es el camino para viajar a través de esa espiral, en esencia, luminosa”, dice Mario Santiago en su recta final. En la materialidad de la escritura —incluso en las licencias tipográficas, visuales—, es la poesía anglosajona, adaptada al entorno verbal mexicano, la que revela sus estructuras, renegadas de la tradición hispánica cuyo último gran hito había sido la generación del 27, la de Luis Cernuda, aludido en el poema de manera lapidaria. Aquellas formas pretéritas que envolvían una concepción esperanzada del hombre, no tocaban el mundo que se da 94 en fragmentos —como dice el disparo de partida de “Consejos…”—, como tampoco (las variantes son ligeras) entre aquellos años de formación de Mario Santiago y nuestro presente. Si ahora pudiera decirse quién era el profeta en 1975, Allen Ginsberg, Philip Lamantia y Gregory Corso están más cerca de esta realidad que Juan Ramón Jiménez o Efraín Huerta, de cualquiera que escribiese en español, fuese heideggeriano o marxista.

 

 

III

 

 

Desde 1975 en adelante puede escribirse la historia de la derrota del arte, con la poesía a la cabeza. Si en Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger la salida es —como lo quiere Santiago— el Arte, la “blancura” del final del poema, la “blanca agonía” de Mallarmé, habría que admitir el fracaso total de ello, y la muestra es el propio devenir de la poesía y la figura del poeta, el lugar que ambas ocupan. No me refiero por supuesto a la práctica individual, pues el arte es todavía la salida, sino al fracaso de la práctica colectiva que acabaría en la subversión de valores, en la puesta en funcionamiento de células que forman redes y amenazan a otras (en poesía: oficiosas, conservadoras, no siempre mediocres) que ejercen el control sobre todo lo que es ajeno a sus retóricas y corre en otra dirección. Con los infrarrealistas o a solas, siempre opuesto a “todo un sistema real y simbólico de poder literario y cultural”, como dice Rubén Medina, Mario Santiago puso empeño en una lucha mordaz en la que gastó la vida y la escritura. Traslucía el orgullo de vivir en una “fraternidad de outsiders dispuestos a todo”, comuna cuyo efecto (ético y estético, como se decía) ha tendido rotundamente a cero. Pero la caída no corresponde solo a la neovanguardia latinoamericana, donde se recupera la sombra del infrarrealismo y donde se inscribe Mario Santiago como “figura radical”, como también dice Medina, sino a todo un silencioso derrumbe cultural. Nadie puede hacer nada por arrebatarle el “santo” a una fraternidad, y es injusto atacarlo sin adivinar por lo menos una de sus múltiples razones. Habría que tratar de salir de las claves en la que insisten, a veces con redundancia, al leerlo, otros discípulos de Marx y otros fanáticos de Heidegger. No se discute —entre “marxistas”— que Consejos… sea el gran poema del fundador  del infrarrealismo, de cuanto pueda caer bajo ese nombre, y que en su forma extensa contiene la visión de un sujeto y los propósitos de otros, no sólo cercanos al poeta sino diferidos, reencontrados en un tiempo en suspensión. En pocos días del último tramo de 1975 se levanta una poética que activa a un movimiento, afecta a quienes se adhieren a él y se filtra en la calle central de la literatura, la narrativa, nueve años después, si se tiene en cuenta el tributo que le hace el título Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, que Bolaño y A. G. Porta escribieron en Barcelona. En el 75, entonces, Mario Santiago introduce en el fluir de un texto los temas que 20 años más tarde los lectores, ahora sí multiplicados, admirarán en las ficciones de Bolaño, su más fiel y efectivo promotor: pasiones románticas (“se aman rabiosamente como perros callejeros”), paisajes de ciencia ficción, crímenes, detectives (“los que conocen en persona a la muerte”), espectáculo, declaración de horror y miedo, sexo, guerra fría y rebeliones, entrega completa a la poesía, sueños que se abren a otros sueños. Si se aíslan las palabras que Mario Santiago escribe en relieve, mayestáticas, puestas en orden, se tendrá un mapa conceptual de su obra y la de su amigo, que no dejó de rendirle homenaje: Absurdo, Realidad & Deseo, Azar, Ternura, Paraíso Terrenal, Mezcalina, Amor, Arte, Materia-Energía, Poesía, Desolación, Aventura, Existencia, Adiós, Historia Épica, No, Sí, Belleza. Estos son puntos del mapa mental, del palimpsesto y la enciclopedia de un extralimitado poeta.

 

 

IV

 

La causa política está a flor de piel y no es la única fuerza que empuja a Mario Santiago, aunque sí la que crea la imagen del mundo y funda su lírica. No sé si hay un poeta que haya quemado tantas calorías en hacer de su propia voz un intento de ahuecar la “superestructura”, la zona donde se entierran los valores y las formas y donde se dictan los juicios. Aquello que el horazeriano Tulio Mora dice sobre Mario Santiago, “el más renovador poeta mexicano de la segunda mitad del siglo xx”, puede revisarse a la luz de Poesía en movimiento. México, 1916-1966, editada por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, quienes trabajan en la cúspide del sistema literario. Es necesario repasar las posturas de los enemigos para recobrar los  trayectos de quien no es un ente que cae de la nada, sino una voz que emerge de las dicciones y contradicciones, de la dialéctica de la historia de su lengua y de su ámbito. Aunque también hay coincidencias con Consejos de un 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, es Sueño sin fin (escrito en 1977 y publicado recién en 2012, en Barcelona) el poema a través del cual conecta con el solitario Manuel Maples Arce, artífice del estridentismo, primera vanguardia de México. Lo que ahora a un lector le puede parecer pasado rico y perdido, está en el presente de la poesía de Mario Santiago Papasquiaro como lo estuvo para Maples Arce, con su precepto: “Vivir emocionalmente. Palpitar con la hélice del tiempo. Ponerse en marcha hacia el futuro”, según uno de los puntos del “manifiesto estridentista” firmado en Puebla en 1923. A Mario Santiago podría aplicarse (sobre todo entre pacianos) lo que Octavio Paz escribió sobre Maples Arce: “nos ha dejado algunos poemas que me impresionan por la velocidad del lenguaje, la pasión y el valiente descaro de las imágenes. Imposible desdeñarlo, como fue la moda hasta hace poco”. Este comentario es parte del prólogo a Poesía en movimiento, que quiere hacer la “trayectoria de la modernidad en México” y que no tiene una continuación de su altura y su preponderancia. El prólogo de Paz está firmado en un año que tuvo buenas noticias para la “tradición de la ruptura”, 1966. Para empezar, le dan el premio mayor a Enrique Lihn en La Habana y se publica Poesía de paso. Volver a la antología que Paz presentó y discutió no tiene el propósito de provocar a los fieles de Mario Santiago ni a todo aquel que sufrió el desplante del intelectual que recortaba la historia y se resistía a lo contemporáneo. Por el contrario, la comparación pretende dar una muy amplia perspectiva de quien lo leía todo y era capaz de dar sentido y escribir (es el centro estridente de Consejos…). “No hay angustia ahistórica”, no hay poesía al margen de la continuidad de espíritu que está en la tradición. Paz había establecido el punto: Maples Arce llega con el golpe del estridentismo, y por confrontación, hasta Xavier Villaurrutia y Gilberto Owen, Carlos Pellicer, Salvador Novo y José Gorostiza, a quienes Santiago (en sus síntesis brutales) había leído con apropiación antropofágica. Hay casos dentro de su obra que hacen converger un punto lejano con otro improbable y distante. Sobresale la lectura de “Never ever”, poema en el que Novo trabaja un verso dilatado. Si bien la música se basa en períodos más largos que aquellos que eran del gusto de Mario  Santiago, tienen en común el “poner a dique a la criminalidad ambiente”, que se traduce a una libertad rítmica. Con Gorostiza sólo existen contradicciones (aquel podría ser visto como un fanático de Heidegger), pero el desenlace de Muerte sin fin, en el que Paz observa que la poesía “se fue efectivamente al diablo: se volvió callejera”, abre el camino a expresiones desconocidas hasta entonces en México. Que a su vez Mario Santiago confronte su título Sueño sin fin con el clásico de Gorostiza, como señala Bruno Montané en el prólogo a la edición del poema, lleva las tensiones otra vez a la “tradición de la ruptura”. La precariedad de circulación que tuvo hasta 2008, fecha de publicación de la antología Jeta de santo, tanto el poema de Mario Santiago que nos trajo hasta aquí como en general su poesía, es un signo del desastre en que cayó la suerte del rebelde. Que la poesía se vuelva callejera ya en 1939, con el desenlace de Gorostiza, y que poco después sea Efraín Huerta “el primero en sacar partido de la nueva situación” (Paz dixit), debe considerarse como el origen de una historia que acaba en la irrupción, de perfil bajo, de Mario Santiago en el frente cultural de su ámbito. Paz reprobó —siempre en el prólogo de Poesía en movimiento—, a razón de “desafortunados poemas ‘políticos’”, a quien sería llamado “Infraín” por el propio Santiago y sus camaradas infras, que reivindicaban y practicaban la poesía de la calle (escribir, caminar), una desconocida psicogeografía del DF, un situacionismo mexicano. Efraín Huerta es un antecedente cuya afinidad, en la escritura, es más pesada y sugestiva para Mario Santiago que la que tuvo con José Revueltas. Con Efraín se reúne lo “antipoético”, lo rebelde y lo sutil de la observación mundana. “Revolucionario a veces, siempre desesperado, Huerta no concede cuartel a su convicción de proyectar su protesta en todo lo que toca. Pero si en esto estriba su originalidad, también ha de observarse que su espíritu, así se muestre nutrido de violencia, se sustenta en un amor por sus semejantes que impregna toda su poesía”. Así como más arriba se supuso intercambiable con Mario Santiago lo que Paz consideró de Maples Arce, aquí —en esta ficha anónima de Poesía en movimiento— lo es con Huerta. El poema “Declaración de odio”, de Los hombres del alba (1944), adelanta algunas funciones estructurales de Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, así el uso de la conjunción dentro de los esquemas rítmicos, en los “montajes” y en las anáforas. Donde Huerta interpone una ciudad concreta, Mario Santiago se pasea por una ciudad indefinida, por una construcción en el tiempo y en los nervios de quien  recorre sus propias impresiones. Pero es la pausa de Huerta lo que planta una distancia con respecto a Consejos…. A la luz de la escritura-taladro de Mario Santiago, ante su velocidad, la poesía de Efraín parece la de un anciano que recorre un parque. Pero hay impulso original, en ambos, que está en la composición sonora, una cualidad menos advertida que la de “revolucionario desesperado” que hace parientes a uno con otro. La frondosidad de la poesía escrita en México, con su “tradición de la ruptura”, continuó después de 1966 aunque Paz le interpusiera todo el peso de su negación. Había tenido reservas ya, en el orden de la polémica, con los jóvenes de La espiga amotinada (1960), entre los que se encontraban el maestro del taller de Mario Santiago, Juan Bañuelos, y Jaime Augusto Shelley, representante de la “tradición de la aventura”, según lo presenta la ficha de autor de Poesía en movimiento, probablemente escrita por José Emilio Pacheco. Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger tiene, por ejemplo, una deuda con “Occidental saxo” de Shelley, quien traduce a su manera algunos aspectos del estridentismo y se hace parte del sacudón anglo que sería moneda corriente a través de El Corno Emplumado. Al igual que los poetas más inquietos de la generación anterior a la suya, la discordia de Santiago con Paz, que era quien ataba los cabos de la poesía, es política: aquel denunciaba “los necios preceptos del ‘realismo socialista’” y descreía en la poesía como factor de cambio en la sociedad (“Esta pretensión, en la segunda mitad del siglo xx, puede hacer sonreír”). Claro que todo se estrelló contra el muro de la historia. Aunque con el tiempo la poesía se vino abajo y su lectura no sale de la cárcel de lo efímero. Cuando Santiago hace suya la tradición de la ruptura y radicaliza líneas que se mantenían vivas en México, con una mezcla de voces que bajaban del otro lado del Río Bravo, no hay pensamiento que trate con la escritura, la materia y la forma, y dé lugar a lo que desprende de Maples Arce vía el grupo de Contemporáneos y luego se esparce en la neovanguardia. La confrontación previa a Consejos de 1 discípulo de Marx…, en el inicio, se da expresamente con Bañuelos, a quien Santiago hace pasar a la galería de poetas perdidos como un maestro ingenuo. Si se leen los poemas del encargado del taller, capaz de hablar de las visiones de William Blake, ralentizado en su prosodia, exclamativo, cercano a una ridícula exposición de la mitología clásica, la diferencia está en que apuesta al énfasis dentro del texto, en la escritura,  cuando su alumno lo hace afuera, no en la página sino en el espacio donde el poema tiene efecto. Si aquel es “el Trueno”, en el forzado sistema de signos en el que Paz lo coloca, Mario Santiago es la tormenta que se desata bajo el mismo cielo. El comienzo mítico de Mario Santiago es el de un francotirador de extraña e inadvertida puntería. Sería tosco, ante sus poemas, creer que era su lado de crítico agresor lo único que mantenía viva su figura de poeta. No puede ser sólo la rebeldía (que está en su generación, en su tiempo) la única marca de fábrica. Más allá del “terrorismo cultural”, Mario Santiago es renovador por lo que creó con los recursos del lenguaje: un poema de percusión ligada a un ritmo vocálico tenso en las esdrújulas, un tipo de texto cinético cercano a la action painting. Como conocía bien las potencias de la lengua, tenía conciencia de lo que significa transfigurar la realidad y revelarla “en su desollada quintaesencia”. En 1975 domina un ritmo doble: el del sonido y el de la imagen, que funde en secuencias de estrofas de largo aliento, en el máximo que permite el idioma. “Lee las vocales de unos de sus poemas, lo que a él le interesa es ese ritmo encadenado y vocálico, esos cinco fonemas que le dan forma a sus poemas”, dice Leo Eduardo Mendoza en la introducción a una entrevista escrita que se publicó en El Universal, en 1996, tras la publicación de los poemas reunidos en Aullido de cisne. Después de 20 años de Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger la expresión se mantenía intocada. Habían pasado más de dos décadas desde su primer “aullido”, del origen de la temperatura corporal, de la voz restallante de un poeta que no da otro consejo que su propio ejemplo, su vocación que tiende a la belleza “radicalizada”, a la pérdida pues, al desastre, a la derrota. Conceptualmente, el título Aullido de cisne, final, sobrevuela su poesía de una manera enigmática y es una posición perspicaz en el interior de las tradiciones poéticas que pueden reunirse, para empezar, de manera limitada, en los cada vez menos audibles cisnes de Baudelaire, de Yeats y de Darío. Qué es el aullido sino la voz que sigue al dolor y acaso precede a la agonía, ahora del cisne, de aquel ideal de belleza al que el epígrafe de Consejos… le escribe su epitafio, con “Bucolics” de W. H. Auden: “También es hora de recordar que nada / es bello, ni siquiera en Poesía, que no es el caso”. Qué fue del arte y la vida, del sentido de la historia, del canto y la belleza. La “poesía en movimiento” se estancó hace décadas. Mario Santiago, entre 100 los últimos, le dio a la ruptura un color de apocalipsis. En su ley integra la banda de los postergados porque todo fue para los poetas, desde el tiempo del infrarrealismo, postergación y derrota. ¿Ahora dónde están, qué es lo que queda? Aunque se dejen ver, algunos, y levanten su murmullo, como en el poema de Lee Masters “Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina”.

