Mostrando artículos por etiqueta: Critica

Caronte o una inútil encuesta

Daro Soberanes

 

En Mi Óbolo a Caronte (Evocación del general Bernardo Reyes) —edición inédita y extensa hecha por el INEHRM en 2007 de aquel manuscrito que en 1925 escribiera Alfonso Reyes y que Cuadernos Americanos pretendiera publicar en 1962 sin tener éxito— la narración líquida del lance histórico que envuelve al padre del regiomontano ilustre es silenciosa, colmada de un respeto devoto, objetiva a veces, subjetiva siempre en la medida que lo describe, parcial y lícita. Ahí, en ese óbolo, hay bastante dolor que pesa sobre el alma de don Alfonso.
Y queda el pasaje-evocación.

Pero esto que escribo no se referirá a la familia Reyes, a la parentalia Reyes, sino a un número de Letras Libres, el que corresponde a diciembre de 2004, número que, al buscar mi traspapelado Óbolo, asomó su portada vieja justo debajo de aquel maravilloso libro. No hay vínculo, a mi parecer, entre la revista y el escritor de Monterrey que valga la pena mencionar —sólo tal vez las páginas del Diario inédito (LL2)—, sin embargo, me gustan algunas características de la revista de Krauze. La edición final de aquel año llamó mi atención (o volvió a llamar mi atención ahora) por el tema central que se propuso tratar aquella vez: la poesía mexicana. No hay mucho que decir sobre los artículos escritos en ese número en torno a tan infinito tema, sólo una inusitada convocatoria que hace la revista merece esta mención, no por ser “osada”, ni por preguntar lo que pregunta, sino por lo insustancial que se puede ser en una encuesta redactada.

La invitación que nos hizo Letras Libres aquel diciembre (¡hace más de quince años! Eso la salva. Cosa vieja, cosa del pasado. O tal vez, no) fue para responder quiénes eran entonces los diez mejores poetas mexicanos vivos. Debo entender que se refería a los diez poetas más sobresalientes en aquellos días. Vaya pregunta, a la que debemos dimensionar dentro del marco de las publicaciones literarias de prestigio hoy exoficial. ¿Quiénes llegan a nuestra cabeza? ¿Qué nombres? ¿Cómo saberlo? El Cielo es como lo describan los apóstoles.

No condeno este acto, como lo menciona la revista: es un ejercicio. Lo que provoca extrañeza es la idea y el hecho de que sea la propia revista quien ofrezca un listado de nombres posibles a los cuales aludir, y en el extremo del caso, a los cuales socorrerse. Ya en el mayor de los atrevimientos —entendibles en Krauze, no necesariamente inteligentes— Letras Libres ofrece una lista base de doscientos poetas mexicanos vivos, “para que de ahí el lector elija a diez”. Al releer aquello puedo imaginarme a los señores editores en Tennyson 133, rodeados de amigos entrañables y con la carta Puyol en mano, también entrañable y también dispendiosa. Letras Libres y su número 72: cosa de chefs.

Peligrosa y sutil la consigna de considerar como público lo propio.

Para la poesía mexicana un listado de doscientos nombres propuestos por la revista es algo insustancial, ya que la enumeración es excluyente por regla (toda relación es así), y sólo denota los gustos de sus lectores y suscriptores y no el juicio de una hélice literaria. Ahora, pregunto: ¿por qué doscientos? ¿Sólo eran doscientos los contiguos a un inventado paradiso literario? ¿Por qué no quinientos? ¿O mil? ¿O diez?

Paz llamaba cortesano a todo aquél que se dejaba seducir por el patrimonialismo. Cortesano uno, patrimonio literario el otro. Pasa el tiempo y no pasa el tiempo: Otra vez la revista de Krauze yendo de la mano de una nada hastiada presunción cultural y de un supuesto parnaso literario que termina, como siempre, en un esnobismo orgánico. Otra vez fraternos.

No me agrada la lista. Siendo más claro: no me gusta que se enliste a poetas. La poesía, el acto de ejercerla y las personas que la ejercen no son productos (o no deberían serlo) que entren a competir o a jerarquizarse, no es ese su designio. Nada se reduce a una imaginaria circunferencia de nuestro albedrío. Pero está de más pretender que Letras Libres lo haya comprendido al principio de los días bautismales, como aquella vez, o que lo pueda comprender ahora.

 

 

 

 

Daro Soberanes

(Ecatepec de Morelos)

Poeta y ensayista.

Autor de Las Esfinges y La Soga, piezas teatrales; del Tratado sobre la Deslealtad (Burroughs Editorial, 2o17) y del ensayo de investigación A letra vista se sirva usted: los documentos históricos del Generalísimo. Preludios de una literatura mexicana (Burroughs Editorial, 2019). Además del libro de versos 1854.

En 2007 formó parte del Consejo de Redacción de la revista de Literatura y Filosofía “ARCA”, con apoyo de CONACULTA/FONCA. Este mismo año colaboró en la Mesa de Reseñas de Periódico de Poesía de la UNAM. En 2015 dicta la conferencia “Morelos y el cenotafio en San Cristóbal”, en el Centro Comunitario Casa de Morelos (INAH), en San Cristóbal Ecatepec, por motivo del bicentenario de la muerte del Generalísimo, acaecida en este recinto. En 2016 crea y coordina el «1er Poetry Slam de la Liga EJEKA», en el municipio de Ecatepec de Morelos. En 2017, funda junto con Ángel Corral, el círculo de estudio ante la poesía: El Ojo de Faetón.  coordina e imparte los talleres de literatura “Los Scriptoria”.

 

 

 

 

Publicado en El Ojo de Faetón

El mirar alucinado en la poesía

alucinante de Leopoldo María Panero

 

Julio César Aguilar

 

Baylor University

“Ninguna gran mente ha existido nunca sin un toque de locura.”

Aristóteles

“La imperfección es belleza, la locura es genialidad.”

Nick Vujicic

 

            Hijo y hermano de poetas, Leopoldo María Panero (Madrid, 1948 – Las Palmas, 2014) es autor prolífico de una obra singular en la que prevalecen las imágenes poéticas, con predominio de las visuales. Afectado emocionalmente por la depresión y la esquizofrenia a lo largo de su vida, Panero fue consumidor de alcohol y de todo tipo de drogas desde su juventud, por lo que vivió durante largos períodos en hospitales psiquiátricos. A uno de ellos precisamente hace referencia el título de un poemario suyo publicado en 1987, Poemas del manicomio de Mondragón. Con la lucidez de su locura, Panero fue capaz de crear una poesía emblemática de los últimos tiempos, en cuyos versos el dolor existencial se destila dando origen a la misma vez a una obra de arte de matices intensos y de un tono desolador y en muchas ocasiones lúdico.

            De este modo, en su obra literaria se recrea el mundo delirante del poeta que padeció la esquizofrenia con mucho de resignación y, siendo hospitalizado por cuenta propia, aferrándose a la locura irónicamente como un medio de salvación. La esquizofrenia, seria enfermedad mental de pronóstico reservado, se caracteriza por la presencia de ideas delirantes, alucinaciones y conducta inapropiada. Por lo tanto, este trastorno psiquiátrico con tendencia a la cronicidad puede cursar con variados síntomas, tales como alteraciones en el pensamiento, el ánimo, la percepción y el comportamiento. Aún en estos tiempos de grandes avances médicos y científicos en los que la práctica de la biotecnología se encuentra en auge, son vigentes las palabras de Jacob Kasanin, psiquiatra ruso que vivió en la primera mitad del siglo XX, con las que se refiere a este padecimiento mental. De acuerdo a él, “[la esquizofrenia es la enfermedad más desconcertante de la psiquiatría, si no es que de toda la medicina. Las principales características de esta enfermedad son una deterioración intelectual y una marcada perturbación de la vida emocional” (17).

            A lo largo de la historia, muchos artistas ¾y por lo tanto poetas¾ se han visto afectados por alguno o por más de alguno de los varios padecimientos psiquiátricos, como por ejemplo esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, ansiedad o trastornos de personalidad, entre los más comunes. Leopoldo María Panero, escritor español incluido en el grupo de los “Novísimos”, a partir de la antología Nueve novísimos poetas españoles de José María Castellet y publicada en 1970, se forjó a sí mismo como un poeta maldito a través de su autodestrucción. Por consiguiente, si su obra destaca por los rasgos de la visión desquiciada del hablante lírico, esto se debe principalmente a que su poesía es sin lugar a dudas de índole autobiográfica, tal como se observa en el siguiente poema sin título:

           

         Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero

            hijo de padre borracho

            y hermano de un suicida

            perseguido por los pájaros y los recuerdos

            que me acechan cada mañana

            escondidos en matorrales

            gritando por que termine la memoria

            y el recuerdo se vuelva azul, y gima

            rezándole a la nada porque muera (24).

