José Miguel Lecumberri

José Miguel Lecumberri

J. M. LECUMBERRI

 

Mupeta, lúsico y poco, sí, muy poco. Nacido en la punta del millenialismo, escribe sobre el Caos, la discordia y la putrefacción. Canta al apocalipsis y a las perversiones sexuales. Chamán, sin poderes ni conocimientos sobrenaturales. Nigromante, vasallo de Lucifer. Hombre que piensa. Espíritu de una vía negativa hacia la liberación. Arterrorista, fundador y colaborador incansable de varias zonas temporalmente autónomas (ya casi todas destruidas) y actos de magia del caos: Los Brhams Stalkers, Monsieur Morrison, Los Filósofos Malditos (R.I.P.), los Furiósofos, Ediciones y Punto (R.I.P.), Maljim (R.I.P.), entre otras. Autor de varios tomos de letra muerta: Manual de Neurocirugía para Zombis (Inferno Ediciones), Esquizófrasis (Ediciones y Punto), Pirosofía [teoría de cuerpos delirantes] (Barbas Poéticas), El Matemático Negro (Mezcalero Brothers), H1 (Rojo Siena Editorial), Alter Satan (Versodestiero), Moncloe Piscis (Verso destierro), El libro Negro (1914) (Ediciones y Punto), Las Rojas Raíces del Insomnio (Barbas Poéticas), Monsieur Morrison (Barbas Poéticas-mardeojo), este último a estrenarse el 20 de octubre de 2018, si el Caos lo permite.

Miércoles, 26 Febrero 2020 06:17

YO, EL DISCORDANTE Por, J. M. Lecumberri

 

YO, EL DISCORDANTE

Por, J. M. Lecumberri

 

La mierda hace crecer las flores y eso es hermoso.

Malaclypse EL JOVEN –Principia Discordia

 

 

 

Las 5 Nobles Revelaciones. -

 

Mi primer texto lo escribí cuando apenas contaba con poco más de un año de edad. Lo ejecuté con mi propio excremente sobre las paredes de mi cuna, algunos infortunados juguetes y mi propia piel. Sólo fue leído o experimentado por tres lectoras: mi madre, mi abuela y mi nana, Grego. Después de eso fue borrado para siempre de los anales de la Historia de la Literatura, como debiera pasar con todo texto después de haber llegad a quienes debe llegar.

Esta fue, tan sólo, mi primera experiencia, de las cinco grandes experiencias que me han llevado por el camino de Discordia. Pese a no recordarla sino por borrosos esquemas de la memoria y la imaginación y por la tradición oral de mi familia, este suceso resulta clave para mi posterior desarrollo de lo que considero el trabajo poético discordante.

Muchos años después de mi primera revelación de la Diosa, mi camino me llevó hasta Oaxaca, donde en una Feria del Libro Independiente conocí a Leonardo Da Jandra por intervención de un amigo mutuo, Max Ramos, excelso escritor, bibliófilo y anticuario.

La tarde en que conocí a Da Jandra, de manera muy expedita, básicamente sólo me dio tiempo de obsequiarle un ejemplar de mi Matemático negro y otro de mi Manual de neurocirugía para zombis.

Posteriormente, la amistad con él y con su mujer, Raga, se haría muy intensa, al grado que mi esposa y yo le editaríamos sus Diarios en tres tomos artesanalmente manufacturados, con un tiraje limitado y numerado de 100 ejemplares. Tesoro que fue muy bien recibido por la crítica y hasta llegó a ser considerado como una de las publicaciones de ése año. Los lazos siguieron estrechándose y Da Jandra, de manera obsequiosa se ofreció a participar en Lateralia y algunos otros eventos literarios y filosóficos en los que estaba inmiscuido por aquel entonces.

La segunda revelación de la Diosa vendría poco tiempo después de la voz de Da Jandra. Cuando le entregué para su lectura mi último manuscrito, lo que después se publicaría en Barbas Poéticas bajo el título de Filosofía Cuántica Vol. 1, Da Jandra me dijo sin rodeos algo como: “El libro tiene cosas buenas, pero ya necesitas dejar de lado los panfletos y escribir una obra en serio, filosofía de verdad…”

La tercera revelación, muy relacionada con la segundo, vino por boca de una figura a quien yo admiro por su falta de delicadeza ante las atrocidades del destino, su impertinente nostalgia y su disimulado ascetismo. Un artista en toda la extensión de la palabra, un genio arruinado e incomprendido, como el que más, pese a ser muy afortunado, un ser en plena desgracia cuya humanidad resultaba ingenua y cuya devoción hacia lo Bello, llegaba a asfixiarlo.

Un voraz lector y un pensador bestial, con una gran capacidad de abstracción (rara en los artistas gráficos).

Pues encontrándose el y su esposa alojados un fin de semana en nuestro departamento de Coyoacán, este artista (cuyo nombre prefiero omitir, por el momento) se acercó, sosteniendo una taza de café recién preparado, a eso de las 6:30 am, hacia la pared de la sala, donde cuelga tres grabados hechos por mí. Casi de forma devota y simultáneamente agnóstica, se quedó contemplando los grabados, inmerso al grado de no percatarse de mi cercanía en la mesa del comedor.

Comenzó a murmurar mientras depositaba la taza en una repisa y se rascaba la piocha: “… esto es un error, es tan discorde, no tiene sentido, está mal impreso…” logré escuchar, mientras yo daba sorbos a mi infusión de rooibos con vainilla.

Aquí, el poder de estas dos últimas revelaciones de la Diosa, me golpeó fuertemente la pineal y lubricó mi ojo reptil. Trajo a mi mente memorias de otras dimensiones, stills de planos astrales donde yo moría y reencarnaba sin cesar, en un angustiante y luminoso Samsara.

Así la Diosa, mi mostró el camino, por vez primera, en la forma de una serie de alucinaciones lúcidas y, por demás, caóticas, estridentes.

La cuarta revelación, quizás la más compleja para mi entender, se desató de palabras de mi pequeña hija, Amaia.

Para entenderla a cabalidad he de recurrir al principio de Mu, “ausencia” o “nadidad”, del chino tradicional: .

Para explicarlo, recurriré al kōan zen que se plantea desde una raíz herética o, cuando menos, trasgresora, de la aparentemente ingenua pregunta de parte de un monje anónimo al maestro Jōshū:

― ¿Tiene un perro la naturaleza de Buda o no?

