Adán Echeverría

Adán Echeverría

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Columnista en el Periódico impreso El Vigía, y en portal cultural La Piraña (https://piranhamx.club/) Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011), En espera de la noche (2015), Trapacería y fiesta (2017); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

 

Nombre: Adán Echeverría

Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.

Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC

Dirección: Calle Isla San Pedro No 1436, entre Isla Tortuga e Isla San Lorenzo, Fraccionamiento Villas del Roble, C.P. 22842, Ensenada, Baja California

Email: adanizante@yahoo.com.mx romeodianaluz@gmail.com

Tel Cel 646 270 4993

 

Miércoles, 15 Marzo 2017 07:23

Contemplación / Adán Echeverría /

 

Contemplación

Adán Echeverría

Tu mejor producto es esta preparatoriana que no cumplió los quince. Que hermoso es verla colgada sobre la cabecera. Su cuerpo no muestra señales de putrefacción después de cinco meses. Al sacudirle el polvo, que se cuela por la ventana del patio, creíste percibir que respiraba, y la recuerdas en la prefectura del colegio, cuando la conociste: reprendías a una niña dark por inhalar coca en los baños del gimnasio; ella apareció con la nota del maestro consejero que le acreditaba la tutoría de su compañera. Dejaste que se fueran, y has permanecido atrapado en la estela de sus movimientos, de sus risas, y por aquella mirada intensa que decidiste conservar.

La tuviste al alcance de la mano, en silencio, brillosa, soberbia. La resistencia que pareció intentar su cuerpo fue apagándose con lentitud, después de haber inoculado esa mezcla de curare, alucinógenos y feromonas que has desarrollado en el laboratorio del colegio. Siempre te has dedicado con la firme intención de recrear los secretos de la alquimia que de niño poblaron tus lecturas. Para qué volver a casa a intoxicarse de soledad, si la química es un reto para tu inteligencia: te ayuda a compactar el tiempo de esta vida de recluso que has decidido imponerte. ¿Quién podría descubrir que la elocuencia de tus clases, son la pantomima inventada para permanecer en el laboratorio? Ya tu madre veía en ti esa promesa de ciencia, y trató de cultivarla con libros: “después que leas la biblia y la vida de los santos, te doy éstos que conseguí de Julio Verne”. Tan piadosa la pobre. La escuchabas rezar toda la tarde mientras atrapabas ranas en los charcos del patio de casa. Cuando empezaban las letanías a la inmaculada, entretenías el asco descuartizando anfibios, desmembrándolos con paciencia.

Tu escondite favorito era el ropero. Cuando él llegaba, corrías a guardarte haciendo caso a mamá: no es que no te quiera, no sabe cómo tratarte, decía. Desde que fuiste conciente de la rutina de esconderse al entrar la noche, lograste percibir la transformación que aquel sufría en cada visita: preguntará que cómo estoy, ¿y tú?, ¿estás bien?, ¿te hace falta algo?, no me sirvas mucho que sabes cómo se me sube, sabes que no debería seguir viniendo, pero al tercer día no aguanto más sin verte; ven, siéntate a mi lado, acércate un poco, princesa; ven, abrázame, pequeña; recemos a dios que perdone nuestras faltas. Reza conmigo Rosario; reza, porque sabes que no debo tenerte, ¿por qué lo permites?, no debo seguir teniéndote, tengo que irme; ruega por nosotros, ruega por nosotros, ruega por noso... hijo, hijo, puedes salir, ¿quieres cenar?; y el burbujeo en el matraz Erlenmeyer justo a punto de ebullición.

Tuviste que raptarla para consumir el miedo que de noche rasga ventanas y puertas en esta ciudad que desespera. Una vez a tu disposición, la amaste con todas las células, inyectando tu energía, tus silencios, al morder su carne. Estática, inmóvil, con la sangre hirviendo y la mirada retadora e incandescente, no tuviste problemas para poseerla sin amarras, sin usar la fuerza. La sustancia trabaja rápido aflojando músculos, desconectando los impulsos del cerebro para dominarlos. La oscuridad cerró los ojos incapaz de presenciar la consagración de carne virgen ante el acero. Del mismo modo en que los cerró cuando eras niño y tu madre llegó con el semblante descompuesto, hecha un guiñapo. Corriste a su encuentro, mientras caía de bruces sobre el camastro: aquel hombre de las visitas había muerto.

No faltó quién culpara a tu madre y, por añadidura, se desquitaran contigo cuando atrevías los pasos a la calle. Los otros niños del barrio te regresaban a tu refugio a trompadas y escupitajos de escarnio: “hijo de puta, ¿estás listo para ser acólito, pinche maricón? ¿Acaso tu madre oficiará las misas ahora?” Con el tiempo lograste reducir las condenas en la mente para esta ciudad que quiere permanecer despierta y te mantuviste en las alcantarillas del desprecio.

Recuerdas el aliento de tu madre al desangrarse en tus brazos. Aunque no logres dilucidar por completo el suceso -tantos años han pasado-, permanecen las palabras hirientes de la discusión. ¡Sólo tenía quince años! ¡¿cómo puedes juzgarme?! Nunca he estado seguro de lo que pasó. ¡Estabas ahí, fuiste testigo! Claro que estaba ahí, y lo recuerdo con nitidez, aunque desde lejos, cómo en otro plano, cómo un observador que siempre te ha contemplado. Puedo verte discutir con ella, te miro culparla de las injurias que recibes en la calle, te escucho preguntar por tu padre: “¿era él?”, decías, “¿cómo intentas inculcarme fe, perdón y esperanza si te revolcabas con un sacerdote?” Puedo verte rompiendo la botella después de recibir la bofetada. ¡Mientes..., no es verdad! Cuando llegué estaba herida. Vi salir al asesino. Corrí tras él. Te equivocas, era yo quien corría tras de ti.

Siempre has permanecido oculto, pero desde aquella noche comenzó tu peregrinar y aprendizaje. Entraste de mozo al colegio y, con empeño y constancia en el trabajo, lograste llamar la atención del director para que te permitiera estudiar, siempre y cuando no descuidaras tus obligaciones. Desde la primera vez que entraste al laboratorio, supiste que eso era lo que querías. Te has esforzado el doble de lo que cualquier jovencito hubiera hecho. Pero te hiciste huraño, ganando el respeto de los maestros, pero no la aprobación de tus condiscípulos, como hasta hoy.

Con los años aprendiste a percibir que las colegialas abordan a sus hombres, indóciles a la furia de la iglesia y sus rituales de ceniza; y aunque te mantuviste esquivo a sus caprichos, no podías soportar el desprecio a quemarropa que aventaban sobre los vitrales del templo al que comenzaste a asistir, para cumplir con el dicho de que las aguas siempre toman su nivel. “¿Qué podía hacer, si no refugiarme en otra religión?” Te involucraste con todas para escapar de la algarabía de ésas jóvenes inquietas que sitiaban tu mente. Todavía te veo llorar bajo la regadera, de rodillas, balbuceando, entre sollozos, el padre nuestro, mientras te limpias el semen de las manos. ¿Hallaste consuelo al introducirte a los apostolados, o al intentar compartir esa visión de la esperanza en la resurrección invicta?

Pretendías enredar los días en círculos de seguidores de algún sistema filosófico, metodista, evolucionado, con tal de alejarte de las mujeres. Pero la abstracción de ideas no cambia la sensación picante del cerebro: miedo a la intemperie de violencias: de la carne, del deseo, de la noche. Confiesas la persecución de las miradas. Miradas como buitres que intentan picotear la calma. Sabes que sólo muy dentro de la sombra encuentras alivio. Estas conciente que tenía que llegar ese día.

El dolor que esparce sus pupilas intenta arañar la piel, igual que aquella noche. Ella se incendiaba de estertores al asimilar la mezcolanza. Inyectaste la dosis final en el cuello: los músculos adquiriendo rigidez. Desde un rincón has arrastrado dos postes que colocas al centro de la habitación. Ella, todavía conciente, con su mirar soberbio, traza en el aire la fuerza del espanto. Esa mirada que se alarga abarcando el espacio del encierro. Descubre paredes vacías, blancas, los pisos limpios. De frente una mesita coronada por una biblia abierta que oculta la foto de tu madre. En el costado opuesto, hacia la derecha, una ventana: la ruta de escape..., pero... se confirma inválida.

Nervioso, como siempre que una mujer se te ha acercado, palideces. Pero ahora la tienes quieta, callada, sin riesgo que se aleje o te rechace. No como esa maestra, que cuando ibas a besarla comenzó a reír y dijo: “no puedo seguir con esta broma”, y añadió gritando: “¡salgan todos, he ganado la apuesta!”, y salieron tus compañeros de cátedra en medio de burlas. Esa mujer que ahora alimenta las flores del jardín. Una madrugada aprovechaste practicar el sueño que has ido armando con dedicación. Era la oportunidad del primer ensayo. Todo salió mal: el compuesto no funcionó y al primer clavo, quedaste bañado en sangre. Tuviste que desmembrarla como a las ranas de la niñez. Conoces tan bien el colegio que no tuviste problemas para desaparecer su archivo de la dirección, no sin antes lograr que grabara su voz en la contestadora del rector, explicando la necesidad de irse con urgencia a cuidar a su madre. Perfeccionaste el sueño utilizando algunas callejeras. Nada podía fallar. Eras conciente de que sólo tendrías una oportunidad de poseerla.

Y lo has conseguido. La tienes a tu disposición. Vas acercándote y ella, inmóvil, te mira suplicante, con ternura. Le acaricias la mata de pelo negro desplegada sobre los hombros. Juras que la cuidarás, que el tiempo no afectará su carne, su hermoso rostro aceitunado.

Cada noche, sumergido en sacrificios, oraciones, lágrimas, le prometes pulir su cuerpo, mantener esa tonalidad de piel que te ha hecho escogerla y adorarla desde que la viste en la prefectura. Y en estos cinco meses has cumplido, ella sigue pulcra, saludable y llena de gracia. Esa noche supiste que, por fin, ella iba a ocupar el sitio que merecía: para contemplarla siempre y rogarle que bendiga los rituales de abandono a que te sometes. Ella es tu diosa, a quien proclamas los milagros de la carne.

Mírate acomodar los maderos. Enciendes incensarios: el humo repta en la piel y se introduce a los pulmones. Es hora de acabar los traumas, diluir las pesadillas, alejar pensamientos que agobian el espíritu por esta decadencia en que la ciudad se ha hundido, este olvido en los rincones al que te han arrojado. Ella será el instrumento de tu salvación.

Desvanecida, la extiendes: vas tallando con aceite el cuerpo inmóvil, esculpes las facciones del rostro. Aplicas el ungüento que has creado. En cuestión de minutos los órganos internos quedan secos, deshidratados, pero los músculos no pierden forma. La piel adquiere consistencia coriácea, tersa, fina.

Extiendes sus brazos y expones la palma de la mano derecha. Escoges el punto exacto y asestas un golpe limpio. Con lentitud te arrastras por su cuello, embarras el cuerpo sobre el de tu pequeña: Oh diosa, oh diosa, te necesito... sálvame...  Saboreas las clavículas en la lengua y continúas hasta extender el otro brazo. Clavas una y dos veces, no corre sangre, ni una gota.

De rodillas contemplas tu obra, la disfrutas. Sientes en el pecho, disolverse la angustia, crecer la calma de los nervios. Con la mirada atenta a su rostro, modificas las facciones hasta obtener esa mueca de ternura que te brinda paz. Recorres las piernas estáticas, un pie sobre otro, clavas una, otra y otra vez; tienes cuidado en que los huesos sigan intactos y que el cuerpo se encuentre bien sujeto. Pasas una cadena por las argollas que has fijado al madero horizontal, tiras de la palanca y tu crucificada se eleva. Permanece hermosa. Sacudes el polvo y con cuidado la manipulas para situarla sobre la cabecera de la cama, sobre esa base de concreto, junto a tulipanes negros que cultivas en tu jardín. Retiras la cadena, apagas la luz artificial. Permites que se filtre el día a través de las cortinas: amanece y, rosario en mano, te arrodillas para rezar maitines, como aquella primera vez, a tu Cristo hembra...

 

 

8 Poemas de Adán Echeverría

Antes del plenilunio está la cabellera

y ésta rueda de mi cráneo

sobre la más escandalosa e irredenta plegaria

que rasca debajo del colchón

Te adoraré has dicho

y una risa hienética surgió a contraluz

de ese crucifijo que me cuelga

Ay cómo me está colgando esa cruz de migajón

Las amapolitas quieren cortarse las palabras

e ir al dos por tres por cuatro

pero siempre completas siempre

y claro que sí

                      Sin faltarnos al respeto

Nos hemos sacrificado tanto

y el sol sale y no hay remedio

De nuevo estamos despiertos

para soportarnos la mirada

las distancias mutuas

del ensimismarse

Si ya nada nos divierte

para qué forzarlo todo

Hay un recuerdo lumínico

así sea

hagámoslo por él

y dejemos a la luna aullar

y que el calendario gire su rueda cósmica

Esto del fin del mundo

tiene que ser una broma

El fin está marcado justo al momento

de azotar la puerta


Ocho de marzo

 

A ti te llaman puta

yo te digo bendita de mi carne

de mi mano bendita

de mi lengua

de mi desprendido cuello entre tus muslos

Y te llaman zorra

o doncella de la noche

luciérnaga y avispa

murciélago que agita mis neuronas en la calma

de una noche que no termina de cuajarme

en las acuarelas

A ti te llaman carne féretro funda

pedazo de estúpida que nada sabe

y por eso te maldigo en nombre de todas las flores

te desprecio como se desprecian las calamidades

y me hundo en el surco de tu vientre

a respirar las mil pesadillas que me brindan

las hordas de furiosos monjes y sus biblias

que nada saben de ti que todo temen

en el desprecio de sentirse pequeñitos

ante la furia vaginal

que ha sangrado tu historia

¡querida compañera!


Mater duricísima

¿Qué suena?

Tantos corazones anaranjados corazones anaranjados

¿Qué ruido?

Es el gemido de los alumbramientos

¿A qué hora nos dimos por vencidos?

Cuando la palabra madre planeó sobre los bosques

y las montañas todas dejaron su renacer de ríos

Ahí está mamá

esperándonos junto a la bahía

los oleajes de la desesperación no pueden con sus piernas

y está de pie con las alas extendidas recorriendo

los amaneceres de mi cuerpo

¿Qué suena?

Tantos corazones en el latir de cada nueva brisa

De nuevo es ella a la conquista de las oficinas

Ellas a devorar los mercados con las manos siempre inquietas

a remover la plastilina de las uñas

otra vez a mirarse en los espejos siempre tan recias

siempre tan hermosas

con esos amplios senos que nos amamantaron

y tanta noche en vela sobre los párpados

Ahí está mamá        decían

yo solo veo el sol de amanecer

cuando me habla

Ahí van las brujas sobre los helicópteros

la luz cae encima de los vagones del metro

¿A qué salir a la superficie?

quedémonos encerrados en el cuarto

en el subterráneo

en el subsuelo

en el búnker

para qué volar si podemos arrastrarnos

para qué sonreír si podemos despedazarnos

hey tú   préstame tu machete

epa    ahí va el machetazo

justo a tiempo   legal

consolatorio machetazo de tenerte

lejos lejos del corazón

Ahí van las brujas sobre los helicópteros

y esta ciudad

que se me mueve toda como la fe

hey tú   deja el gimoteo

y que venga la Salsa 

¡arránquese maestro!

arránquese los brazos y la esperanza

a qué salir a la superficie

quedémonos encerrados en el cuarto

las malditas azoteas me harán desfallecer

y la luz continuará su fuga

                                    Esto ya no es divertido

Cuando te hice el amor anoche

 

te miré tan plena de chinches

que no quise agitanarme sobre tu cabello

y tus caderas de rinoceronte me volvieron

el cuerpo en dos y no quise enamorarme

de nuevo porque el tifus es algo tan antiguo

para este inicio de siglo que no es posible

que nos vayamos adornando las distancias

el ropero todo lo posibilita

de ahí sale el corazón y las tripas

de ahí también los vestidos de arandelas y volandas

ahí cuelgan mis corbatas con las que tantas veces

te apreté el cuello ¿lo recuerdas?

A qué la resurrección de los muertos

si ponemos luego tanta dedicación en matarnos

Eso de la muerte es tan aburrido

que mejor sería vivir ciento cincuenta y nueve años

plenos de cansancio y miserias

así parasitándonos

Anoche cuando te hice el amor tan plena de chinches

tuve una revelación

supe que me era necesario destruirte

para que        mi pequeñita

jamás puedas olvidarme

Vamos a dispararle a los ejércitos

que siempre andan ahí buscando viejecitas

a quienes clavarles la linterna

El ojo amargo y la sauriés que no se espanta

como no se espanta el padrenuestro

Tirémosle piedras a los vendedores ambulantes

que nos afean la ciudad con sus oficinas

Saquemos del Congreso a los parásitos

vamos a fusilarlos ¡claro!

para qué tanto marchar y marchar

si cada linchamiento lo podríamos hacer con tanta clase

pocas mentadas de madre sangre y las antorchas

El ojo amargo y la sauriés que no se espanta

y en cada bichito que entra en el oído

yo te escucho menos y menos y ...

ah     ésta mi conciencia tan olvidadiza

de trato tan amable

como esas lindas viejecitas que siempre andan por ahí

con las linternas clavadas del olvido y olvidadas

Tiremos piedras a los enamorados

acabad con ellos    corazón

Haced una fogata con esa basura

y limpiemos la ciudad

Todo sea por amor

¿De qué poetas me hablas?

Ya no tengo tiempo de escuchar

las una y mil intenciones

los ditirambos en que te plasmas ecuánime

si la luna es de ardores estomacales no importa

si la sierpe lunar tiene la corazonada de saber más de lo que sabe la Gran Hiena

no me importa y te lo digo en serio

la noche es una almendra tan pero tan desgastada

que no queda tiempo ya de saber quién no ha pretendido

ignorarle una lamida por cada punto cardinal

a la noche carnicera

y el tiempo

el poderoso tiempo de los perros de antaño

de aquellos perros que siguen tras y tras y no revientan

porque no hay intenciones plenas

de tantas intenciones pluegue al día su corazonada

ellos lo han dicho tú lo has dicho

y entre lo dicho y el decir hay tantos sobrenombres

en los periódicos en la revistas especializadas así lo informan

"los poetas son amorosos" "los poetas son malditos"

malnacidos poetas y un dos tres que salga la muerte a recoger su dosis

y un dos tres que los ángeles negrísimos se sonrían en las cabeceras

¿de qué poetas hablas en tus discursos?

¿los poetas del amor y del tarro?

¿los poetas en pelotas que caminan con las manos?

¿o aquellos poetas que firman siempre en el crucero su triangulito mágico?

los hay enchilados encima de las teas

y los hay con crucecitas sosteniéndose las trenzas

aquiescentes y remilgaditos pero igual los hay carroñeros

estafadores malfrancos intelegibles y simulacros

los hay quebradores de opio y satanizadores rosacrucianos

los hay amarillentos y amarilladores de labios

los hay que rebotan una y otra vez por las palacios

por los encuentros de escritores

donde siempre se sientan a dibujarse los colmillos

ahí están ellos

corriendo sobre las albarradas atraviesan lunas llenas

los hay que en sus ventanas miran las estrellas mientras desgastan corcholatas

los hay circunvuloceonados circunscriptos y hasta circuncidados

los hay eructoides y maldororientes

ebrios como los barcos y azulados presentes

estalla la noche jarra

la noche sandía en que nos rebanamos la espalda

ahí queda la ciudad ahí queda el espanto

las marchas las granadas los edificios encimados en los apellidos

éste es México del 2011

el México bicentenárquico en el que nos hemos prevenido las redadas

levanta la falda levántate la pluma fuente

que la noche se te enrede en cada invierno permitido

en cada telefonema gorgojeante

el siglo apenas comienza

y el día

es acaso un remolino de idiosincracia sin tapete de bienvenida

¿de qué poetas me hablas?

¿a quiénes habrás de sacar a la calle?

¿quiénes serán arrojados al fango de la sociedad

donde todo será dolor y resquebrajar de huesos?

 

 

Yo te desprecio carne

porque eres predecible y mancillable

a cualquier golpe de espada bien que sangras

y no puedes resistir los carros cuando caminas por las calles

Yo te desprecio carne

porque eres mortal no como yo

que me elevaré con el tempo de las páginas blancas

y me quedaré habitando eternamente cuando la luz decaiga

Tú irás a quedarte agusanada

verás tu tersura ennegrecerse

alimento de parias y gusanos

Cómo te deseo afilando las navajas

acá encimados encimados cuerpos las navajas

Yo te desprecio carne

porque penetras y penetras y vas penetrando

pero al final siempre te doblas y no puedes con la inmortalidad

carne doblada detritus cotidiano

carne que te pudres innecesaria

Esta en mi mente la distancia eterna

eso que los imbéciles denominan alma y ahí siguen

dale que dale al incensario

Yo te desprecio

pasarás y pasarás la gusanera espera

en la tierra en el polvo el lodazal humano

Yo te desprecio

ahora lo sabes

te lo digo cuando voy cortando lentamente

y camino al hospital muero de risa

De risa muero maldita carne que no pones resistencia

te desprecio

agujita mía metal metal lápiz de plata

aguijita mía querido bisturí

estamos acá

pálidos y brillosos

pálidos y haciendo muecas celestiales

cárnicamente enseñoreados seremos infelices

cárnicamente devorados

cárnica

me arrancaré la piel

¡mírate!

traspasado por las lanzas

ensangrentada

qué bonito

                    ¡enfermera!

¡venga pronto por favor!

que se me cae la carne que se me cae

y muerto de risa camino al hospital

Yo te desprecio carne

porque el ser supremo en que me habito

me librará de ti    alimento de flores

grano arena polvareda que no resiste al viento

¡quién eres!

¡qué cosa más que un maldito recipiente!

 descarnado subiré a la hoja en blanco

y ahí me quedaré en silencio

¡enfermera enfermera!

¡que se me cae la carne!

Y muerto de risa

camino al hospital

 

 

Lectores de poesía mexicana: gustos y recomendaciones

Adán Echeverría

Un autor no leído es un autor víctima de la peor censura:
la de la indiferencia.

Octavio Paz

Primer Fragmento. Una pequeña encuesta

El 1 de abril de 2016 luego de una batalla, respecto a la poesía mexicana contemporánea y sus animadores, suscitada en las redes sociales, en especial la de Facebook, tuve a bien leer el comentario que la compañera poeta Mavi Robles-Castillo publicara: “Hay un problema grave con la poesía mexicana, más allá de que gracias a la moda de los slams ahora parecen más merolicos que poetas, y hay demasiados. México es el país con más poetas, según las redes; es decir, cualquiera dice soy poeta; eso sí, pocos o casi ninguno pueden defender su poema con el poema mismo, hacen todo tipo de aracles en el escenario que distraen del texto mismo, cuya calidad es regularmente mala; si fuese buena, esos aracles excesivos no serian necesarios”. Malva Flores en el prólogo de su libro La culpa es por cantar, señala que pocos son los poetas que aún gustan de leer sus poemas sentados tras de una mesa, y los denominó “poetas de mantel”.

Uno tiene que recordar que la poesía es oralidad, la poesía debe ser contada, cantada, gritada a los oyentes. Pero desde hace algunos siglos se tuvo la fortuna de desarrollar los procesos de imprenta, el lenguaje que había pasado de la oralidad a guardarse en otros tipos de papeles –papiros, pieles, telas-, pasó a ser difundido de manera masiva por las imprentas vía los libros, folletos, periódicos, revistas, panfletos. Este 2016 continuamos mirando cómo esas nuevas tecnologías nos arrebatan la mirada, y nos permiten ver que la poesía va tomando nuevos rumbos; se va expandiendo en nuevas formas; pasa del papel impreso al papel imaginario de una serie de programas, en el que el mismo romanticismo nos representa la simulación de una hoja de papel en los procesadores de textos, un espacio para poder asentar los caracteres mediante un teclado, o mediante el dictado por medio de la voz.

Pero a pesar de que esta era digital, que empezara a finales del siglo XX, permite un mundo diferente de soportes técnicos y tecnológicos que día a día se van descubriendo, y en los cuales la creatividad y la ciencia computacional serán los límites, el resultado continúa siendo la transmisión de conocimientos. Voces, videos, sonidos, imágenes, figuras que se mueven, se han vuelto el medio por el cual el lenguaje se transmite. Algunos pensamos aún que esas nuevas formas de expresión artística, que permiten la mezcla visual, sonora, e incluso táctil, y se presentan como poemas, no necesariamente lo son, dependerá del valor estético que queramos asignarle. Definitivamente el consumo multiplataforma nos permitirá acercarnos a esas nuevas tendencias, valorarlas y validarlas, e incluso comenzar a degustarlas para compartir con otros contactos, por medio de las redes sociales en que nos desenvolvemos día con día.

También es cierto que a pesar de todo lo bueno que uno puede encontrarse en la red, de igual manera, podemos encontrar, -y nos encontramos- con posturas egóticas más que estéticas, amparados en esa situación necesaria de "No necesitar la validación del otro sobre nuestra expresión", que en un principio es una idea muy sana, pero que tampoco nos da derecho a despreciar 'a pie juntillas' los bastantes años de tradición artística y literaria que nos ha precedido.

Es singular la postura de aquellos que dicen: "Yo no leo escritores muertos, solo me deleito con los escritores que están vivos y con los que puedo, incluso, intercambiar mi trabajo. Valoro a esos nuevos artistas, nuevos poetas, que se arriesgan en los nuevos materiales, las nuevas formas y tecnologías. Por eso no leo obras del Canon, ni me interesa; no soy fanático de lo que marcan las historias, y no me dejaré convencer de las autoridades universitarias y de todos esos críticos obtusos que siguen pensando arcaicamente, y no miran el cambio y las nuevas propuestas."

Cada quien sus filias y sus fobias. Seguro estoy que ni Chaucer ni Spinoza, ni Cioran o Cervantes, ni Dante ni Goethe, protestarán porque un grupo de “estetas” decidan no leerlos. Lo cierto es que quizá –me atrevo a señalar– aquellos a los que nos gusta la literatura, leerla, platicarla, consumirla, recomendarla, no tomaremos muy en serio a aquellos grandilocuentes que gritan por todos lados su 'No Necesidad de Conocer un Canon Literario, su No Necesidad de Lectura de Clásicos', por una simple razón: Lo que hoy somos es el resultado de la inventiva y creatividad de los que nos precedieron.

Cualquier buen lector, cualquier autor contemporáneo estará de acuerdo conmigo en ello. Abrevar de la tradición, conocer aquello que nos precedió, jamás irá en detrimento de nuestro trabajo. Necesario es conocer primero, para poder romper después. No se puede romper aquello que no se conoce. Porque no conocerlo, en definitiva no te brinda el impulso de querer romperlo. Pienso en el Ateo que no le preocupan las religiones y sus mitos, totalmente alejado de aquel que actúa en un claro: 'Gracias a Dios, soy Ateo', e intenta que todos los que lo rodean, piensen como él. Mi preocupación y mi olvido consistirán en darme cuenta de lo ridículo del asunto, dado que si fueras Ateo, tus preocupaciones no pueden ser las de los Creyentes, porque deberías sentirte ajeno a sus sentimientos. Lo mismo con el Canon Literario, negarlo no lo inhabilita, ni conseguirá la no existencia de su corpus. Pero conocerlo, permitirá criticarlo. En este sentido, las nuevas tecnologías, las mutables tecnologías que día a día evolucionan, nos irán brindando nueva plataformas para lo mismo: expresar nuestro pensamiento y comunicarlo, crear diversos corpus para compartir con el otro, con todo posible lector que se acerque. Y el proceso continuará siendo: Emisor-Mensaje-Receptor, lo que cambia son los medios, y la temporalidad para alcanzarlos. Para qué confundirnos.

Volviendo a la poesía, volviendo a la palabra escrita en la búsqueda estética de la construcción y comunicación de ideas, luego de leer las muchas posturas que todos asumen con tanta ligereza sobre lo que es y no es poesía, es o no es poema, sobre quién es o quién no es poeta, he tenido la idea de que en primer lugar habría que medir en qué agua estamos nadando, es decir: ¿Cuál es el conocimiento que los lectores de poesía, lectores de poemas, discutidores de literatura, tenemos acerca de la poesía mexicana, escrita por mexicanos, escrita y editada desde México?

