NERVELAND LA IDEA DE UN ABANDONO ANUNCIADO.

HOMENIC FUENTES

 

 

 

Marco Ornelas

Aquí no es Neverland (voces y grafitis del orfanato)

México, Ediciones sin Nombre, 2017, 57 pp.

 

 

 

La lectura del dolor y la angustia vista a través del cristal de la filosofía como medio de emancipación, puede trazar muchos puentes y modos de lectura más efectivos para romper con los estereotipos de la orfandad. La lectura de poesía nos permite entrar en los recovecos más oscuros de la existencia humana dejando de pensar en los protagonistas del libro, y permitiéndonos a los lectores, acceder a nuestros propios demonios. El escribir de hecho es un acto de desamparo y soledad.

Aquí no es Nerveland “voces y grafitis del orfanato” de Marco Ornelas, es un poemario que arroja dentro de su desamparo bellezas ocultas para volvernos totalmente lo que somos como humanos: huérfanos. La filosofía contemporánea ha sido recurrente a observar la realidad y descubrir en ella los gérmenes del mundo sin tapujos.

Haciendo una revisión del poemario, es posible señalar la recurrencia a la primera infancia como motivo de representación. Pues el hablante lirico (que no el poeta) permanece de un modo frágil en la perdida efectiva del amor, como profunda raíz del ser. Desesperación y desesperanza se transmiten a través del poder perturbador de sus versos:

 

Detrás de la ventana, el niño sostiene en sus manos un ramo de flores marchitas.

 

Es posible minuciosamente rastrear un momento embrionario del sujeto aun por nacer en comunión con la madre, pero aun diferenciado.

 

Campanita, concédeme que al despertar,

entre la pesadez del nuevo día

esté otra vez la sonrisa de mi madre.

 

Lo importante de la obra de Marco Ornelas es que la realidad está en todas partes, aunque este maquillada y truqueada. Nadie es ajeno a las preguntas esenciales de la existencia:

¿De dónde vengo? ¿En dónde estoy?

¿Quién soy?

Podría calificarse con toda propiedad como las preguntas de las ausencias.

Tempranamente en el espíritu de la posmodernidad, Las palabras finales del monólogo del poeta que hemos ubicado en el clímax de tensión confirman la angustia de estos seres condenados a sostener indefinidamente, como Sísifo, un esfuerzo inútil. Todos aquellos acontecimientos fuera de la infancia nos llevaran al exilio irremediablemente.

El presente se hace doloroso como dice el poeta:

              

Degollado sol,

para cumplir con tu destino

haz trizas la luz.

Eres el libro que contiene el oráculo,

la conjura de la sangre que dice:

 vayas a donde vayas

nunca de ti misma escaparás.

 

El poemario de Marco Ornelas construye desde el principio un mundo fiel a un pasado común para anticipar el porvenir. El cuidado de los claros y oscuros en la obra de Ornelas, provoca asombro y pánico como un regalo envenenado cuya poética es sigilosa hacia el silencio y la reflexión.

 

 

No quiero ser un atleta de los cien metros planos,

tampoco me interesa correr el maratón.

Quiero correr en mí mismo.

ser un corredor de fondo,

alcanzar la intimidad como meta.

al final de la carrera la distancia es absurda

para quien corre en la pista equivocada.

 

Esta es la profunda verdad de la condición humana, estar amasados de una espera inútil que transforma la vida en insoluble conflicto trágico. El hombre partido, sin espacio, sin tiempo y sin memoria, debe demorarse en la expectativa de algo improbable, algo que desconoce y teme.

 

En esta ruina

de mayo

sólo los pájaros.

Su aleteo

la sábana

que cubre al cuerpo frío.

Para qué lágrimas

si todo termina

con el vuelo circular

de estos

malditos.

 

Por otro lado, en su lucha con el lenguaje, el autor acude a una práctica urbana, donde modela el universo a su imagen, proyectando en el mundo exterior sus propias formas interiores; de ahí que el subtítulo del poemario: “voces y grafitis del orfanato”, es metafóricamente un ejercicio de dejar escrito un pensamiento, un nombre y un juicio como un desafío cotidiano que sirva para trascender y romper los ciclos destructivos. Construyendo símbolos de angustia y desasosiego en paredes y bardas. Haciendo de la palabra una galería de iconos al aire. El orfanato ha dejado de ser una proyección subjetiva; ahora cuelga de las paredes como grafitis. Rompiendo así sus propios límites y dejando atrás los barrotes que del encierro. El huérfano ha salido del abandono y se defiende de lo que más puede dañarlo: el desamor y el desengaño.

 

Con un telescopio imaginario

aprendió a mirar

su rostro

en la profundidad

de la noche.

Cuando

todos dormían

dibujaba su sonrisa

en las estrellas.

