Adán Echeverría

Adán Echeverría

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Columnista en el Periódico impreso El Vigía, y en portal cultural La Piraña (https://piranhamx.club/) Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011), En espera de la noche (2015), Trapacería y fiesta (2017); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

 

Nombre: Adán Echeverría

Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.

Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC

Dirección: Calle Isla San Pedro No 1436, entre Isla Tortuga e Isla San Lorenzo, Fraccionamiento Villas del Roble, C.P. 22842, Ensenada, Baja California

Email: adanizante@yahoo.com.mx romeodianaluz@gmail.com

Tel Cel 646 270 4993

 

 

 

 

Sin ventaja alguna

Adán Echeverría

 

 

YA SONABA LA MÚSICA que lo introducía a la Arena. Brincaba en puntas de pie y lanzaba los puños, hacia adelante, derecha, izquierda, gancho, upper, recto, derecha, izquierda. Seguía con los ejercicios de la mandíbula, abrir al máximo, cerrar, mascar al aire, porque era necesario no descuidar la concentración, una quijada fuerte para sostener el protector bucal. Para esta ocasión era él quien subiría primero al cuadrilátero. Todo era distinto. Su nombre ocupó el segundo lugar en las marquesinas, y la bolsa de los premios, ganara o perdiera igual era dos tercios menor. Ellos piensan que no se dio cuenta que las letras de su nombre eran hasta un punto más pequeño en toda la publicidad que había circulado, y cómo no. La oportunidad de pelear con Money había llegado quizá demasiado pronto. Era cierto que él también se mantenía invicto, y que no se jugaba nada en esta ocasión, porque Money no había querido arriesgar la corona con él. ¡Vaya! no se trataba de arriesgar nada más que su propia integridad. ¿Callarás voces? Si ganas tus críticos ya nada tendrán que objetar, le decían todos, desde su agente, hasta aquellos periodistas de la televisora que llevaba varios años haciéndose cargo de impulsar su carrera. No podía saber si la Arena estaba llena para verlo ganar de nuevo, o para alegrarse si caía derrotado. La gente gritaba, pero no como otras veces. Todo era diferente. El alarido de aquel México, México, se escuchaba pero… como si los miles de asistentes se hubieran puesto de acuerdo, nadie gritaba su apodo como en otras ocasiones. Voy a morirme en el cuadrilátero, había dicho una y otra vez durante los meses de preparación, en cada entrevista. Me he matado entrenando. Estoy concentrado. Hemos planeado una verdadera estrategia para ganar. Pero ellos quieren que pierda. Todos quieren que pierda, pero sé que algunos aún tienen esa ligera esperanza de que yo salga adelante en esta pelea. Era esta la pelea que estaba esperando. Seguía brincando en puntas y comenzaron a caminar hacia el cuadrilátero, puso sus manos en el hombro de uno de sus asistentes que caminaba delante de él. La gente brincó de sus asientos. El público era un alarido continuo, y como era su costumbre había podido aislar los sonidos y concentrarse solo en su respiración, con la vista hacia el frente, y la cara levantada; pudo cerrar los oídos para escuchar apenas un monótono beeeeeeeeep que se alargaba cuan largo era el camino a recorrer hacia el cuadrilátero. A su paso las personas lo iban tocando, como si intentaran tocar al Cristo que atravesaba muchedumbres, pero mientras aquel dejaba en cada roce a su piel, un poco de su paz y milagrería, él en cambio lograba que en cada toque el miedo fuera desapareciendo de su cuerpo. Cada contacto de aquellas manos que se alargaban para tocarlo e intentaban saludarlo, lo iban deteniendo, y él dejaba que todos los temores y los nervios fueran cayendo con cada roce, para que al subir al cuadrilátero, y pasar entre la primera y la segunda cuerda, se hallase vacío de cualquier debilidad. Su concentración era plena. Siguió dando brinquitos sobre el entarimado, abría y cerraba la mandíbula, movía cintura y cuello. Todo se hizo una oscuridad azul, los flashes saltaban por todos lados. Mantuvo la vista en un punto fijo, para evitar ver a su contrincante caminar hacia el cuadrilátero. No sería él quien validara cada uno de sus pasos. Nadie cree en mí. Todos esperan que caiga ante el campeón invicto. Esperan mi derrota. El silencio entró hacia sus oídos, se había cerrado por completo, y ya lo tenía de frente. Money estaba parado junto a él, como una estatua de ébano, tantas veces repetida en las leyendas, como un oscuro dios de la guerra, respirándole en la cara. Esta era su oportunidad, y no pensaba dejarla pasar. El réferi daba las instrucciones de siempre, levantó los puños hacia adelante, Money los golpeó hacia abajo con sus propios puños, y se dio la espalda para ir hacia su esquina dando más brinquitos como bailarín de tap. Miró una vez más la multitud. Ellos lo odiaban, y podía sentir su odio mascándole la piel; endureció los músculos. Escuchó algunas palabras de su entrenador que abandonaba el cuadrilátero. Lanzó una última mirada hacia la oscuridad de su memoria; sonó la campana, y miró a Money venir hacia él, con el brazo izquierdo doblado y pegado a su torso, como un guerrero que carga un escudo, y lo supo… esta sería su primera derrota y solo deseaba no terminar noqueado.

 

 

EL CORREDOR DE LAS NINFAS / novela segunda entrega /

Adán Echeverría

 

 

Enrique había llegado a la hacienda cuando las llamas ardían y se elevaban iluminando la poderosa oscuridad de esa noche sin luna. Quiso acercarse al escuchar algunos lacerantes gritos de desesperación a manera de aullidos pero le fue imposible. La temperatura le abrasaba la carne. Ni siquiera podía mantener la mirada hacia el incendio; el olor a carne y cabello quemado inundaba el ambiente, metiéndose en sus fosas nasales provocándole el vómito, que quiso impedir sin lograrlo. Luego de vomitar copiosamente, por radio logró comunicarse con su compañera la detective Rilma y el contingente que esperaba en la carretera estatal. El ruido al encender una camioneta lo arrancó del dolor que sentía con el estruendo del incendio y la parvada de gritos que llegaban hasta él.

Alguien escapa, cambio, me copian, cambio, alguien huye en una camioneta negra, cambio. Alguien escapa, no lo dejen ir…. Quiso correr, pero la explosión de algunas ramas, y la caída del techo de una de las cuatro cabañas, lo hizo arrojarse al suelo por el temor de ser alcanzando por alguna lengua de fuego. ¿Qué pasó con los bomberos, insistan, esto es un infierno? La camioneta se ha ido por la brecha, no puedo alcanzarla, tienen que cerrarle el paso. El quemón de las llantas traseras en el polvo de la brecha llegó hasta sus oídos. No los dejen escapar. Cambio. Necesito que vengan a ayudarme. Las cuatro cabañas están ardiendo, y hay personas ahí dentro. Escucho sus gritos, pero no puedo acercarme, el calor es demasiado, detengan la camioneta, necesito entrar. Intentaré entrar al edificio.

-- No te muevas Enrique, es una orden. No te muevas y no intentes ninguna locura. Los bomberos están en camino. Ya vimos la camioneta y estamos yendo hacia ella. No escaparán.

-- Están quemándose vivos. Tengo que entrar...

La desesperación de Enrique García continuaba agitándole los músculos, pero la elevada temperatura lo hacía mantenerse a distancia. Los ojos le ardían, el humo no le permitía respirar. Se tiró al suelo boja abajo en busca de un poco de oxígeno y se arrastró alejándose. El humo negro se le metía a los pulmones. Volvió a vomitar en busca de un poco de aire limpio, y de limpiar los pulmones. Sintió pánico, terror, odio, todo combinado y con el siguiente estruendo, logró ponerse en pie y correr a refugiarse bajo la sombra de un inmenso roble que se encontraba a poco más de quince metros.

El calor lo persiguió hasta ahí. El crepitar de las ramas, de la paja, de las maderas de las cabañas que iban cediendo, y aquellos gritos que comenzaron a apagarse poco a poco, Enrique permanecía echo un ovillo detrás del árbol, apretando los dientes (es probable que antes mueran de terror que por ahogamiento, que mueran de dolor que por las quemaduras), llorando de rabia, apretando los dientes en un alarido interno por el dolor de escuchar esas voces desquiciadas que se desgarraban por el aire para llegar hasta a él, sabiéndose impotente. Tomó aire y valor, y corrió de nuevo hacia el incendio. Entró sobre las lenguas del fuego y otra explosión ocurrió al caer el techo y las paredes de otra de las cabañas, cuyos fragmentos encendidos brincaron hacia la humanidad de Enrique quien se detuvo, y pudo retroceder.

Horas después, en su casa, Enrique García bajo la regadera estaba castigando a su cuerpo con las gotas de agua fría que caían sobre las quemaduras que presentaba en la piel. Apretaba los dientes para no gritar. La soledad de su departamento hubiera amortiguado sus quejas, pero poco necesitaba para dominar su ira, y los gritos no eran su estilo. Mordía el jabón de pastilla para poder adherirse a la calma. Con los nervios aún a tope, comenzó a repasar sus propios movimientos dentro de ese infierno del que apenas había salivo vivo. Tenía quemaduras en la cara, la espalda, ambos brazos y el muslo derecho como resultado de una viga de madera incendiada que cayó cerca, cuando Enrique intentaba entrar, y que golpeando en el piso pringó briznas encendidas justo en el muslo y lo aventó hacia fuera de las cabañas, pero el solo contacto había hecho encender la tela de su pantalón quemándolo.

El agua le lastimaba las heridas, pero la furia en todos los músculos de su cuerpo no cedía. Comenzó a golpear el cancel del baño hasta que lo despedazó. Una herida se le hizo en el antebrazo con los filos del cancel roto. Se sentó en la tapa de la tasa del baño y quiso respirar profundo. Desde hacía más de cuatro años le era imposible llorar.

Recién entraba a la maestría en ciencias en el Distrito Federal, que le había costado tanto esfuerzo, horas de estudio, vivía ilusionado pensando que en dos años cuando regresara a Mérida, podría obtener un buen empleo y por fin casarse con Elena, su novia desde hacia tres años, y mientras tomaba una de sus primeras clases le llamaron al móvil para decirle que su prometida había desaparecido al salir del trabajo. Era su hermano Rafael al otro lado de la línea, al otro lado de esa imagen nublada que destruyó de un solo golpe todos sus sueños. Dónde se destapaba la burla para sus ideas de ser un profesional si el dolor era como un ser oscuro que había viajado por la línea del teléfono atravesándole el oído.

-- Elena no aparece por ningún lado, salió del trabajo y no llegó a su casa.

El ser oscuro había viajado hasta su mente, apagando todo sueño, toda idea, y esa misma oscuridad tomó forma en la materia de los sueños desechos e inundó su mente, sumiéndola en la penumbra, haciendo que solo una luz se formara como un punto que parecía muy lejano, y que quizá tendría que correr para alcanzarlo, porque el punto se reducía, se reducía o se alejaba. Abrió los ojos al máximo. "No aparece por ningún lado."

Sintió que entraba a un túnel y que tomaba gran velocidad, que viajaba por esas oscuridades hasta alcanzar el punto de luz que al principio se veía tan lejano, y pudo atravesarlo. Pudo levantarse del asiento del salón donde se encontraba, salir del aula y caminar hacia el pasillo de la facultad, y pudo verlo, el ser oscuro estaba detenido sobre su hombro, al final de corredor, riendo con su risa color malva. Sonó el timbre que medía el tiempo para el horario de las materias. Los jóvenes universitarios salían, junto con los profesores, hacia los pasillos; eran enjambres humanos que marcaban en los colores de las ropas, los cabellos, y lo inundaban todo con aquel zumbido de sus frases, y oraciones que se decían unos a los otros, las unas a las otras, ahí, dentro de ese corredor, pensaba en Elena, mientras miraba a su Elena en cada joven mujer espigada, ahí estaba riendo, ahí hablando por el móvil, aquella otra Elena que caminaba tomada de la mano por los corredores, esos corredores tan llenos de ninfas dispuestas a la fantasía, radiantes de alegría, desbordantes de sensualidad, con la coloración de cada frase, de cada parpadeo. Ninfas por todos lados, Enrique detenido en medio del corredor, con el móvil en la mano, las miraba pasar a su alrededor, las olía, las podía escuchar, y sentir cuando golpeaban con su cuerpo, él se había vuelto un obstáculo, sembrado ahí, en ese corredor, con el móvil en la mano. Estiraba uno de sus dedos y apuntaba hacia adelante, hacia detrás de las montañas, hacia detrás del horizonte. ¡Igual tú eres un perdedor! ¡Es hora de abandonarlo todo, pedazo de idiota! Le escupía la oscuridad, se dejaba apuntar, y se apuntaba al mismo tiempo. Reacciona. Reacciona. Elena está viva, Elena te espera. Tienes que ir por ella.

-- Tengo que colgar, Enrique, porque voy a llevar a mamá a casa de Elena para saber de qué se trata, --y Rafael le colgó, dejando que su voz se perdiera en las ondas que viajan por el aire.--  Mamá está desesperada por ti.

Un destello violeta paralizó el cerebro de Enrique. Estar a dos mil kilómetros de distancia y que te digan al oído una noticia de este talante tiene que hacer estallar algo en la mente, en la garganta, en las cuencas oculares, en los lacrimales, en el estómago, en los intestinos, en los músculos de las piernas, en los muslos; debía sentir algo corriendo por su piel, pero todo era agua, una agua clarísima que iba agitándose como un oleaje bravísimo que estallaba sobre una acantilado, haciendo que el cuerpo de Enrique se balanceara sin sentido mientras caminaba rumbo a la salida de la facultad. Pero se miró inmóvil en uno de los tantos jardines de la universidad, a un lado de aquellos corredores. Los demás habían llegado a su destino, y entraban a las aulas para el inicio de una nueva clase. Enrique se miró frente a la torre de rectoría, carajo, carajo, a dónde carajo estoy yendo, y el agua le empujaba, y brincaba chispeando su frente, el ser oscuro había desaparecido con los rayos del sol que se filtraban apenas entre las nubosidades de una gris mañana.

La noticia había calado. No había sido una llamada amable para contarte que tu hermano ha conseguido trabajo, ni que le hicieron reparaciones a la casa de mamá. La noticia era un maldito cuervo, un lémur balanceándose por la corteza cerebral. Ahí picaba y picaba. Estaba de nuevo inmóvil en medio del estacionamiento. Tengo que despertar, se dijo, desde cuándo duermo, desde niño, desde que era el feto en el vientre de mi madre. Y el rostro de Elena brincaba por todas partes, manchándole el recuerdo. ¿Y si no volvía  a verla? ¿Y si la lastimaban? ¿Cómo la estaría pasando en ese momento? ¿Desde cuándo estoy dormido? Desde que soy un feto en el vientre de mi madre. Uno huye de casa, uno escapa del hogar para fundar su propia vida y dios escupe sobre nuestros ojos. ¿Desde cuándo duermo? Desde que Rafael se había herido el pie cuando saltamos la reja en el complejo Benito Juárez para poder bañarnos en la piscina. Aquel Rafael, siempre apresurado, de tan poca reflexión, y lleno de ímpetu, brincándose la reja antes que todos, y caer justo encima de ese fondo de botella que le abrió como una boca sangrienta el calcañal. ¿Desde cuándo estamos despiertos? ¿Para qué? Este mi hermanito que había que internar cuando el asma parecía un monstruo que le atrapaba los pulmones; ¿desde cuándo había que despertar, desde cuándo duermo? Mamá por favor, que no quiero que me aprietes el corbatín, la verdad es que no quiero ir vestido así a la ceremonia, lo detesto, odio esas fiestas. Sólo estarás vestido así unas horas, ya estuvo bueno que todo sea tu ropa deportiva, ni modo que vayas de futbolista a tu graduación, te ves bien guapo, había dicho mamá, y Rafa, mi hermano Rafael, ahí riéndose de mí, mientras me toma las fotografías.

-- ¿Cómo se llama tu pareja?

-- Irene, mamá, ya te había dicho.

-- Se va a molestar Janette,-- gritaba Rafael haciendo burla a su hermano.

-- Mamá no me aprietes la corbata, por favor, ah, estoy harto, y tú, deja de tomar tanta foto, por favor.

-- Exageras, una más, con tu carita de niño bueno.

-- Vas a ver chamaco apenas te alcance.

¿Desde cuándo había que despertar? ¿Para qué estamos despiertos? Este sueño es una vida hecha de recuerdos.

-- Me puedo sentar.

-- Claro, disculpa, es que estaba entretenido. Tengo examen en la última hora.

-- ¿Y este libro?

-- Es una novelita que leo mientras viajo en camión, ya sabes, la facultad está tan lejos del centro que uno aprovecha para leer.

-- Hubieras leído mejor lo que vas a presentar. ¿Examen de qué presentas?

-- Anatomía comparada, es ya uno de los exámenes finales. Si logro exentarla alcanzaré el promedio que necesito. Esta es la última materia, así que por eso estoy acá leyendo para relajarme, lo estudiado ya quedó. Es para descansar.

-- Descansar con Sabato. No lo creo.

-- ¿Te gusta Sabato?

-- Sí. Pero Abbadón es la más complicada de sus novelas, ¿no crees?; yo prefiero El túnel.

-- ¿Si?, a mi me gusta más Sobre héroes y tumbas.

¿Desde cuándo habría que despertar? El tiempo solo es un cántaro sin fondo donde van cayendo los recuerdos, perdiéndose para siempre, guardándose para la calamidad. Recordar es atarse al pasado. Es continuar mendigando volver, y hacer las cosas de forma diferente.

-- Terminé con él, quiero que lo sepas.