A lo que el maestro respondió, tajante y sereno:

Mu.

Para la escuela Rinzai, esta respuesta denota delirio categórico, falacia sin respuesta correcta alguna.

En ese momento mi hija que tendría poco más de dos años, me estaba ayudando a cocinar un plato tailandés para la cena, separando las verduras y condimentándolas, mientras yo ponía a calentar la mantequilla y a sofreír el arroz.

En un tonto descuido de mi parte agarré la tapa metálica que cubría el wok sin usar un trapo, lo que me ocasionó una fuerte quemadura, en ese momento grité, con enojo, una expresión aparentemente coloquial y vacía:

― ¡Me cago en la leche! ¿Tenía que quemarme para despertar?

A lo que mi hija respondió, tajante y serena:

Mu.

 La Diosa, manifestándose a través de mi hija, me sonrío y comenzó a cantar, a todo pulmón, una de sus canciones favoritas: “Tengo una vaca lechera…”

La quinta y última revelación me ha sido dada a cuenta gotas en la carne y espíritu de mi mujer, quien comparte nombre que el príncipe de los dáimones: Lucero, la portadora de luz.

Lo más probable es que aún no me haya sido declarada del todo. Se trata, pues, de una revelación viva, en constante flujo, e incluso contradictorio devenir. Como una hacker afectiva, erótica e intelectual, que día a día me va reseteando la conciencia y me impide quedar en completo estado letárgico. Luz sin luz, flor del empíreo, que todo lo comprende y no abarca nada, piel de mí, todo lo mío que se desposee y trasciende, es por ella: καλλίστῃ.

Como dice Ovidio: “gutta cavat lapidem, non vi, sed saepe cadendo

Ella, manantial inexorable de agua, leche y miel, se deja venir sobre mí, gota a gota, como un apacible martirio para el santo, como una violenta ola para el surfista, como un código indescifrable para el programador, como orbital de conciencia en el que radican los arquetipos del amor, la libertad y el coraje. Ilegible y clara, la Diosa, en toda su sabiduría la eligió a ella, legible y oscura. Doble contradicción que se me revela con el ímpetu deseante de una máquina indómita, de una ninfa feral.

 

 

La poesía es un Espacio de Libertad Absoluta. -

 

            Como siempre había intuido, los mensajes más profundos de la Diosa, proviene de las personas más superficiales con las que nos topamos. En este caso fue un burócrata de la cultura de Morelos quien me obsequió tan brutal paradigma poético.

Ayer, siendo cuarto para la media noche, enfermo de la garganta, sostenía una infusión herbal, con leche y miel (alusión a Lucero), sentado en el mismo lugar en donde e senté al ocurrirme la cuarta nombre revelación de la Diosa, levanté mis ojos. Frente a mí, el contenido de aquellas palabras de Iván Gardea (entrañable amigo, taciturno arcángel y lúcido artista), uno de mis grabados que retrata de manera imperfecta, ingenua pero desgarradora, en colores negro y rojo, uno de mis ataques de migralepsia, compartiendo pared con un iridiscente reloj que contiene la leyenda: “Hoy es un gran día”.

A partir de esta imagen entendí que todo lo que he hecho a lo largo de mi vida no es más que un fallido poema. Que, como a todos los poetas, les atormenta y satisface por igual. Un poema inabarcable, inorgánico y viral. Un texto y un metatexto que se multiplica y duplica, se serializa y decodifica sin cesar, apareciendo tanto en la mierda como en la tienta o en el monitor de un teléfono móvil, en un estatus de Facebook o en una fotografía, en Los Brahms Stalkers y desde Malajim (los mensajeros dentro de mí), en un beso y en una lágrima, en una visita al cementerio, en el sexo, en el trabajo monótono de la oficina y en los juegos y cantos con mi hija. Es imparable, no se puede evitar. Soy en tanto poetizo mi realidad y ella, a su vez, me versifica a mí. Algoritmo encarnado, autárquico, discordante.

 

Todo en mí es un acto poético, una Meta-Patafísica extraída del más acuciado delirio de Alfred Jarry.

Espiritualidad aberrante, sensualidad patética que me destila en cada atisbo hacia la Nada en que soy una forma más, sin forma del encuentro fortuito entre un ángel sifilítico, una nube de lluvia y una laptop sobre el FNORD. Summa daemoniaca! El matrimonio de Fiona Mont y Lautréamont.

 

AVE ERIS!

 

 

Index Librorum Prohibitorum et Derogatorum.-

 

            Especialmente lo prohibido está permitido. Principio fundamental del autócrata. Pues no es el crimen, la miseria, la estupidez ni la degeneración lo que se prohíbe, sino lo que se estimula y lo que se premia, en esta sociedad profundamente enferma.

Las leyes, las reglas, los credos, las convicciones morales, son sólo textos y fábulas vacuos, carcasas a la medida de una cárcel sin barrotes ni paredes, exoesqueletos de un parásito sin contenidos: el Virus, origen de la cultura bipolar de la adaptación al miedo: Manía/Depresión e Inercia/Ansiedad.

Según el aberrante y facho lexicón de la RAE, Discordia es definida, aristotélica y cristianamente como: “Oposición, desavenencia de voluntades u opiniones” Esta definición se muestra patética para darnos un atisbo de la gloria de la Diosa.

Para Deleuze, la definición no es tan importante como lo definido, así como el pensamiento (filosofía) es menos importante que lo se da a pensar (poesía).

En física cuántica, las partículas elementales, el electrón, por ejemplo, no es una esfera material, ni un filamento, ni un caparazón de energía, es una nube, pero no cualquier tipo de nube, sino una nube de probabilidades (un devenir en estado puro) que, al ser sometida a la observación, adopta cuerpo, es decir, una particular sustancia y ubicación.

La localidad no es propia de la conciencia, que es expansiva, indeterminada, inconstante.