Sábado, 12 Enero 2019 07:26

MECCANO 7 / Dra. Rocío García Rey /

 

 

MECCANO 7

Dra. Rocío García Rey

Para mis alumnas

¿Qué esperamos ver en una película cuyo eje es la vida de una escritora? ¿Qué esperamos ver en una película sobre una mujer escritora si desde hace un tiempo bregamos nosotras mismas por ser letradas? La respuesta en este caso, al mismo tiempo que es un abanico de explicaciones, se reduce a querer conocer eso que Occidente nos enseñó con la filosofía a llamar “Verdad”

  La verdad con respecto a las mujeres en las que hemos colocado nuestras esperanzas de emancipación, de construcción de identidad se vuelve pues un mosaico de problematizaciones porque estas mujeres aun letradas han sido parte del deber ser y del deber querer dentro de un mundo androcéntrico del que es difícil y doloroso salir porque esa salida implica un poco de ceguera al principio, sucede como con los personajes de la Alegoría de la Caverna, de Platón.

Des-cubrir, re-velar el negativo puede llevarnos a observar (no sólo a ver) imágenes que no sabemos significar. De- velar y re-velar puede llevarnos a dejar de querer ser la Maga -Heorína de Cortázar- a la que Oliveira hace pasar por tonta o despistada, o demasiado soñadora es decir todo lo contrario a la episteme, como bien lo plantea Helen Cixous hemos vivido, efectivamente, “por oposiciones duales”. La Maga se entiende que sea la palabra y Oliveira la Escritura. Se entiende también la causa de que Oliveira diga:

La Maga no sabía demasiado por qué había venido a París, y Oliveira se fue dando cuenta de que con una ligera confusión en materia de pasajes, agencias de turismo y visados, lo mismo hubiera podido recalar en Singapur que en Ciudad del Cabo.

 

La Maga, entonces, frente al exilio se presenta como el personaje que en las oposiciones que plantea Cixous, bien podría ocupar el espacio de lo sensible, mientras Oliveira se desplaza por lo inteligible.

Así es que la literatura también tiene sus marcas ideológicas y de género. A diferencia de quienes plantean que sólo existe buena y mala literatura y que esta no tiene sexo, yo creo lo contrario yo creo que la literatura está plagada de claves genéricas que hemos olvidado ver, porque así como en un plano no literario no intelectual muchas esperan al príncipe azul, como bien lo deja ver Rosario Castellanos en su canto 6 del poema “Kinsey Report”: “Soy joven. Dicen que no fea. Carácter/ llevadero. Y un día /Vendrá el príncipe azul […]

Quienes no esperan al príncipe azul, y son asiduas a la literatura esperan de esta lo que ya he enunciado “la verdad” incluso en algunos de los casos hemos querido vivir como la Maga de Cortázar y soñar con que el gran escritor argentino escribe las indeterminaciones del amor, aunque en estas haya una Maga falta de bagaje intelectual, lo cual la hace incapaz de entrar verdaderamente al mundo de a Oliveira y a Etienne, “capaces de discutir horas sin parar”.

En torno a Etienne y Oliveira había como un círculo de tiza, ella quería entrar en el círculo comprender […] -Imposible explicarte -decía Etienne. Esto es el Meccano número 7 y vos apenas estás en el 2. La Maga se quedaba triste […]

 

Esta me parece es una formidable metáfora de cómo las mujeres somos expulsadas del discurso filosófico. Nos hacen creer que sólo podemos entender el lenguaje de la luna y aunque como la Maga, quedemos tristes, seguimos, sin ser conscientes, caminando sobre los andamiajes construidos por los que juegan Meccano 7.

Tal vez por ello, por nuestra tristeza no nombrada, sólo tatuada en el cuerpo y en las ojeras por haber pasado las noches de las noches silenciadas en nombre de la verdadera escritura y del verdadero amor, esperamos todo, la explicación, la disertación de una película como “Los adioses”. Unas se enojan por decir “Rosario Castellanos fue más que una relación con Ricardo Guerra”, otras también lo hacen por esa figura de macho que es el hombre amado por Rosario; hombre que muestran envidioso de que las teclas en la máquina de escribir de Castellanos, elaboren la melodía justa de la creación.

 

II

Escribo este texto para mis alumnas, quienes han acudido a mí pidiendo mi opinión de la película. Acudí al cine, la sala llena. Sé que lo visto es una historia editada, veo a Castellanos estilizada, pero también veo una creación cinematográfica que trató de fotografiar parte de la vida de Castellanos. Esa vida amorosa a la que podemos acercarnos si leemos Cartas a Ricardo.

Rosario Castellanos jugaba Meccano 7, discutía daba conferencias, escribía. Su lazo con la vida era deslizar palabras en la hoja que bien podían hablar del sinsabor para el poder que dejó la edición de “Los hijos de Sánchez”, que de una parte referencial en “Entrevista de Prensa”, por ejemplo. Rosario Castellanos opinaba de la novela mexicana y daba su punto de vista sobre las obras de Agustín Yañez, por ejemplo. El escritor Carlos Landeros la describió así en una entrevista realizada en 1963:

 

-¿Me deja utilizar su máquina de escribir? -le pregunto-.

¡Claro que sí! [responde Castellanos] lo dejo dueño de la situación […]

 

Y ahora que me encuentro solo meditando en cómo es esta extraordinaria escritora: me recuerdo que tiene una sonrisa muy agradable y una simpatía contagiosa; usa camisa de algodón, falda tweed, medias de cocoles; tiene los ojos café caoba, el pelo en el cual aparecen unas canas prematuras, es también café y en esta ocasión lo trae ligeramente rizado. Su estatura es regular y su complexión un poquito gruesa”. (Carlos Landeros, Los que son y los que fueron, p. 73).

 

Con este ligero retrato podemos deshacer la creencia de la artista doliente per se. No creo que Rosario, aun cuando tomaba valium, hubiera estado cómo la presentan constantemente en “Los adioses”: en un estado de enajenación. Creo que su ejercicio como escritora era su mayor forma de catarsis. Pero es importante considerar, con referencia a la película, que todo material fílmico es una puesta en escena con delimitaciones particulares que buscan presentar con mayor ahínco un rasgo del personaje. Así es que así debemos ver en “Los adioses” (Natalia Beristain, 2017) a Castellanos y a Guerra como personajes que, en efecto, nos conducen a cierta mimesis. Por ejemplo el del enamoramiento de Rosario hacia Guerra.

 

Mi querido niño Guerra:

Mañana a las tres de la tarde salimos de Madrid rumbo a Barcelona Ventimiglia. Son dos días de tren. Va a ser un viaje de pronóstico reservado. Si sobrevivimos volveremos a México. Tengo muchas ganas de verlo. Anoche volví a soñar con usted. Lo amo cada vez más. Deseo mucho estar cerca de usted. ¿Ha recibido ya los libros que le envié? Supongo que no. Estamos muy cansadas. Todo el día vueltas y más vueltas, preparativos. Por fin parece que lo tenemos todo listo. Hemos enviado el equipaje a México. Nos quedamos sólo con lo indispensable: dos vestidos de verano. Naturalmente la temperatura ha cambiado. Hace otra vez frío invernal. Escríbame una tarjetita a Roma. Me dará mucho gusto. Será como un vaso de agua a un sediento.