-- Tu novio me va a matar.

-- No le dije que salía ya contigo. ¿Crees en el destino?

La pálida luz cae sobre Enrique que sigue en el estacionamiento. Tengo que concentrarme carajo, tengo que salir adelante. Elena. No puede ser. "Elena no aparece por ningún lado".

-- Elena Irabién.

-- Elena, fue un enorme gusto. No te había visto por acá.

-- Vine a ver a mi novio; yo estudio en Letras.

-- Hasta el otro lado de la ciudad. Vas a ir a la fiesta, supongo.

-- Por eso ando por acá.

-- Bueno, Elena, cuídate.

-- Tú igual, suerte en tu examen, y que disfrutes tu novela.

Enrique abandona la cafetería, tiene que despertar y continuar los pasos para enfrentarse a la oscuridad. Vuelve los pasos hacia el aula, se ha dejado la mochila al salir a contestar el móvil. "No aparece por ningún lado".

-- Serán sólo dos años, amor. ¿Crees en el destino?

-- Serán sólo dos años, y al regresar nos casaremos. Trataré de ahorrar.

-- No te preocupes, no te andes pasando hambres. Disfruta esta etapa; nuestra relación es sólida. Y dos años pasan rapidísimo.

Como pasa el ángel exterminador encima de todos nosotros. ¿No has marcado la puerta con la sangre del cordero? El estacionamiento es amplísimo. "Elena ha desaparecido" Tengo que despertar. Ella no aparece. ¿Por qué has llamado, Rafael, hermano mío? Este ha sido tu mensaje, la calamidad. El cuervo ha vuelto por mis ojos. Necesito volver a Mérida, necesito dinero, no traje mucho. Necesito volver.

Enrique salió corriendo de la facultad de ciencias para cargarse más crédito en el móvil y llamar de vuelta y poder tener mayor información, pero no lograba que nadie contestara. La desesperación era apremiante.

-- Acá vivo, gracias por el aventón.

-- A ti por la compañía.

-- Oye, Elena, dirás que es una idiotez, pero, te puedo invitar alguna vez.

Elena callaba. Como callan los cómplices. ¿Y aquel novio? ¿Y aquella familia política, la madre del novio que te quiere tanto? ¿Y aquellos años de convivencia? Vaya, hace tanto que las cosas están estancadas. El amor, el amor es solo un universo paralelo ya. Bien lo decían los ingleses: Para qué las lágrimas, para qué las emociones descontroladas. Tenemos la frialdad para los corazones. Vengan las lluvias nuevas a inundarnos los abrigos.

-- Sé que tienes novio pero... vamos, es solo una invitación inocente.

Y Elena sabe lo que es hacerse el inocente con esa sonrisa. Con esas ganas de esconderlo todo, con ese olor que rasca en la nariz, y es que del aroma se cuelgan las intenciones, he acá mi nariz, inúndala.

-- Dame el número de tu celular, yo te llamo, ¿quieres? Y.., Enrique..., si quiero salir contigo; te hablaré.

Tomó la decisión de ir a su casa. Mandó correos electrónicos, llamó a todos los números que pudo, casi a las dos horas le contestó su madre: "Tienes que calmarte, hijo, desde ahí hay poco que puedas hacer, todo está bien; no sé por qué tu hermano te llamó, le dije que solo iba a preocuparte." Pero Enrique no podía calmarse. Su pequeña Elena había desaparecido. "Díganme que está pasando".

-- Sólo sabemos que ayer en la tarde salió del trabajo. Había quedado de pasar a un bar con unas amigas, pero nunca llegó con ellas. Y tampoco regresó a dormir a su casa. Hoy en la mañana, su padre desesperado, --pobre hombre debieras verlo--, me llamó para saber cómo estaba su relación contigo. Tenía la esperanza de que hubieras venido a Mérida de improviso, y que hubieran decidido pasar la noche, juntos.

-- Ella hubiera llamado a su padre para que no se preocupara--, interrumpió Enrique, en automático, intentando explicar las buenas maneras de su Elena.

-- Pero no ha llamado, y no se tiene noticias de donde pueda estar. Sus amigos se han reportado, e intentan dar con ella. No está en los hospitales, ni detenida.

-- ¿Qué dicen en la policía?

-- Nada, hijo, en la policía no pueden buscarla hasta que hayan pasado dos días.

Enrique colgó la línea, cogió todo su dinero y se fue al aeropuerto. Compró un pasaje con todo el dinero que había ahorrado para estar los primeros tres meses mientras llegaba el dinero de su beca, y se regresó a Mérida. El avión aterrizó a las 9 de la noche. Desde el aeropuerto de la Ciudad de México, le había puesto un mensaje a su hermano para que lo recogiera. Cuando las puertas de vidrio se abrieron, lo supo en el rostro de su madre que venía por el pasillo con su hermano. Caminó tranquilo pero con decisión hacia ella, para abrazarla. Su hermano lo interceptó: ¡¡Está muerta…!!

Sentado sobre la tapa de la tasa del baño Enrique repasa las escenas que siempre vendrán a torturarlo, con el aroma de Elena, con la sonrisa de Elena dibujando en él un gesto similar, pocas veces mostrado en público. Algo le aprieta las entrañas, y el ardor de las quemaduras le indican que continúa vivo; que para su desgracia continúa vivo. Es un maldito superviviente, y siente rencor por ello; siente que ha sido un cobarde; cree que debió dar su vida para salvar a esos muchachitos, debió correr hacia los gritos, pudo haberlos salvado, se lamenta. Pudo rescatar a alguien, pero su cuerpo rechazó las altas temperaturas. Su cuerpo se detuvo, ahí, petrificado, escuchando los alaridos de todos aquellos que iban siendo abrasados por el incendio; lejos, lejísimos de esos cuerpos que se achicharraban; él debió morir y no Elena, él debió morir y no esos niños. Él es quien siempre, desde hace mucho no valora la vida. Desde los 15 a los 19 años la idea del suicidio fue su compañía más preclara... los años pasan, el día continúa moviéndose... he ahí las flores... las cenizas que deja el sol de cada amanecer. Cree que la muerte le ha abandonado. El ángel exterminador se ha burlado nuevamente de él. Tenía razón Sabato, es un dragón amarillo, verde, rojo, que sale en los estacionamientos, sale del mar, para llenarlo todo de escamas y fuego, de fuego y dolor, de humo y miseria. Su ángel exterminador pasa todas las noches tocando la flauta para no dejarlo dormir. ¿Aquel dragón, aquel fantasma constante será el incendio? Es todas las llamas devorando las pieles, ennegreciendo las formas, achicharrando las ideas. "Para matarse hace falta mucho valor y no soy más que un cobarde". Sabe que abandonó la carrera de ciencias para entrar a la policía. Aplicar el método científico para atrapar a los malditos violadores. Ninguna mujer más, no en mi turno; ni una mujer más será lastimada sin que haga pagar por ello a quien se atreva.

-- No tiene caso que veas el cadáver de Elena.

-- Era mi novia.

-- Es nuestra hija.

Y no lo dejaron acercarse. La cremaron, y ni siquiera le permitieron acercarse a la urna de las cenizas de su Elena.

-- Cuando muera, verás que me cremen, amor. Y un poco de aquellas cenizas las enterrarás en tu jardín; y luego, créeme, tendrás que seguir con tu vida.

-- ¿Qué haces hablando de muerte, ahora? A buena hora se te ocurre.-- Eran dos cuerpos, Elena y Enrique retozando en la cama, luego del sexo.

-- Me da mucha risa que mis padres te sigan odiando a pesar de los días que pasamos juntos.

-- Nunca he sido del agrado de los suegros. Ellos siguen queriendo a tu otro novio.

-- Pero ellos no deciden, ¿verdad?

Y no lo dejaron cumplir con aquel encargo de Elena. Decidió hacerse detective de homicidios. Tenía una licenciatura y eso tuvo que bastar para el cargo. Era un hombre determinado, capaz de tomar las decisiones, y con mucho valor para hacer algo contra esa misma maldad que un día le arrebatara al amor de su vida. Y todo había marchado bien, hasta ahora que no pudo evitar la muerte de aquellos jovencitos. Sabe que tuvo la oportunidad, pero no pudo proteger a Elena ni a esos jóvenes. Hoy que los gritos escalaban su cuerpo, el miedo y el dolor en su piel lo detuvieron, engarrotaron sus pasos. Se detuvo ahí, lejos de las lenguas de ese fuego que debió comérselo también. Pero su cuerpo rechazaba el calor, la temperatura era altísima y no pudo incendiarse.

Se sabe imposibilitado para llorar y ahoga un grito que le sube desde el fondo del cuerpo. Tocan a la puerta, con fuerza. Se amarra una toalla alrededor de la cintura y mientras va goteando por la casa para abrir, llegan a su cabeza las palabras de su hermano, que decía entre lágrimas y mocos: "La hallaron en un lote baldío en la salida a Kanasín; tenía la ropa desecha y el rostro desfigurado; le habían quebrado las manos, sólo por sus huellas dentales supieron que era ella, sus padres tuvieron que ir a realizar la identificación del cadáver, y decidieron de inmediato cremarla luego de la autopsia. No querían que nadie la viera así, desfigurada".

Enrique sabe que se contuvo en ese momento, el rostro desfigurado, y la sonrisa permanente de su Elena, dónde había quedado; esa pequeña nariz, sus pequeños ojos, la delgadez de sus labios, que permanentemente estaban fríos y humedecidos, dios como le encantaba quedarse pegado a esos labios: el rostro desfigurado que no tuvo ocasión de mirar.

-- Si quiero salir contigo. No dudes que te llamaré--, y lo había hecho. Tomaron algún café frío y luego le preguntó si quería ir a pasear a la playa, era aun temprano.

-- Espérame. --Cogió su móvil, se levantó de la mesa, y se alejó buscando privacidad. Regresó a la mesa.-- Vamos. El clima es delicioso. -- Elena se descalzó, brincó el muro del malecón y caminó hacia el oleaje. Un oleaje tenue. La noche era cálida, la brisa marina era agradable. Enrique podía sentir el aroma del océano pegar sobre su rostro.

Su hermano Rafael no podía creer la sangre fría con la que Enrique, luego de bajar del avión, atravesó los pasillos y el estacionamiento sin inmutarse; ayudó a su madre a subir al asiento, y luego manejar hacia su casa. Dejar a mamá y continuar con su hermanito hacia la morgue.

-- Me encanta sentir la arena-- . Enrique se había acercado a ella que miraba el horizonte oscurecido, y esas manchas blancas de la espuma que eran empujadas hacia la playa.

Llegó a la morgue cuando los padres de Elena estaban abrazados en la sala de espera. Don Rodrigo Irabién había reconocido a su hija, su madre hablaba de ese lunar en el seno derecho, ese lunar que no dejaba dudas, y que Enrique tantas veces había mordisqueado haciendo sonreír a Elena.

Enrique se quedó detenido detrás de ella, sobre la arena. Elena giró, y el aire movía sus cabellos sobre su rostro. Era, apenas unos milímetros, más alta que él, y eso que no tenía tacones. Enrique la miraba risueño. Elena se acercó a él y lo besó. Un beso húmedo cargado de costras de sal y arena. Los dos sonrieron. La pálida luz de la luna picaba sus pieles, mientras las arenas intentaban hacerse camino entre sus muslos, sus brazos, sus cuellos.

-- Me da risa la arena—dijo ella, mientras se amarraba el cabello en una coleta, para que no estorbara las caricias que Enrique imprimía en sus labios.

Enrique ignoró por unos momentos a los padres de Elena y se acercó al oficial que estaba presente en la sala: "Ya saben quién lo hizo".

-- Aún no. Pero se ha lanzado la alarma a todas las carreteras y se ha boletinado a Campeche y Quintana Roo para que no puedan escaparse, todos los vehículos serán revisados. Lo agarraremos joven, no se preocupe--, y el oficial le puso una mano sobre el hombro.

"No me toque", Enrique hizo un gesto despectivo y dando la espalda al oficial se arrodilló frente a la madre de Elena, cogiendo entre sus manos las manos de la pobre mujer que parecía a punto de colapsarse. Pero la madre de Elena retiró su mano: "¿Qué haces acá?"

-- Vete muchacho--, dijo Rodrigo Irabién--. Elena ha muerto y no eres bienvenido.

Un cubo de estiércol cayó sobre los ojos de Enrique nublándolo todo. Los padres de Elena se abrazaron, y aquel hombre lo miró con rudeza.

-- ¡Lárgate! No escuchas. No eres bienvenido.-- Las manos de la madre de Elena, eran como las manos de Elena pero envejecidas.

El beso en la playa se hizo eterno. Sin dejar de mirarse, ambos supieron que no eran necesarias las palabras. Se fueron recostando en la arena sin perder el beso; sus labios se habían cosido en bucles de saliva, se abrazaron, y al separar sus bocas ella recostó su cabeza en el pecho de Enrique. Horas más tarde, con los pies y el vestido lleno de arena la dejó en su casa. La acompañó a la puerta. "Quiero verte mañana", dijo ella. "Y pasado mañana", agregó Enrique, risueño: "Y al día siguiente".

-- ¿En verdad lo quieres?

-- No quiero nada más que eso.

-- Te llamo en la noche. No me gusta dividirme. Así que mañana terminaré con él.

 

 

Sábado, 17 Junio 2017 06:01

Elige ser escritor. / Adán Echeverría /

 

Elige ser escritor.

Adán Echeverría

Del 18 al 20 de mayo (de jueves a sábado) se llevó a cabo en la ciudad de Ensenada, el evento Elige (Encuentro Literario Generacional), convocado por la Asociación Civil Pluma Joven, la misma agrupación que año con año ha ido ganándose a los habitantes de esta ciudad con la apertura del Festival del Libro (LibroFest). En el reciente Elige, tuve la oportunidad de impartir un taller de Apreciación y Creación Literaria. Y aprovechando charlé con Dayanna Chaidez Osuna, joven de 19 años, estudiante del primer semestre de Comunicación, y presidenta de la Asociación Civil Pluma Joven, respecto de los objetivos del Encuentro. Aquí algunas de sus respuestas:

1. Pluma Joven es una asociación que nace en 2011, creada por jóvenes de 16 y 17 años que buscaban dar espacio a otros jóvenes que como ellos quisieran leer y escribir; ya que no encontraban espacios suficientes para desarrollar su amor a la literatura. Inician como un grupo de red social, con apenas 20 personas, que a la semana creció a más de 100, todos compartiendo textos, haciéndose revisiones. Como tuvo tanto auge, decidieron reunirse cada sábado, y lo comenzaron a hacer en cafés de la ciudad, para compartir textos.

2. Hemos planeado continuar con talleres, y mantener las reuniones semanales, o hasta diarias, y no solo reunirnos para organizar eventos. Queremos invitar a más jóvenes de la ciudad, y demostrarles que  no solo somos Elige y LibroFest, sino seguir paso a paso el proceso para ser escritores, y mantener un alto nivel como Círculo de Lectura.

3. Elige y Libro Fest son dos grandes logros. Libro Fest ya es más de la ciudad de Ensenada, que de nosotros mismos. Es de nosotros porque somos un grupo de más de 50 jóvenes, quienes durante muchos meses nos la pasamos buscando libros, gestionando patrocinios, pero sin la ciudad no tendríamos esos libros para intercambiar. Hemos sembrado una semilla para que toda la ciudad sepa que los jóvenes de Ensenada estamos leyendo y estamos interesados en que la ciudad lo haga.

4. Los escritores de reconocimiento que traemos a los eventos Elige y LibroFest, se logran buscando apoyos de la Secretaría de Cultura, de Tierra Adentro. Con promotores de lectura, con escritores que hemos contactado como Armando Salgado, quienes sugieren a otros autores. Este año tuvimos el apoyo de la UNAM, gracias a Universo de Letras trajimos a Benito Taibo y Gibrán Valle.

5. En Ensenada, el gobierno municipal y la misma sociedad ve que estamos haciendo algo acerca de lectura y libros, y pueden estar tomando conciencia. Hemos llamado la atención. Hasta para mal. Algunas personas piensan que lucramos con los eventos. Pero no se acercan para darse cuenta de que nos movemos por patrocinios, que no estamos buscando beneficios económicos, sino lograr un cambio en la sociedad; cambiar esa conciencia de que la cultura es cara.

6. Los participantes del Elige se acercan a nosotros por medio de las redes sociales, pero igual vamos a las escuelas, desde meses antes del evento, les hablamos del proyecto, les leemos algunos libros de los escritores que podrán conocer. Los contagiamos de interés.

7. Algunos escritores locales siempre nos han apoyado como Gerardo Ortega o Ramiro Padilla; a otros los invitamos pero deciden no asistir.

8. Hay muchos jóvenes que se han acercado con el paso de los eventos, y que con el tiempo se les ve la evolución en su forma de escribir. Muchos quieren participar en concursos, en premios, en becas, lograr publicar un algún libro.

9. Nos interesa mucho lo que está ocurriendo en México, el clima que se siente en la sociedad, y lo tomamos en cuenta en nuestros textos literarios. Algunos en prosa, otros con poemas.

10. Hacemos el Elige para los jóvenes que apenas están empezando a leer o escribir. En él reciben talleres, participan de charlas, y aprenden que escribir es un oficio, y no solo se trata de sentarse y dejar que fluya. Las experiencias que los escritores les pasan, son muy bien recibidas.

 

 

 

 

 Adán Echeverría

 

 

El corredor de las ninfas.

