LUBRICANTES

poemario del escritor Uriel Martínez

"Una viscosidad que estimula"

 

Eriko Stark 

 

 

 

A finales de noviembre del año 2017 se terminó de imprimir el nuevo poemario del escritor Uriel Martínez. Lubricantes es un acercamiento íntimo a la historia de la vida de cualquier persona y sobre todo, el acercamiento a los pensamientos íntimos que nos acompañan a lo largo de nuestra vida como una segunda persona que interactúa con nosotros. A lo largo de 69 poemas —Número más acercado al equilibro entre dos personas cuando tienen sexo oral, número que representa del signo de Piscis y también el Ying y el Yang— distribuido en siete capítulos que ayudan a descubrir faces, personalidades integradas dentro del mismo autor.

Lubricantes, como su nombre lo dice, es la sustancia que ayuda deslimitar o quitar la áspera o dolorosa fricción entre dos cosas, también ayuda al cuerpo brindándole de una viscosidad que estimula a llegar a lugares tan desconocidos, alguno de ellos sería el orgasmo; sin la existencia de lubricantes, la penetración anal sería un acto de dolor y transgresión pura.

Esta metáfora del líquido que ayuda a cumplir ciertas funciones corporales y mecánicas tiene mucho que ver en la poesía. Cuando se leen los poemas, leemos historias inconclusas, historias que no terminan o son pequeños prefacios a los cuales les vamos a dar un empujón imaginando atmósferas con imágenes muy claras y otras veces poco nítidas.

Es importante reconocer que la obra de Uriel se sitúa en el cotidiano de una forma fuera de lo común. Cuando se reseña lo cotidiano como algo sorprende o que no le tomamos importancia debido a la repetición, sabemos que eso es una mentira. Uriel demuestra que lo cotidiano no existe, cada día y cada acción está plagada de diferencias, incluso la repetición es diferente. Cada poema habla sobre un tema distinto aunque puedan encasillarse en conceptos como la noche, la deterioración del cuerpo, el tiempo o la vejez; cada verso tiene su propio núcleo e historia con suma intensidad y pasión.

 

***

 

A finales de diciembre conocí a Uriel de una forma muy extraña, estaba sentado en una pequeña banca afuera de un Oxxo, vestía de ropas oscuras y tenía entre sus manos el poemario que leí con sumo cuidado. Fuimos a una librería Gandhi a revisar las ofertas, el tiempo corre diferente en otros Estados, había pequeños sillones y sillas para tomar café y poder revisar los libros con más calma, recuerdo que compró una obra de Fernando Pessoa y un par de películas. Comenzamos a platicar de diversos temas, pero era importante escuchar parte de su pasado cuando vivió en la Ciudad de México y la relación que tuvo con otros autores. El tiempo me ayudaría a entender el carácter fuerte y a veces ácido que representa su persona, mucha de su poesía tiene fuego y dolor, mucho dolor, tanto que es posible sentirlo en nuestros cuerpos.

Todos los días lee poemas y reseña en su blog, el número de entradas es incontable, casi nadie lee su portal, pero es una verdadera enciclopedia de la poesía LGBT en México y Latinoamérica. Después de charlar caminamos y terminamos en el Centro comiendo en un restaurante, poco a poco pude abrirme y confesarme, la situación que vivía en la ciudad me estaba agobiado por las noticias que vivíamos, pero pude darme cuenta de muchas cosas. Nos despedimos y supe por un momento que la vida gay siempre será diferente, pero existen oficios como la escritura que ayudan a reconciliar.

 

***

 

Leer Lubricantes es la reconciliación de las personas personas con el mundo y enemas, un puente a los sentimientos; es un libro que debe llegar a la esfera pública porque a diferencia de otras obras, esta clase de libros tiene la particularidad de quedarse en la mente. Los invito a leerlo, a dejarse llevar por las historias e identificarse con algunos escenarios, y también a darles un epílogo a estos poemas.

Me despido con uno de sus versos.

 

 

LA PERRA

 

La perra del segundo piso

llegó a la hora del ángelus,

por quinto mes consecutivo

portó entra una y otra oreja

un moño rosa desleído;

me pidió un gesto de buena

vecindad y le acerqué

un hueso salvado del basurero;

la perra y yo somos amigos

a partir un piñón desde

aquel entonces que compartimos

galletas Emperador de chocolate;

era una tarde soleada

de junio, cuando empiezan

las amistades duraderas

y fincadas en la honestidad;

ella sabe que somos

semejantes de pocas pulgas:

que se beba o no la leche

que le alcanzo, el hueso duro

de roer que soy o la galleta

integral, seremos amigos

aquí y ahora, allá y después.

 

 

 

 

Los hombres zanate en el Ritual de los olvidados

Hubert Matiúwàa

                                                                                                                   

“Mi gente quiso ser ave un día, /por el simple placer de volar sobre las nubes, /pero tardaron en decidir /y llegaron los buitres, y con sus filosos picos, /lastimaron al viento y le cortaron la cabeza.” Martín Tonalmeyolt  poeta nahua de Atzacoaloya, Guerrero, tierra donde los Ardillos y los Rojos han acorazado la nostalgia como costumbre, donde todos los días la tierra abre su vientre para recibir a sus hijos, aunque no sea su tiempo, las familias son desplazadas y las mujeres levantadas para ser violadas sin que nadie diga nada; “En las calles la moda es andar /con algo reluciente en la cintura. /Los más pequeños son muy aficionados a esa moda /y, por eso, algunos padres sacan a los hijos de sus casas.”

 

El Tlalkatsajtsilistle  ‘Ritual de los olvidados’,  título que da Martín a su primera obra poética,  nace del dolor de los sin cabeza, los sin brazos, los sin pies, tema relacionado con la inseguridad, que ha cobrado a muchos inocentes, el libro se circunscribe en una poética que toma desde la visión de los pueblos originarios la temática de la violencia generada por el control del opio, en ella encontramos animales de la memoria oral que se han transformado en seres carniceros, como los pájaros zanate,  para referirse a los hombres encapuchados que rondan el pueblo.

            Nuestro idioma es dinámico renombra el dolor desde el ojo en que mira el mundo, lo nombra para dejar testimonio  y sembrar la memoria en corazón de sus hijos, la palabra de Martín  florece de la muerte para cuidar la vida, demuestra a través de la metáfora las heridas que han producido estas aves de rapiña a nuestros cuerpos. Martín es otra ave, descendiente de un pueblo con cantos milenarios, como él dice;  “desde mi origen, he traído pegada  en la garganta un ave colorida y de bello plumaje que, según me dijo mi madre, voló y me dejó su canto.”

 

 

Chilapa es el escenario de la cacería, la tierra de los olvidados, los hombres zanate ofrendan gusanos y balas a la palabra, no hay secretos, el miedo ronda con su pico de acero: “Las veredas que pisas tienen sus espías /llamados hombres-viento, /mujeres-abuelas /y niños-flores,”. Al padre de Martín le preocupa el cambio de oficio de sus hijos:

 

“Mi padre está cruelmente molesto, /derrama amargas lágrimas. /Quiere arrancarse los ojos /y enterrarlos bajo tierra. /Reniega mirar a la calle /porque sus competidores /son más sangrientos que él, /hacen trizas a sus propios hermanos, /mientras que él /sólo lo hace con los marranos./ Por ello, /el corazón comienza a enfermársele. /Se le forman sismos en todo el cuerpo /porque, mañana o pasado, /sus nietos pierdan la vista /y lleguen a ser /carniceros.”