                                      Su Rosario

 

Esta es la faceta de Rosario que nos causa miedo, acaso pensemos ¿Cómo, si escribió Mujer que sabe latín … pudo amar de esta forma? Pero creo que nadie pondrá en duda el material de Rulfo si leemos las siguientes palabras:

 

¿Dónde estabas? Parecía encontrarte

entre los ruidos más pequeños

en aquellos que baten sus sonidos y se confunden

con las palpitaciones

con el murmullo de la tierra

con la canción de un pájaro

con el grito de la sangre.

Parecía encontrarte

apenas devuelta como iris

de una constelación sin esperanza.

Me faltabas. Eras como un sueño

que nunca llega y que remotamente

nos espera entre dos estaciones

 

Se trata de una de las Cartas a Clara, su esposa. ¿Por qué el amor romántico ahora nos espanta si es enunciado por una mujer? Por la simple razón de que las mujeres no sabemos amar con límites, nos espantamos porque intuimos que aquellas que nos desbordamos en el amor padecemos la orfandad de la madre. “A partir de la herida inicial, dice French, nunca tendremos madre suficiente”. Pero otro es el caso de los hombres quien hallan en el sujeto de su amor, incluso esa madre que pudo ser ausente, porque bien sabemos que las mujeres somos, en muchos casos las huérfanas de mujeres fuertes, mujeres que hayan roto el statu quo. Sin embargo, aun con la herida a cuestas somos las sanadoras de hombres alcohólico como el gran Rulfo, que halló en Clara a la esposa y madre para sí mismo. Lo contrario sucede con las mujeres que amamos en clave romántica, porque nuestros amados no sabrán cómo reparar la herida, serán ausentes, fríos, aunque nosotras enunciemos a Eros en el tránsito de nuestra creación. Los hombres amados /amantes permenecerán fríos porque a ellos no se les ha asignado el papel de rescatadores como a las mujeres como Clara, la esposa de Rulfo que hasta la fecha, por ejemplo, sigue defendiendo y salvaguardando el material de Rulfo. Los hombres están para escribir, las mujeres para escuchar, hacer remiendos quizá en la escritura; pero cuando se da lo contrario los hombres no aceptan no jugar en Meccano 7 y nos silencian de muchas formas, rompiendo máquinas de escribir, no leyéndonos, espetándonos que el amor romántico sólo nos llevara al despeñadero.

La gran herida de Castellanos fue aquella madre ausente “que no esperaba proezas intelectuales de su hija” y aun así la hija desobedeció, aunque ello haya implicado tocar la puerta del amor de Ricardo Guerra y acaso hallar todo menos lo que ella necesitaba. Porque los hombres que están casados o unidos con una intelectual, generalmente, también trazarán una línea para hacernos creer que sólo somos corazón, no discurso ni episteme. Esto independientemente de lo que digamos de “Los adioses” es lo que vemos. Adioses que las mujeres tenemos que enunciar porque sólo los hombres merecen Magas y Claras es decir figuras que cuiden y den protección. Si no es así, nuestras cartas serán guardadas como ejemplo de lo que fueron capaces de despertar en una mujer: su incapacidad para la separatidad, como lo enunció From, en El arte de amar.

Lo anterior nos convoca a releer a Rosario Castellanos como una mujer que como muchas de nosotras quería dejar de tomar Valium y hallar en una relación de pareja la posibilidad de la palabra colectiva.

Nosotras también merecemos soñar con Matildes de Neruda o Claras de Rulfo porque también merecemos ser enunciadas y admiradas. No sólo besadas bajo el estrépito de la constelación llamada conmiseración.

 

 

 

 

¿Quiénes y por qué están contra el Decreto 349?

Por Mauricio Escuela

 

Sumario: Las contravenciones tipificadas por esta ley están a la vista de cualquiera…

 

Claro que se puede disentir, por supuesto que podemos ser artistas, para eso existe una política cultural (que no una coyunda cultural). Cuba no inventó las normativas en tal sentido, sino que es un reclamo de la UNESCO, organización de las Naciones Unidas que cada año mide el nivel de atención que le dan los gobiernos a la cultura. Tampoco son invenciones cubanas el derecho de autor, las licencias para ejercer contratos como artista de las diferentes manifestaciones y los respectivos impuestos.

Bajo la aparente contestación al Decreto 349 sobre la cultura, se ha manifestado todo aquel que desea la demolición no sólo de la política estatal sobre el arte y la literatura, sino la muerte de toda legalidad y el establecimiento de una anarquía más allá. Un escenario que daría pie, según la imaginación de los que contestan, al derrumbe del socialismo a la manera de una primavera caribeña.

El mecanismo no es nuevo, sabemos que se aspira a la implosión de la sociedad a partir de protestas en apariencia legítimas. Todo el dinero posible se ha puesto en función de satanizar al Estado cubano y sus leyes, en aras de un vacío de poder que permita el retorno de la propiedad privada a gran escala, los favoritismos políticos, la ausencia de toda política social y el sálvese quien pueda.

Conversaba con un amigo escritor hace poco de que esa cierta “ideología” que flota sobre algunos egresados de las academias de artes y letras cubanas, que no muestra todas las fichas,  ya que pretende hacernos creer que en el otro sistema habrá una mejor cultura, más apertura, diversidad, respeto a la calidad y peso de una obra. Lejos de esto, nuestra opinión fue que bajo el mercado no pocos artistas de renombre tendrían que abandonarse a los brazos de oficios mejor remunerados (en el mejor de los casos).

¿Cuántos crowdfundings se les dedican a los artistas alternativos de México? Ninguno, no hay poderosas agencias (como ocurre con Cuba) que apoyen por ejemplo a la revista cultural La Piraña, donde tengo una columna ya hace meses. A nadie en la cúpula de la oficialidad del capital le interesa una alteridad al poder capitalista establecido, más bien se tiende a comprar la competencia o hacerle una ofensiva desleal (los monopolios pueden vender a precio de pérdida, sólo con el fin de liquidar al contrario).

A los cubanos se les ofrece crowdfundings porque Cuba es la alternativa, el día que desaparezca del mapa esa línea roja caribeña, muchos de los financiados (algunos sin obra alguna) caerán en un limbo artístico. Contradictoriamente es el propio socialismo quien les da sentido a muchos autodenominados artistas. Lejos de eso, pareciera que la razón y la verdad están del lado de los que hoy acusan al 349, si juzgamos la avalancha de mensajes en las redes sociales y los llamados a la rebelión.

En realidad el Decreto 349 no prohíbe la creación libre, de hecho no cambia una letra de la política cultural vigente. Sería un disparate inconstitucional echar atrás lo ganado tras 60 años de luces y sombras, incluso tras un quinquenio gris.

Las contravenciones tipificadas por esta ley están a la vista de cualquiera que camine por las calles de la isla, en la vulgaridad, el mal uso de los espacios públicos, la apropiación de actividades y oficios que conllevan profesionalismo (académico o no). Son, además, medidas que existen en cualquier sistema del mundo, donde los que tocan en un bar o los que pintan, deben poseer su licencia y guardarse de normas legales. Es la manera que tiene el que se esfuerza en ser buen artista, para defenderse de aquel advenedizo sin talento, que mediante trucos y deslealtad, lo quiera desplazar. 

Usted no puede irse al Central Park de New York y “ponerse a quemar” como se dice aquí, con un speaker a todo volumen y con una “canción” con lenguaje para adultos. Y es que las contravenciones tipifican Derechos Humanos protegidos por los pactos de las Naciones Unidas, de los que Cuba es signataria. ¿Cómo permitir que sea legal el abuso contra los derechos de unos por parte de otros? Tal cosa no sería libertad de expresión, sino la expresión de los más fuertes.

Por otro lado, ¿cómo pedir la derogación de la política cultural, la misma que por 60 años favoreció la formación académica o empírica del talento artístico y literario?, algunos (muy pocos) de los artistas de verdad que integran la campaña contra el 349 son graduados de ese sistema de enseñanza gratuito y de alta calidad. El capital, el que da el crowdfunding, no dice qué pasará en el futuro con los jóvenes que no puedan pagarse la matrícula a una hipotética enseñanza privada.

Esa política cultural, a la que se le sataniza, tiene todo un sistema de captación y promoción de talentos, dispone de un abanico participativo que permite el desarrollo de la vocación del escritor y el artista a cualquier edad. El único requisito, establecido por el gremio de los creadores y no por el Estado, está en la calidad de la obra. Que en casos concretos haya malas prácticas estatales, no significa que todo esté mal.

La capacidad de reforma legal en Cuba, también mal reseñada en los medios propagandísticos, pasa por la más alta consulta popular. O sea que aquí no hay paquetazos al estilo de los gobiernos duros, ni medidas arbitrarias como el retiro de los médicos cubanos de las áreas vulnerables de Brasil. Se supo siempre que, aunque sea un decreto del Presidente, el 349 debe aprobarse o no luego de las enmiendas que al mismo le hagan los sindicatos, las organizaciones de la sociedad civil y el gremio.

Nada de eso es nuevo, se sabe que Cuba funciona así, pero es muy rentable decir que se coartan las libertades, que no hubo nunca coherencia en las políticas culturales, que la solución es demolerlo todo… ¿Y luego qué? Se acabarán los crowdfundings, ténganlo por seguro, desaparecerán muchos de los hoy llamados prensa y arte independientes, primará le fuerza del mercado con sus leyes arbitrarias. ¿Y los poetas, los plásticos, los bailarines, los grupos portadores de tradiciones? También se irán a bolina.

La ausencia de política cultural, como piden, es la ausencia de artistas, la miseria para el creador, el dictado del dinero. No en balde la UNESCO nombró recientemente a las Parrandas de la región central de Cuba como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, con el objetivo de mejorar las políticas públicas hacia un fenómeno total, que incluye la participación de personas y manifestaciones de toda índole. La propia agencia de Naciones Unidas hace extensivo  dicho reconocimiento, porque hubo una política cultural seria que, casi sin recursos, priorizó la existencia de las fiestas.

Resulta de un talante bastante bajo, y cobarde, el uso de la inconformidad legítima de un grupo de artistas y escritores para hacer política contra el sistema todo de la cultura y el Estado cubanos.

El rechazo al decreto 349, que no “criminaliza” el arte, no ha contado con el apoyo ni de un solo Premio Nacional de Literatura, Artes Plásticas, Radio, Televisión o Periodismo.  Ello demuestra la politización del tema de parte de la derecha internacional, así como la falencia del argumento que recurre a una supuesta censura. No sucedió lo mismo con la polémica, fidedigna, generada en torno al quinquenio gris, cuando aparecieron en televisión algunos comisarios del periodo. Recordemos que, en aquel momento, se pronunciaron todos o casi todos y, la propia institucionalidad, convocó a un debate que aún se puede consultar en los números de la revista Criterios.