(novela por entrega)

 

 

 

 

 

Mérida, Yucatán, México

 

-- Siempre me gustaron los niños. Mi esposa y yo sufrimos cuando el médico nos informó que no podría tener descendencia. Algo con mis espermatozoides. Ella dijo apoyarme, pero la escuché hablar emocionada de lo que significaba para ella ser madre. No quiso decirlo, pero luego que el médico dejó clara mi infertilidad, al mirarla dormir los días siguientes, su rostro me acusaba, y me hacía responsable de la sequedad de madre a la que la había conducido. Se había atado a este tipo incompleto que soy. A este imbécil incapaz de tener un espermatozoide sano, con la fuerza suficiente para poder fecundar sus óvulos. Me hice de valor y la enfrenté: Luisa, tienes que embarazarte. Búscate otro. Yo no puedo hacer que sufras conmigo. Me siento responsable. Es mi culpa que no podamos tener hijos, y quiero verte disfrutar la maravilla de la maternidad. Es injusto.

-- No venga ahora a contarnos las tristezas de su matrimonio. ¡Necesitamos respuestas de lo que le estamos preguntando! No nos va a condoler con su historia.

-- ¡Cálmese detective! Prosiga profesor, por favor.

Óscar Garfias cogió sus lentes con la mano izquierda; su mirada estaba fija en la mesa que tenía frente a él, que lo separaba de la teniente Rilma Ferrera; y sin inmutarse sentía la respiración del detective Enrique García, que le hablaba por la espalda, inclinado hacia su oreja derecha. Con lentitud, Óscar Garfias extrajo un pañuelo amarillento del bolsillo derecho de su pantalón y mecánicamente, sin apartar la vista de la mesa, fue limpiando los cristales de sus lentes, para luego volver a colocárselos.

-- ¡Qué prosiga carajo!, qué, ¿no escucha?,-- el detective García dejó caer su brazo, con la mano abierta y los dedos extendidos, sobre la mesa. Óscar Garfias ni siquiera lo miró, continuó limpiando cada uno de sus lentes con el pañuelo sostenido entre el dedo índice y el pulgar de la mano derecha.

-- Detective, tengo que pedirle que salga del cuarto. -- El Detective Enrique García echó hacia atrás el cuerpo, caminó para quedar frente al interrogado, al pasar junto a la desocupada silla, del otro lado de la mesa, se despojó de su tranquilidad, y con una patada lanzó la silla de plástico hacia el fondo de la habitación, de la que salió dando el clásico portazo de los que pierden el control y se desquitan con los objetos inanimados. Al salir no pudo ver que la mirada del profesor Óscar Garfias, continuaba sobre la mesa, al contrario, Enrique quiso sentir, que la mirada de aquel hombre que había detenido el día anterior, seguía pegada a su hombro.

Rilma Ferrera permaneció callada, acariciando con los dedos la mesa que la separaba del sospechoso. Con la mirada sobre la grabadora de bolsillo que se encontraba ahí a su lado derecho frente a ella, mirando apenas al profesor Óscar Garfias. Podía sentir el frío ojo de las cámaras de video que se encontraban detrás y enfrente de ella. Intentaba mantenerse serena, no podía perder el control ante el sospechoso. Diez meses hacía que lo venían siguiendo hasta que lograron atraparlo en una brecha en el camino hacia la hacienda Tabi, donde el incendio desatado en las cabañas posteriores había dejando poco más de 45 víctimas, casi todos jovencitos de ambos sexos, cuyas edades oscilaban entre los 13 y 17 años. Los cargos del sospechoso habían subido: desde perversión de menores, estupro, violación agravada y ahora, asesinato múltiple imprudencial.

Una vez fuera del cuarto donde interrogaban al sospechoso, Enrique García caminó entre los escritorios de la comandancia hasta el garrafón del agua purificada al fondo del pasillo. Se sirvió uno tras otro, tragos de agua en varios conos de papel; uno tras otro hasta beber más de siete, pero no podía sacar de su mente las imágenes de los cadáveres de los jovencitos, el maldito olor a piel y carne quemada, permanecía en sus fosas nasales a pesar del baño. La comezón y el ardor en cada una de las quemaduras de su piel crecían con el roce de la ropa, todo para que aquel imbécil siga ahí limpiándose los lentes y contando su sufrimiento por no poder tener hijos.

-- Hijo de la gran puta--, arrugó el último cono de papel y, furioso, lo lanzó hacia dentro del bote de la basura.

-- Pensé que querían mi confesión completa. Pero si lo desean, puedo ahorrármela. Creí que nos haríamos algunos favores, detective; que juntos queríamos llegar a un acuerdo. Soy el único testigo vivo.

-- No, profesor. Usted no está acá sólo en calidad de testigo. Mientras no logremos unir todas las piezas, y tengamos su versión de los hechos, usted es nuestro principal sospechoso… Ahora, tiene que disculpar a mi compañero. Y por favor, si insiste en no querer un abogado prosiga profesor. —el profesor Garfias volvió a declinar la presencia de algún abogado, quería contarlo todo, sacarlo todo de la mente para que no siquiera destruyéndolo. Los años pasarían y el tendría aquella historia en la mente, por siempre, era necesario contagiar a alguien más de todo lo que tenía en la cabeza, y le rebosaba.

"Cuando encaré a mi mujer para pedirle que se buscara otro, pude percatarme de lo mucho que me amaba (o eso quise suponer). Se echó a mis brazos llorando. Jamás pensé que Luisa respondiera de esa forma. Estaba errado al pensar que ese ensimismamiento era algo relacionado con el dolor que le causaba la idea de estar casada con un hombre que no podría darle hijos. No era así. Jamás lo fue. Se metió en mi pecho y me llenó de besos el cuello; lloraba con una ternura tal, que hacía que yo pudiera sentir cada fragmento de su cuerpo como parte de mí. Supe que era real, que ella no mentía. Jamás pensó en echarme la culpa. Desde esa tarde que hablamos de frente, nuestra relación se volvió más fuerte. Se volvió feroz. Éramos más que una pareja, éramos cómplices para bien y para mal".

El sospechoso bajó la cabeza y un brillo líquido dibujó su sombra en aquella mirada, pedazos de algo que podría describirse como momentos agradables, espacios del recuerdo que significaran cualquier cosa, se agazaparon en sus pupilas. Fue un instante. Todo pareciera haberse borrado de un solo manotazo a la mesa. Óscar Garfias se pasó la punta del dedo meñique en la orilla del ojo izquierdo, y desde el fondo de algo que la detective pudo constatar como cinismo, extrajo una sonrisa y la llevó a sus labios.

"¡En fin!", remató. "Ella ha muerto, detective. Ha muerto y yo estoy acá sin poder siquiera contemplar su cadáver mientras las culpables siguen libres, y huyendo. Están ustedes perdiendo el tiempo conmigo, porque yo puedo aceptar todos los cargos, pero tienen que atraparlas". De súbito el sospechoso dejó de limpiar los lentes y poniendo ambas manos sobre el escritorio se acercó al rostro de la detective: "De nada servirá mi confesión… ellas no se detendrán".

2.

-- No puedo dejar de mirarte. Tu aroma desboca mis sentidos. No quiero evitar que tu aroma me penetre, que se meta y me haga completamente tuyo. No quiero ni pretendo evitar que suceda. Me gusta dejarme guiar por esas percepciones que se desbordan cuando estás cerca. Me fascinas, me tienes completamente dominado. Jamás lo dudes.

-- Los hombres dicen cualquier cosa después de cogerte, como disculpándose, pretendiendo que les creamos. Sabes bien que puedes conseguirte la mujer que quieras, sin correr el riesgo de embarazarlas, te has convertido en el hombre perfecto. Toda mujer desea un hombre así como tú, para no tener que usar pastillas, y para poder sentir ese chorro caliente de semen adentro de una, sin la maldita preocupación de tener que cuidarse de resultar embarazada. Es muy descansado no tener esa preocupación. Eso me encanta. Ahora sabes que puedes conquistarte a la chamaca que quieras. Esas tus alumnitas que me parecen tan despreciables y patéticas. Seguro te las andas cogiendo y ni me enteraré, porque no vendrán acá embarazadas de ti. Y tampoco tendrás que andar pagando abortos.

-- Pero Luisa, son igual tus alumnas. Qué cosas dices.

-- Claro que sí, sabes que siempre tengo razón. Y pienso aprovechar al máximo esta ventaja. Quiero que me llenes tanto. Lo necesito.

-- Pensé que sería duro para ti.

--- Para nada. Ha sido lo mejor. Si quería tener un niño, porque me encanta ir al parque, o a las plazas, y ver cómo te la pasas mirando a los niños jugar. Se de tu cariño por los niños. Me duele que no puedas realizarte como padre.

-- Los alumnos son como mis hijos. Siempre me han gustado los niños.

-- Sí, lo son. Los alumnos y… las alumnas también. Cabrón, que me doy cuenta cómo te miran esas malditas niñas jareosas. Eso haremos. Los chicos de la escuela serán nuestros hijos.

--Aún recuerdo cuando te presentaste a solicitar la vacante en el Instituto. Apenas llegabas de Cozumel, con la piel bronceada. Como un náufrago vuelto a la ciudad.

--¿La piel bronceada? Esas cosas no se le dicen a un hombre. Las mujeres tienen la piel bronceada. Nosotros la tenemos chamuscada o negra. Eso de que los hombres anden bronceados es tan gay e inaguantable.

-- Por eso me gustaste Óscar, porque jamás has podido desatarte ese machismo tan a ultranza que siempre te persigue.

-- No es machismo, cariño, es algo mejor, se llama cinismo. Falta de hipocresía; tan sólo no me dejo llevar por lo políticamente correcto. Para mi no existen los metro sexuales. Lo cierto es que con tanta cogedera en los hoteles, todos sus líquidos terminan saliendo hacia los mares; con las aguas negras, ríos de orina, donde viaja tanto anticonceptivo se funden con el océano. Segurísimo que todos nos estamos volviendo más amujerados, por tanto pinche estrógeno en nuestros alimentos. De ahí que esos jóvenes de hoy se crean metro sexuales para sentir seguridad en su femineidad a flor de piel; los que no son putos, claro…

"Quizá. Pero a ti lo machista nadie te lo puede arrancar. Lo supe con sólo verte, mientras leía tu curriculum, sentía como tu mirada me desnudaba. Así eres tú, caminas y vas midiendo la carne y las formas de todas las mujeres que cruzan ante tus ojos. No lo puedes evitar. Es maravilloso como brincas de la inocencia de mirar a los niños a la perversión con que miras a las mujeres, casi te las coges con la vista. Y si pudieras, te las cogerías a todas. Lo supe con solo verte, por eso no pensaba contratarte, eras muy pagado de ti mismo, y eso me enojaba. Me había costado llegar al puesto que tengo; y con la posibilidad de contratar a los profesores del Instituto, tenía que ser inteligente y perspicaz; y no me gustaba irme a la ligera. La competencia no ha sido fácil. Tuve que luchar contra muchos pendejos que creían que por ser ingeniosos y alegres, una tenía que soportarlos. Tuve muchos jefes así, y muchos compañeros. Por eso había decidido no involucrarme con profesor alguno. Más de cinco años me costó el hacer de mi rostro mi primera defensa, la vanguardia; que al mirarme se dieran cuenta de que en mi cuerpo habita una maldita perra con la que es imposible coquetear. (A ti poco te importó, cabronazo). Hacer de cada uno de mis rasgos la máscara perfecta para no dejarme atrapar por nadie. Esa máscara en la que siempre me refugio cuando tengo miedo; esa máscara me hace sentir poderosa y capaz, eso sobre todo, capaz de cualquier cosa para lograr lo que quiero. Esa siempre ha sido mi meta, lograr siempre lo que yo quiera. He escuchado cómo dicen por los pasillos del Instituto que tengo cara de encabronada; que soy una bruja; como señalan a bocajarro que soy una frígida sin sentimientos. No importa. Los alumnos me temen, y los maestros me respetan, saben que conmigo no hay medias tintas. Esta forma de ser me ayudó a convencer a los del Consorcio de Padres de Familia para que apoyaran este proyecto de escuela privada que he logrado implementar, y créeme eso no fue algo fácil. No es nada fácil brindar una educación completa y llena de libertad. Hacer a los chicos independientes, hacerlos emprendedores. Hacer que los padres confíen plenamente en ti, que te entreguen sin restricción la educación de sus hijos, eso sí es respeto, carajo. Fueron meses de trabajo continuo, horas de reuniones, de convencerlos de cada una de las propuestas, defenderlas, no aceptar cambios inocuos y, ya ves; me salí con la mía. Desde hace tres años que todo esto ha dado frutos, y puedo sentirme satisfecha. Muchos hombres han venido a mí, y me he servido de ellos para el placer, tanto de su compañía como de su sexo, y si creen que por eso pueden controlarme, jamás sucederá. Yo soy mi propia dueña, mi propia jefa, mi propia libertad. Pero tú… en este año me has doblegado. Tenías ese algo que yo necesitaba. Esa tu forma de mirarme, esa tu forma de no esperar nada de mí ni de los demás.

"Por eso me desconozco cuando estoy contigo, Óscar. Los que me conocieron antes de ti, no se lo pueden imaginar hasta que me ven, con estos mis ojos de perrita enamorada. No te pensaba contratar porque me pareciste un maldito machista ligador. Pero vi como tus alumnos reían con tus ocurrencias, y me di cuenta que dominabas sin chistar las materias que se te habían ofrecido: Matemáticas, Química, Física, Biología, Anatomía, Ecología, Estadística, eran materias las más de las veces áridas pero que tú supiste hacerte apreciar desde el primer instante, hacerlas amenas, y por eso noté en ti algo que andaba buscando, ese deseo que tenías de enseñar. Me di cuenta que lo tuyo era la enseñanza.

"Pero esas chamacas resbalosas, que apenas comienzan a reglar sienten el cosquilleo de la vanidad que las más de las veces suele convertirse en locura. Me encantaba mirarlas cuando se te quedaban viendo. Todo parecía un ritual: apenas llegabas al Instituto y ellas permanecían pegadas a los barandales observándote, como unos malditos cuervos, como unas gaviotas necesitadas de alimento, y ese alimento era que por lo menos tú les regalaras una mirada. Que esa mirada intelectual, lentes, pelo corto, ropa casual, tu forma de caminar, tus ademanes, eran seguidos por ese enjambre de miradas.

"Ahí estaban pegadas a los barandales sin discreción mientras tú te trasladabas de un aula a otra en el cambio de hora. No se cómo no te nalguearon, por momentos pensé que alguna se atrevería; pero qué podía yo decirles que no las dañara emocionalmente: regañar a una sería hacer que toda la escuela les hiciera burla, y lesionar su autoestima. Siempre he querido proteger a los jóvenes, y mucho más a las muchachas. Cuando son tan jóvenes e inexpertas, no saben del poder que pueden llegar a tener; llegan a esa edad cargadas de la culpa que desde el nacimiento les van injertando en la mente, y luego tienen que enterarse cuando sus cuerpos comienzan a cambiar, que si son lindas, se les trata de putas, si son duras, se les trata de mal cogidas, de sangronas, y claro, siempre se les trata de fatalistas, la cosa siempre será lesionarles la autoestima, si no es la familia, serán las amistades, o aquellas personas que hayan escogido como parejas

"He querido acabar con eso. Quiero que las chicas que estudian en este Instituto sepan que son capaces de ser felices, que es su derecho ir en busca de su felicidad. Cuántas veces he escuchado decir “ellas se lo buscaron por provocadoras”, “consiguió lo que tiene por puta”, “cuántos acostones le costó llegar a donde está”, “si la violaron, ella se lo buscó, por andar de resbalosa”, “mira como se viste, luego por eso las violan”, y esa sarta de estupideces."

"Estoy harta de que a las jovencitas las traten así, y de que los jovencitos se les eduque para hablar y pensar de maneras similares sobre sus compañeras. Quiero chicos respetuosos, chicas capaces de cualquier cosa. Quiero que dejen de pensar con la vagina y con el pene, que lo único que los distinga sea su propio nombre, y no constructos que les han heredado. Ese es uno de los objetivos de la escuela, el que no se tomen en cuenta las cuestiones de género para la educación, pero que se tomen en cuenta las cuestiones fisiológicas; y tú, de inmediato pudiste darte cuenta de estas ideas mías, y congeniaste con ellas. Eso me pareció sorprendente; dijo mucho de ti, me pareció excelente que a pesar de tu machismo, estuvieras en el entendido de cuál era la búsqueda y el modelo educativo del Instituto. Por eso no podía regañarlas cuando se apilaban sobre los barandales a mirarte. Estaban catando tu carne –qué risa me daban-, estaban sorprendidas del tipo que eras. Hipnotizadas. Yo no podía llamarles la atención, ni regañarlas, tenían derechos a mirarte; al menos que ellas hicieran algo como nalguearte, que te faltaran al respeto o se lo faltaran a ellas mismas, pero no ocurrió. Todas ahí, detenidas sobre los barandales de los cuatro pisos del Instituto, y tú partiendo plaza. Era algo que llamó poderosamente la atención de los demás maestros que me lo comunicaron, sobre todo porque se trataba de la mayoría de las alumnas, no eran casos aislados. De todos los salones, desde las más jóvenes hasta las más mayorcitas, ahí, pegadas a los barandales, sin poder evitar mirarte, suspirando, como en un maldito ritual. Todas encandiladas por el alimento que les parecía tan necesario, con el deseo de caer sobre ti y despedazarte a mordiscos; eran unas cuscas, y eso que ninguna pasa de los 17. Yo lo entendería de las chamacas de la prepa nocturna, porque muchas ya son adultas que apenas decidieron o se animaron a terminar su preparatoria. Pero estas rapazuelas del turno matutino que van de los 14 a los 17 años sólo eran unas cuscas, tan divertidas, que no podían evitar sentirse, desesperadamente atraídas por tu personalidad. Y eso más que mal me parecía correcto. Yo las quería así, capaces de dejarse llevar por las sensaciones de su cuerpo, no reprimirse. Enseñarles a gozar de su ser mujeres."