 

Del texto anterior sobresale la autorreferencialidad en el primer verso. Es frecuente encontrar en la obra poética de autores con trastornos mentales este recurso que equivale al desdoblamiento y por consiguiente a la introspección, muchas veces utilizada ésta como un recurso terapéutico. El segundo y tercer versos establecen el parentesco del autor del poema con las figuras centrales de su biografía, pues se sabe ciertamente que Leopoldo Panero, padre del poeta, era en realidad alcohólico. Por otra parte, conocida es la existencia de antecedentes de enfermedades mentales en la familia de Leopoldo María Panero, específicamente por el lado materno, ya que algunos miembros de la familia de Felicidad Blanc, madre de Leopoldo María, sufrieron de esquizofrenia y uno de ellos se suicidó. Enseguida los versos que siguen en el poema de arriba, con sus imágenes poéticas, ubican al hablante lírico en una situación desafortunada, ya que sus recuerdos lo atormentan y su propia identidad peligra. Es el poema citado con anterioridad uno de los más líricos y legibles de la obra poética de Panero, y se encuentra incluido en Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul. Sergio Piro, un psiquiatra italiano y estudioso del lenguaje en los esquizofrénicos, menciona lo siguiente: “En muchos sujetos esquizofrénicos es frecuente, sobre todo en las formas iniciales y en las formas paranoides, el uso de simbolismos, de metáforas, de metonimias. La simbolización es usada las más de las veces de modo ambiguo o vago; el uso del lenguaje elíptico (elipsis sintáctica o semántica) da a veces al discurso una cierta sugestiva expresividad” (482-483). Es decir que, muchas de la veces, el discurso de un esquizofrénico puede tener las características del hablar poético.

            Junto a los delirios y el lenguaje y conducta desorganizados, la esquizofrenia cursa en su fase activa con alucinaciones. Las alucinaciones pueden ser de cualquier modalidad sensorial: visuales, auditivas, olfativas, gustativas y táctiles, siendo sin embargo las más comunes las alucinaciones auditivas. En su obra poética, Panero se vale en repetidas ocasiones del sentido de la vista para plasmar su propia visión alucinada del mundo. En su libro Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul, se mencionan, por ejemplo, los siguientes versos que contienen vocablos que aluden al sentido de la vista, ya sea mencionando el verbo “ver” conjugado en diferentes tiempos y personas o nombrando al órgano de la vista, el ojo : “Oh, ved cómo alguien llama” (17), “sin ver nada, llorando” (18), “viendo como en una película” (40), “y los ojos se abren una vez más / para contemplar el fin del poema” (45), “cuando el amanecer nos ve / sollozando en la sombra por un ser que no ve” (65), “el enigma del rey de cuyos ojos se burlan” (71), “muerto y sus labios sólo veo / te veo a ti mi flor” (75), “Qué atroz es estar sin labios ni ojos” (76), y “ver ya sin alma habiendo vendido” (80).

            Sin embargo, también la mirada delirante del sujeto lírico en la obra de Panero puede rastrearse a través de la presencia de las imágenes poéticas, mismas que abundan en su producción literaria. Como es sabido, la imagen poética es una figura retórica que consiste en la recreación literaria de una sensación ya sea visual, olfativa, auditiva, etc., o en otras palabras, es una construcción verbal que origina una representación o imagen mental. Las imágenes poéticas visuales equivalen a usar descripciones para recrearle una escena al lector. Baste el siguiente texto incluido en Poemas del manicomio de Mondragón (1987) para ejemplificar lo anterior:

           

         Un loco tocado de la maldición del cielo

            canta humillado en una esquina

            sus canciones hablan de ángeles y cosas

            que cuestan la vida al ojo humano

            la vida se pudre a sus pies como una rosa

            y ya cerca de la tumba, pasa junto a él

            una Princesa (15).

 

El lector se imagina entonces al personaje del poema y visualiza su pobre condición humana. En un tono narrativo, el hablante destaca las peripecias por las que atraviesa el loco, y al final del texto muy posiblemente la princesa representa a la muerte. Contrario a la legibilidad de algunos libros de poesía de Panero, Teoría (1973) es un poemario denso, de una escritura críptica, hermética e intertextual en el que la voz poética utiliza diversos recursos que asemejan al habla esquizofrénica, como el uso de varios idiomas dentro de los textos, entre ellos el alemán, el latín, el francés, el inglés, el italiano, el griego, entre otros, la tangencialidad en el discurso y el descarrilamiento de ideas. Además, el hablante menciona dentro de los textos el nombre de varias drogas, tales como la morfina, el LSD, etc. Ya José Luis Campal Fernández ha descrito con veracidad la poética de Panero en su texto “Leopoldo María Panero, el último poeta maldito”:

 

El sujeto poético que habla en sus poemas desprecia la realidad inmediata, tangible, y con ello todo lo que ésta lleva aparejado, lo que le empuja en sus libros de los años 70 a desfigurar el lenguaje, introducir sintagmas y poemas enteros escritos en otras lenguas, insertar voces del argot del lumpen y crear códigos de comprensión y relación demasiado crípticos, propuestas asociativas ante las que el lector se siente desarmado.

 

Pareciera efectivamente que ese libro señalado con anterioridad, Teoría, hubiera sido escrito en un trance alucinatorio y delirante, o por lo menos bajo el influjo del alcohol o las drogas a las que era tan proclive el autor. Con su locura, su bisexualidad, su personalidad rebelde y actitud transgresora, su alcoholismo y drogadicción y sus experiencias en prisión en repetidas ocasiones, Panero encarnó a cabalidad la figura del poeta maldito de la poesía española de la última mitad del siglo XX, aunque a veces él no estuviera de acuerdo con esa denominación para su persona, incluso a veces también negaba su locura, ese estado mental que hizo de él, sin ninguna duda, un autor excepcional que buscó incansablemente en la escritura su propio yo. Una vida consagrada a la escritura poética fue la de Panero, quien es autor de un poco más de un medio centenar de títulos de poesía, pero además publicó obra narrativa y ensayística. Su trayectoria literaria se remonta a la infancia, según él mismo lo dice en entrevista:

 

Yo empecé a escribir poesía muy pequeño, cuando apenas sabía escribir, y me atrevería a decir que poco más tarde de aprender a hablar. Yo se las dictaba a mi madre. Recuerdo que eran muy amargas. No eran propias de un niño que empieza a vivir y a experimentar sensaciones. Daban la impresión de ser poesías hechas por una mente atormentada y muy amarga. Tenían también una carga de crueldad encima muy grande. Aún conservo los cuadernos donde los escribía mi madre y de vez en cuando las leo. Mis padres estaban bastante asustados por esto. Procuraron ocultar el asunto. Luego me volví muy cursi y escribía cosas muy tontas (citado por Fernández 51).

 

            Por la biografía de Leopoldo María Panero, El contorno del abismo, escrita por J. Benito Fernández, se sabe que a los 19 años de edad, el poeta comenzó a sufrir de períodos depresivos y a ser hospitalizado, teniendo algunos intentos de suicidio, el primero de ellos ingiriendo dos cajas de barbitúricos. En esa misma época, Panero inició también el consumo de la marihuana, pero luego llegarían otras drogas a su vida. Las alucinaciones, además de ser un síntoma clásico de la esquizofrenia, pueden ser causadas por el consumo de drogas, tales como la cocaína, la heroína, el LSD, los hongos alucinógenos, por mencionar sólo algunas. De las incursiones de Panero con las drogas, su libro Heroína y otros poemas (1992) es un claro testimonio. Compuesto en su mayoría por poemas muy breves, generalmente de cuatro versos, el poemario comienza con el siguiente epígrafe del mismo autor: “Tengo mi pipa de opio al lado / de un libro de metafísica alemana. / El tiempo, y no España, dirá quien soy yo”. Tal como lo señala Panero, el tiempo, juez insobornable, lo ha colocado finalmente en su sitio como uno de los mayores poetas españoles de la actualidad.

            Panero se apropia de la locura para subvertir en su obra literaria los discursos de poder en una sociedad franquista. Él mismo se refiere a la locura en un texto titulado “Acerca del caso Dreyfuss sin Zola o la causalidad diabólica (El fin de la psiquiatría)” que forma parte de su libro Poemas del manicomio de Mondragón. Según Panero: “La locura se puede definir, muy brevemente, como una regresión al abismo de la visión o, en otras palabras, al cuerpo humano que ésta gobierna. En efecto, la zona occipital, que regula el desarrollo de la visión, controla, según mi hipótesis, el cerebro, y el cerebro controla todo el cuerpo” (57). Nuevamente el concepto de la visión se relaciona con la locura. De este modo, a través de la portentosa imaginación de su obra poética en la que se muestra una cosmovisión delirante, Leopoldo María Panero transgrede el orden establecido de una España convulsa en su situación política y social.