  

Miércoles, 11 Diciembre 2019 05:20

Lux / José Miguel Lecumberri /

 

 

Lux

José Miguel Lecumberri

 

 

 

Cancina el jade de los años

El corrupto Ángel diluvia

De sí musgo

Arcos de alianzas rotas

Yacen en tu respiración

Lóbregos arquitectos de las sombras

Un pirul arrasado por la tormenta

Aguijones de granito

Costillas de Prometeo

Sangre de una bestia mineral

Sangre que el fuego recuerda al diluirse en los rostros

Llaga que hiende el espíritu de un cedro

Cíclope recuerdo

Endrina

Seta mis labios en tu vientre

Cría el sol tus senos

Jaguares en la noche de los lienzos

Tu corazón polígono que nieva

Cerezo con vocación de arteria

Negro diamante fumaba mi lengua

Negro demonio

Careta de cisne tu espalda

Áureo rosetón custodian tus glúteos

Fugaz como Amazonia la respiración

Ofídea acariciada entrepierna

Tacto de algodón la nuca

Las tejas ronroneo

Tu voz caleidoscopio

Febril guijarro lame tu espinazo

Nácar el gemido

Perla acuifera

Fulgor que tu piel bautiza.

 
 
 
 
Jueves, 21 Noviembre 2019 06:16

VIH Por J.M. Lecumberri

 

 

VIH

Por J.M. Lecumberri

 

Entes atractivos

¡Sólo haz lo que quieras hacerme!

Botones cromados en mis ojos... ¡oh sí!

Se siente bien...  y Ella dijo:

                     Necesito sentir la enfermedad en ti

te seleccioné

Quiero hacerte algo ¿Qué carajo es diferente, hombre?

 

te mostraré por qué:

 

 

No puedo creer que estoy haciendo esto

¿Y qué mierda es diferente, hombre?

 

no lo dudes

Te arrastras por mi cráneo

en superficies de cuero

somos los testigos afortunados

de la caída de Minerva.

 

Ahora para calmarme

Lucharé con Jimmy

 

Se trataba del coño, si puedes ganar.

No de los corazones que rompes, cada vez que gimes...

 

todo ... entumecido

 

Mi papi, él me repudió

porque usaba la ropa de mis hermanas

dijiste VIH

Es como si tuvieras alas

Ahora te sientes humo

tan viajado

 

Te he visto cambiar

Así que me inyecté el frío

El sincero corazón

De tu muerte

Acércate un poco

Encenderé la tele.

                                       (nadie está seguro)

 

 

 

BALAS DE PLATA DE MORDOK MALLAKO

ENTRE ISCARIOTE Y DRÁCULA

 Por J. M. Lecumberri

 

Sólo a un monstruo como Dios se le ha podido ocurrir meter todo un universo dentro de una existencia.

¿Cómo no sentirnos siempre desgarrados?

                                                   Murdok Mallako

 

 

Murdok Mallako es sólo la máscara que cubre el rostro. El apóstol de una vida apócrifa, de un evangelio maldito. En esta colección de aforismos titulada Balas de plata, con cierta ironía y, a la vez, misticismo, el autor nos muestra que se trata de la oscuridad disfrazada de oscuridad, aquello que por la escritura desvela.

 

El volumen, editado por Huerga & Fierro (editorial de culto nacida de la llamada Movida Madrileña) está plagado de bellezas furibundas y aullidos melódicos. Profundamente inspirado por los Escolios del gran Nicolás Gómez Dávila, Mallako se acerca a un continente misterosófico lleno de herejía y vacuidad.

 

El oxímoron es su escudo ante la tangencial mirada de la Medusa posmoderna: “no se elige caer en la desesperación, pero nos podemos revelar contra las humillaciones a las que conduce”, sentencia el autor en una especie de manifiesto de la ruina, de lo fragmentario del humanismo, de su hipócrita progreso que avanza en un carruaje de hierro sobre las osamentas, como lo profetizara Blake.

 

Amante de los excesos hedonistas y, paradójicamente, de la desgarradura fundamental, Balas de plata es un libro espiritual, una especie de anecdotario de la derrota y del golpe de Estado respecto de la divinidad interior. Como escribiera Cioran: “Sólo las almas agrietadas poseen aberturas al más allá”, y está claro que este libro dispara certero hacia el cráneo del ingenuo lector.

 

Lectura no sólo recomendable sino mandatario, en el mismo sentido en que lo es una borrachera o una pelea de bar, de esas a las que Kerouac era tan asiduo. Buscador de un Dharma noctívago, de una traición ejemplar, Mollako nos pone enfrente al precioso mineral que asesina al werewolf de la mitología medieval, al bohemio rebelde que se instaura como cuestionamiento incisivo de un sistema de cadente y putrefacto.

 

Mallako no nos especifica la cantidad, pero pueden ser treinta esas balas de plata, con las que al fin podremos liberarnos de la decimonónica ideología cristiana y sus abusos, sus infamias y ser libres en un mundo sórdido, tomados de la mano hacia un ocaso infinito.

 

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JUEGO DE SOMBRAS:

LA ABSURDA TRAGEDIA DE NUESTRAS LUCHAS SOCIALES

Por J. M. Lecumberri

 

Si han sentido esa especie de satisfacción, plenitud incluso, al momento te aplastar una cucaracha, araña o mosquito, o de vaciar un litro de insecticida sobre un hacinamiento de hormigas en su casa, imagínese ahora el éxtasis divino ante las aniquilaciones, genocidios y guerras humanas.

Los dioses se alimentan de nuestras emociones.

Nosotros, criaturas vanidosas e insignificantes, nos sentimos ahora más que nunca el centro de la creación, habitantes de una burbuja pletórica de vida en un desierto oscuro y vacío, poblado por los ángeles de la muerte.

Se dice que Calígula se fue a la cama y en sueños le fue revelado que estaba sufriendo una metamorfosis, resultado de la cual había dejado de ser humano para convertirse en un dios.

Este dios emperador, hizo enemistad con nada menos que con el poderoso Neptuno, señor de los océanos. Motivo por el cual envió a legiones enteras de su ejército a pelear contra el mar.

La escena debió de haber sido épica: miles de centurias dando espadazos a olas y espuma, arremetiendo con furia contra la marea y lanzando las aguas. Esto sucedió hasta que los soldados terminaron exhaustos y confundidos, mientras el océano, indiferente continuó siendo lo que es.

Esta lucha no difiere en mucho de las actuales causas de diferentes facciones y credos: de capitalismo, ecologismo, pro-vida, feminismos, fundamentalismos religiosos, cientificismo, derechos humanos, y un largo etcétera de centuriones dando espadazos contra las sombras.