"De milagro que los muchachos no se enemistaron contigo. Supiste ganártelos también. Cuántas veces me he asomado a tu clase para ver como ríen contigo tus alumnos todos, chicos y chicas. Tienes una forma de contagiarlos. Siempre están pendientes de tu clase, siempre tan cumplidos. Se debió a tu carácter. Supiste hacerlos tus cómplices, acercarlos a ti, con tu don de gente, tu amistad desbordante que siempre te hacía sonreír coqueto. Tu tanto cariño por las juventudes. Me gusta que los alumnos estén tranquilos, y que el tiempo que pasen en la escuela les sea agradable. Y tú lo lograbas, y al hacerlo, cumplías con lo que yo requería de ti. No sólo ser quien enseña sino ser alguien cercano a los alumnos, alguien en quien ellos pudieran confiar con plenitud. Eras precisamente lo que yo quisiera de los jovencitos; hombres que crean en sí mismos; porque eras respetuoso, me gustaba cómo ni siquiera te importaba aquel ritual de las muchachas. No perdías el piso con ello, ya de por si eras pagado de ti mismo y coqueteabas todo el tiempo. Pero no las morboseabas, como ellas lo hacían contigo. Un nuevo maestro con una currícula interesante, un experto en fauna que puede hablar a los alumnos de la naturaleza, porque ha estado en contacto con ella. Un hombre con luz y aventura en los ojos que quería un cambio completo de vida. Que quería, como yo, tener una vida dedicada a enseñar.

-- Me encantan los jóvenes, porque yo fui un joven rebelde y quisiera allanar un poco el camino para algunos muchachos. Que no tengan que darse de topes como me ocurrió a mí.

-- Me pareciste todo un soñador, un romántico. Y luego, los comentarios que me hacías en la sala de maestros, tu esperarme a la salida para acompañarme al carro, tuvieron que dar resultado. Rompiste poco a poco las barreras que había puesto. Fuiste quitándome, a solas, cada una de esas máscaras que llevo para enfrentarme a los demás, y te fui dejando entrar; respetaste mi posición ante los demás, ante ti incluso, porque dentro del Instituto me diste mi lugar. No soy la misma de antes. Desde hace poco más de un año, soy otra, mi inversa personalidad. Creo que estoy enamorada. Lo estoy, Óscar, y esta sensación hace que no me importe que no puedas embarazarme. Te tengo y me basta. Para amarnos con ferocidad, para hacer lo que queramos, para no ponernos barreras, para explorarnos cada vez con más ahínco, con mayor dedicación, sin estar pensando en precauciones. Que no puedas embarazarme se ha vuelto un regalo increíble. Quiero llenarme de ti, tenerte a cada rato. Es tan relajante.

3.

-- Profesor, le voy a mostrar algunas fotografías…

-- No quiero verlas. Conozco a cada uno de esos chicos, a sus padres. Muchas veces estuvieron en mi casa y yo en casa de ellos. No hay necesidad de que las mire, detective, aceptaré todo lo que me imputen.

Óscar se recostó de nuevo sobre el respaldo de su silla, y levantó la vista hacia el techo, guardando ambas manos en los bolsillos del pantalón. La detective Rilma había extendido en la mesa, a manera de abanico, las fotografías de los jovencitos muertos. Eran fotografías donadas por sus padres. "No me interesa verlas, detective, guárdelas por favor. No perdamos el tiempo".

-- Pero cómo se atreve este hijo de puta. Déjeme entrar de nuevo capitán. Yo haré que mire las fotografías. Nos estamos tardando con este imbécil, necesitamos que nos diga todo lo que sabe. Necesitamos que los identifique. Los padres tienen que saber si sus hijos están muertos o desaparecidos. Necesitan el consuelo de tener su cadáver. En la morgue tenemos bolsas llenas de ceniza, huesos, fragmentos, telas, pedazos irreconocibles. Necesitamos que reconozca a las chicas que faltan.

Desde afuera del cuarto, en la sala de video, Enrique García era contenido por el capitán Lorenzo Segura. "Déjeme un rato con este maldito, necesitamos arrancarle a golpes lo que sabe. Ni siquiera quiere mirar las fotos, y mire como sonríe, hijo de la…"

-- Ya basta Enrique. Tuviste tu oportunidad y la arruinaste. Rilma lo tiene donde queremos. La prensa esta sobre nosotros, y la gobernadora ha pedido resultados de este caso. Tengo sus zapatos apuntando a mi culo, y no voy a seguir permitiendo que tu carácter nos arruine más la fiesta. Es necesario tener información para poder evaluar que le daremos a la prensa para que se entretenga. Hay que arrojarles algo, antes de que comiencen a ensuciarnos la escena del crimen, antes de ser noticia todos los días, antes de que comiencen a escarbar por su cuenta y acaben por exponernos. Necesitamos todo lo que nos pueda decir. Cuatro muchachitas aun no aparecen y el tiempo corre. Él sabe de ellas, lo ha dado a entender, necesitamos ubicarlas. No sabemos nada de los cuerpos. El tipo está haciendo un trato con Rilma y si escuchar su verborrea nos hará dar con el paradero de estas chicas, vivas o muertas, es algo que tendremos que hacer. Te recomiendo que te calmes, o tendré que mandarte a tu casa por unos días.

Pero Enrique García aun sentía el olor de los cuerpos quemados. El calor de las cenizas, las amarillentas osamentas y las órbitas oscurecidas de esos pequeños cráneos de los jovencitos cuyas fotos esparcidas en la mesa los mostraban tan distintos, con esas miradas llenas de futuro, rostros alegres, limpios, cuando aun podían sonreír y mostrar las juveniles facciones sin las marcas que el fuego había ahora derretido; las fotos se han quedado ahí extendidas a manera de un abanico sobre la mesa frente al sospechoso que se ha negado a mirarlas.

-- Acá tengo otras, de los cadáveres que hemos ido recogiendo. Necesito que confirme si estos chicos estaban en la hacienda. ¿Me explico? ¡Vea las fotos! En la morgue apenas tenemos cuerpos desnudos y carbonizados, solo cenizas y fragmentos, y una montaña de denuncias de desaparecidos.

El profesor Garfias se cruzó de brazos, el brillo líquido permanecía ahí en sus ojos, detrás de los cristales de sus lentes. Su mirada escudriñaba el techo en busca de sus recuerdos, en busca de un punto perfecto para distanciarse de la voz de la detective.

-- Mire aunque sea esta. ¿Es su esposa? ¿Tampoco quiere verla? Es difícil reconocerla, pero seguro que usted lo hará. Es la única de todos los cadáveres que encontramos con ropa. Tiene un sexi vestido, verde acuamarino, de marca. Tenía un cuerpo en verdad hermoso, profesor, ¿no quiere verla? Pensé que sería algo que tal vez pudiera interesarle. ¡Carajo, era su esposa!

Rilma debió notar el estado muscular que iba tensándose en el cuerpo de Óscar Garfias mientras describía la foto de aquel cadáver que parecía su mujer, pero no lo hizo, por un momento, el cansancio la hizo descuidarse. El profesor, sin quitar la vista del techo iba rascándose la nariz, pasándose las puntas de los dedos en el vértice de cada ojo, hasta que se puso de pie y se lanzó sobre la detective, brincando encima de la mesa.

-- No quiero verlas, maldita bruja, no quiero verlas, no puede entenderlo.

La mujer se echó para atrás, pero fue apresada del cuello por el sospechoso, cayeron de espaldas y ella de inmediato logró pegarle en la garganta con el canto de la mano derecha y levantarse con rapidez dejando el cuerpo del profesor en el suelo. Rilma sacó su arma y lo apuntó.

-- Lo siento, lo siento mucho. No quise atacarla. Perdone.

-- Quédese en el suelo y cálmese.

La puerta se abrió y entraron dos guardias. Enrique García y el capitán Segura miraban desde la sala de video cuando sucedió el ataque. Todo fue tan rápido que el detective García no tuvo tiempo siquiera de salir de la habitación para socorrer a su compañera, porque ésta ya dominaba la situación.

-- Estoy bien muchachos, estoy bien. Se que me excedí, profesor, y le ofrezco una disculpa. Ahora levántese lentamente, muy despacio y regrese a su asiento. Quiero que acepte mi disculpa; esto es difícil para todos, pero tenemos que hacerlo. Necesito su cooperación. Pero eso sí, no se equivoque, si vuelve a ponerme una mano encima, le meteré un tiro en la cabeza.

El profesor Garfias seguía arrodillado de espaldas a la detective, junto a él estaba en el suelo la supuesta fotografía de su esposa muerta. Levantó las manos en señal de rendimiento, y poco a poco fue poniéndose de pie. Se dio la vuelta y miro a la joven detective, con la pistola firme entre las manos, apuntando. Se encogió de hombros y volvió a sonreír. "No es mi esposa"

-- Es un procedimiento que tiene que cumplirse, profesor. Lo voy a dejar a solas con las fotos. Tómese su tiempo. Lo que necesitamos, es que usted al verlas pueda darnos algunas ideas de dónde se encuentran las chicas desaparecidas. ¿Cómo dijo?

-- Seamos civilizados, por favor. Esto es doloroso. Sólo no quiero mirar las fotografías, entiéndalo. Estuve ahí y se exactamente lo que ocurrió. Intento decírselo, pero ustedes insisten en interrumpirme. La de la foto no es mi esposa. Y las asesinas siguen libres y huyendo. Todos los chicos de la escuela estuvieron en la hacienda. Todos están muertos… No pude hacer nada por salvarlos.

Garfias volvió a su lugar. Rilma enfundó la pistola, y fue recogiendo las fotos que habían caído al suelo. Escuchó con calma lo que dijo el profesor, volvió hacia una de las cámaras de video en complicidad con los que miraban desde el otro lado.

-- ¿Está usted seguro de lo que dice? ¿No es su esposa?

-- Ya se lo he dicho, detective, pero no me cree. Ellas están huyendo y no se detendrán. Lo han planeado todo muy bien. Yo aceptaré todos los cargos que quieran echarme encima. Puedo reconocer que si yo no hubiera sido débil nada de esto hubiera ocurrido pero tienen que alcanzarlas.

-- ¿Dígame dónde guardó el cadáver de las otras chicas? ¿Su esposa murió o no murió?

-- Ellas no están muertas. No sé dónde está mi esposa. Tal vez con ellas, tal vez igual esté muerta, entre esas bolsas de cenizas que dice tener. No lo sé. Están huyendo conforme al plan que ya tenían. Tienen que ir por ellas.

-- ¿Y su esposa sabía lo que estaba ocurriendo? Tratamos de entender. ¿Usted solo condujo a todos estos chicos a la hacienda? ¿Usted les prendió fuego? ¿Usted mató a su esposa?

-- Han sido ellas cuatro. Se hacían llamar Dead Planters. Las Dead Planters. Secuestraron a mi esposa, y engañaron a todos. Yo aceptaré mi responsabilidad pero tienen que ir por ellas.

 

continuara...

 

 

De los Talleres Literarios al oficio de Escritor

Adán Echeverría

 

 

 

Si no han leído el cuento "Obras completas", de Augusto Monterroso, tal vez no puedan reconocer al Fombona que vive en los Talleres Literarios. Monterroso lo ha descrito, de manera muy sutil. Tan sutil, que cuando uno lee el cuento podría pensar: ¡Qué bueno es el profesor Fombona al ayudar a su alumno Feijoo!

Creer que lo ayuda, cuando lo que hace es coartarle la libertad creativa, limitar su deseo de ser poeta. Primero diciéndole: "que a pesar de todo sus versos encerraban no poca belleza", y después ponerlo a realizar revisiones enciclopédicas de referencias absurdas sobre Unamuno. Hasta encasillarlo finalmente como un "especialista en Unamuno", limitando sus intenciones de convertirse en poeta.

Por eso les presento 10 puntos para asistir y coordinar un Taller Literario:

1) Se asiste a un taller porque se tiene duda sobre algún texto, y queremos buscar la manera de resolverlo; escuchando nuevas opiniones.

2) No se asiste a un taller para mostrar un texto y pensar que cuando lo lean, las personas se doblaran de rodillas adorándonos; no se asiste para pensar que con la lectura el mundo cambiará, y las personas que nos miren comenzarán a aplaudir, y nos pedirán autógrafos y las editoriales correrán a buscarnos para firmar un contrato y publicar 300 mil copias de nuestro trabajo en 8 idiomas diferentes. No.

3) A un taller se asiste con la humildad de querer aprender, y con la voluntad y el valor para presentar nuestro texto y dejar que los demás digan de él lo que piensan. Hay que respetar el valor de quien se atreve a compartir un texto. Pensar que estamos ante una obra creativa, que antes no existía, y que por voluntad de aquella persona que decidió verterlo en el papel, ahora existe. ¡Esa debe ser la maravilla!

4) El coordinador que pretenda que todos escriban como escribe él; o que sin él los compañeros talleristas estarán perdidos, que mejor se dedique a otra cosa.

5) Cuando presentas un trabajo a un taller, tú tienes la última decisión de hacer con tu trabajo lo que te venga en gana. Pero eso lo decides en tu soledad, en tu casita, mientras vas al baño. No en el taller. Cuando presentes un texto en taller, escucha con amabilidad lo que tengan que decirte del mismo. No pongas cara ni hagas juicio, y no digas: "Pero qué personas tan tontas, no comprendieron mi genio; simplemente no lo entendieron." Ya que si pretendes que eres un genio incomprendido, mejor no vayas al taller. Tal vez no lo necesites.

6) Cuando comentes un texto, lo primero que tienes que expresar es si te gustó o no el texto. Dilucidar, parte por parte, cada fragmento del mismo. La intención debe ser mejorar el texto. Encontrar qué fallas tiene y buscar resolverlas.

7) El autor que presenta un texto a taller, no tiene qué explicar ni antes ni después, lo que quiso o no decir, lo que le inspiró, ni nada. Un texto se debe defender solo. El autor no estará ahí cuando yo me tope el texto en una librería, o una biblioteca, y ése tiene que ser el espíritu. Luego del taller, al calor de la charla, el autor puede contarnos las mil y un maravillas de su texto.

8) Tienes que ser implacable con los textos que se presentan al taller. Buscando siempre cómo mejorarlo, no cómo destruirlo. Pensando qué cosas pueden estar mal en el texto, -es la mejor forma de corregirlo-, y decirlas, apuntarlas, señalarlas.

9) No llegas al Taller mecánico para que te terminen de amolar el carro, ¿verdad? Llegas para que lo reparen. Lo mismo el taller literario. Llegas a que lo revisen contigo, y te ayuden a repararlo. Tomarás apuntes de lo que te digan, y cuando estés solo decidirás qué es mejor, qué aceptas y qué no aceptas de los comentarios.

10) Las opiniones siempre tienen que ir sobre los textos, no sobre la vida de las personas, ni sus gustos o filias. Cuando te toque opinar de un texto, no nos cuentes lo que dice, porque también nosotros lo escuchamos. Tu comentario no puede ser: "El texto trata de...", tiene que ser sobre estructura, la arquitectura... el valor de las palabras y los signos, su peso, su levedad; sobre quién cuenta, quién es el hablante lírico, sobre los tiempos verbales; y lo que significa cada cosa que está puesta en el texto, y de lo que pueda referenciarte.

Poco a poco igual tú irás abandonando los talleres. No porque ya no los necesites, sino porque has aprendido técnicas para mirar lo que antes no mirabas al escribir, y eso te hará ser más crítico con cada cosa que escribes. Y regresarás al Taller Literario, de nuevo, cuando haya algo que creas que no encaja, cuando pienses y tengas dudas de alguna creación tuya. De esta forma poco a poco te irás convirtiendo en escritor.

Te darás cuenta que eres un escritor de oficio, cuando no puedas dormir porque algún personaje de tus textos te preocupan, cuando te des cuenta que tienes una idea, y ya quieres llegar a casa para escribirla. Cuando sientas esa necesidad de apuntar en la hoja blanca, cuando sientas que tienes la responsabilidad de escribir. Y que no te preocupe la fama, los premios, las becas, ni los encuentros de escritores, todo eso está ahí como parte la vida, de la política cultural, de los amigos. Preocúpate por cuidar tus textos, por construir tus personajes, por dejar claros tus poemas, porque nunca se te acabe la creatividad, la fantasía, la crítica. Escribirás para llenar aquellos espacios de las lecturas que te motivan. Uno escribe como resultado de sus propias búsquedas lectoras.

Dicen que después del descubrimiento de cómo hacer el fuego, crear el Lenguaje  fue el segundo descubrimiento en importancia, porque había que lograr comunicarse. Reconocer y ponerse de acuerdo en qué nombre dar a las cosas, contar los hechos del día, las preocupaciones del mañana; hablar de las emociones. ¿De qué me sirve sentarme junto a la fogata si no me es posible comunicarme con los otros cercanos a mí? Recuerda que el escritor es aquel que utiliza la palabra, y la moldea para establecer "esa forma diferente" de querer contarnos las cosas. Escribir es un oficio, entonces, que puede derivar en obra de arte. Por ello les dejo estos 13 puntos por si quieren dedicarse a la literatura:

1. Sigan sus sueños sin desesperarse.

2 No pierdan el piso, la gente no correrá a pedirles autógrafos cuando caminen por las calles.

3. Sean responsables y dedicados, tengan disciplina al leer y al escribir.

4. Sean observadores, escriban a diario sobre lo que miran.

5. Jamás dejen de ser críticos consigo mismos y con los demás.

6. Aprendan teoría y estructuras literarias para poder leer mirándolas, y apliquen las teorías existentes a sus lecturas, para que aprendan a hacerlo con sus textos.