            El poetiso, como se llamaba a sí mismo Panero, creó una obra deslumbrante desde los puntos de vista cuantitativo como cualitativo: tan sólo la cantidad de títulos publicados es en sí misma delirante, ya que toda su vida la dedicó a la escritura como su modo de estar y ser en el mundo; por otro lado y por la misma razón de haber publicado tanto, difícil resulta clasificar su estilo literario, por lo que puede decirse que su poesía difiere según el libro y la época en la que fue escrita y se nutre en general de los autores admirados o tan sólo releídos por el poeta, como son Artaud, Poe, Baudelaire, Mallarmé, Nerval, Rimbaud, Blake, Rilke, Elliot, entre otros. La poesía de Leopoldo María Panero, rica en imágenes poéticas visuales y en la que el sentido de la vista pravalece a lo largo de la misma de diferentes formas, recrea el fantástico universo interior de su autor y su percepción alucinante de la realidad, a través de un hablante lírico que la mayor parte de las veces es identificable con la peculiar voz del poeta.

 

 

 

Bibliografía

 

CAMPAL FERNÁNDEZ, José Luis (2014). “Leopoldo María Panero: El último poeta maldito”. ABC. Madrid. https://www.abc.es/cultura/libros/20140306/abci-leopoldo-maria-panero-poeta-  201403061058.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F [20.05.19].

KASANIN, J. S. (1958), “Palabras de introducción”. Lenguaje y pensamiento en la esquizofrenia. Trad. Abraham Apter, Buenos Aires, Ediciones Hormé.

PANERO, Leopoldo María (1999), El contorno del abismo: Vida y leyenda de Leopoldo María Panero. De J. Benito Fernández, Barcelona, Tusquets Editores.

---. (2004), Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul. Madrid: Hiperión.

---. (1987), Poemas del manicomio de Mondragón, Madrid, Hiperión.

PIRO, Sergio (1987), El lenguaje esquizofrénico. Trad. Carlos Martínez Moreno. México, Fondo  de Cultura Económica.

Publicado en Estancia del escriba
Etiquetado como

 

 

The Waste Land o el crepúsculo de los sentidos

Miguel Ángel Corral A.

 

Yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella, no me salvo yo.

José Ortega y Gasset

 

Son fragmentos de toda la cultura occidental y oriental. Son los trozos

de obras de arte que quedan después de la catástrofe. Pero es también

la eterna lucha del hombre de reconstruir lo devastado, de salvar lo

que se pueda del naufragio, de destruir y recrear.

Jaime Tello

 

 

La tierra desolada, La tierra baldía o La tierra estéril han sido los tres títulos más frecuentes que se han dado a las traducciones del ilustre poema The Waste Land, publicado en 1922 por el escritor americano y británico Thomas Stearns Eliot (Saint Louis, Missouri, 1888 - Londres, 1965). En la presente versión del inglés al español, se ha preferido la noción de esterilidad, en lugar de la desolación o el abandono, debido sobre todo a la imposibilidad de sembrar y cultivar los frutos de la humanidad, los cuales parecieran ser a veces nulos. Sin embargo, la sombra de la vida puede entreverse a lo lejos como otra forma de la esperanza.

A lo largo de este poema fragmentario, de un aliento tan extenso como polifónico, aparecen cinco episodios o apartados: 1) “El entierro de los muertos”; 2) “Una partida de ajedrez”; 3) “El sermón del fuego”; 4) “La muerte por agua”; y 5) “Lo que dijo el trueno”. En ellos puede apreciarse un mosaico habitado por personajes, figuras y símbolos de un interés remarcable. Y es precisamente dentro de los flujos simbólicos que dan vida a este poema, donde aparecen varias voces que nos muestran una tierra que es incapaz de engendrar vida. Entre ellos, deseo rescatar primordialmente dos aspectos: el primero es el resurgimiento de algunos caracteres de corte clásico-pagano ambientados en un contexto occidental moderno. Aunque también hallaremos ciertos influjos de realismo al vincular históricamente el texto al Periodo de entreguerras, y a los albores de la era siguiente. El segundo aspecto alude a una reconstrucción del significado a partir de apuntalar los escombros y remanentes de un “horror moderno”; tal vez, aquel mismo “horror” que Joseph Conrad vislumbró en El corazón de las tinieblas (1899).

 

¿Qué son las raíces que se arraigan, qué ramas crecen

De entre esos escombros pétreos? Hijo del hombre,

No puedes decir, ni imaginar, porque solo conoces

Un montón de imágenes rotas, donde el sol palpita,

Y el árbol muerto no abriga, el grillo no consuela,

Y en la piedra reseca no hay murmullos de agua.

Solamente

Hay sombra bajo esta roca roja

(Ven bajo la sombra de esta roca roja),

Y te mostraré algo diferente

De tu sombra que te sigue a zancadas por la mañana

O de tu sombra que en la tarde surge hacia tu

encuentro;

Te mostraré el terror en un puñado de polvo.

 

(Eliot, 21)

 

No hay raíz que pueda arraigarse, ni mucho menos hombre alguno, a manera de árbol, que pueda crecer sobre una pila de escombros que en realidad son imágenes rotas. Recordemos que uno de los aspectos cruciales de la filosofía aristotélica es la imagen sensorial que se forma a través de la mímesis (gr. mimeisthai; lat. mimesis: “imitación”), y que permite, a la vez, representar conceptos como una parte fundamental en el proceso del aprendizaje. No obstante, una imagen resquebrajada parecería no ser el espejo idóneo para reconstruir a un hombre que se busca más allá de lo ilusorio. Por ello, aparece como un “árbol muerto” que es incapaz de tener sombra propia, y, por ende, incapaz de dar abrigo y sombra a los demás. En este pasaje del “Entierro de los muertos”, sobresale la figura del árbol muerto, el grillo indiferente, la roca seca y roja, así como la ausencia del agua y de su murmullo; mientras que el Hijo del hombre se nos muestra como un ser incapaz de hablar o de imaginar, y, por ello, imposibilitado para poder crear. Delante de él yace un desierto y toda su soledad reducida a la imagen de un puñado de polvo (“a handful of dust”).

En “El entierro de los muertos”, Eliot habla acerca de un “horror” similar al que Joseph Conrad menciona en El corazón de las tinieblas: “Ciudad Irreal, / Bajo la parda niebla de una aurora de invierno, / Una multitud fluía sobre el Puente de Londres, / tantos, / que nunca hubiera creído que a tantos hubiera la Muerte deshecho”. Los soldados que alguna vez fueron abatidos en “el campo del honor”, ahora yacen muertos y putrefactos en el infierno de las trincheras. En adelante, jamás volverían a ser héroes, sino más bien una cifra anónima, o, en el mejor de los casos, un nombre grabado entre las millones de lápidas y tumbas dejadas por la barbarie y el horror tecnológico de la Gran Guerra (1914-1918). Esta evocación es uno de los mejores reflejos del horror como producto de la deshumanización. El locus amoenus, o “lugar idílico”, de ahora en adelante sólo existiría en la memoria y en las páginas de los hitos de la literatura.

En el apartado siguiente, “Una partida de ajedrez”, este signo sombrío se matiza con el tedium vitae (lat. “el tedio de la vida”) que nos sitúa en el hogar de un matrimonio moderno lleno de incomprensión y desencanto. Una escena donde el artesonado, el candelabro, las fragancias e, incluso, un Cupido de oro adornan la solitaria compañía y el lujo de fondo; asimismo, una estancia donde “las caricias no son reprobadas, pero tampoco deseadas”. En este hogar indiferente, a pesar del tiempo que llevan juntos, el marido se nos muestra como alguien incapaz de poder comunicarse con su esposa:

 

Bajo la luz del fuego, bajo el cepillo, su cabello

Se expandía en fieras puntas

Se iluminaba hasta hacerse palabras, y luego se

quedaba salvajemente quieto

Estoy mal de los nervios esta noche. Sí, muy mal.

No te vayas.

Háblame. Por qué nunca me hablas? Habla.

En qué piensas? Qué piensas? Qué?

Yo nunca sé en qué piensas. Piensa.

 

(Eliot, 33)

 

Esta imposibilidad entre los esposos de poder hablar uno con otra, y viceversa, refleja el vacío que todo lo abarca y neutraliza. Un amor entre fantasmales desconocidos que aunque duermen, despiertan y viven en la misma casa, nada tienen que compartir en realidad.