“Nuestras revoluciones son puramente verbales – afirmaba Albert Caraco—cambiamos las palabras, para tener la sensación de haber cambiado las cosas”, ejemplo de esto son el lenguaje incluyente o los himnos fascistas.

Pero ¿quién es realmente el enemigo?, ¿existe, acaso?, ¿es posible confrontarlo, vencerlo?

La lucha verdadera, no es social, ni siquiera es de esta realidad, se trata de una lucha espiritual, sintérgica, para ofender menos y usar este maravilloso concepto de Grinberg.

Efectivamente, desde hace más de sesenta años que hemos estado dando espadazos a las sombras, por no decir al vacío, todas nuestras revoluciones no han

sido más que una maraña de ideales y palabras que endulzan el oído y por las cuales millones de personas han sacrificado sus vidas en todo el mundo.

¿Esto ha detenido los infames abusos de sacerdotes a niños y niñas?, ¿ha detenido la ingente cantidad de horrendos feminicidios? La respuesta a eso es un rotundo: NO.

Ninguna de nuestras supuestas luchas sociales, revoluciones o motines han logrado una mierda para evitar la matanza, los holocaustos.

Esto responde a una cuestión muy sencilla, que no estamos atacan do al enemigo, es más, ni siquiera vemos al enemigo, no lo conocemos, sólo vemos sombras, cortinas de humo, títeres.

No olvidemos que somos el rebaño del Señor, jajajaja. ¿Quién chingados nos pastorea, entonces? ¿Cristo, Buda, los aliens?

Será posible, entonces, que como lo prefigurara Allen Gisnberg, la gran mayoría de esos niños y jóvenes secuestrados sean utilizados por ritos de una élite ancestral y sin escrúpulos para calmar la ira de los dioses. ¿Será acaso Moloch?

 

…¡Moloch cuya mente es maquinaria pura! ¡Moloch cuya sangre es un torrente de dinero! ¡Moloch cuyos dedos son diez ejércitos! ¡Moloch cuyo pecho es un dínamo caníbal! ¡Moloch cuya oreja es una tumba humeante!

¡Moloch cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloch cuyos rascacielos se yerguen en las largas calles como inacabables Jehovás! ¡Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en la niebla! ¡Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades!..1

 

Hay quienes afirman que el dinero es el descendiente de Dios judeocristiano. No están del todo equivocados. Sin embargo el dinero es sólo un símbolo que representa el conjunto de avatares que conforman al Dios judeocristiano en nuestra era. La tecnología es otro de esos símbolos o ídolos, si se prefiere. Igualmente, tenemos la “libertad sexual”, esa suerte de sexualidad en apariencia desmoralizada, manumisora, tántrica, espiritual, pero que oculta un trasfondo obsesivo-compulsivo. Todos estos ídolos están entrelazados por una misma obsesión: la Individualidad. Santo de todas nuestras devociones, ilusión de todas nuestras realidades, potencia sin poder, causa sin fundamento alguno, más que, quizás la de un egocentrismo sin parangón.

Nos damos baños de pureza, compartiendo imágenes en redes sociales, sobre las matanzas en Siria o en cualquier lado de áfrica, ponemos banderas a nuestras fotos


1 Ginsberg, Allen. Aullido. Traducción inédita de Rodrigo Olavarría.

https://web.uchile.cl/vignette/cyberhumanitatis/CDA/creacion_simple2/0,1241,SCID%253D14605%2526ISID%253D287,00.html

 

de perfil, somos la viva imagen de la sororidad y nos descosemos en discursos para sacar a relucir nuestro dramático humanismo prefabricado.

Pero hay una fuerza invisible en las sombras, hay algoritmos, bots y hay inteligencias artificiales que levantan inventario de nuestras emociones, palabras y preferencias. Detrás de ellos hay maquinarias estadísticas, fábricas de deseos, san nicolases, monstruos y toda suerte de fantasías infantiles, de historias hollywoodenses, de estereotipos y maquetas de ciudades utópicas, para alimentar nuestra sed de progreso, trabajo y lucha.

Desde las sombras nos guían hacia el abismo.

Y todo esto es parte de un complejísimo armado teatral, para darnos la idea de control sobre nuestros cuerpos y nuestras mentes. ¿Quién demonios controla mi cuerpo? Digo ser yo, y ese yo quién es. La conciencia, la mente, la expresión individual de la lattice que se manifiesta físicamente en un organismo, en un cerebro humano dotado de razón, emoción y sensibilidad.

Todas estas palabras siguen siendo algoritmos, juicios perfectamente diseñados para que no pueda escapar de la “prisión sin paredes”. Además, se trata de una serie de controladores cínicos y viles que nos muestran lo suficiente para darnos cuenta que nos están controlando y de qué manera lo hacen, porque saben que no podremos nunca descifrar sus códigos, acceder a sus flujos de deseo, de creación y destrucción.

Somos computadoras que están siendo controladas vía remota, que llevan inserta una serie de virus que les impide operar por sí mismas. La libertad es un juego de la estadística, una treta esclavizante.

¿Qué sentido tiene, entonces, oponer resistencia? Pues aun la resistencia es parte del sistema que sustenta todos los sistemas que corren por nuestras conciencias, eso que Jung llamó el inconsciente colectivo. No sólo existe un destino, sino una programación para nuestras rutas de acceso y salida de cada sistema por el que transitamos.

De eso se han tratado las vías esotéricas durante miles de años, se han consagrado a descifrar los incontables laberintos de la Nada, los demonios que habitan cada plano astral, sus poderes, sus debilidades, sus utilidades.

Hay maestros que han dominado el arte de seducir a los demonios, de hacer comercio con ellos, de ofrecerles carne a cambio de favores y de cierto poder.

Claro, no tengo pruebas, todo esto son divagaciones. Mientras, podemos seguir regodeándonos en la vanidad de nuestras compasiones, en nuestro éxito personal y baladí.

 

 

UN POETA, UN SUICIDA

Por J. M. Lecumberri

 

Ningún placer, por suculento que sea, merece la pena ser vivido a costa de todo el sufrimiento que implica la existencia. En cada goce subsiste el fantasma del desastre.