 

Martín escogió caminar con la palabra, para que a través de ella, miremos como ha cambiado su pueblo, por eso escogió ser poeta en el lugar más violento de México, ser poetas en estos tiempos significa: “Ser hombres, llevar en nuestro propio trabajo el sufrimiento humano, significa hoy, sobre todo, ser los intérpretes, los jueces, y si es necesario, los acusadores despiadados de nuestro tiempo. Porque la voz del escritor es una, pero la sustancia de su voz, su móvil, su justificación, son todos aquellos que lo circundan y lo inspiran”. (Russi, 1967.)

La violencia en Guerrero tiene sus propios matices, lo que con el tiempo alimenta trabajos como el de Martín, tan acostumbrados como estamos a una sociedad en donde los diarios publican imágenes de cuerpos mutilados, cadáveres, enfrentamientos armados en todos los Estados de la Republica, se hace necesario nombrar las palabras para que sean aves mensajeras, como ritual nos liberen del olvido y de la muerte.  “No es lúcido ver una ciudad antes tan religiosa /llena de artesanos y campesinos /la cual hoy es invadida por tanques de guerra /y hombres con rostro de zanate.”

Nuestra palabra jamás la podrán ejecutar, hacerla pedazos, colgarlo en los puentes, nuestra palabra seguirá encendiendo las velas para que regresen nuestros desaparecidos, seguirá siendo manantial para nuestros hijos, que un día levantarán nuestra sombra del miedo, desterrarán de nuestra tierra a los hombres zanate. Como bien lo precisa Martín, “Cuentan que a mi lengua náhuatl /le han cortado la cabeza, /amarrado los pies /y vendado los ojos. /Yo, un hombre de Atzacoaloya, /mostraré lo contrario, /ella tiene cabeza, /goza de pies ligeros /y una vista inalcanzable”.

            Martín es uno de los escritores que en México han llamado “la nueva generación de poetas indígenas” ante esto,  es necesario llamar la atención:  Que nos dejen de llamar escritores en lenguas indígenas, que nos dejen de enfrascar  en ese concepto de índole clasista y racial, somos poetas que escribimos desde una filosofía y poética propia, como cualquier cultura del mundo, escribimos la realidad cotidiana de nuestros pueblos y exigimos el respeto a nombrar y que sea nombrada nuestro idioma como debe ser, en su lenguaje original. Somos consecuencia de los poetas que nos antecedieron, para nosotros solamente hay un camino en la que cada tiempo tiene sus relevos, en donde cada historia vale por que hace crecer nuestra voz en colectivo, no enterramos a los que nos anteceden, somos parte de una sola voz que desde un principio se negó a morir y buscó cobijo en cada uno de sus hijos, no somos nuevos, no venimos de la nada.

            En México hay una guerra que nos está deshumanizando y no solamente la poesía tiene que nombrarlo, hay que volverlo oídos y ojos de todos, no miren a los poetas,  escuchen lo que dicen, la palabra permanecerá sobre los cuerpos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Hubert Matiúwàa (1986). Pertenece a la cultura Mè’phàà. Estudió la Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Guerrero, Maestría en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Es autor de los libros Xtámbaa/Piel de Tierra. (2016) y Tsína rí nàyaxà’/ Cicatriz que te mira, (2017).

 

 

 

 

 

Todo el equipaje


Antología Poética

Como plumas de pájaros 
Chary Gumeta 
Biblioteca Chiapas, México, 2016

Por Víctor Hugo Díaz

 

 

 

 

 

Desde el principio y hasta el final de este bello e intenso libro, es como abrir y cerrar una maleta de viaje, como la vida, un abrir y cerrar los ojos, una maleta con todo el equipaje que llevamos muy adentro.

Como plumas de pájaros es una Antología que unifica lo más significativo de la obra poética de Chary Gumeta, poeta mexicana. Pájaros que siempre están en viaje, pero de algún modo también, siempre anclados a la nostalgia y a lo que ha quedado atrás: personajes, voces, cuerpos, lugares.

Una voz poética permanentemente atenta, con los ojos abiertos como un chillido en el oído de un sordo, pero a la vez con temor a la finitud y a estar a solas rodeada de muertos e iniciar un viaje a ninguna parte.

Hay alguien que deja sueltos los pájaros en enero pero no sabe cantarle al fuego, pero sí a los corazones que arden entre los surcos de un poema.

Como señalaba, un gran peso de este equipaje son las pérdidas, lo dejado atrás y que ya no es, se quedaron en aquella fecha/ que borré con la primavera o te volviste aire para quedarte con nosotros.

Otro peso importante es el sentido crítico y social, hablar de la acción, ya que mientras se escriben líneas unos padres buscan desesperados/ a sus hijas e hijos desaparecidos… hasta entre las piedras más pequeñas de su pueblo. y la cobardía me ha llevado/ a la tristeza y el desgano,

El equipaje contenido en esta Antología se desplaza como plumas de pájaros eludiendo los controles, evadiendo a las aduanas del sentido y la memoria; su contenido no es más que el peso de lo real, la poesía, es decir el peso de la experiencia: como morir cada día, como las caracolas que te cuentan un secreto que todos saben. Sólo quemaduras de luciérnagas actuales, pero a pesar de todo: el sol y la añoranza ya están entrando por la ventana.

Madrugada , Santiago de Chile, febrero, 2018

 

 

 

 

 

De ausencias

Al abrir la puerta de la casa
el silencio pregunta por él,
este estar a solas
no le hace bien a los sentidos.

 

Habla con los ojos
quizá te escuche,
regresa al quicio de la casa
y en compañía
reanuda la aventura inconclusa.

 

Sé que lo has querido
lo has tocado en torrentes
has acariciado su rostro
y tus manos reclaman su ausencia.

 

Hoy,
al abrir las ventanas de la casa
te gritaron su dolor
por no encontrarlo,
preguntaron por tu sentir
que miraban desde el horizonte.

 

Y esa cocina solitaria
está triste,
ya no prepara alimentos.
Sólo tienes la certeza
de que el llamado de las horas
destrozan tu corazón
y nadie te consuela,
tiritas bajo el manto de la noche
mientras navegas
sobre mares de recuerdos.

 

La llegada de los pájaros
anuncia el amanecer
y él no está;
persiste su falta de cuidado,
de sentimientos, de estar contigo,
te convences por fin
que no has aprendido
a andar a oscuras,
necesitas la lámpara de sus deseos
para encontrar esa boca reposada
que te hable de amor,
de nostalgias,
del desamparo.

 

 

Para mi padre, a quien aún sienten mis manos

La noche abre sus puertas, 
me reciben las tinieblas 
y en sus labios la señal del silencio. 
Un vacío enorme vive en la casa 
desde que te fuiste.

 

Entonces mis lágrimas te extrañan, 
mis manos te extrañan, 
mis ojos te extrañan. 
Ya no te escondas en esa soledad fugitiva de mi vista 
donde la memoria juega a solas 
a olvidar el recuerdo de tu sombra, 
insisto en espiar tu rostro.

 

Mis pies sensitivos 
son torpes ante el tropiezo con la vida, 
pobres
necesitan caminar sobre estrellas 
para arrancar las costras de las heridas.