En el tercer apartado, “El sermón del fuego”, aparece el personaje principal de todo el poema: Tiresias, el profeta griego. Además de ser la voz del poeta en su propio discurso, es también la única figura que hace posible reunir la parte femenina con la masculina en un mismo carácter. Con respecto a ello, Gilbert Highet menciona en su célebre estudio sobre La tradición clásica que “el poeta es al mismo tiempo pájaro y profeta”: es decir que, por un lado, no podrá dejar de cantar afligidamente las notas que le dicta su pasión artística; y, por el otro lado, tendrá que pagar con la ceguera el don que le ha sido dado. Dicho de otra forma, su don de clarividencia será concedido al precio de perder la cordura junto al sentido común. De este modo, Eliot retoma dos personajes míticos que aparecen en las Metamorfosis de Ovidio: Filomela y Tiresias, o bien, el ruiseñor y el vidente (metamorfosis VI y III, respectivamente).

 

La metamorfosis de Filomela, por el bárbaro rey

Tan rudamente forzada; y sin embargo el ruiseñor

Llenaba todo el desierto de voces inviolables

Y continuaba cantando, y el mundo aún le persigue,

«Jug jug» a malévolos oídos.

 

(Eliot, 31)

 

El pasaje alude a aquella conocida fábula que nos cuenta el origen de la transformación de Filomela en ruiseñor. Pandión, antiguo rey de Atenas, dio su hija Procne al rey Tereo de Tracia como recompensa por los servicios que éste le había prestado. Luego de contraer nupcias, Tereo y Procne tuvieron como hijo al pequeño Hitys. Más tarde, impulsado por la lujuria y el deseo que sentía por su belleza, Tereo raptó y violó a la hermana de Procne, Filomela, y le cortó la lengua para que no le pudiera contar a nadie lo sucedido. Sin embargo, Filomela bordó la infame acción en una tela, por lo que le reveló a su hermana Procne la deshonra que su esposo había perpetrado en ella. Para vengarse y castigar a su marido, Procne mató al pequeño Hitys y se lo sirvió en un banquete durante la cena. Filomela y Procne huyeron de inmediato; enseguida, Tereo, enfurecido, salió a perseguirlas para darles muerte. Finalmente, y cuando ya estaba a punto de alcanzarlas, los dioses en un acto de compasión convirtieron a Filomela en ruiseñor, a Procne en golondrina y a Tereo en halcón. De este modo, aunque el ruiseñor debe ocultarse por las noches, durante el resto de los días canta su dolorosa pasión. El mito que nos cuenta el origen de la frágil ave canora es un preludio a la llegada del profeta Tiresias, quien como es sabido siempre aparece, inesperadamente, como la voz de una advertencia irrevocable:

 

Yo, Tiresias, aunque ciego, vibrando entre dos vidas,

Un anciano con arrugados senos de mujer, puedo ver

A la hora violeta, la hora del anochecer que nos

empuja

Hacia el hogar, y trae al marinero del mar a su casa,

A la mecanógrafa a su casa a la hora del té…

Yo, Tiresias, anciano de senos arrugados

Vi la escena, y predije el resto.

 

(Eliot, 47)

 

Tiresias ejemplifica tanto la desventura como la misericordia que los dioses conceden a los mortales. Recordemos que el profeta griego experimentó el amor en ambos sexos luego de ser convertido en mujer durante siete años; posterior y eventualmente, fue restituido a su estado de varón. Sin embargo, es curioso que esta doble conversión se origine de un pasaje en el que Tiresias al encontrar dos serpientes copulando, en el monte Citerone, decide herirlas con su báculo. Un simbolismo que nos hace recordar aquella vara dorada que Apolo dio a Hermes a cambio de su lira, para poner fin a una pugna entre los dos, a saber, el Caduceo. Éste es un instrumento con el que un Dios es capaz de equilibrar una lucha entre fuerzas cósmicas y antagónicas. No obstante, un simple mortal como Tiresias, sin ser privado de la vida, es convertido al sexo opuesto. Tiempo después, Júpiter hizo una apuesta con su esposa Juno para saber quién gozaba de mayor placer amoroso: si el hombre o la mujer. Tiresias fue elegido para ser el juez de dicha apuesta. Así, al afirmar que las mujeres eran quienes gozaban en realidad de un mayor placer, desfavoreció a Juno, y la diosa decidió castigarlo dejándolo ciego para siempre. No obstante, en un acto de misericordia, Júpiter al no poder deshacer el edicto de otro dios, le confirió el don para poder ver el futuro.

De acuerdo con lo expuesto por Gilbert Highet, la doble figuración del poeta, como pájaro y profeta, representa un motivo femenino marcado por la delicadeza y la vulnerabilidad. De hecho, el propio poeta (Eliot) se identifica con estas dos cualidades y las enfrenta, a su vez, contra un principio masculino basado en la brutalidad y la violencia. Ambas remarcan la crueldad y la indiferencia que han ensombrecido una parte de la historia, así como del avance tecnológico en el mundo moderno.

El penúltimo apartado, “La muerte por agua”, está asociado a la figura del dios ahogado que pertenece a los cultos de la fertilidad, a saber, Flebas. De acuerdo con la investigación de Jaime Tello, su nombre proviene del griego y significa “hinchado” (v. φλέω: “ahogar”, “inundar”), el cual suele asociarse a los poderes generativos de la fertilidad y de la naturaleza; mientras que otras derivaciones del vocablo lo asocian incluso con el dios Baco. El episodio en cuestión alude a un navegante fenicio de quien se desprende un aspecto interesante respecto a la mos, moris (lat. “costumbre”, “norma” o “moralidad”); de hecho, más que impartir una lección, sugiere un ejemplo abierto a la consideración del lector. Sin contar, además, que su brevedad y transparencia poética lo vuelven un pasaje excepcional.

 

Flebas el Fenicio, muerto hace quince días,

Olvidó el grito de las gaviotas, y el profundo oleaje

Y las ganancias y las pérdidas.

Una corriente submarina

Recogió sus huesos en susurros.

Mientras se elevaba y

se hundía

Pasó todas las etapas de su vejez y de su juventud

Entrando al remolino.

Gentil o judío

Oh tú que timoneas y a barlovento miras,

Piensa en Flebas, que fue una vez esbelto y bello

como tú.

 

(Eliot, 57)

 

El texto despliega un flujo de imágenes que giran en torno a un mismo eje temático: el tópico literario que puede apreciarse en el último verso, es decir, el memento mori, dicho de otra forma: “recuerda que has de morir”. Esta enseñanza no se reduce a la esfera de ninguna ortodoxia judía, más bien, se extiende a la esfera universal del género humano, desde luego, reflejado en la gentilidad pagana. El esbelto y bello Flebas solía entrar y salir de aquella vorágine donde la vida se diluía hacia la muerte. Como aquel célebre canto de Homero en el que Odiseo pierde al resto de su tripulación frente al remolino succionador de Caribdis.[1]

La última sección, “Lo que dijo el trueno”, como menciona Gilbert Highet acerca de Eliot y del poema, arroja una luz contundente y reveladora sobre la esterilidad como una de las condiciones de la época moderna. Apareció antes la figura del pájaro y del profeta: Filomela y Tiresias, unidos por el canto del poeta; la del joven navegante que entra y sale a su antojo por el vórtice de la vida y la muerte; y ahora aparecerá en el paisaje la voz del porvenir, revelada como una luz fulgurante que une al cielo con la tierra:

 

Después de la agonía en los lugares pétreos

Después del llanto y de la gritería

De la prisión y del palacio y de la reverberación

Después del trueno de la primavera sobre montañas

distantes

Aquel que estaba vivo está ahora muerto

Los que antes vivíamos estamos ahora muriendo

Con un poco de paciencia

Aquí no hay agua sino solo roca

Rocas y nada de agua, y el camino arenoso…

Aquí no puede uno pensarse de pie ni acostarse

ni sentarse

Ni siquiera hay silencio en las montañas

Sino el trueno seco y estéril sin lluvia.

 

(Eliot, 61)

 

En el canto final, el poeta vislumbra aquella luz del cielo, como los viejos arúspices de la antigua Etruria: sacerdotes que solían leer el destino de mujeres, hombres, y naciones a partir de la interpretación de los rayos. La ciencia celeste de los antiguos etruscos, mejor conocida como keraunoscopia, tomaba en cuenta el color de los rayos, la hora en que aparecían, el objeto fulminado y aun el daño que era causado por éstos. Incluso los objetos que, tras ser impactados, no eran calcinados en su totalidad, resultaban ser un signo que debía interpretarse. En su célebre Farsalia, el gran poeta Lucano da testimonio de este tipo de sabiduría.

 

Arruns dispersos fulminis ignes

Colligit et terrae maesto cum murmure condit

Datque locis numen.