Una verdad hay en torno al 349, una que ya sabíamos, normar la cultura a partir del profesionalismo (académico y empírico) conlleva un alto nivel interpretativo y cuotas de responsabilidad, ya que el trabajo que recae sobre los inspectores es harto complejo. La existencia de ese personal, tampoco lo inventó Cuba, ya que opera en el sistema capitalista como autoridad competente.

La carta dirigida al Presidente por parte de los contestatarios dice que los artistas pueden existir sin el Ministerio de Cultura, no viceversa y llevan razón. Pero, ¿podrán subsistir esos “artistas” firmantes sin los crowdfundings, podrían llamarse a sí mismos “artistas” si no hubiera ese presidente y esa carta? 

El director de la revista independiente La Piraña, el mexicano Homenic Fuentes, es un poeta de talento, al igual que el resto de los colaboradores, sin embargo él ejerce de chef de cocina para sustentarse… ¿estarán dispuestos estos “artistas” a lo mismo?

 

Publicado en ISLA FABULANTE

 

Inundándose en la madrugada.

Adán Echeverría.

 

Acompañé a mi novia a rentar la casa de la calle 84 que se volvió la dirección que poníamos luego en los cuadernillos de poesía que publicamos. Estos cuadernillos fueron los primeros del taller. Los alumnos querían que yo igual publicara con ellos, pero les dije que no. Yo ya había sido publicado por la editorial Dante y por la Universidad Autónoma de Yucatán. No iba a publicar ahora en un cuadernillo. Igual les sugerí que cada uno de ellos hiciera un texto de presentación para el texto de otro compañero. A mí me tocó escribir el texto para los cuadernillos de Patricia e Ivi.

La casa de la calle 84 se volvió el sitio para los encuentros literarios, las charlas poéticas, el tallereo, la edición, la fiesta, y claro, para que mi novia y yo nos revolcáramos piel contra piel todo el tiempo que así lo deseáramos. Desde que la acompañé a rentar la casa, ella insistió en que la llevara a un cerrajero para que me sacara una copia de la llave. Así, yo podía ir y venir cuando quisiera, aún cuando ella estuviera en Santa Cruz Pinto, donde trabajaba como instructora Conafe.

Cómo le enojaba que yo dispusiera de la casa para las fiestas de cada fin de semana Luego del taller yo decidía ir a la casa, no solo con ella, sino con varios de los integrantes, a beber de lo lindo. Sobre todo si nos tocaba salirnos de algún evento cultural.

La noche de Carolina, creo que se trató de alguna de las constantes premiaciones que le daban a mi novia por su trabajo poético. Había ganado ya varios concursos, y claro, los compas del taller literario, yo con ellos, teníamos que brindar de alegría. Carolina decidió irse con nosotros. Podía ser -en edad- madre de mi novia, bueno, yo le llevaba 10 años a mi chica, y Carolina tenía edad para ser incluso mi madre. Ivi, Carolina, Yo, éramos los que más bebíamos. Paty siempre se cuidó con el alcohol, lo de ella eran las drogas duras, o -si no había más- pues algo de hierba, y el Ivi siempre andaba preparado porque Nelson era más aficionado a la mota que al alcohol. Bonito grupo intelectual formábamos.

Así que entre brindis y brindis, todos nos pusimos alrededor de Carolina quien nos contaba sus derroteros como dictaminadora para el Fondo Editorial Tie…: He rechazado a un chingo de huevones y huevonas que creen que escribir prosa es hacer cuento. ¡Cuánto pendejo manda trabajos a la editorial! Yo solo me río, gano el dinero que me pagan por la chamba, y me pongo hasta la madre, como debe de ser. ¡Salud! decíamos a coro.

Cansado de todas las historias que se contaban sobre el monstruo irreal de la narrativa yucateca que era Carolina, decidí no dejar de preguntar por las leyendas que se contaban de ella. Mario González, cuando fue mi tutor suplente de novela, en el Fonca, porque Rafael se había puesto muy mal del cáncer y no acudió a la última reunión que tuvimos en Veracruz, nos contó, a Luis Valdez y a mí, que Carolina todas las mañanas tomaba el desayuno en el Fondo de Cultura… con Alí Ch....

"Es la niña consentida de Alí", contaba el bocón de Mario, y añadió: "Pero esta pinche vieja esta bien loca. Un día llegó para exigirle plata al viejo. El viejo se negó frente a mí. 'Ya te dí', le decía, pero la Carolina se puso fúrica; le tiró la cerveza encima al pobre viejo. Lo hubieran visto. El gran maestro de poesía bañado en cerveza por la loca yucateca. Alí solo se sonreía divertido. 'Así es ella, la conozco hace tanto. Ya vendrá a disculparse. Pero no puedo darle dinero ahorita; así como anda sería mejor ponerle una pistola en la cabeza y dispararle. Sólo quiere conseguir más'. Y el viejo se limpió el saco y la camisa.

Carolina volvió del baño y pidió otra cerveza. Cogió la mano derecha de Alí, y así, tomados de la mano, comieron juntos el desayuno. Yo no decía nada. Solo me la pasaba viéndolos. Ya tuve yo mi propio momento para ver una de las escenas de Carolina, la gran narradora. No se qué broncas tenía con su tipo, el caso es que me habló temprano. Cuando llegué a verla, estaban los dos bañados en sangre. El pendejo tenía un corte en la nuca y Carolina cortados los dedos de la mano derecha. Le había puesto un botellazo al tipo, pero ahí estaban los dos esperándome". Esas fueron algunas de las historias que nos había contado Mario, en aquella cantina de mala muerte del centro del puerto de Veracruz. Yo ahora tenía a Carolina de frente, en vivo. La historia de Carolina que el tutor suplente del Fonca me contara debió ser suficiente para no hacerle más caso a esta mujer, o mejor dicho, para no picarle en el lomo a esta gárgola, y en cambio heme acá chupando con ella.

Nos bebimos dos cartones de caguamas y un litro de ron con agua mineral. Fumamos bastante mota. Mi novia estaba hasta la madre de cansada, harta de todos nosotros, pero siempre fue muy centrada con respecto a la fiesta. Jamás saca a nadie de su casa, aunque ella no beba hasta quedar hasta las chanclas, siempre permanece consciente. No fue mi caso.

Yo ya me había puesto hasta la madre. Las historias de Carolina daban vueltas en mi cabeza. Ella había vuelto a Mérida porque había huido, luego de que ayudó a su novio a violar a una chica de universidad. El tipo era un patansote que ella mantenía con el dinero que ganaba en la literatura. Decía que era músico. Pero sólo creía servir para sacarles provecho a las mujeres, y Carolina se enteró de una de las mujeres que se enredó con él. Los vio juntos, bebiendo en una cantina, y se les sentó a la mesa. Los otros no supieron qué hacer.

Carolina estaba dispuesta a hacerles un escándalo brutal si aquella chica decidía levantarse para irse. 'Quiero ver cómo te coge mi marido', nos contó que le dijo a la chamaca. Y se fueron los tres al departamento. Carolina siempre ha podido con el alcohol, las drogas duras, las pastas, la coca, piedra, el cristal, los ácidos y los aceites, con todo lo que le provoque y para lo que le alcance. Se la llevaron al departamento, y cuando la chica ya parecía una muñeca de trapo por el alcohol y la droga, entre los dos la violaron. La dejaron ensangrentada y desmayada en una calle cercana a su casa. 'Que la recoja el gobierno, o el departamento de limpia, pinche vieja'. Por supuesto que ellos resultaron los principales sospechosos; la chica no murió, pero se había librado una orden de aprensión.

Carolina reía con esa su risa bruja, de dientes podridos por la droga. Mi novia me vio ya incapaz de estar en pie, y me acompañó a la cama. Le pedí que me la chupara un poco para relajarme, y ella presta se puso de rodillas, pero yo estaba demasiado ebrio y me quedé dormido. Seguía oyendo las risas de la conversación. Patricia ya no estaba; a esa hora solo quedábamos Nelson, Ivi, mi novia, Carolina, y yo tirado en la cama. Se había acabado todo lo que se bebía. Carolina insistió en dar su tanda, y salieron a comprar clandestino. Los escuché cuando volvieron. Venía alebrestados, hechos un escándalo. Carolina se había robado un macetero del jardín de una casa, e hizo que Nelson cargara con una virgen de guadalupe hecha de yeso; también habían pateado cuanta reja pudieron tan solo para molestar. Carolina se acercó a la cama donde yo estaba durmiendo:

'Vas a ver cabrón. Te voy a coger por el culo para que no seas pendejo. Tienes a esta chamaca como tonta soportando borrachos, y tú, todo dormidote en la cama. Ningún marica me invita a chupar y se queda dormido. Al que se duerme, hay que cogérselo, esa es la regla'. Y se metió entre mis piernas. Yo estaba durmiendo boca abajo, así que me tomó por las caderas y me jaló hacia ella. Se balanceaba golpeándome con la pelvis, las nalgas y los huevos. 'Ya déjame, coño', pero ella estuvo jode que jode hasta que me levanté.

'Venga cabrón, venga a tomarse unos tragos con nosotros, que aún no amanece, y a usted ya se le quitó lo borracho.' Me acercó un vaso de plástico que contenía un líquido negro en su interior. Ron con coca cola, pensé; está bien, lo dulce me refrescará el hocico. Mi novia decía a modo de súplica, medio en serio medio en broma: No, no sean así; no te lo tomes, déjalo.

'Tú no te metas. Él tiene que ser un hombre cumplidor, ándale, a chupar, ¡salud!', gritó Carolina, y sin contestar me empiné el vaso y de dos tragos me lo bebí completo. ¡Puta madre!, casi me vomito de lo fuerte que estuvo el trago. ¡¿Qué mierda me diste, pinche pendeja?! Pero Carolina y los otros, incluida mi novia, ya estaban cagándose de la risa. 'Te dije que me tocaba invitarte. Tenía que dar mi tanda, y lo único que encontramos abierto era una farmacia.'