 

Padre, hijo, hermano, 
descansa,
sé que duermes a solas con fantasmas, 
mientras respiro el llanto en tu ventana 
me acostumbro a mirarte en tu retrato.

 

 

 

Vienes a veces, Marcela, 
en tropel incontenible, 
arrebatada y loca.

 

Tus entrañas 
deshacen virtudes, 
se convierte en refugio de animales. 
Con paciencia y por costumbre 
te levantas a encender el fuego.

 

El calor de tus manos 
descubre nueva vida, 
el día renace, 
la savia también.

 

 

 

En la expansión de la memoria 
vive la nostalgia, 
es habitación llena de espumas 
donde se esconde el recuerdo 
de quien va al encuentro 
con estrellas.

 

 

 

Llueve, 


es diferente a las lágrimas. 
Más bien, 
es el zapateo 
de un ejército de hormigas. 
Llueve, 
nada es diferente 
sólo que ha mojado 
mi cabeza.

 

 

 

 

Soy la desconocida de tu vida 

 

pececito ignorado en la pecera 

saltimbanqui de perro callejero.

 

¿Dónde comienzan mis pasos por ciudades, 
sabe alguien? 
¿Dónde me pierdo 
con burbujas en la piel sobre la calle? 
Sólo en el rincón 
encuentro el camino de la tarde.

 

Empieza la aventura pasajera, 
ignoro si Dios me mira silencioso 
o con gritos fascinado por las sombras.

 

La voz camina con el eco, 
se ensombrece con las aves, 
no acepta el silencio cuando no hablas.

 

 

 

Si usted devela este misterio 
es una bestia 

Ch. G.

 

 

 

Mi casa se encuentra a la orilla del acantilado. 
Todos se acercan con el miedo en las manos 
ofrecen una disculpa por sus vicios sin sosiego. 
El que no tiene temor 
es un tonto que quiere jugar al valiente, 
sólo vivirá hasta que el cobarde quiera.

 

Cada hombre es constructor de sus ideales, 
camina sobre su destino con un látigo en la mano 
espantando los obstáculos, 
con improperios, 
hace malabares para que no entren en su casa.

 

Que todos sepan que la inmundicia está viva 
y se introduce en los hogares impunemente 
donde la virtud se ha tirado a la basura 
y las buenas costumbres se han echado al inodoro.

 

En mi casa, 
los pájaros anidan en la cabeza de Medusa
y siguen vivos, 
así la tarde penetra en la rendija de mis años 
y aún camino.

 

 

 

 

 

 

 

Chary Gumeta (María del Rosario Velázquez Gumeta) Chiapas, México.Licenciatura y Maestría enfocados a la Educación, Promotora Cultural de arte y Literatura. Ha publicado en diversos medios de difusión, Libros de investigación histórica regional y Libros de poesía entre los que podemos mencionar:

  • VENENO PARA LA AUSENCIA (PublicPervert, 2013, México; 2ª Edición, Argot Editores, Guatemala, C.A.)
  • PERLAS DE OBSIDIANA (Espantapájaros Edit. 2014, México)
  • POEMAS MUY VIOLETAS (Edit. Metáfora, 2016, Guatemala, C.A.)
  • COMO QUIEN MIRA POR PRIMERA VEZ UN UNICORNIO (Edit. La Chifurnia, 2016, El Salvador, C.A.)
  • COMO PLUMAS DE PAJAROS (CONECULTA-CHIAPAS, SC., 2016, México)
  • BAJO LA SOMBRA DE LA CEIBA (Edit. Poe, 2017, Guatemala, C.A.)
  • TAMBIEN EN EL SUR SE MATAN PALOMAS (Edit. La Tinta del Silencio, 2017, México)

Ha sido incluida en antologías de varios países entre los que podemos mencionar “Y PORQUE NO PODEMOS CALLARNOS” (Edit. El Perro Celestial, Bolivia S.A.), POETAS POR AYOTZINAPA. ANTOLOGIA BILINGÜE. (México-EU., Edit. City Lit.) EL TURNO DEL DISIDENTE (Edit. Metáfora, Honduras, C.A.), por mencionar algunos. Ha participado en Festivales de Poesía en varios estados de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Perú, Argentina, Bolivia, Colombia, España y Francia. Su poesía ha sido traducida al inglés y a las lenguas originarias Zoque y Cakchiquel.
Ha Presentado libros y realizado conversatorios en Ferias de Libros como la FILCH-FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO CHIAPAS-CENTROAMERICA (Chiapas, México 2012 AL 2016), FIL GUADALAJARA (México 2015 Y 2016), FILGUA (Guatemala 2015), FLEX (Quetzaltenango, Guatemala 2015), FERIA DEL LIBRO DE LEON (León, España 2015), FERIA DEL LIBRO DE TOULOUSE (Toulouse, Francia 2015) FILIJC (Guatemala 2016). Como ponente ha participado en el VII y VIII COLOQUIO DE CULTURA MEXICANA DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA (2015 y 2016); 1er COLOQUIO DE HISTORIA Y SOCIEDAD EN LA LITERATURA EN CHIAPAS (2017), organizad por la UNACH.
Ha sido jurado en la categoría de Poesía en el Décimo Tercer Concurso Literario Gonzalo Rojas Pizarrro 2015 de Lebu, Chile. Por su trayectoria ha sido reconocida por el Suplemento Cultural Rayuela del periódico Péndulo. A través de la antología VOCES DE AMERICA LATINA (Edit. MediaIsla, E.U.), sus textos son parte de la cátedra de Literatura en la Universidad Hunter College of New York.
Como promotora Cultural realiza eventos culturales de arte y literatura en diferentes lugares de México y otros países. Ha contribuido a la relación cultural de algunos artistas extranjeros con Chiapas a través del intercambio. Actualmente es coordinadora del Festival Internacional de Poesía Contemporánea SCLC y de Literatura en el Festival Multidisciplinario Proyecto Posh.

 

 

 

Sin perturbar la hierba camina la poesía;

 el hombre frente a la inmensidad de la intrascendencia

 

Por Adriana Tafoya

 

Yo estoy cansado.
                        Miro
esta ciudad
               —una ciudad cualquiera 
donde ha veinte años vivo.

Todo está igual.
                      Un niño
inútilmente cuenta las estrellas 
en el balcón vecino.

Dámaso Alonso

 

 

Con un verso  de tono arrebatado y a la vez reflexivo,  Arturo Cosme Valadez escribe este libro que contiene la reunión de catorce poemas de  1980 a 1995, enmarcados en 92 páginas, con apoyo de la UAM Iztapalapa  y Ediciones El Lirio, previsto para un  tiro de 300 ejemplares.

Sin perturbar la hierba, (verso de Ezra Pound), es el título que decide dar a este libro su autor, así comienza a nombrar su poesía; con la evocación primigenia, con el aliento de un nacer cimentado en este verso, que  nos obsequia la impresión de un deseo por parte del autor, de ser observado desde  lo imperceptible, lo intrascendente, lo pequeño.

  El libro parte con este epígrafe: “…Y los días no son plenos/ y las noches no son plenas/y la vida se desliza como rata campera/ sin perturbar la hierba”. Versos del  ya mencionado Ezra Pound, plenos de oscuridad y luz a su vez.

Pienso  aquí se puede apreciar la apuesta poética del autor por unos versos lúdicos, impuros, irreverentes y llenos de desconcierto.