Hegesias de Cirene lo pensó así y llevó al suicidio a un gran número de sus seguidores. La potencia de sus ideas sólo la podemos suponer gracias a Diógenes Laercio y algunos otros, pues todos sus escritos fueron incinerados por órdenes de Ptolomeo II.

Se supone que para este discípulo del hedonismo “tradicional” de Aristipo, el placer no resulta lo suficientemente bueno para justificar cualquiera de las incontables penurias que nuestras existencias deben soportar de manera gratuita.

Muchos siglos después, un filósofo rumano, sintetiza el espíritu de la doctrina hegesíaca en un paradójico y revelador aforismo: “Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera. Sin la idea del suicidio, si no fuera por la posibilidad del suicidio, ya me habría matado”. El suicidio como tónico contra el mal de la muerte, la ironía como estimulante de la tolerancia existencial.

Es lugar común el hecho que el oficio poético conlleve la marca del infortunio. Muchos son los vates que han decidido levantar la mano contra sí-mismos para poner fin a sus días y a sus miserias. Lo que algunos podrían juzgar como un acto de cobardía y locura, es para el poeta, una consecuencia de la libertad más absoluta y sublime: la de no depender de criterios y directrices políticos, como lo asume la sociedad occidental desde Aristóteles o quizás desde antes. El individuo se alza triunfante sobre los poderes del mundo y el orden social por medio de la autoaniquilación.

“Próximo está tu olvido de todo y próximo también el olvido de todo respecto a ti”, reza una máxima de Marco Aurelio, el olvido es pues el ingrediente sustantivo de la vida, pues no son los muertos quienes olvidan, sino los vivos, pues la Muerte representa un cambio radical de paradigmas, sea cual sea su insondable naturaleza.

El poeta no es el ser que piensa, sino el que da a pensar, lo cual es aún más relevante, según lo proponía Deleuze: El poeta crea afectos, a diferencia del filósofo que es un creador de conceptos.

Así, el poeta vive por y para lo desconocido, de ahí que el misticismo encuentre su única vía de expresión a través de la poesía, pues ni siquiera la más excelsa de las artes, la música, resulta eficiente para comunicar el vértigo y la oscuridad en su estado puro, como se lee en este fragmento del célebre poeta de Paul Celan, Fuga de Muerte:

 

Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania

te bebemos por la tarde y en la mañana bebemos y bebemos

la muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul

te acierta con bala de plomo te acierta preciso

un hombre habita en la casa tu pelo dorado Margarete

atiza sus perros contra nosotros nos regala una tumba en el aire

juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania

 

La Muerte, sea sueño o la realidad más poderosa de la existencia, es motor del acto poético y detonante de la consagración atemporal de su lenguaje y sus imágenes.

El alma del poeta busca su propia muerte como la avispa que desea el néctar de la orquídea, con la misma naturalidad y la misma soltura, se trata de un fenómeno dancístico de una suerte de malabar siniestro que fascina y aterroriza por igual.

Es, quizás, en los versos de Pizarnik donde el testimonio de este baile trágico queda descrito de una manera a la vez difusa y obvia:

 

Se fuga la isla.

Y la muchacha vuelve a escalar el viento

y a descubrir la muerte del pájaro profeta.

Ahora

es el fuego sometido.

Ahora

es la carne

..la hoja

..la piedra

perdidas en la fuente del tormento

como el navegante en el horror de la civilización

que purifica la caída de la noche.

Ahora

la muchacha halla la máscara del infinito

y rompe el muro de la poesía.

 

Para Jabés, el pensamiento y la poesía son siameses unidos por la cabeza, yo diría más bien, que son amantes separados por la cabeza. Todo sistema es la ruina de la expresión poética, como toda política y la ruina de la individualidad. El amor propio, en nuestros días, nace estigmatizado por una serie de convenciones sociales que castran al deseo y lo convierten en una teatralidad idiota, ya sea la de Edipo o la de Hollywood. Ritualismos plásticos que deviene en la necesidad de reclamar la propia vida a costa de ella misma. No se puede ser con base en la constante premisa de no ser uno mismo, sino una colectividad de pensamientos y emociones compartidas y enajenantes. Escribe Juan Eduardo Cirlot:

Nunca supe quién soy,

pero voy

a ser lo que tú quieres sólo siendo

en el sol absoluto donde ardiendo

mueres porque eres.

Para el poeta no hay amor ni compasión que valgan más que la vanidad y el egoísmo, pues el hombre es un ser escindido y múltiple al que se ha pretendido enclaustrar y clasificar como objeto de laboratorio en aras de un bien común inalcanzable que no justifica ningún crimen histórico o religioso.

El poeta no es un libertador ni un caudillo, es la esencia misma del virus del antialgoritmo, de aquello que repele incluso su propia codificación y fluye sin sentido. Esto resulta un verdadero inconveniente para el estatus quo que hoy día, hasta quiere sistematizar el suicidio, con leyes y normas eutanásicas, privándolo así de su salvajismo intrínseco y su convulsión axiomática.

El poeta es el único ser que se toma en serio la Nada, de otra manera, la humanidad no sería sino una granja de hormigas laboriosas y obedientes.

El poeta da cuerpo a lo invisible y carne a lo imperceptible y para lograrlo ha de renunciar a todo de forma irreversible. El suicidio es el único acto de alegría de los poetas.

 

++++ FIN+++++

Viernes, 08 Febrero 2019 06:35

COLMILLOS DE LECHE J. M. LECUMBERRI

 

 

 

COLMILLOS DE LECHE

J. M. LECUMBERRI

 

 

 

 

1

 

Helios acurrucó su hígado en la fuente del balazo. Llovía aquel miércoles. Los Ensombrecidos se esfumaron. Gigantes de polvo y paja que deambulan entre las pesadillas de los mortales, como citatorios del juzgado o enfermedades venéreas.

 

2

 

Las lágrimas del último caribú se esparcieron río abajo. Los niños apedrearon a una cría de zorro en su madriguera hasta asesinarla. Reían, sus risas parecían colmar el bosque con una neblina más espesa que la nata de la abuela en el chocolate caliente. Les espera un ángel a esos pequeños asesinos al llegar a casa. Dulce consuelo del verdugo. La destrucción como paraíso. El hombre es un ogro, ya lo decía Gargantúa.