Para contestarme, desarrollé un pequeño cuestionario que publiqué en mi página de Facebook con siete puntos: (1) Para tí, ¿cuál es el poeta mexicano o la poeta mexicana más importante?; y una vez que los encuestados definieran qué poetas consideran los más importantes para México, enmarcar la propuesta de lectura de este trabajo, entre los poetas nacidos a partir de 1960, para considerar la poesía contemporánea en este mismo artículo, sobre lo que ahora, para este 2016, se está distribuyendo y dando lectura, toda vez que a partir de esa década de nacimiento, los y las poetas de mayor edad fluctuarán alrededor de los 50 años, y ese medio siglo de existencia les habrá permitido ser publicados y leídos, y los más jóvenes –si consideramos incluso a los nacidos a partir del año 2000–, ya tendrán 16 años, y podríamos considerarlos –de ser editados y leídos– nuestros poetas más jóvenes. Considerar que la mayoría de los autores que se encuentren en el rango de edad entre 16 y 56 años, puedan tener acceso a una red social en la internet, y habrán tenido contacto con las nuevas tecnologías para la edición, lectura, y para compartir su trabajo con la infinidad de lectores que puede brindarnos la red.

Bajo este considerando se establecieron los siguientes puntos (2) Menciona el nombre de tus cinco poetas favoritos nacidos en México a partir de 1960. (3) ¿Cuáles cinco libros de poesía de autores nacidos a partir de 1960 recomendarías leer a un nuevo lector de poesía? (4) ¿Cuáles poetas mexicanos han influido en tu trabajo poético? (5) ¿Qué poetas de tu generación (considera la década de tu nacimiento) recomendarías leer? (6) Menciona las tres revistas literarias (impresas o de internet) publicadas en México (o desde México) que recomendarías a los nuevos lectores. (7) ¿Qué importancia tienen el ISBN o el ISSN para tí y para las obras literarias? Esta última pregunta permite conocer si los lectores de poesía tienen alguna valoración por estos sistemas establecidos para la identificación a nivel internacional de una publicación, qué opinan de ello, ya que muchas ediciones en la actualidad no privilegian el uso de estos índices.

Como antecedente, uno puede consultar un ejercicio similar al que ahora presento realizado por la revista Letras Libres, en febrero de 2005, titulado “Los diez mejores poetas mexicanos vivos”, cuyo resultado fue el siguiente: 1 José Emilio Pacheco / 2 Eduardo Lizalde / 3 Alí Chumacero / 4 Gabriel Zaid / 5 Rubén Bonifaz Nuño / 6 David Huerta / 7 Ramón Xirau / 8 Francisco Hernández / 9 Homero Aridjis / 10 Coral Bracho. Hagamos notar que de los 10 poetas que se sugieren, solamente hay una mujer.

Los resultados de nuestra encuesta que estuvo abierta del 1 al 3 de abril de 2016 (sólo tres días para que validar su aletoriedad) arrojó los siguientes datos de interés para todo lector de poesía: Se superaron los 50 encuestados, que decidieron contestar el cuestionario, ya sea tomándolo del Facebook, ya porque algunos contactos lo fueron compartiendo, además de que a un variado número de contactos se los hice llegar por mensaje (inbox). Muchos contactos se disculparon conmigo, y me dijeron que "no les gustaba entrar en este tipo de polémicas en las que se hieren demasiadas susceptibilidades". Otros simplemente no decidieron participar, e hicieron caso omiso a la solicitud de contestar el cuestionario. Los que decidieron contestar enviaron sus respuestas por correo electrónico.

No queda más que agradecer a todos la oportunidad que me brindaron tanto de acercarles el cuestionario, como en disculparse de no participar; y a los que hicieron un esfuerzo por brindarme algo de su gusto literario. Como todos mis proyectos, el que ahora expongo tiene como principal ideal homenajear a los autores, a la literatura toda, y valorar el esfuerzo y las intenciones de los lectores. He acá los resultados:

Segundo Fragmento. El poeta más importante de México

He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos
por la locura, famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros
en busca de un colérico picotazo

Ginsberg

De esos más de 50 cuestionarios resueltos por los lectores, evidenció que el género, en este caso, no resultó factor para su participación: hombres (29) y mujeres (27), procedentes de 14 de los 32 estados de la república mexicana, (43.75%), lo que evidencia que los lectores están suficientemente representados para la república mexicana.

A la pregunta número 1, sobre a quién consideran como el poeta o la poeta de más importancia nacido en México, se mencionaron un total de 22 poetas, entre los que el más mencionado fue Octavio Paz (1914-1998, nacido en la Ciudad de México, murió a los 84 años); es interesante que el segundo lugar en menciones fuera la indicación de que es 'Imposible dar el nombre de un solo poeta'.

En tercer lugar privilegiaron a Amado Nervo (1870-1919, nacido en el estado de Jalisco, murió a los 48 años); a Nervo le siguieron, con el mismo número de menciones Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013, nacido en Veracruz, murió a los 89 años), José Gorostiza (1901-1973, nacido en Tabasco, murió a los 71 años), Jaime Sabines (1926-1999, nacido en Chiapas, murió a los 72 años), Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695, nacida en lo que hoy se conoce como el Estado de México, murió a los 43 años), Rosario Castellanos (1925-1974, nacida en la Ciudad de México, murió a los 49 años) y Coral Bracho (nacida el 22 de mayo de 1951 en la Ciudad de México, tiene 64 años), ocupando el cuarto lugar de menciones.

El quinto lugar fue para los poetas Enriqueta Ochoa (1928-2008, nacida en Coahuila, murió a los 80 años), José Emilio Pacheco (1939-2014, nacido en la Ciudad de México, murió a los 74 años), José Carlos Becerra (1936-1970, nacido en Tabasco, murió a los 34 años) y Efraín Bartolomé (nacido el 15 de diciembre de 1950 en Chiapas, tiene 65 años).

Con una sola mención, por lo que todos ocuparon el sexto lugar en el gusto por los lectores fueron mencionados: Concha Urquiza (1910-1945, nacida en Michoacán, murió a los 35 años), Ramón López Velarde (1888-1921, nacido en Zacatecas, murió a los 33 años), Xavier Villaurrutia (1903-1950, nacido en la Ciudad de México, murió a los 47 años), Jorge Cuesta (1903-1942, nacido en Veracruz, murió a los 38 años), Efraín Huerta (1914-1982, nacido en Guanajuato, murió a los 67 años), Nezahualcóyotl (1402-1472, nacido en lo que hoy se denomina Texcoco en el Estado de México, murió a los 70 años), Alejandro Aura (1944-2008, nacido en la Ciudad de México, murió a los 64 años), Francisco Hernández (nacido en Veracruz en 1946, tiene 70 años), José Luis Rivas (nacido en Veracruz en 1950, tiene 66 años), y alguien decidió incluir a Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893, nació en Guerrero, murió a los 58 años), que aunque escribiera poemas, su obra de mayor significancia fue la novela.

De los datos anteriores podemos observar que de los 22 autores el más veces mencionado fue Octavio Paz. Observamos también el gusto de los lectores de poesía por el trabajo de cinco autoras (Sor Juana Inés de la Cruz, Rosario Castellanos, Coral Bracho, Enriqueta Ochoa y Concha Urquiza). Un poeta perteneció a la época prehispánica (Nezahualcóyotl), y otra a la época colonial (Sor Juana Inés de la Cruz). Es interesante que los lectores no mencionaron a ningún poeta novohispano del siglo XVIII, pero sí hay un escritor del siglo XIX (Ignacio Manuel Altamirano). Dos poetas vivieron entre los siglos XIX y XX (Amado Nervo y Ramón López Velarde). Observándose una preferencia por los poetas nacidos en el siglo XX (17), de los cuales cuatro están vivos: Coral Bracho, Efraín Bartolomé, Francisco Hernández y José Luis Rivas. Igual se debe señalar la preferencia por tres poetas que murieron jóvenes: Ramón López Velarde (33 años), José Carlos Becerra (34) y Concha Urquiza (35 años). Para situarlos en la geografía de México, podemos señalar que los autores acá mencionados se reparten en 11 de los 32 estados de la república, ordenados por el mayor número de autores por estado: Ciudad de México (6 autores), Veracruz (4 autores), Estado de México (2), Chiapas (2), Tabasco (2), y representados con un solo autor: Coahuila, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Zacatecas.

Al comparar nuestros resultados con la lista de diez autores vivos publicada por la revista Letras Libres, se puede observar que solo se comparten cuatro poetas: José Emilio Pacheco, Rubén Bonifaz Nuño, Francisco Hernández y Coral Bracho, con nuestra encuesta; Serrato-Córdoba en un análisis del 2008 señala que los lectores de poesía de México declararon que su autor favorito era Amado Nervo (60 por ciento), Pablo Neruda (35 por ciento) y Jaime Sabines (5 por ciento). De esta forma tenemos que en dos estudios que utilizaron la encuesta a lectores, solo coincidimos en seis autores, por lo que nuestros encuestados brindan a 16 autores más, como preferentes en el gusto para los lectores de poesía en México, y que uno de esos nuevo autores, que se encuentra ya en el gusto de los lectores, es Octavio Paz quien ganara el Premio Nobel de Literatura en 1990 (hace ya 26 años).

Para esclarecer estas preferencias, Serrato Córdoba intenta que creamos que: "El lector promedio está preparado para asimilar el lenguaje de la poesía modernista, que es lo que su comprensión y gusto le permiten 'digerir'", y que "la poesía es un género cuyo lenguaje es tan especializado, o más especializado como las matemáticas o la física espacial". No concuerdo con una especialización poética para la comprensión o el gusto por la poesía, porque reconozco la mutabilidad del lenguaje, tanto como las aportaciones que todos los autores (poetas) hacen al habla cotidiana.

No es el habla cotidiana el que se inscribe en las creaciones poéticas, sino las creaciones literarias las que con el paso de los años se inscriben en el habla cotidiana, en la sociedad toda. Recuérdese la obra de Jonathan Swift y la extracción de los vocablos 'yahoo', utilizado ahora todos los días como parte de nuestra vida en la transmisión de correos electrónicos, o aquellos poemas de Vanessa, nombre de mujer que no existía antes de ser nombrado por el autor de Los viajes de Gulliver. Los autores nombran el mundo, y los lectores van adquiriendo esos temas, esos poemas, esas letras como parte de su gusto, haciendo que pasen a formar parte de la comunicación diaria entre los pueblos y las sociedades.

De esta forma no me parece posible nombrar a los lectores "poco capaces", o "de educación poética limitada" por no gustar de los trabajos poéticos de ciertos autores. Seguro estoy que uno de los principales factores para que los autores sean leídos o sean poco leídos, es que se distribuyan poco, mucho, suficiente –qué sería suficiente-, que sus trabajos lleguen a muchos más sitios, a muchos más lectores, a mucho más personas. Limitarse a pensar que los autores no son del gusto de los lectores, porque los lectores no tienen la formación que se requiere para entenderlos, es un equívoco, una postura cargada de egocentrismo, que pretende poner a los poetas como pináculos de las sociedades, ajenos al común de las personas. Toda vez que las aptitudes de su talento, y capacidades creativas, no los hacen más humanos, ni súper héroes, mucho menos semidioses, sino personas suficientemente leídas, capaces de utilizar el lenguaje como una herramienta mediante una estética propia para la comunicación de sus ideas. Quizá el que un poeta no se encuentre en el gusto actual de los lectores tenga que ver con su poca distribución para ser leído, y no con lo que algunos denominan "falta de estética".

El abanico de posibilidades lectoras y el gusto de los poemas de los autores de poesía, es tan amplio como lo es la sociedad humana en la que nos desenvolvemos. De esta forma habría que considerar en qué punto de la definición de poeta queremos estar, como autores. De acuerdo a lo que grita Rubén Darío: "¡Torres de Dios! ¡Poetas!"; con lo que acusa Heberto Padilla: "¡Al poeta, despídanlo! / Ese no tiene aquí nada que hacer. / No entra en el juego. / No se entusiasma. / No pone en claro su mensaje"; o más cerca del pueblo, como indicara Manuel Machado: "Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor. / / Procura tú que tus coplas / vayan al pueblo a parar, / aunque dejen de ser tuyas / para ser de los demás. // Que, al fundir el corazón / en el alma popular, / lo que se pierde de nombre / se gana de eternidad."

Tercer Fragmento. Sobre los poetas nacidos en México a partir de 1960

He visto, durante toda mi vida, a los hombres de estrechos
hombros, sin exceptuar uno solo, cometer
actos estúpidos y numerosos, embrutecer a sus semejantes
y pervertir las almas por todos los medios.

Lautréamont

La segunda mitad del siglo XX en México nos trajo la "revuelta" de los pensamientos y las ideas transformadas en movimientos sociales de organizaciones pacifistas con un número creciente de estudiantes que se fueron sumando de manera progresiva. Si para finales de la década de los 50’s las confrontaciones se dieron por parte del movimiento obrero y campesino en contra de las políticas de austeridad salarial del Estado mexicano, para los años sesenta, esta batalla corrió por los salones de las escuelas de formación universitaria, tanto la Universidad Autónoma de México (UNAM) como en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) (Domínguez Chávez, 2011). Si consideramos que la UNAM, fundada a inicios del siglo XX, se fue cargando de una ideología liberal, pintándose de rojo hacia la mitad del siglo, y que tuvo su punto más álgido en las décadas de los sesenta y setenta, cuando este pensamiento de las izquierdas comenzó su declive hacia los ochenta, hasta volverse una ideología plana, y heterogénea para finales del siglo XX.

Como señala Francisco Zapata, los líderes de algunos de movimientos sociales como Arturo Gámiz, Rubén Jaramillo o Genaro Vázquez, situados al margen del partido gobernante y sus organizaciones sociales, se distanciaron y radicalizaron, y en ese espíritu la juventud mexicana va poniendo los cimientos para la construcción de una nueva ideología (Zapata, 2012). Cimientos que no fueron construidos en buena roca, porque con los asesinatos de estudiantes ocurridos en 1968 y 1973, los levantamientos armados, –el de Lucio Cabañas de los setentas, el del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y el EPR (Ejército Popular Revolucionario) en los noventas–, aunados a las devaluaciones que ha venido sufriendo la moneda nacional mexicana frente al dólar norteamericano, y el crecimiento de la cultura del Crimen Organizado, y vivir día con día para nombrarse, renombrarse hasta descubrirnos sitiados en un sistema político, rebasado por el Narcotráfico y su cultura de violencia indiscriminada, de desapariciones forzadas, cobros de piso, asesinatos y captura de migrantes, como por el secuestro de jóvenes y niños para volverlos asesinos bajo el control de los cárteles y sus brazos armados, así como la pobre confianza de la mayoría de los ciudadanos en los partidos políticos y sus representantes de todas las facciones, los cuarenta últimos años del siglo XX nos ha entregado un México con doscientos años de “simulada independencia” y “simulado estado de paz y armonía”.

Este apenas sobrevivir como país, ha permitido que en este 2016 se pueda sentir la "inminente desesperanza de la banalización para todo tema nacional", lo que todos los días ocurre mediante el uso y abuso de los avances en la tecnología de la información, que ha situado a las conciencias mexicanas dentro de una enajenación-educativa-reticente, y una lucha unipersonal para salir adelante respecto de los ideales de vida y sobrevivencia.

Como bien señala José María Espinasa “El 68, con la represión a los estudiantes y los fastos olímpicos fue un año clave y se inició, pasada la primavera sesentera, un periodo de hondas decepciones en el terreno político y de distanciamiento del creador y el artista respecto del papel que la Revolución le había asignado en la construcción de una identidad que se caía a pedazos”. (Espinasa, 2012). Y hay que añadir que ante las críticas de los “intelectuales” el sistema político mexicano respondió con oídos sordos y un endurecimiento del autoritarismo, desde la propia presidencia de la República, que veía la amenaza de una conjura comunista que los alejara de ser “el buen vecino” de los Estados Unidos de América (Domínguez Chávez, 2011).

Con base en todo lo anterior es que ha ido evolucionando la cultura y el arte en México, durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI. La poesía y los poetas, no han podido quedar inmunes a esta "banal desesperanza". Los años que van de 1960 a 1982 trajeron cambios profundos en la estructura productiva de la economía mexicana, y de esa misma manera, y por la convivencia con estos sistemas político económico de México, los "intelectuales" de nuestro país y de nuestra literatura han ido decreciendo en su búsqueda del conocimiento, para poder siquiera precisar sus impresiones sobre la “(in)cultura política” que ha secuestrado a este país.

Estos intelectuales del siglo XX, alguna vez representados por Justo Sierra, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Carlos Monsivais, José Emilio Pacheco, con sus muertes, han dejado un vacío de orfandad en la expresión del pensamiento, que ha sido trastocado a favor de la mercadotecnia de la industria editorial, como bien lo ha apuntado Gabriel Zaid en muchos de sus textos, y representada en sus Ferias de Libros y Lecturas, Premios Literarios de Poesía, Cuento, Novela y Ensayo, Becas de Creadores Jóvenes, todo con tal de sitiar al creador, y maltratarlo económicamente por la burocracia institucional, y volverlos rehenes de contadores y administradores de los Institutos y Secretarias de Cultura regidas bajo cualquier partido en el poder; todo con la aparente idea de llegar a las masas, pero manteniendo el precio de los libros en detrimento de las sociedades minoritarias, que los miran en ocasiones inalcanzables, porque apenas cobran el salario mínimo; o desdeñando la figura de la “beca por excelencia” hacia un “artista mendigante” al que se le puede decir: “Venga el próximo mes, su cheque aún no sale”.

Como ha dicho Zermeño, "la palabra “intelectual” sustituye a la del “pensador” (como individuo que se concibe a sí mismo como constructor de la nación en proceso), fraguada durante el siglo XIX. Así, el intelectual se define en principio como un hombre de letras y de cultura que remeda a la época del humanismo y, sólo posteriormente y según las circunstancias políticas, podrá concebirse como un hombre que puede tener influencia social y política." Esa figura del intelectual que se encuentra ahora moribunda en México, por la situación financiera, social y política hace que pensemos que "estudiar en México no es motivo ya de mejora económica". Los escritores mexicanos, a partir de 1950 comenzaron con la imitación a los escritores gringos y dieron mayor impulso sobre las creaciones respecto de la “volátil vida en las grades ciudades” como en la literatura norteamericana, alejándose de las búsquedas que perseguían imitar la cultura europea, e incluso la oriental (Juan José Tablada el arte japonés, Octavio paz el arte hindú).

La lucha entonces, entre el intelectual, la cultura, la política, la economía en el país, para este 2016, es una carrera de alcances y lejanías, donde la figura totémica del internet juega una parte primordial para aquella sociedad que se permite la "incipiente resistencia del ordenador", cuya enajenación en sus aparatos de acceso a la red, les ayuda a informarse, educarse, consumirse, y enviarse unos a otros, los motivos de su pensamiento. He acá, uno de los puntos primordiales en la recreación de la "poesía contemporánea de la internet": Si no alcanzo a comprarme libros, los descargo de las páginas de la red, si no logro ser considerado por una editorial, creo la propia, y llego a los lectores que tengo en la cercanía, y discuto con aquellos que se creen dueños de las verdades absolutas.

Este es el México que le fue heredado a los poetas que nacieron en la segunda mitad del siglo XX, en particular a partir de los sesenta (década de clara inflexión social y cultural). Y es sobre esos poetas, que al año en que escribo estas líneas, 2016, son parte fundamental en el reconocimiento de la tradición literaria y poética de todos los mexicanos que hoy pueden leerlos. Es por ello que los siguientes cinco puntos del cuestionario entregado a los lectores participantes pretende mostrar el conocimiento y reconocimiento que sobre estos autores se puede verter, y determinar si se les está permitiendo formar parte de la tradición poética de este país. Para analizar y desmenuzar las respuestas, podemos referirnos punto por punto.

a) Los poetas favoritos

Los encuestados mostraron tener preferencias variadas, y mencionaron a un total de 57 autores (33 hombres y 24 mujeres); entre sus autores favoritos no todos son nacidos a partir de 1960, hay algunos que nacieron en la primera mitad del siglo XX como las poetas Rosario Castellanos, Enriqueta Ochoa y Guadalupe Amor, y los poetas José Gorostiza, José Carlos Becerra, así como los poetas Baudelio Camarillo quien naciera en Tamaulipas en el año de 1959, y Neftalí Coria  nacido en Michoacán (1959). La preferencia por los poetas del México actual situó a Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) con el mayor número de menciones, seguido por Armando Alanís Pulido (Nuevo León, 1969), Julián Herbert (Guerrero, 1971), Jeremías Marquines (Tabasco, 1968), Baudelio Camarillo y A.E. Quintero (Sinaloa, 1969).

Los demás poetas tuvieron el mismo número de menciones. Entre los hombres se mencionaron a: Jorge Fernández Granados (Ciudad de México, 1965), Armando Salgado (Michoacán, 1985), José Agustín Solórzano (Guanajuato, 1987), Balam Rodrigo (Chiapas, 1974), Fernando Trejo (Chiapas, 1985), Juan Joaquín Péreztejada (Veracruz, 1962), Rubén Chávez Ruiz Esparza (Aguascalientes, 1967), Benjamín Valdivia (Aguascalientes, 1960), Alí Calderón (Ciudad de México, 1982), Manuel Iris (Campeche, 1983), Ramsés Salanueva (Hidalgo, 1972), Aldo Robinson  Butzman (Durango, 1988), Lorenzo Morales (Tabasco, 1973), Mario Bojórquez (Sinaloa, 1968), Óscar de Pablo (Ciudad de México, 1979), Álvaro Solís (Tabasco, 1974), Francisco Alcaraz (Sinaloa, 1979), Roberto Rico (Chiapas, 1960), Marco Fonz (Ciudad de México 1965 – Chile, 2014), Luis Armenta Malpica (Ciudad de México, 1961), Félix Suárez (Estado de México, 1961), Samuel Noyola (Nuevo León, 1965) y Guillermo Vega Zaragoza (Ciudad de México, 1967).

Y entre las mujeres poetas mencionaron a Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972), Dolores Dorantes (Veracruz, 1973), María Cruz (Ciudad de México, 1974), Jennifer Clement (nació en EEUU en 1960, viviendo en la Ciudad de México desde 1961), Claudia Posadas (Ciudad de México, 1970), Esther M García (Chihuahua, 1987), Hanna Figueroa (Nayarit, 1988), Maricarmen Gerardo (Veracruz, 1969), Sara Uribe (Querétaro, 1978), Ileana Garma (Yucatán, 1985), Gabriela Balderas (Ciudad de México, 1973), María Baranda (Ciudad de México, 1962), Natalia Toledo (Oaxaca, 1967), Irma Linares (Michoacán, 1960), Aída Valdepeña (Ciudad de México, 1976), María Rivera (Ciudad de México, 1971), Malva Flores (Ciudad de México, 1961), Angélica Santa Olaya (Ciudad de México, 1962), Roxana Elvridge-Thomas (Ciudad de México, 1964), Adriana Tafoya (Ciudad de México, 1974) y Estrella del Valle (Veracruz, 1971). Si agrupamos a estos autores en la geografía mexicana, por el lugar donde nacieron, entonces podemos observar que su distribución fue la siguiente: Ciudad de México (17 autores), Veracruz (4), Chiapas (3), Michoacán (3), Sinaloa (3), Tabasco (3), Aguascalientes (2), Nuevo León (2), mientras que en los estados de Campeche, Chihuahua, Durango, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Oaxaca, Querétaro, Tamaulipas, Yucatán, y EEUU se mencionaron solamente a un autor.

De las 24 mujeres sugeridas como favoritas, 11 son nacidas en la Ciudad de México (45.8%), lo que parece indicar que no se está leyendo a las mujeres poetas nacidas en provincia, como sucede con los hombres poetas nacidos en provincia, ya que de los 33 poetas varones citados, solamente 6 son nacidos en la Ciudad de México (18.2%). Es interesante mirar que los poetas favoritos de los encuestados para este 2016 en su mayoría son nacidos en provincia: de los 57 autores, solamente 17 son nacidos en la Ciudad de México (29.8%). Es de importancia reconocer lo que Serrato Córdoba nos dice: “Los poetas prácticamente escriben para otros poetas especializados en temas literarios, lo que implica que el lector común y corriente tiene que hacer un esfuerzo mayor de comprensión” (Serrato Cordoba, 2008).

b) Los libros de poemas que se recomiendan

A los encuestados se les pidió que nombraran algunos de los libros de autores nacidos a partir de 1960 y cuáles recomendarían a aquellas personas que se quieran acercarse a la poesía en México. Estos son algunos de los libros que fueron mencionados:

El mayor número de menciones lo tuvo el libro El cielo de Ernesto Lumbreras; después, empatados en número de menciones, los poemarios 200 gramos de almendras de A.E. Quintero, El nombre de esta casa de Julián Herbert y Bitácora de Mujeres Extrañas de Esther M. García. Resulta sumamente refrescante que los lectores encuestados tengan entre sus recomendaciones el texto de esta poeta del norte de México, no sólo por el tema que se aborda, sino por tratarse de una autora nacida a finales de la década de los 80.

De Ernesto Lumbreras también mencionaron como uno de los libros que recomendarían leer a alguien que quiera acercarse a la poesía mexicana de nuestros días Lo que dijeron las estrellas en el ojo de un sapo. Del escritor Armando Alanís Pulido recomendaron dos de sus libros: Gritar por poder gritar y Combustión espontánea. También fueron nombrados dos libros del poeta Baudelio Camarillo: En memoria del reino y Poemas de agua dulce. Otros escritores de los que se mencionaron dos de sus libros como recomendables fueron: Francisco Alcaraz con La musa enferma y Tiempo en vuelo; Jorge Fernández Granados con Si en otro mundo todavía y Los hábitos de la ceniza; de Jeremías Marquines ¿Dónde tiene el hoyo la pantera rosa? y Acapulco golden. Para los encuestados estos libros fueron los que consideraron como favoritos por el número de menciones que recibieron.

Sin embargo, también fueron mencionados: Me llamo Hokusai de Christian Peña; Ni las flores del mal, ni las flores del bien de José Agustín Solórzano; Estancia de Ánimas de Armando Salgado; Braile para sordos de Balam Rodrigo; Solana de Fernando Trejo; El deseo postergado de Mario Bojórquez; Los endemoniados de Óscar de Pablo; Cantalao de Álvaro Solís; Atavismos del caminante de Lorenzo Morales; Ciencia del Alejamiento de Ramsés Salanueva; Ebriedad de Dios de Luis Armenta Malpica; Legiones de Félix Suárez; Bestiario íntimo de Neftalí Coria; En los brazos de Urania de Alejandro Farfán; Los disfraces del fuego de Manuel Iris; Mímesis para gusanos de Daniel Medina Rosado; La casa de la pereza de Juan Joaquín Péreztejada; Un naipe de picas de Rubén Chávez Ruiz Esparza; Toda la lluvia de Sergio Cordero; Nectáfora de Fernando Reyes; Desde la patria del insomnio de Guillermo Vega Zaragoza; El próximo extraño de Jennifer Clement; Pájaros de Kenia Cano; Ternura de Ileana Garma; Antígona González de Sara Uribe; Traslación de dominio de María Rivera; El libro de las grietas de María Cruz; Universo de Náufragos de Aída Valdepeña; Isla o sirena de Mary Carmen Gerardo; La selva afuera de Estrella del Valle; Imágenes para una anunciación de Roxana Elvridge Thomas; El árbol de la esperanza de Angélica Santa Olaya; y el libro Imperio de Rocío Cerón. También recomendaron: Hablemos de poesía, 20 ensayos sobre poesía actual mexicana, compilación Adriano Rémura y Sergio García Díaz.

Además, los encuestados nombraron libros de autores nacidos antes de 1960 como: Ojo de Jaguar y Cuadernos contra el Ángel de Efraín Bartolomé; Muerte sin fin de José Gorostiza; El otoño recorre las islas de José Carlos Becerra; Retorno de Electra de Enriqueta Ochoa; Yo soy mi casa de Guadalupe Amor; y Poesía no eres tú de Rosario Castellanos.