7. Nunca tengan miedo de perder algún texto, vuelvan a escribirlo, siempre les saldrá mejor; no sean flojos para hacerlo.

8. No se disfracen de escritores, ni de bohemios, ni de hipsters-sábelo-todo, tampoco de turistas, fans, ni grupies literarios. En la literatura lo que importa son las obras y no los autores ni la vida de los mismos (menos sus fotos con los autores, pero sí las reseñas de los libros que han leído).

9. No presumas lo que lees, presume mejor –mediante crítica publicada, ensayos literarios o académicos- lo que te ha dejado una lectura. No seas una foca aplaudidora y di lo que piensas de una obra. Si la leíste, y decidiste usar el tiempo de tu vida para hacerlo, nadie te puede impedir decir lo que en verdad piensas.

10. Deja de seguir el hit-parade de la literatura que hacen revistas, periódicos y editoriales, siempre hay dinero de por medio en ello. Toma todos los cánones y esos hit-parade como guías de lectura; abre y revisa los libros, y lee lo que te dé la gana.

11. Nunca persigas presupuestos de becas y concursos con vanidad; usa las fechas de las convocatorias como fechas límite para tener disciplina en tu escritura, y participa en todos los concursos que puedas.

12. Nunca pierdas de vista que tienes que divertirte y aprender de ti al escribir una obra para comunicar tu pensamiento. Los lectores de tu obra serán aquellos que quieran comunicarse contigo.

13. Escribe siempre con honestidad, jamás queriendo enseñar a los demás. En toda lectura hay un aprendizaje. Toda obra te deja algo, hasta el decir: 'Que mala obra', es un aprendizaje.

 

 

Mirar desde Clarice Lispector.

Adán Echeverría.

Mucho se ha escrito sobre la obra de Clarice Lispector por lectores especialistas, y sin embargo, aún este año 2017, su obra no es tan leída en México como la de algunos otros narradores y narradoras del sur del continente americano: Cortázar, Borges, Allende, Quiroga, Onetti, Donoso; el idioma en que ella escribió (portugués), pudiera ser esa barrera para que su obra no haya llegado a todos los rincones de México, país desde donde escribo, desde mediados del siglo XX, como la de los autores mencionados. Sin embargo hay que reconocer que otros muchos autores en lengua portuguesa sí son leídos: Eça de Queiroz, Saramago, Pessoa, pero no Lispector. Repito, Lispector no es tan leída en México como debiera serlo (y no hablo de lectura academicista, ni de lectores de manga ancha, que seguro la conocen, sino de las lecturas que deberían hacer los jóvenes lectores, los que trabajaban en oficinas, los que busca la lectura para entretenerse y se apuran en las ferias de libro para acceder a los libros que se recomiendan), porque el poder que ha otorgado a su pluma, bien vale una revisión sesuda de todo su trabajo.

Nacida en Ucrania en 1920, y llevada al Brasil de apenas dos meses de edad, han hecho que su obra como su vida sea totalmente sur americana; vivió su infancia en la ciudad de Recife, como ella misma dejara escrito en uno de mis cuentos favoritos, titulado "Felicidad clandestina", un cuento en donde la niña lectora narra la emoción que le causa, y siente, por la posibilidad de tener ya en su manos el objeto de su deseo: un libro de Monteiro Lobato, "un libro para quedarse a vivir con él".

Lispector es hija de una familia de emigrantes judíos rusos, pobres; y a los quince años se muda a Río de Janeiro, ya huérfana de padre, llevando consigo un manuscrito de "belleza inquietante y no menos perturbador", dice el crítico; se trataba de su novela Cerca del corazón salvaje que por varios meses había ido escribiendo en hojas sueltas con la idea de "capturar sensaciones y vivencias del día a día, y ritmos e imágenes que le permitieron crear un personaje femenino, centrarse en él, para narrar su existencia"; así es como nos lo relata el crítico Juan Gustavo Covo Borda. Desde joven Lispector demostró ser una lectora ávida, y hambrienta; dijo que cuando leyó El lobo estepario de Hermann Hesse, a los trece años, se apasionó tanto con su lectura al grado de que le producía fiebre, obsesionándose, y marcándola para siempre. Una adolescente de amplios vuelos lectores, quien supo evidenciar ese amor que desde pequeña sintiera por la lectura y la escritura y plasmarlo en su obra. Los escritores, siempre vamos a escribir para rellenar esos vacíos (o huecos) que encontramos en nuestra búsqueda lectora. Un tema nos apasiona, y leemos todo lo que podemos sobre él, y si notamos que hace falta algo, comenzamos a escribirlo.

La traductora Elsa Losada Soler cuenta que la palabra con la que escribe Clarice es "de cristal, frágil y dura; por lo que traducirla es atravesar un espejo" –uno de los muchos espejos que encontramos en sus obras, en los que la autora misma se multiplica, espejos que construyen y destruyen las identidades de las mujeres que conoce, crea, recrea, boceta, dibuja, y en los que se refleja a sí misma, o de las que toma distancia, pero que están ahí presentes de cuerpo completo, sudorosas o límpidas; niñas, ancianas o jóvenes, enamoradas, solitarias, abandonadas, amorosas que huyen, que son descreídas, distraídas o locuaces, fanfarronas, tiernas, y muchas más– "para volver del otro lado con algo que sólo será un triste reflejo", nos termina diciendo la traductora de su obra. Es de aplaudir que al castellano, una de las traductoras de su obra cuentística sea justamente la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi; porque con su trabajo traductor, tan bien cuidado, podemos escuchar esa cadencia de la prosa de Lispector.

Sabemos que cada escritor poco a poco se irá creando un mundo propio con sus palabras y temas recurrentes; que con el paso de los textos irá completando los espacios vacíos de su búsqueda lectora; y con el paso de los textos escritos irá creando leyes para ese mundo propio, que solo sus lectores, poco a poco irán descubriendo. En la obra de Clarice Lispector uno puede 'creer encontrar' ese estilo de la autora, ese mundo propio que tanto la atormenta, que felizmente la atormenta, hasta volviéndola cínica en muchas ocasiones, y mediante el cual se propone descubrirnos sus historias de vida. Cito: "Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Del mismo modo, la lluvia no está agradecida por no ser una piedra. Ella es la lluvia. Tal vez sea eso lo que se podría llamar estar vivo. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa." (escribe la autora en Tanta mansedumbre). Relato que tiene un pequeño guiño de aquel poema de la escritora uruguaya, que seguro deben conocer: "¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen. / Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen. (…) "No veis que está loca? Tornadla a su casa". (El dulce milagro, de Juana de Ibarbourou). El hablante lírico de Ibarbourou, como el personaje de Lispectos, nos plantean a esa mujerr que se va hablando a sí misma de sus emociones. Lispector con una emoción similar relata: "En pleno día era noche, y esa cosa que no quiero todavía definir es una luz tranquila dentro de mí, y la llamaría alegría, alegría mansa." ¿Será el amor? Lo cierto es que la mansedumbre de la que habla el personaje de Lispector, está en esa alegría, tal como en el hablante lírico; y somos los lectores de las dos autoras quienes diríamos: No veis que están locas.

Clarice murió de cáncer el 9 de diciembre de 1977 en Brasil. Para su biografía-novelada, uno puede, si lo desea, referirse al trabajo de Laura Freixas, "Ladrona de rosas: Clarice Lispector, una genialidad insoportable.", que fue publicada en Madrid, en el año 2010. Podemos igual ir encontrando lo que algunos de sus muchísimos críticos, a lo largo de los años han escrito sobre ella y sobre su obra. O, acercarnos a su vida, a través de conocer la obra narrativa que ha dejado. Lo cual siempre será para mí mucho mejor, leer la obra de los autores, no sobre la vida de los mismos.

Decía que mucho se ha escrito sobre Lispector a lo largo de su vida de creadora (publicó Cerca del corazón salvaje en 1944, a los 24 años, y murió a los 57, por lo que aproximadamente 33 años estuvo dedicada a la literatura), y mucho se ha escrito también en estos últimos 40 años después de su muerte; y seguros tenemos que estar de que se seguirá escribiendo sobre ella y sobre su obra; porque su obra está ahí para ser leída, disfrutada, compartida, ya que es imperecedera, y va ganando nuevos lectores. Yo sigo esperando que en México, la obra de Lispector penetre tal como ha comenzado a penetrar la obra de Elena Garro, o como ha penetrado la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, o los textos de Simone de Beauvoir.

Permítanme mostrar lo que algunos de sus críticos señalan:

La poeta mexicana Gloria Gervitz cree que la obra de Lispector pudiera agruparse como "literatura de la percepción", y agrega: "su tema central es la mirada, la propia mirada. Importa mucho menos qué es lo que se mira, como la manera de mirar." Para poder ilustrar lo que entiendo de lo que dice Gervitz pongo estos ejemplos:

"Él, el hombre, se ocupaba de aquello que ella ni siquiera agradecía; él atizaba el fuego, lo cual era su deber de nacimiento. Y ella, que siempre estaba inquieta, haciendo cosas y experimentando, curiosa, ella no se acordaba de atizar el fuego: no era su papel, pues tenía a su hombre para eso. No siendo doncella, el hombre tenía que cumplir su misión. Lo más que ella hacía era instigarlo, a veces: «Aquel leño —decía—, aquél todavía no encendió». Y él, un instante antes de que ella acabara la frase que lo advertía, él ya había notado el leño, era su hombre, ya estaba atizando el leño. No le daba órdenes, porque era la mujer de un hombre que perdería su estado, si ella le daba órdenes. La otra mano de él, libre, está al alcance de ella. Ella lo sabe, y no la coge. Quiere la mano de él, sabe que la quiere, y no la coge. Tiene exactamente lo que necesita: poder tener." (de su cuento Vida al natural). ¿Quién narra lo anterior? ¿Narra Lispector o narra la mujer que se mira actuar a sí misma, y conversa con su interior? "Quiere la mano de él, sabe que la quiere, y no la coge." He ahí la mirada que señala Gervitz, ¿desde dónde se narra el texto? Lispector hace que la narración vaya revoloteando dentro del personaje femenino. Como si el espíritu narrador se paseara alrededor de la mujer, mirando al hombre, mirando hacia su interior, dejándose escuchar a sí misma: "el hombre tenía que cumplir su misión". Esta oración me recuerda tremenda obra de Esther Vilar: El varón domado.

Un segundo ejemplo: "Se acostó; se abanicaba impaciente con el diario que susurraba en la habitación. Tomó el pañuelo, trató de estrujar el bordado áspero con los dedos enrojecidos. Comenzó a abanicarse nuevamente, casi sonriendo. Ay, ay, suspiró riendo. Tuvo la imagen de su sonrisa clara de muchacha todavía joven, y sonrió aún más cerrando los ojos, abanicándose más profundamente. Ay, ay, venía de la calle como una mariposa." (del cuento Devaneo y embriaguez de una muchacha). De nuevo uno puede mirar, con el narrador la escena, planeando alrededor de la habitación, con la mirada narradora de Lispector, como si de una cámara de cine se tratara, que se pasea por encima de la escena, por encima de la cama, donde la mujer reposa. Y es que esa "mirada" que señala Gervitz, con que la autora inteligentemente construye sus historias, haciéndonos cómplices con ella, al ir leyendo, y mirando desde esas mismas alturas. Como si la cámara (valga la comparación) fuera acercándose a los personajes, alejándose de ellos, volviéndose a acercar, para escuchar el diálogo, y volviéndose a alejar para ceder la voz a otro personaje. Miremos con los ojos de la autora (o con los ojos del narrador) el siguiente ejemplo, en donde he introducido algunas notas, con la idea de ir aclarándome:

"Un poco cansada, con las compras deformando la nueva bolsa de malla, Ana subió al tranvía. (el adjetivo que usa "cansada", nos sitúa como lectores muy cercanos al personaje Ana) Depositó la bolsa sobre las rodillas y el tranvía comenzó a andar. Entonces se recostó en el asiento en busca de comodidad, con un suspiro casi de satisfacción. (y la mirada narradora se aleja en el recuerdo:) Los hijos de Ana eran buenos, una cosa verdadera y jugosa. Crecían, se bañaban, exigían, malcriados, momentos cada vez más completos (¿quién narra esto, la autora, el narrador?, no… es Ana la que narra, porque Ana es quien conoce a sus hijos y los llama "malcriados" con esa ternura de madre). La cocina era espaciosa, la estufa descompuesta lanzaba explosiones (describe su hogar, escuchamos las explosiones que describe, utiliza los sentidos "espaciosa", ver, las mismas "explosiones" de la descompuesta estufa, oír). El calor era fuerte (sentir) en el apartamento que estaban pagando poco a poco (sitúa el estatus social del personaje). Pero el viento golpeando las cortinas que ella misma había cortado recordaba que si quería podía enjugarse la frente, mirando el calmo horizonte." (fragmento de su relato Amor). Como vimos, la autora hace a su narrador entrar y salir, alejarse y acercarse.

Su compilador y prologuista, el crítico cubano Miguel Cossío Woodward, señala que «Los cuentos de Clarice Lispector revelan el trazo incandescente que dejó la escritora brasileña en la literatura iberoamericana contemporánea".

Coincido con lo que dice el crítico cubano, en sus cuentos se palpa la angustia existencial, tanto como la búsqueda de la identidad femenina (como una mirada precisa, retratando, no haciendo juicios) junto a su condición de ser humano (al alzar la mirada y planear desde la altura y observar de manera más generalizada). Pongo otros dos ejemplos, primero para mostrar el plano existencial de su obra, o las preguntas hasta de índole filosófico en que la autora conversa con ella misma y con los lectores, desde un tono coloquial: "El huevo es una cosa que necesita cuidarse. Por eso la gallina es el disfraz del huevo. Para que el huevo atraviese los tiempos, la gallina existe. La madre es para eso. El huevo vive como forajido por estar siempre demasiado adelantado para su época. El huevo, por ahora, será siempre revolucionario." (en el relato El huevo y la gallina). "La madre es para eso", nos plantea el ideal lispectoriano de la mujer que decide ser madre: "para que el huevo atraviese los tiempos, la gallina existe".

Y de nuevo podemos entrecerrar los ojos y leer: "La mujer, que soy yo, sólo quiere alegría. Pero yo me inclino frente a la muerte. Que vendrá, vendrá, vendrá. ¿Cuándo? Ahí está, puede venir en cualquier momento." (en el relato El muerto en el Mar de Urca.) Lispector nos deja clara que para algunas personas la vida es para la alegría, para atravesar sin el desgaste de las depresiones. "Nacer es proclamarse inconforme", asienta José Vasconcelos; quien además hace este apunte delicioso: "escribir libros es un triste consuelo de la no adaptación a la vida". Le doy la razón a Vasconcelos, y cuando leo a Lispector, me voy dando cuenta de esa búsqueda tan necesaria en la construcción de su obra: "Voy a decir un secreto: mi vestido es lindo y no quiero morir." (de El muerto en el Mar de Urca.)

En sus cuentos y relatos, como en sus prosas más amplias, Lispector mantiene siempre el vuelo ensayístico que nunca la abandona, junto con la fulguración poética que no deja de ser agradable, sorpresiva, y le entrega a sus textos una carga de encanto y belleza, sin dejar de evidenciar el golpe seco de la realidad cotidiana; también, en no pocas ocasiones las historias de Lispector son interrumpidas, haciéndonos sentir ese desasosiego de que la historia podría continuar, como la vida, más allá de la anécdota. Lispector "escribió textos poco ortodoxos que no contaban historias felices de hadas y príncipes, sino sensaciones intensas en atmósferas cotidianas, impresiones fulminantes de la realidad, trozos de vida, ardientes como carbones.", dice de nuevo uno de sus críticos. ¿Cómo no estar de acuerdo? Leamos:

"Ah, si lo hubiera sabido, no nacía, ah, si lo hubiera sabido, no nacía. La locura es vecina de la más cruel sensatez. Devoro la locura porque ella me alucina calmadamente. El anillo que tú me diste era de vidrio y se rompió y el amor no terminó, pero, en lugar de él, vino el odio de los que aman." (en Tempestad de almas).

"Es hacia mi pobre nombre a donde voy." (en Es allí a donde voy).

La lectura de la obra de Clarice Lispector supone siempre un reto. En un principio su escritura nos sorprende porque no se acomoda a los modelos genéricos clásicos. Pero el desasosiego, y también la atracción crece porque no se reduce a cuestiones literarias, sino están escritas como golpes al muro de la realidad que siempre intenta encerrarnos. Clarice se dio cuenta de esos muros que estaban a su alrededor: matrimonio, fama, sociedad, familia: y con cada obra, mediante su talento, creatividad, la herramienta de su pluma, hacía esos huecos en la pared para alcanzar la luz que le permitía continuar.