 

3

 

Color óxido, caoba purpúrea, tendiendo al labio una caricia, un murmuro de hojarasca, un otoñal incienso para las acongojadas plañideras. El aroma a ocote y copal, humo como sombra de los vivos en la patria de la Muerte. Los Ensombrecidos callan. La vida es un relámpago en el que lo fatuo y lo resplandeciente entran confundidos en una misma carne. Dios es devorado por los vivos y vomitado por los muertos.

 

4

 

Ek Balam, el jaguar negro, los dioses se precavían de la noche calcinada, de los astros bizcos, de la molienda putrefacta, de los hongos en los pies, de la herida caliente. Todo lo que nos hace daño nos renueva, dijo un sacerdote. El tigre tiene el fuego en la piel, como el hombre en la mente. Hay moscas danzando sobre el cuerpo de la princesa. Los Ensombrecidos hacen fila para besar sus muslos, para lamer su entrepierna y estrujar su corazón. La belleza es siempre una maldición y una advertencia. Los Ensombrecidos usaron a la princesa como vasija para el veneno más decantado, la más sublime neurotoxina, que ahora la está matando como a un ciervo. Ella busca sanar sus heridas en el agua inmunda del manglar. El légamo le deshace la piel aperlada y la devora como una serpiente a u huevo de quetzal. Caldo putrefacto, la sangre roja de la princesa es ahora la sangre negra del chechén. Pero su espíritu, inalcanzable para los Ensombrecidos, es la savia del Chacá.

 

 

Las calles enrojecidas, el viento rancio, el polvo denso. El futuro es un objeto interestelar, dijo el maestro hoy en la facultad de ciencias. Nuestro futuro ha dejado de existir en otras dimensiones, nos ha exterminado, mientras nosotros permanecemos aquí, ahora. No es lo que habrá, sino lo que dejó de ser. Camino con mi chamarra negra de cuero sintético, mis pantalones roídos, las botas destrozadas por el ardiente asfalto. La Universidad es un viejo animal herido que reclama su entierro bajo ideas muertas.

 

6

 

 

Caminar taciturno, decían los antiguos poetas del siglo pasado. Caminar como una metáfora de la escritura.

 

 

7

 

El dolor ajeno es el más delicioso. El dolor ajeno. Un vaso de Brandy en la mano izquierda y una botella de lejía en la derecha. La situación política del mundo era insoportable para Eduardo. Mezcló la lejía con el Brandy y dio un generoso trago. No se hicieron esperar los calambres estomacales, la lepra esofágica, el intenso dolor que restituyó universos perdidos.

 

8

La caída era de más de tres mil metros. Buda quiso tomarla de la mano, pero Isabel no lo permitió. Dio el salto al vacío, sola, sin dudar. Una pared en el Himalaya cubierta de hielo, adornada por un elegante y delicado hilo de sangre y vísceras.

 

 

 

 

SEIS POETAS EYACULAN EN LAS CENIZAS DE SÓCTRATES

J. M. Lecumberri

 

 

 

Caber en el mundo es  una de las cuestiones más estudiadas

El fenómeno aeroespacial de la dimensión equis

Aquellos que formulan sus indagatorias sobre tan fútil cuestión terminan en psiquiátricos

Hablando con los riñones de Dionisio

Bebiendo de las tetas de Minerva

Mujeres cursis y malcogidas

Que aceptan la poesía como un orgasmo

Negros esclavos que trabajan mezclando rimas baratas

En un secuenciador digital

Descendientes de algodoneros

Hip hop y crimen

Lo más parecido al amor posmoderno

El hombre caucásico

No sangra

No escribe poemas

Pues los poetas ya no salen del fondo gris y sin sustento de la melancolía

Esa hembra inteligente y deliciosa

Que nació del metal de Durero

Dama de la guerra

Ángel de la traición

Los poetas se masturban en la osamenta de la filosofía

No hay quien los corra

El cráneo es marrón como un pedo

Delgado como pétalo de lirio

Como huevo de ámbar es traslúcido

Enigmático

En sus vetas se puede distinguir el perfil de Hermes

Tres veces abortado

No deseado [del mismo palo del relámpago que nos ha enloquecido]

 

El semen se escurre como un rebaño

Que huye de los lobos del delirio

Escurre entre los dientes negros

Entre la noche y el insomnio

Como una sed mística

Como un oficio infame

La tinta me lame

Y lame el final de cada silencio

De cada reparo

 

Hoy amaneció gris

Nublado el centro del pecho

La ciudad bosteza vapor de aguas negras

Entre el día y la ensoñación

Crecen estalactitas de carne frustrada

De labios perdidos en una marisma

De lodo pardo

De aguas con mierda

De modelos de lujo

Buscando una rajadura en el negro velo de Netflix

Una espina para clavarse en la pupila

Un casting

Donde pronunciar las palabras vacías

De bardos vacíos e idiotas

Líneas de fuga

Para tramas sosas

 

 

Sócrates es el vómito

Discursivo

De esta generación

Hipersensible

Obsesionada con vanidosas

Compasiones

Con efímeras espiritualidades de vitrina

Y luces neón

Con música robótica y alucinógenos

Bastardos de hippies

Luces en un estanque profundo y más negro que la noche

Más negro que la tinta

Hombres que simulan ser hombres

Tristes machos cabríos

Que buscan ser degollados

Por la hoja sagrada de una bruja carmesí

Asesinos

Esclavos de una hombría conceptual

Desvencijada

Hijos de la baratija y el espejito

El hombre que sombra el hombre

Tras unas barbas perfumadas y aceitosas

Músculos de en polvo

Leche de Hades

Músculos de huecos

Pan ácimo el hombre

Alimento maldito de una feminidad en crisis

Especie destinada al laboratorio

Somos nuestro propio experimento.

 

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Jueves, 25 Octubre 2018 04:52

GOD HATES US ALL J. M. Lecumberri

 

 

GOD HATES US ALL

J. M. Lecumberri

 

Drones since the dawn of time

Compelled to live your sheltered lives

Not once has anyone ever seen

Such a rise of pure hypocrisy

I'll instigate I'll free your mind

I'll show you what I've known all this time

SLAYER

 

Un alegre y lúcido viejecillo afincado en París por más de treinta años, sale de su pequeño departamento en la rue de l’Odéon, como todas las noches para dar un paseo , dejando tras de sí una estela de insomnio.