 

(Bloch, 83)

 

“Arruns recoge los fuegos dispersos del rayo, los oculta bajo tierra murmurando sombrías fórmulas y pone esos lugares bajo protección divina”. A partir de esta versión, podríamos interpretar a Eliot como un arúspice de la modernidad. La figura del trueno fulgurante (lat. tonitrus, tonitrus) lo convierte en un vidente de su propio tiempo. Así, sólo quien comulga con el trueno y la naturaleza podrá ver, más allá de la estéril desolación del espíritu y el horizonte, el anuncio de la lluvia que habrá de volver al mundo:

 

En un relámpago. Luego un ventarrón húmedo

Trayendo lluvia

Ganga[2] estaba hundida y las blandas hojas

Aguardaban la lluvia, mientras las nubes negras

Se amontonaban a distancia, sobre Himavant.[3]

La manigua se agazapaba, encorvada en silencio.

Entonces habló el trueno…

 

(Eliot, 65)

 

La luz de la aletheia (gr. “desocultamiento”) ilumina tres senderos fundamentales que podrían restaurar la tierra ante la estéril desolación que la aqueja. Esta es la máxima revelación de todo el poema y el culmen que une a Occidente con Oriente a través de una gran metáfora. Así, el afluente metafísico del poema se trifurca en tres principios: Datta, Dayadhvam, Damyata (sánscr: “Dar”, “Compadecer”, y “Controlarse”, respectivamente). Sólo así podrá llegar a construirse la paz sobre los escombros de una Babel contemporánea.

 

Yo me senté en la playa

Pescando, con la árida llanura a mis espaldas

¿Pondré al menos mis tierras en orden?

London bridge is falling down falling down falling

down

Poi s´ascosse nel foco che gli affina

Quando fiam uti chelidon —oh golondrina

golondrina

Le Prince d`Aquitaine à la tour abolie

Estos fragmentos he apuntalado contra mis ruinas

Why then Ile fit you. Hieronymo´s mad againe

Datta. Dayadhvam. Damyata.

Shantih shantih shanthi.

 

(Eliot, 69)

 

El resurgimiento de estos motivos clásicos, ambientados ahora en un contexto deshumanizado, en un estado de orfandad espiritual, enajenación, guerra, genocidio, nuevas diásporas y fronteras, obedece a una fuga continua del significado. En esta parte del poema, el autor pareciera preguntar a su interlocutor, o sea nosotros como lectores: ¿cómo reanudar el significado y su posible reconstrucción sobre los escombros de una Babel contemporánea, inmersa en el horror moderno? Él mira hacia el Oriente para rescatar tres preceptos y vindicarlos dentro de una óptica propiamente occidental: darse a los otros, compadecerse y conquistar el dominio sobre uno mismo. Y aquí es donde Eliot, como el hombre en su tiempo, apuntala los fragmentos de una civilización deshecha para crear una nueva forma de concebir las cosas. Un significado multiforme y remozado, a manera de un mosaico, para poder enfrentar un porvenir ciertamente desconocido.

Finalmente, quisiera rescatar la enseñanza de aquel filósofo y teólogo hindú-catalán, Raimon Panikkar, quien hablaba sobre aspirar a un conocimiento más propio de la palabra latente, que al de la palabra encriptada en un libro. En la actualidad, enfrentamos una marea que día tras día arroja oleadas de cifras abrumadoras y desconcertantes. Por momentos, se confunde la excesiva información con el conocimiento: recordemos que los datos no son el objeto del saber; sino, más bien, los instrumentos epistemológicos que nos permiten aproximarnos a él, en tanto esbozo provisional de su naturaleza. En esta época, el lector tendría que considerar y elegir, con cierta precaución e interrelacionalidad, las palabras con las que decidirá abolir o construir nuevos significados. Como en su momento, Eliot decidió nombrar el horror y la esterilidad que le deparaba a la humanidad, a saber, un mundo desperdiciado.

Sin embargo, pese a la temática del poema, Eliot jamás encumbra el espíritu pesimista (como alguna vez pensó William Carlos Williams); por el contrario, él advierte a los lectores para que no se dejen envolver por las marismas de una realidad que resulta, muchas veces, tan seductora, como artificiosa y engañosa. Y como una voz que irrumpe con amainada gravedad nos advierte sobre un futuro posible, para salvarnos del naufragio, y poder construir una isla de significado en medio del desierto. Una isla construida con los fragmentos de las culturas del mundo: posiblemente, un arca simbólica. Y así tal vez volver a encontrar la justa pléyade que a cada quien le corresponde, como una ensombrecida coordenada que sangra con el tiempo, pero que jamás teme ni cede a su destino.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Bloch, Raymond. La adivinación en la Antigüedad; traducción de Víctor Manuel Suárez Molino. Segunda reimpresión, Fondo de Cultura Económica, 2014.

Diccionario Ilustrado: latino-español, español-latino. Vigésimo octava edición, LAROUSSE EDITORIAL, S.L. 2017.

Eliot, Thomas Stearns. La tierra estéril. Edición de Jaime Tello. 2.ª ed., VISOR LIBROS, octubre- 2016.

Highet, Gilbert. La tradición clásica: influencias griegas y romanas en la literatura occidental, II; traducción de Antonio Alatorre. Quinta reimpresión, Fondo de Cultura Económica, 2018.

Homero. La Odisea, Traducción: Felipe Ximénez de Sandoval. Editorial EDAF. Madrid, 1981.

Martínez Echeverri, Leonor; Hugo Martínez Echeverri. Diccionario de filosofía ilustrado. Sexta reimpresión, Panamericana Editorial Ltda., 2001.

 

[1] La Odisea, canto XII (“Las sirenas, Escila, Caribdis”).

[2] Ganga en el hinduismo es la diosa de la fertilidad y del río Ganges.

[3] Himavant. Alusión a las antiguas creencias aryanas sobre la fertilidad.

 

 

 

Miguel Ángel Corral A. (Ciudad de México, 1987).

Poeta y ensayista, autor del libro: Bajo la sombra del eclipse (Ediciones el viaje, Gdl. Jalisco, 2016), y de la plaquette: Réquiem a un ángel desleal (Varrio Xino, Gdl. Jalisco, 2016).

Para él la poesía conlleva una revelación estética del Ser donde los enunciados, sean en prosa o en verso, se convierten en testimonio de su presencia, y, paradójicamente, en un tipo de comunión silente que acontece entre el signo y la vida misma.

Actualmente, estudia la licenciatura en Lengua y Literaturas hispánicas por la UNAM; es miembro del Centro de Formación Humana Interdisciplinar; coordinador y cofundador del círculo de estudio ante la poesía: El Ojo de Faetón; y es bachiller en Ciencias Químico Biológicas por parte de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Publicado en El Ojo de Faetón
Etiquetado como

 

 

Novelas underground

del sida en México

 Eriko Stark

 

 

Imagina historias donde encuentran la cura del sida, imagina proyectos secretos patrocinados por el gobierno para tratar el virus con imanes, imagina que una de las pocas novelas donde el amor homosexual triunfa se debe al VIH…

Ahora imagina que todos estos libros nunca fueron leídos, todos y cada uno de ellos terminaron en la basura o en las librerías de segunda mano debido al miedo, al horror de ser señalado como un sidoso por tenerlos; ir a una librería y comprarlos era igual que ser diagnosticado con VIH, por ese motivo, las personas se congelaron, se permitieron degradar en los horrores de la enfermedad; muchos, prefirieron morir antes que informarse, antes que confiar en la ciencia.

Existe una literatura underground del sida en México. Desde 1990 se comenzaron a publicar una cantidad interesante de novelas, libros educativos, ensayos científicos y también textos alucinantes donde se encontraban supuestas curas para erradicar el virus y también la homosexualidad.

Sin embargo, esos libros quedarían olvidados debido a que no fueron leídos por miedo, por falta de tiempo y por el enorme estigma que representaban; su existencia generaba rechazo, también odio por parte de la sociedad donde se crucificaban condones y hacían quemas públicas de homosexuales acusados de sidosos. Por otra parte, las editoriales no se atrevían a publicarlos por miedo o sus tirajes eran muy pequeños; no existían campañas publicitarias y la gente se informaba literalmente en antros, bares, obras de teatro, así como en pequeños grupos de resistencia.

La respuesta tardía de los activistas influyó mucho ya que ellos se convirtieron en enfermeros de todos esos pacientes a los cuales nadie quería ver, enfocando sus esfuerzos en aprender a cuidarlos, en calmar sus malestares y en su momento, darles eutanasia de manera clandestina e ilegal.