"La interrogación constante, la indagación que caracteriza su escritura, apela a nuestra conciencia, al modo de entender nuestra relación con los objetos, con las personas y, sobre todo, con nosotros mismos" (señalan Cabanilles Sanchis y Lozano de la Pola). Sus críticos llegan al exceso tratando de establecer límites: Affonso Romano de Sant'anna describe el modelo narrativo de la autora como siendo constituido de cuatro funciones básicas: 1) situación inicial del personaje, 2) preparación de un incidente bajo la forma de presagio, 3) ocurrencia del incidente y, 4) el desenlace, en el que el personaje o retorna a la situación inicial o permanece en la perturbación provocada por el incidente (en la obra Pozenato). Ante este tipo de "método" con que algunos los críticos han querido subyugar la obra de la autora brasileña, nos dice Clarice Lispector “Siempre quise escribir sin siquiera mi estilo natural. El estilo, incluso el propio, es un obstáculo que debe ser superado”. Y nos vuelve a dar una clase de literatura y a mostrar su forma de mirar el mundo: "para quien ha leído un poco y ha pensado bastante en las noches de insomnio, es relativamente fácil decir cualquier cosa que parezca profunda." (en su relato Historia interrumpida). Y ahí les restriega en la cara algo que continuamente siempre he pensado, para qué la necesidad de encasillar la obra y el talento de los escritores.

Un día escuché a Gloria Gervitz decir "que la buena prosa, era un poema tensado al máximo". Luego la maestra sacó la novela Seda, de Alessandro Baricco, para ilustrar lo que decía. Considerando ese tono poético en constante tensión, es como Lispector, a mi entender, ha construido gran parte de su obra, si es que no toda su obra. Escuchemos este poema hecho narración:

"Es hacia mi pobre nombre a donde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo. Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente. ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros." (en Es allí a donde voy)

Y contrastémoslo contra una narración con mucho mayor tono prosaico y descriptivo:

"Y ya que los hijos estaban en la finca de las tías, en Jacarepaguá, ella aprovechó para amanecer rara: confusa y leve en la cama, uno de esos caprichos, ¡no se sabe por qué! El marido apareció ya vestido y ella no sabía qué había hecho para su desayuno; ni siquiera le miró el traje, si había o no que cepillarlo, poco le importaba si hoy era el día en que se ocupaba de negocios en la ciudad. Pero cuando él se inclinó para besarla, su levedad crepitó como una hoja seca.

—¡Vete!" (en Devaneo y embriaguez de una muchacha).

La obra de Lispector es vasta, y toda ella recomendable. Sin embargo, lectores al fin, debemos decidir si queremos leer cada una de las cuartillas de la autora para el disfrute de sus temas, sus historias, su vida; o si como interesados en la literatura, con la intención de también escribirla, podemos escoger alguna de sus obras, quizá la más representativa, para poder tener tiempo suficiente para leer a otros autores y autoras. Esa siempre debe ser nuestra propuesta, pensar siempre desde nuestra propia búsqueda lectora, nuestras intenciones para conocer a los autores y sus obras. Y no tenemos que volvernos especialistas en un solo autor, pero sí podemos disfrutar su trabajo, todo el tiempo que lo queramos:

"Había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.

A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo.

Ya no era una niña más con un libro: era una mujer con su amante." (de Felicidad clandestina).

De la vasta obra de Lispector podemos señalar sus Cuentarios: Lazos de familia (1960); La legión extranjera (1964); Felicidad clandestina (1971); La imitación de la rosa (1973); ¿Dónde estuviste de noche? (1974); El viacrucis del cuerpo (1974); La bella y la bestia (1979); como sus Novelas: Cerca del corazón salvaje (1944); La lámpara (1946); La ciudad sitiada (1948); La manzana en la oscuridad (1961); La pasión según G.H. (1964); Un aprendizaje o el libro de los placeres (1969); Agua viva (1973); La hora de la estrella (1977).

***Texto leído por su autor para el programa "Los imprescindibles",

a cargo de la poeta Flora Calderón, para el Instituto de Cultura de Baja California.

Representación Ensenada, en el puerto de Ensenada, Baja California, 24 de marzo de 2017.

 

 

Jueves, 30 Marzo 2017 06:36

Mar Océano Adán Echeverría

Mar Océano

 

 

 

 

Adán Echeverría

 

Rocío Araya (ilustracion)

Hace muchos años

en el inicio de todo

los días no eran tan nublados como hoy

el sol no parecía estar tan enojado como hoy

y la tierra no era tan seca

como la que solemos pisar

 

 

Todo era oscuridad

nos dicen

¿y por qué habríamos de creerles

a esos magos del viento

que no supieron cuidar nuestro planeta?

 

 

 

Mejor será

comer pan tostado con mermelada

viendo la televisión

y escuchar historias de marineros

de vientos que mueven las velas

y canciones saladas

que nos llevan hacia el Mar

 

 

 

El Mar que todo se lo come

el Mar que todo lo ve

 

el Mar como esa caricia

la espuma sobre nuestra piel

 

 

 

¡Súbanse que nos vamos a la playa!

Por el camino por la carretera

la voz de papá y sus instrucciones siempre serias

y los ojos de Larissa

en el retrovisor:

¡habrá que sacarle la lengua!

 

Tienes que sentir como cambia la brisa

mientras nos alejamos de la ciudad

Salimos al campo rumbo a alguna playa

para corretear un poco

y perseguir a las olas

que nos quieren morder los dedos de los pies

 

 

 

Papá dice:

Un fantasma se llamaba Ramón

sabía de asustar niños

pero con las niñas

siempre tenía pendiente

porque le faltaban dos dientes

y siempre perseguía un ratón

 

 

 

Mi papá tan ocurrente

siempre sabe sonreír

 

 

"Mira Diana ya se ve el Océano"

Tengo que sacar las manos de los bolsillos

o se me pegará la arena por tanta mermelada

que llevo en los dedos

"Diana querida no saques las manos del auto"

Mi abuela sonríe

mis hermanos se hacen gestos

mientras juegan videojuegos

 

¡Oh qué profundo tan azul

de ese Mar que me contempla!

¡Atraparé un delfín

para montarlo!

"Mira las gaviotas. Vamos por ellas"

¡Espérenme que se me caen

las chancletas!

 

Aquella caracola

que traes en el pecho

el hogar sería de todos mis secretos

si la malvada ola

no la hubiera dejado

escondida en esta arena

Los barquitos de concha que se ven tan silenciosos

extrañan seguramente sus tesoros de almejas

con sus granitos de perlas

ahora prendidas de alguna oreja

 

 

 

Cuántos niños corren por la playa

¡Mira esa montaña! ¿Es la arena?

No. Es un pobre manatí que ha muerto

por el aspa de una lancha

que ha cortado su cabeza

He querido llorar

 

 

 

 

Los brillos de sol en el mar

parpadean sus ojitos en la espuma

¿Has perdido el traje de baño Esteban?                  

Corriendo siempre corriendo

Ese niño no se queda quieto

sus huellas borra la mar

No me pueden atrapar. "Eres una estrella de mar"

Larissa no me alcanzas. "Eres un hipocampo"

Eres una aguja. Un bagre bigotudo

Eres una anguila. Anguila no. ¡Y eléctrica!

No llores Larissa. No es verdad.

No eres una anguila

"Ven acá pequeña. ¡Soy un tiburón!"

 

 

 

 

 

 

 

Esta peluca de sargazos. ¿Me queda bien?

"Solo si quieres parecerte al monstruo del pantano "

Del mar. El monstruo del pantano pareces tú

¡Larissa! Me está diciendo cosas Elí

"Acabemos ya pequeño"

La monstruo del Mar Océano

"Si tú lo dices"

 

 

Y el Mar Océano que se come a los piratas

y el Mar Océano que se traga a los turistas

Préstame unos tiburones Mar Océano

No hice la tarea y mañana vendré a verte otra vez

nuevamente. Estirado como un plato

¿dónde han ido tus oleajes? ¡El Mar Océano no puede contenerse!

Soy el Mar Océano    dice la péqueña Diana

Soy el Mar Océano con cabello de sargazo

y el viento viento viento sopla que sopla en mi espalda

¿Dónde están todos tus piratas Mar Océano?

Quiero esa luna        dámela

 

 

 

 

 

 

 

La monstruo del Mar Océano

que todo lo puede que todo lo devora

como dice mi papá

Devoraré las corcholatas

¡Guácala saben a óxido!

"Ya deja de decir tonteras Diana Luz"

 

¿A dónde vas pequeño marinero?

"Déjame Diana"

¿Sigues molesto porque te regañaron?

Ya no estés molesto. Te perdono

Soy el Mar Océano y te regalo mis gaviotas

"Las gaviotas no son tuyas Mar Oceáno

o como quiera que te llames"

Soy la Monstruo del Mar Océano

y tú tienes que obedecer ¡Quiero mis gaviotas!

"Pues corre tú para atraparlas"

Corre corre que ahí viene la arena

El hombre de arena nada puede

contra La monstruo del Mar Océano

¡No me eches arena en la cabeza!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Querido Mar Océano quiero ser como tú

guardar la luna en cada parpadeo

y jamás dejar de ronronear.

Quiero llenarme la cara con el naranja del atardecer

y en cada beso de arena y agua olvidar la prisa de todos los días

 

 

 

Saber de todos los ciclos naturales

que van y vienen como las olas: abajo, arriba, de nuevo para abajo

¡Esta agua que no se queda quieta!

Todo pasa a través de ti

las lluvias los ciclones el frío los enamorados

y esos  barcos que siempre se van

¿Tráeme un beso de alta mar?

Mis queridos marineros no quise hundirlos se los juro

ustedes que no ceden en se empeño

y siempre quieren pescar de más

"Mira los peces Diana" ¿Dónde dónde?

"Ven con nosotros Mar Océano"

Está muy fría esta agua. No quiero meterme.

Hay estos océanos que se tragan tantas cosas

se tragan las historias se tragan los rencores

se tragan los pasados se tragan los trajes de baño

y si se tragan los visores, díganme:

¿por qué entonces vomitan a mi hermano Esteban?

¿no pueden tragárselo? "Diana, no digas eso."

Solo bromeaba

¡Soy el Mar Océano!

¿Otra vez? Pero si te da frío meterte al mar

Soy el Mar Océano que canta toda la noche

"El Mar Océano que agita toda la tarde y no se calla"

Me trago el sol y enciendo las estrellas

y en toda profundidad de cristalinas aguas

mi voz solo es submarino que volverá a tierra alguna vez

¡Oh cuántos delfines esta noche hay entre las olas!

¡cuántas sardinas van brincando!

Papá no quiero que los pesques Pobrecitos

Papá súbeme a tus hombros Vamos papi

alcanza a los delfines

"No puedo Diana Luz. No soy tan rápido"

¿Acaso no eres marinero?

Soy biólogo marino pero…

Yo creí que papá era amigo de los delfines

amigo de Neptuno

Es catastrófico para esta monstruo Mar Océano

una familia tan terrestre

Mi hermano Elí ama comer pescado

Mi hermano Esteban ama los castillos de arena

Yo amo las gaviotas cuando comen de mis manos

Adoro hundir mis pasos en la arena

que el viento juegue con mi cabello

y perseguir con la vista esas olas que nunca jamás se quedan quietas

Esta noche en la fogata papá y Larissa han ido a caminar

Esteban y Elí juegan al soccer en la arena

Abuelita está sentada junto a mí

y el sonido de las olas me besa las orejas

Arriba millones de estrellas

el fósforo abre sus ojitos entre las olas

¿qué quieres contarme lucecita?

Nada como seguir en esta playa

mirando aquel oleaje repetido

que siempre me habla de mi misma

Cuando crezca seré una navegante

"Serás lo que quieras, preciosa Diana Luz"

Papá sí que sabe divertir a los Monstruos.

Dame un beso querida Mar Océano.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mira este cadáver de pez abuelita

Mira mis huellas en la arena

La fría arena la húmeda arena

Esa lengua de mar que se lo come todo

Ese sol que desapareció ¡qué tímido!

No te da miedo el Mar Dianita

Yo nací del Mar querida abuela

 

 

Cuando crezca seré una navegante

iré por todos los océanos del mundo

"Para eso tienes que estudiar mucho Diana"

Para ir por el Océano solo tengo que embarcarme

y para embarcarme tengo que tener mucha arena en la cabeza

mucha espuma en los ojos mucha sal en el pecho mucho aire en los labios

mucha noche en los cabellos Para navegar necesito luz en la mirada

Solo eso

 

 

 

 

 

 

 

¿Dónde ha quedado la noche?

¿Qué cosa dices repetido oleaje?

Amanece. Duermen los niños

La mar está quieta

En la oscuridad una sonrisa de espuma

viene a contemplar el campamento

 

 

Diana Luz sigue en la orilla

"Pero niña te va a dar una pulmonía

¿No tienes sueño?"

Abuelita. El Mar Océano estuvo despierto toda la noche

¿Nunca duerme? ¿No se aburre de la monotonía?

Su canción es tan relajante

Nunca duermen las sirenas

los tiburones sí duermen

también las manta rayas

a pesar de tanto movimiento

duermen también los barcos

en sus motores y velas

Yo soy la Monstruo Mar Océano

y siempre que voy ya vuelvo

en estas aguas encendidas de luz

mi espuma es la bienvenida

a todos los que me traen sus sueños

Es este Mar risueño tan lleno de carcajadas

Esta luna que no se quiere esconder

y el sol ya va saliendo

Corran hacia el agua corran niños

 

 

"¡Vamos Diana vamos a nadar!

Cárgame en tus hombros papá

tan sólo tengo cinco años

y del Océano

ya me he llenado el alma

 

 

 

El panorama cultural en Mérida y la necesidad de mirar hacia afuera.

Adán Echeverría

 

 

 

Me parece que el panorama cultural en Mérida, Yucatán, está creciendo mucho. El trabajo que vienen desarrollando los promotores de cultura, junto con los grupos independientes, más las escuelas de escritores, los diferentes foros como Tapanco, La rendija, Macondo, la misma Escuela Superior de Artes de Yucatán, y sus áreas de dramaturgia y artes visuales, o de música, han hecho que el crecimiento cultural en Yucatán se perciba.

Cada mes, si es que no cada semana, hay alguna actividad que realizar, alguna muestra de teatro, alguna galería por inaugurar obra de algún artista visual. ¿Qué es lo que creo que falta? Falta crítica, dejar de aplaudirse los unos a los otros. Falta menos víscera en las críticas, readecuar las soberbias y alejarnos de las vengancitas estúpidas. Aún existen esos pequeños fanfarrones que creen que lo saben todo, y que lo pueden todo. Aún existen, como personajes de pueblo del siglo XIX, pequeños que viven de quién fue su abuelo, su padre, su mami, y entonces, otros les hacen la corte y les dicen: Vaya, vos si que heredaste el talento de la familia para el periodismo. Yo conocí a tu madre, excelente primera bailarina, vos saliste con todo su talento. Oye, que bien pintas, tu padre debe estar encantando, ahí en la gloria de dios. Y cosas así por el estilo. El genio no se mama, se construye.

Pondré algunos ejemplos históricos:

Hay que revisar el nacimiento del Instituto de Cultura de Yucatán, junto con el nacimiento de Bellas Artes, en el estado de Yucatán, el cual se aleja apenas a los años 60. Los grupos de escritores estaban bajo el gobierno de Juan Duch Collel, un español avecindado en Yucatán, el cual logró en aquellos años la presencia de incluso Pedro Salinas. Pero conforme los años fueron sucediéndose, cerraron las puertas a los jóvenes.

El primer impulso se da con los talleres de la Universidad, de donde salieron un número interesante de cuadernillos que aún se consiguen en la librería de la Universidad: Roger Campos para revisar poesía, y Joaquín Bestard (recién fallecido), para revisar narrativa.

Sin embargo igual comenzó el impulso de talleres literarios en la Casa de FONAPÁS, que era una agencia federal cuyas oficinas se encontraban en lo que hoy es la Casa de la Cultura (o de las Artesanías, ahí por el edificio de Monjas, en la calle 63); estos talleres fueron impartidos por lo que poco a poco fue consolidándose a nivel federal como la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM); uno de estos talleristas que vino a Mérida, agrupó a dichos jóvenes para fundar el Centro Yucateco de Escritorees, A.C.

Entre los miembros fundadores se encuentran Beatriz Rodríguez Guillermo, Jorge Lara, Roger Metri, Jorge Cortés Ancona, Óscar Sauri, Claudia Sosa, Melba Alfaro, Luis Alcocer (quien al día de hoy es presidente de la misma agrupación).

Luego de esto se sucedieron muchas incorrecciones y alejamientos que más tuvieron que ver con rencillas particulares (pleitos por poder, por vanidad, por sexo, por presupuestos, como siempre), muchas de ellas eran respecto a la postura de algunos sobre las filiaciones sexuales de los integrantes.

Era sabido que los personajes de la Universidad, rechazaban que un homosexual llegara a un puesto de gobierno en el ámbito cultural. Así que cuando Jorge Esma Bazán (un dramaturgo yucateco de mediana talla, que intentó consolidarse a nivel nacional pero jamás pudo conseguirlo), volvió del Distrito Federal, y con su regresó a Mérida, se desempeño en cultura.

Él le había abierto la mente a muchos personajes del aparato gubernamental para no tener esas barreras homofóbicas como otros, y llegó a ser nombrado Director del Instituto de Cultura de Yucatán. Con su gestión las cosas cambiaron radicalmente, porque la apertura fue amplísima. Y entonces el mismo CYE (Centro Yucateco de Escritores) cambió radicalmente.

Personajes como Jorge Cortés Ancona decidieron separarse del grupo original, y al contrario del apoyo, comenzaron a poner impedimentos, y desde ahí comenzó una lucha únicamente por los presupuestos. Esto ocurría en los años 80 y 90.

En 1993 se funda Navegaciones Zur, y también se funda El Juglar, un suplemento cultural del ya desaparecido 'Diario del Sureste'. El cual era el órgano oficial del gobierno. Así que política y cultura comienzan a caminar de la mano.