Esta vez, el anciano se encuentra con algo que lo hunde en una sombría revelación: el tráfico infernal de una metrópoli sobrepoblada, miles de coches atascados en las callejuelas y avenidas, detenidos por horas, en trayectos interminables. Un espectáculo grotesco.

Tras esa experiencia, Cioran llega a una sublime y terrorífica sentencia: “todo lo que el hombre crea se vuelve en su contra…”, piensa para sí mismo.

Vivimos en una época de no muy diferente a aquél París de los años setenta, una época que ha ido rumbo a peor, ciertamente. Una época en la cual el pensamiento de ese viejo alegre y pesimista está más vigente que nunca.

Nuestro mundo, ahora dividido, casi por la mitad, entre lo real y lo virtual, sigue generando maravillas que, tarde o temprano se volverán en nuestra contra, como alguna vez lo hicieron, el fuego, la religión, el acero, las leyes de Newton, la energía nuclear, la literatura, el cine, el petróleo, la medicina, la ecología y un sinfín de ideaciones, inventos, artefactos, disciplinas, concepciones, máquinas que el hombre ha dado a luz y desarrollado en el seno de una civilización cada vez más enclenque, ñoña, cursi y hueca, una generación de monas Instagram, leñadores de aparador y budistas de medio pelo.

Contrario a lo que el genio-ingenuo de Schopenhauer y Nietzsche nos hiciera pensar, Dios no ha muerto, muy por el contrario, está más fuerte, más vivo, más presente que nunca y nos odia a todos.

Dios extiende sus órganos por todas nuestras instituciones, desde la iglesia (obvio) hasta la biotecnología y las salas de espera de la seguridad social, pasando por los orfelinatos de donde obtiene sus víctimas más preciadas, hasta las fosas clandestinas donde gusta ver arder nuestros frágiles cuerpos putrefactos. Dios es el anti Cuerpo sin Órganos, es el deseo de la muerte del deseo en estado puro: la Razón iluminista y moral.

Dios está vive en los corazones de cada activista esperanzado por su causa, en cada rechazo de uso de un popote, en cada perrito rescatado en las calles, en cada linchamiento contra un violador, en cada aborto, en cada opinión estúpida que proferimos libremente por alguna red social, en cada

pensamiento trasgresor, en cada iPhone X, en cada orgía, presidiendo en cada concierto de Black Metal, con su disfraz de chivo macabro.

Carl Sagan hace alusión a la increíble suspicacia de una secta cristiana de los Estado Unidos que, había prefijado la fecha del apocalipsis en el año 1914 de nuestra era.

Cuando dicho apocalipsis no ocurrió, la secta declaró algo insospechado, eminente: ellos afirmaba que si después de 1914 nosotros seguíamos aquí es por que Dios se había llevado a los justos y no nos había elegido a nosotros, que el apocalipsis efectivamente había sucedido y que ahora vivimos todos en un mundo postapocalíptico. Dos guerras mundiales después e infinitas guerras locales de horríficas proporciones (Sierra Leona, Líbano, Siria, Afganistan, Vietnam, Korea, Haití, Croacia, México, etc.), no considero tan descabellado lo dicho por aquellos fanáticos religiosos.

La violencia necesita ser reinventada. El propio Cioran aseveraba que la inteligencia es esencialmente violenta. ¿Afirmación gratuita? No lo creo.

Pensemos en el ecofacismo de Pentti Linkola, un idiota finés que propone acabar con todo el tercer mundo para hacer espacio a los occidentales primermundistas, saneando el planeta, establecer controles natales de máximo un hijo por pareja (él tiene tres hijos), propone abandonar la tecnología y volver a la naturaleza, como si nada hubiera pasado. Sueño tentador, he de confesarlo. Una especie de Doctrina Monroe con esteroides bálticos. Vale la pena mencionar que este tipo es un héroe de la intelectualidad nórdica.

Si por algo se ha caracterizado todo el linaje indoeuropeo, en todas sus formas, es por su cerrazón, intolerancia, ambición y brutalidad. Irónico que los tengamos ahora por seres superiores y de gran cultura cívica, una especie de elfos decadentes.

Peor volviendo al meollo del asunto, nuestra generación está ávida de sueños guajiros, de masturbaciones mentales, de las tetillas del Dios veneno que nos amamanta y engorda para luego cosecharnos de las formas más crueles. En la cursi subcultura Dark, el negro representa un luto infinito, una actitud de vitalismo inerte, un oxímoron de la realidad ramplona, simple y grosera: el hombre es un ganado.

En cambio aquellos que viven con levedad, según dijera Epicuro, los dioses, aquellos que según él ni siquiera nos notan (cuán equivocado estaba el bonachón hedonista), ellos son los artífices de nuestra desgracia, los creadores de tanto y tanto sufrimiento y nosotros somos las máquinas usadas para dispersar ese sufrimiento y convertirlo en orden, en universo.

Ellos nos odian a todos, han estado presentes desde el inicio de nuestra civilización, como lo dijera Deleuze: “el Estado (Urstaat) no fue inventado, nació con la humanidad” y todo lo que está dentro de sus sistemas y algoritmos es una ilusión, tanto para bien como para mal. Su ideología, su moral, su arte, su música, su poesía, todos barrotes de una prisión invisible. Yo mismo, más de lo mismo.

¿Qué nos queda?, tratar de destruirlo todo, caminar, resignados, hacia una extinción voluntaria, ¿salvar al planeta? ¡Vaya estupidez! Si no puedes ni salvarte a ti mismo, que no te llenen el cerebor de mierda pietista y ecocursilerías. Creamos una isla de plástico en el Pacífico y es hermosa ¡una verdadera obra de arte! El ser humano no sirve más que para la generar sufrimiento y destrucción.

EL planeta no nos necesita para salvarlo, simplemente se deshará de nosotros cuando así lo considere (Gaia-James Lovelock).

Pero ¿y toda la generosidad, los actos desinteresados de bondad? La parte más cruel de un sistema que requiere equilibrar sus fuerzas para mantenerse avante. “Dominar a otros es fortaleza. El dominio de sí mismo es el verdadero poder”, dice Lao Tse. Vivimos un mundo en el que el poder de lo virtual nos ha exiliado de nuestro centro interior, vivimos en un mundo de doctrinas de autoconocimiento y viejas sabidurías convertidas en coaching y merchandising.