 

Para concluir esta reflexión, me quedo con el libro: Aquí no es Neverland “voces y grafitis del orfanato”, que está escrito en la línea de la filosofía existencialista, recordando el titulo de Jean- Paul Sartre “El Ser y la Nada” donde se expresa: “La nada mora en el seno del ser como un gusano”.

 

 

 

En la tierra fértil de Veracruz quedó sembrada la semilla de

"Colmillos de Musgo, para volver pan las piedras"

Mirna Valdés Viveros

 

 

Pese a todo, el panorama socio-político-cultural que ya nos alcanzó y nos ahoga, México sacude el espíritu de lucha que muchos de sus habitantes guardan en lo más íntimo de su corazón para con su voz, sus manos, pies y cabeza demostrar que hay capacidad de organización y creación artística.

Tal es la visión que nosotros percibimos de la propuesta de La Caravana Nacional de Poesía Autogestiva "Colmillos de Musgo para Volver Pan las Piedras" iniciada el 19 de Septiembre del 2016 en Yucatán y concluida el 21 de Marzo del 2017 en la Ciudad de México.

Geografía de la Voz y Adictas a la Poesía  -colectivos independientes dedicados a "Poetizar la Vida y Socializar la Poesía"-  agradecen y saludan a los diferentes grupos poéticos, a las editoriales independientes y autónomas que también contribuyeron con su participación -5 de enero del 2017 en Xalapa, Veracruz- y tuvieron la oportunidad de vivir la experiencia que Colmillos de Musgo propició para sacudirnos los egos y lograr coincidir en un espacio propicio para el encuentro entre la caravana y los diversos colectivos.

En la tierra fértil de Veracruz quedó sembrada la semilla de "Colmillos de Musgo, para volver pan las piedras". Habrá que estar atentos a verla florecer.

 

  

 

 

Se vuelven pan las piedras: colmillos y palabras para el alma

Georgina Navarro y Oscar Robles

 

Andrés y Alma o Alma y Andrés, según el caso, se embarcaron en una aventura sin precedentes que se vengan a la mente con facilidad. Atravesar el país en ruinas, desde diciembre de 2015 a marzo del 2016. No lo pensaron mucho: la urgencia es el motor principal; la carencia como madre de todas las genialidades se presenta, materializa y clava con palabras: poesía, camaradería, buena onda y demás ingredientes para la aventura. Andrés y Alma: gestores culturales. Alma y Andrés: gestores de puentes, de momentos: orfebres de la cultura y del riesgo: organizar, apoyar, sustentar, hacer de nuestras manos lazos que se unan indistintamente, dejarnos ser acomodados por el orden superior y persiguiendo un fin mayor a nosotros: simples mortales enfrascados en asuntos cotidianos.

            Estas dos grandes personas han sentado una caravana llevando letras, poesía y un corredor de gestores e impulsos por los cuales nos sentimos honrados de haberles abierto la puerta y haber contribuido a la materialización de tan importante proyecto. Personalmente, no recuerdo ningún otro esfuerzo de gestión en las letras mexicanas; y digo letras por decir pretexto: múltiples personas y manifestaciones cupieron y seguirán germinando en el umbral galáctico de la cultura mexicana; en lo que queda de ella, pero sobre todo en la semilla que han hecho germinar en cada uno de nosotros:

            Unión, cultura, pan procedente de la Madre que nos alimenta, palabras como colmillos para atravesarnos y departir en la fiesta. Caravana porque no queda de otra que ir a la montaña para comer del musgo: artífice silencioso que cubre el filo de la tierra. Volver siempre al origen para impulsarse, para agarrarnos de las manos y ser, al fin ser.

            De nuevo agradezco a Andrés, Alma y Alex por venir a Colima y tocar los labios del volcán, el cabello de la brisa marina, el calor tropical, el sudor de esta piel occidental. El Colectivo Transvolcánico se siente honrado y gustoso. Estos puentes recién inaugurados dejarán pasar mayores impulsos venideros: serán testigos fieles del alma humana. Con el campo vuelto panes, piedras como panes: comer todos de ella: la palabra y la poesía por siempre…

Georgina Navarro y Oscar Robles

Colima, 15 de mayo del 2017.

 

La quietud libro de Ignacio Ferrando

María Bellido

 

“Por fin, el crío abraza a Julia con fuerza, con una cierta necesidad de hacerlo. Hay algo ñoño e insoportablemente mágico en este instante. Ninguno parece querer soltar al otro. Dos deseos que confluyen después de un largo trayecto en soledad. Dimitri no se desprende de Julia y Julia, en efecto, se ha arrogado, en pocos segundos el derecho de ser una mamá con seguridad y experiencia. Todo ha merecido la pena porque el sufrimiento se ha desvanecido de sus vidas y ahora están juntos. Más que padre, me siento testigo, no porque para mí la situación sea excluyente, que lo es, sino porque no soy capaz de sentir lo que debería.”