De esta forma podemos concluir que lo observado es indicativo de que la poesía mexicana para el 2016 es nutrida, desbordada y lo que es más importante leída. Más allá de las relaciones editoriales-lectores, las posibilidades de las nuevas tecnologías permiten el acercamiento desde diversos espacios del orbe, para la captura de los autores mediante sus obras literaria. Las plataformas electrónicas para poder levantar, trepar, subir los archivos en PDF de los poemarios ahí quedan, para que nosotros, los lectores nos podamos acercar a ellas. El tiempo que toda persona tiene frente a un ordenador, una tableta electrónica, un teléfono móvil que permite la descarga y lectura de archivos, brinda esa gran facilidad para llegar a un mundo incontable de lectores y lecturas. Que sean entonces nuestras lecturas de las obras, las que puedan enriquecer el gusto lector por la poesía mexicana, para poder consumirla, recomendarla a otros nuevos lectores.

Este pequeño ejercicio que no duró más de una semana, nos ha ofrecido una variedad de nombres, y de obras poéticas que no tendríamos por qué desdeñar de principio, y que sí nos podría permitir el acercamiento hacia nuevos conocimientos de la literatura que se está escribiendo y leyendo en esta república mexicana. Sea pues este un trabajo que permita el diálogo, y establecer la posibilidad del gusto, de un fragmento de lectores de poesía, que tuvieron a bien responder los siete puntos de la encuesta.

Referencias

Domínguez Chávez, H. 2011. 1940-1970: el contexto socioeconómico y político. Historia de México II. Tercera Unidad. Programa de Cómputo para la Enseñanza. UNAM. 11 pp.

Espinasa, J. M. 2012. Nacionalismo, cultura e identidad en el siglo xx mexicano. En: Los grandes problemas de México. Coordinadores generales Manuel Ordorica y Jean-François Prud’homme. 2. MOVIMIENTOS SOCIALES. El Colegio de México. Ilán Bizberg y Francisco Zapata. 374 pp.

Serrato Córdoba, 2008. La enseñanza de un nuevo canon de poesía mexicana. Un diagnóstico y una propuesta. pp: 181-196.

Zapata, F. 2012. Movimientos sociales y conflicto laboral en el siglo XX. En: Los grandes problemas de México. Coordinadores generales Manuel Ordorica y Jean-François Prud’homme. 2. MOVIMIENTOS SOCIALES. El Colegio de México. Ilán Bizberg y Francisco Zapata. 374 pp.

Zermeño, G. 2012. La invención del intelectual en México. En: Los grandes problemas de México. Coordinadores generales Manuel Ordorica y Jean-François Prud’homme. 2. MOVIMIENTOS SOCIALES. El Colegio de México. Ilán Bizberg y Francisco Zapata. 374 pp.

 

por Adán Echeverría

 

 

Parte Segunda. Los nacidos en la década de 1990.

 

Lo importante del ejercicio de antologar el trabajo de estos 21 autores compilados en la antología Karst, escritores de la península yucateca en 2016, es darlos a conocer a los lectores para mostrar que la literatura desarrollada por los Escritores del Karst, afincados en la península de Yucatán, está sana, goza de buena salud, es analítica, pensada, observadora y retrata su entorno inmediato tomando de la universalidad las posturas necesarias para expresar sus ideales. Las diferentes creaciones de cada uno de los 21 autores recrea, mediante la expresión de su intelecto, la capacidad para asumir sus lecturas y es, desde la asimilación del trabajo creativo, de donde logran plasmar sus emociones y su vitalidad al descubrirse insertos en la sociedad en que les ha tocado desarrollarse. La publicación de sus letras es una forma de dar a conocer sus preocupaciones, con esa carga natural de vanidad que viene con toda publicación, pero que en estos autores aspira más al hecho de compartir, con la esperanza de que cada lectura pueda ofrecer un debate e intercambio de pensamientos. La antología aspira a reunir y entregar parte de su obra ante los ojos censores de amantes de la literatura, de los cuatro puntos cardinales en este planeta, lectores de habla hispana. Validarlos como escritores actuales de esta sociedad que hoy convive en la península yucateca de este México, conjunción de tres entidades federativas diferentes Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Autores que, por lecturas y desde las redes sociales, se conocen entre sí, y caminan coincidiendo en un tiempo-época, y que por este medio ha sido posible retratar.

Ya en la Primera Parte de este ensayo hemos hablado de Violeta Azcona Mazún, Ángel Nimbé, y Gema Cerón Bracamonte, (leer acá http://critica.cl/literatura/escritores-del-karst-tres-mujeres-tres-decadas-diferentes-primera-parte); por lo que esta segunda entrega hablaremos de los otros 17 autores que incluye la citada antología Karst.

Abrimos con la excelente muestra poética de Daniel Medina, autor de capacidades claras para la metáfora y la construcción del significante en cada verso. Medina marcha atento sobre su voluntad creativa, diferenciando en el oficio de escritor el momento justo para la lectura pausada, y para la escritura como reflejo de la reflexión. Nacido en Mérida, Yucatán en 1996, es estudiante de literatura latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha publicado Mímesis para Gusanos (LCE, 2015). Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014 por Templo de la fiebre; Mención de Honor en Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015 por Casa de las flores. Desde su poema Breve estudio sobre un poema dañado, el autor deja claridad de su propuesta poética; nos permite mirar lo que para él puede significar la construcción del poema, cuando dice: "Dejo caer /este poema /(…) / Olvido su nombre /y relación con la materia. /Él no busca la luz /ni la floristería; /prefiere a los parásitos. /Teme regresar /a la misma orilla en que /lo hallé mendigando, /(…) /Este poema /(…) /no sabe de vocablos. /Dice nunca haber oído sobre dioses, /mucho menos de pájaros. /Dice no conocer a los poetas."

Daniel Medina niega a conocer a los poetas, y en eso basa su respeto por la poesía, en la materia clara de lo que es el Poema y no la vanagloria del Poeta, porque los poemas sobrevivirán al tiempo, a la destrucción de la materia, porque son las ideas cuajadas en los versos los que sobreviven y no los poetas, que apenas son el instrumento para la expresión del lenguaje, que continuará mutando. Sólo el tiempo pondrá en su lugar a los poemas, y eso es algo que Daniel Medina deja muy claro al señalar: "La idea inicial de este poema /ya no es clara. /Por tanto /     debo destruirlo."

Nos han dicho y nos dicen que todo creador, que todo poeta "Es un pequeño Dios", y sin embargo los autores del Karst, no quedan conformes con esta postura, que tiene mucho de constructo entre años, entre ideas, entre sangre derramada en las conquistas. Justo hoy la humanidad continúa pendiendo de un hilo en espera de que alguien apriete el botón de autodestrucción, y convoque a la siguiente Guerra Santa, Guerra Sagrada, en las que la Cultura Neocristiana, continúa aferrada a la superchería religiosa. El poeta Medina Rosado se permite dudar, y es dentro de esa duda en donde cuelga la desesperanza de su hablante lírico, y en donde plantea la construcción y el respeto por el poema. Como esta sociedad aún no termina de lamentar la Muerte de Dios, expuesta desde el siglo XIX por Nietzche, y cantada por otros autores que se plantaban mucho más terrenales, y ajenos a todo misticismo.

Incluso Daniel Medina se permite mostrarnos sus Cinco formas de encontrar a Dios, en el que el autor dice entre otras cosas: "Levanté una roca en el camino / y encontré a Dios /en forma de cangrejo. / Celebramos / hasta la madrugada /       iluminándonos." Y luego de hacer retroceder a dios como un cangrejo, arrastrándose en la arena, nadando en el agua de mar, de río, con ese pequeño exoesqueleto en el que, disfrazado, quiere continuar espiándonos. Este dios de Medina Rosado se vuelve "cangrejo"; y poblada esta la literatura y el arte de las formas que toman los dioses: Zeus que como Cisne ha tomado a Leda; en cambio Medina hace una caricatura del dios, y aún se da el lujo de "celebrar" con aquel cangrejo hasta la madrugada, iluminándose. Ese vencer la noche, esperar el nuevo día. Todos aquellos nocturnos literarios vienen a nuestra mente y junto con el poeta miramos ese Nuevo Amanecer que nos anuncia la madrugada. Luego el poeta Medina continúa diciendo: "Dicen que en los incendios / y los terremotos / a Dios le gusta aparecerse / en forma de árbol histérico." Y entonces aquel dios ahora es La Naturaleza, como catástrofe. Justo es el reconocimiento del autor al Cambio Climático en el que su aliento vital se sitúa: con las temperaturas elevándose, los glaciares derritiéndose, los agujeros en la capa de ozono, los huracanes cada vez más poderosos, los tsunamis, los terremotos, las erupciones volcánicas que se siguen presintiendo; catástrofes de las que Medina no es ajeno, porque la península de Yucatán está situada justo en el paso de los huracanes que se forman en el Atlántico y que buscan internarse en el Golfo de México. Y aquel "árbol histérico" que son estas sociedades y sus paradigmas de psicoanálisis, todos aquellos fantasmas de la psiquiatría metiéndose en la conciencia colectiva del poeta, que mira su entorno: ese árbol histérico (del griego útero), que nos sitúa frente a un dios-hembra enloquecida: Gaía en busca de cobrárselas con la humanidad.

Es interesante mirar los vasos comunicantes entre los autores de la misma generación; la forma en que dialogan los textos de los unos con los otros permite medir la cultura de los pueblos en una misma época-tiempo en el que les toca convivir. Y de esa forma, mientras que Daniel Medina nos cuenta ¿cómo encontrar a Dios?, el poeta Ángel Augusto Uicab (nacido en Umán, Yucatán, 1988), nos presenta sus Lugares donde se puede encontrar a Satanás; que como una especie de plagio creativo, tal vez inspirado en el texto de Medina, Augusto señala: "Levanté una roca /encontré sus cuernos /la terminación de su cola /en forma de hormigas rojas /de cientos de mordeduras en mi cuerpo". ¿Cuál es el significado presente en la palabra "roca" que tanto Medina como Augusto señalan levantar, al iniciar sus poemas?; Medina "levanta una roca en el camino", que como aquella canción mexicana de José Alfredo Jiménez: "una piedra en el camino / me enseñó que mi destino / era rodar y rodar"; rocas rodantes (rolling stones), en el que se recupera la tradición, y se evidencia al hablante lírico que busca, que evita los obstáculos, que persigue tesoros. Medina encuentra a dios bajo esa roca, mientras que Augusto encuentra a Satanás. El poeta Ángel Augusto continúa versando: "Una rosa marchita /entre las páginas de una biblia empolvada.", y esa imagen vuelve a encontrar al delirio que le ánima. Ya en La Biblia Satánica (publicada en 1969), Anton Szandor LaVey nos sitúa en la intención de romper el paradigma de Satán y lo hace confluir hacia un movimiento filosófico existencialista, individualista, incluso, donde el placer debe ser exponenciado. Ángel Augusto muestra "la empolvada biblia" como una imagen romántica, en el que aquel amor de juventud ha dejado una flor, como recuerdo; y ha sido el paso del tiempo de la humanidad, que ahora descubre marchita a la flor (podredumbre, como todo lo vivo que muere), y aquella colección de textos sagrados, bañados de ese polvo que todos somos. El abandono de la religión, el abandono de aquel romance, en busca del placer.

En su poema "Diálogo", Daniel Medina continúa plasmando su poética y expresa: "Tengo dos poetas muertos en la bolsa /y un montón de arañas explosivas. /(…) /Los poetas vivos /no sirven para nada."

Lleva los poetas en la bolsa, porque así se llevan las lecturas, en las bolsas, en los bolsillos. Como escritores somos el resultado de nuestras lecturas, que siempre nos acompañan; y es la sociedad la que ha metido además "un montón de arañas explosivas" con la tanta violencia, tanto grito, tanto apuntarse con el dedo los unos a los otros; arañas que al explotar pueda hacerle tender las telarañas entre unos y otros. El autor se sabe comunicándose siempre con los que le rodean, lo acepta; pero se sabe capaz de validar la tradición de sus lecturas porque: "los poetas vivos no le sirven". Medina Rosado es un creador que se presiente ya en la forma de algún dios –aquel capaz de crear y dar vida-, y sabe que tiene que destruir esas creencias que le liberen el pensamiento; situándose en el siglo XXI, donde la comunicación acerca las culturas, los países, los acervos que se sitúan desde las interfaces de la internet, para que desde esa libertad pueda acceder a la creación de mundos propios: y si el internet fuera el verdadero dios. Esta búsqueda concluye en su poemínimo "Primer contacto", donde el autor dice: "Hay una especie de Dios al fondo de mi vaso."; y al escribir "una especie de dios", hace a ese ser supremo uno más, que puede ser clasificado bajo la nomenclatura binomial diseñada por Carlos Lineo en su Sistema Naturae publicada entre 1735 y 1770,y que ha llegado a nuestros días. Sumados a la postura de Medina Rosado, esa "especie de dios", podría ser nombrada: Deus sp. en espera de que definamos qué especie de dios puede ser la que habita el fondo de aquella botella que mira el poeta.

Salimos de la obra de Medina para adentrarnos en los reflejos pictóricos de Daniel Poot Fuentes (Mérida, Yuc., 1995), quien dentro de uno de sus textos intenta reconocer la relación de aprendizaje y enseñanza entre adultos y menores, o adultos de diferente genitalidad. Expone el juicio de los investigadores y científicos que se la pasan más dedicados a la contemplación del rito de la publicación necesaria (a veces exigida por las academias en pro de prebendas económicas) que en el poder representar un posible cambio en las estructuras sociales en las que se desenvuelve. Poot Fuentes se presiente reflexivo del oficio del artista, como del genio creativo y del investigador sentado sobre la academia. Pone el dedo en la llaga de la comodidad no productiva de la sociedad. Primero en su cuento Botella al río nos dibuja una fantasía, que puede ser abordada desde al menos dos aristas: un padre tiende a deshacerse de su hijo o le impulsa a irse, a dejar el hogar paterno. La motivación de Poot Fuentes para poder descubrirnos esa visión del niño que no puede dejar de sentir el poder supremo del padre, como ese dios del que absorbe los conocimientos de la vida:

"Esa tarde papá me llevó al río. Dijo que limpiara una botella de cristal, trajera un papelito y algún lápiz. (…) Al río llegamos a las cinco. Se escuchaba un ruido muy fuerte; papá dijo que era por la corriente del agua; yo me asusté al imaginar que el río se acercaba a nosotros y nos arrastraba. No sabía qué ocurría, tampoco pude entender de dónde salía tanta agua, y eso me mantuvo preocupado; esperaba el momento en que toda esa agua se gastara. Me pregunto si el agua es infinita. Hay mucho calor. Juego con mis dedos a atrapar el sol, abro y cierro mis dedos, intento tapar todos los orificios, los cierro fuertemente, la luz sigue entrando; los acomodo para que mis dedos encajen, sólo veo la luz roja como si fuera fuego. Papá me habla."

 

El pseudo cuento infantil en el que el autor narra la enseñanza, la convivencia padre-hijo, en un momento memorable en el que puede mirarse la ternura, mientras se detiene uno de la silla esperando lo peor, que no llega. Dejo acá algunos fragmentos:

"Pone la botella en el río, ésta comienza a tambalearse dentro del agua y se empieza a alejar… choca contra algunas rocas, y hecha pedazos se hunde. (…) Hago como papá dijo, doblo el papel, pero a mí no me sale tan bien; lo inserto en la botella y la cierro. Pongo la botella en el río; veo cómo se la va llevando la corriente, la botella entonces se va muy brusca sobre el agua, le llegará a los piratas, a cualquier parte, donde yo no podré verla, dejaré que se la lleve el río a donde quiera."

"Anochece, veo el sol ocultarse como si estuviera amarrado a un hilo y alguien lo fuera jalando hasta guardarlo, quizá Dios; como una vez dijo la abuela: él se encarga de todo. La abuela era una persona extraña, siempre hablando de Dios en la casa, decía tantas cosas de él y decía también que recibe a los niños, principalmente. ¿Por qué no se ha acercado a mi Dios?"

"Papá me mira. Se acerca a mí, lento, toca mi hombro, sonríe; me carga, me toma entre sus brazos hasta alzarme, (…) me gira desde lo alto hacia su espalda; con delicadeza comienza a bajarme, me deposita en una botella transparente y blanca, donde puedo verlo todo."

"Él sigue sonriendo, yo lo miro, se ve feliz, yo me siento feliz. Veo el cristal. Siempre me han gustado los lugares nuevos. Papá me pone en el fondo, me quedo parado mirando el río, veo a papá y enseguida, sella la tapa dejando un anillo de sombra (…) '¿Estás listo, hijo?' Y dejándome en la orilla del río, empuja la botella con suavidad porque sabe que estoy adentro."

Daniel Poot nos muestra en su texto que cuando la relación padre-hijo ocurre en armonía, la despedida para comenzar la aventura de alejarse del hogar mantiene una esperanza, una posibilidad siempre abierta: " se ve feliz, yo me siento feliz".

En cambio, el escritor en su cuento Mirada de los inútiles, nos narra el lado opuesto a la felicidad, la desidia; retrata la fácil postura de "aquellos intelectuales" que batallan por la creación de sus "papers", por el desarrollo de su pensamiento, por la explicación de los eventos que suceden a su alrededor. Como dijera Rubén Darío en su Letanías de nuestro señor don Quijote: "De las Academias / ¡líbranos Señor!" Y es justo Darío, el nombre que Daniel Fuentes utiliza para nombrar a su personaje, como reconociendo y alimentando la idea planteada por el escritor de Azul. Porque no podemos prescindir de la fantasía que representa la locura de El Quijote, para sumirnos en los engrosados tratados de textos que se apartan de la libre creación persiguiendo el método. El personaje de Poot Fuentes, al que acusan de "inútil" como reza el título del cuento, muestra el hartazgo ante sus investigaciones que lo mantienen alejado de la sociedad, de la vida real, por lo que prefiere pararse a mirar a los transeúntes de la calle. Y me ha hecho pensar justamente en lo que representa la Educación Académica y Científica en México, para este 2016, en el que no puedes decirle ahora a tus hijos: ¡Si estudias vas a tener una mejor economía!, y tenemos que conformarnos con intentar convencer a nuestros jóvenes diciéndoles: "Estudiar nunca será malo para ti"; porque nada les puede prometer un futuro mejor, ni estudiando una carrera, o una maestría o un doctorado. Tal como nos lo han representado en la película española "Perdiendo el norte" estrenada en el año 2015, donde dos españoles con excelente nivel de estudios viajan a Alemania (se vuelven migrantes) en busca de una mejor oportunidad, y terminan lavando trastes en un restaurante turco. Poot Fuentes lo narra de la siguiente manera:

"Mi esposa venía a alentarme a continuar mis investigaciones; se paraba a lado de mí para sermonearme cada vez que me veía arrastrar la silla hacia la ventana.

¾Por favor Darío, continua con lo que estabas haciendo, esas investigaciones pasarán a la historia si tú sigues trabajando, no te detengas.(…) Hace dos semanas que no abres la libreta y que no estás en el salón de estudio.

Abrí la libreta revisando detenidamente y con mucho cuidado todas las hojas. Nada significaba ya, ni siquiera para mí, lo que una vez fue una investigación emocionante y verdaderamente ardua. Mi objetivo de toda la vida, ahora sólo era un pedazo de papel que se rompía si dejaba caer mi sudor y rascaba con la mínima fuerza. Un trozo de papel que sólo lograba asquearme."

 

Caminamos así hasta el trabajo de Emmanuelle Kubrick (Chetumal, Quintana Roo. 1993), quien desde su nombre nos marca la influencia que el cine tiene en la juventud lectura y artística contemporánea. Emmanuelle en su cuento Carlos presenta ese diálogo entre aquella cumbre de escritor a la que una inmensa mayoría aspira, desde el juicio de un infante que representa la muerte, y al mismo tiempo la propia inocencia alejada de los reflectores del marketing al que lo ha empujado el éxito conseguido en sus primeras publicaciones; mezclado todo con la tradición y el canon que el autor ha sabido abrevar.

"Marcel descendió desde su habitación hasta su estudio, donde se la vivía entre catorce a dieciséis horas diarias; desgastándose los dedos en su vieja máquina de escribir. Quería consumar un éxito más para su vida. Su editorial le exigía una nueva publicación, cual fuese."

 

Para su segundo texto "De los niños de Charlestown", el autor recrea esa violencia entre jóvenes y niños, al puro estilo de Robert Artl en El juguete rabioso, Juan Marsé en Si te dicen que caí, como Bukowski en su texto de Hijo de Satanás, Emmanuel recrudece esta violencia sin sentido, e incluso la hace extrama, como la que ocurre en la escena del tren del texto Las cavas del Vaticano de André Gide, ya que en el cuento de Kubrick un jovenzuelo que mata a un niño por el puro deseo de mirarlo morir; que muta y es al mismo tiempo el asesino de algún otro niño.

"Caminaba sobre la acera, cuando un pequeño rubio me llamó desde un carro con insistencia. Vacilante me aproximé. Dijo que quería un pastelillo de coco y si le acompañaba a la repostería, me compraría uno.

—Bueno, pero no he de tardar mucho, mi madre me aguarda.

El chico bajó del carro, le tomé la mano y pregunté dónde se encontraban sus padres."

 

Haciendo pasar la voz narrativa de uno a otro personaje, para recrear la visión de cámara de cine, como en una puesta teatral, que nos permite mirar a los personajes hablar, en vez de construir desde el narrador omnisciente:

"—Mi madre se ha marchado de compras y mi padre se encuentra en casa del gobernador. Yo le he acompañado, pero me ha hecho esperarle demasiado, tanto, que mi pancita gruñe.

Al salir de la tienda, el pequeño mantenía esa sonrisa, tan jubilosa y yo tan pusilánime, ¡qué pesado! Le sostenía la mano, aún con más fuerza, como para asegurarme de que nada grave pudiese ocurrirle. No podía controlar mis impulsos y supe desde el primer instante que deseaba asesinarle."

 

Involucrando además otra voz interrogatoria para situarnos en una escena de confesión del asesinato, con alguien que está fuera de foco, que no es descrito; pero que junto contigo como lector se sorprende y desea continuar leyendo (o escuchando); y en ese juego es Emmanuelle quien nos somete, al hacernos partícipes de la tragedia, sabedores de la violencia del personaje, de su cinismo, y nos vuelve cómplice:

"—¿Todavía desea saber más?

—Sí… continúa.

El pequeño sonreía, y miraba con atención a aquellos barcos pesqueros; dijo que nunca había mirado algo semejante. Y yo, nunca me había sentido tan fastidiado con tanta felicidad desmesurada."

 

La narración del asesinato nos puede provocar la misma ansiedad de intentar conocer más acerca de este asesino construido por Emmanuelle Kubrick, porque es el morbo el que nos sigue atrayendo a la lectura. Lectores morbosos, ávidos de enterarnos de la violencia habitando los cuadernos, las hojas, los ensayos, los cuentos, las narraciones, o el fiel reflejo del estarnos acostumbrando a que la violencia de la realidad permea la vida literaria, la creación:

"Me puse de pie y me le acerqué. Coloqué mi mano derecha sobre de su hombro y le palmeé en dos ocasiones. Él repitió que mirase lo inmenso que era aquel barco. Respondí: ¡Es realmente gigantesco! Cuando descargué un furioso ataque; clavando mi navaja en el cuello de aquel angelical niño.

Cayó sobre de la arena, pero a pesar del sorpresivo ataque, no había muerto y peleaba por su vida. Le desprendí la navaja del cuello y comencé a apuñalarle sin detenerme, sonriendo, como lo hago ahora: Me sentía feliz.

Tomé una vara y se lo inserté en el ojo derecho. Le bajé los pantaloncillos e intente castrarle como lo hacía a los perros y gatos de mis vecinos.

Le clavé nuevamente la navaja al cuello, pero no logré arrancarle otro grito. Fue ahí qué, por primera vez, el miedo se apoderó de mi y escapé de la playa, acudiendo al mercado para cumplir con el recado que mi madre me había encargado, pues haberlo hecho, no me convierte en un hijo desobligado."

 

Ariel López, nacido en Guatemala en 1992, vive en Mérida en donde estudia la licenciatura en biología; nos narra la contemporaneidad con esa soltura con que todo joven platica hoy sobre las drogas, la muerte, la violencia como un juego de niños; acostumbrados a los video juegos, al internet tan cargado de imágenes que suman en nuestro inconsciente y nuestra psique sus colores y sonidos. Pero también nos presenta en sus poemas esa fresca voz juvenil que tiene mucho de grito, y esperanza a través de saber resistir y levantar la voz cuando hay que hacerlo. López es el primer escritor de este grupo que hemos analizado que se atreve a caminar en los dos géneros, el de la prosa y el de la construcción del poema, y en los dos saben salir bien librado. Su voz poética es un reclamo social: "Voltéate periodista de arena, / La playa se tiñe del calor de la tarde / y eres el ojo carnoso cuya pupila absorbe". Las preocupaciones de Ariel son muy claras, el fácil acceso a las drogas, la falta de optimismo, la desesperanza de las religiones, la búsqueda de la libertad.

En su cuento "Saudade", el autor nos deja muy claro lo fácil que es para todo joven que tenga la intención conseguir drogas, en cualquier ciudad o poblado de México: "Ese día creo que fuimos el Flaco, el Mono y yo. No conocíamos al dealer, pero nos recomendaron mucho su producto: siempre tiene la mejor calidad de la mierda que te metas al sistema, dijeron todos".

Mientras que la parte mística, tanto como la parte creativa, se entrelazan en sus poemas. En Un trazo de muerte, Ariel nos aclara: "Allá viene Lucifer, /cayendo con toda su orquesta iracunda. /Allá viene la carcajada repleta de dientes, /herido de guerra apunta en el delirio."; y en esa "carcajada repleta de dientes" es en donde se narra la idiotez, la poca cordura para la aceptación de cualquier Armagedon; somos sobrevivientes a la decadencia, nos volvemos decadentes, somos parásitos en la cueva pútrida que la vida. Parásitos al fin, nada no daña, como alimañas, resistiremos, sobreviviremos como cucarachas. Pueden venir los Cuatro Jinetes del tan anunciado apocalipsis, nosotros seguiremos riendo a carcajadas, riendo junto a nuestro destructor (Lucifer, el que trae el fuego, el portador de la luz), porque nos hemos acostumbrado a los descabezados, a los desmembrados a los encajuelados, que ni un infierno puede ya asustarnos.

En tanto que en su texto Maleta humana, el autor deja claro que los demonios son más terrenales que sobrenaturales: "Un demonio te arrastra, llena tu pecho /con pesadas caricias."; la sexualidad y la sexualización de los infantes; tanto como el infantilismo de los adultos, nos brinda una población mexicana que deriva en la sexualidad "erotoplástica", en la que misma genitalidad se va haciendo a un lado. Para su poema El Arquero, el autor nos presenta la incertidumbre ante la creación poética, y la búsqueda del poema, que ocurre de manera natural: "Sus manos se tensan en / posición caligráfica, /sostiene el arco una vida /intermitente /en el horizonte."; el autor retrata al creador poético, rodeado de ese aura que nos brindan las sagas de la fantasía que en la actualidad son tan perseguidas como éxitos editoriales y de taquilla, cuando de películas se trata.

Con una visión muy clara para expresar el sentimiento, López se vierte honestamente dentro de sus creaciones poéticas, y de esa decadencia en la que se plantean las experiencias nos dice en Exploración del sufrimiento, "Debemos aislar toda partícula del sufrimiento, /cada lágrima extinguiéndose en el aire, los detalles en las pausas del grito." Los poemas que Ariel López construye pegan en el alma, se asientan en la mente, son dulces en su carga de tragedia, son duros en su ternura. Son esas pausas del grito, que necesita ser escuchado. Esa pausa que significa el silencio, para que la voz del hablante lírico no ocupe todo el espacio definido por el tiempo, en el que su grito se eleva; sino que permite la aparición del silencio, con la oreja atenta, esperando por el Otro, por la voz que le responda. Porque el grito es el escape "En ese big bang de violencia /donde la bala marca el trayecto"; nos dice el poeta, y uno puede preguntarse ¿a dónde nos conduce esa bala que marca el trayecto? ¿a dónde nos conduce toda esta violencia? ¿ya no tenemos miedo? Como fantasmas, hemos muerto ya, nada más nos debe preocupar, porque a nadie pueden matar tantas veces. Ariel López se desdobla con mucha claridad, y dibuja a toda su generación, en esta impostura asediada por el monstruo de tres cabezas: El Neoliberalismo, Lo políticamente correcto y las Luchas de la Genitalidad y su Patriarcado erigido como Tótem. En su poema Retrato, el poeta nos dice: "Soy el sobresalto de un sueño fallido. / Pura presencia, carencia de sombra, / lo rechazado por verdades y mentiras. / Soy ese rostro / que abandonan los ojos al filo del espejo."; el rostro que abandonan los ojos al filo del espejo, cansados de mirar, apenados de ver un rostro incapaz, doblegado; personajes que no quieren mirarse de frente. Y como un poeta observador de la sociedad que le toca vivir, Ariel López marca el paso para los escritores kársticos en este 2016, con este poema titulado: El sacrificio:

Voltéate periodista de arena,

La playa se tiñe del calor de la tarde

y eres el ojo carnoso cuya pupila absorbe.