Hoy, las investigaciones narrativas sobre el VIH han dejado desplazados todos estos libros debido a la falta de investigación, búsqueda y acceso. Todos los títulos, aproximadamente entre 40 a 60 obras estuvieron enfocadas en cinco temas principales: informar sobre el virus, autoayuda y tanatología (aceptar que si tienes VIH-sida, vas a morir), prevenir el virus, explicar el virus (¿qué ocurrió con el virus a México?) y testimonios (las vidas lloradas).

Estos temas perduraron hasta el año 2000 con la llegada de un nuevo siglo y también con la evolución de nuevos antirretrovirales que acabarían con estos episodios de inevitable muerte. Para poder entender la llegada de estas novelas es preciso explicar el contexto del sida en México.

***

El expresidente Miguel de la Madrid reconoció públicamente la llegada del sida en el año de 1985 con 32 casos confirmados, sin embargo, el primer registro documentado en nuestro país fue en 1983 en el Instituto Nacional de Nutrición. Gracias al tiempo y a los rastreos epidemiológicos que hoy formulan nuevas teorías sobre la llegada del sida a Estados Unidos podemos decir que, en México, el virus de inmunodeficiencia humana tuvo su origen entre 1975 a 1978, tiempo suficiente para que el virus desatara una cadena de infecciones. Hasta fecha no existen investigaciones certeras sobre un rastreo del virus en México, sin embargo, esto nos ayuda a ubicar la existencia de novelas que ya estaban desarrollándose ante la respuesta tardía de las instituciones y los medios de comunicación.

***

Parece ser que la primera novela sobre el sida en México fue “El HOMOSIDAcom” del escritor Oscar Brondo, publicada en 1990. La historia es una ficción que habla sobre la evolución de una raza que se enfrenta a una enfermedad antigua llamada “Sida”. Mientras esta novela fue publicada en Tabasco otra novela extranjera ya estaba circulando en el país. “Más allá del sida” (1989) de George E. Melton y Will García es una narración autobiográfica y de autoayuda sobre dos hombres que deciden enfrentar el virus a toda costa. Emprenden un viaje a México para buscar medicinas y reflexionar sobre la llegada del virus. Su decisión es prolongar sus vidas hasta el límite de la resistencia humana.

Después, el escritor Alberto Sánchez publica “Sueños de piel caliente. El testimonio veraz y descarnado de un gay con Sida”. (1995). Esta novela es la historia de un chico que narra el inicio del VIH en Zamora, Michoacán. La historia inicia en una fiesta gay de un pueblo que permite ver otras historias, todas expuestas en la vida nocturna y la homosexualidad en México. El virus es incurable, no hay forma de sobrevivir, es por eso que los gays llevan sus vidas al camino de la destrucción hasta el grado de cometer suicidio para no caer en estado de enfermedad total, dando un recordatorio a las futuras parejas y chicos que salen del clóset, haciéndoles recordar que su destino puede ser el mismo si no aman honestamente, confían o se apoyan los unos a los otros sin traicionarse.

Para 1996, la escritora Edmée Pardo se convierte en la primera mujer en abordar el tema del VIH a través de una historia cómica y sentimental que cuenta la vida de una chica que vive con la incertidumbre de haber contraído el virus. En esta novela corta somos testigos no solo del humor y la sinceridad que habita en nuestra protagonista sino en la decisión de aceptar el virus y vivirlo con dignidad. Esta historia se genera un cambio, por primera vez una mujer habla del tema desde una perspectiva más relajada y consciente, nos regala un mensaje de prevención sin caer en cruces morales, un mensaje positivo y enternecedor.

Para este momento los libros informativos se convirtieron en la primera línea de defensa ante el virus, su principal objetivo era explicar las vías de transmisión y cómo prevenirse a través del uso del condón. Sin embargo, ya se estaban publicando ensayos e investigaciones en contra de los sectores conservadores que satanizaban el uso del condón.

“Cómo propagar el sida. Conservadurismo y sexualidad” es una investigación de Edgar González Ruiz publicada en 1994 donde expone los movimientos de ultraderecha que hacían movilizaciones en contra del aborto, la homosexualidad, el uso del condón y la educación sexual; estos movimientos empeoraron la situación del virus llevándolo al extremo de decir que “solo los homosexuales se contagiaban de sida” (sic); motivo por el cual se hicieron campañas para prohibir el uso del condón y prohibir la educación sexual. Uno de los partidos que apoyaron estas campañas fue el PAN (Partido Acción Nacional).

Este error de estigmatizar a los homosexuales como únicos portadores le costó caro a la sociedad. Las trasfusiones de sangre contaminada a niños y el incremento exponencial en mujeres portadoras de VIH por parte de sus parejas que eran infieles tuvieron un impacto mediático doloroso. Los ensayos e investigaciones sociales se convirtieron en la manera más sensata de hablar sobre las mujeres (el primer caso documentado de una mujer con virus de inmunodeficiencia fue en 1985, caso que ayudó al expresidente Miguel de la Madrid a hacer pública la existencia del VIH-sida).

En 1998 se publica “Una Pareja Serodiscordante” del escritor Alain Blanchard Goicochea. En esta historia es la segunda parte de una trilogía documentada en tres etapas: la búsqueda del amor homosexual (el primer libro llamado “Mi peregrinar”), vivir una relación amorosa con una persona que vive con VIH y el luto amoroso al perderlo (la tercera novela: “Alfredo. Amor Eterno”) publicada en el año 2000.

***

Para la entrada del nuevo siglo ya estaban publicadas cinco de las obras más importantes del sida en América Latina: “Antes que anochezca” (1993) de Reinaldo Arenas, “Loco afán: crónicas de sidario” (1996) de Pedro Lemebel, “Un año sin amor” (1998) de Pablo Pérez, “Salón de belleza” (1999) de Mario Bellatin, “Poesida” (se publica en el año 2000, sin embargo, esta obra fue concluida en 1996. Escrita desde la poesía) de Abigael Bohórquez.

En 2001 llega la obra más leída y más reseñada sobre el sida. “El desbarrancadero” de Fernando Vallejo. Esta novela nos ayuda cerrar una etapa narrativa y abrir otra. ¿Mientras estas novelas sobresalían convirtiéndose en referentes del sida, qué ocurría con la narrativa underground?

En el año 2000 se publica “Sida en el año 2010” de Luis Arcaraz. En esta ficción se descubre la cura del sida gracias a la evolución humana; todo parece un milagro hasta el momento en que una horda de enfermos destruyen las instalaciones y asesinan al hombre que tiene la cura. Con el tiempo, los doctores descubren a nuevos superhumanos, pero las ambiciones de terribles mafiosos llevan a asesinar a otro ser milagroso. Es aquí cuando descubren que la cura solo actúa bajo una transfusión sanguínea, motivo por el cual el doctor escapa con sus mutantes y se enconden en una caverna para crear una nueva civilización.

“Sida. Testimonio de una madre” (2003) son las memorias de Rosa Feijoo dedicadas a su hijo quien murió de sida. Aquí, el testimonio de una mujer se convierte en un acto primordial porque es la madre la que narra, dándonos la oportunidad de entender el virus gracias a la voz familiar.

Es momento de saber qué ocurre con las mujeres portadoras de VIH. La periodista Lydia Cacho escribe una novela sobre una mujer víctima de la infidelidad de su marido. Al convertirse en portadora sus defensas de destruyen demoledoramente enfermando de un cáncer incurable. Narrar su muerte se convierte en un primer testimonio poético a las mujeres, por fin las mujeres hablan desde su cuerpo enfermo en “Muérdele el corazón”, escrita en 2006.

***

Por otra parte, la narrativa tuvo casos totalmente opuestos como el del escritor Carlos Cuauhtémoc Sánchez con su novela “Juventud en éxtasis. Joven en libertinaje” publicada en 1994, obra que se popularizó en los dos mil y fue utilizada como manual educativo para promover una sexualidad sana a estudiantes de secundaria bajo un discurso moral donde las personas con VIH se convierten en peligros de nuestra sociedad. Justo en ese momento la educación sexual de las escuelas en México comenzaron a promover la película “Punto y aparte” (2002). Un filme del director Francisco del Toro quien expone las consecuencias espirituales del aborto e incita a las mujeres a no cometerlo. Otro producto promovido fue la novela “Cañitas” (2002) del escritor Carlos Trejo en donde los temas paranormales nos permiten ver un incidente documentado en los ochentas donde varias personas pierden la vida al invocar espíritus. La novela está escrita con profundos tintes machistas donde el mismo espectro sabe utilizar el lenguaje homófobo.