Héctor, arquitecto y profesor universitario en la cuarentena, lleva unos meses viviendo con una de sus alumnas cuando recibe una llamada de su  ex mujer diciéndole que necesita hablar con él. La razón de su llamada es pedirle ayuda para continuar con el trámite de adopción de un niño ruso que iniciaron cuando todavía estaban juntos. Lo que  le pide pondrá a Héctor ante la difícil decisión de ayudarla y asumir una paternidad que ya no desea, o ignorarla y continuar con su vida junto a su joven amante. Con este inicio tan sugerente,  Ignacio Ferrando, abre su nueva novela La quietud (Editorial Tusquets).  El tema de la identidad, presente ya en otros libros del autor como  Nosotros H (Editorial Tropo) o La oscuridad ( Editorial Menoscuarto), vuelve a sus páginas, pero en esta ocasión el autor va más allá y nos entrega un libro cargado de tensión narrativa y con unas descripciones tan cinematográficas, que nos hacen sentirnos como si estuviéramos recorriendo Siberia Oriental con los protagonistas  en la búsqueda de su hijo Dimitri o paseando por El Barrio de Las Letras mientras llueve.

“ A la hora en que pasamos por la avenida Lenin hay una excavadora limpiando la nieve. Es una avenida amplísima, desmesurada, seguramente la más grande de la ciudad. En el silencio de la madrugada, casi pueden escucharse las cadenas de los Spetsnaz y las botas del ejército desfilando frente a la escalinata presidencial. Sopla un viento gélido, continental, que endurece la nieve y la convierte en hielo. El centro lo compone una retícula ortogonal de calles alrededor de las cuales se amontonan los suburbios de la ciudad. “No hay pájaros”, dice Julia observando la efigie de Lenin, “es la única plaza del mundo sin pájaros”.

La quietud es un libro que usando como centro el tema de la paternidad nos habla de todo lo que merece la pena ser contado.  El amor eterno y el amor pasional, lo que sentimos al envejecer y alejarnos de aquello que quisimos ser, el cambio en la relación con nuestros padres y en la visión que tenemos de ellos. Y nos habla de todo eso desde la más profunda honestidad, sin caer en ningún momento en lugares comunes, ni en sentimentalismos innecesarios.

Una vez leí que el abrazo es el primer gesto y el último del hombre, que los bebés manotean al aire cuando nacen hasta que logran ese abrazo; y los viejos, de un modo diferente, también lo buscan al despedirse. A pesar de todo agradezco al mundo y a los dioses, si es que existen, que me permitan estar aquí, aunque sea un segundo de esta extraña noche donde todo parece pronunciarse como una parte de la realidad que debe ser comprendida y olvidada de facto, aunque termine fulminado por esta ardiente necesidad que tengo de Julia, de ella, de que siga hablando, de que, en todo caso, no se duerma de nuevo jamás.”

Ignacio Ferrando (Trubia, Asturias, 1972) es escritor e ingeniero. Autor de las novelas Nosotros H (2015), La oscuridad (2014) y Un centímetro de mar (2011) con la que obtuvo el Premio Ojo Crítico de RNE y el Premio Ciudad de Irún. También es autor de varios libros de relatos como La piel de los extraños (2012) con el que consiguió el Premio Setenil. Sus cuentos han merecido, entre otros, el Premio Internacional Juan Rulfo, el Gabriel Aresti, el NH Mario Vargas Llosa o el Ciudad de San Sebastián. Actualmente es el jefe de estudios del Máster de la Escuela de Escritores de Madrid, donde imparte diferentes cursos de narrativa.

 

 

Jean-Marc Desgent en Literalia, una joya y una piedra a la vez

 Françoise Roy

 

El destino mundano de los libros es algo misterioso, y uno, por mucha experiencia que tenga en el mundo de la lectura, nunca entiende bien a bien por qué algunas obras reciben más cobertura o se granjean más difusión que otras. Uno de los poemarios, publicado éste en México hace un par de año, que cae dentro de la categoría de los tesoros parcialmente ocultos, es el libro No calmes los dragones, del poeta quebequense Jean-Marc Desgent. Salió en 2015 bajo el sello editorial de Literalia editores, afincado en Guadalajara, Jalisco, en coedición con Éditions de la Grenouillère (Saint-Sauveur-des-Monts, Canadá), que fuera, dos años antes, la editorial donde se publicó su versión original al francés.

Si bien en la parte francoparlante de Canadá, Desgent es un autor conocido, galardonado con múltiples premios, y si bien tiene ya varios poemarios bilingues publicados por la UNAM y Mantis editores (que lanzó la carrera literaria del autor en México) entre otros, su más reciente poemario en traducción al español merece más lectores de los que tiene en la actualidad.