El que nota las marcas de grilletes en el cielo.

 

Voltéate periodista que se desmorona en la claridad teñida,

porque seguir esa mancha rojiza es seguir una senda hacia el vacío.

Allá solo un tráfico fantasma de ficciones,

palabras malditas moviendo las olas y la espuma.

 

Es tu voz periodista de los miedos

la que fuerza el mecanismo del silencio,

amarre de los pueblos a su tumba despicada.

 

Voltéate y devuélvenos la sonrisa,

porque las miradas son tendones amarrados a barrotes.

Tus puños son de saliva y no de huesos molidos.

Abandona la caldera donde cocinan el destino de los hombres.

Allá dentro no hay horizonte sino muros de hierro y plomo. 

 

No son de arena los gritos que hierven a fuego lento,

ni las carcajadas que machacan institutos y prisiones. 

Son plumas que sobrevuelan el papel en blanco,

tinta roja, libre de la agonizante mezcla: agua salada.

Voltéate periodista de arena.

Más allá del sol abierto como costra, aureola de las almas en pena,

hay un cuchillo dentando sobre tu cuello.

Esa playa de huesos molidos es una mano empuñando tus alas.

 

En el que puede observarse la constante que ha venido a derivar la poesía social que se ha construido en Mérida, Yucatán, y que con Mario Pineda Quintal (nacido en 1986) sonaba más o menos así en su 'Discurso de un ciudadano más', publicado a principios del año 2012: "Camaradas / hermanos de huella / las calles nos pertenecen / Sangre quién sangre / Nuestros antepasados las hicieron con sus pies libres / caminando de cuadra a cuadra / sin temor a no seguir el mismo paso // Camaradas / no dejemos que esta historia / se hunda en los baches donde hemos caído / arranquemos las púas de la esclavitud / enrollada en nuestros dedos / Sangre quién sangre // Basta de resistir / es momento de avanzar a la victoria de pasos interminables / No vamos a respetar los semáforos que impusieron los invasores / patadas al rojo hasta que sea verde / verde de nosotros // Camaradas / Descalzos y valientes / aplastemos las banquetas de los invasores / el asfalto es de nosotros / Recibamos el sol de la mañana     caminando / ni un paso atrás /  Sangre quién sangre."

El espíritu combativo es el que permea en las hojas de esta antología, ese mismo espíritu que se narra en la aulas, que se dibuja en el consumo de libros, obras de arte, filmes. Y sangre quien sangre, hay que seguir caminando, sin más temores a la noche y a la oscuridad. Estos son los vasos comunicantes que se presienten, se recrean, permanecen y van evolucionando en el pensamiento de los escritores del Karst.

 

Melbin Cervantes (Cancún, Quintana Roo, 1991) es el poeta que canta, el poeta que cuenta, el poeta que continúa su búsqueda por un lenguaje de silencio, como persiguiendo al dios que hay dentro de las palabras, con la finalidad de encontrarlo y ser así mismo dios-creador. Con la fatalidad asombrosa de matar al dios para ocupar su lugar como creador, tal como lo han dispuesto anteriormente ya Daniel Medina Rosado; pero la batalla que Melbin ha comenzado se puede paladear en sus textos: "Sobre ríos que no cesan / viaja el lenguaje." Porque es una verdad que el lenguaje, materia prima de los escritores, es como un río que no deja de fluir, y que llega a inundarlo todo, los cuadernos, las mentes. El autor sigue sobre ese río, no navega en él, se deja arrastrar e incluso nada entre esas aguas buscando las orillas, buscando asentar el pie firme en la ribera. Ese perseguir el silencio que todo autor requiere, esa búsqueda que jamás cesa: "Apagada lámpara, / en el olvido de la noche, / es la esperanza".

La esperanza reflejada y descrita como una apagada lámpara en el olvido de la noche, porque al igual que sus coetáneos, Melbin es presa de esa desfachatez de la desidia, a la que trata de resistir, pero es su hablante lírico quien le grita y nos recuerda: "¿Somos cobardes? / ¿Habrá defensa para nuestras faltas?". Porque aún presos en esa Cultura Neocristiana, se siguen pensando en que "hemos cometido faltas" y por ello estamos siendo castigados, por ello tenemos un mal gobierno, por ello no alcanza la economía, por eso el desempleo de los jóvenes, por eso una educación lastimosa. Y no terminamos de enfrentar a ese Monstruo de Tres Cabezas: Neoliberalismo, Lo Políticamente Correcto, La Batalla de la Genitalidad. Aceptamos una culpa que no nos representa, que nos han venido imponiendo desde las revoluciones de inicios del siglo XX: "El lenguaje de esta piedra que tenemos / por corazón: sólo sabe nombrar /vitupera lo sagrado."

De la misma forma como antes lo ha hecho Daniel Medina y Ariel López, Cervantes establece su creación poética en preguntarse por las voces, por la creación, por quién se es. E intenta definirse dentro de su poema Sigo las huellas que dejó el silencio: "Soy tan solo un rostro de brillo que dura el instante / vientre azul vertido al mar."; recurre al paisajismo, alimentando por la vida que lleva en la isla de Cozumel, en el estado de Quintana Roo, donde reside actualmente (2016), y con esa idea alimenta su poema "Primera nota", que le hace decir: "Un rayo para destellar el horizonte / enciende este poema /que está colgándose del cielo". Materia formativa para el texto, el paisaje, por el que el poeta Melbin se muestra observador del ambiente que le rodea, y desde ese sentirse pleno entre la naturaleza, puede descargar sus versos, como abrirse a la libertad: "Queremos desnudarnos, pero no nos creemos tan libres." Y en este dudar "no nos creemos tan libres", es en donde se continúan sintiendo y sufriendo los grilletes de un dogma de fe impuesto desde la conquista de la América Hispánica.

Los nacidos en los noventa cierran con el trabajo narrativo de Jhonny Euán Canul (Mérida, Yucatán, 1991), un autor que ha sabido caminar de a poco sobre la literatura. Plasma sus lecturas cotidianas en la construcción de sus obras. Los guiños a Bradbury, a Lovecraft como a Cortázar, Borges, Saramago, entre otros escritores del canon contemporáneo, son constantes en sus construcciones. La habilidad de Euán consiste en que sus narraciones no sólo son ágiles sino imperiosas, cargadas de una necesidad de romperse en pedazos ante los ojos, son prosas tangibles, cárnicas. El sexo, la juerga juvenil, las relaciones de pareja, la brutalidad sexual, el desenfreno, la desesperación, todo se cuenta con tal soltura que uno llega al final de los textos con un sabor a menta: "Haces lo que más amo en esta vida, escribir.", dice uno de sus personajes. Y en su trabajo podemos ver cómo se va ampliando en registro de su narrativa, ya que para desarrollar "La montaña de fuego", hace uso de sus lecturas, y con ellas construye la arquitectura de su prosa: "Me voy a casa, la azotea del Hotel Lovecraft. Al llegar, intento dormir pero el jodido sueño de siempre me exaspera: mis padres cogiendo al mediodía. Fahrenheit 451 en el televisor de la sala."

Si algo nos faltaba para mostrarnos la juventud mexicana, situada en esta planicie kárstica que es la península de Yucatán, habría que referirse al rock que desde los años de 1960 ha creado una plataforma que durante décadas ha inundado de conciertos independientes la ciudad de Mérida, como algunas de las otras poblaciones de Campeche y Quintana Roo. Y sembrado en esa idea, Euán narra: "La banda sube al escenario. La gente grita, el suelo sucio y mojado, y el alcohol escurriéndose por los cuellos. Estridencia. Todos los cuerpos comienzan a girar como ritual prehispánico, el calor los rodea y los ojos se aceleran, se golpean, las guitarras sin explotar, nadie se detiene."

Libertad, energía, pasión, flama, fuego, incendiarse, hacer correr el incendio por toda la ciudad, por todo el mundo al que se tiene acceso como joven. El incendio que son estas voces que necesitan hacer arder la sociedad toda, quemarla por completo para que vuelva a nacer, como al hacer la milpa en las tierras mayas, como al agostar el potrero, hacer la roza, tumba, quema como desde los tiempos prehispánicos; y eso es lo que más o menos vienen a mostrarnos los autores, como Euán que recurre al fuego metafórico: "En mi mundo sólo hay amigos y cervezas, y a veces unas viejas, grita el vocalista. Soy feliz aquí, para qué quiero leer libros si puedo reventarme."

El incendio que primero quema por dentro, y luego va quemando lo que toca. Euán en su narración rescata esas desechadas costumbres de odiarnos los unos a los otros, mientras al mismo tiempo nos seguimos buscando en la apertura de braguetas, en el bajar de faldas, y subir de blusas. Mujeres que lo pueden todo, hasta sacar de quicio a aquellos que saben violentarles los espacios de su cuerpo, o en el imaginario de la falsa libertad que nos incita a doblegarnos los unos a los otros:

"—¡Hola, mi escritor favorito!, ¿Dónde andas? Ya llegué a casa.

—Estoy en la Sekta, hubo tocada de Punk.— Qué fastidios con esa noña.

—Sabes que no me gustan esos bares de mala muerte, puros mugrosos van y tú no lo eres. Ven a casa, te traje un ejemplar buenísimo de Bukowski, y ¡ahh!— grita emocionada la mujer que vive conmigo — te conseguí “El hombre más triste y solitario del mundo y salpicado de vómito” de José Agustín.

Obviamente me emocioné, le dije adiós a mis cuates, y salí disparado rumbo a mi casa para hojear los libros.

Al llegar al hotel, subo rápidamente por las escaleras hasta la azotea. Abro de golpe la puerta de acceso a la locura y todo es silencio y oscuridad. Enciendo las luces y la miro. Ella sentada en la cama, con su cuerpo curvo y delgado que provoca orgasmos, un diminuto short negro de mezclilla le cubre las piernas, una horrible cucaracha en su muslo derecho; es Kafka, se ve radiante con tinta negra. Ella sonríe, como si hubiera estado esperando mi llegada para quitarse la ropa y dejarme ver sus senos totalmente fijos en mí. A su lado están los tesoros.

La beso efusivamente y tomo los ejemplares. La gloria del universo está contenida en mis manos."

 

Luego es de nuevo el alcohol, el sexo, la lucha genital por saberse vencedores o vencidos, el simulado amor de la juventud marcado por la violencia. Esas tribus que van de un lado a otro, naciendo en el terror del abandono, de las infancias lamentables como la de la niña narrada por Violeta Azcona, en la anterior entrega de esta serie que es abusada por su padrastro. Y entonces nos asomamos en la prosa de Euán a una nueva escena que avanza sobre la violencia, que como una alimaña se ha metido entre las juventudes, teniendo de música de fondo esas canciones en que han crecido, rememorando "los clásicos" de una época que nos les tocó vivir pero que hoy alimentan en el recuerdo: “Simphony Of Destruction” de Megadeth, que es mencionada en la narración, o como aquella "Sympathy for the devil", que desde los años 70 nos cantaran los Rolling Stone, pero que en los noventa volviera a ser grabada en una versión más actualizada, para esa otra generación nacida al final del siglo XX, e interpretada por Guns and Roses; personajes que simpatizan con el mal.

"El cuarto bien cerrado, Violeta despierta sin comprender y me ve frente a ella. La montaña nos separa.

—¿Qué pasa? ¿Por qué me amarras? — Saberse sometida la hace entrar en pánico.

—Lo comprendí, cariño. Tuve un sueño y ya sé que tengo que hacer. Querida, no necesitamos tener libros, son sólo letras que limitan nuestra mente, nos oprimen y nos dictan lo que debemos pensar y hacer; nos minimizamos al saber que existe un maldito libro, el cual leeremos y leeremos. Tenemos que matarlos, mi amor. Su única función es enseñarnos cosas nuevas, no manipularnos…

La música suena… —¡Qué tonterías son esas! ¡Tú amas los libros!

—Los amo, es verdad. Pero no debemos atarnos a ellos, sólo sirven para ser leídos, luego hay que desecharlos, porque de eso modo usaremos lo que hojeamos con pasión y desenfreno. Los libros sólo nos mantienen viviendo al azar.

—¡Estás enfermo, has perdido la razón!"

 

La obra narrativa de Jhonny Euán se vislumbra crítica, con esa carga sexual y violenta que requiere toda penetración. Cual 'runaways', chicos que huyen de casa, chicos, jóvenes, que construyen una vida tribal, apenas recuperándose de una mala infancia, de padres que circulan en el borde de la drogadicción, el alcoholismo, como si fuera la ruta trazada para sus hijos que seguirán alimentando esa misma idea. Padres que son demasiado permisivos hasta el abandono, o que son demasiado opresores hasta la violencia. Esta es la generación de los nacidos en la década de 1990, y entre los Escritores del Karst. Estas son algunas de sus prioridades, y esa violencia, ese desencanto, que los mantiene atados en sus lecturas, respondiendo dentro de la literatura, como una buena forma de retratar el entorno, asentarlo en el papel, para poder al fin, darle vuelta a la hoja, en espera de una nueva oportunidad.

 

Arte gráfico: Pavana

 

ya no quedan más sitios estoy solo

Jorge Lara Rivera

Hace 26 años, los trece poemas que conforman el poemario "El sueño" vieron luz, publicados por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Un libro delicado, artesanal, sonoro, para pensar y repensar cada palabra asentada en la hoja blanca. Desde el inicio Lara apunta la definición de 'Sueño', como el acto de dormir, y al mismo tiempo nos trae la transformación de la raíz latina en las acepciones de ensueño (imagen avistada al dormir) como insomnio (vigilia irregular, incapacidad para dormir), para de ahí lanzar la advertencia poética, desde la voz de Octavio Paz: agua que con los párpados cerrados / mana toda la noche profecías), dos versos tomados del monumento que es Piedra de sol.

Enseguida, como una guía de lectura, nos apunta dos epígrafes; uno de Píndaro, aquel célebre poeta lírico de la Grecia clásica, que en su Pítica VIII dice: El hombre sólo vive un día ¿Qué es el hombre? / ¿Qué no es? No es más que la sombra de un sueño; y luego nos presenta el extracto: 'Entre sí y no, qué infinita rosa de los vientos', de Julio Cortázar, tomada de su obra "Historia de Cronopios y de Famas", dentro del apartado 'Material Plástico', perteneciente al texto: 'Que tal, López'; donde Cortázar nos presenta el juego del lenguaje a la hora de compartirse el saludo: "Un señor encuentra a un amigo y lo saluda, dándole la mano e inclinado un poco la cabeza. Así es como cree que lo saluda, pero el saludo ya está inventado y este buen señor no hace mas que calzar en el saludo."

El poemario "El Sueño", que presenta Jorge Lara (Mérida, Yucatán, 1960), es una invitación al juego del lenguaje, un juego que Octavio Paz determinó en 1967, con la publicación de "Blanco", un juego en el que Julio Cortázar siempre se mostró capaz. Esas son las bases en las que se asienta el poemario "El Sueño", de Jorge Lara Rivera, un juego del lenguaje que es una invitación a la creatividad, al discurso histórico, a la convivencia de pasados y presentes, de conquistadores y conquistados, previéndose como una poética mestiza que refiere la tradición del vasallaje de los antepasados mayas, dueños del Mayab yucateco, tierra en la que el poeta ha nacido, pero cuyo discurso está enmarcado en la ambivalencia de utilizar el lenguaje castellano, herencia europea como lo es toda la cultura que ha bebido, lector al fin de los clásicos, pasados, presentes y tardíos por decir contemporáneos. Que más figura que el sueño, la duermevela, la ensoñación para complacerse y recrearse en el lenguaje.

El hablante lírico que narra desde el estado de inminente insomnio, parpadea en el ensueño, para presentarnos la fascinación por la pesadilla, y narrar poetizando en la sonoridad del verso, las múltiples posibilidades del discurso 'semi incoherente e inteligentísimo' para transportarnos en las vivencias del sexo, el dolor, la conquista, el abandono, el anacrónico permanecer vivo en un estado postcolonial que es el lenguaje mestizo del cual somos herederos.

Ya Cristina Leirana ha dado cuenta de que en todo el texto de Lara Rivera, solamente la palabra final "Dios", es escrita en altas y bajas, porque todos los demás nombres propios que se apuntan a lo largo del texto están escritos con minúsculas, siendo esta una libertad creativa que se ha permitido el poeta, para manifestar la Cultura Neocristiana (siendo el Neocristianismo, un término con el que se denomina el mundo actual de las iglesias y religiones monoteístas -musulmanes, cristianos y judíos-, sin distinción). "Dios", a quien el poeta describe apenas como "un secreto nombre" con el que el hablante lírico al saberse vivo "más allá del tumulto" sobre "el caos" lo configura.

Pero regresemos al inicio, en una especie de 'intro', antes de arrancar con el primer poema que ha titulado (vigilia), el autor escribe, o más bien el hablante lírico canta:

"metamorfosis tactos minerales fulgores

emboscado el insecto transmutación añora

la hora del oficio del anfibio del saurio

desnuda sin relojes por oquedad respira"

y al leer, el reflejo de la memoria nos conduce a aquel "Primero sueño", de Sor Juana Inés de la Cruz, que empieza:

"Piramidal, funesta de la tierra

nacida sombra, al cielo encaminaba

de vanos obeliscos punta altiva,

escalar pretendiendo las estrellas;"

y como espejo va traspasado los tiempos para volver a referirnos el mismo ritmo en el que se conduce también "Piedra de sol":

Un sauce de cristal, un chopo de agua,

un alto surtidor que el viento arquea,

un árbol bien plantado mas danzante,

un caminar de río que se curva"

Con esa introducción al asunto del poema Lara Rivera nos deja prever la comunicación con la tradición poética; un ejecutante intelectual que logra asentarse dentro de la tradición lírica mexicana, en la que ha sabido abrevar. Y así podemos darnos cuenta que esa "metamorfosis", nos avienta sobre Las Metamorfosis de Ovidio, como en La metamorfosis de Kafka, porque se presiente igual un "insecto"; pero mientras que aquellos "tactos minerales fulgores", indican de nueva cuenta ese vaivén en el que el discurso está asentado, que invita a pensar en aquel "Canto a un dios mineral", de Jorge Cuesta, que nos presenta en la visión del sueño de esta forma:

"Como si fuera un sueño, pues sujeta,

no escapa de la física que aprieta

en la roca la entraña,

la penetra con sangres minerales

y la entrega en la piel de los cristales

a la luz, que la daña"

Jorge Lara se sabe entonces "emboscado" como un insecto que espera la transmutación, para experimentar un cambio. Esa añoranza que es la espera de cambiar, de ser minúsculo como un insecto, que ya es en sí mismo el cambio percibido desde la pupa, la oruga, la ninfa; pero humano al fin, sintiéndose minúsculo, a pesar de la metamorfosis, a pesar de los minerales en que se funda su exoesqueleto, como todo insecto capaz de una vida de agitación para reproducirse, en ese pequeño espacio vital que requiere el minúsculo tiempo en que viven. Así los humanos somos minúsculos en el vasto universo del tiempo. Hay que volver entonces a la cita de Píndaro: "El hombre no es más que la sombra de un sueño".

Porque el autor saber que la "hora del oficio", el oficio de escritor, el oficio de vivir, el oficio de cantar, es ínfimo como el de un anfibio, frágil; o como un saurio, como todos los saurios (lagartijas, lagartos, camaleones), que miran pasar el tiempo "desnuda sin relojes", y que es capaz de respirar por oquedades, el hálito, el aliento, la respiración de sentirse y saberse vivos. La vida como sueño, tal como lo ha planteado desde hace muchos años Pedro Calderón de la Barca.

Ese es el inicio en el que Jorge Lara sitúa su trabajo "El sueño", en el que el lector pretende ahora zambullirse, deleitarse, irritarse, hasta sostener el miedo ante la pesadilla, que es esa duermevela, producida por el insomnio, lejana ya al ensueño de avistar la placidez del descanso, sino en la podredumbre mental de no poderse despertar, pero tampoco tener la capacidad para el descanso.

Píndaro, Ovidio, Cortázar, Sor Juana, Jorge Cuesta, Octavio Paz, son apenas algunos de los textos con los que Jorge Lara pretende dialogar desde el inicio de su texto, sabedor que esa cultura que abrevamos, en el mestizaje intelectual en el que permanecemos como hijos que somos de la cultura occidental.

Ya Claudia Sosa ha hecho un recuento de los temas que pasan alrededor de la obra que Jorge Lara ha construido: "Es una visión, un desfile revisatorio de los destinos de la humanidad: miramos la peste consumir Holanda, los presagios arrinconando a Moctezuma, Ofelia, Hamlet divagando en la tiranía de las opciones, Montealbán que refulge en noches lacustres: imágenes que consideramos en las palabras del poeta, asombrados por la cauda infinita del tiempo humano". Nacer en Yucatán, entidad de un México que fuera cuna de grande civilizaciones antes de la llegada de los conquistadores, de la civilización Maya, que fueron capaces de estudiar a los astros, tanto como legar a la humanidad el uso del Cero; y desde ese saberse pleno en el mestizaje, sacudir la pluma para plasmar el choque cultural, más allá de una postcolonización, sino en la libertad absoluta de poder reunirlo todo, los matices de su pensamiento, en una sola obra que ha quedado para las generaciones que vendrán y podrán acceder a conocer El sueño, tanto como poder construir sus propios mundos, con sus renuncias, sus quejas, sus apropiaciones, sin el menoscabo de poder decir, la tradición nos forma y nos recrea. Esos son, como bien apunta el poeta "los remolinos del idioma", los "hieroglifos", que necesitan siempre ser descifrados, porque el poeta es quien actúa como un alquimista del lenguaje.

La misma Claudia Sosa nos ofrece una mirada más de todo aquello que conforma el poemario El sueño: "La fuerte presencia de las raíces originales, lo maya, es el equilibrio necesario para la presencia de momentos significativos en la historia occidental, y que aparecen a lo largo del texto".

Así mismo dentro del texto confluyen:

Personajes históricos o de la literatura: Aníbal, Chandragupta, Rembrandt, Erasmo, Constantino, Héctor, Helena, Edipo, Axólotl, Lear, Lancelot, Jonás, Hamlet, Goldmundo, Jonattán, Caín, Abel, Huáscar, Atahualpa, Odiseo, Zenón, Buda, Averroes.

Personajes Mitológicos: Bacabes, Furias, Caronte, Yaxché, Venus, Lamias, Ninfas, Gárgolas, Unicornios, Centauros, Prometeo, Leda, Esfinge, Edén, Afrodita, Lilith, Gorgona, Céfiros, Hadas, Onfalia, Arpías, Akbal, Mandrágoras, Cancerbero, Cíclopes.

El poeta abunda sobre astros y sus movimientos: Júpiter, cinturón de asteroides, Orión, Andrómeda, cometas, sol, fases lunares, mapas astrológicos, meteoros, solsticio, luna, Aldebarán, Pléyades, quásares.

Y nos remite a lugares: Holanda, Amsterdam, Europa, Normandía, Bizancio, Tulum, Alejandría, Troya, Mar Egeo, Pompeya, Tadziu, Cuzco, Montealbán; además de desiertos, selvas, mares, ríos, pantanos, lagunas, volcanes, glaciares.

Entramos al poemario en forma con el poema (vigilia) el primero de los trece poemas que lo conforman.

(vigilia)

en las aguas de azogue del espejo

hundido

difuminarse

lamentos explorar

transponer límites

ser un hombre

con la voz recobrar el paraíso

en este ahora

intento

a solas

desvanecerme tras algún bostezo

Y podemos establecer contacto con aquel "Paraíso Perdido" de John Milton; porque el hablante lírico de Lara deja de ser aquel "insecto" primigenio, para "ser un hombre", humano en extensión, y es con la voz con que pretende recobrar el paraíso. Necesario es afirmar lo que la cita bíblica refiere: "En el principio era el Verbo (Palabra)"; porque ha sido la palabra, el lenguaje que proviene de la voz, aquello que nos permite comunicarnos unos con otros; entendernos, y dentro de ese entendimiento poder firmar el "Contrato Social", para poder vivir en paz (ese preciado paraíso); "recobrar el paraíso / en este ahora"; un ahora en el que la soledad (a solas), le invita a desvanecerse tras algún bostezo. Ese bostezo que no viene del aburrimiento de la soledad, sino de la tranquilidad que permite la lectura, la paz que se presiente en el saberse parte del mundo, lo que nos asegura la erudición, la inteligencia que nos brinda la lectura, el conocimiento; pero es necesario reconocer el egoísmo que también implica el acto lector, el acto de escribir, una soledad que termina solamente cuando el lector se acerca a lo creado por el escritor. Cuando lector y escritor logran encontrarse dentro de la lectura del texto, y no solo en la creación del mismo. Y ese es el "paraíso" al que apunta todo poeta, al cantar sus textos, al escribirlos y publicarlos, ponerlos a disposición de la eternidad. Antes no existía, y ahora ha sido creado y existe por la mediación del creador, el escritor, el poeta. Más allá de la actividad de leer para otros, leer es un acto egoísta, se lee en silencio y en la intimidad. Escribir es un acto egoísta, se escribe en silencio y en la intimidad. En el encuentro del Lector con el texto creado por el Escritor, en el encuentro de esos dos actos de Egoísmo, es donde el Mundo Intelectual, logra fundarse; y Jorge Lara lo sabe y por ello se recrea en el lenguaje, como lo han hecho grandes escritores en la entrega de su erudición a los lectores.

De los trece poemas que lo conforman, el poema (delta) es el de más largo aliento, abarca alrededor de 20 páginas del poemario.

En el poema nombrado (somnolencia), el autor nos invita a retroceder la vida terrestre hacia la acuática, del río hasta el mar, en la profundidad del océano. Hace que nuestra mirada primero siga una fila de hormigas caminando entre el verde de la selva (jade-jungla), transmutar entre leopardos ríos; una mirada lectora que corre como el agua de los ríos que cruzan rápido entre la tierra y los escollos vegetales, con esa agilidad del leopardo hasta ese caldo primigenio que es el mar, frágil como sexo, por esa su húmeda, mojada consistencia, y que al mismo tiempo es atemporal, como el pecado original (sexo, la desobediencia, alcanzar la gloria de la unión carnal entre dos que se complementan); y alcanzar el orgasmo, como estallido azul, ya situados en el agua, miramos los dos o tres cardúmenes en que nuestra mirada se esparce en la majestuosidad oceánica: bogavantes, moluscos, navegación de sombras, delfines, la ballena azul, mezclada con el vuelo de las águilas, los roedores de las dunas, el grito que es incendio: aire, agua, tierra, fuego, los cuatro elementos de la naturaleza; y esa es apenas la somnolencia, nos indica el poeta.

He acá algunos fragmentos de los poemas contenidos en la obra "El Sueño", del poeta Jorge Lara Rivera (los numerales que preceden a los versos, enumeran los fragmentos escogidos de cada poema, ya que se trata de poemas de largo aliento).