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

 

 

 

ACERCA DE LAS INFLUENCIAS LITERARIAS

Ramiro Padilla Atondo

 

 

 

Hay algo que quizá determine la temprana vocación literaria. Esta sería en buena medida la suma de los libros que acompañan al lector precoz. Yo no imagino mi niñez sin una buena dosis de los autores del boom latinoamericano. Los setenta, tiempos revolucionarios que trajeron a un primo de regreso de la Universidad Autónoma de Sinaloa, fueron determinantes en esa primera etapa. Y lo fueron porque mi primo no llegó solo. Llegó con un puño de libros que hoy recuerdo a la perfección. Venía de un encarcelamiento por motivos políticos del cual hasta la fecha se niega a hablar. En esa primera infancia y después de la consabida transición de los libros de historietas hacia las novelas vaqueras, mis tardes concurrían entre el tedio y la desesperación por leer algo nuevo. Y esto lo resolvió el recién llegado. Esos libros que recuerdo de memoria son los Doce Cuentos Peregrinos de García Márquez, Cien años de soledad, La hojarasca entre otros del mismo autor, un par de novelas cortas de Mariano Azuela, Mala Hierba y Esa sangre, donde el protagonista regresa a México con acento argentino, Los Cachorros de Vargas Llosa y una novela ambientada en Sudáfrica llamada Tensión. Un libro que no pude leer en ese entonces y que se guardaba con celo eran Las venas abiertas de América latina de Eduardo Galeano. Siempre he dicho que después de leer Cien Años de soledad tuve reacciones encontradas. Leí la novela en un fin de semana sin parar. Cuando la terminé sentí una especie de epifanía combinada con la frustración de saber que jamás escribiría como él. Luego leí a Juan Rulfo. El descubrimiento de la muerte de los protagonistas a la mitad de la novela me hizo leerla dos o tres veces. Intenté escribir una novela después ya en mi adolescencia intentando emular las tramas de Stephen King, que mi primo devoraba con pasión doblando las páginas que más le gustaban, subrayando sus frases ingeniosas. De esa época recuerdo a Carrie y Cementerio de mascotas. Toda esta mezcolanza de autores variopintos no hizo sino orillarme en primera instancia a escribir como ellos. Recuerdo después de la presentación de mi segundo libro de relatos a un amigo mío acercándose muy compungido a decirme que me alejara inmediatamente de la sombra de Rulfo. A mí me pareció un cumplido. Si te vas a acercar a un árbol debe de darte buena sombra. De aquella primera infancia quizá quedaran recuerdos nítidos, porque a la hora de escribir ya después de los treinta años, en lo que menos pensaba era en Juan Rulfo. Según yo intentaba desarrollar mi estilo. Pero no era así. La suma de todas esas lecturas tenía un efecto muy profundo en mi forma de escribir aunque yo no fuera consciente de ello. Umberto Eco haría un ensayo genial acerca de esto en su libro Sobre Literatura, hablando de la falta de límites en cuanto a lo que la influencia literaria se refiere. William Faulkner aunque fue un descubrimiento tardío, representó para mí un asunto revolucionario. Muchos años después entendí las deudas de gratitud de muchos autores latinoamericanos para con el escritor del deep south . Mientras Agonizo fue una novela que influyó de manera directa en lo que escribo. Entendí la posibilidad de narrar una historia desde un coro de voces, como también lo entendió García Márquez al escribir La Hojarasca influenciado por el mismo autor. Cuando mi amigo me reclamó que me alejara de la sombra de Rulfo, quizá quiso decir también que me alejara de las sombras proyectadas sobre el mismo Rulfo, sobre cuya cabeza revoloteaban a su vez Knut Hamsun y Faulkner. Si a esto le extendiéramos las influencias que recibieron Hamsun y Faulkner quizá tendríamos material para un buen libro. Probablemente la  lección más grande de todo esto es la de sentirnos de manera indirecta un Pierre Menard, un negro literario cuya inconsciencia o cuya falta de gratitud para con sus autores favoritos raye en el plagio. Una repetición de las mismas ideas intentando darle un enfoque diferente. Aunque de hecho una de las técnicas para aprender a escribir en el siglo XIX fuera la de copiar los clásicos palabra por palabra. A los grandes autores habría que copiarlos palabra por palabra para desentrañar los mecanismos de sus ficciones, su influencia literaria debería terminar allí. Vargas Llosa lo escribió en cartas a un joven novelista. Después del éxito de García Márquez y Borges no tardaron en salir los imitadores queriéndose colgar de su estilo, pero estos mismos imitadores, por lo forzado de el estilo imitado terminarían por perderse en esa jungla editorial, marcada por una selección natural feroz. Borges diría que no sabía si era un buen escritor, de lo que estaba seguro era de ser un buen lector. El acto de escribir conlleva la recreación de imágenes que por fuerza nos remiten a las lecturas pasadas. Habrá quienes digan que esto no tiene que ser necesariamente cierto, pero la realidad es que estas influencias literarias se esconden en los rincones de nuestra mente y muchas veces nos juegan malas pasadas. No hay cosa más terrible para un escritor que trabajar en una novela y que después de terminada, leída releída y corregida, alguno de tus lectores te diga que esa idea ya había sido realizada por tal novelista que sucede es uno de tus autores de cabecera, que siempre citas. Las influencias literarias son un compañero en el camino. Depende de cada autor el que estas queden expuestas de manera burda o signifiquen una oportunidad de mejoramiento cuando son aprovechadas de la mejor manera. Una vez que has leído un autor influyente (ojo que los autores influyentes no son los mismos para todos) lo mejor es tratar de tomar cierta distancia de él. En una clase de literatura se les recomendaba a los estudiantes que leyeran todo Faulkner. Y que después leyeran a Hemingway para limpiar todo Faulkner. Ese sería el mejor consejo. Para matizar las influencias literarias habría que leer mucho, muchísimo. Así se repartiría el asunto entre varios, sin cargarle la mano a uno solo. Y escribir, escribir muchísimo. Es la única manera de poner distancia.

Publicado en NORTEC

 

 

En torno a La medusa dual

Por Rosa Espinoza

 

 

Desde el punto de vista editorial una antología persigue muchas cosas. La primera que como editora considero como la más importante: el afán por congregar, convidar, compartir, reunir, sumar. Es algo muy cercano a una fiesta en la que converge un grupo importante de voces. Esta condición de convivio, como segunda intención, dispara al lector una multiplicidad de visajes con la palabra.

 

Sin intentar en principio establecer un canon, que a lo largo de la historia muchas antologías, sobre todo poéticas, han intentado, La medusa dual lo hace –voluntaria o involuntariamente–, como una apuesta al tiempo. La unidad temática es irrelevante, en ninguna sección de esta antología se plantean en forma precisa o se declaran los criterios de selección, pero no importa, porque en toda antología hay una certeza: a la luz de los años representará un corte en la historia. Una instantánea en un lapso de tiempo. Un snaptchat de la poesía de nuestro país.

 

Como ejercicio editorial, antologar es estratégico en un país en el que la distribución y el fomento editorial adolecen de espacios y redes para la difusión y la comercialización de libros de poesía. En este sentido La medusa dual hace un cruce de ciudades, de puntos de convergencia geográficos, consiguiendo con ello que la visibilidad de este trabajo, y de forma muy orgánica, sea más afortunada.

 

El conjunto de autores es otro elemento en este banquete de poéticas. No hay tedio, hay ritmo, musicalidad, saltos sorpresivos e intensos. Voces muchas. Placidez y alborozo. Elementos que sólo reuniones como ésta son capaces de producir. Esta Medusa, no vacilemos, es una muestra valiosa de los muchos registros que la literatura nacional ofrece, sin caer en la inclusión de los autores de siempre.

 

Por si fuera poco mostrar a 17 autores mexicanos de diferentes puntos del país, cruza las barreras y amplía su espectro de lectores al tratarse de una obra bilingüe, presentada en español y portugués. Un ejercicio no sólo osado para lo que estamos acostumbrados, sino espléndido y sensible.

 

Gracias al trabajo del brasleño Leo Gonçalvez, Arturo Tejo Villafuerte, Antonio Hernández Villegas Jorge Contreras, Armando Alanís, Daniel Olivares, Jesús Gómez Morán, Pedro Emiliano, José María Lumbreras, Fernando Reyes Trinidad, Andrés Cisneros de la Cruz, Isolda Dosamantes, Leticia Luna, Guadalupe Sánchez Linares, Lina Zerón, Aglae Margalli, Patricia García y Uriel Reyes ofrecen a los lectores un espectro amplísimo de temáticas, de giros, vuelos, trasmutaciones de la imaginación que cumplen cabalmente lo que todas las antologías, pero ésta en su condición de medusa, es seductora y atrayente sin que necesariamente al leerla nos convirtamos en piedras.

 

 

1 Comentarios de la obra en el marco del 7 Encuentro Tiempo de Literatura, Mexicali, Baja California, noviembre 2018. La medusa dual: antología bilingüe portugués-español, Fernando Reyes Trinidad (Comp.), México, Cisnegro, 2017.

2 Poeta, narradora y editora mexicalense.

 

 

INSTRUCCIONES PARA LEER

LA TELEVISIÓN

Ramiro Padilla Atondo

 

 

La televisión tiene un efecto importante en la manera que vemos la vida. Puede llegar a generar una guerra o promover la paz.

A pesar de las nuevas tecnologías, la televisión sigue siendo la reina del entretenimiento. ¿Entrará en declive algún día?

Es ya de muchos sabido que así como es un vehículo de entretenimiento, puede convertirse también en un camino seguro a la colonización de las mentes.

El filósofo argentino José Pablo Feinmann explica el concepto a través de un programa llamado filosofía aquí y ahora, para los que quieran copiar el link:

 

http://www.youtube.com/watch?- v=mXR48V_MggA

 

Es categórico al afirmar que en la televisión se trabaja para estupidizar a las personas.

La televisión atrapa al hombre medio con el espectáculo infinito de la pavada (hechos tontos y sin gracia) y nombra la televisión como la máquina de distracción masiva.

El filósofo argentino explica también donde empieza la libertad del individuo. Esta empieza en el momento en que decide apagar el aparato. Cuando cobra conciencia que hay una vida más allá de la televisión.

Pero Feinmann no ha sido el único que habla de este poder corruptor. Giovanni Sartori ayudaría a cambiar la percepción que tenemos del mundo al escribir el homo videns, la sociedad teledirigida. Sartori es el principal teórico de la comunicación y explica este cambio cualitativo de la manera en que vemos el mundo. Evolucionamos de un homo sapiens a un homo videns, esto es, llegamos a la cultura de la imagen.

El pensamiento se transforma. Es muy distinto leer un periódico que ver una imagen en tiempo real explicando una noticia. Y aquí viene el quid del asunto. Sartori lo dice de manera contundente. La televisión ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas, y llama a esto la video política, la conversión de un video-niño en un adulto sordo de por vida:

 

http://www.youtube.com/watch?v=IjOa95Y- CxYA

 

Alguien capaz de defender el sistema que lo oprime pues así ha sido educado. Para no criticar. El filósofo Roberto Nuñez, radicado en Ensenada, hablaría de esto como un mecanismo para controlar la neurosis o encausarla a través de actividades distractoras o derivativas.Sartori diría a su vez que esta sordera del adulto sería sobre todo para los estímulos provenientes de la lectura y todo lo que tenga que ver con la cultura escrita.

Ante el avance de la cultura audiovisual se pregunta si aparecerá un post pensamiento basado en estas premisas. Y vaya si está apareciendo. La televisión se convierte en un empobrecedor de la percepción. La información que llega al sujeto no es en la mayoría de los casos objetiva. Tiene una agenda.

Una muestra de esto la daría el documental de Michael Moore, Farenheit 9-11:

https://www.youtube.com/watch?v=-KCyQ- qsYFRE

La mediocracia de ese país unida para vender una guerra que no tenía razón de ser. Se creó la percepción de las armas de destrucción masiva y los medios la vendieron. Algunos años después el teatro se cayó. Cien mil muertos después. Muertos que no tenían la culpa de que un loco con ganas de revancha enviase un ejército a masacrarlos. El efecto pernicioso de la televisión. El ya famoso disneyland state of mind promovido hasta la saciedad.

Nuestro país por supuesto no está exento de esta influencia apabulladora. La televisión como aliada fiel del sistema. La masacre de estudiantes del 68 se distorsionaría de tal manera que aun en nuestros días no se tiene certeza de lo que sucedió en realidad. La fuente de información primaria dijo lo que al gobierno le convenía. Igual pasa en nuestros días.