Desgent, nacido en 1951, además de poeta, es antropólogo, linguista y ensayista. La lista de premio que ha ganado el autor en el ámbito francófono es larga: 1994 y 2005 - Gran Premio del Festival internacional de la poesía de Trois-Rivières; 2000 - Premio Rina-Lasnier; 2002 - Premio Félix-Antoine-Savard; 2005 - Premio Gouverneur général - Premio Estuaire des Terrasses Saint-Sulpice; 2006 - Premio Jaime Sabines/Gatien Lapointe; 2010 - Premio Internacional de poesía Antonio-Viccaro (París); 2012 - Premio de la Bande à Mœbius: 2013 - Premio de excelencia - sección poesía - de la SODEP.

 

No calmes los dragones aparece en su traducción al español como un compendio de los recursos literarios del autor, cuyo manejo meticuloso hace de su trabajo poético una pieza única. Porque empuja el texto hasta sus límites rompiendo las normas del lenguaje y por su factura vanguardista, la poesía de Desgent, más aun en ese último poemario suyo publicado en versión castellana, merece varios calificativos: polisémica, original, perturbadora, experimental, profética, posmoderna, atrevida, violenta, totalizadora, irreverente con respecto a la gramática y en cuanto a su confección linguistica formal. Si los dragones son los demonios interiores del Hombre sumido en un mundo contemporáneo complejo y desesperanzador, atravesado por el deseo, los poemas de Desgent les rinden un homenaje mucho más que honroso. Piden un lector atento, exigente, un lector que no tenga remilgos en que unos versos rayanos con la extrañeza verbal lo sacuden y lo interroguen hasta la incomodidad. Su ritmo vertiginoso asemeja el clamor de un instrumento de percusión. La lectura de No clames los dragones no dejará de interpelar al lector sobre lo que siente, sobre lo que se oculta en su mente y su corazón, y sobre el otro. Un lector que no se sorprenda de que el rostro menos hermoso que refleja la luna del espejo después de leer a Desgent es el suyo propio. 

 

Empieza con una quebradura

Vuelvo a subir ya no hay lengua,

lo sublime deportado en la voz,

me inclino hacia la tierra,

todo se duerme sobre mi pecho.

 

 

Nieva  noches,

la lástima pierde la vida,

por qué un sapo,

una araña clavada con alfileres en el corazón,

estoy en las palabras del fin,

una mujer es mi sexo entristecido,

encuentro esqueletos en la brisa,

tengo semblante de muchacha, y así me irá.

 

 

Mojar la cama sentir vergüenza de su vientre,

borrar los testigos prenderle fuego al lugar,

cómo prever la cabeza de los humanos,

se derrumben las torres, a eso hemos llegado,

lo imposible de los vivos,

beben la sangre hacen una cruz.

Cuando duele uno,

qué hace el otro

Soy como tú el quemado de gravedad,

soy gritado doble,

soy visto visto soñado soñado en mundo calcinado,

es mi belleza eso de las llamas el incendio alto muy alto,

cuatro espantosos cuatro soles

para un solo cuerpo y mi fin del mundo.

 

 

Buenos días buenas noches alocada pulsación en el oído,

el dormir es un mensaje golondrina de los relatos,

nuestras vidas lanzadas todas revueltas creo,

buenos días buenas noches cielo,

el peluche de dios que arde en llamas,

querido papá lenguas cojas.

 

 

Estoy perforado agujerado eso es vértigo

y los oscuros corderos por todas partes,

es mi fósil ves qué desastre,

yo morir me hablan el mismo doble,

nadie me fallece.

Demasiado soñó con todo eso

Mis extraños ya no cuento,

mis nombres de pila la mamá celeste,

en el mundo en el centro arriba de los desastres,

las piernas de porcelana,

cada hueso es una escritura escondida,

cuerpos de pájaros hombros de alambre,

brazos sin satín brazos invertidos rotos,

boca que ya cantó operetas fiambres,

nada de ojo túneles,

cabeza de madera verde,

cabeza de piedra en los campos,

con alas para intentarlo otra vez salir huyendo,

nacida muerta con los brazos colgando y que se apaga su sexo.

 

 

Regreso a esa fulgurante hendidura,

volverse la gran travesía,

una altura puesta sobre un enigma,

el bello orificio que dura,

es dar las llamas amar el fuego,

es destruir la mitad del mal.

Aquí, el pobre aquí

No iré a morir hasta el invierno,

lo de afuera el cuerpo lo de otra parte,

párale con eso de los abrazos nuestro paraíso no ve nada,

es mi otro fantasma que le habla a tu lengua,

una boca blanca una sábana blanca,

mi primer meteoro al alba.

 

 

La nieve se vino a meter bajo mi íntima

montaña,

eso me enseña una de mis fines del mundo,

quiere el sentido que se le da a toda mi muerte,

yo el animal patas hundidas soy un místico,

vivo en el alma retorcida de los diabólicos,

lo infinito yo lo infinito quizás.