Posteriormente se funda la licenciatura en Literatura en la UADY, y luego se funda esa misma licenciatura en la Universidad Modelo. Estamos entrando a los años 2000, cuando tiene su nacimiento la Red Literaria del Sureste. Más adelante se fundarán las dos Escuelas, la de Escritores que originalmente dependería de la SOGEM, y la de Creación Literaria, que depende de Bellas Artes.

Pero con el paso de los años ha vuelto a ocurrir lo mismo. Al día de hoy la primera escuela, la de la "Sogem" está tomada por integrantes del CYE, y la de Creación Literaria está tomada por los integrantes de la Red Literaria del Sureste, y hay escritores, que les vale totalmente ese drama que se traen unos con otros, y dan clase en ambas Escuelas.

Pero Mérida, ha crecido, y esa batalla con el tiempo fue perdiendo sentido. Porque son muchos los que han venido a vivir a Yucatán, y que no han entrado en esa disputa generacional, ni de grupismos, o al menos así pareciera. Sin embargo la batalla sigue existiendo y las descalificaciones, como las premiaciones de unos (como jurados) sobre otros (sus agremiados) se siguen repitiendo como sucedió hace apenas unos pocos meses con el Premio de Poesía de Prohispen, que durante dos años seguidos han estado premiando a integrantes de la Red Literaria del Sureste, siendo jurados precisamente personajes de la misma agrupación.

Pero hay autores (escritores) que habitan otras plataformas ajenas a esas rencillas. Que parecieran estar ajenos a dichas actividades y a dichas batallas, sin embargo, aunque no se den cuenta son afectados.

En un reciente intercambio de correspondencia el Lic Jorge Cortes Ancona, me dijo que los integrantes de la antología "Karst, escritores de la península de Yucatán en 2016", no son conocidos por la Subdirección de Literatura, porque son ellos los que no se han acercado a la misma. Cuando debe ser todo lo contrario.

Las ediciones que aparecen en Sedeculta, siguen siendo de personajes de la Red Literaria del Sureste, pocos escritores del CYE, y los que no perteneciendo a dichos grupos, logran ganar un premio son poquísimos.

Sin embargo, no hay foros donde se expliquen las convocatorias, no hay directorios de escritores, no hay catálogos que relacionen a los nuevos escritores, a los escritores con mediana trayectoria, a los escritores con una trayectoria más amplia, para que las ediciones tengan esa misma categorización.

Los integrantes del Consejo Editorial son en su mayoría personajes de la Red Literaria del Sureste, y algunos personajes que por vivir pegados a los presupuestos de cultura, ahí permanecen durante años.

El número de escritores yucatecos, o radicados en Yucatán, se encuentra entre los 150 y 200 autores para este 2017. Y uno los puede categorizar respecto a su trayectoria: Como Iniciados, De Mediana Trayectoria, y de Amplia Trayectoria, y no por su edad.

Por ejemplo: Óscar Sauri quien fuera incluso director de literatura, podría considerarse de Amplia Trayectoria y que se ha hecho así mismo homenajes, bajo el amparo y apapacho de alguien como Irving Berlín Villafaña, se ha dado premios así mismo. Pero intentemos recordar alguna de las obras de Óscar Sauri.

Lo mismo ocurre por ejemplo con Claudia Sosa, cuál es su obra. Lo mismo con Víctor Garduño, quien tiene un libro de cuentos, que ha publicado en dos ocasiones, en un lapso de más de diez años. Los otros misterios. Pero la realidad es que dichas obras (la de Víctor, Sauri, Sosa) no trascienden las fronteras yucatecas, porque no se promocionan, no se dan a leer, no se hace crítica sobre ella.

Ya son muchas las generaciones que se han graduado de las dos Universidades, y los estudiantes que se han graduado no se han atrevido a hacer crítica sobre las revistas, los portales de literatura, la obra de los escritores.

Y si estas han aparecido como Tesis, se han quedado ahí, guardadas en las bibliotecas. Recientemente en la revista "delatripa" publicamos un excelente trabajo de Cristina Leirana sobre la literatura infantil en Yucatán. Trabajos como éstos hacen falta en Yucatán.

Un análisis de la dramaturgia, no solo un recuento, un análisis de los cuentistas, un análisis de la obra poética, pero eso aún no ocurre.

Apenas se elaboran algunas reseñas, pero estas quedan en los portales, no son retomadas, no son debatidas, no son confrontadas contra el tiempo, contra los lectores, como influencias en nuevas generaciones. Y cuando "se debate" en Mérida, solo se ataca personalmente.

La realidad es esa: una persecución de presupuestos para becas, proyectos, publicación de libros y entrega de premios, pero muy poco sobre la crítica a la literatura de Yucatán. Sobre su comparación con otras literaturas, sobre su influencia.

La literatura yucateca está viva, en dos años 2015, y 2016, se han hecho dos antologías, una de ellas es Casi una isla, que al final dejó fuera a muchos autores que entraban en la edad, pero que por cuestiones de presupuestos, y amiguismos, no cuajó en forma.

Mario Pineda y yo, hemos antologado a aquellos autores de los que teníamos conocimiento, ya sea porque se han acercado al taller literario, o porque han participado en nuestros proyectos de revista. Sin embargo, ambas iniciativas la de Marco Murillo y Jorge Manzanilla, como la de Mario Pineda y mía, debían ser apoyadas por la Sedeculta. Jorge Cortés Ancona me escribió enviando un "Dictamen", en el que se niega el apoyo a la publicación, porque carece de calidad. Una antología que ha sido impresa en una revista en Guanajuato, unos autores que publican en revistas nacionales, que han ganado premios por sus obras. Y entonces Jorge Cortés Ancona dice que Ángel Fuentes Balama, o Daniel Medina Rosado, no tienen calidad con respecto a la obra poética de Alegría Agosto, a quien recientemente editaron por Sedeculta Yucatán.

Estas actividades deberían ser absorbidas por dichos servidores públicos. Tengo noticia de una nueva antología de cuento editada por Sedeculta del taller de Víctor Garduño, pero es difícil acercarse a ella desde Ensenada, Baja California. Porque lo que se necesita es la distribución de los libros, las lecturas, las presentaciones, las publicaciones hacia afuera del estado.

La narrativa escrita por mujeres, por ejemplo lleva una línea muy clara que puede seguirse: Carolina Luna, luego Patricia Garfias, y ahora Violeta Azcona Mazun. Sin embargo, ni Patricia Garfias ni Violeta Azcona tienen libros que puedan leerse a nivel nacional. Porque la Sedeculta ha fallado a este respecto. No ha permitido ni privilegiado la reunión de esa obra.

Cuando en el (2006-2009) realicé para el Instituto de Cultura: "Novísimos escritores yucatecos", incluimos autores de poesía, narrativa y ensayo. Cuando el CYE tuvo la oportunidad de publicar "Litoral del relámpago", se agruparon narradores y poetas.

La antología "Casi una isla", marca en este sentido, un franco retroceso, porque no incluyeron a los narradores de esa generación. Además de que dicha antología "Casi una isla" dejó fuera a muchos autores de poesía como Esaú Cituk Andueza o Mario Pineda.

Mario Pineda, que ha sido incluso ganador del premio de poesía joven Jorge Lara, quedó fuera, por cuestiones de presupuestos, de definir qué no tenía la estética que necesitaba dicha antología. La antología Karst, a la que le fue negada la publicación por parte del Consejo Editorial en busca de una coedición Tijuana-Mérida, incluye 21 autores: narradores y poetas nacidos o avencidados en la Península de Yucatán, y decidieron que no tenía calidad. Dejando a un grupo de 21 autores sin el apoyo institucional.

Autores yucatecos actuales a seguirse: narradores Carolina Luna, Carlos Martín Briceño, Roberto Azcorra, Will Rodríguez, Violeta Azcona. Poetas a seguirse: Manuel Iris, Ileana Garma, pero hay que revisar sus textos, y alejarse un poco de la soberbia que los revista, y de muchas declaraciones absurdas que realizan en pro de quedar bien con quien puede brindarles un apoyo en cuestiones culturales, ya que ambos aplican el "habla bien de quien te puede ayudar a merecer". Hay que revisar detenidamente a Jorge Lara, a Álvaro Chanona Yza, al mismo Ángel Fuentes Balam a Daniel Medina, a Ángel Augusto Uicab. Y esperemos que pronto puedan editarle un libro en físico a Violeta Azcona, a Daniel Medina Rosado, a Ángel Augusto Uicab, a Jhonny Eúan.

Si la Sedeculta en su área de Literatura se dedicara a establecer un directorio creciente, una búsqueda de autores yucatecos, la literatura yucateca saldría ganando. Con las nuevas plataformas tecnológicas bien podrían catalogarse a los autores Iniciales, a los de Mediana Trayectoria y a los de Amplia Trayectoria, considerando Premios y Becas (estatales y nacionales), Publicaciones Personales, Publicaciones Colectivas, Publicaciones en Físico (estatales y nacionales, tanto como de autor, o por medio de un consejo editorial), Publicaciones en PDF. Apariciones en publicaciones periódicas en físico, en PDF o virtuales (sólo en línea), en portales nacionales como en portales internacionales. Ya que dichos directorios o catálogos solo podrían hacerle bien a nuestra literatura yucateca o mexicana.

En México, como en toda América Latina, los escritores no pueden vivir de ser escritores. Sin embargo, hay que definir muy bien el tipo de escritor que se es. Es decir, en una antología de cuentos de Scott Fitzgerald, se menciona que con la venta de uno de sus cuentos, el autor se pudo comprar una Casa. Eso nunca ocurrirá en nuestro país, para con los escritores. Solo hay que darse cuenta que el Premio Aguascalientes de Poesía, otorga 250 mil pesos, y una casa de lo más pequeña del Infonavit cuesta 350 mil pesos..

Recientemente la revista Tierra Adentro, donde he publicado textos desde el año 2004, me comentó que no podía publicarme mientras no pudieran pagarme. Y como soy becario del Conacyt, pues no puedo darme de alta en hacienda, ni cambiar todos mis datos fiscales para poder acceder a un pago de 2400 pesos por un cuento que iban a publicarme en enero de 2017. Esas fueron las noticias que Bernardo Esquinca, el editor de la revista Tierra Adentro, me señalara. Una absurda forma de cerrarle la puerta a los creadores.

Los presupuestos en cultura son muy pocos, y muchos los que se dicen escritores, y los que son escritores. Por tal motivo la batalla por los presupuestos se vuelve una descalificación infame. Son 32 entidades federativas; comento arriba que hay alrededor de 200 escritores en Yucatán, cuyas edades fluctúan entre los 80 y los 16 años, la batalla presupuestas es totalmente estúpida, porque de inicio está mal enfocada. Además de que muchas obras que se financian con becas o presupuestos federales o estatal no llegan a materializarse.

Es decir, autores becados no terminan el proyecto porque no hay supervisión para que lo hagan, y lo peor es que ni siquiera publican la obra por la que fueron becados. Eso lo he visto con muchas personas, muchos "artistas". Cuando fui becario del Fonca en 2005, éramos cinco becarios en novela. Solo dos publicamos nuestra obra. Una chica de Sonora y yo. De los otros tres ni siquiera pude saber si terminaron la obra por la que fueron becados, porque no la publicaron.

En nuestro país, necesitamos trabajar de algo que nos de nuestro sueldo y además permitirnos escribir. Lo cierto es que si pudiéramos tener un trabajo que nos dé el sueldo que necesitamos para vivir, lo más pegado al interés que tenernos, en este caso la literatura, sería mucho mejor. Se puede dar talleres, se puede promover la literatura, se puede trabajar como agente literario, profesor, de asignatura, investigador, se puede perseguir premios y becas, vivir de ellos, si tenemos el empacho para ello. Continuar con los estudios, y generarte una amplia cultura. Pero pocos son los que viven de sus regalías por la venta de sus libros.

Falta mucho. Las direcciones de literatura de los estados dejan de lado la posibilidad de tener Programas Interdisiciplinarios de Servicio Social. Si cada Dirección de Literatura, tuviera un grupo de estudiantes cumpliendo su Servicio Social interdisciplinario, para cada autor que publican, estos autores por lo menos durante las 480 horas que tarda el Servicio Social pudieran tener participación con la sociedad. Pero pretenden que todo parezca una imposibilidad de presupuestos, de gastos presupuestales.

Ejemplificaré de nuevo: En 2015, apareció la antología "Casi una isla" en Yucatán. Los dos compiladores Jorge Manzanilla y Marco Murillo, viven fuera de México, estudian el posgrado en el extranjero. Sin embargo, la mayoría de los autores antologados viven en Mérida, o en México. La subdirección de Literatura y Promoción Editorial de la Sedeculta a cargo de Jorge Cortés Ancona, bien podría disponer de un equipo de tres o cuatro estudiantes de Servicio Social: uno de la carrera de diseño, otro de comunicación, uno de historia, antropología social, o incluso de psicología, y hacerles toda una campaña publicitaria a los autores, al libro mismo, para que este libro estuviera en la radio, la prensa, la televisión yucateca, e incluso nacional, durante 3 meses sin descanso con la finalidad de que se interesen por la obra. Pero no lo hacen.

Entonces ¿quién conoce el libro "Casi una isla"? Solo los autores y los que nos dedicamos a la literatura. Lo mismo ocurre con cada libro que Sedeculta publica. Su esfuerzo y su apoyo terminan en eso, en ver la publicación, en intentar una sola presentación. Y para de contar. Eso es una pena. Se necesita mucho más. Necesitan promover a sus autores, promover sus libros; pero pegados a los presupuestos operativos anuales (POAs), solo se dedican a cumplir con lo que ya se ha establecido, sin apostar por la creatividad. Son incapaces de mirar los beneficios de los programas de Servicio Social, que en México, es parte de los requisitos en casi todas las universidades para obtener el grado. ¿Porqué no aprovecharlo?

Miércoles, 15 Marzo 2017 07:23

Contemplación / Adán Echeverría /

 

Contemplación

Adán Echeverría

Tu mejor producto es esta preparatoriana que no cumplió los quince. Que hermoso es verla colgada sobre la cabecera. Su cuerpo no muestra señales de putrefacción después de cinco meses. Al sacudirle el polvo, que se cuela por la ventana del patio, creíste percibir que respiraba, y la recuerdas en la prefectura del colegio, cuando la conociste: reprendías a una niña dark por inhalar coca en los baños del gimnasio; ella apareció con la nota del maestro consejero que le acreditaba la tutoría de su compañera. Dejaste que se fueran, y has permanecido atrapado en la estela de sus movimientos, de sus risas, y por aquella mirada intensa que decidiste conservar.

La tuviste al alcance de la mano, en silencio, brillosa, soberbia. La resistencia que pareció intentar su cuerpo fue apagándose con lentitud, después de haber inoculado esa mezcla de curare, alucinógenos y feromonas que has desarrollado en el laboratorio del colegio. Siempre te has dedicado con la firme intención de recrear los secretos de la alquimia que de niño poblaron tus lecturas. Para qué volver a casa a intoxicarse de soledad, si la química es un reto para tu inteligencia: te ayuda a compactar el tiempo de esta vida de recluso que has decidido imponerte. ¿Quién podría descubrir que la elocuencia de tus clases, son la pantomima inventada para permanecer en el laboratorio? Ya tu madre veía en ti esa promesa de ciencia, y trató de cultivarla con libros: “después que leas la biblia y la vida de los santos, te doy éstos que conseguí de Julio Verne”. Tan piadosa la pobre. La escuchabas rezar toda la tarde mientras atrapabas ranas en los charcos del patio de casa. Cuando empezaban las letanías a la inmaculada, entretenías el asco descuartizando anfibios, desmembrándolos con paciencia.

Tu escondite favorito era el ropero. Cuando él llegaba, corrías a guardarte haciendo caso a mamá: no es que no te quiera, no sabe cómo tratarte, decía. Desde que fuiste conciente de la rutina de esconderse al entrar la noche, lograste percibir la transformación que aquel sufría en cada visita: preguntará que cómo estoy, ¿y tú?, ¿estás bien?, ¿te hace falta algo?, no me sirvas mucho que sabes cómo se me sube, sabes que no debería seguir viniendo, pero al tercer día no aguanto más sin verte; ven, siéntate a mi lado, acércate un poco, princesa; ven, abrázame, pequeña; recemos a dios que perdone nuestras faltas. Reza conmigo Rosario; reza, porque sabes que no debo tenerte, ¿por qué lo permites?, no debo seguir teniéndote, tengo que irme; ruega por nosotros, ruega por nosotros, ruega por noso... hijo, hijo, puedes salir, ¿quieres cenar?; y el burbujeo en el matraz Erlenmeyer justo a punto de ebullición.

Tuviste que raptarla para consumir el miedo que de noche rasga ventanas y puertas en esta ciudad que desespera. Una vez a tu disposición, la amaste con todas las células, inyectando tu energía, tus silencios, al morder su carne. Estática, inmóvil, con la sangre hirviendo y la mirada retadora e incandescente, no tuviste problemas para poseerla sin amarras, sin usar la fuerza. La sustancia trabaja rápido aflojando músculos, desconectando los impulsos del cerebro para dominarlos. La oscuridad cerró los ojos incapaz de presenciar la consagración de carne virgen ante el acero. Del mismo modo en que los cerró cuando eras niño y tu madre llegó con el semblante descompuesto, hecha un guiñapo. Corriste a su encuentro, mientras caía de bruces sobre el camastro: aquel hombre de las visitas había muerto.

No faltó quién culpara a tu madre y, por añadidura, se desquitaran contigo cuando atrevías los pasos a la calle. Los otros niños del barrio te regresaban a tu refugio a trompadas y escupitajos de escarnio: “hijo de puta, ¿estás listo para ser acólito, pinche maricón? ¿Acaso tu madre oficiará las misas ahora?” Con el tiempo lograste reducir las condenas en la mente para esta ciudad que quiere permanecer despierta y te mantuviste en las alcantarillas del desprecio.