Vivimos en una supuesta “democracia”. Esto es la opinión pública tendría que ser determinan- te a la hora de la creación de políticas de gobierno. Pero la opinión pública a decir de Sartori es modificable y frágil. El problema estructural reside en el hecho de que para que una democracia representativa funcione, esta debe de estar basada en esta opinión. Pero la opinión como se puede com- probar está diseñada por la televisión. Esto es, el gobierno y sus aliados son juez y parte.

La fuente primaria de opinión es la televisión y su penetración en nuestro país es muy amplia. La encuesta nacional de prácticas y consumos culturales hecha por la Conaculta dice que más del 95% de los entrevistados acostumbra a ver la televisión:

http://www.fundacionpreciado.org.mx/bien- comun/bc170/Numeralia.pdf

Una influencia demasiado tentadora para dejarla pasar de lado. La disputa entre televisión y lectura entonces es absolutamente desigual. Si algunas encuestas dicen que se leen solo 2.8 libros al año (aunque esta cifra es rebatible porque hay millones que en su vida jamás han leído un libro), la lógica indica que es bastante fácil manipular la opinión pública.

Vivimos la peor de las situaciones. Un público que cree que es culto por mirar programas de opinión política que dicen por agenda lo que les con- viene decir, al grado de soltar barbaridades como

 

que leer es irrelevante a la hora de gobernar.Y los resultados son funestos. Un pueblo formado y crítico que ve a la televisión solo como un accesorio es en esencia poco manipulable. Pero para pasar de un pueblo teledirigido a uno realmente informado habría que hacer cambios sociales estructurales.Un ejercicio interesante nacería de ver la televisión con una libreta y un lápiz en la mano. Yo lo hice en alguna ocasión. Un noticiero soltó la friolera de quince noticias negativas para empezar el programa. Después intentaron matizar la información diciendo que no todo era negativo en México.

Luego vendría la formación de estereotipos raciales en nuestro país. La absoluta preminencia de modelos caucásicos en la pantalla chica es la regla, no la excepción. Tome su libreta y apunte la cantidad de mestizos que aparecen en los roles estelares de las telenovelas. Luego nombre la cantidad de personajes con ojos azules que aparecen. El resultado lo sorprenderá. Hay comerciales que bien pueden salir al aire en Suecia y nadie notaría la diferencia.

La televisión ha sido descarada en la explotación de estos estereotipos. Nos dicen lo que no podemos ser. Y en base a estas categorizaciones nos creamos una percepción de lo bueno y lo malo. Entonces obramos en consecuencia. Al parecer una de las aspiraciones más socorridas es llegar a la pantalla grande. La panacea que resolverá to- dos nuestros problemas.

 

Hemos llegado al extremo de la explotación de nuestros niños. Y esos padres que no saben cuan dañina puede ser esta sobre exposición mediática. Es por eso que es de suma importancia aprender a leer la televisión. Entender sus símbolos y mitología. Humberto Eco diría hace algún tiempo que aparecer en televisión hoy en día ya puede ser calificado como un acto grosero. Y profetizó en 1968 que existiría un vasto número de consumidores chatarra. Y la profecía no podría ser más cierta.

Decodificar el lenguaje televisivo se convierte entonces en una necesidad primigenia. Conocer sus alcances y su perversidad a la hora de la manipulación de las opiniones. Porque todo redunda en poder. En el mayor número de clientes cautivos.

Aunque esta labor Quijotesca esté cuesta arriba. Aún con las nuevas tecnologías la televisión sigue siendo la reina. Y mientras no leamos, los resultados siempre serán los mismos. Candidatos telegénicos con analfabetismo funcional, y crea- dores de opinión (como Alasraki) que creen que son la verdad revelada.

Seamos originales. Apaguemos el televisor. Hay una vida muy rica allá afuera.

Publicado en NORTEC

 

Calibración del lente

con que el lector abrirá esta puerta

Andrés Cisneros de la Cruz

 

 

 

Gloria Gómez Guzmán se encuentra en ese pequeño núcleo de mujeres que se acercan con su poesía a la problemática social de la desigualdad y al conflicto político del abuso; pero sobre todo, es una poeta que se sumerge en la zona abisal de la condición humana, en especial, en ese sito, donde los seres han sido golpeados por aplastamiento económico, que representa la violencia más viva (e invisible) del mundo.  

Es por eso que sus poemas son frescas flores de ira que ayudan a despertar a los que les fue arrancada la gracia onírica, y que sufren despiertos el yugo de un sueño impuesto. Esos mismos que perdieron su derecho a la inconformidad, y que en algún momento también dejaron de percibir su profunda necesidad de indignación.

Gloria Gómez es una voz que emerge de las aguas profundas del siglo pasado, para develar una realidad que no ha sido afrontada, y que son pocos los poetas como ella, que desde siempre dieron la cara para desmentirla.

Sus poemas son bofetadas limpias en el rostro del intelectual engreído que se difumina en la revolución de su silla. Un ácido ojo que revela que no importa lo qué se haga, sino el para qué se hace. Ontología escéptica, dolorosa. De una belleza ruda y desnuda; como la que gozamos cuando no podemos huir de la lluvia o los truenos, de su plata resplandeciente y los árboles oscuros del cielo.

“Si Gloria no es famosa, es porque a ella no le interesa”, escribe Guillermo Lavín, al respecto de la poeta. Porque tiene presente eso que ella llama la down generation, y que es la misma que vio caer la esperanza de otra realidad, al menos esa otra que prometían las revoluciones recientes. Por algo Miguel Donoso Pareja afirma que Gloria Guzmán sale de lo personal y se sitúa siempre en el contexto. 

En esta breve selección que nos ofrece Gloria Gómez bajo el título Un modo de mirar que ya no se usa, deja en claro que sus poemas son tan nítidos, que parecieran haber sido escritos ayer. “Tendríamos que decir que somos / los sobrevivientes / de una década jodida”. Y se contrapone a las máximas de la poesía del discurso que salva, y ella, filosa apunta a ese templete y denuncia el uso de la poesía salvífica para fines lejanos a la producción particular y masiva de la conciencia.

Así mismo el amor a todo lo que es, incluso en su podredumbre, es un síntoma de poesía para Gómez Guzmán, porque no puede evitar esa apetencia emocional por lo que la rodea y termina por conformarla, en su hábito diario de comer de lo real, de lo posible.

También la obra de Gloria es una crítica directa al lector, a los habitantes de su corazón que es el mundo. Arremete contra ellos, con ironía, con acidez pregunta, deja las cosas claras sobre el suelo para que no haya duda de que hay algo mal en esta maquinaria.

Es una poeta que no teme decir, escribo “contra aquellos que se apoderan”, y tampoco se censura para exponer que la “patria es una calle sin salida / una broma asqueante de la historia”. Aquí la madre-padre es una falacia, un show que se montó para que cada quien formulara su íntima idea de imaginarla. Esta perspectiva hace de Guzmán una poeta moderna, completamente consciente de la transición que representa el descubrimiento de las ciencias sociales. No se limita, habla claro, sin tapujos. Y aunque declaró, parecido a Alí Chumacero, o el mismo Juan Rulfo, que no escribiría más poesía, su breve obra es ya una referencia para los poetas que tengan interés en quitarse los grilletes, los falsos estilos, y asumir que su poesía es parte de un todo hirviente, complejo; pero sobre todo, frente al cual el poeta no puede asumir, jamás, una postura de conformidad.

 

 

Andrés Cisneros de la Cruz

Ciudad de México, septiembre, 2015.

 

 

 

GLORIA GÓMEZ GUZMÁN

(Tampico, México, 1950)

SELECCION DE POEMAS BREVES

 

 

 

I

tendríamos que decir de aquellos años

en que todo parecía recién inaugurado

y jóvenes los hombres

y dulces las mujeres que éramos

saltábamos los muros

 

la vida era una roja bandera y esas cosas

entonces sí     llovía la época sobre amapolas

éramos los dueños del futuro y esas cosas

 

tendríamos que contarles cómo amamos

como el sueño estableció su reino entre nosotros

dejar bien claro que estuvimos

palabra desde manos sucias

intentando derribar el muro

 

tendríamos que decir que somos

los sobrevivientes

de una década jodida

 

 

II

 

poesía no ha salvado a nadie

no resuelve insomnios

no sirve gritarla en pantallas de tv

o hacerla canciones y que traguen de ella

dulcemente

los muchachos

 

poesía es un reluciente

bruto

fragmento de náusea

un aullido

están matando todo

 

la razón desvalida

para seguir aquí

 

 

 

III

 

sin las balas del poema estoy perdida

y ustedes también

 

 

IV

 

es terrible ser pobre

termina uno siendo mezquino

 

si se es egoísta

destructivo

y además pobre

uno es un desastre

sobre todo para otros pobres

(especialmente para uno mismo)

 

cuando un pobre encuentra su cara en un espejo

le entristece ver que allí falta algo de belleza

algo de alegría     algo de verdad

(eso puede ser terrible a ciertas horas de la tarde)

 

un pobre siempre está disgustándose por todo    con todos

la certeza de que está de sobra en todas partes

nunca le abandona

así  ¿cómo podría sentirse necesario

solidario

o simplemente vivo?

 

la puerta del futuro se ha estrechado para él

 

hubo un tiempo en que los poderosos temblaban

al pensar en la rabia desatada de los pobres

a los pobres de ahora no les han dejado ni la ira

 

pero si los días de ira han terminado

la puerta del futuro está cerrada para todos

 

V

 

he escrito sobre mí

pensando que servía de algo

esta señal de aquí hacia usted

que tal vez

en medio de un cinematógrafo

rodeado de gente que le desconoce

se aturda de ternura por la suerte nuestra

 

después

ojalá sintiera rabia

un poco de asco si no es mucho pedir

porque

sabe?

no hallo la manera de justificarnos

 

 

 

FICHA BIBLIOGRÁFICA

 

Gloria Gómez Guzmán (Tampico, Tamaulipas, México, 1950). Ha publicado los siguientes títulos:  Obra colectiva: Tarea poética, Editorial Tierra Adentro, INBA, 1979. Mira que yo aquí, Editorial  Tierra Adentro, INBA, 1980. Preso estás afuera y aquí, Editorial Punto de Partida, UNAM, 1980. Vigias en la niebla (producción multimedia) espectáculo de poesía-canción, imágenes de video y música en vivo. Producción Independiente 2001. Individual: No eran la epopeya de estos años nuestros días, Ediciones Punto de Partida, UNAM, 1982. Nada personal, Cartel de poesía, Editorial Penélope, 1983. Litoral sin sobresaltos, Editorial Praxis-Dos Filos-UAZ, 1987. Para quienes en altamar aun velan, Edición del ITC, PCF-INBA, 1988. El sermón del arenque, Colección Letras en el Borde del Consejo para la Cultura y las Artes de Tamaulipas, 1992. Aguamala y otros poemas, Colección Los Cincuenta, Comisión Nacional de Decentralización Conaculta/UANL, 1998. Antología personal, Colección Nuevo Amanecer, Ediciones del CCAT, 1998. Poemas, Colección Milenaria, Ediciones Ítaca/Conactulta/Gobierno del Estado de Tamaulipas, 2004. Antología personal, Gloria Gómez Guzmán, una poeta huasteca, Ediciones de la Facultad de Música de la UAT, 2009.