 

 

Yo caminaba creí verme,

le había prendido fuego a la cosa sin avisar,

la cosa ardía yo ardía como los demás,

yo era el incendiado de las familias,

el sentimiento sobrenatural de las bestias.

El origen del rostro

Nada se salva son las luces,

los ojos se voltean acaban las manos quemadas,

es por eso que estoy visto dicho,

ennegrecido de una piedra y el fuego.

 

 

Uno pasea su mirada tenerlo todo falso,

sobreviven los detalles sin valor,

una cabeza rueda deja escurrir su jugo,

no se sabe bien a bien  si soy el alma de las cosas,

no es la oración que hay que elegir que hay que dar,

entro en mis desposeimientos es total estropeado,

plantear el enigma los ríos escurren el muslo,

una tormenta eléctrica es una certeza,

habito la brecha,

un vértigo quién un vértigo cómo,

eso existe aturdido.

La sangre es habladora

los brazos enflacaron son puro hueso en el bosque de los cuerpos

curiosidades teológicas

 cada rama una carne

cabeza de pólvora brazos quebradizos

es juegos múltiples noches volteadas y a pique

los tumultos sin cesar.

Regreso a mi propia vulva

todo está aquí volcado desbarrancado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El niño de la liebre

 

 

 

 

Cargando minerales

 

 

 

Pique minero

 

 

 

 

Herrería

 

 

 

 

GatoRocoto

 

 

 

La espera

  

Miércoles, 15 Marzo 2017 19:14

OFICIOS, MADE IN CHILE / Víctor Hugo Díaz /

 

 

OFICIOS, MADE IN CHILE.

OFICIOS

Exposición de Xilografías y Dibujos, del Escritor y Grabador Guillermo Martínez Wilson

Casa Museo La Sebastiana, Valparaíso

Chile 2017

Por Víctor Hugo Díaz

El Oficio es el acto y la necesidad del hacer con las manos y sus extensiones, las herramientas, en esa búsqueda de manufacturar, producir, de dejar huellas haciendo, en doble sentido, táctil la realidad; porque por una parte el artista escenifica y nos hace visibles estos Oficios, pero mediante su propio Oficio.

El ojo o la experiencia observativa de Martínez, es capaz de aprehender, captar y fijar un esfuerzo, un gesto y una tensión psicológica y emocional ante el espectador que “ve” esa imagen intensa, poética, como en la “Fotografía” hecha a mano, no sólo la captura, quieta en apariencia, sino con un antes y un después permanente.

Aquí sin duda hablamos de una labor y talento técnico mayor, en constante paralelismo a la fuerza expresiva de las imágenes; en ese instante justo y preciso en que el oficio y el tiempo se hacen tinta.

La mirada y selección de Martínez, es decir la elección del cuando y como, desplaza su mirada a lo largo del país. Donde el trabajo y su significado social, se extiende por diversos paisajes, situaciones y geografías.

Pero lo ritual, lo profundamente estético y hasta quizá lo mágico, está también presente en todas la piezas/objetos/visuales de este conjunto de obra. Por ejemplo en el grabado Abrazo en el bosque, nos maravilla ese sol negro que con su luz propicia y presencia el abrazo de esos árboles que sólo se ven donde nadie más los ve; y en el que las formaciones del suelo circundante nos evocan cuerpos  desde un momento lejano y continuo; o captando fríamente ese instante de tensión vital, en que el felino se hace tinta y acecha desde el negro a su presa, que es la luz (Gato rocoto).

Es también sorprendente la capacidad de acentuar los detalles donde la oscuridad es la forma y la claridad el soporte, esto es notorio y finamente logrado en piezas como Herrería, Cargando minerales, Pique minero, Horneando pan o El niño de la liebre.

Aquí estamos frente a una obra y una visión significativa, que se extiende más allá de la historia y el contexto chileno; trasciende a una realidad más amplia que representa a todo nuestro continente, desde Chile hasta México, los dos extremos de una misma identidad diversa, el nuevo mundo en blanco y negro para muchos; el blanco, la luminosidad y el sudor del sol para otros.

Sin duda Martínez es una figura principal y tal vez la mano más firme en este Oficio del grabado Made in Chile actual.

 

 

 

Guillermo Martínez Wilson nació en Santiago de Chile en 1946. Estudió en la Escuela de Artes Aplicadas y en la Escuela de Grabadores Forum-Grafik de Malmo, Suecia.

Ha realizado exposiciones en Santiago, Estocolmo, Granada, Casa Museo de Fuente Vaqueros (Casa natal de García Lorca en Andalucía), Copiapó y Valparaíso.

Escritor, pintor grabador y dibujante, ha publicado cuentos y novelas, artículos en los periódicos Diario Atacama, Diario Chañarcillo, El Papiro y Diario Virtual Atacama-Viva.

Actualmente es Secretario General de la Sociedad de Escritores de Chile.