Ya señalado está en el texto de contraportada cuando se lee:

“En el escenario de la ciudad, estos versos nos llevan al interior de nosotros mismos, descubriendo nuestros propios dolores, preocupaciones y ocios escondidos, a partir de un lenguaje doloroso, original y al mismo tiempo irónico. La rebeldía de la voz lírica, que sabe reírse de sí misma, es estática, resignada y se solaza en este tiempo impregnado de desconcierto.”

El comentario es acertado, pues el libro nos entrega  penumbras, gracias al florido uso de la palabra en los versos, provocando un espesor, una atmosfera densa. Daré un par de ejemplos: 

“Huía el arlequín en su ajuar cubiculado

 cuando izó su bandera el bajel filibustero,

 cuando su fragata de muertos neblinosos

 arqueó las perspectivas del vacío,

 el dique de los años,

 el cándido rompeolas de una concha cobarde:”

 y  “son los filibusteros de la sombra,

 salteadores de sueño emboscado a la tarde

con ejércitos bobos de guacamayas verdes;

 acechan en las velas

 de los buques que van cargando al día;

 en los mascarones hembra de las carabelas

abren trampas con senos para raptar  al viento:”

También se lee  no sin intención de parte de Arturo  Cosme,  el borbollón de divagaciones y absurdos, semi imágenes e imágenes lúdicas,  variadas contradicciones y juegos de palabras y significantes.  Tal vez un propósito del autor fue tratar de concientizar la raíz de las palabras. Encontraremos que  a la vez  introduce en diversos poemas algunos elementos de la poesía visual.

Mediante esta propuesta, el lector evocará a poetas como Yeats, por los temas urbanos, de academia y oficina. Por dar ejemplo cito:

“Mi corbata es pulcra, mi traje irreprochable.

 me digo antes de entrar: están perdidos;

 me tratan muy bien, son muy corteses;

 y yo me doy tres vueltas en el piso

 les beso la mano sin babearla

 soy amable, engreído, les miento:

 les digo que sé todo y me creen,

 repito que no los necesito”.

Tal vez  nos recuerde un poco  a Pessoa, por el aire de algunos versos y reflexiones, donde afortunadamente el autor les da un vuelco en el disparate.  Y por último al poeta  Dámaso Alonso, por los temas que prevalecen en el libro; el hastío, el dolor, la impotencia ante un pluriverso con multiplicidad de significantes y ninguno; la insignificancia del ser humano trabajador, académico, hombre envuelto en sus afectos, polvo entre la infinita  hierba de la inmensidad. Cito unos versos del poema “Monstruos” de Alonso para demostrar esta empatía:

“…qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan, 
igual, igual que yo les interrogo a ellos. 
Que tal vez te preguntan, 
lo mismo que yo en vano perturbo 
el silencio de tu invariable noche 
con mi desgarradora interrogación. 
Bajo la penumbra de las estrellas 
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar, 
me acechan ojos enemigos, 
formas grotescas me vigilan, 
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos, 
estoy cercado de monstruos!”

Encontrarán versos de Cosme Valadez para ejemplificar este ligero acercamiento empático a los autores mencionados en diversas páginas del libro; extensión lírica desde una perspectiva aunque paralela, distinta: “debatirse, sudar, dar nuestro grito de alegría, ser otro de placer y no ser nadie”.

Todos estos textos  y demás elementos,  nos dan un coctel que construye  cuatro nocturnos asentados en la tradición. Y otros brebajes de poemas de sabor melancólico, de soledad, frustración, de amor y desamor, del entumecimiento social  y de la intrascendencia del ser.  Un libro que puede considerarse estar decididamente ligado a las preocupaciones masculinas más intensas por el tono de sus cavilaciones vertidas en su páginas.

Hay dos poemas que a mi opinión resultan  sobresalientes; “Hombre mirando a la calle” y el apartado cuatro de “Nocturno muerte” en la página 49. También estrofas de las páginas 90 y 91 del “Poema del oficio”, estas por funcionar como especie de manifiesto irreverente, que demuestra una conciencia demasiado humana y visceral del arte de escribir, del oficio del poeta.

 

Sin perturbar la hierba, Ediciones del Lirio 2017.

 

 

 

Sobre De fragmentación de Rossana Camarena

(Texto presentado dentro de la FIL de MINERÍA 2018)

Daniel Olivares Viniegra

 

Todo parte, al parecer, de una sencilla fórmula:

 

En un topacio,

depende de la hora del día

pueden caber

una noche estrellada

o una perla

 

De tal manera lo ha dejado dicho, anunciado o conjurado, el poeta argentino Néstor Cheb Terrab… Y siguiendo otra divisa de este mismo autor, ahora la de:

 

no aguar

en el interior

la fragancia…

sin romper

la semilla

deconstruir

sin romper

el corazón

 

… es que la autora jalisciense Rossana Camarena Meillon, con base en los textos de La fauna de un topacio,  poemario producto de la pluma del escritor antes citado, se da a la muy afanosa tarea de refundar otro universo, ese su propio universo…  (ahora también este universo para con nosotros amable y muy bellamente compartido).

El elemental ejercicio poético así tan sencillamente planteando, desplegado cuasi apenas binariamente al enfrentar/confrontar/deconstruir/desplegar dos visiones/ contraponer simplemente dos espejos… como ya se intuye, es capaz de generar efectos infinitesimales, y no solamente eso sino que al intervenir igualmente el siempre sólo aparente azar da por resultado esta inspiradora y re--inspiradora fractalidad a la que tenemos el placer de asomarnos.

He aquí la maravilla de las simplezas básicas, tal como aquella que nos recuerda que (4) (IV) elementos químicos (Carbono/ Hidrógeno/ Oxígeno/ Nitrógeno), junto con la luz, son las más de la veces la clave detonadora de casi todo lo que es y existe, al menos como materia viva. Pero aprovechemos también la alusión del carbono para (a)tender la analogía poética pertinente… y quizá --en su momento-- si no “entender” sí admirar las respectivas covalencias que Rossana Camarena cataliza mediante el elemental artilugio de la palabra: desde meros polvos curativos (o inocuos venenos), hasta las duras o porosas piedras con las que reconstruye su esencia, su cuerpo y su alma… lo mismo que las piedras preciosas (topacios inclusive) con cuya luz pura y fulgente al final adorna su recuperado cuerpo y alegra su mirada, al tiempo que nombra y por tanto genera (nos recuerda) todos los estados (colores, aromas, texturas) pertinentes por los que pasa o se manifiesta pausada o alegremente (es decir se sol/aza) la materia viva o inanimada… Suma a ello la natural e irrenunciable música de la palabra por lo que hechicera o alquimista, maga-diva o sacerdotisa al fin, mientras nos explica (por supuesto soterradamente sólo una parte de sus fascinantes trucos), despliega ante sí  y ante nuestros admirados ojos y oídos estas básicas sustancias (lingüísticas y paralingüísticas) con la que incluso desde su ausencia se genera la poesía y que son a la vez sustancias-elementos que nutren el potencial universo que nuestra poeta habita (y en el que transitoria-ilusoriamente también por instantes la acompañamos).