 

 

 

 

 

 

Alí Chumacero, Joaquín Díez-Canedo y José Luis Martínez a inicios de la década de 1940. / Cortesía: Archivo José Luis Martínez

 

 

Hombres en su siglo

(Alí Chumacero / José Luis Martínez)

Víctor Manuel Pazarín

 

 

Yo, pecador, a orillas de tus ojos

miro nacer la tempestad…

ALÍ CHUMACERO

 

 

ENTRADA

Los cien años de Alí

 

Apenas tres libros de poemas y uno de ensayos compone la obra completa de Alí Chumacero. Hombre de entresiglos, nació en Acaponeta, Nayarit, en 1918, y murió en 2010 en la Ciudad de México a los noventa y dos años. Figura esencial de nuestras letras, Chumacero dedicó gran parte de su vida a la edición de libros.

A los veintiséis años se dio a conocer con Páramo de sueños (1944), luego le siguieron Imágenes desterradas (1948) y Palabras en reposo (1956). Después de un largo silencio, en 1987 aparecieron Los momentos críticos: ensayos y reseñas que dan fe de sus pasiones como lector.

Obra breve, una vida larga. Su último libro de poemas todavía no hace mucho se podía encontrar, en su segunda edición (1965), en espacios para libros de viejo y tiliches en Guadalajara. Yo me encontré sus Palabras en reposo en un altero de una tienda de cachivaches y “antigüedades”. Al paso de esa casa del centro de la ciudad, me llamó la atención que al menos cien ejemplares intonsos se levantaran en la puerta de la casa, donde un anciano vendía de todo. Entre eso, el poemario del nayarita que revisó Augusto Monterroso, quien fuera corrector de pruebas en el Fondo de Cultura Económica; allí mismo Chumacero fue corrector y editor, y le fue dado el placer de haber cuidado la edición de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, algo que

le dio fama; la leyenda incluso dice que fue él quien le dio los toques magistrales a la obra, algo que el propio Alí desmintió.

Durante muchos años vivió en Guadalajara; fue aquí donde el futuro poeta hizo sus estudios de primaria, secundaria y preparatoria; luego, en 1937, se trasladaría a la capital mexicana para así dar comienzo a sus estudios universitarios y a su obra poética y ensayística. Alguna vez Alí Chumacero dijo que había nacido en Nayarit, “pero uno es de donde hace la secundaria”, de algún modo Chumacero es también tapatío.

Quizás por eso, porque vivió en Guadalajara, fue donde encontré su último libro de poemas, que guarda la serenidad de la poesía clásica: con un lenguaje sin aspavientos, y con asuntos en los que son visibles la literatura griega, latina y del Siglo de Oro español; y es una secuencia de la tradición de la mejor poesía latinoamericana y, sobre todo, mexicana.

Palabras en reposo es un libro extraordinario, contiene algunos de los poemas esenciales no solamente del nayarita, sino de la literatura mexicana. Se ha dicho que México es un país de poetas, y la lectura de este singular libro lo confirma. Pese a su relevancia actual, al comienzo no fue tomada en cuenta; los años vendrían a confirmar lo sabido: lo que ahora goza de fama pronta, se olvida rápido; lo que camina con impulso propio tarda en ser esencial, pero lo logra.

El reconocimiento que Alí cultivó de manera expedita, fue gracias a su labor como editor. Ya en 1940, en su estancia como estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, junto a Jorge González Durán, Leopoldo Zea y José Luis Martínez editó la revista Tierra Nueva, que duró apenas dos años, pero que introdujo a Chumacero en los círculos intelectuales. Fue en la UNAM que conoció al filósofo José Gaos, cuya amistad y obra le ofrecieron a Alí una perspectiva definitoria. Su mundo se amplió y fue reconocido por quienes ahora son las más altas personalidades de la literatura hispanoamericana, como Octavio Paz, Alfonso Reyes, Luis Cernuda, Gilberto Owen, y por quienes conformaron el círculo cultural que llegó a nuestro país como refugiados de la Guerra Civil española.

En 2003 la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le otorgó a Alí Chumacero el Reconocimiento al Mérito Editorial, hecho que lo retornó a su casa de la infancia y la adolescencia. Y en 2008 el país se volcó entero con su homenaje por sus noventa años. Ese año presentó

en Guadalajara su quizás último libro, Poesía, que publicó el Fondo de Cultura Económica con un prólogo de José Emilio Pacheco Alí

Chumacero en su intervención en la FIL dijo: “La poesía es la manera más profunda, más hermosa, más linda, diríamos con una palabra cursi, de lo que es la vida misma. Unir la poesía y la vida no deja de ser una tarea constante para llegar a vivir con amplitud, con interés, con intensidad por lo que le sucede a uno. La vida es el sostén de todo lo que el hombre piensa y siente…”.

 

 

INTERMEDIO

José Luis Martínez, una vida desde los libros

 

Para recordar el ochenta aniversario de Juan Rulfo, en San Gabriel se abrió, en mil novecientos noventa y siete, la Ruta Rulfiana. Para darle el carácter que se merecía tal acontecimiento se invitó a un grupo de escritores y artistas, y allí, entre los más importantes, estuvieron José Luis Martínez y Federico Campbell. Fue allí, entonces, que en un balneario —y con el cuerpo semidesnudo y mojado por el chapuzón que me había dado en el azul del agua que reflejaba el cielo de San Gabriel— que fui invitado por Campbell a su mesa donde ya estaba el maestro Martínez.

Caminé por un sendero hacia el lugar de la mesa al lado de Campbell, que había conocido en la Ciudad de México y con quien había sostenido una charla extensa sobre Arreola y, claro, sobre Rulfo. Volvió a la conversación, como era de esperarse, en esa prodigiosa mesa donde se encontraba uno de los autores jaliscienses más importantes, quien había nacido en Atoyac, en mil novecientos dieciocho y, durante los conflictos sociales de la Guerra cristera había ido a vivir a Zapotlán y fue condiscípulo de Arreola y Rulfo en la escuela primaria.

Es curioso, en todo caso, que el destino alguna vez haya reunido en las aulas a quienes años después serían los escritores más importantes —y quizás los últimos de esas alturas— del Sur de Jalisco.

Los tres, de algún modo, de una misma generación y surgidos de un entorno histórico singular. Y de ellos estamos celebrando, desde el año pasado, el centenario de su nacimiento.

Entre las varias vertientes desde la cual puede observarse la vida y la obra de José Luis Martínez, hay dos que sin duda son esenciales. La primera es la de su vida como lector y como historiador. Una va con la otra, es decir, Martínez es y fue uno de los más importantes lectores de la historia y la literatura mexicana, algo que se ha olvidado ya: nadie —o muy pocos— ya quieren ser solamente lectores. Ser lector es tan importante como ser un escritor, sin embargo actualmente los escritores leen muy poco, y en cuanto comienzan a leer a lo que aspiran es a ser escritores. Y en todo caso olvidan esa tarea: la de lector.

José Luis Martínez fue un gran lector y un amante de los libros. Su biblioteca personal es una de las más grandes e importantes del país. A ella acudieron autores tan importantes como Octavio Paz, que la consultaron para escribir algunos de sus más importantes libros de ensayos. La otra es que fue uno de los más importantes directores del Fondo de Cultura Económica, la editorial que ha traído no solamente a México a las grandes voces del mundo intelectual y creativo, sino también a Latinoamérica. Esa labor logró que nuestro país se sostuviera como una potencia editorial que el Estado mantiene como una de las pocas labores que debemos elogiar en materia cultural.

El trabajo que realizó el historiador y ensayista literario de Atoyac, quien ya celebra su centenario de nacimiento, es una de las más importantes, como importante y fundamental es su presencia en nuestras letras.

 

 

SALIDA

Seguir la luminosidad y mudar de camino

 

Dos cumbres poéticas sostienen la tradición literaria de la tierra del Nayar. Ambos son símbolos nacionales de nuestra poesía mexicana.

Uno es Amado Nervo, aquel caballero andante que se unió y fortificó, a su modo, a la corriente modernista, de la cual destaca y describe en su máximo esplendor el nicaragüense Rubén Darío; corriente que fue la ruptura de América contra la costumbre lírica castellana. El otro pilar es sin duda el trabajo y la persona de Alí Chumacero.

Dos nombres que se antojan extravagantes dentro de la increíble nómina descrita por la tradición, que va de la figura de Nezahualcóyotl, hasta cualquiera de las voces de nuestros días. Amado y Alí, ¿resultan naturales al español de México? Nervo y Chumacero, ¿nos recuerdan un sonido natural en nuestras tierras? Extravagancia en los sonidos, sí, pero no en las correspondencias, pues ambos resultan lo suficientemente celebrados como para negarlos.

Amado Nervo y Alí Chumacero fincan con sus obras el firmamento de una poesía y son luminosidades que alumbran el trayecto de nuestra lírica nacional.

Hoy esos cometas han dejado el plano terrenal para perpetuarse en los altos bancos luminosos de las constelaciones. Los creadores de dos sistemas verbales nacieron en una misma ciudad. En Tepic, Nayarit, dieron sus primeros pasos para luego caminar por rumbos distintos y conformarse en lo que son.

Una forma fácil para Alí hubiera sido seguir la trayectoria de la luz de Nervo. Por fortuna Chumacero no tomó el camino simple y abrió una nueva ruta que se encuentra más cercana a la obra del grupo sin grupo de los Contemporáneos que de su coterráneo. La breve pero bien edificada obra poética de Alí Chumacero recuerda más a la de José Gorostiza y su Muerte sin fin, que a la abundante producción de Amado Nervo.

“Los poemas de Alí Chumacero —ha dicho Octavio Paz en un breve ensayo— son sucesos de la carne o del espíritu que ocurren en un tiempo sin fechas y en alcobas sin historia”. En seguida agrega: “Es el tiempo cotidiano de nuestras vidas cotidianas recreado por un oficio estricto que, en sus mejores poemas, se resuelve en un diáfano equilibrio. No encuentro mejor palabra para definir a este arte exquisito que la palabra cristalización…”

A Paz la obra de Chumacero le recuerda a dos grandes poetas mexicanos: a Ramón López Velarde “por la religiosidad” y a Salvador Díaz Mirón, “al que lo une el culto a la forma cerrada” y la afición por “asuntos no poéticos” y la “reserva orgullosa”. Pero también a los textos bíblicos en los cuales caminó, según Paz, muy cercano a López Velarde, por su “conciencia del pecado” (Yo pecador, a orillas de tus ojos /miro nacer la tempestad…), y debido al acercamiento de ambos a la liturgia católica

(Oh cítara del alma, armónica al pesar, /luto hermana: aíslas en tu efigie/ el vértigo camino de Damasco/ y sobre el aire dejas la orla del perdón, /como si ungida de piedad sintieras/ el aura de mi paso desolado…).

Se puede afirmar que Alí Chumacero es un poeta del amor y en un texto José María Espinasa afirma que sus poemas en este sentido son de “amor cumplido siempre en el lamento”.