 

 

 

Acceder a su obra en www.guillermomartinez.cl

 

 

Víctor Hugo Díaz nació en Santiago de Chile, en 1965. Ha publicado “La comarca de senos caídos” en 1987, “Doble vida” en 1989, “Lugares de uso” en 2000, “No tocar” en 2003, “Segundas intensiones” en 2007, “falta” en 2007, “Antología de baja pureza” en 2013 y 2014, México, DF, y “Hechiza, poemas anticipados”, México, 2015 y 2016. En 1988 obtuvo la primera Beca de Creación Taller Pablo Neruda; en 2002 la Beca de Creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. En 2011, 2012, 2013 y 2014 ejecuta el Proyecto Escritos de Sur a Norte, Poesía de Chile en México; y Fronteras sin Límite 2015, Poesía de Chile en Perú y Bolivia, apoyados por el Fondo del Libro y la Lectura. El año 2004 ganó el Premio Pablo Neruda en su centenario, por trayectoria, otorgado por la fundación del mismo nombre. Sus poemas han sido publicados en diversas revistas y antologías, además cuenta con numerosos textos críticos acerca de su obra. Es reconocido como una de las voces poéticas vivas más importantes de Chile. 

 

 

Cosas de niños, de David Wagner

por: Nataly Villena Vega

 

 

 

            La experiencia de ser padre, la fascinación y el miedo que produce la paternidad, la materialización de la continuidad de la existencia, la nostalgia, son los temas centrales de este libro. Cosas de niños se lee con entusiasmo porque en cada uno de sus breves capítulos, quien es padre, y quien ha sido hijo, se reconoce plenamente.

            David Wagner opta por una mirada distante -aunque no por ello fría- hacia la paternidad, vivida en pequeños detalles de lo cotidiano. A través de fragmentos llenos de poesía, incluso filosóficos, el lector acompaña al narrador en un cuestionamiento constante acerca de lo que es la existencia. Este cuestionamiento surge en gran medida gracias a la voz de una pequeña niña, su hija, libre del prejuicio que modela la mente del adulto. Esa vocecita lo sacude todo, cuestiona, se muestra insatisfecha, insiste, rompe los esquemas. Por medio del juego va alterando el terreno seguro del pensamiento en el que uno se va acomodando con los años y obliga a ver la vida de un modo directo y sencillo, y por ello también cargado de simbolismo (“La niña es llanamente sincera. Aún no ha aprendido a disimular. No ha desarrollado ninguna estrategia de ocultación, ninguna maniobra de engaño lingüístico, ningún arte para el fingimiento. La niña, hay que quererla por eso, puede decirlo todo.”).

            Al leer este libro se piensa de inmediato en Infancia berlinesa, de Walter Benjamin, un libro en el que la alegoría está presente a través de elementos que se repiten, abriendo múltiples posibilidades de interpretación: el carrusel, el Tiergarten, la Mummerehlen. Cosas de niños, se inscribe en la misma línea de este proyecto bello y utópico: el de escribir una memoria sobre la infancia. David Wagner, profesor universitario de literatura y por lo tanto necesariamente consciente de este nexo con Benjamin, opta por una perspectiva ligeramente distinta, esquivando el leve desencanto y la nostalgia que deja la lectura del libro de Benjamin. En Cosas de niños, Wagner hace que el narrador sea el padre, y esta reconstrucción artificial hecha de imágenes presentadas sin una continuidad aparente, cobra forma, densidad y aparece de un modo más bien luminoso a través del lazo filial, logrando un eco poderoso en cualquier lector.

            Se encuentra también en este libro el tema de la similitud, la imitación y la noción benjaminiana de “semejanza no sensible” cuando conecta el juego del niño a la experiencia que los pueblos antiguos o primitivos tienen del mundo. En Cosas de niños, el padre, cuyo universo perceptivo ha perdido -o ha adormecido- esa capacidad de establecer analogías y correspondencias mágicas, accede nuevamente a ello observando a su hija y rememorando su propia infancia. Gracias a este narrador-mediador, el lector comparte ese cuestionamiento y ello hace de la lectura de este libro una experiencia reveladora.

            El narrador de Cosas de niños bascula entre la condición de padre y de hijo, y haciéndolo, nos instala en la continuidad de la vida (“Escribo con la mano, con un lápiz o una pluma, la palabra papá, y mi mano escribe esa palabra como si mi padre hubiese escrito papá”). Hay una circularidad que se instala rápidamente a través de la memoria -una circularidad también presente en las microhistorias de Infancia berlinesa-: la observación de la niña, del entorno elaborado en función de la niña (juguetes, juegos, objetos, lugares) es materia de evocación de la propia infancia y la aceptación de la herencia en un sentido amplio (“¿Y dónde está tu papá? Pregunta la niña. Y yo no le digo: Aquí, aquí en mi interior, en algún sitio de mi interior.”). La distancia que el narrador se impone frente al tema, la ausencia de sensiblería en su mirada, hacen de este libro una experiencia poderosa. La aproximación racional del narrador a vivencias tan íntimas les confiere universalidad, atemporalidad.