Sales a correr diez kilómetros en un bosque agonizante en medio de la ciudad colérica y patibularia y sientes que ya te conoces a ti mismo, que te amas y te dominas, ¡pues no! Sigues siendo un autómata, un vástago de Nike y tu jodido iWatch, pero qué se puede hacer, matan cientos de mujeres todos los días, las matamos todos, todos somos responsables, todos matamos a niños palestinos y a indígenas huicholes, todos somos asesinos sin armas, criminales marionetas. “whatever works” dice un personaje de Woody Allen.

Eres vegano y te sientes superior a los omnívoros porque no haces sufrir a animalitos inocentes por la necesidad de alimento creada artificiosamente por una industria desvergonzada. Eres feminista, incluyente, delicada en el trato con los demás, una verdadera ser humana, llena de vitalidad y pureza. ¡Bien, aun así no sirves de nada! Una serie de efectos adversos se generan por el simple hecho de tu presencia en este mundo. Nuestra simple existencia afecta y deteriora la existencia del resto de las criaturas. ¿Por qué? ¿Qué clase de sistema subsiste a base de la tortura, la injusticia y la crueldad? Pues de esto nos alimentamos todos. Nadie es inocente. Nadie es especial. NO hay un elegido. Las doctrinas de los elegidos (cristiana, islam, judía, buidista) son todas igual de pusilánimes y falsas. Dios nos odia a todos por igual. La compasión es la más sucia de todas las vanidades, pues nos hace creer que es posible sentir el dolor de los demás, ayudarlos y, lo que es peor, librarlos de un dolor que es genético, que todos llevamos inscrito en nuestra codificación más radical.

Nietzsche pensaba que el mundo valía la pena sólo como fenómeno estético. Quizá por eso hacer arte sea tan doloroso. Insignificantes criaturas tratando de darle sentido a un sistema universal caótico: “Con la ayuda de la piedra de un Caósofo, encontré a la Diosa Eris Discordia en mi glándula pineal (en el Canal Cósmico Número Cinco), y desde entonces he sabido las respuestas a todos los misterios de la metafísica, metamística, metamórfica, metanoicay metafórica…” dice el Principia Discordia, una religión que se mofa de las religiones y , sin embargo, resulta el más serio atentado en contra del sistema del Dios nefasto, de la dualidad y del redencionismo religioso y ateo (ambos, igualmente estúpidos).

Una vía caótica en un mundo en los albores de un Nuevo Orden.

El Principia, continúa: “Jesús no era el hijo de Dios en lo absoluto sino –como Él dice en la biblia, una y otra vez –, Él fue el Hijo del Hombre. Realmente, Su Misión era advertirnos y prevenirnos acerca de Dios – una computadora robot cargada con armas láser, ubicada en una estación espacial, enviada para regular o destruir la humanidad”

 

 

Si dormiste fuera de una tienda de Mac, para gastarte lo que ganas en una año o simplemente tu cheque de la semana en un iPhone, no eres cool, simple y sencillamente eres un idiota más de todos los idiotas que abarrotan este mundo. La violencia necesita ser reinventada, una violencia espiritual sin cuartel, dirigida por la discordia, el caos y la creatividad. Una violencia que no tema destruir todo lo que se opongo a su misticismo, a su vertical de ascensión rizomática, hacía mundos delirantes.

Una violencia artística, que no genere muerte sino vida.

Una inconcebible violencia que nazca del amor. Pero, eso del amor sigue siendo muy ambiguo, muy ingenuo, quizás.

Hablemos de deseos.

 

++++FIN+++

Viernes, 21 Septiembre 2018 03:30

POESIDA / José Miguel Lecumberri /

Esta columna que saldrá cada vez que sea necesaria, sostiene la insostenible cabeza de la hydra. Textos ofrecidos a la Piraña para la deconstrucción del mundo.

 

 

POESIDA

José Miguel Lecumberri

 

 

“La destrucción fue mi Beatriz”, escribió Mallarmé,

Daba a entender que la poesía surge de algún lado

Que hay poesía antes que poema

Quizás sea el poema la ruina de la poesía,

Su dispersión

Por autofagia

Por canibalismo

Y quien convierta lo poético en escritura

Es un destructor

Un profanador ingenuo

De mensajes ultramanentes

Un cosificador

De artefactos sublimes

Que no pertenecen a este mundo

¿Es el poeta un completo idiota?

¿Qué significa ser poeta, hoy en día?

¿Existe tal cosa?

Esta época en la que conciencia

Y espiritualidad son modas frugales

Poses de alcurnia

El poeta se yergue aún con una voz sólida

Con una resonancia musical

Como trompeta de Jericó

Como ángel rabioso

Dispuesto a cabalgar a lomos

del Leviatán

Es labor del poeta detener

Aunque sea por un segundo

El horroroso progreso de la humanidad

Y de esta manera convertirse en un redentor

Es el acto poético

Un sabotaje

Hacia la civilización

Un acto terrorista

Como lo sugirió Hakim Bey

Que haga estallar la conciencia de consumo

Que destruya al zombie

Alquímicamente

Y lo transforme en dáimon

Acaso el poeta

Tiene ese poder

El poder del esquizo

Del delirante

El poder de resurgir de las catacumbas

Apestoso y putrefacto

Para anunciar nuevos mundos posibles

De luz y armonía

Traer la guerra para conquistar la paz

De forma definitiva

El poeta es un paria

Siempre lo ha sido

Un marginal

Y un suicida

Si no lo es

No es poeta

Porque lo que se carga

No es una cruz

Sino un arma de destrucción masiva

De las conciencias aburguesadas

Del proletarismo decadente

De la aristocracia infame

Un arma que arrasa con todo

Una destrucción perfecta

Caníbal

Sublime

Sus antiguas herramientas

Metro

Ritmo y rima

Son paradigmas momificados

En algoritmos sin alma

Instrucciones para el éxito literario

Putería

Machismo y payasada

Todo en volúmenes laureados

Por la crítica

En estúpidos versos sin poesía

No antipoemas

Contrapoemas

Como una enfermedad autoinmune

Los poetas están destruyendo la poesía.

 

J.M. Lecumberri

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