Pero el caso más alucinante fue el libro escrito por el doctor Isaac Goiz (a quien se le debe dedicar una investigación especial). “El sida es curable” fue publicado en 1993. En esta investigación científica se encuentra la cura del VIH-sida gracias al uso de imanes o mejor conocida como La terapia Biomagnética, donde se somete al paciente a energía electromagnética para generar una vibración positiva en el cuerpo. La investigación no solo fue llevada a la práctica, El doctor Isaac comenzó a enviar cartas al presidente Ernesto Zedillo Ponce de León para la pronta creación de un departamento de investigación. Lo más absurdo es que estuvieron a punto de experimentar con personas, sin embargo, las autoridades médicas denunciaron al doctor Isaac quien continuó sus investigaciones en otros países de Latinoamérica.

***

Esta es una pequeña muestra de cómo la narrativa empieza a evolucionar desde un pequeño susurro, a pesar de no ser todas las novelas, los temas se desarrollaban bajo una misma inquietud, recuperar el valor a la vida de una manera justa.

Hoy, comienzan a publicarse las memorias de personas adultas que sobrevivieron al virus, personas que encabezaron la lucha contra el sida desde el activismo y las memorias ocultas de muchos sujetos que no sobresalieron, pero ayudan a encajar las partes de una historia que hasta el momento no tiene existencia ni conciencia social.

 

 

Publicado en Los Hombres del Alba

LOS SIETE TITANES CULTERANOS:

APROXIMACIÓN A LA DISIDENCIA

DEL ESPACIO POÉTICO 

/ José Miguel Lecumberri /

 

  1. El laberinto sonoro

“... Por eso también los libros

sagrados están escritos en lenguaje ritmado, lo cual, como se ve, hace de ellos otra

cosa que los simples “poemas” en el sentido puramente profano del término que quiere

ver el prejuicio antitradicional de los “críticos” modernos; y, por lo demás, la poesía no

era originariamente esa vana “literatura” en que se ha convertido por una degradación

cuya explicación ha de buscarse en la marcha descendente del ciclo humano, y tenía un

verdadero carácter sagrado.”René Guénon- El Lenguaje de los Pájaros

 Como afirmara Gastón Bachellard, el poeta “habla en los umbrales del ser”, ese ser que para Hegel es la Nada: “El hombre es esta noche, esta Nada vacía…”*, ¿y el poeta?, portavoz quizás, del silencio infranqueable “es la noche del mundo que se presenta ante nosotros”*

 En este contexto, Ernesto Fernando Iancilevich, al hablar de los cinco niveles ontológicos de la poesía, inicia preguntándose, no sin cierto recelo: ¿Qué es poesía?, como parte del mundo fenoménico Iancilevich la hurga, encontrándole cinco principios de ser en sí:

Así, la poesía, en su aspecto fenoménico, aparece en cuatro niveles ontológicos: 1) lingüístico (acontece en la lengua), 2) literario (se ubica como género en la literatura), 3) histórico (se sitúa en la historia de la literatura), 4) crítico (interroga su propio hacer). Por cierto que el cuarto estadio no excluye los tres precedentes, sino que los conserva y proyecta, al modo de interrogación provisional, en su ir hacia la visión.

 […]El quinto grado ontológico de la poesía es el metafísico; allí acaece cognoscitivamente en la visión.1 Como representación en el mundo, la poesía es ante todo la revelación de la paradoja de identidad entre el ser y la nada. Con base en lo anterior, resulta indispensable que, antes de ahondar en el análisis de Espacio en Disidencia, aclaremos estas dos cuestiones principales: ¿Qué es poesía? Y, por consiguiente: ¿Es poesía aquello que los siete titanes han publicado?

 De todo el universo teórico, que intenta desde varias perspectivas brindar una concepción adecuada de la poesía, para efectos de este breve ensayo, tomaré la senda, como ya se podía adivinar desde sus primeras letras, de la poesía como fenómeno cultural, como un movimiento del espíritu humano que se manifiesta y revela a los sentidos en la forma sublime de la melodía y la armonía, y no tanto como ese mero ejercicio de lirismo arbitrario, al que nos han acostumbrado, a una especie de parodia poética, que circula indiscriminadamente en las esferas oficiales de la cultura. Antes de dar un concepto de poesía, quiero referirme a la advertencia que José Lezama Lima escribió en su diario, en el sentido de la inaccesibilidad de la poesía como conceptualización meramente racionalizada, y los peligros de intentarlo:

 Cuidado con la filología [...] Pudiera pensarse que el objeto último

de la filología es el intento diabólico y perezoso de definir la poesía.

Hay en esa ciencia la obstinación diabólica de querer hundir un alma.2 Sin perjuicio de lo anterior, y en el entendido de que este no es un trabajo de investigación sino un ensayo, es importante dar cierta luz sobre el criterio específico a usarse para dar mi concepto de poesía, por ello recurro a la definición que en su deslumbrante y breve texto El parásito de los poetas, Emil Cioran nos brinda sobre el poeta:

 En esto reconozco a un verdadero poeta: frecuentándole, viviendo largo tiempo en la intimidad de su obra, algo se modifica en mí: no tanto mis inclinaciones o mis gustos como mi propia sangre, como si una dolencia sutil se hubiera introducido en ella para alterar su curso, su espesor, su calidad. Valéry o Stefan George nos dejan allí donde les abordamos, o nos vuelven más exigentes en el plano formal del espíritu: son genios de los que no sentimos necesidad, solo son artistas. Pero un Shelley, pero un Baudelaire, pero un Rilke intervienen en lo más profundo de nuestro organismo, que se los apropia como lo haría con su vicio. En su proximidad, un cuerpo se fortifica, y luego se ablanda y se desagrega. Pues el poeta es un agente de destrucción, un virus, una enfermedad disfrazada y el peligro más grave, aunque maravillosamente impreciso, para nuestros glóbulos rojos. ¿Vivir en su territorio? Es sentir adelgazarce la sangre, es soñar un paraíso de la anemia, y oír, en las venas, el fluir de las lágrimas...3

 Un poeta, alguien que hace poesía, es pues ante todo un “agente de destrucción”, luego entonces se infiere que, al menos para el pensador rumano, la poesía es destrucción, ¿pero qué clase de destrucción sería esa? La poesía es tal vez como esa “noche oscura del alma” que los místicos describían de la siguiente manera:

 En esta noche oscura comienzan a entrar las almas cuando Dios las va sacando de estado de principiantes, que es de los que meditan en el camino espiritual, y las comienza a poner en el de los aprovechantes, que es ya el de los contemplativos, para que, pasando por aquí, lleguen al estado de los perfectos, que es el de la divina unión del alma con Dios.4

 Tal vez y como sugirió Pablo Picasso, en clara referencia a las antiguas tradiciones orientales: “todo acto de creación es en primer lugar un acto de destrucción”, la poesía destruye y, a diferencia del arte, la poesía interviene no sólo en el sentimiento, en la formalidad del espíritu, sino que conmociona los cimientos de su existencia y conduce, con la ternura de una madre enloquecida por su propia belleza, a un estado de videncia, que sólo es posible lograr por medio de las palabras como materia prima de la conciencia, esa misma que el demiurgo trabajó a partir del barro primigenio, la palabra es pues fuente, emanación de luz que se proyecta en el instante y conduce a la eternidad por las venas putrefactas del tiempo, la poesía es la imagen de aquello que sólo es posible para el hombre, aprendiz de divinidad.

 Tal y como Rimbaud la concebía, la poesía es ese “largo, inmenso y sistemático desarreglo de todos los sentidos”, donde el espejo queda inmaculado, para siempre puro, libre de reflejos donde el ser y la nada se identifican en toda su plenitud.

 Aquí, se aprecia un complejo juego de forma y fondo, de estructura y contenido en el cual la poesía se va desarrollando. La poesía es un camino fuera del espacio y del tiempo, una primera referencia de la desintegración del cosmos, ejercicio de contemplación que nos conduce a un irrefrenable asombro de la Nada, a una inactividad y a una falta de potencia vital por virtud de la cual, se llega al “Misterio de todos los misterios/Llave de toda mudanza”5

 La poesía es de los pocos objetos sagrados que aún perduran, a través de ella, las eras imaginarias quedan testificadas, grabadas para siempre en música y silencio, en un laberinto eterno de diáfanos simbolismos.

 

  1. Los ídolos de cobre sobre el río

 

“Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa dicen que soy poeta..., cuando no porque iluso suelo rimar –en verso de contorno difuso- mi viaje byroniano por las vegas del Zipa...,”

                León de Greiff

 Tras aceptar el encargo que me fue conferido, respecto a la elaboración de un ensayo crítico sobre una antología de siete poetas mexicanos de mi generación, titulada Espacios en Disidencia, una incierta emoción me afectó profundamente. Me había colocado en una posición de dilema doble, por un lado la inevitable vanidad y el escepticismo receloso que la enmascara, como a una rosa, por otro lado, la rasgadura del velo, es decir, el deber de limpiar la vista por la “fuerza del conocimiento” como diría Nietzsche y así, a la manera de un cabalista medieval hacer guematria, sopesando cada adjetivo al medir las redes rítmicas y diseccionar sintagmas hasta conseguir el núcleo lleno de vida, que es la verdad poética.