            Otra constante es la repetición, el niño aprehende el mundo a través de la repetición de gestos (“Otra vez dice la niña. Otra y otra. Otra vez. Otra vez. Y otra vez.”)

La paternidad nos aparece como ese ejercicio constante de humildad, (“Papá era el más grande, papá era el gigante y la montaña a la que yo podía escalar. La desilusión vino después, papá no era tan grande. Papá no era más que un enano, del tamaño de los restos del Imperio español.”)

            Dejo aquí uno de los fragmentos más bellos de este libro que me ha tocado y que recomiendo sin la menor duda:

“CADA SEGUNDO

Me acuerdo, tengo esa impresión, de cada momento de mi infancia cubierto de polvo en otro continente, o emigré hace mucho, y no me acuerdo, o cada segundo, cada hora, cada día me desvié de él una distancia minúscula. Cada año, uno o dos centímetros más. Y con el tiempo pasaron a ser cuatro o cinco o seis mil años o kilómetros. De repente, un Atlántico entre nosotros, querida infancia.”

Testimonio de una artista con discapacidad

Virginia Fernández Manotas

 

Buenas tardes, o buenos días para vosotros teniendo en cuenta el cambio de hora.

Mi nombre es Virginia, tengo 31 años y soy española…

Soy una mujer con discapacidad, se llama Distrofia Muscular Congénita, cuando nací, los médicos les dijeron a mis padres que no contaran conmigo, y ya veis, todavía estoy dando guerra jaja…

En especial, mi madre me cuida desde siempre, puedo decir que le debo mi vida, yo era prácticamente un cuerpo muerto con un corazón latiendo, pero ella me sacó a flote, me daba de comer bajo su propia responsabilidad sin sonda, consiguió que yo hablara con 4 años, y siempre fue exigente conmigo para fortalecerme físicamente, hasta el punto en que mi medio de transporte era una bicicleta de tres ruedas, tenia fortaleza para hacer transferencias, e incluso me puse de pie con unos aparatos en las piernas que me mandaron los médicos, a pesar de todo, tuve una infancia muy feliz en la que me divertía mucho con mis amigos y jugaba prácticamente a los mismos juegos que ellos con todas mis mañas, “más vale mañas que fuerzas”.

Mi pasatiempo favorito, era dibujar, creo que fue con 8 o 9 años cuando descubrí el dibujo, o antes en la guardería, no lo recuerdo bien, lo que sí sé, es que a veces me llevaba hora y horas dibujando, con mi mano izquierda, siempre he sido zurda para todo.

Con 13 años, tuve Escoliosis en la espalda, en el cual, me tuvieron que operar y tuve una parada cardio respiratoria, salí adelante, pero di un bajón muy brusco físicamente, perdí mucha fuerza, y comencé a coger la silla de ruedas a motor.

A nivel de estudios, hice la EGB y la ESO, después entré en administrativo, pero no me gustaba y lo dejé, por cuenta propia comencé a hacer montajes fotográficos y gracias a una amiga hice mi primera exposición. Es cuando descubrí que mi profesión sería el Diseño Gráfico, porque es una forma de entrar en el mundo del arte, como siempre me ha gustado, pero de forma más práctica, ya que es a nivel informático. Así que comencé haciendo cursos sobre ello, hice prácticas en una asociación de Lesión Medular y seguí un tiempo con ellos de forma voluntaria.  

A los 25 años, quise independizarme, salir de la protección de mi madre y descubrir hasta dónde podía llegar por mí misma, entré en un centro de discapacidad física,  en otra provincia de España, donde pude residir al cuidado de profesionales, estuve en rehabilitación y en Terapia Ocupacional, en el cual me enseñaron cosas para vivir más independiente, encontré verdaderas amistades, fui colaboradora para los temas que se exponían en una radio, me apuntaba a todas las excursiones, tuve mis ligues como cualquier persona puede tener, y muchas salidas y risas, en fin, viví una de las épocas más felices de mi vida.

Mientras tanto, colaboré en el boletín de tal centro, escribiendo algunos artículos, maquetando la revista, y sobre todo, haciendo ilustraciones para los artículos que escribíamos entre todos. Gracias a mi profesora, ahí descubrí mejor la ilustración, una gran fuente en la que puedo tener mucha salida profesional. Y gracias a una de mis grandes amigas y la asociación de discapacidad de su pueblo, realicé otra exposición de dichas ilustraciones.