Recuerdas el aliento de tu madre al desangrarse en tus brazos. Aunque no logres dilucidar por completo el suceso -tantos años han pasado-, permanecen las palabras hirientes de la discusión. ¡Sólo tenía quince años! ¡¿cómo puedes juzgarme?! Nunca he estado seguro de lo que pasó. ¡Estabas ahí, fuiste testigo! Claro que estaba ahí, y lo recuerdo con nitidez, aunque desde lejos, cómo en otro plano, cómo un observador que siempre te ha contemplado. Puedo verte discutir con ella, te miro culparla de las injurias que recibes en la calle, te escucho preguntar por tu padre: “¿era él?”, decías, “¿cómo intentas inculcarme fe, perdón y esperanza si te revolcabas con un sacerdote?” Puedo verte rompiendo la botella después de recibir la bofetada. ¡Mientes..., no es verdad! Cuando llegué estaba herida. Vi salir al asesino. Corrí tras él. Te equivocas, era yo quien corría tras de ti.

Siempre has permanecido oculto, pero desde aquella noche comenzó tu peregrinar y aprendizaje. Entraste de mozo al colegio y, con empeño y constancia en el trabajo, lograste llamar la atención del director para que te permitiera estudiar, siempre y cuando no descuidaras tus obligaciones. Desde la primera vez que entraste al laboratorio, supiste que eso era lo que querías. Te has esforzado el doble de lo que cualquier jovencito hubiera hecho. Pero te hiciste huraño, ganando el respeto de los maestros, pero no la aprobación de tus condiscípulos, como hasta hoy.

Con los años aprendiste a percibir que las colegialas abordan a sus hombres, indóciles a la furia de la iglesia y sus rituales de ceniza; y aunque te mantuviste esquivo a sus caprichos, no podías soportar el desprecio a quemarropa que aventaban sobre los vitrales del templo al que comenzaste a asistir, para cumplir con el dicho de que las aguas siempre toman su nivel. “¿Qué podía hacer, si no refugiarme en otra religión?” Te involucraste con todas para escapar de la algarabía de ésas jóvenes inquietas que sitiaban tu mente. Todavía te veo llorar bajo la regadera, de rodillas, balbuceando, entre sollozos, el padre nuestro, mientras te limpias el semen de las manos. ¿Hallaste consuelo al introducirte a los apostolados, o al intentar compartir esa visión de la esperanza en la resurrección invicta?

Pretendías enredar los días en círculos de seguidores de algún sistema filosófico, metodista, evolucionado, con tal de alejarte de las mujeres. Pero la abstracción de ideas no cambia la sensación picante del cerebro: miedo a la intemperie de violencias: de la carne, del deseo, de la noche. Confiesas la persecución de las miradas. Miradas como buitres que intentan picotear la calma. Sabes que sólo muy dentro de la sombra encuentras alivio. Estas conciente que tenía que llegar ese día.

El dolor que esparce sus pupilas intenta arañar la piel, igual que aquella noche. Ella se incendiaba de estertores al asimilar la mezcolanza. Inyectaste la dosis final en el cuello: los músculos adquiriendo rigidez. Desde un rincón has arrastrado dos postes que colocas al centro de la habitación. Ella, todavía conciente, con su mirar soberbio, traza en el aire la fuerza del espanto. Esa mirada que se alarga abarcando el espacio del encierro. Descubre paredes vacías, blancas, los pisos limpios. De frente una mesita coronada por una biblia abierta que oculta la foto de tu madre. En el costado opuesto, hacia la derecha, una ventana: la ruta de escape..., pero... se confirma inválida.

Nervioso, como siempre que una mujer se te ha acercado, palideces. Pero ahora la tienes quieta, callada, sin riesgo que se aleje o te rechace. No como esa maestra, que cuando ibas a besarla comenzó a reír y dijo: “no puedo seguir con esta broma”, y añadió gritando: “¡salgan todos, he ganado la apuesta!”, y salieron tus compañeros de cátedra en medio de burlas. Esa mujer que ahora alimenta las flores del jardín. Una madrugada aprovechaste practicar el sueño que has ido armando con dedicación. Era la oportunidad del primer ensayo. Todo salió mal: el compuesto no funcionó y al primer clavo, quedaste bañado en sangre. Tuviste que desmembrarla como a las ranas de la niñez. Conoces tan bien el colegio que no tuviste problemas para desaparecer su archivo de la dirección, no sin antes lograr que grabara su voz en la contestadora del rector, explicando la necesidad de irse con urgencia a cuidar a su madre. Perfeccionaste el sueño utilizando algunas callejeras. Nada podía fallar. Eras conciente de que sólo tendrías una oportunidad de poseerla.

Y lo has conseguido. La tienes a tu disposición. Vas acercándote y ella, inmóvil, te mira suplicante, con ternura. Le acaricias la mata de pelo negro desplegada sobre los hombros. Juras que la cuidarás, que el tiempo no afectará su carne, su hermoso rostro aceitunado.

Cada noche, sumergido en sacrificios, oraciones, lágrimas, le prometes pulir su cuerpo, mantener esa tonalidad de piel que te ha hecho escogerla y adorarla desde que la viste en la prefectura. Y en estos cinco meses has cumplido, ella sigue pulcra, saludable y llena de gracia. Esa noche supiste que, por fin, ella iba a ocupar el sitio que merecía: para contemplarla siempre y rogarle que bendiga los rituales de abandono a que te sometes. Ella es tu diosa, a quien proclamas los milagros de la carne.

Mírate acomodar los maderos. Enciendes incensarios: el humo repta en la piel y se introduce a los pulmones. Es hora de acabar los traumas, diluir las pesadillas, alejar pensamientos que agobian el espíritu por esta decadencia en que la ciudad se ha hundido, este olvido en los rincones al que te han arrojado. Ella será el instrumento de tu salvación.

Desvanecida, la extiendes: vas tallando con aceite el cuerpo inmóvil, esculpes las facciones del rostro. Aplicas el ungüento que has creado. En cuestión de minutos los órganos internos quedan secos, deshidratados, pero los músculos no pierden forma. La piel adquiere consistencia coriácea, tersa, fina.

Extiendes sus brazos y expones la palma de la mano derecha. Escoges el punto exacto y asestas un golpe limpio. Con lentitud te arrastras por su cuello, embarras el cuerpo sobre el de tu pequeña: Oh diosa, oh diosa, te necesito... sálvame...  Saboreas las clavículas en la lengua y continúas hasta extender el otro brazo. Clavas una y dos veces, no corre sangre, ni una gota.

De rodillas contemplas tu obra, la disfrutas. Sientes en el pecho, disolverse la angustia, crecer la calma de los nervios. Con la mirada atenta a su rostro, modificas las facciones hasta obtener esa mueca de ternura que te brinda paz. Recorres las piernas estáticas, un pie sobre otro, clavas una, otra y otra vez; tienes cuidado en que los huesos sigan intactos y que el cuerpo se encuentre bien sujeto. Pasas una cadena por las argollas que has fijado al madero horizontal, tiras de la palanca y tu crucificada se eleva. Permanece hermosa. Sacudes el polvo y con cuidado la manipulas para situarla sobre la cabecera de la cama, sobre esa base de concreto, junto a tulipanes negros que cultivas en tu jardín. Retiras la cadena, apagas la luz artificial. Permites que se filtre el día a través de las cortinas: amanece y, rosario en mano, te arrodillas para rezar maitines, como aquella primera vez, a tu Cristo hembra...

 

 

8 Poemas de Adán Echeverría

Antes del plenilunio está la cabellera

y ésta rueda de mi cráneo

sobre la más escandalosa e irredenta plegaria

que rasca debajo del colchón

Te adoraré has dicho

y una risa hienética surgió a contraluz

de ese crucifijo que me cuelga

Ay cómo me está colgando esa cruz de migajón

Las amapolitas quieren cortarse las palabras

e ir al dos por tres por cuatro

pero siempre completas siempre

y claro que sí

                      Sin faltarnos al respeto

Nos hemos sacrificado tanto

y el sol sale y no hay remedio

De nuevo estamos despiertos

para soportarnos la mirada

las distancias mutuas

del ensimismarse

Si ya nada nos divierte

para qué forzarlo todo

Hay un recuerdo lumínico

así sea

hagámoslo por él

y dejemos a la luna aullar

y que el calendario gire su rueda cósmica

Esto del fin del mundo

tiene que ser una broma

El fin está marcado justo al momento

de azotar la puerta


Ocho de marzo

 

A ti te llaman puta

yo te digo bendita de mi carne

de mi mano bendita

de mi lengua

de mi desprendido cuello entre tus muslos

Y te llaman zorra

o doncella de la noche

luciérnaga y avispa

murciélago que agita mis neuronas en la calma

de una noche que no termina de cuajarme

en las acuarelas

A ti te llaman carne féretro funda

pedazo de estúpida que nada sabe

y por eso te maldigo en nombre de todas las flores

te desprecio como se desprecian las calamidades

y me hundo en el surco de tu vientre

a respirar las mil pesadillas que me brindan

las hordas de furiosos monjes y sus biblias

que nada saben de ti que todo temen

en el desprecio de sentirse pequeñitos

ante la furia vaginal

que ha sangrado tu historia

¡querida compañera!


Mater duricísima

¿Qué suena?

Tantos corazones anaranjados corazones anaranjados

¿Qué ruido?

Es el gemido de los alumbramientos

¿A qué hora nos dimos por vencidos?

Cuando la palabra madre planeó sobre los bosques

y las montañas todas dejaron su renacer de ríos

Ahí está mamá

esperándonos junto a la bahía

los oleajes de la desesperación no pueden con sus piernas

y está de pie con las alas extendidas recorriendo

los amaneceres de mi cuerpo

¿Qué suena?

Tantos corazones en el latir de cada nueva brisa

De nuevo es ella a la conquista de las oficinas

Ellas a devorar los mercados con las manos siempre inquietas

a remover la plastilina de las uñas

otra vez a mirarse en los espejos siempre tan recias

siempre tan hermosas

con esos amplios senos que nos amamantaron

y tanta noche en vela sobre los párpados

Ahí está mamá        decían

yo solo veo el sol de amanecer

cuando me habla

Ahí van las brujas sobre los helicópteros

la luz cae encima de los vagones del metro

¿A qué salir a la superficie?

quedémonos encerrados en el cuarto

en el subterráneo

en el subsuelo

en el búnker

para qué volar si podemos arrastrarnos

para qué sonreír si podemos despedazarnos

hey tú   préstame tu machete

epa    ahí va el machetazo

justo a tiempo   legal

consolatorio machetazo de tenerte

lejos lejos del corazón

Ahí van las brujas sobre los helicópteros

y esta ciudad

que se me mueve toda como la fe

hey tú   deja el gimoteo

y que venga la Salsa 

¡arránquese maestro!

arránquese los brazos y la esperanza

a qué salir a la superficie

quedémonos encerrados en el cuarto

las malditas azoteas me harán desfallecer

y la luz continuará su fuga

                                    Esto ya no es divertido

Cuando te hice el amor anoche

 

te miré tan plena de chinches

que no quise agitanarme sobre tu cabello

y tus caderas de rinoceronte me volvieron

el cuerpo en dos y no quise enamorarme

de nuevo porque el tifus es algo tan antiguo

para este inicio de siglo que no es posible

que nos vayamos adornando las distancias

el ropero todo lo posibilita

de ahí sale el corazón y las tripas

de ahí también los vestidos de arandelas y volandas

ahí cuelgan mis corbatas con las que tantas veces

te apreté el cuello ¿lo recuerdas?

A qué la resurrección de los muertos

si ponemos luego tanta dedicación en matarnos

Eso de la muerte es tan aburrido

que mejor sería vivir ciento cincuenta y nueve años

plenos de cansancio y miserias

así parasitándonos

Anoche cuando te hice el amor tan plena de chinches

tuve una revelación

supe que me era necesario destruirte

para que        mi pequeñita

jamás puedas olvidarme

Vamos a dispararle a los ejércitos

que siempre andan ahí buscando viejecitas

a quienes clavarles la linterna

El ojo amargo y la sauriés que no se espanta

como no se espanta el padrenuestro

Tirémosle piedras a los vendedores ambulantes

que nos afean la ciudad con sus oficinas

Saquemos del Congreso a los parásitos

vamos a fusilarlos ¡claro!

para qué tanto marchar y marchar

si cada linchamiento lo podríamos hacer con tanta clase

pocas mentadas de madre sangre y las antorchas

El ojo amargo y la sauriés que no se espanta

y en cada bichito que entra en el oído

yo te escucho menos y menos y ...

ah     ésta mi conciencia tan olvidadiza

de trato tan amable

como esas lindas viejecitas que siempre andan por ahí

con las linternas clavadas del olvido y olvidadas

Tiremos piedras a los enamorados

acabad con ellos    corazón

Haced una fogata con esa basura

y limpiemos la ciudad

Todo sea por amor

¿De qué poetas me hablas?

Ya no tengo tiempo de escuchar

las una y mil intenciones

los ditirambos en que te plasmas ecuánime

si la luna es de ardores estomacales no importa

si la sierpe lunar tiene la corazonada de saber más de lo que sabe la Gran Hiena

no me importa y te lo digo en serio

la noche es una almendra tan pero tan desgastada

que no queda tiempo ya de saber quién no ha pretendido

ignorarle una lamida por cada punto cardinal

a la noche carnicera

y el tiempo

el poderoso tiempo de los perros de antaño

de aquellos perros que siguen tras y tras y no revientan

porque no hay intenciones plenas

de tantas intenciones pluegue al día su corazonada

ellos lo han dicho tú lo has dicho

y entre lo dicho y el decir hay tantos sobrenombres

en los periódicos en la revistas especializadas así lo informan

"los poetas son amorosos" "los poetas son malditos"

malnacidos poetas y un dos tres que salga la muerte a recoger su dosis

y un dos tres que los ángeles negrísimos se sonrían en las cabeceras

¿de qué poetas hablas en tus discursos?

¿los poetas del amor y del tarro?

¿los poetas en pelotas que caminan con las manos?

¿o aquellos poetas que firman siempre en el crucero su triangulito mágico?

los hay enchilados encima de las teas

y los hay con crucecitas sosteniéndose las trenzas

aquiescentes y remilgaditos pero igual los hay carroñeros

estafadores malfrancos intelegibles y simulacros

los hay quebradores de opio y satanizadores rosacrucianos

los hay amarillentos y amarilladores de labios

los hay que rebotan una y otra vez por las palacios

por los encuentros de escritores

donde siempre se sientan a dibujarse los colmillos

ahí están ellos

corriendo sobre las albarradas atraviesan lunas llenas

los hay que en sus ventanas miran las estrellas mientras desgastan corcholatas

los hay circunvuloceonados circunscriptos y hasta circuncidados

los hay eructoides y maldororientes

ebrios como los barcos y azulados presentes

estalla la noche jarra

la noche sandía en que nos rebanamos la espalda

ahí queda la ciudad ahí queda el espanto

las marchas las granadas los edificios encimados en los apellidos

éste es México del 2011

el México bicentenárquico en el que nos hemos prevenido las redadas

levanta la falda levántate la pluma fuente

que la noche se te enrede en cada invierno permitido

en cada telefonema gorgojeante

el siglo apenas comienza

y el día

es acaso un remolino de idiosincracia sin tapete de bienvenida

¿de qué poetas me hablas?

¿a quiénes habrás de sacar a la calle?

¿quiénes serán arrojados al fango de la sociedad

donde todo será dolor y resquebrajar de huesos?

 

 

Yo te desprecio carne

porque eres predecible y mancillable

a cualquier golpe de espada bien que sangras

y no puedes resistir los carros cuando caminas por las calles

Yo te desprecio carne

porque eres mortal no como yo

que me elevaré con el tempo de las páginas blancas

y me quedaré habitando eternamente cuando la luz decaiga

Tú irás a quedarte agusanada

verás tu tersura ennegrecerse

alimento de parias y gusanos

Cómo te deseo afilando las navajas

acá encimados encimados cuerpos las navajas

Yo te desprecio carne

porque penetras y penetras y vas penetrando

pero al final siempre te doblas y no puedes con la inmortalidad

carne doblada detritus cotidiano

carne que te pudres innecesaria

Esta en mi mente la distancia eterna

eso que los imbéciles denominan alma y ahí siguen

dale que dale al incensario

Yo te desprecio

pasarás y pasarás la gusanera espera

en la tierra en el polvo el lodazal humano

Yo te desprecio

ahora lo sabes

te lo digo cuando voy cortando lentamente

y camino al hospital muero de risa

De risa muero maldita carne que no pones resistencia

te desprecio

agujita mía metal metal lápiz de plata

aguijita mía querido bisturí

estamos acá

pálidos y brillosos

pálidos y haciendo muecas celestiales

cárnicamente enseñoreados seremos infelices

cárnicamente devorados

cárnica

me arrancaré la piel

¡mírate!

traspasado por las lanzas

ensangrentada

qué bonito

                    ¡enfermera!

¡venga pronto por favor!

que se me cae la carne que se me cae

y muerto de risa camino al hospital

Yo te desprecio carne

porque el ser supremo en que me habito

me librará de ti    alimento de flores

grano arena polvareda que no resiste al viento

¡quién eres!

¡qué cosa más que un maldito recipiente!

 descarnado subiré a la hoja en blanco

y ahí me quedaré en silencio

¡enfermera enfermera!

¡que se me cae la carne!

Y muerto de risa

camino al hospital

 

 

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