Tal pues, la puesta, la apuesta… y sencilla y abiertamente la maravilla: la apropiación y génesis de un nuevo universo, a su vez, conformado apenas con unas cuantas palabras: las únicas, las necesarias y casi las más sencillas, lo que lleva a la comunión de y con los elementos, cuyos detonantes y fuentes: algunas semillas, la tierra, el aire, el sol, el agua; los brotes y los frutos y/o sus fáunicos seres… nos permiten paladear la propuesta de este libro y (a través de él) a su circunstancial ancestro.

Con todo, y más allá de este decantado y aceptado artificio, hemos de destacar que los cantos de Rossana, desde sus irrenunciables oficios de Eva (¿o he de decir, nada prosaicamente, desde su afortunada e irrenunciable condición de mujer?), son igualmente adámicos ejercicios de aceptación, ansia de libertad soltura y vuelo, lo mismo que de afirmación y expansión, bien hacia el universo íntimo, bien hacia el fatigoso cosmos, inabarcable e infinito, más no por ello menos admirable y disfrutable. Y son erotismo, por tanto (danza natural de los animales humanos)… lo mismo que cantos, odas, breves himnos para con el propio oficio de la palabra, por lo que rasgueos previos o pespunteos firmes despliega en todo momento esta cantora, quien no desdeña tampoco la alabanza a otros oficios, así al orfebre, al hortelano, al alfarero…

En lo visual igualmente este propositivo rompecabezas, tiende y propicia su propia cancha o terreno, las más de las veces sin mayores reglas o con sus propias normas (como la ausencia de signos de puntuación y la sólo aparente división de un largo poema en breves poemas, los cuales, a su vez, pueden desplegarse encadenados o no); privilegia con ello el disfrute (el paladeo) y el reconocimiento de los hallazgos propios o del otro (e inclusive los propio o los dejados intens/cionalmente al alcance del lector).

En otro juego óptico y conceptual (un imaginario lejano y otro cercano) que implica concebir al Topacio ya como una isla o apenas como un minúsculo corte de piedra… o en el empeño de usar ante todo las palabras del poema original, la poeta apenas, pero suficientemente, se ha dado licencias para dar cuenta tanto de su personal prosapia como de uno que otro simbolismo nacional.

Si he de creer en la magia he de decir que igualmente el topacio es mi piedra intuitiva por elección y quizá por destino; tras ese nítido azul o sus dejos y reflejos no puede sino adivinarse la poesía, alfa y omega; principio y destino final con el que habrá que reconciliarse la última e inclusive sempiterna mirada de nuestros yertos ojos.

Es de felicitarse ampliamente  entonces este gran ejercicio poético de Rossana Camarena, Topacio ella misma; ella y su mirada; espejo frente a espejo; reflejo (multiplicado) todo el tiempo… Me quedo en el mío, y ella conmigo: ella la mirada y el tiempo, viniendo, yendo, girando…

 

 

***

 

Rossana Camarena, De/fragmentación, Guadalajara (Jalisco), Viejo Cartonero, 2017.

 

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Rossana Camarena (Guadalajara, Jalisco, México, 1968).

Estudió Diseño Gráfico en la Universidad Autónoma de Guadalajara. A lo largo de su trayectoria ha participado en talleres con reconocidos escritores. Actualmente pertenece al taller de

escritura “Al Gravitar Rotando” dirigido por Óscar Tagle, mediante el cual organizan también importantes eventos de promoción literaria y desde 2013 publican un Anuario de Literatura

Breve, ello bajo el sello de casas editoriales como “Dos Filos” y “De lo Imposible”.

La colección la Ronda de los Solos se imprime bajo el sello de la propia editorial (Al Gravitar Rotando) y cuenta ya con veinticinco tomos publicados.

Desde 1996, Rossana Camarena ha publicado en varias revistas y periódicos. Ha sido invitada a varios programas de la red de Radio U de G y C7. Es autora del plaquette Sombra de agua (El Cálamo). Y ha participado en las antologías Niños que se tragan la luna (El Cálamo), Verbo Cirio (Literalia Editores), Al Gravitar Rotando (La Zonámbula) y Hecho a Breve.

Participó en el XX Encuentro Internacional de Poetas en Zamora Michoacán coordinado por Roberto Reséndiz y recientemente en el VIII Encuentro Internacional de Poesía en Galicia, España organizado por el Círculo Poético Orensano presidido por

José Ramón Fernández Morgade.

Su última publicación individual Una mujer, un libro (La Zonámbula) circula por varios estados del país. Su última publicación colectiva “Charlas de Café” (Editorial

Viento Azul) coordinada por la escritora Angélica Domínguez ha sido ya presentada… Mujeres escritoras de mi ciudad, coordinado por Silvia Quezada (Escritora e Investigadora de la UNAM) está actualmente en prensa.

 

 

 

ANGUSTIA Y RABIA DE LA PALABRA. CINCO AUTORES FRANCESES.

 Miguel Ángel Real

 

Cinco autores franceses se inscriben en nuestra Piraña transoceánica aportando preguntas sobre la rabia que encierra el lenguaje y sobre el misterio de los silencios. Catherine Andrieu, Laurence Bouvet, Eric Dubois, Jean Hourlier y Paul Sanda respondieron a nuestra invitación en la que la única condición consistía en huir de los senderos trillados de la poesía convencional, evitando a cualquier precio los versos “à l'eau de rose”.

 

No dudamos en que los cinco autores propuestos superan con creces nuestras exigencias, ahondando de maneras diversas en la búsqueda de un modo de expresión lleno de intensidad. Por ejemplo, los poemas escogidos del libro “Comme si dormir” de Laurence Bouvet parten de un tema clásico, el de la pérdida de un ser querido -en este caso su madre-, pero el hallazgo consiste en aportar un lenguaje que se inspira léxica, semántica y sintácticamente en el mundo infantil pero que se hace muy personal para expresar mejor el desgarro, evitando en cada verso la tentación de caer en el pathos fácil.

 

He perdido a mamá cuenta hasta tres

Un martillo aplasta mil abejas en mi frente los años

Toda la vida por siempre tenía una madre -ya no-

Pues tengo cinco años

Jesusito           ¡como se muera te mato!

 

Por su parte, el texto de Catherine Andrieu aporta una sensualidad intensa y cruda con ecos simbolistas y surrealistas, pero apoyándose (como en el poema expuesto el mes pasado en la Piraña) en una realidad concreta a la que la poeta se acerca sin miedo. Al mismo tiempo, el recurso frecuente a las frases cortas en algunos de sus poemas es una manera de cuidar y destilar el lenguaje para alcanzar una intensidad de significado total, creando una simbiosis de fuerza y concisión.

 

“Mi amor por ti es más ardiente que el sol que irradia en mi vientre. El fuego... Correr, zorro fantasma, de alucinación en alucinación. No conozco ningún remedio a la Angustia, planta acuática Carnívora...”

 

Esta definición nos sirve para hablar de Eric Dubois; si su estilo conciso se aleja en general del de Catherine Andrieu, lo que tienen en común estos dos autores es su compromiso con el mensaje poético. Dubois propone una obra homogénea en la que, retomando mis palabras de un artículo aparecido en la revista española La Galla Ciencia, “reivindica sin cesar el papel indispensable de la poesía en nuestra sociedad y aspira a hacernos comprender la importancia de esencializar el valor de la palabra. Precisamente, el lenguaje, las palabras, las frases, constituyen una temática recurrente de su obra, en la que son presentados como elementos constitutivos del ser pero siempre dentro de una fragilidad patente a la que a veces no sabemos plantar cara: todo se derrumba si el mensaje no tiene repercusión alguna”.