En esas entre medias, me preparé para las pruebas de acceso a la universidad de Bellas Artes y lo aprobé. Por lo tanto, regresé a Sevilla, mi tierra natal, y elaboré el primer curso completo. Aprendí mucho artísticamente y traté todos los temas, escultura, pintura, dibujo, etc…

Tanto mis profesores, compañeros, y casi todo el personal de allí, me ayudaron en todo lo que fuera posible para poder trabajar con ellos a pesar de mi propia discapacidad, pero aún así, no tuve la accesibilidad necesaria para poder realizar la carrera de forma independiente, así que lo abandoné.

Actualmente, estoy preparando otra exposición, esta vez es de pintura a pastel, donde precisamente quiero plasmar el tema de la mujer, su sensualidad y sus etapas. No quiero pecar de feminista, puesto que yo soy partidaria de la igualdad en todos los sentidos, pero pienso que las mujeres somos seres muy completas y valiosas. La exposición se realizará en el mismo centro de discapacidad en el que estuve, espero tener éxito.

Muchas gracias por contar conmigo y poder aportaros mi grano de arena, espero que os haya gustado mi testimonio.

Un abrazo muy fuerte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CANTO PARA DOMAR SERPIENTES

 

Miguel Tonhatiu Ortega, en CANTO PARA DOMAR SERPIENTES, nos obsequia un panorama que pareciera una cinta cinematográfica, pues es un libro que en sus primeros tres apartados despliega poemas de estructura sólida, donde, puede apreciarse en cada verso un estilo transparente y sutil de gran belleza, pero de fuerza abrasiva, no exclusivamente en su forma, si no el la profundidad del contenido. Es imperante recalcar, que el manejo de imágenes que el autor crea en el poemario, en general, son ejemplo de esta figura retorica, ya que al tocar al ojo lector nos envuelve en sus páginas al hacernos testigos y cómplices, al punto que es casi imposible desprenderse de su historia.

Se abre el telón, aparece en primer plano una “Ave negra”, un pájaro mortuorio que vuela en picada para nutrirse con nuestra carroña, un ave en tinta de nostalgia atrapada entre la geometría azarosa de quien danza, donde la partícula de Dios en la boca infantil, es presagio y pieza de Piazzola, sonoros vocablos en un compas que deja huellas como estrías en las sábanas. Cito al autor:

 

 

 

 

“No me incitas

a nada…

 Hueles a té y has conversado

 toda la tarde…

Arrójate a la cama destendida

sucia de vino rojo

parecerás un sueño sin relato…”

Sin embargo, es un una nada sobre la que Sartre escribió “El hombre es el ser por el cual la nada adviene al mundo” Sartre al distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la capacidad para negarse y revelarse así mismo. Me perece que Miguel Tonhatiu, toma este principio para introducirnos en una confabulación  de dualidades, que van del deseo al raciocinio, de lo real a lo ilusorio, a él en su esencia subterránea como externa. La Nada también es nombre, me interesa mucho como nuestro poeta da a los títulos un peso insospechado, “La seda en el agua” se enreda en la piel, su abrazo húmedo deja al irse toda pérdida de fe, seda y agua se escapan de las manos sobre la calle Horacio, escenario que debe su presencia, porque los personajes podían mirarla y cito:

“No, nunca existió la calle y los judíos eran rastros de tus fantasmas”

No es sorpresa que Fellini aparezca, sus películas tienen la característica de penetrar en la concepción filosófica de la vida y sus relatos edifican toda una serie de dicotomías ordenadas con un hilo continuo que Miguel Tonhatiu retoma y no se sabe si el poema es obra de Fellini o si el cineasta es obra de la inventiva del autor.

 Y como en ambiente de 8 1/2, un ave cruza, se niega tres veces al amor antes del vuelo, queda un piar incrédulo apagado en la luz, una melodía instantánea de papel fotográfico apresando una onda flamenca. La vida, si es cierta, es esto:

Una radio, un cd, un poema de un romántico alemán escurriendo por la cornisa una tarde, la vida es su contradicción, parcas que no desean estío, ni otoño, ni dulce juego saciado, porque jugar a morir no siempre mata y por eso aquí nadie perece; de nuevo la nada, pero no como presencia de vacío, más bien como revolución y denuncia, uno de los quehaceres de la poesía (creo yo). Y por ello la vida es  “Música con escenas sueltas” a  cada instante.

Música como arma de sobrevivencia entre los amantes que se sincronizan con las estrofas, mezcla melancólica cerrando el telón, porque como dice el autor:

“no es necesario saber el final”

Y para concluir, en la cuarta y última parte el hábitat  del libro da un giro enigmático, plagado de elementos naturales que desarrollan una atmosfera estimulante, las letras dejan el blanco y negro para pintarse de magma y verdor… fuego, agua,  el mineral, sobre todo éste que descubre los matices puros de la metáfora al adquirir otro significado. Así mismo, los monstruos que aquí moran son símiles de las preocupaciones del autor, que con vigor  que trasciende el lenguaje para entregarnos un contraveneno para domar nuestras serpientes internas.

                                                                                          

 

 

 

 

 

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