(duermevela)

1) un niño dócil

pronuncia sentencias y el destino es

augurio siempre

siempre sangre

caricia resolución

instante-polvo

en el pleno del aire

besos

y explosiones de anémonas en marzo

(rem)

1) los bufones

gozadores en el falso silencio

vuelven la mirada para no desplomarse

como una piel roja de escarcha

el día aletargado vuelto frío

dispone

amotinados perros inmigrantes

judíos y bárbaros quedan

proscritos

2) hay un buque fantasma anclado frente al muelle

3) ha vuelto el mar con su voz

y su filo de espada de la costa normanda

mortecina y terrible la atmósfera

en esta otra aldea regida

por caronte

no hay música de flautas faltan

vituallamientos medicinas

potentes caricias

que sostengan la vida

a través de la imagen maloliente

en la niebla

los soldados acuden a una guerra perdida

en balde un niño se sonríe

(alpha)

1) mas en la isla crece una tormenta de latidos

soy el hombre solo

por todas partes nace el dolor lo turbio

2) la realidad subsigue

nuestra versión del caos

un desamparo indefensión sin llama

bajo el asedio de murciélagos

ideas que resurgen en el giro

rotación en desorden de milenios

amor pena muerte placer

(delta)

1) vibración que se despeña en aire

luego las sábanas

se anudan se separan y regresan

dos enlazados bultos

¿oscuridad o fiebre?

2) no hay tiempo

todo fue entregado

los sepulcros se abrieron

están secos los ríos

pero lo ígneo estremecido nombra

posibilidades épocas que no fueron

sólo ascua o tembloroso

tacto en un cuarto con olor a sexo

3) estamos habitados por fantasmas

del tiempo un pebetero

estalla el agua de la sombra

fluye arde

un crujir de ópalos opacos

golpe seco

el esperma del miedo está en mi boca

los astros calcinados como perros

4) viejas fotos

o sábanas

que ya no son sudarios o aleteos

sino filos cortando el racimo de la imagen

el triste pensamiento el alto vuelo

con que aprendimos a decir poséeme

5) se ha levantado el sol y ya no importa

lo vivido se fue

a otro lugar la soledad que llora

está madurando en cada hueco

tiene ambición de arroyos

mala salud peor

si quiere rebelarse

alguien yo no lo sé nos habla

en la mancha de las sábanas

defiende desnudeces ya pasadas roídas

cortinas donde un dibujo es concha

caracol inútil timbre

la ciudad de sustancia

dos se abrazan

inútil abrir puertas

de pronto la tribu titubea

escozor y rencor frente a la dicha

una sola sonrisa suave es todo

en este mismo minuto el espejismo

ha dejado de ser locura infame

(mor paradójico)

1) te retiras entonces de mis brazos

todo lo que no fue y ya es recuerdo

vuelve

2) te pareces entonces a la hora que arde

la tibia mano el mar la luz incontestable

y sólo el viento que se rebela siempre

sabe que del instante afilado

eres el nombre la cifra

(mor)

1) los remolinos del idioma

son

apenas migas de pan por el camino errado

una red de torcidas apariencias vela

esta audaz destrucción de las teorías

naturalezas muertas el silencio fijo

extático

insondable

En el año dos mil, el Gobierno de Yucatán crea el Premio Estatal de Poesía Joven, Jorge Lara Rivera, que para el año 2010 se volvió Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara Rivera, como una forma de fomentar la creación poética entre la juventud yucateca y mexicana, y homenajear a un autor yucateco cuya trayectoria en la poesía no ha tenido descanso.

 

 

Referencias

Leirana-Alcocer, Silvia Cristina. 2011 El sueño. Mérida: Ayuntamiento de Mérida/Secretaría de Educación/Cultur. Texto publicado en el Periódico Por Esto! http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=145406, consultado el 28 diciembre 2016, a las 10.02 horas, Tiempo del Pacífico.

Sosa Cárdenas, Claudia. Algo sobre El Sueño (o El sueño final). Texto publicado en el Periódico Por Esto!, http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=145200, consultado el 28 de diciembre de 2016, a las 10.33 horas, Tiempo del Pacífico.

Escritores del Karst:

por Adán Echeverría

 

 

Parte Tercera. Los escritores nacidos en la década de 1980.

Para hablar de la literatura escrita por autores nacidos o avecindados en la península de Yucatán se encuentran pocas referencias. Tristemente, una de esas referencias es la que ha dejado el poeta Marco Murillo en el portal del Círculo de Poesía. Y digo "tristemente" porque se le tiene que tomar como referencia ya que poco hay al respecto, y que adolece de muchos problemas, uno es el que el mismo Marco Murillo decida incluirse a sí mismo en dicha selección de autores, como si hubiera hecho la relación para dar a conocer su obra que para el 2011, año de publicación, apenas comenzaba a despuntar. Murillo en vez de permitir que los editores o lectores de poesía encuentren su obra y la valoren, decide valorarla él mismo. Otro error es incluir en su antología de nacidos en la década de 1980, a Rodrigo Ordóñez Sosa (nacido en 1979) a pesar de que intente explicarlo diciendo: "porque es un puente entre la nueva generación y la anterior", porque el trabajo de Rodrigo no es un puente generacional, y si lo señala porque nació en 1979, habría que hacer el puente entonces entre los nacidos en 1979 y 1980, para ver si es que en poesía ¿existe algo que pueda denominarse 'puente generacional'?. Marco Murillo incluye de igual forma al campechano Manuel Iris (1983) y al nacido en la Ciudad de México, Agustín Abreu, lo que nos lleva a decir que la antología de los nacidos en los 80, no es tal al incluir a un autor nacido en los 70; y que dicha antología no es de la poesía yucateca al incluir a dos autores nacidos fuera del estado de Yucatán. Porque hay que saber citar y referenciar, hay que saber apuntar a la hora de hacer investigación literaria (antologías, compilaciones, análisis literarios) los objetivos, los límites y los alcances para nuestros trabajos. Conscientes de que las impresiones en papel siempre requerirán mayor presupuesto que las electrónicas o en PDF, y que eso pueda limitarnos la extensión de nuestro análisis. Pero un texto que pretendía de inicio presentarse a un portal electrónico como Círculo de Poesía, podría estar más completo, o al menos tener los límites mejor definidos: nacidos y avecindados en Yucatán, y entonces poder incluir a Iris y a Abreu, como se hizo; y como he dicho si se pretende analizar la frontera entre los nacidos en los 70 y los 80, habría entonces que validar a ambas generaciones y no incluir a Rodrigo Ordóñez como se hizo, sino ser claros y decirlo: Rodrigo es, como Marco A. Murillo, Manuel Iris, Nadia Escalante, Karla Marrufo, Manuel Tejada y Agustín Abreu parte de la Red Literaria del Sureste.

De la misma forma, y siguiendo con los equívocos, Murillo menciona tres antologías hechas anteriormente en Yucatán. De una de ellas La voz ante el espejo, menciona a su compilador Rubén Reyes; pero de Nuevas voces en el laberinto: novísimos escritores yucatecos no menciona a los compiladores que fuimos Ivi May (nacido en Mérida, Yucatán, 1980) y yo (quien escribe estas líneas). Y es que además la antología de Murillo no incluye al escritor, maestro, columnista crítico de las letras Ivi May, poeta, dramaturgo, y quien fuera Premio Estatal de la Juventud en el año 2007 (cuatro años antes de que Murillo publicara su texto en el portal mencionado, por lo cual Murillo no puede señalar que no tuviera conocimiento de quién es en las letras yucatecas Ivi May). De esta forma es evidente que el trabajo de Marco Murillo surge como abono precisamente a la inocua batalla que desde el año 2000, la Red Literaria del Sureste ha lanzado contra el Centro Yucateco de Escritores (CYE, fundado en los años 90). Por tal motivo la antología en línea que Murillo lanzara en el año 2011, no fue bien recibida, y fue muy poco consultada.

Más adelante, a finales de 2011, Murillo publicaría su poemario Muerte de Catulo como una plaquette bajo el sello de la 'Catarsis Literaria El Drenaje'; donde apareciera igual la plaquette Que me sepulten recostado en la palabra, de Jorge Manzanilla Pérez. Dos autores publicados por la 'Catarsis Literaria El Drenaje', de la cual yo soy el coordinador y fundador desde el año 2003; dos autores publicados en la Catarsis que se juntaron para realizar la antología Casi una isla. Nueve poetas yucatecos nacidos en la década de 1980. Un proyecto que se había gestado con la idea de terminar con aquella batalla Red Literaria – CYE, y que tiene su inicio en el 2013, cuando incluía a 10 autores que acá cito: Wildernaín Villegas (1981), Christian Núñez (1981), Nadia Escalante (1982), Karla Marrufo (1982), Manuel Iris (1983), Ileana Garma (1985), Jorge Manzanilla (1986), Marco Antonio Murillo (1986), Mario Pineda (1986), Esaú Cituk (1988); de los cuales Mario Pineda y Esaú Cituk fueron sacados para dar entrada a Agustín Abreu, nacido en la Ciudad de México, y así publicarla en el año 2015 con el apoyo de la Secretaría de Cultura de Yucatán (Sedeculta).

Vemos entonces que Murillo no respeta ni su propia antología anterior de autores nacidos en la década de los 80, publicada en Círculo de Poesía en 2011: porque aunque vuelve a dejar fuera a Ivi May, esta vez también saca a Manuel Tejada (1980), quien en 2015 ganara el Premio de Poesía José Díaz Bolio auspiciado por la asociación Pro Historia Peninsular (Prohispen); mismo premio que ganaran Ileana Garma (en 2005), Jorge Manzanilla (en 2013), y este 2016 hasta Karla Marrufo, que sí fueron incluidos en la antología Casi una isla; aunque en este 2016 como parte del jurado que premió a Karla Marrufo se contó con la poeta Nadia Escalante, otra ganadora del Premio Prohispen de Poesía José Díaz Bolio (lo ganó en el 2006). Por lo que este vínculo Marrufo-Escalante, ambas antologadas juntas por Murillo, las dos relacionadas con la Red Literaria del Sureste, las dos estudiantes de la Universidad Veracruzana, las dos juntas en carteles de lecturas públicas compartidas y organizadas por su agrupación cultural, tiene que hacer que sospechemos de la validez y pureza de un premio de poesía que se ha vuelto regional y que cuenta con aportaciones económicas del dinero público.

Sin embargo, hay que hacer notar que entre los autores nacidos en la década de los 80, otros ganadores del mismo premio de poesía auspiciado por Prohispen son los poetas, Omar Góngora, nacido en 1982, quien lo ganara en el año 2001, y el mismo Ivi May de quien ya se ha hecho mención y que lo ganara en el año 2014. ¿Cuál es entonces el método para la inclusión de los poetas en las dos antologías de Marco Murillo? Omar Góngora, tiene libros de poesía publicados, ha ganado varios premios literarios, pero no es considerado en ambas antologías. Manuel Tejada fue considerado en la primera antología de Murillo, pero al sacar Casi una isla, fue ignorado. Mientras que Mario Pineda ganador del premio de poesía Jorge Lara en el año 2006, estaba al inicio del proyecto, pero al final fue sacado del mismo. Y Armando Pacheco Barrera, quien fuera mención honorífica en el mismo premio José Díaz Bolio de poesía en los años 2005 y 2006, ganador en dos ocasiones del Premio de Poesía Joven Jorge Lara en el 2003 y 2006, y quien este 2016 se hizo con el Premio Regional de Poesía Sian Ka'an en Quintana Roo, no fue siquiera contemplado. Otro poeta nacido en los años 80 es Nelson Ibarra Canul, quien fuera el iniciador de los talleres de la Catarsis Literaria El Drenaje.

¿Es este el trabajo de un antologador, hacer una compilación carente de metodología? ¿O es acaso que únicamente está validada por el gusto estético personal? Lo cual es válido en cuestiones de presupuestos, pero que salta a la vista cuando el mismo Marco Murillo en una entrevista dice lo siguiente: "la generación de los ochenta ya hizo lo suyo en Yucatán y ya están dados los nombres de los que están trabajando constantemente, que son los que aparecen en la antología Casi una isla"; y sin embargo se exponen poemas, se presentan fichas de los autores, pero Murillo es incapaz de hacer un análisis profundo de los textos, y con ello habría que señalar ¿a qué se refiere Murillo cuando señala que 'ya hicieron lo suyo en Yucatán'? Un total equívoco, toda vez que como hemos analizado la antología Casi una isla, carece de metodología en la selección de los autores, incluyendo incluso a Christian Núñez, quien ha publicado al menos tres libros de poemas, pero quien no ha sido recipiendario de premios por su obra poética. Al contrario de Manuel Tejada, que ha recibido premios, pero que no ha publicado ningún poemario de manera individual, pero que sí ha sido antologado en otros proyectos pero no en Casi una isla. ¿Fueron sus premios literarios por su obra poética o fueron acaso sus libros publicados los que les valieron la inclusión? Hemos visto que Omar Góngora que tiene tanto premios como libros de poemas publicados no fue incluido en las dos antologías de Murillo.

En total, habrá que decir que de los 9 autores que al final quedaron en la antología Casi una isla, 7 de los mismos, o forman parte o están relacionados con la Red Literaria del Sureste, por lo que solo Jorge Manzanilla (quien funge como compilador) no es parte de la Red Literaria del Sureste ni del Centro Yucateco de Escritores, y que Ileana Garma quien cuando le conviene sí es parte del CYE, pero que ha recibido premios nacionales como el Caza de letras de la UNAM, tanto como la beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), por lo que no podían dejarla fuera; como sí lo hicieron con Esaú Cituk y con Mario Pineda, que no tienen relación ninguna con la Red Literaria del Sureste. Contrario a la soberbia mostrada por Murillo, hay que apuntar, sin embargo, la moderada voz de Jorge Manzanilla, el otro compilador de Casi una isla, quien tiene a bien señalar: "este libro pretende dejar un registro dentro de la historia de la poesía en Yucatán, con la intención de establecer una generación emergente de creadores destacados y reconocidos por su trabajo en el ámbito de las letras".

Por otro lado, es necesario señalar que los autores dedicados a la prosa, han recibido aún menos apoyo para sus obras, ni siquiera para antologías. Recordemos de nueva cuenta el trabajo Nuevas voces en el laberinto: novísimos escritores yucatecos (2007), y los volúmenes I y II de Cuentos del Caribe, que fueron publicados en el primer lustro de los dos mil. En la primera se puede leer el trabajo de Camilo Solís, quien con el tiempo se dedicara más a la investigación, tanto como de Manuel Tejada, cuya incursión en la poesía le está dando dividendos actualmente, y quien por muchos años ha sido un constante animador de la cultura con sus columnas en el periódico Por Esto! Otro de esos autores de la prosa presentes en 'Novísimos escritores yucatecos' son: María de Lourdes Pérez, Patricia Garfias, Grisel Ávila Ortega, René May Leal, Juan Sánchez Cocom, Juan Esteban Chávez, y Armando Pacheco. Juan Esteban ha publicado novela, y entre las mujeres Patricia Garfias es una de las autoras con mayor aliento narrativo. De los autores que fueron surgiendo después se puede contar con Joaquín Peón, quien se mudara a Jalisco, como editor de la revista Replicante, y el excelente autor Gerardo Hoy Acosta, quien formara parte de los talleres de la Catarsis Literaria El Drenaje.

Es necesario considerar esas referencias mencionadas para poder comentar a los escritores del Karst, nacidos en la década de 1980, ya que aunque muchos de los que ya hemos mencionado aparecieron en la escena a partir del año 2000 o incluso antes de eso como Ivi May, o Armando Pacheco (ambos nacidos en 1980), quienes desde su etapa como estudiantes de bachillerato en el Centro de Educación Artística (CEDART) Ermilo Abreu Gómez, a los 16 y 17 años ya habían comenzado a trabajar en su obra literaria; otros dejaron pasar los años para que pasada la primera década del siglo XXI (2010) comenzaran a tener acercamiento con los talleres literarios, las Escuelas de Escritores o de Creación Literaria.

El primer autor al que accedemos de los nacidos en los 80 es Daniel Ferrera Montalvo (Mérida, Yucatán, 1989); cursó algunos años de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana en la UADY, ha publicado en revistas nacionales y fuera de México. Presenta un trabajo cargado de esa limpieza de imágenes en las que siempre flota la calamidad. Su voz narrativa camina como una mezcla de Quiroga y Borges, y desde ese tono, los sucesos que Daniel narra nos hace disfrutarlo. No se trata de una autor que nos muestre sólo su entorno actual, ni de un autor en el que se noten los espacios vitales de su ahora. No. Daniel figura los extremos literarios en los que ha permeado, y los pliega uno sobre el otro, para atrapar la realidad dentro de la ficción. Sus personajes habitan con los personajes de otras lecturas, con los personajes de otros autores, desde ahí se desdoblan. Sus lecturas mutan en su ingenio, y nos narra desde ese punto. Una creatividad que es impulsada para rellenar esos espacios que tanto le gusta abrevar en sus propias lecturas. Hace coincidir la lectura de su obra, con la obra latinoamericana que ha abrevado. En su Cuadernos de un ahorcado, Ferrera nos entrega a la locura, pero es difícil decidir quién es el enfermo: el joven que escribe, o la madre que lo mira escribir: "El joven reconoció que había muerto cuando notó la amarga indiferencia de la gente. Era demasiado astuto como para ignorar que era invisible ante los demás." Y con esta idea de la juventud actual podemos decir que presenta la misma depresión que se deja sentir en los textos de Ariel López, o en los de Ángel Nimbé. Daniel Ferrera Montalvo evidencia tener una pluma educada en lecturas y análisis; y nos ofrece en cada historia esa sensación de la literatura hispanoamericana en donde se ha dejado construir su texto. Influencia que el autor asume sin reparos: "Durante su  infancia había leído muchísimo sobre el Doppelganger, la idea de que en algún punto ─y en algún curso─ existía un ser idéntico a él". La minificción titulada "Cuadernos de un ahogado", tuve la fortuna de escucharla en una lectura pública en la Casa Colón, en Mérida, cerca del año 2014, y ya evidenciaba a un autor que estaba decidido a dedicarse a la literatura. Pero la juventud se entorpece con las decisiones inmaduras, y una de esas decisiones siempre será la Falta de Disciplina. Eso ha hecho que el trabajo de Ferrera Montalvo se vaya estancando y no continué su crecimiento. Sin embargo, joven aún (27 años para este 2016), hace pensar que se está a tiempo de apretar el acelerador para decidirse a escribir y escribir y leer y leer. Desde aquel momento pude percatarme de la calidad que presentaba su trabajo: "El oficial cerró el cuaderno de notas, miró a la señora distraído y luego de unos segundos mintió: 'Aquí sólo hay historias señora, meras fantasías de escritores.'"

Otro tema en el que Ferrera se construye es el erotismo y la sexualidad que se dejan ver en su obra; desde ahí construye su minificción "Helena"; y también nos puede mostrar una marcada tendencia sobre sus búsquedas. Autores que eran niños cuando ocurriera en México el fenómeno de las tribus denominadas "Emos", que eran el reflejo de una corriente musical denominada "Emotional Hardcore Music", en el cual los seguidores mostraban su hastío respecto de la sociedad, validando la muerte, el suicidio, el lastimarse a uno mismo, para saber si en verdad se estaba vivo. El asumir en el dolor físico la posibilidad para la ternura, el transformar la dulzura de la niñez, y de la juventud, en la posibilidad del engaño, de la más cruel violencia. Si como jóvenes hemos de sufrir a manos de otros, ¿para qué? mejor sería destruirnos a nosotros mismos, y así nadie podría hacernos daño, acostumbrarnos al dolor que nosotros mismos nos hacemos, para sobre llevar el dolor que los otros puedan causarnos. Y entonces mezclar el Erotismo con los Juguetes, con los Muñecos de Felpa, de Trapo; validar todo lo infantil en un desarraigado egoísmo. Ferrera Montalvo lo muestra en la siguiente escena:

"Me gustaba Helena porque parecía una muñeca. Sus ojos, su mandíbula, sus hombros delgados, todo en ella estaba dispuesto como en cuidadosa manufactura. La verdad yo adoraba su vagina; su vagina estrecha e irritante y su boca de acrílico que me lloraba suplicando 'Libérame Álvaro, libérame Álvaro, y arráncame este gusano que roe mi cabeza, yo siento cómo muerde aquí en mi cabeza.' Entonces yo la tomaba del pecho y me masturbaba con ella hasta que amaneciera, hasta que lentamente perdiera el brillo en los ojos y  se le gastara la vida."

Y con esta imagen gráfica que alude a ese erotismo reflexivo, muestra además el dolor de la soledad (esos hombres maduros que viven solos y se complacen con la prostitución), o de alguna pareja que a pesar de la violencia de la penetración, o del maltrato social, recae en la construcción del espacio social que es bien visto por la sociedad: La enamoro, la maltrato, y le hago el favor de casarme con ella y darle una familia. "Esas mujeres deberían estar agradecidas", parece gritar la sociedad. Y Ferrera Montalvo, sabe ser cínico para narrarlo:

"Eventualmente, como suele ocurrir en estos casos, al cabo de los días tuvimos tres hermosos hijos. Ellos me recordaban  mucho a su madre, tenían esa mirada intensa que hacían olvidar su enfermedad degenerativa, que hacían de sus noches de insomnio y dolores de cabeza, un infierno menos insoportable y angustioso. Sin embargo, una mañana al regresar del trabajo,  encontré a Helena en su camastro bronceándose.

─¿Y los niños?─ pregunté preocupado del silencio inusual que hacía en el interior de la casa.

─En la escuela─ respondió con una sonrisa que me pareció cariñosa.

─Helena ─le tomé con fuerza de la mano─ Eso no es posible, hoy es domingo.

Comencé a buscarlos y sin saber por qué, me dirigí a la piscina, una alarmante corazonada me decía que allí estaban. En efecto, sus cuerpos flotaban inertes en medio de las hojas amarillas, con sus cabellos largos cubriendo sus preciosas caras. Desde luego, me abalancé llorando, incrédulo de lo que veía, gritándole a Dios que no fuera verdad, que me los devolviera."

Y con la pluma observadora del mundo que le toca vivir, relata los estados sicóticos de las parejas. El abuso intrafamiliar y doméstico. La violencia de los 'enamorados', la  venganza de la mujer sobre los infantes, o su manera "estúpida" de ofrecerles protección: "Ellos no sufrirán lo que yo, mejor los mato y luego me suicido". Estados sicóticos que vemos igual en la prosa de Jhonny Euán, o en aquella mujer de Gema Cerón que termina por matar a la suegra, como en aquel trágico texto de Violeta Azcona, que termina con su violador, y con la madre que ha solapado al que ha abusado de su hija. Estos estados mentales en que los personajes parecen recrear una realidad que empieza a volverse escandalosa para una sociedad que termina por aceptar de manera por demás natural, vivir pendientes del siquiatra, como si la normalidad fuera tener un psiquiatra de cabecera. Como si nuestros hijos tuvieran que ir al dentista al menos dos veces al año, y al siquiatra una vez al mes. Porque las historias al respecto se han vuelto recurrentes: 1) Mi hijo de diez meses me estuvo golpeando, anda muy enojado desde que su papá y yo nos separamos, no es normal. Hablé con mi siquiatra y me recomendó que apenas cumpla el año lo lleve con el paido siquiatra, para que comience la terapia con mi hijo. 2) Es normal sentirnos mal, y sentirnos violentos, sentirnos miserables y que nos hundimos cada día más, mi siquiatra me ha dicho que debo enfrentar mi situación, aceptándola, y no sentir vergüenza, poder decirle a todos: Sí, soy paciente siquiátrica, y he decidido armarme de valor, y recluirme en una clínica. No debe darme pena aceptar que estoy enferma. 3) Hola me llamo Fulano-Fulana, soy bipolar, si ves que me comporto extraño, tienes la obligación de entenderme; y de esta forma evidenciar aquella debilidad de carácter, y rendirse ante los medicamentos, validando el abandono al que se someten en busca de que el psiquiatra sea quien los saque adelante, como antes el sacerdote.

En su cuento Santo y seña, Daniel Ferrera nos dice: "Tres o cuatro semanas pasaron, desde la muerte de mi padre, cuando dibujé aquel hombre clavándose un martillo en la cabeza. Los doctores alegaron que lo usual era que pintara casas con árboles, arcoíris, inclusive familias tomadas de la mano, pero yo requería dibujar lo que veía en sueños, lo que esas voces me dictaban en la impenetrable noche." Y de la misma forma, que otros autores ya mencionados en estas páginas, su visión de la religión imperante en su sociedad, le brinda el motivo para rechazarla, aún con una provocación herética, carente de importancia, porque ante lo que no se cree, no te impele respeto, el autor mezcla la crítica social sobre la crítica de la culpa que las religiones han validado sobre la construcción de grandes sectores de la sociedad mundial. Daniel Ferrera, privilegia sobre la escena lo literario, ante lo escandaloso, y narra de una manera por demás natural la idea del coito entre su personaje con la virgen, que acaba siendo el coito con su propia madre. Esta unión madre-hijo, madre dominadora, madre fanática religiosa, con hijo enfermo mental, enfermo porque así han querido que lo sea, para poder tenerlo dominado y en casa. Los paralelismos con su anterior texto "Helena", son similares; porque existe de la misma forma una opresión de la madre sobre el hijo, como en aquel texto de la madre que mata a sus hijos. Pero en este texto contrario al texto de Helena, la figura paterna, la ocupa la religión de la madre. La religión es el "macho" que tiene doblegada ala mujer. El erotismo es de la misma forma, gráfico:

"Un chorro caliente y amarillo salía de mi cuerpo hasta antes de ver la imagen detrás de la cortina de vidrio. Era una morena hermosa, de larga cabellera negra, bordada de un centenar de estrellas. Tenía los senos grandes y las caderas anchas como una graciosa potranca de corral. Yo la miraba sin poder quitarle los ojos de encima, esperando a que se moviera o a que ocurriera algo, pero en algún momento imprevisto, sólo dios sabe por qué, advertí que me había excitado. Traté de cubrirme pronto, guardándome la pija adentro del pantalón, pero para mi sorpresa, la bella figura comenzó a tocarse los senos, a mover los labios pegándose suavemente a la puerta de cristal que separaba la regadera del retrete. No lo podía creer. La bella escultura me incitaba a fornicarla, se metía los dedos en la vagina, chupaba con ansias la puerta de vidrio. Yo temía con presteza que aquello redundara en un perjuicio para mí, pero sin duda, era la cosa más deseable, más incontenible y al mismo tiempo más horrorosa que había visto en  la vida.

Me acerqué a la regadera aún dudando en si hacía lo correcto y motivado como por una fuerza que me pareció irresistible, la comencé a fornicar. ¿Cómo describir lo que viví en esas horas inciertas de la madrugada? Con la punta de los dedos, alcé los pliegues del vestido estampado que cubría sus preciosas piernas y virándola de espaldas, introduje hasta el final mi engrosado pene. Su vagina estrecha y vacilante era un capullo hermoso que recibía gustosa cada una de mis torpes embestidas. Yo le miraba el trasero redondo y terso que se sacudía cada vez que le apretaba con fuerza las tetas y el cabello; y sus ojos ¡Ah sus ojos y su boca! Eran una invitación continúa a la demencia y la lujuria. Me encontraba al borde del espasmo, recorriendo cada uno de mis nervios un placentero escalofrío, cuando de pronto la manija del baño se entreabrió y escuché la serena voz de mi madre: "¿Está todo bi…?" En ese momento no pude evitar vertir un torrente de semen que se derramó por las paredes. Mi madre, abombada, cerró de golpe la puerta y se dirigió de prisa a su cuarto. Yo evidentemente no supe qué hacer. Sin pensarlo, me trepé los pantalones y de la misma manera que mi madre, me apresuré a subir a mi recámara."