 

“Escribir es tutearle a la muerte

Decir lo imposible

Escribir o morir

Dejamos la palabra como herencia.”

 

Paul Sanda, por su parte, es un autor lleno de misterio, con una voz claramente apegada al esoterismo y al surrealismo, en el que descubre incesantes evocaciones del ser deseado y de los paisajes que le rodean, especialmente marino e insular. La forma barroca ysalvaje de sus textos, rehuye el silencio y no calla ningún sentimiento, haciendo de su poesía un deleite carnal.

 

desvestirse – retroceder lentamente – ser tapizado de colgaduras

en el esplendor, & el olor de la marea del aire

sobre el cuerpo exangüe: mi dolor contra el suyo

decir que soy sin color (carne y sangre, sin embargo)

 

En cuanto a Jean Hourlier, su lirismo preciso, nunca excesivo, es una interrogación sobre el sentido de la vida y del lenguaje. Es un poeta que también es plenamente consciente de los límites del verbo y que consigue traducir la frágil relación de las palabras -por supuesto indispensables- con los seres y las cosas, que las necesitan para no desvanecerse.

 

Y tú esperas -

el rudo refinamiento de los meteoros,

el verbo oscuro perforado por el verbo irradiado,

frente a este pozo vertiginoso donde se disuelven las voces amadas. “

 

Las palabras de Pierre Grouix para hablar de Paul Sanda pueden servir para concluir y hallar un punto común entre las obras presentadas: van a leer ustedes una poesía “que sufre, y que hace daño”. Proponemos pues cinco ácidas reflexiones sobre el papel del poeta. Cinco escritores, pero en ningún caso cinco demiurgos; seres conscientes de que la voz pética es indispensable pero sobre todo friable. Cinco autores atrapados entre la rabia y la angustia que procura el saber que el lenguaje es al mismo tiempo un arma y una alambrada, un instrumento para medir nuestra relación con el cosmos y un límite que tal vez no nos permita sino contemplar nuestra propia sangre sin esperar hallar respuestas al final de un verso. .

 

 

 

 

Palabras de Ivan Leroy Ayala

a Rostros de ese reino de RAÚL RENAN 

 

 

Finalmente se atrevió por principio. Poeta en cama de hospital -no digo más-ha tenido la revelación. Su semblante en piel poblada por capitulares sagradas te hace cerrar los ojos para recordar todas las queridas cosas que han tenido sentido en la quietud de tus palabras. Aquí todos ya hemos dejado de creer ciegamente en la inutilidad de los dioses. En la oración al oro. En la culpa como precepto de una religión para la muerte. En el sufrimiento como vía para la alegría. En la salvación como fin obseso. En el poder. Ello no aparta y si alimentan nuestra profunda devoción por la palabra, por las ideas, por los hombres que le dieron a la humanidad Y no se dieron al dolor. Esto es la mística. La conversación del hombre con el Verbo mismo. La reinvención de los sentidos rostro a rostro con la palabra. El desvelo testamental del corazón hecho coraje que leemos de la única forma posible, el lenguaje. Comienza Raúl en la cuna de cartón a deletrear los nombres de lo prohibido. Balbucea el nombre de Dios masculla el poema criador de los viejos para el ave barro.

 

allá

En la tierra de las ceibas sagradas

-axis mundi  como ejes de la carreta

donde se mezcló la sangre indígena de la resistencia maya

y la del aventura del conquistador perplejo

frente a tus fantasmas

en la tierra de los laberintos subterráneos

alushes y doncellas

Aprendieron a domesticar dinosaurios Y oraciones perpetuas

nació el hombre mitad jaguar

mitad lobo de los mesteres de juglaría

se sentó frente a la mesa para tomar café                  Y  deletrear

el otro nombre de las cosas

Para transformarlas           de cosas simples y desgraciadas

                                                                            en queridas cosas.

 

Los dioses -que también tienen sus propios dioses-dicen:

que saben

que dicen que lo conocen

que en el saludo que se recibe cuando se le extiende la mano

habita una especie de extinción de generosidad

y aliento humano que hace desbordar la ceniza

el café las las tazas

                                la música de las palabras pronunciadas.

 

Dicen los guerreros de la poesía

que sus líneas de la mano son las líneas de su poesía

que la quiromancia es la clave para entender su vida

como la inteligencia

la clave para leer su mano.

 

Sostiene un lápiz que suele perder en cada mesa

dos o tres por poema

pero cada amigo le regala un lápiz

y con todo y pérdidas

tiene libros

como lápices como amigos

como pérdidas

como poemas.

 

Raúl Renán comparte con sus hijos

la sabiduría es de todos

dice un poema que le causa risa

cuando tenemos ganas de enjugar una lágrima

dice lágrimas del poema

entonces las ganas nos dan risa.

 

A menudo sabe que la prudencia otorga mas que la palabrería

aprendió de la zorra y las uvas

qué en la poesía se gasta más goma de borrar que plumbagina.

 

Hace poco estaba muy enfermo en el hospital

su cuerpo niño envuelto en sábanas

hojas en espera de ser

                                     y de ser llenadas de versos

que reposaban hambrientos a la pared

nos dio tanto el miedo

pero su mirada jamás cambió a sus ojos

 

su espalda se mantuvo al pie de tu cabecera

 

Sus palabras denotaban la seguridad de un hombre

cumpliendo

              -un trámite con la vida-          un diálogo con dios

días después ya planeábamos el siguiente libro

la siguiente lectura

el siguiente taller

los recitales            las hijas,      los nietos

los viajes en sí mismo

y en los demás.

 

La Enfermedad fue como un cuento voluntad:

ª tenía otro sentido cuando fue escrita.

Las palabras (tus palabras) han querido que así no seaª

Renán es un hombre que el sello de honor ah su testimonio

dio su palabra

así anda por el mundo reinventando el verbo y sus silencio.

 

Es un rebelde contra la ley

sabes que la mayúsculas se ganan con el sudor de los actos nobles

su vida es sus sonetos

experimento inagotable

                            congruencia encabalgada

nos hace pensar en una sola frase

una sola convicción

toda la poesía

todas las cosas y los hombres

por la alegría de afirmar la vida con dignidad

78 años y más

 

En todos quienes te amamos

Tu palabra hace que el vino sepa honrado

corazón de poeta

almirante de la palabra

cuerda tensa de la ballesta que dispara la flecha precisa al  yelmo

 

hijo nombre de San Sebastián

que llena la oquedad

                         con la miel

De sus lindas                            padre poeta

                                                                     Hasta en tus olvidos

nos recuerdas la presencia incisiva de tus

huesos

Cantas la vida                                           la mujer prohibida

la compasión por el miserable

la denuncia del  latrocinio

                como falta de mundo y  ortografía

parece que lo escribes en hojas blancas

escribes en papel de partitura

palabras de pentagrama.

 

Tus hijos

los que comemos de tu pan de tribulaciones

los que aprendimos escribir que es renunciar

estamos seguros de ser

semilla sembrada en los surcos de tus heridas

en las hendiduras de las arrugas de tu frente

 

y ya te hemos dicho qué somos

                                      

                                           Blanco de tus heridas

                                           por flechas exactas

                                           que nacen con más heridas

                                           por tu cuerpo

                                           de las mismas cicatrices

                                           te devoran tu piel

                                           tatuada de hijos sin brazos

                                           con lengua de tu ballesta

 

Somos semillas de tu laurel.