El ensayista asevera que la poesía de Chumacero “va en busca” del “milagro de la estatua”, y lo contrapone con la obra de Xavier Villaurrutia al proferir: “…de una estatua mucho más tangible que la de Villaurrutia, vuelta puro grito al morir de sueño…”, pues para Alí Chumacero, “el amor está siempre en un ‘después’ que llamamos escritura”. Pues para José María Espinasa: “El amor es pura forma de la misma manera que la carne es pura forma”.

Los dos puntos de vista y sus lecturas son admirables y nadie puede estar en desacuerdo, pues las argumentaciones surgen de estudios profundos, de lecturas que fueron hasta el fondo y hacia las alturas y otorgan luces para una nueva lectura de cada poema del autor nayarita, quien se ha vuelto ahora una

 

Petrificada estrella, temerosa

frente a la virgen tempestad.

Jueves, 25 Octubre 2018 04:52

GOD HATES US ALL J. M. Lecumberri

 

 

GOD HATES US ALL

J. M. Lecumberri

 

Drones since the dawn of time

Compelled to live your sheltered lives

Not once has anyone ever seen

Such a rise of pure hypocrisy

I'll instigate I'll free your mind

I'll show you what I've known all this time

SLAYER

 

Un alegre y lúcido viejecillo afincado en París por más de treinta años, sale de su pequeño departamento en la rue de l’Odéon, como todas las noches para dar un paseo , dejando tras de sí una estela de insomnio.

Esta vez, el anciano se encuentra con algo que lo hunde en una sombría revelación: el tráfico infernal de una metrópoli sobrepoblada, miles de coches atascados en las callejuelas y avenidas, detenidos por horas, en trayectos interminables. Un espectáculo grotesco.

Tras esa experiencia, Cioran llega a una sublime y terrorífica sentencia: “todo lo que el hombre crea se vuelve en su contra…”, piensa para sí mismo.

Vivimos en una época de no muy diferente a aquél París de los años setenta, una época que ha ido rumbo a peor, ciertamente. Una época en la cual el pensamiento de ese viejo alegre y pesimista está más vigente que nunca.

Nuestro mundo, ahora dividido, casi por la mitad, entre lo real y lo virtual, sigue generando maravillas que, tarde o temprano se volverán en nuestra contra, como alguna vez lo hicieron, el fuego, la religión, el acero, las leyes de Newton, la energía nuclear, la literatura, el cine, el petróleo, la medicina, la ecología y un sinfín de ideaciones, inventos, artefactos, disciplinas, concepciones, máquinas que el hombre ha dado a luz y desarrollado en el seno de una civilización cada vez más enclenque, ñoña, cursi y hueca, una generación de monas Instagram, leñadores de aparador y budistas de medio pelo.

Contrario a lo que el genio-ingenuo de Schopenhauer y Nietzsche nos hiciera pensar, Dios no ha muerto, muy por el contrario, está más fuerte, más vivo, más presente que nunca y nos odia a todos.

Dios extiende sus órganos por todas nuestras instituciones, desde la iglesia (obvio) hasta la biotecnología y las salas de espera de la seguridad social, pasando por los orfelinatos de donde obtiene sus víctimas más preciadas, hasta las fosas clandestinas donde gusta ver arder nuestros frágiles cuerpos putrefactos. Dios es el anti Cuerpo sin Órganos, es el deseo de la muerte del deseo en estado puro: la Razón iluminista y moral.

Dios está vive en los corazones de cada activista esperanzado por su causa, en cada rechazo de uso de un popote, en cada perrito rescatado en las calles, en cada linchamiento contra un violador, en cada aborto, en cada opinión estúpida que proferimos libremente por alguna red social, en cada

pensamiento trasgresor, en cada iPhone X, en cada orgía, presidiendo en cada concierto de Black Metal, con su disfraz de chivo macabro.

Carl Sagan hace alusión a la increíble suspicacia de una secta cristiana de los Estado Unidos que, había prefijado la fecha del apocalipsis en el año 1914 de nuestra era.

Cuando dicho apocalipsis no ocurrió, la secta declaró algo insospechado, eminente: ellos afirmaba que si después de 1914 nosotros seguíamos aquí es por que Dios se había llevado a los justos y no nos había elegido a nosotros, que el apocalipsis efectivamente había sucedido y que ahora vivimos todos en un mundo postapocalíptico. Dos guerras mundiales después e infinitas guerras locales de horríficas proporciones (Sierra Leona, Líbano, Siria, Afganistan, Vietnam, Korea, Haití, Croacia, México, etc.), no considero tan descabellado lo dicho por aquellos fanáticos religiosos.

La violencia necesita ser reinventada. El propio Cioran aseveraba que la inteligencia es esencialmente violenta. ¿Afirmación gratuita? No lo creo.

Pensemos en el ecofacismo de Pentti Linkola, un idiota finés que propone acabar con todo el tercer mundo para hacer espacio a los occidentales primermundistas, saneando el planeta, establecer controles natales de máximo un hijo por pareja (él tiene tres hijos), propone abandonar la tecnología y volver a la naturaleza, como si nada hubiera pasado. Sueño tentador, he de confesarlo. Una especie de Doctrina Monroe con esteroides bálticos. Vale la pena mencionar que este tipo es un héroe de la intelectualidad nórdica.

Si por algo se ha caracterizado todo el linaje indoeuropeo, en todas sus formas, es por su cerrazón, intolerancia, ambición y brutalidad. Irónico que los tengamos ahora por seres superiores y de gran cultura cívica, una especie de elfos decadentes.

Peor volviendo al meollo del asunto, nuestra generación está ávida de sueños guajiros, de masturbaciones mentales, de las tetillas del Dios veneno que nos amamanta y engorda para luego cosecharnos de las formas más crueles. En la cursi subcultura Dark, el negro representa un luto infinito, una actitud de vitalismo inerte, un oxímoron de la realidad ramplona, simple y grosera: el hombre es un ganado.

En cambio aquellos que viven con levedad, según dijera Epicuro, los dioses, aquellos que según él ni siquiera nos notan (cuán equivocado estaba el bonachón hedonista), ellos son los artífices de nuestra desgracia, los creadores de tanto y tanto sufrimiento y nosotros somos las máquinas usadas para dispersar ese sufrimiento y convertirlo en orden, en universo.

Ellos nos odian a todos, han estado presentes desde el inicio de nuestra civilización, como lo dijera Deleuze: “el Estado (Urstaat) no fue inventado, nació con la humanidad” y todo lo que está dentro de sus sistemas y algoritmos es una ilusión, tanto para bien como para mal. Su ideología, su moral, su arte, su música, su poesía, todos barrotes de una prisión invisible. Yo mismo, más de lo mismo.

¿Qué nos queda?, tratar de destruirlo todo, caminar, resignados, hacia una extinción voluntaria, ¿salvar al planeta? ¡Vaya estupidez! Si no puedes ni salvarte a ti mismo, que no te llenen el cerebor de mierda pietista y ecocursilerías. Creamos una isla de plástico en el Pacífico y es hermosa ¡una verdadera obra de arte! El ser humano no sirve más que para la generar sufrimiento y destrucción.

EL planeta no nos necesita para salvarlo, simplemente se deshará de nosotros cuando así lo considere (Gaia-James Lovelock).

Pero ¿y toda la generosidad, los actos desinteresados de bondad? La parte más cruel de un sistema que requiere equilibrar sus fuerzas para mantenerse avante. “Dominar a otros es fortaleza. El dominio de sí mismo es el verdadero poder”, dice Lao Tse. Vivimos un mundo en el que el poder de lo virtual nos ha exiliado de nuestro centro interior, vivimos en un mundo de doctrinas de autoconocimiento y viejas sabidurías convertidas en coaching y merchandising.

Sales a correr diez kilómetros en un bosque agonizante en medio de la ciudad colérica y patibularia y sientes que ya te conoces a ti mismo, que te amas y te dominas, ¡pues no! Sigues siendo un autómata, un vástago de Nike y tu jodido iWatch, pero qué se puede hacer, matan cientos de mujeres todos los días, las matamos todos, todos somos responsables, todos matamos a niños palestinos y a indígenas huicholes, todos somos asesinos sin armas, criminales marionetas. “whatever works” dice un personaje de Woody Allen.

Eres vegano y te sientes superior a los omnívoros porque no haces sufrir a animalitos inocentes por la necesidad de alimento creada artificiosamente por una industria desvergonzada. Eres feminista, incluyente, delicada en el trato con los demás, una verdadera ser humana, llena de vitalidad y pureza. ¡Bien, aun así no sirves de nada! Una serie de efectos adversos se generan por el simple hecho de tu presencia en este mundo. Nuestra simple existencia afecta y deteriora la existencia del resto de las criaturas. ¿Por qué? ¿Qué clase de sistema subsiste a base de la tortura, la injusticia y la crueldad? Pues de esto nos alimentamos todos. Nadie es inocente. Nadie es especial. NO hay un elegido. Las doctrinas de los elegidos (cristiana, islam, judía, buidista) son todas igual de pusilánimes y falsas. Dios nos odia a todos por igual. La compasión es la más sucia de todas las vanidades, pues nos hace creer que es posible sentir el dolor de los demás, ayudarlos y, lo que es peor, librarlos de un dolor que es genético, que todos llevamos inscrito en nuestra codificación más radical.

Nietzsche pensaba que el mundo valía la pena sólo como fenómeno estético. Quizá por eso hacer arte sea tan doloroso. Insignificantes criaturas tratando de darle sentido a un sistema universal caótico: “Con la ayuda de la piedra de un Caósofo, encontré a la Diosa Eris Discordia en mi glándula pineal (en el Canal Cósmico Número Cinco), y desde entonces he sabido las respuestas a todos los misterios de la metafísica, metamística, metamórfica, metanoicay metafórica…” dice el Principia Discordia, una religión que se mofa de las religiones y , sin embargo, resulta el más serio atentado en contra del sistema del Dios nefasto, de la dualidad y del redencionismo religioso y ateo (ambos, igualmente estúpidos).

Una vía caótica en un mundo en los albores de un Nuevo Orden.

El Principia, continúa: “Jesús no era el hijo de Dios en lo absoluto sino –como Él dice en la biblia, una y otra vez –, Él fue el Hijo del Hombre. Realmente, Su Misión era advertirnos y prevenirnos acerca de Dios – una computadora robot cargada con armas láser, ubicada en una estación espacial, enviada para regular o destruir la humanidad”

 

 

Si dormiste fuera de una tienda de Mac, para gastarte lo que ganas en una año o simplemente tu cheque de la semana en un iPhone, no eres cool, simple y sencillamente eres un idiota más de todos los idiotas que abarrotan este mundo. La violencia necesita ser reinventada, una violencia espiritual sin cuartel, dirigida por la discordia, el caos y la creatividad. Una violencia que no tema destruir todo lo que se opongo a su misticismo, a su vertical de ascensión rizomática, hacía mundos delirantes.

Una violencia artística, que no genere muerte sino vida.

Una inconcebible violencia que nazca del amor. Pero, eso del amor sigue siendo muy ambiguo, muy ingenuo, quizás.

Hablemos de deseos.

 

++++FIN+++

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