El relato del incesto que Ferrera Montalvo narra, pasa de ser primero entre la Santa, la Virgen, la figura estatuaria, hasta reproducirse en el cuerpo de la madre del personaje. El texto en su claridad no solamente es fuerte, llega a ser incluso divertido, desde una lectura contemporánea, lo cual establece el punto exacto en donde la sociedad literaria, la comunidad artística se ha prolongado. Por un lado los temas siguen siendo fuertes, y por otro, las relaciones de la realidad continúan siendo marcadas por la sociedad. El impulso para que Daniel Ferrera establezca estas ideas literarias, nos habla de esa búsqueda de romper con los conceptos sociales, y terminar por liberar las conciencias. La religión como esa droga que tanto daña a los que se vuelven fanáticos, y que es bien aprovechada por personajes sin escrúpulos, que en muchas ocasiones abusan de sus feligreses. Ferrera Montalvo se atreve:

"En los días siguientes las pesadillas y las voces continuaron  multiplicándose en mi cabeza. Soñaba con arañas de gigantescos ojos y colmillos que trepaban por las paredes llenando de oscuridad mi cuarto con sus lomos afelpados. Una noche, momentos antes de despertar, sentí que la morena hermosa entraba silenciosamente girando la rosquilla de la puerta y descubriendo sus hombros y senos del vestido, subía a la cama montándose en mis piernas. Al mirar bien, descubrí con asombro que el cuerpo sentado sobre el mío, no era el de la bella escultura, sino el de mi madre que cabalgaba jubilosa con lágrimas en los ojos. Ella me repetía muy suave al oído "shh no digas nada, no digas nada" pero yo me sentía impelido a empujarla y al mismo tiempo a desobedecerla. Así pues, aún sin entender cómo o quizás bajo el influjo del ensueño, me dejé llevar por el ritmo vertiginoso de sus caderas.

Los encuentros posteriores con la dulce figura no fueron tan diferentes del de la recamara, sin embargo estuvieron enmarcados, al principio, por un tibio refinamiento, una indiferencia e incomodidad natural para unas vidas tan ordinarias como  las nuestras. Todas las noches, al  momento de cruzar los altos pasillos de la casa, los cuadros,  los espejos y los relojes temblaban y yo sentía otra vez las terribles voces mascullándome al oído y las alucinaciones que dibujaba en mis cuadernos. Entonces caía en un profundo solipsismo del cual sólo me recuperaba después de haber rayado las puertas y tapices con círculos y al  azotarme contra las paredes hasta perder el conocimiento. Al abrir los ojos, la dulce morena se recostaba a mi lado con sus enormes pechos desnudos en un claro gesto de cansancio y arrepentimiento. Yo no podía dejar de preguntarme por qué una mujer tan bella se regocijaría de ese modo conmigo, pero ella parecía entenderme y en una significativa muestra de los dedos a la boca, me repetía muy suave al oído: "No digas nada, no digas nada."

O como ocurre en otra de sus narraciones, Un encargo especial, son los hijos quienes tienen que lidiar con la enfermedad (locura) de su madre; al grado de que la hija termina por desaparecer, o más bien es "desaparecida", como ocurre con tantos jóvenes y jovencitas, que o huyen de casa, o por falta de cuidados, terminan siendo secuestrados o se van de casa, hartos o en busca de crear su destino propio. En todo el texto, es obvia la falta del padre, para la conformación de aquellas familia que las comunidades cristianas aun quieren llamar como "familias normales", y en las que Daniel Ferrera, deja entrever, de manera sutil que en una familia donde falta el padre, la madre enloquece, los hijos terminan por construirse solos, terminan locos o muertos: "Quizás la primera muestra de perturbación de mi madre, ocurrió aquella mañana de octubre cuando despertó exasperada".

Pasamos luego a leer el trabajo de Javier Paredes, (Umán, Yucatán, 1989) un juglar de la palabra, un anacoreta del lenguaje, quien vive rodeado de pinceles, colores, lápices, hojas y números; con un libro siempre junto al pecho, una idea metida siempre en la bombilla que le brinda esa luz que es su alimento. Un anacoreta del lenguaje, un juglar de la palabra, y desde esa dualidad Javier se va burlando de la sociedad y le saca la lengua a los personajes que él mismo construye. Con una habilidad de alquimista, Paredes logra hasta en sus minificciones mantener el registro de su voz. Sus textos arden en la yema de los ojos, arden en las pupilas del tacto. Uno entra a las letras de Javier Paredes y ríe agónicamente, presa de la burla. El artificio con el que Javier construye su trabajo denota que seguirá en franco crecimiento, porque se alimenta del arte que le rodea: pintura, cine, novelas, poemas, cuentos, obras de teatro, todo pasa ante sus ojos. En sus textos, muestra habilidad al tocar la literatura contemporánea y recrearse en ella (Nota al pie de página o continuidad del cuento de  Juan José Arreola, es uno de sus textos), interviniéndolos si es necesario, tomando prestado personajes, metiendo a sus propias creaciones dentro de otros textos ya construidos; fanfarronea incluso acerca de sus variadas lecturas de La Biblia ("aquella zarza que vio su antepasado Moisés" como lo hace en La señal del pacto, en donde recrea el sacrificio que intenta Abraham con su hijo Isaac; o en los textos 14400, tanto como en In Nomine Patris), porque sabe que es desde las lecturas en que se ha nutrido de dónde sacará la materia prima para llenar aquellos huecos que su escritura necesita, para completar aquella búsqueda en la que se decanta.

Pero tal como los otros escritores del Karst, Paredes Chí, es excesivamente crítico en las relaciones familiares. En Mañana no estarás aquí. Uno pasa de condolerse con la tristeza de la viuda, al melodrama que nos muestra a su hijo de nueve años que dirige su vista hacia un árbol, donde hay un toro de macilenta figura:

"El animal mueve la cola, tratando de ahuyentar a las moscas verdes. Sobre él hay un letrero: 'Mañana viernes, carne fresca a partir de las seis de la mañana'. El niño no puede mantenerse ecuánime al ver a la res. El rumiante le parece demasiado humano, como si en su rostro se trazaran los signos de la angustia y el dolor de su padre suicida."

Un padre que comete suicidio y Javier lo narra desde los ojos del hijo, un pequeño que camina con la madre y se conduele al mirar al animal amarrado a un árbol con el letrero encima anunciando su próxima muerte. Esa tradición de algunas regiones de Yucatán, México, América Latina, donde para anunciar la frescura de la carne, los carniceros presentan al animal que matarán al día siguiente a los transeúntes y posibles compradores de la carne, lo cual visto desde la humanidad que en muchas regiones sigue su batalla contra la pena de muerte, contra el maltrato de los animales, puede resultar ofensivo, lastimoso a las buenas conciencias, y sin embargo, un letrero sobre un animal no es entendido por el mismo animal, por lo que la sensación de desesperanza es precisamente como la señala Paredes por medio de los ojos del niño, a quien el rumiante "le parece demasiado humano". Y recordemos lo que Nietzche: humano demasiado humano.

En su texto El reptil, miramos a otro niño que manifiesta otro problema de tipo mental como otros autores del Karst han evidenciado; quizá autismo, quizá algún pequeño retraso, tal vez solo ingenuidad, timidez:

"después de avanzar varios metros, ya no recuerda cuál es el motivo de su salida. Solamente sube y baja de la acera; se inclina para observar lo que hay en el pavimento: basura, baches y una fila de hormigas llevándose los restos de una cucaracha. Luego dirige la mirada hacia los árboles, hasta que se detiene en el cuerpo de un reptil. (…) Esteban está desorientado, así que tiene que recurrir a sus bolsillos, en donde seguro encontrará alguno de los recordatorios que le pone su madre cada vez que lo manda a comprar. Pero esta vez no encuentra ninguno, solo un billete que le hace suponer que lo han mandado a la tienda."

Nuestra civilización que continúa recurriendo a la victimización de las personas. El mismo Nietzche señalaba su desprecio por los mendigos, por los enfermos, incluso por los enfermos mentales, la ironía fue que el mismo filósofo terminara afectado de sus facultades mentales, o que al menos eso han terminado por decirnos. Javier Paredes aunado al chico que presenta con ese pequeño problema intelectual, nos narra la maldad de las calles, eso del poder del que abusa sobre el que nota a la distancia más débil.

"Al doblar en una de las esquinas, se tropieza con unos chicos, que al mirarlo encuentran en él tanta ingenuidad y flaqueza como para sustituir el juego de hostigar a los perros por el de asustar a un tonto rapazuelo."

Pero Paredes va más lejos, porque nos retrata igual la maldad desde los adultos, el abuso familiar en toda su potencia con aquel que es débil, o diferente, con los hijos a quienes pretenden lastimar, porque son de 'su propiedad', e incluso escudándose en los Mandamientos de la Religión Católica-Cristiana, de los cuales el cuarto mandamiento dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre". Por lo que hay que ponernos a pensar que si algo tiene que escribirse como una Orden (Mandamiento) que tiene que ser obedecida porque no hacerlo implica el castigo del pecado, el pecado implica la posibilidad de 'irse al infierno', es un buen recurso para la manipulación del poderoso sobre el débil, del Padre y de la Madre sobre los hijos e hijas. Entonces han hecho de embarazar sinónimo de ser Padre, parir un hijo, sinónimo de ser Madre, lo cual es totalmente falso. No es natural "Honrar al Padre y a la Madre", es una imposición Religioso-Cultural, porque el título de Padre y el título de Madre, debe ser algo que tienen que ganarse al cuidar, querer, respetar, valorar, ayudar a salir adelante a sus hijos, y no al contrario. El Mandamiento debería ser: Honrarás a tus hijos. Pero Javier Paredes que lo sabe, logra dejarlo claro en su texto, el mostrarnos lo que la cultura Neocristiana ha decidido llamar padre: "Esteban llora, se siente impotente, y sobre todo, porque entre las mofas de los pillos cree reconocer la voz de su padre, diciéndole que es un maricón y que por eso no se sabe defender."

Javier Paredes Chi es un escritor que mide de forma inteligente el tamaño de sus narraciones, dándole la justa medida a sus creaciones, balanceando las palabras, y haciendo que en ellas solo aparezcan las que son verdaderamente necesarias. Desde esa arquitectura aborda cualquier tema, incluso el tema de los escritores, con sorna, como todo en él: "El poeta se unió al sueño de sus antepasados, sin estar seguro de que su dios, en otra vida le permitiría ser el mismo hombre, y esta vez sí llegara a Estocolmo, para recibir su premio Nobel de literatura."

De igual forma hace el trazo sobre las familias modernas, cargadas de espanto, violencia, desintegración, se deja sentir en una de sus prosas de mayor extensión: Aquel medio día.

"Mientras mi padre y mi hermanita esperaban la función, recorrí con la vista los asientos de atrás. El público parecía dirigirme una mirada de enojo. De manera que me volví. Fijé la vista en el ruedo vacío. Era imposible. El mareo y las ganas de salir corriendo no me dejaban en paz: la tierra se hundía y abultaba continuamente".

Nos presenta a un padre que violenta el núcleo familiar, y que luego –para compensar- lleva a los hijos de paseo. El retrato que Paredes hace del padre, es doloroso en demasía. Como lector, se termina odiando al personaje:

"─En-de-ré-za-te─ Ordenó mi padre, poniendo una mano sobre mi hombro.

─Papá, cómprame palomitas... Tengo sed... Quiero hacer pipí ─Mi hermanita no se callaba. ─ ¡Ya basta! ─ le gritaba en mis adentros. Le hice muecas, para que no lo hiciera enojar. Más no me obedeció. Estaba entercada con la idea de un algodón de azúcar. Tenía estirado el brazo derecho para señalar a los venteros. Los llamaba, con esa voz chillona que agrieta y destruye todo silencio que trato de construir dentro de mí. Mi padre le apretó la muñeca. Le advirtió: ─Última vez que te traigo al circo. ¿Será que no te basta con ver la función? Y para colmo, tu hermano que siempre se aburre─ Luego dirigió su rostro hacia el mío: ─Quieres hacer el favor de abrir bien los ojos y sonreír. Con esa jeta de sueño te pareces a esos idiotas discapacitados.─ Carraspeó, echó fuera un poco de saliva sobre el ruedo y se limpió los labios. Continuó su discurso: ─No sé de donde coños te viene el cansancio. Yo a tu edad ya trabajaba, no era un inútil mantenido."

Y dentro del paseó, desde la voz del pequeño, nos asomamos a la escena del medio día en la casa familiar:

"Después apareció el domador de leones. El estruendo de los latigazos hizo que yo reviviera lo que había ocurrido al medio día. Me parecía que el público estaba contemplando aquella escena.

A esa hora Eli dormía. Mientras tanto, mi padre golpeaba a mi mamá. Le decía que era una mierda y que solo se dedicaba a putear. (Y todo porque cuando probó el potaje se quemó la lengua). La empujó. Quedó derribada. La sujetó de los cabellos y la arrastró por todo el comedor.

No supe cómo defenderla. Mi corazón percutía con violencia. Me temblaba el cuerpo. Me ardían los ojos. Sentía que la garganta se me cerraba. Apenas podía deglutir mi saliva espesa. Me escondí en un rincón de mi alcoba. Traté de concentrar mi atención en el cuento que siempre leo en voz alta cuando estoy triste o asustado. Pero en esa ocasión ni siquiera podía entender la primera línea. Así que lo arrojé sobre la puerta. Me cubrí los oídos y cerré los ojos. Recuerdo que no dejaba de llorar."

La escena va in crescendo y uno se apena con el chico, se apena con los niños que están ahí en el circo mirando la función intentando acallar los recuerdos que horadan como gusanos, y ovopositan esas amarguras que les formará el carácter y la tristeza, durante los años que permanezcan en ese infierno. Uno asiste a un pequeño cuadro, y se aterra de no poder hacer nada por ayudar a aquellos niños:

"Cuando creí que la furia había cesado, me asomé. Vi que le estaba sumergiendo la cabeza en la olla. Si no fuera porque el guiso ya estaba frio, no sé cómo hubiese quedado su rostro. Después de eso, mi padre se dirigió a su recámara.

Me acerqué a mi mamá. Tenía el cabello embarrado de lentejas: el caldo le escurría por las sienes. Su mirada endeble se detuvo un instante en mis ojos y luego se marchó. En el trayecto hacia el lavaplatos, secó su cabello y el rostro con su blusa.

No quise dejarla sola, de modo que mientras lavaba los trastes, restregando la esponja varias veces sobre cada pieza, permanecí sentado junto a la mesa. Podía escuchar su nariz que fluía. Con el antebrazo se enjugaba las lágrimas.

Dejó caer un plato de porcelana cuando Eli comenzó a gritar que ya había despertado. Levantando la voz, como si después de sus palabras fuera a derrumbarse, me exigió: Anda a su cuarto y dile a esa niña que se calle. Apresúrate, no te quedes ahí parado como un tonto".

El niño, el hijo que busca hacerle compañía a la madre; y la mujer, la madre que también le grita: "no te quedes ahí parado como un tonto". No hay luz en estos textos de Paredes Chí, solo dolor, trepado sobre más dolor.

Sin embargo, Javier Paredes Chí, también puede recrear la fantasía creativa, como lo hace en el texto Algún día esta pierna, donde lo inverosímil tiene lugar, desde la prosa atrevida de Javier, que se arriesga a contar y contando te mete en el mundo que quiere que aceptes sin preguntas; haciéndote partícipe, tal como lo hace Violeta Azcona, del deseo de mutilación auto infligida: "Cada vez que le saco punta a mi lápiz, tengo ganas de meter mi pierna derecha en el sacapuntas eléctrico."

Con dos obras poéticas en su haber Melodía tu engranaje quieto (Catarsis Literaria El Drenaje, 2011), y Cruóris o la rabia que fuimos (Ayuntamiento de Mérida, 2014),  Ángel Fuentes Balam ha demostrado que la poesía es material para la fuerza del espíritu. Si alguien pretendiera decir que la poesía no sirve para nada,

Fuentes Balam le escupiría al rostro porque para eso igual sirve el poema. Para escupirlo, para gritarlo, para golpear en la cabeza a los que se ponen la corbata de la academia en busca de "validarse a través de sus textos y sus sonrosadas premiaciones". Los poemas de Ángel Fuentes Balam nacen de la certeza de tener los pies claramente asentados en el suelo. Fuera los disfraces, fuera los trajes sastre, hay que sangrarse los músculos, lastimarse los nudillos en la construcción del verso, así, con esa rabia: "Entre sombras / intento asir el volumen de una garganta que siembra / un antiguo horror entre los hombres con su grito / de impiedad y lumbre."

En el poema LA NOCHE NO TIENE BRAZOS, Fuentes Balam hace eco de esa búsqueda intimista que he señalado como factor que traza unidad en los autores acá reunidos: "soy ola que golpea el gran peñasco de la soledad." Y más adelante deja sentir esa misma soledad, como una necesidad de encontrarse, y al hacerlo afirmarse: "La noche no tiene brazos que sujeten mis hombros ni mi nombre". Incluso puede evidenciar una postura similar ante las religiones: "La noche no tiene brazos que sostengan el mundo,  /ni dedos para hacer la cruz." Porque se han terminado los rituales impuestos, y nacemos a nuestro propio reconocimiento, a la construcción de nuestro rituales modernos. En sus poemas el poeta se vuelca por completo, nos deja ver parte de esa postura ante la vida, dando alguna enseñanza a su hija. En el poema ARIADNE OCEÁNICA, que aparece dedicado "A mi hija, Luz Ariadne Fuentes Leyva", el autor señala "Todo fue minúsculo. Fui aquel dios que juega /a matar sus criaturas y reír al acto /para no llorar de soledad." El poeta Fuentes Balam evidencia lo que hemos mencionado, la postura individualista ante el mundo, saberse dios como creador, pero renegar de esa misma divinidad que de alguna forma nos ha sido impuesta como un acto colonizador, y por ello pretende la lejanía de toda religión, en búsqueda del lado más humano, no ajeno a la podredumbre social en que nos vamos deconstruyendo.

La otra cara de la moneda poética en esta reunión de Escritores del Karst la leemos en la obra de Ángel Augusto. Si Fuentes Balam es el fuego que todo lo consume, Ángel Augusto (Umán, Yucatán, 1988) es la flama que sabe moldear el acero. Los poemas de Ángel Augusto son cantos y melodía, la mano que abre la bruma para dejar que la luz llegue a los jardines. Sus poemas son la naturaleza, la primavera que derrite las nieves e invita a la reflexión. Uno puede ver al poeta caminando cerca de las fuentes, junto a los riachuelos, con el pincel en la mano, dando color a toda la oscuridad que pudiera presentarse en el camino. Más allá de su poema para 'Encontrar a Satanás', los poemas de Augusto se forman en la ternura del amor, lo que lo convierte en una especie de poeta de la vida, de la alegría, la pureza, ese pequeño espacio de luz al final del túnel que ha sido la constante en esta reunión de escritores. El hablante lírico que Augusto construye, no solo porta la luz, es la luz que hace vivir a la rosa, la que hace brotar el agua de la roca. Y hasta de las tinieblas de la tradición y el erotismo, el autor enmarca la claridad de su espíritu: "Mi sexo soporta el peso abrumador de tus caderas / Como el peso del mundo / Como el peso de todo lo obsceno / Como el peso del gozo". Tal vez fundado en su relación de pareja, tal vez por su constante trabajo con los niños a quienes imparte talleres de lectura y creación, la voz de Ángel Augusto planea sobre aquellos pantanos y sale limpia, sin manchas, pero ave al fin, el poeta tiene más del cuervo de Poe que de aquel albatros de Baudelaire, y muy lejano a aquella gaviota narrada por Richard Bach. El autor es consciente de que: "Tanta belleza / a veces duele".

En su poemínimo Plenilunio nos muestra dónde se encuentra el hablante lírico, disfrutando la maravillosa naturaleza: "Sentado / en la cornisa /del tiempo /miro la flor /plateada /que se abre /en la noche." Y es "la cornisa del tiempo", en dónde correctamente se sitúa y nos invita a situarnos, siempre al borde del tiempo, porque así es como vivimos hoy los habitantes de todas las ciudades. Augusto, quien como Javier Paredes, son naturales del municipio de Umán, Yucatán, que ha sido conurbado con el municipio de Mérida, capital del estado, han podido crecer mirando la frontera física, tanto como legal de dos municipios, de dos tipos de comunidades, una más rural que la otra, que están unidas por una avenida donde se sitúan la Ciudad Industrial. Umán fuer por mucho tiempo, y en ocasiones sigue siéndolo, la entrada a Mérida desde occidente. Todos los autobuses, camiones de carga o automóviles que llegan a Mérida, lo hacían atravesando el poblado-villa de Umán, quien con todo, no ha perdido sus tradiciones, que se conservan en sus pobladores, de los que tanto Javier Paredes como Ángel Augusto son protagonistas. Nuevamente vemos el alcance que tiene la significación de "la cornisa del tiempo" donde el poeta sitúa acertadamente a la civilización.

En el poema "En defensa propia", leemos: "la estrujé entre mis dedos /con toda la fuerza /con todo el amor que puedo dar"; la pasión y la locura se ponen de manifiesto. De nuevo encontramos el punto en el que Augusto se hace uno con los demás Escritores del Karst, al dejar evidencia de que las pasiones, el amor, mal encaminado es probable que cause daño sobre el objeto amado. En el poema se hace referencia a la 'rosa', pero durante muchos años se ha podido comparar la dualidad "rosa-mujer", recuérdese que una de las "letanías a la Virgen" la compara llamándola "rosa mística" y dentro de los textos bíblicos, en Cantares, el rey Salomón escribe la siguiente expresión: "Yo soy la rosa de Saron y el lirio de los valles". Revisemos entonces lo que el poeta Augusto plantea al escribir: "la estruje entre mis dedos", nos parece plantear la posibilidad de destruir lo que es bello. Por ello el poeta remata el texto: "el sentimiento de alivio /que solo la muerte /de algo que amas /y duele /y se duele /puede provocar".

Damos vuelta a la hoja para entrar al mundo poético de Alejandra Sustersick (Mérida, Yucatán, 1986). El trabajo de Sustersick planea entre el amor, el desamor, el erotismo, y la amistad inquebrantable. Las preocupaciones literarias de la poeta se perciben en la autoconstrucción del Yo. Cada parpadeo-poema es un espacio físico y lírico para que la imagen sea una parte del cuerpo. Su anatomía se encuentra desperdigada entre los versos de su obra, haciendo de cada poema una estructura corporal independiente en el que la autora enhila sus espacios vitales. La casa, la ciudad, el espacio abierto, el paisaje, los elementos de la naturaleza: fauna, flora, aire, agua, la energía se percibe en el trabajo que Sustersick nos presenta.

En su poema Agonizando, en tan sólo un verso se puede evidenciar ese amor-erotismo-amistad- permanencia-lucha continúa por salir adelante: "el temblor nocturno nos sostuvo", porque la noche ha sido concebida como oscuridad y desde ese valor simbólico como antítesis de la luz-día, pero al mismo tiempo es la oscuridad, la noche, uno de esos espacios para los encuentros sexuales, para el romanticismo, para abrazarse, para la fiesta con amigos, amores, amantes. Ese "temblor nocturno", que pueden ser los cuerpos amándose eróticamente, como puede ser la fiesta, y como también puede ser el miedo a lo desconocido; pero es en el plural "nos", donde el hablante lírico evidencia lo grupal. También en Sustersick permea la desesperanza que se ha vuelto 'lugar común' y 'tendencia' entre los Escritores del Karst, y que la sociedad no quiere mirar, cerrando los ojos. En su poema "Sus latidos se alejan de su propia superficie", la autora se pregunta: "¿Qué se ha hecho a sí mismo el hombre que ha quedado hueco?" Y la pregunta no es por ese vacío, por ese hueco que se encuentra en los habitantes del mundo, sino por qué se lo ha auto infligido. Como hemos visto en la revisión de estos autores, esa desesperanza, ese vacío, esos huecos van seguidos del auto castigo, de la depresión, del abandono de sí mismos. La autora es capaz de nombrarlo, de percibirlo y lanzar el grito en busca de eco en los lectores, porque ante la pregunta: "¿Qué se derrumba qué muere qué dispara?", la misma autora busca una respuesta a manera de placebo: "Todo podría tener sentido / Todo podría ser un engaño".

Manuel Crespo (Temax, Yucatán, 1984) nos recuerda la voz poética de Fuentes Balam, al menos en la energía con la que se construye el discurso. Sin embargo, la prosa de Crespo es mucho más ácida que su poesía. En el poema de Crespo vemos otro espacio mental creativo que el que desarrolla en su prosa. Como si para la prosa escribiera con la mano izquierda, a escondidas de la mano derecha con la que escribe el poema. Pero ambos creadores son el complemento de un autor que tiene ganas de decirnos las cosas con claridad. En sus poemas podemos leer: "Ya todo está muerto. / Ya todo es llanto. /y no te tengo." Lo cual vuelve a mostrarnos el ambiente generacional de los autores acá registrados, la desesperanza ante la vida. El abandono de la alegría. Crespo es un autor empeñado en que la literatura sea esa balsa para sortear el río de la vida. Leer a Crespo es abrir el refrigerador, tomarse una cerveza, y leer con calma. Luego tirarse sobre la pareja y llenarla de besos y mordidas al por mayor. El atrevimiento del autor se nota cuando en su cuento El andaluz, de una violencia terrible, y que tiene la osadía de dedicárselo a su hijo: "A mi hijo Santiago Darío Crespo Canché". El texto narra una historia de hotel, que nos remite a aquella misma escena de la película del Emilio Indio Fernández, Salón México, filmada en 1948.

"El tipo estaba completamente ebrio. Tirado en el suelo. Balbuceaba el nombre de una mujer. Creo que esa mujer se llamaba Ana". (…)

"El cuarto pertenecía a un motel del centro de la ciudad. El tipo bebía mecánicamente, no tenía noción. Pronunciaba el nombre de Ana y eructaba, después se tomaba un trago. Volvía a pronunciar el nombre de Ana, suspiraba y se tomaba dos tragos. Casi inconsciente, insistía con el nombre de Ana y lloraba, y bebía hasta terminarse la cerveza".

La soledad del personaje ebrio que retrata Crespo, tiene todo menos el cliché. Esos fanfarrones machitos que se la pasan llorando por la mujer, o que se enfurecen cuando alguien les menta la madre, porque viven a plenitud lo que menciona aquella cumbia que ha pasado a la historia "Los caminos de la vida", y cuya letra dice más o menos: "Que mi viejecita buena se esmeraba / Por darme todo lo que necesitaba / Y hoy me doy cuenta que tanto así no es", que en el 2004, volviera a lanzar el cantante argentino Vicentico. A eso suena el personaje que Manuel Crespo construye, lloriqueando mientras se alcoholiza, lloriqueando mientras lo macho se le pierde en el recuerdo de la mujer, como si recordara a su madre, como si recordara a toda mujer. Pero al personaje de Crespo le crece lo macho de golpe, en el retrato de la mujer que llega a ver al tipo del hotel:

"Se escuchó que alguien tocaba la puerta. El tipo no podía levantarse y no quiso hacerlo. Ese alguien lo intento dos veces más. Luego se detuvo por unos segundos. Enseguida, se escucho el ruido de unas llaves y la voz de una mujer.

—Sabía que esto sucedería.— dijo.

Aquella mujer que entró en el cuarto, tenía puesto un vestido negro y cargaba en la mano un bolso del mismo color." (…)

La mujer sacó del bolso una botella de whisky. Miró fijamente al tipo y comenzó a beber en solitario. El tipo estaba inconsciente. Con unos tragos encima, la mujer escribió en un boleto de autobús estas líneas '11:15 pm. Mérida, Yucatán. Ana jamás será para ti. Borracho de mierda' luego guardó la nota en la camisa del tipo. Se sentó a su lado. Tomó una colilla de cigarro y la encendió. "

Y en golpe de tintes de cine oscuro, tirando a gótico, Crespo retrata como en el realismo sucio la podredumbre mental, sobre las adicciones de los personajes que son retratados, que pueden suceder todos los días en cualquier ciudad de México, América Latina, o el mundo:

"La mujer bebió un poco más de lo planeado, casi hasta emborracharse. En un acto fuera de lugar, la mujer desabrocho el cierre del tipo. Le sacó el miembro y lo roció con un poco de cocaína… luego se lo metió a la boca. No hizo ningún movimiento. Solamente le quito  la cocaína con su lengua.

El tipo seguía inconsciente pero ronroneaba.

—Sabes lo mucho que me encanta tu lengua, Ana.

Por fin el tipo abrió los ojos. Miró aquella mujer sin sorprenderse, como si la conociera. Ella al ver que el tipo había despertado, se sacó de la boca el miembro, se limpió los labios y le sonrío de una manera burlona.

—¿Quieres chingarme?— preguntó la mujer, retándolo con los ojos.

—Quiero joderte. Joderte hasta que desangres, puta.

La mujer se levantó de la cama. Se puso enfrente del tipo y comenzó a desnudarse, muy lento. El cuerpo de aquella mujer era hermoso. El tipo ni se inmutó. Con risitas incompletas se burlaba de ella y de su poca sensualidad. Cuando la mujer estaba completamente desnuda, volvió a insistir pero esta vez fue más irónica.