 

 

 

ANTIPARRAS

DE DANIEL OLIVARES VINIEGRA.

VARIAS POSIBILIDADES DE LECTURA

 Eduardo Cerecedo

 

 

Siempre es un gusto saber que un poeta nos invita a la lectura, editando un libro de poesía, pero, sobre todo,  es saber que lo continua haciendo de una manea ascendente. Desde Sartal del tiempo al libro que hoy nos ocupa, a grandes zancadas ha ido dejando atrás, lo que en un principio fueron dudas, quizá, el temblor del joven artista lo padece la primera obra poética. De ese caminar se ha quedado con el fulgor del brillo. Atar de sol (de) sol, Premio Interamericano de Poesía, Navachiste, 1995,  que tuve la fortuna de reseñar, pude observar, que Daniel Olivares Viniegra ha solventado su visión de la poesía, entregándonos verdaderos cuerpos lingüísticos, cuya fuerza literaria lo mantiene en ese orden del bien hacer.

 

    Ahora Antiparras, su nuevo material de poesía, en él podemos mirar, observar, leer, para un mayor gozo personal, quien tenga en sus manos, este libro, podrá comprender por qué el poeta, se ve con la necesidad de jugar con la realidad, para saberse liberado del algo que lo contenía, como un sarcófago, un ataúd, una jaula, esa posibilidad de escritura lo pone de manifiesto como alguien que se arriesga  con lo propio, los poemas breves, brevísimos. Pero ¿por qué Antiparras? Veamos que significa la palabra Anti: elemento compositivo que entra en la conformación de algunas voces españolas con el significado de opuesto, o con propiedades contrarias, Antigripal, antihigiénico. Hasta aquí la cita.  El poeta da fe de lo que para él significa la palabra tan aludida en mi reseña. Otra posibilidad, de alumbrarnos es anteojos, gafas, como nos lo señala el poeta, con ello nos damos por bien enterados, o en su caso, puede referirse a las hojas de la vid, cuyas hojas sobresalen de las demás, así tenemos ¿de cómo y por qué? ha utilizado ese término. Aunque por antonomasia se puede deducir que se refiere a la obra o al personaje de Nicanor Parra, cuya obra ha leído, degustado, comprendido.

 

   Ese juego de poder crear poemas que no sigan las reglas de la poesía convencional, sino que abran otras rutas, otras posibilidades de escribir, para que su pensamiento llegue de otra manera en el lector. Esa capacidad de asombro, ese golpe de rubor de quien lee, se convierta en una carcajada: cito el poema:

Soy antipoeta:

lanzo la mano;

escondo la piedra. (p.12)

 

 

de alguna manera lo lúdico se convierte en estructura verbal, así romper un orden establecido en la escritura, ese molde se deshace con el juego de ingenio. O cuando dice:

 

 

Aunque

la mona

se vista

de

seda:

¡Changa

Su madre!  (p.20)

 

Así va el poeta dando rienda suelta a la escritura, liberándose de la angustia, del estrés, de lo cotidiano, situándose de esta manera en su atalaya verbal, donde puede mirar su  mundo para decirnos qué le duele, qué no le gusta, es decir, da su punto de vista del mundo que de él nace en Antiparras.

 

De esta manera, el título al libro es la forma y manera de ser, ve ver, de respirar de quien escribe. Apoyado en el juego de palabras, donde, la metáfora, el calambur, el oxímoron, la prosopopeya, muestran un juego, su sonidos y sentidos para acuñar el pensamiento de Daniel Oivares Viniegra. Poemas breves, de mensajes amplios. Así el poeta rompe e irrumpe con la palabra un orden ortodoxo en la poesía.

 

 

DANIEL OLIVARES VINIEGRA, Antiparras, Antipoemas para el lector sin prejuicios, Poesía-Trajín, 2017. Ilustración de portada: Gabriela Tolentino, Fotografía: del autor: Beatriz González Lezama, CDMX, (62 pp.)

 

 

 

Publicado en Boca de río

 

De fúnebres gozos y otros esbozos…

Daniel Olivares Viniegra

 

Quiere el cruce de coincidencias, que mientras preparo estas notas acudan a mi vista planteamientos que el deslumbrante esteta Enrique González Rojo Arthur presuntamente (y no hay por qué no creerle) desprende de sus diálogos con Heidegger, y que a la sazón rezan:

Tal vez fuera mejor tomar nuestra preñez de muerte por los cuernos y deshacernos de la cantimplora de espejismos que nuestra ilusa sed ha conformado. Quizás fuese mejor mirar de frente nuestro caer de bruces para morder el polvo y el olvido […] La manera de prepararse para morir [es…] aceptar que somos seres para muerte… criaturas que no eluden, ante cualquier herida, ser infectados por la idea del desenlace.

Así pues, nadie se muere en la víspera; pero sí en la avispera… Tal mi saludo para el gustoso desplante que sobre el saberse pleno, aquí en su presente, y de cierto modo (o del único modo posible) triunfante ante la inevitable sentencia de cualquier día de estos ya no ser más en este mundo, nos plantea Roberto Rosales mediante su más reciente poemario Fúnebre gozo. Bienvenidos a esta teorética de la muerte y de la desmuerte, orientada fundamentalmente por ese otro cósmico y predecible yin y yang del día y de la noche… presencia y ausencia en permanente danza siempre oscurecedora–iluminadora; juego de espejos entre la vida y la ¿muerte…? que nos propone el autor, sin saber bien a bien dónde queda el limbo, si no es que este mismo comienza y termina por ser la propia enunciación; la mera materia también etérea del comulgante lenguaje.

Acá Roberto habita su Comala personal, columpiándose siempre egóticamente en los cuernos de la luna, peleándose consigo mismo (ante todo) o contra todo lo intrascendente o perdulario de este mundanal engreimiento al que llamamos lo humano (“si yo fuera grande no me llamaría como usted”, de paso por alguna parte espeta). Y es desde esa perspectiva que entendemos su obsesión por no gastar (de más) las veladoras o velas que le sobran (y/o que le zozobran), quizá las remanentes de su enésimo pastel de cumpleaños; esas con las que sigue iluminando algunas de sus más emblemáticas amarguras o bien sus no tan escasas, pese al tono, evocadas alegrías.

Cual un “Canto a mí mismo” whitmaniano, pero sin su parafernalia panteísta (“no puedo confiar mi muerte a nadie, por eso escribo”)… también Rosales ejerce–oficia su cinismo… Un personalísimo culto, un idiosincrático discurso: el del des(en)canto, mismo que deviene todo un itinerario de sí que sin poder evitarlo (o a querer o no) coincide en ocasiones con la filosofía propia de otros grandes maestros que en esta esfera han sido (Confucio, Heráclito, Epicuro; Diógenes, particularmente, acotaría yo; Nezahualcóyotl o cualquiera que ustedes a su vez, de manera pertinente agreguen); todo ello sin que inevitablemente termine por remitir al muy nuestro y mortuorio sentido ¿patrio? de festejar –aunque en serio solo a veces– lo mismo nuestras penas que nuestras muy pueriles victorias, que es casi lo mismo que signar nuestras humanas miserias.

Estos y otros prolegómenos vienen a cuento para amparar tal teorética del autor, pero que él termina por resolver más desde la médula; es decir, desde la experiencia evocadora de lo vivido; de lo sensiblemente aprendido y aprehendido, aunque también de lo por irremediablemente fenecer.

Pese a ser este un poemario casi monotemático, sólo de algún modo denso y acumulativo, muy muy lejos se sitúa de la tenebra o del abrumador desgarro de los poetas malditos y de sus cansinos seguidores, pues por el contrario ofrece todo tipo de iluminaciones y certezas, y ello porque la proclama que recurrentemente lo anima es clara y contundente: “la función de la muerte es crear”. Por ello mismo esta serie de poemas configura una suerte de ensayo plagado de anécdotas alegóricas que aceptan también como ejercicio el leerse cual cortazariana rayuela, en cualquier desorden, cuyo resultado será una experiencia muy similar: asomarnos a un abismo irreversible donde hay algo más que serena aceptación, y aunque no plena alegría al menos goce entre tan seductores y corrosivos quiebros.

Cantos son entonces, éstos, los más, que contrastan con otros dulces trovadores de la desdicha (desde Jorge Manrique a Francisco de Quevedo; o más acá desde el peruano César Vallejo al chileno Mario Meléndez, pero sin la teosofía contracatólica de estos últimos; pasando por Jaime Sabines sin sus pesadas o pensadas angustias; o bien el suave y sonoro discurrir de Elías Nandino sobre esas diferenciadas superficies. Autores a los que evoca, y quizá hasta convoca, pero de los que también se aparta porque los suyos son más bien (o a veces) una serie de aforismos , cuando no certeras greguerías (“Yo mismo soy un pleonasmo”) o intencionales mantras (“la sombra es el cadáver de la luz/ la sombra es el cadáver, la sombra es…”), o a veces églogas o esbozos de haikúes largamente desdoblados (“quise adoptar un relámpago/ pero desconfié del trueno que lo acompaña”); sabiduría vivencial, natural, biológica, más producto de la experiencia acumulada y del tenaz y fluido ejercicio poético que de esotéricas creencias o de alardeadoras conflictuaciones poéticas.

Además de por su versátil métrica y musicalidad, y la muy notable y aparente facilidad con que el autor engarza todo tipo de imágenes y ambientaciones, afirmaría contundentemente que todo el material condensado en este libro es rescatable en sus honduras o en su propuestas lírico–filosóficas, si bien por deformación personal celebro mucho más la parte de algún modo experimental o “antipoética” (confróntese como máximo ejemplo su poema “Dios es un hipopótamo”); esto en conjunción con las reflexiones que sugieren redondas historias, con los iluminismos que conducen a la cómplice sonrisa, y hasta con los más conceptistas poemas–versos que rozan por supuesto el sarcasmo y la ironía. Desdeñado y aquí desdeñoso sentido del humor, muy propio del autor, que por pertinencia en este Fúnebre gozo, no amerita llegar a lo festivo, pero que no deja de ser humor (y del bueno) al fin.

Sabedor de que el tiempo que estaremos muertos será sin duda inconmensurablemente más largo que el que esteremos con vida, Roberto Rosales dota a aquel espacio (el de la muerte; en este entorno ambientada sin santo alguno ni desnudos y cachetones querubes) de un animismo incesante, si bien tan calmo y reflexivo como cada emoción lo merece; por ello inclusive nostalgia de amores y de deseos o de tiempos o momentos idos es (ésta) su muy esplendente y hasta seductora lápida.

Así una muerte holística, orgánica y del todo feliz es la tenaz oferta, que por lo demás resulta del todo gratuita. A deslizarnos por entre ese fúnebre gozo nos invita a cada momento el autor… sin atenuantes o desánimos entre tan prometida negrura. La luz por entre esa apenas bruma será la voz consciente que así también acepte la comunión con la verdad universal y con el yo interno de cada uno. La aspiración es conquistar si no en la vida quizá en la muerte el placer mayor: el Nirvana permanente, la paz y la alegría de los sepulcros. Tenga efecto entonces la extremaunción que directa o indirectamente nos dedica el autor: bendita sea la muerte que llega para siempre y se queda alegremente calma en nosotros (con nosotros y nosotros en ella). Requiescat in dolce e felice pace, per secúla seculorum. Amén.

***

Roberto Rosales, Fúnebre gozo, México, Editorial Catorce, 2017.

 

 

BARES Y ESCRITURA

(la nostalgia del tape y el uso desmedido de las pilas doble A)

Edgardo Mantra

 

A LETTER TO ELISE es un libro nostálgico, que bien puede parecer tener más de un hilo conductor como menciona Iván García. Podríamos completarlo en un plano metafórico con una banda magnética reproduciendo lírica. Música para los ojos. Que ayuda a dilucidar el factor olvido. Una época quedó atrás. ¿Qué época?

Si bien cabe mencionar que Israel es uno de esos tipos que amas u odias (en su libro se refleja esto que estoy asegurando). ¿Qué le pasa a esa ave oscura que se ha prestado a versos irreverentes y polémicos  en sus anteriores libros entre los poetas de hoy en día?

¿Se ha mesurado nuestra ave kamikaze? La respuesta es: no.

Puede ser la experiencia que regala el tiempo y las adversidades, sus más de 8 libros conocidos, su trabajo en compilaciones, 32 tomos imprescindibles DE ESTOS DEME 2, más de 20 talleres literarios y centenares de postulantes a poetas. ¿Será eso? …

Ya dándole play al libro, poemas como:

Beber Solo / Pendulando & El Trago del Desencanto / nos muestran otra voz en el libro, el lado C /// Pues tiene razón al decir Sara Ayala que el libro tiene un lado B y un lado A.

El lado C es la poesía misma que reclama su andar errante con la compañía del Cuervo de Bar, ambos nos dan lecciones con sonidos de sus arrastrados pasos de pista: Que a la Norman Mailer te detienen con la seguridad de que los tipos duros no bailan.

Este libro es un paso por lo no eterno, la vida que recorre nuestro inevitable placer por manifestarnos. Que te atrae magnéticamente desde el inicio hasta el final, de manera completa.

La casa Editorial Mantra Edixxxiones, su comité de revisión, diseño y selección, y su Director. Nos encontramos honrados por tener en nuestro acervo el presente libro de Israel Miranda, quien es también mi amigo, a quien admiro por su trabajo, constancia y trayectoria, quién me ha dicho que la inspiración existe, pero que te debe agarrar trabajando (como también me lo enseñó José Luis Colín), y que nuestra actividad, por absurdo que parezca es un trabajo, y que posiblemente este trabajo no tiene sentido, pero que es de las pocas cosas con significado.

Acción directa, verdaderamente importante.

Doy testimonio de un libro redondo como los agujeros por donde se introduce una pluma bic amarilla, para rebobinar una y otra vez nuestro poema favorito, apropiándonos de su fondo para resignificarlo, y luego atesorarlo en un librero en espera de las nuevas publicaciones / E-Book / PDF / & de más maravillas que nos provee nuestra era digital. Infinitamente hasta ser un recuerdo por compartir. ¿A quién le tocará escribirlo?

Gracias, y dejo pauta a la critica a quienes realmente merecen crédito en esta celebración: los lectores.

Edgardo Mantra /// San Jerónimo “El Grande” Guerrero a 19 de junio de 2017.

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