—Desnúdate. Quiero saber que tal chingas.

—Puta, siempre puta.— Ronroneaba el tipo mientras se desnudaba.

La mujer sacó del bolso una pistola sin que el tipo se diera cuenta, la colocó debajo de la cama. Cuando él la miró, la mujer estaba acostada en el suelo y con las piernas abiertas. Entonces, él aprovecho la ventaja. Sin ninguna caricia de por medio y mucho menos un beso, el tipo la penetró ferozmente en cinco ocasiones. En cada una de las penetraciones ambos pronunciaban el nombre de Ana. Cuando el tipo quiso alzarle las piernas, la mujer tomó la pistola y le apuntó en la frente. El tipo tampoco se sorprendió de aquel acto. La mujer no lo amenazó, sólo le dijo que era su turno. Él entendió que tenía que acostarse y lo hizo. La mujer seguía apuntándole con la pistola, tenía fijamente la mirada puesta en la frente. Sus ojos color miel reflejaban los ojos negros de aquel hombre. Ella se dejaba penetrar de nuevo (en esta ocasión fueron diez veces). No hubo esbozo del nombre de Ana. Cuando el tipo le quiso besar los pechos, la mujer se detuvo. Lo miró fijamente y sin rodeos. Se apuntó la sien, y con una sonrisa de venganza dijo.

—Cuando Ana se entere de esto, te odiará.— después jaló el gatillo."

Luego de la agitación del río revuelto que nos han dejado las lecturas anteriores, el remanso llega a tiempo desde la pluma de Alejandro Argáez (Mérida, Yucatán, 1980), en el retrato de la escena natural que sucede en una ciudad a un hombre cualquiera (Fulano de Tal) que puedes encontrarte en cualquier esquina. La meticulosidad narrativa con la que Argáez se maneja no carece de agilidad mental: "Cierro la puerta principal de la casa. Siempre me ayudo con la llave para poner el seguro pero esta vez me decido a solo jalar la puerta; total, no hay nada de gran valor que se puedan robar." La crítica social que implica "no hay nada de gran valor que se puedan robar", que remarca lo que es una gran mayoría de la sociedad mexicana. Uno puede ver cada movimiento de los personajes, como sentirse dentro de ellos mismos, y sorprenderse y condolerse al mismo tiempo.

"Todo hubiera terminado aquí sin más escándalo que el típico caso donde el marido mata a su infiel esposa y al amante. La noticia no tendría mayor impacto y terminaría por formar parte de las estadísticas, pero después de soltar el arma y acercarse a los cuerpos, Fulano de Tal reconoce al hombre, es Pancho el carnicero. Todo fue tan rápido que hasta ahora se fija que su mujer le era infiel con un tipo de poca monta. Eran tal para cual, se consuela. Se sienta a un costado de la cama y desde ahí observa el cuerpo de su esposa, ella era todo para él. Se arrodilla para tomar la delgada mano de su mujer y mirar la fina alianza de oro que él le entregó el día de su boda diez años atrás. Observa el rostro del desgraciado carnicero, lo mira como el tigre mira a su presa. De pronto una idea llega a su mente. Va en busca de un machete,  pasa por la cocina y saca de la alacena las bolsas más grandes para la basura. Vuelve al cuarto, primero decide encargarse del cuerpo del carnicero. Fulano de Tal no puede evitar una sonrisa sarcástica, después de tantos años de rebanar y descuartizar animales, ahora le toca a Pancho. Con gran saña desprendió la cabeza, luego cortó los brazos a la altura de los hombros, en los codos y después las manos, por último cortó las piernas, primero las desprendió del tronco, hizo un corte a la altura de las rodillas y para terminar cortó los pies. Al final el cuerpo quedó dividido en catorce partes."

Su mujer le ha sido infiel con un "tipo de poca monta", dice el autor, luego de habernos dicho por palabras de su personaje que no tiene nada de valor que le puedan robar, y sin embargo le han robado la mujer, le han robado la tranquilidad porque ahora se ha convertido en un asesino. Y mirar a un Fulano de Tal descuartizar a un ser humano, y leerlo como si tal cosa, evidencia las escenas ante las que la sociedad mexicana se está volviendo tan pacífica. Es tan natural que alguien descuartice a otro, que los jóvenes se hagan cortes a sí mismos. Que una mujer pueda matar a la suegra, que un joven pueda quemar a su novia, que una mujer pueda cogerse a su joven hijo, que un 'padre' pueda golpear a su hijo en grupo y llamarlo: maricón cobarde. A estas escenas nos estamos acostumbrando tanto, lo cual es peligroso.

Y en este presentimiento de peligro social, situado en las lecturas, es como entramos al trabajo de Daniela Eugenia (Mérida, Yucatán, 1980) donde debemos permitirnos la ensoñación de sus poemas y contrastarlos con sus prosas. Desde su primer poema titulado 'Matices' la autora hace de la imagen su herramienta, que invita a mirar con los ojos de la poesía el caminar del hablante lírico a través de la ciudad. Daniela podría situar su verso entre la poética de Ángel Augusto y Melbin Cervantes. La suavidad y la cadencia del verso se palpan, y en ese vaivén prosódico se construye el sentimiento que termina por derramarse en la lectura. En su poema Matices, leemos: "Un edifico alto, vigoroso / asoma a la distancia /y los matices de la ciudad me abruman. / Tanto sufrimiento, tanta miseria / me pregunto ¿seré parte de ello? / ¿alguien me mirará con pena?"

Contrario a los poemas de Sustersick o de Ángel Nimbé, Daniela Eugenia aboga por la "duda" y lo señala: "¿alguien me mirará con pena?", y en esta preocupación que surge en su hablante lírico, la poeta sitúa la escena como en un álbum de cromos; nos hace a los lectores responder si acaso la miramos con pena, si acaso nos condolemos con esa miseria y sufrimiento que el hablante lírico percibe en la ciudad que atraviesa.

El poema continúa: "En cada esquina las flores se marchitan / el niño con la caja de chicles y cigarros / ese anciano que todas las mañanas / me pide una moneda /la mujer del bastón mastica un pan / y lo ciegos agitan sus canastas." A lo que también nos hemos acostumbrados como cómodos espectadores tal como señala una de las letras de una de las bandas de mayor tradición en el rock mexicano, La Maldita Vecindad, en su canción Gran Circo: "Difícil es caminar en un extraño lugar /En donde el hambre se ve /Como gran circo en acción/ En las calles no hay telón así que /Puedes mirar como único espectador /Te invito a nuestra ciudad", canción grabada en 1991.

Las narraciones de Eugenia, en cambio tienen un tono diferente, un sabor más ácido, que se pega como la muerte se pega en nuestros miedos. Daniela narra cómo si usara pincel y lienzo. Sus trazos quedan cargados en las tonalidades del paisaje donde se realizan, los verdes de las hojas, el rojo de las flores, el blanco de la sala de hospital. Su prosa, como sus poemas, se vuelven paisajísticos, pero en las prosas impera la violencia machista. Un hombre asesina a una mujer que va espiando, poco a poco, como un depredador hasta meterse a su casa, "Sombrero y flores rojas bajo el sol":

"Ahí estaba sobre esa pequeña escalera, apoyada sobre la pared blanca del jardín. Un enorme sombrero le cubría el rostro, las nubes de humo del cigarro escapaban de su boca. Eran las ocho de la mañana, dibujaba en aquella pared un árbol de flores rojas. La observé largo tiempo sin que notara mi presencia; ella reía y de vez en cuando mascullaba alguna que otra palabra inentendible para mí, debido a la distancia.

Me estuve bajo ese almendro, que me ocultaba a su vista, durante dos horas, las mismas que ella invirtió en lograr aquel dibujo; la veía entrar y salir de casa siempre sin dejarse ver el rostro, pero pude imaginarlo; sus delgadas y largas piernas me decían que invertía tiempo en su aspecto físico. Una figura tan armoniosa no podría tener más que un lindo rostro.

Un día antes coincidimos en la ferretería. El movimiento de su boca al pedir los tres colores de pintura vinílica hicieron que mis ojos se perdieran en ella. Salió del lugar, y yo, olvidando por qué había ido, la seguí con la mirada; su pequeña silueta se perdió entre las luces naranjas del atardecer.

Decidí seguirla, no me importaba si se diera cuenta o no: ¡quería verla!, mirar el tiempo suficiente para grabar en mi memoria las ondulaciones de su cuerpo, el flotar de sus cabellos con el viento.

Ahora está quieta. Los rayos de sol filtran por las cortinas viejas de la ventana; fue algo complicado traerla hasta acá; ¿cómo arrancarla de aquella pared, de ese árbol sin vida y de sus flores rojas? La misma vieja noche llega hasta mí, por eso decidí guardar en el recuerdo aquella luz del sol atardecido filtrando por las cortinas, iluminándole el pálido rostro y su cuerpo desnudo; ahora ya tan quieto, y aquellos grandes ojos que me miran, ya sin parpadear."

Y volvemos a mirar otro drama familiar, en el que se retratan los golpes a una madre, frente a los ojos de una niña en "Tardes de tamarindo"; una niña que al principio rememora a ambos padres y el cariño sobre ambos. Dice de la madre: "Todas las tardes después de bañarnos mi mama y yo salíamos al patio de la casa, a mi me gustaba sentarme en una enorme piedra que se encontraba debajo de uno de los árboles de tamarindo, mientras ella me trenzaba el cabello. Sentía la ternura con que sus dedos me acariciaban." Luego la niña narra los encuentros de su padre: "Sabía que en cualquier momento  papá se asomaría  por el umbral de la  puerta trasera de la casa con algún regalo, una muñeca de mejillas rojas, o algún animalillo que a las pocas semanas habría muerto; me tomaba en sus brazos y me besaba largamente la frente. Cómo olvidar la picazón que su espesa barba me causaba". Pero para los niños igual comienzan las tristezas a poblar sus memorias, memorias que pueden tornarse recuerdos de la fatalidad:

"Lo vi  atravesar el portal, caminó directamente hacia mamá, llegó hasta ella, la tomó del largo cabello y empezó a golpearla. La vi rodar por la tierra. Le ordenó que entrara a la casa, ella se negó, eso lo enfureció mucho más. Ni un sólo quejido brotaba de la boca de madre. Yo lo miraba a él erguido sobre los puños de ella, e imaginaba su rostro como el de un diablo, de esos  que te han enseñado en  la doctrina.

Mi madre pudo zafarse, logró levantarse, retrocedió y pudo correr. Él, recuperando el aliento, fue tras ella. Los tropiezos eran inevitables sobre el enorme terreno. Era como un juego, como una película que se repetía una y otra vez, a la misma hora, las mismas actitudes, mismos gestos, mismo guión y yo la espectadora detrás de la pantalla, en mi butaca de madera."

¿Hasta cuándo miraremos nuestras propias miserias. Las miserias que continuamente construimos sobre los niños?

La generación de nacidos en los ochenta cierra con el trabajo de Anel May (Mérida, Yuc., 1980) y de María Jesús Méndez. Los temas de actualidad se presentan en ambas autoras. Los textos intimistas y confesionales de Anel, brincan en la crudeza de la sociedad que se retrata. ¿Qué somos los humanos sino los parásitos y la ruina de las demás especies? Aquello que no queremos ver terminamos por espantarlo de nuestro camino. Y desde ese espanto es de donde se convoca la realidad de la mirada de la autora. En "También los perros", Anel May retrata la miseria humana vista en los ojos de un perro callejero. Nos hace mirar hacia todos los parque públicos de México, mirar a esos niños de la calle, mirar la tragedia indisoluble sobre los tantos miserables que habitan las calles de las ciudades.

"Pasan sin mirarlo, sin importarles su suerte. Nadie sabe si ha comido o bebido algo en las últimas horas, en los últimos días. Él, camina a paso cada vez más lento, fatigoso, hay que ver cómo anda, el esfuerzo que hace. Cuando se fija en mí, me mira y eso basta para descubrir su tristeza, su decepción por la vida. Hace varios días que no prueba bocado, saca la lengua debido al calor y al sol que lo agobia y le resta las pocas fuerzas que le quedan."

María Jesús Méndez en cambio intenta conciliar su individualidad con una sociedad en la que se sabe centrada. Busca dentro de su verso esquivar el encono social para caminar con la cabeza en alto sobre el discurso de su voluntad: "Por momentos, ingenua / me visto de sobreviviente." Y cuando su hablante lírico señala: "por momentos ingenua", donde miramos el reconocimiento de lo que nos rodea. Saber dónde se está parado.

Parte Cuarta. Nacidos en la década de 1970.

El libro termina con el trabajo de Roberto Cardozo y José Trinidad Aranda. Cardozo (Dzilam González, 1975), similar a Javier Paredes es un juglar de la palabra. Pero a diferencia del discurso de Paredes, el discurso de Cardozo es más coloquial, más centrado en el ahora, pero no por eso ajeno a las lecturas del canon occidental, de donde recoge muchas de sus filiaciones artísticas, Kafka, Wilde, pueden ser unos ejemplo en el que recrea sus minificciones, trayéndolas incluso a la modernidad:

INSECTO.

Al despertar una mañana, después de un sueño intranquilo, me encontré en mi cama convertido en Gregorio Samsa.

LA SELFIE DE DORIAN GRAY

Publicó su foto en Instagram y se dispuso a observar el paso del tiempo.

Mientras que Paredes se sostiene de las referencias clásicas y del canon occidental, Cardozo –aunado a sus influencias literarias– se ocupa de la actualidad, de los problemas y dramas cotidianos: "El niño de sexto grado despertó sonriendo al recordar el dulce beso que le dio a la maestra en sus sueños. El niño de sexto grado despertó siendo hombre." Un texto en el que el autor logra conectar con el tema Tabú del abuso de los niños varones por las mujeres adultas; un tema ante el cual muchos quieren cerrar los ojos. Sabedores, con Octavio Paz, de la diferencia entre ser Hijo de la Chingada, que Hijo de Puta; sabedores de lo que implica la "penetración" sobre el rompimiento del himen, que siempre rasga tanto vaginas como anos, es necesario reflexionar que se le da menos peso a la violación que una Mujer realiza sobre un infante varón, toda vez que la mujer termina igual siendo la "penetrada" por un pene aún infantil, pero arrebatándole de la misma forma la "inocencia al pequeño". La violación infantil ocurre tanto con niños como con niñas, y hay mujeres que violan o abusan de niños, desde pequeños niños de meses de nacidos hasta de jovencitos de 15 años; los cuales no tendrían por qué sostener relaciones sexuales con mujeres adultas aún.

Por su parte José Trinidad Aranda (Cansahcab, Yucatán, 1971), nos inunda la mente con sus historias cargadas de un costumbrismo naturalista de actualidad. Y así como puede situarnos en un punto específico de la historia de la península de Yucatán, igual se siente cómodo al narrar respecto de las tradiciones populares. La ficción y la fantasía caminan en las narraciones de Aranda, tanto como la capacidad humana del riesgo, el asombro, y la remembranza. Un recurso poco utilizado por los narradores contemporáneos de la península yucateca, es el cuento histórico, que con base en la ficción, pueda sumergirnos en algún instante de los sucesos que han formado nuestra región. Ya en Abbadon, el exterminador de 1971, Sábato va mezclando la vida contemporánea con los textos históricos de la Argentina, de una manera por demás loable. Y movido por ese mismo espíritu, Trinidad Aranda, se permite el uso de aquella posibilidad literaria. Un toque de historia para situarnos en el tiempo, y desde ahí poder acercarnos a un texto regional que con el tratamiento busca hacerse universal. En su texto "Nadando en ron", Aranda recrea aquel tiempo de la revolución carrancista que sucediera en la costa de Yucatán:

"El día amaneció nublado. El sargento Cañares aún no entraba en la fase de "cruda", pues apenas tres horas antes había dejado de tomar. No lo hizo por gusto; se había acabado la dotación de ron que robaron en la hacienda Chenché de las Torres, al salir de la jurisdicción de Temax, rumbo a la costa. La orden era detener, en Chabihau, un posible ataque de las fuerzas constitucionalistas, que iban a ser enviadas para combatirlos."

Y nos enfrenta, como casi en todos sus trabajos, al efecto de la tradición, la experiencia, el costumbrismo. Narraciones ligeras pero claras sobre la forma de enfrentar momentos importantes de la vida, escuchando la voz de la experiencia. En otro de sus trabajos Trinidad Aranda, a la manera de Julio Cortázar, que incluso en tres ocasiones hace uso de aquel truco literario (La isla a medio día, La noche boca arriba, Axolotl), el autor en Tránsfuga, se permite decirle al maestro: Yo también logro hacerlo, he aprendido la lección, y cambiar al personaje narrativo hacia el otro personaje que se narra para volverlo el narrador.

"nací en el corral y aprendí a beber la leche de mi madre inmediatamente. El instinto me indicaba que tenía que golpear las ubres con la frente para que ella las dejara llenarse de una tibia y dulce leche que era una delicia, al igual que las caricias del pastor que se ocupaba de todas las ovejas, pero a las pequeñas nos consentía más.

Un día soleado vino por mí y me llevó a una parte del rancho que yo no conocía y que me hizo sentir temor. Antes de que pudiera saber la razón de mi miedo sentí que me ataron las patas traseras y de un tirón quedé colgando boca abajo.

La sangre se agolpaba en mi cabeza y sentía dolor. Cuando quise gritar, vi que en el extremo de su mano derecha algo brillaba. El brillo se acercó a mi cuello, y dejó de ser visión para convertirse en una horrible sensación que seccionaba mi piel y otros tejidos. Mis músculos estaban muy tensos, y por el miedo y el odio que instantáneamente sentí hacia el pastor, lo miré a los ojos por última vez: ¡Apreté los músculos de mis extremidades delanteras y cerré los ojos con la fuerza de toda mi rabia e impotencia juntas; al abrirlos vi que con mi mano derecha casi rompía el mango del cuchillo, mientras atravesaba con él la tráquea del borrego!

En su mirada, que iba apagándose, pude distinguir el alivio de regresar al orden de las cosas, y entendí  por qué el pastor sabía muy bien lo que sentíamos.

No era yo el que moría colgado boca abajo, sino el pastor"

Las memorias que se desatan en los momentos menos inesperados es lo que se cuenta en "Chukulmach", y es además el pretexto con el que el autor rescata una tradición en los campos de Yucatán:

"Pues bien, ahí me encontraba. Tal como estaba programado, llegué dos horas antes del vuelo, con una sensación de vacío en el estómago, no obstante haber desayunado un par de huevos estrellados cubiertos con jamón.

Siendo mi primer vuelo y apenas aguantándome el miedo de imaginarme tan lejos de la tierra firme traté de tranquilizarme poniendo mucha atención a las explicaciones.

Ya en mi lugar, el corazón se fue acelerando aún más, aunque en realidad la ansiedad la sentía en las tripas. Por un momento temí que de verdad me asaltara tal ataque de pánico que tuvieran que bajarme del avión para no ser un peligro.

(…) en ese vaivén de la nave que proporciona la verdadera sensación del vuelo, sucedió:

Tengo 6 años y observo desde la puerta de la tienda de papá —abarrotada de gente—, cómo otros niños y adultos del pueblo se divierten jugando con un papagayo que me parece muy grande.

Cada jugador toma el extremo del hilo, que es de sosquil atado a un manojo de hierbas —como si fuese el carrete—, y corren haciendo que el juguete se eleve, y ya que ha tomado considerable altura lo sueltan.

Entonces el siguiente participante tiene que coger el manojo en el aire antes de que el papagayo pierda sustentación, y echarse a correr también, repitiendo la acción.

El juego se llama "chukulmach", y lo conozco desde que tengo conciencia del mundo; pero nunca lo he jugado, soy muy pequeño para eso, no sólo por mi edad, sino también por mi talla, pero me divierto mirando. Mientras sucede esto veo que Maduch, dejando por un momento la cocina con su colección de ollas, recados y condimentos, ha salido también a ver el juego, animada por los gritos de chicos y grandes, quienes se alternan para lanzar el papagayo."

Como vemos, entre las constantes de este grupo antologado son las lecturas que abrevan. Leer hace a todo escritor, y eso es algo que se cumple en estos 21 autores. Otra constante es la libertad, la multiplicidad de pensamientos y la diversidad de ideas. La flama que no se extingue en la renuncia a lo establecido, a las autoridades. Los "escritores del karst" dejan constancia de esa muerte de dios, que es la muerte de todo aquello que pretende ser norma causadora de culpas, y se rompe con eso que busca doblegar a los espíritus. Los autores antologados, parecen renunciar a ser víctimas y a ser participes de odios, odios y desesperanzas que logran retratar en la sociedad y que logran retratar en conjunto para este año 2016, desde la ciudad de Mérida, Yucatán, México. Los escritores del Karst, se muestran resueltos a vivir y dejar vivir, a leer y dejar leer. No intentan establecer fricciones insanas de valores arquetípicos, sino que soslayan la imprecación del tiempo, sobre los pasados errores y se ríen de todo aquello que intente limitarlos.

Los autores convocados en esta antología lo han ido descubriendo. Llevan el parásito de la literatura metido entre los ojos, contaminando su sangre. Y solo el empeño podrá decir a dónde habrán de llegar con este impulso que ahora se les brinda al reunirlos y sacarlos a la luz de otros lectores. Porque en Yucatán las antologías no han sido pocas, y como al inicio hemos comentado, las más recientes se pueden nombrar a partir de La voz ante el espejo, para continuar con Nuevas voces en el laberinto, y llegar hasta el trabajo de Casi una isla, sin embargo, de las tres que acá se mencionan solamente Nuevas voces en el laberinto incluye a narradores y ensayistas, las otras dos exclusivas de poetas.

La literatura en la península de Yucatán es de alta calidad y tiene exponentes tenaces y de gran constancia. Por ello podemos establecer que la década de los nacidos en los sesenta está representada en la poesía por Jorge Lara, José Díaz Cervera y Álvaro Chanona Yza. En la narrativa por Carolina Luna y Carlos Martín Briceño. La década de los setenta en poesía está representada por Lourdes Rangel y Ena Evia, y en narrativa por Will Rodríguez y Roberto Azcorra. Los nacidos en los ochenta están representados en poesía por Manuel Iris e Ileana Garma. Autores cuya obra poco a poco irá formando parte del corpus de la literatura yucateca. Y hay muchos más nombres a los que usted puede acceder con calma, y que nombrar nos llevaría algunas cuartillas.

Los autores documentados en la antología "Karst. Escritores de la península yucateca en 2016", alzan la mirada, y frente a ellos se vislumbra el camino de una carrera literaria que tiene que ser recorrida. Ser escritor no es cosa fácil. Ser escritor no es un disfraz para agradarle a un selecto grupo de personas. Ser escritor es tener conciencia de la creación de personajes, historias que formarán un mundo diferente, a donde viajarán aquellos lectores que habrán de consumir un trabajo, en busca de hallarse a sí mismos. Ser escritor es una gran responsabilidad que tiene miles de recompensas diarias, en el conocimiento y la experiencia que implica la calma observación del mundo que nos rodea. Ser escritor es, incluso, una gran carga que pocas veces deja descansar. ¿Estás preparado para serlo?

¿Qué nos ha dejado la lectura de estos 21 autores nacidos en el sureste de este ombligo de la luna entre 1971 y 1996? Ante la desesperanza nos deja la Esperanza de que los autores saben observar, ante las cadenas del egoísmo de la sociedad la libertad. La limitante del arte por el arte, que ha alejado a los escritores como redactores de su sociedad, críticos de la misma, ha sabido validarse alrededor de las anteriores líneas. Dejando un espacio para el reconocimiento de compartir las existencias en un punto exacto del tiempo. Reconocer al otro en el texto creativo. Porque es en la expresión escrita en donde la palabra dejará pasar el tiempo. Y es el tiempo el que al final pondrá en su lugar a todos los autores.

¡Que el tiempo ponga en su lugar a los poetas!

 

Miércoles, 23 Noviembre 2016 08:56

Escritores del Karst

Escritores del Karst

(Parte primera)

 

 

 

" En Yucatán no está pasando nada que me llame la atención.

Me parece que por el momento seguirá igual.

A pesar de que el resto de la República conoce el nombre

de uno o dos poetas yucatecos, no se interesa

y desconoce realmente el panorama estatal."

Marco Antonio Murillo (nacido en Mérida, Yuc. 1986)

al contestar una entrevista.

 

 

Tres mujeres, tres décadas diferentes de nacimiento.

La península yucateca, es una planicie kárstica resultado de la meteorización de las rocas calcáreas en que se sitúa el verde espacio de la selva subtropical. Al carecer de ríos superficiales (ríos Palizada y Candelaria en Campeche; río Hondo en Quintana Roo, frontera con Belice), el escurrimiento es casi por completo subterráneo, dando lugar a los cenotes (una de sus manifestaciones kársticas de mayor claridad) de los cuales se han contabilizado no menos de ocho mil, tan sólo para el estado de Yucatán. Los climas que brinda la vegetación que se desarrolla en la península de Yucatán (de duna costera, sábanas, selva baja subcaducifolia –que pierden sus hojas en una época del año-, hasta la selva alta subperennifolia –que no pierden las hojas) permiten que la mirada viaje sobre paisajes verdes, en época de lluvias (junio a agosto), temporada de huracanes (septiembre-octubre) y nortes (vientos fríos que se desprenden del polo norte y que bajan las temperaturas, de septiembre, noviembre a febrero), lo mismo que para el espacio de los amarillos, cafés, y cálidos naranjas en que nos vamos presintiendo en la época de secas (marzo a mayo). Y desde Palizada, en lo más occidental de Campeche, hasta Chetumal, bajando por el Mar Caribe, frontera con Belice; como en aquellas islas que rodean la península (El Carmen en el Golfo de México; Holbox, Contoy, Isla Mujeres y Cozumel, en Quintana Roo), el universo sea vasto. Sobre esta vastedad miran los ojos de los autores que nos abren el pecho y la pluma, y que se describen hoy como "Escritores del Karst". Y desde esa riqueza en que se distribuyen plantean sus esperanzas de comunicar el pensamiento, mediante la palabra escrita. El karst yucateco es de poco relieve, abundante en roca calcárea que se disuelve y precipita ante la precipitación pluvial. De la misma forma, la literatura que los autores acá discutidos presentan temáticas similares, capaces de diluir los antiguos pensamientos de una sociedad internacional que va fundiéndose con la tradición, para darnos los textos que acá discutiremos.

En este documento comentaré sobre los 21 autores compilados en la antología Karst, escritores de la península yucateca en 2016, que han sido documentados en estas regiones kársticas, donde los paisajes, las esperanzas, las melancolías de sus espacios vitales se dejan sentir en cada una de sus propuestas literarias, ya sea como poemas, minificciones, o cuentos. Voces frescas, no sesgadas por grupismos literarios de otras épocas (Centro Yucateco de Escritores, nacido en la década de 1990, o la Red Literaria del Sureste que apareciera en la mitad de la primera década del 2000), y tampoco cinceladas desde las Academias Literarias existentes en los tres estados que forman la Península de Yucatán (de este a oeste: Campeche, Yucatán y Quintana Roo) Escuelas de Escritores, de Creación Literaria o Licenciaturas en Literatura de las Universidades Autónomas de Yucatán o de Campeche. Voces literarias llenas de esa novedad en las que pueden, queridos lectores, ir descubriendo qué cosa es Yucatán, cómo se mira Campeche, cómo se descubre Quintana Roo. Porque en estos autores, cuyas edades fluctúan de los 45 hasta los 20 años, se miran los espacios de interacción en que pueden descubrir sus necesidades de comunicar ideas, que nos ayuden a descubrir ¿para qué están escribiendo?

La generación de los nacidos en la década de 1990, presenta la voz de una mujer, junto a la de cinco autores hombres. Violeta Azcona, estudiante de veterinaria quien, determinada a dejarse escuchar por los derechos de la mujer, hace que sus personajes ya sea niñas, jovencitas o jóvenes adultas, tomen decisiones con seriedad, y sean combativas. Sus textos son evidencia y confesión. No paran de ser grito para la reflexión y el cambio de posturas, la transformación y evolución de las sociedades, al reclamar sus errores, y evidenciar las nuevas posibilidades. En su discurso, Violeta sabe apretar la voz, el signo, y transcribir un claro uso del lenguaje para desarrollar su propuesta narrativa. Establece la diferenciación marcada socialmente por el género: "Habría que verlo, tan chaparro y gordo, además le he notado unas cuantas verrugas en la papada y en el cuello, parece un sapo. Y yo tan hermosa, tan espigada, tan blanca y limpia como la leche; pude haber sido actriz o modelo, pero no, estoy atada a éste hombre; es que no lo puedo dejar, y a pesar de lo que me ha hecho sigo aquí, tomándole la mano." "Mi madre me ha dicho que sea obediente, que sea más dócil. Pero es que no puedo, algo en mi interior es rebelde y quiere guerra con la hegemonía masculina."

Después de la autora Patricia Garfias (Mérida, Yucatán, 1985), o de Carolina Luna (1964), en el sureste no había surgido una voz tan clara y ágil para las narraciones, y conscientes de que el trabajo de Garfias jamás pudo despegar en la literatura, como en la promoción cultural (lo cual siempre será una lástima), es Violeta Azcona Mazun (Mérida, Yuc., 1993) la promesa de la narrativa hecha por mujeres de la península yucateca. La autora posee la ironía, y la inteligencia para mirar el mundo que le rodea, y sabe plasmarlo en sus textos. Como cuando unas jovencitas cometen un robo en una plaza comercial, en el cuento Mi primer reloj

"Éramos un grupo de cuatro muchachas. Brisa era la más guapa, con ese cuerpo perfecto que dictamina el estereotipo de la sociedad; la condescendiente del grupo, todos la querían por ello, y otras la odiaban por guapa. Misha era flaca, alta y guapa también, la "loca" del  cuarteto; siempre andaba de fiesta, de novios y pasando las materias de 'panzazo'. Ariel era la chaparrita, morena y también guapa, por supuesto; era la criticona, se la pasaba quejándose de todo, siempre se peleaba con todos y todas,  muchos la odiaban. Yo era la 'nerd', la más alta de todas, no era fea pero jamás me consideré guapa. No porque tuviera baja autoestima, o porque me comparara con mis amigas, sino, pura y llanamente porque para mí resultaba vano y superfluo aquello de la 'belleza' exterior."

 

Violeta hace que su narrador viaje al pasado (flash back), cuando se escaparon de clase, pensando en gozar la libertad adquirida por decisión propia; renuentes a la vigilancia de padres, maestros, para enfrentarse al mundo real, en el que poca experiencia tienen, como la autora evidencia su cúmulo de errores. Que, cínicas y entronas, deciden que nadie puede rajarse, hasta convertir la travesura de niñas de familia, en delito de jovenzuelas de la calle.

"Al llegar a la plaza reparamos en que no teníamos dinero suficiente para gastar. Habíamos comprado helados y papas, pero ya no quedaba más que para comprarnos unos moños que habíamos visto en un local. 'Realmente quería mi moñito', me quejé tristemente mientras hacía una mueca con la boca. Misha me miró y por un momento no dijo nada, me tomó de la mano y me sonrió, 'Ven, vamos' dijo y todas las seguimos.

Entramos de nuevo a la tienda y hacíamos como que observábamos la bisutería, la ropa, los lentes y de repente ¡Vi cómo Misha tomaba el empaque de los moños y los metía en mi bolsa de la camisola!, ¡No pude decir nada ni hacer nada!, tragué saliva y  abrí los ojos intermitentemente, como las alas de un pájaro que apresura su despegue. Casi no podía moverme y si no hubiera sido por Brisa, que me abrazó de repente, despistando a la vendedora, mientras Ariel le daba las gracias para distraerla, seguramente me hubiese dado un ataque de pánico o algo por el estilo.

 

Al dejar la oración "Realmente quería mi monito", en voz de una de las actuantes del texto, Violeta hace evidente el infantilismo de las jóvenes de la historia; esta idea que hace que las chicas vuelvan y cometan el hurto, es muestra del talento observador de la autora sobre su sociedad. Mientras al inicio las describe como "guapas", poco aplicadas "pasando las materias de 'panzazo'; o cuando señala "cuerpo perfecto que dictamina el estereotipo", o cuando se declara "nerd"; contrasta con las actitudes añiñadas de jóvenes con ese dejo de sexualidad, en pleno berrinche para hacerse de un adorno. Esa dualidad en el carácter de las jóvenes continúa durante todo el texto. La observadora Violeta hace evidente los pocos valores dentro del núcleo familiar, de padres y maestros, incapaces para saber dónde andan sus hijas, sus alumnas; pero eso no las excluye de saber discernir entre "lo bueno y lo malo" de sus acciones:

"Cuando nos disponíamos a salir de la plaza, después de que mi nerviosismo se acabara, de que mi corazón recuperara su ritmo, de que al fin perdonara a Misha por haber tomado algo que no nos pertenecía ¡Y de meterlo en la bolsa de mi uniforme!, después de creer que la habíamos librado… El vigilante no nos abrió la puerta para salir de la plaza y pronto llamó por radio a dos compañeros más, que llegaron para impedirnos la huida.

—Hay reportes de dos tiendas, señoritas; de que cuatro colegialas han tomado algunas cosas 'prestadas' —lo decía con tono morboso, y dándole énfasis a la palabra 'prestadas', como si disfrutara el hecho de que no fuera así.—  No podemos dejar que se vayan sin que se les revise. Casi sentí cómo me iba a desmayar pero, guardé la compostura—. Síganme, en una fila por favor, una detrás de otra."

 

Violeta caricaturiza la "detención" de las jovencitas por los guardias de seguridad de la plaza donde ocurre la escena del cuento. Las hace caminar "en una fila", como en aquella escena inicial de la película de 1973, Papillon (dirigida por Franklin J. Schaffner); imaginarlas caminando por la plaza comercial, en fila, y rodeadas de los vigilantes de la misma, es una trágica forma de humillación por su "delito". Lo que bien podía terminar en una llamada de atención, se había vuelto una forma de humillar a las cuatro jovencitas:

"Si no lo pagábamos, 'Un vigilante las va a acompañar a la escuela y hablará con el director o la directora, para que llamen a sus padres. O les hablamos de una vez desde acá, denme los teléfonos… o a la policía ¿Sería mejor, no?'"

 

Y esta situación la que motiva la ruptura de las falsas amistades, que impulsan a las chicas de golpe hacia la madurez, para entender que en el transcurrir de la vida, las relaciones sociales tienen que ser escogidas con mucho detenimiento. Violeta Azcona puede narrar esa historia grupal de las amigas, pero igual puede abstraerse hacia textos más íntimos, en el que desarrolla su propia postura sobre la depresión, el abandono social, y la soledad de la complejas relaciones familiares que ocurren en las familias mexicanas, en las que ambos padres de familia tienen que salir a trabajar para obtener el ingreso económico suficiente, disfrazado además de "liberación de género"; como ocurre en De pulgares, orejas y otras partes, minificción en la que el personaje se va mutilando poco a poco, en su imaginación, como en su realidad, y que en la prosa de Violeta el paso entre realidad-fantasía es tenue pero directo.

"Desde que tengo memoria me ha gustado jugarme las orejas. He intentado dejar la manía pero no he podido; me da placer y una tranquilidad inigualable."

 

El nerviosismo del personaje de Violeta en busca de la autocomplacencia que le ayude a su tranquilidad es creíble en la línea anterior. Y de ahí, Azcona Mazun, evidencia esa violencia personal, que tanto impulsa a las juventudes actuales para hacerse cortes en las piernas, en los brazos. Azcona lleva la idea al exceso:

"Decido cortarme las orejas. Tomar un cuchillo de la cocina, afilarlo y ¡zaz!, realmente no es tan doloroso. Supongo que mi vanidad es más fuerte. Tomo el lóbulo de la otra oreja y ¡zaz!, en menos de cinco minutos se tiene una cabeza libre de orejas. Se cocinan muy bien en caldo, y se las da a la perra. Lo bueno de los perros mestizos es que comen de todo."

 

Otro tema que toca la autora, es el amor a los animales, que en la actualidad llega hasta el exceso, con personas que incluso proclaman "Prefiero matar toreros, matar rancheros y campesinos que gustan de la fiesta brava, para lograr impedir la muerte de los toros". Esa posibilidad es la que Violeta nos retrata: la adolescente solitaria que prefiere lastimarse a sí misma, mientras consciente a su mascota alimentándola con su propia carne cortada; una mascota que además no es de raza, sino que se trata de un perro mestizo. La actualidad cuelga de su obra, y nos hace celebrar su capacidad de observadora natural.

Y desde esa capacidad, la autora Violeta Azcona, puede trazar la violencia desde la infancia, en una de sus prosas de largo aliento, titulada: Mi rata Potter, que al puro estilo de Los hombres que no amaban a las mujeres (2005) de Stieg Larsson, llevada al cine con el nombre de La chica del dragón tatuado (de David Fincher, 2011), muestra como una chica logra castigar a su violador; de la misma forma Violeta Azcona presenta esta actitud para México y toda Hispanoamérica. El texto, además nos permite ver –de nuevo- su visión generacional (nacida en los años 90) al bautizar a su violenta mascota, que usará para castigar, como Potter, en referencia al mago personaje de la saga de J.K. Rowling: Una niña de seis años, junto con su niñera de 14 (Juanita), son violadas por la nueva pareja (padrastro) de mamá; texto del cual recreo unos pasajes aterradores:

"Creo que tenía alrededor de 5 años cuando Carlo se vino a vivir con nosotras. Mi madre inmediatamente se olvidó de mí. Me encargaba con doña Chepa, pero ya era muy viejita; así que me contrataron una niñera: Juanita. Juanita tenía 14 años y jugaba conmigo todo lo que yo quería, luego en las tardes se escapaba de mí para irse a ver las novelas con Chepa, mientras yo jugaba en mi cuarto, en donde Carlo se escurría para verme los calzones".

"Carlo se volvió más cariñoso que nunca, me abrazaba todo el tiempo y me sentaba en sus piernas, donde algo duro siempre me rozaba las nalgas, haciéndome sentir extraña".

"Sentí una mano que se posaba sobre mi trasero, y que a pesar del calzón, pude sentir cómo no le costaba trabajo embarrar los dedos en mi raya. 'Mi niña, ¿qué haces ahí?', dijo Carlo mientras me jalaba de una pierna. Rápidamente me paré, más emocionada por contarle lo del ratoncito que incómoda por su atrevida caricia. Es que a los 6 años todo es nuevo, todo parece tan normal."

"Carlo me llevó al cuarto donde estaban mis regalos; me sentó sobre el mueble y con una voz áspera —que muchas ocasiones después de esa seguiría aguantando—, me dijo 'Te voy a dar mi regalo, no seas una niña grosera y acéptalo. Si no te gusta, te aguantas'. Se bajó el pantalón y sacó una tripa negra y peluda que mientras la iba frotando iba quedando gruesa y dura. La pelaba y tenía la punta rosada. (…) De pronto algo me raspaba, giré a ver y era su barba. Carlo me daba lengüetazos en mi raya, sentía su lengua adentro y afuera; de pronto su rata dura se metió en mi trasero, lentamente, yo sentía que me estaba haciendo popó; luego comencé a sentir mucho dolor, y en eso una rata real cruzó el cuarto, era la misma rata que vi debajo del mantel."

"Luego me limpió todo con la sábana que cubría el mueble. Me obligó a jurar que nunca diría nada. Y me sacó del cuarto para regresarme a la fiesta".

"Juanita bajó la cabeza y se puso a llorar. Creo que ahí fue que me di cuenta de que no había sido la única."

"Mi madre nunca quería verme, Juanita se la pasaba en la televisión y Carlo siempre entre mis piernas".

"Cuando cumplí 10 años, mi madre decidió que yo ya era muy grande para seguir teniendo niñera. Que además ni jugaba con juguetes ni con Juana. Regresó a Juanita a su pueblo esa misma semana, dejándome más sola que nunca."

 

Por prosas como ésta, Violeta Azcona Mazun representa ese músculo vital en el que se pueden discursar las historias sin tapujos de esta Mérida, la de Yucatán, en este 2016. El personaje infantil que ha sufrido una violación durante cuatro años, ha logrado la venganza, ¿a costa de qué? habría de preguntarse. A costa de matar a su madre y a su padrastro, y entonces pensar –contrario a lo retratado por Stieg Larsson- ¿cómo sobrevirá esta niña de 10 años en el mundo? La narración de Violeta no lo dice, sin embargo, como lectores quedamos "complacidos" con mirarla liberarse de sus violadores, y abrimos la esperanza de ese final ¿feliz?

El escritor necesita recrearse en su entorno, alimentarse de él, y conocer el pasado mediante sus lecturas. Esta dualidad experiencial es la que le impulsa a escribir, para llenar aquellos espacios de la literatura que le gusta abrevar. Para los Escritores del Karst nacidos en la década de los 80, encontramos la voz de cinco mujeres; cada una con sus búsquedas propias de voz y realidades. En una antología apenas accedemos a un fragmento de la obra de un escritor. Justo es que los antologadores y los autores vayan poniéndose de acuerdo con qué fragmento podría ser representativo de su obra, porque el trabajo literario de los escritores evoluciona con el paso del tiempo, y las lecturas. Abrevan en la vida cotidiana, como en los libros que comparten, esa búsqueda de la felicidad como derecho inalienable en el cual parpadean los instantes de sus lecturas.

Entre las mujeres escritoras del Karst nacidas en la década de los ochenta, Ángel Nimbé (Campeche, 1988) es la más joven. Nace en Campeche donde estudió literatura en la Universidad Autónoma de esa entidad; actualmente radica en Cancún, Quintana Roo donde cursa la maestría en Creación y Apreciación Literaria, como una clara muestra de la continua movilidad existente en la península de Yucatán; y desde ese recorrer kilómetros de selva define su palabra poética: " Yo, Dios, y soy gusano, tecla y tinta de otro dios más fuerte". Nimbé ha sido becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico en Campeche (Pecda) en su emisión 2012; es autora de Las danzas de la serpiente, con el que obtuvo el premio estatal de poesía 2015. Y dentro del trabajo poético que acá revisamos, Leptomar (Las bitácoras del desahuciado), se observa el trazo de posibilidades artísticas con los que se mira a la sociedad y que la autora percibe; se deja sentir el abandono en que el que sus hablantes líricos se encuentran sumergidos; así como la búsqueda interior que no termina de fracasar.

El desahuciado hablante lírico de Nimbé no logra salir de la depresión que el mundo le impone: la niñez, la familia, los amigos, los otros, la vida toda: "Este recinto blanco me sofoca. Debe tener el sabor del abandono. Con esta esclavitud deben vivir los muertos." La fallida esperanza que narra en sus poemas, huele a derrota, a miseria, al abandono en el que uno se nutre cuando quiere llegar a lo más hondo de la tristeza. Pero igual entre sus textos se percibe esa presencia marina, ese olor oceánico que rodea a la península, su natal ciudad Campeche, situada a la orilla del Golfo de México, y Cancún, donde ahora reside, situada a orillas del Mar Caribe; por ello puede percibirse el espíritu de mar en el que la autora ha crecido, mar y religión como un viaje que se complementa en la actualidad de su mirada: "Vengo a ti como el rey de los ejércitos, para enfermarte como enfermé estas olas, provocar un nuevo amanecer aún más oscuro. Hay otro mar allá, tras esas sombras. Hay otro mar allá, cae en picada sobre la arista del cuadrado mundo."

Esta desolación puede mirarse en los versos de su Día tercero; las relaciones del hablante lírico con personajes débiles, tiernos, y en esa docilidad de carácter 'como solían ser las princesas de los cuentos', Nimbé remarca a la sociedad enferma contemporánea, enferma por lo políticamente correcto, enferme con el neoliberalismo, enferma con esa necesidad de "no exacerbar los caracteres, reprimir las pasiones, evitar ser contestatario, privando de reacción a la juventud que languidece como "la dama de las Camelias", de una enfermedad del alma, ante ese fantasma que les absorbe el cerebro, como aquel monstruo retratado por Horacio Quiroga, que iba succionando a la mujer, hasta matarla en El almohadón de plumas. De esa forma la autora presenta a sus personajes:

"Mi mejor amigo tenía el cuerpo diminuto y delgado. Era un niño blanco como solían ser las princesas de los cuentos. Tal vez cuando crezca halle un hada y se case. Tal vez se acuerde de mí, que solía devorar los corazones de los lobos.

Mi mejor amigo de la infancia se desmayaba a ratos. Mucho tiempo bajo el sol le hacía desvanecerse. Solía cargarlo y correr hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído. (…)

Creo que mis intentos de felicidad ya fracasaron, murieron desde la primera vez que abrí los ojos."

 

Y sin dejar además de señalar a esa sociedad capaz de lastimar al que se presiente débil. Con ello, Nimbé remarca la batalla contemporánea contra el Bullyng (acoso físico o psicológico al que someten de forma continua a un individuo sin importar el sexo, por el hecho de presentarse débil ante una persona o un grupo social): "hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído". En su poema Cuentos de hadas desgraciados, Ángel Ninbé hace eco de las narraciones de Violeta Azcona, retratando la pobre educación de la familia. Y con la sutileza que permite la poesía, sus versos se acercan igual al miedo que sienten los infantes ante el acoso de los adultos: "Mamá me dijo que el hombre de arena no es real, /que no morderá mis juguetes, /ni jalará mis pies si resbalo /cuando juegue en el columpio a medianoche." Y en ese miedo por los adultos, igual prevalece el miedo a los narcotraficantes que les acercan las drogas. Es interesante que mientas muchos "activistas" se inclinan por la legalización de las drogas, la joven poeta nos diga, desde su hablante lírico: "No me arrastrará a su reino de morfinas /debajo de la cama /ni me convertiré en una de esas niñas /a las que a veces se les caen los ojos /que los rincones devoran." Y es en los tres versos finales donde la autora deja ver su postura ante la "trata de blancas", o nos permite imaginar a las chicas suicidas, las que han sido diagnosticadas con algún problema mental, que viven de píldoras, y pastillas recetas por el psiquiatra, o que han sido incluso recluidas en clínicas mentales. La alusión "a veces se les caen los ojos /que los rincones devoran", puede ser una referencia de aquella canción infantil mexicana de Francisco Gabilondo Soler "Cri-Cri", "La Muñeca Fea" (grabada en 1958), que vive "escondida por los rincones"; y cuya letra ha estado en el imaginario colectivo de las familias mexicanas ininterrumpidamente desde su grabación.

Entre los nacidos en la década de los setenta la única mujer entre los Escritores del Karst, es Gema Cerón Bracamonte (Mérida, Yuc., 1979), licenciada en nutrición por la Universidad Autónoma de Yucatán. Sus relatos vienen cargados con las emociones vitales de una observadora ávida. Una mujer mira hacia la prisión de otra mujer, en busca de la libertad y la determinación, consiguiendo el juicio de las autoridades que la reprimen. ¿Tiene justificación el asesinato? ¿Tiene límites el abuso sufrido? La lucha de la mujer para dejar el papel de víctima, o con la firme intención de asumirlo como ocurre en el cuento Sentencia.

"Cuatro años de matrimonio teñidos con sangre, ¿quién lo hubiera imaginado? Recuerdo el día de mi boda y ese hermoso vestido blanco. ¡Nunca me sentí tan dichosa!, como princesa en cuento de hadas. ¡Qué decir de Rogelio!, tan guapo, con ese frac negro, corbata de moño y sus ojos marrones mirándome embelesado.

Todo era perfecto, hasta que Rogelio decidió que debíamos abandonar la casa para vivir con su madre."

El personaje-narrador de la historia de Cerón termina por dar muerte a su suegra, que durante la relación a la que se enfrenta se la ha pasado atormentándola. Este texto es evidencia de que el Machismo que tanto daño hace a las familias, a la mujer, a los hijos, en ocasiones es estimulado por otras mujeres, ya que como decía Simone de Beauvoir: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos", como en este caso Madre-Hijo son quienes someten a la Nuera-Esposa, hasta enloquecerla, cegarla, y orillarla a defenderse: "Sumida en mis recuerdos, no escuché con claridad la sentencia. Al parecer, jamás podría ver a mis hijos, esto me derrumbó. ¡No podía creerlo!, ¿por qué me condenaban?, la víctima era yo."

Gema Cerón carga su discurso con la sencillez de las palabras y las escenas que plantea denotan la experiencia del diálogo y de saber escuchar a las personas que nutren sus reflejos literarios. Tal postura se vislumbra en la segunda narración que analizamos Pedrito: donde una mujer busca corregir y educar a su hijo, por lo que el texto se carga de la magia literaria del absurdo. Se reconocen las lecturas de Gema, el apropiarse de la tradición literaria infantil para poder construir sus propias intenciones, el nombre del personaje de inmediato nos lleva a reconocer al personaje de la fábula de Pedro y el Lobo, que acá es mezclado con aquel pillo de los cuentos llamado Pepito (de ahí el diminutivo) que siempre se sale con la suya, y que en la contemporaneidad nos haría pensar en Daniel el Travieso (tira cómica de Hank Ketcham, estrenada en 1951), o al más reciente Bart Simpson (personaje de Los Simpson, creados por Matt Groening en 1989).

"Pedrito, niño malcriado de 3 años y medio, el menor de tres hermanos. Era el consentido de sus padres. (…) Pedrito se había enfurecido tanto, que comenzó a golpear a su progenitora a puño cerrado."

De inicio Cerón llama a su personaje "niño malcriado", y lo evidencia mostrando como es capaz de golpear a su madre. La fabula que la autora propone, pasa a ser un cuento que pretende espantar a los niños, y de nuevo hace referencia a Gabilondo Soler con la letra de la canción de "El ropavejero", quien compra o cambia: "Chamacos malcriados /miedosos que vendan"; evidenciando además cómo son los Padres los que crean y refuerzan los miedos en los niños.

"El reloj se detuvo; para un pequeño de tres años, un minuto sin su madre parece una eternidad. El silencio retumbó en la casa. Pedrito subió las escaleras, entró al baño, exploró cada habitación sin hallar a nadie. Hasta sus hermanos se esfumaron. Creyó que jugaban a las escondidas y buscó debajo de la cama, dentro del ropero y nada."

La referencia obligada acá es a la película "Mi pobre angeligo (Home Alone), película de Chris Columbus, estrenada en 1990, sobre el niño que por distracción de su familia que se va de viaje, se queda solo en casa. Pero en el texto de Cerón, el niño es de una edad mucho menor que el protagonista de la saga hollywoodense; por lo cual tiene un mayor contacto con la obra de Gabilondo Soler:

"Se sorprendió al ver un anciano sucio de barba desordenada, con una bolsa negra al hombro. Parecido al hombre que buscaba en la basura cuando mamá sacaba las bolsas. Aquel que un día le vio jugar en el jardín y dijo: 'Ven conmigo pequeño, en mi casa hay muchos juguetes, eres un niño muy lindo. Te enseñaré un juego muy bonito mientras te cuento un secreto'. Ese hombre, del cual rehuía mamá, debido a su nauseabundo olor y porque algo le habían dicho sobre él, sobre algo terrible que les sucedía a los niños, cuando se cruzaban en su camino, y de lo cual, jamás una madre podría comentar a sus hijos."

 

Y con el final de este párrafo, Cerón Bracamonte, vuelve a tocar el mismo punto que Violeta Azcona y Ángel Nimbé, el posible acoso, secuestro y abuso sexual de los infantes; lo cual marca una constante en la prensa mexicana, en las noticias de todos los días cargados de desaparecidos (los 43 estudiantes de una normal rural de Ayotzinapa, en el sexenio actual de Enrique Peña Nieto, o los 16 jóvenes estudiantes asesinados en una fiesta en Ciudad Juárez en Villas de Salvárcar, en el sexenio anterior de Felipe Calderón Hinojosa). ¿Cómo estas tres escritoras no desarrollarían textos en los que se denote la vulnerabilidad de los pequeños, y permeé el miedo latente?

En este pequeño apunte sobre la obra de tres mujeres (Violeta Azcona Mazun, Ángel Nimbé y Gema Cerón) sirve de base y cimiento para poder analizar a los otros 17 autores compilados, (21 en total), ya que cada una de ellas sitúa su nacimiento en una de las tres décadas (70s, 80s y 90s) del nacimiento de los demás autores. Pero habrá que evidenciar que la literatura no tiene genitalidad, como veremos al continuar nuestro análisis, ya que los temas vienen a ser correspondientes con los que hasta ahora ellas tres han sugerido. Lo cual nos deja claro que el género del autor no debe seguir siendo una validación para la creación literaria. Toda vez que la literatura tiene como primer objetivo la comunicación de ideas; con base en la estética, que cada quien determinará por su habilidad lectora y su experiencia como creador, asimilando las estructuras que mejor impulsen sus creaciones. Lo cierto es que, el género es una creación social determinada con base en las significaciones de cada persona sobre los infantes, ya que el desarrollo de la literatura actual, contempla la validación de dichos pulsos sociales, y no es sino en la capacidad de asumir esa postura, como cada autor se nutre de su entorno, y puede desarrollar su actividad creativa y creadora.

En este primer fragmento, las autoras revisadas presentan en la violencia sobre la infancia, vasos comunicantes que deben llamarnos la atención, sobre las preocupaciones actuales de los escritores de la península de Yucatán, de México, y tal vez de toda  Hispanoamérica.

 

 

 

Sábado, 19 Noviembre 2016 23:11

SIENTO NO AGRADARTE

 

SIENTO NO AGRADARTE

 

La tía Magda siempre creyó ser una mujer libre, locuaz y divertida, capaz de alegrar la fiesta, y de tener la última palabra en toda discusión de la familia. Tomaba sus decisiones con firmeza, y uno tiene que reconocerle la confianza en sí misma, aunque la realidad sea que todos, yo incluida, la detestamos.

Recuerdo que desde niños, cuando nos quedábamos a su cuidado, tía Magda nos gritaba para beneficiar a sus hijos; y eso que sus hijos nunca fueron un problema para mi; mis primos y yo nos queríamos lo suficiente como para saber que todo pleito de niños se olvida minutos después de iniciar cualquier otro juego. Era ella la que lo hacía todo insoportable, a mí, a sus hijos, a todos.

Nos reíamos de sus ocurrencias, pero no bastaba; continuaba chingando y chingando hasta que algún familiar se sentía humillado, y la fiesta terminaba siempre en llanto. Cuando hizo abortar a su hija su mundo se cerró más. Se fue quedando sola. Se jactaba de que su hija era un ejemplo de alumna, jovencita pura, de buenas maneras, y me restregaba lo mucho mejor chica que era respecto de nosotras, las tontas mujeres de la familia.

Mi prima sufrió la decisión que su madre había tomado, pero sus 16 años no le dieron el valor para enfrentarla. Sin dignidad, sobajada como una rapazuela inocua,  terminó haciendo lo que su madre quiso. Aún hoy noto la tristeza en sus ojos.

Era sobre todo en cuestiones de fe y amor que la tía Magda manipulaba a sus hermanas, sobrinos y sobrinas. Presumía su sagrado matrimonio, su perfectísima familia. Pero ese castillo de ideales terminó por caer. Su esposo la dejó por una mujer veinte años más joven. Días después mi prima se largó de casa con el señor que le arreglaba el jardín, y su hermanito confesó ser homosexual, abandonándola. Desesperada busco refugio en sus hermanas, pero éstas, liberado el yugo, le cerraron la puerta en las narices.

Uno tiene que ser firme en sus convicciones, sin embargo, la vida nos permite ir para atrás y para adelante las veces necesarias, con el fin de entendernos a nosotros mismos y recomponer la ruta si lo deseamos. Odio a la tía Magda, la odio hasta el cinismo, y me causa alegría llevarle de comer a su casa, donde vive recluida en el abandono, lo disfruto.

Su semblante desorbitado es una delicia para mi pequeña venganza. Al verme sonríe tierna. Carcajea y carraspeando grita: Pasa hija, pasa, la tarde es espantosa para que te quedes en la calle con este sol. Bebamos refresco de jamaica para que te refresques… y bien… cuéntame como va todo.

Yo le platico, con prestancia, hasta los detalles más insignificantes de sus hijos y de la familia. Ella es un cuervo detenido en el tiempo, al que es fácil arrancarle las plumas.

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