 De esta forma, la misma noche en que recibí el texto aludido coeditado por Editorial Praxis y Ediciones Velamen, comencé a darle una primera lectura de aproximación. Para grata sorpresa de mi ego, desde los primeros versos que leí comencé, poseído por una tristeza de asbesto, impermeable al aciago fuego, a notar la pobreza del lenguaje, lo tropezado del ritmo y la falta, por no decir ausencia, de contenido en los poemas. Me tope, con patéticas plegarias de ateos.

 Pese a que más adelante en este trabajo, describiré el análisis efectuado a los poemas, puedo adelantar, a manera de ejemplo y a la vez fundamento de estas tan abruptas aseveraciones, lo siguiente:

 “Confundido, iluminado

Descendiendo del tiempo

Como alguien que se hunde en la marea

Al fin soy

Al fin descanso

Al fin me tengo

Al fin me entiendo

Al fin suspiro con un beso

Ya muy lejos de mi cuerpo.”

                                                      Leopoldo Lezama. “Canto Metafísico”

 

Ejemplos como el anterior abundan en la antología. Dulcemente agraciados con las más altas cualidades de los poetastros oficialeros: excesivo uso y abuso de los gerundios, arritmia, lugar común recurrente hasta el asco, divismo, cursilería posromántica y una generosa ración de mensajes obtusos y vacíos. Cito:

 “La vida ha sido amar con el amor de los ciegos. Escribo en el silencio. Miro la lluvia que nunca pasa, en la ventana. Mi padre no se pudo ir a la guerrilla porque tenía el pie plano…”

                  Rafael Mondragón. Cuarto Fragmento.

 Pirotecnia literaria, verborragia que no llega siquiera a ser infecciosa, sino simple y llanamente sosa, fragmentos tan reveladores y hermosos como aquel canto escolar que dice: Juanito tiene una pelota redonda.

Una consecución de ripios sonoros, que en lugar de musicalidad, provocan cierto extrañamiento de la razón que confundida, deriva casi irremediablemente en la desidia, y al fin, en el desentendimiento de la obra. Por ello, es imperativo cuestionar no sólo al autor y a la obra, sino también a quienes tenemos la desgracia de pasar nuestros ojos por sus páginas. ¿En dónde se ubican estos siete titanes con sus voces desplomadas del Olimpo? ¿En qué espacio ontológico anidan estas lívidas urracas con pretensiones de cuervo?

 Para Leopoldo María Panero, quien a pesar de estar recluido en una institución de “salud mental”, parece ser la potencia poética más lúcida de estos días, el poema es “el dios más siniestro que existe”6, en este sentido, este dios extranjero, peligroso, matemático e indiferente que uno execra del alma como prueba de una existencia que se presupone vacía, como un cadáver anticipándose a la propia muerte, presupone un cierto desequilibrio, una debilidad enfermiza por la autodestrucción, cuando no un divismo, una exagerada megalomanía, la cual sólo puede producir composiciones tan lamentables como la que a continuación cito:

 “Una flor, fingiendo

Se jacta desde el aire:

La mariposa”

                            Luis Téllez. “Una Flor, Fingiendo…”

Respecto a este poema de Luis Téllez, se puede decir por ejemplo, que es un vergonzoso intento de imitar la poesía japonesa, con una pretendida profundidad que a fin de cuentas se evidencia más bien como una estructura vacía, pétalos sin flor, pues no sólo se limita a ser poco original, sino que más aún, se convierte en menos que el polvo de la sombra de piezas tan maravillosas, como la que a continuación me permito citar:

 “¿Una flor caída

volviendo a la rama?

Era una mariposa.”

Îo Sógui

 

Ciertamente la culpa no es del todo de quienes publican estos textos, sino de aquellos que, jactándose de su calidad de académicos o eruditos, les permiten publicar textos que debieran de ser sólo ejercicios personales para el perfeccionamiento del oficio. Lo anterior, es aún más grave en tanto que siendo conocedores de las letras hermosas, patrocinaran la publicación de estos ensayos, como si fuesen la labor de poetas con oficio, seguramente sus intenciones para con estos jóvenes poetas, no han de ser cien por ciento literarias, de otra forma ¿porqué bautizarían con su hedionda saliva negra a este infortunio literario? Parafraseando a Edgar Allan Poe: sólo vale la pena escribir cosas nuevas, o escribir de cosas viejas de nuevas formas.

 Ahora bien, analizaremos algunos de los textos de esta antología, a la luz del método de las Redes Rítmicas, el cual pretende desenterrar el núcleo del poema, es decir el paradigma que contiene lo que realmente el autor quiere decir, a través de la detección del ritmo y las palabras acentuadas, ubicando los acentos de calidad en cada verso. Asimismo, también muestra la técnica de composición, la armonía y la melodía, las rimas y, en este caso, por tratarse de versos blancos, el metro, que da la cadencia a los poemas:

 

I.- “(9/11)” de Iván Cruz:

1Con / qué / cer / te / za 5 A: 2, 4

2Nos / en / ca / mi / na / ban / al / ma / ta / de / ro, 11 A: 1, 5, 10

3Con / qué ab / ye / cta / pa /cien / cia 7 A: 2,6

4Con / su / mie / ron / ge / ne / ra / cion / es 9 A: 3, 8

5Y o / ri / na / ron / a / nues / tros / muer / tos. 9 A: 3, 8

6Hoy, / la a / bun / dan / cia / de / sus / cer / te / zas, 10 A: 1, 4, 9

7La ab / yec / ta / pa / cien / cia / de / sus / le / gio / nes 11 A: 2, 5, 10

8Se / mi / de en / el / rau / dal / de / sus / es /com / bros. 11 A: 2, 6. 10

II.- “Los Gatos” de René Morales:

1Por / que / soy / lib / re 5 A: 3, 4

2Te in / vi / to a / co / rrer / a / los / te / ja / dos 10 A: 2, 9

3A / co / mer / tór / to / las, / a / ver / quien / se a / ho / ga / pri / me / ro / con / las

[17 A: 3, 4, 8, 9, 11, 14

4plu / mas / en / la / gar / gan / ta 7 A: 1, 6

5Te in / vi / to a / la / mer / nos / los / lo / mos 8 A: 2, 5, 8

6A ha / cer / el / a /mor / con / do /lor, / co / mo / lo ha / cen / los / ga / to

[15 A: 2, 5, 8, 11, 14

7A / mau / llar / has / ta / que / se / nos / re /vien / te / la / gar / gan / ta 15 A: 3, 10, 14

III.- “5” de Luis Paniagua:

1El / dí / a 3 A: 2

2Vis / te / la / tran / qui / li / dad 7+1 A: 1, 7

3Co / mo un / a / bri / go 5 A: 2. 4

4Al / am / pa / ro / del / cual 6 A: 3, 5

5Llo / viz / na 3 A: 2

6Y / nos / sal / pi / ca 5 A: 4

7(co / mo / con / tra un / mu / ro) 6 A: 5

8la / de / ses / pe / ran / za. 6 A: 5

IV.- “1” de Alberto Trejo:

1De / be / ser / la / ven / ta / na a / bier / ta, 9 A: 1, 3, 6, 8

2son / ri / sa / del / ár / bol / que / se hi / zo / pri / ma / ve / ra; 13 A: 2, 5, 8, 12

3o es / ta / sen / sa / ción / de / noc / tur / na / car / ne, 11 A: 1, 5, 8, 10

4o el / sa / bor / a / dis / tan / cia / de / los / o / jos / que / re /cuer / dan,

[15 A: 3, 6, 10, 14

5o la / len / ta a / go / ní / a / de u / na i / ma / gen 10 A: 2, 5, 9

6que / no / ter / mi / na / de / mo / rir 8+1 A: 4, 8

7lo / que / vie / ne 4 A: 3

8to /dos / los / dí / as 5 A: 1, 4

9al / ca / fé / de / las / ma / ña / nas. 8 A: 3,7

 

Como se dice popularmente “al buen conocedor, pocas palabras”, los textos número I, II y II ni siquiera pueden considerarse poesía, son prosas a renglón cortado, no existe la más mínima noción del verso libre, ni por asomo se les puede dar una lectura rítmica, los acentos están acomodados de formas tan arbitrarias que los “versos” carecen de toda musicalidad. No vale la pena siquiera que profundicemos en el estudio de estos deplorables pasajes.

 Por lo que hace al texto número IV, es evidente que Alberto Trejo asistió siquiera a alguna de sus clases, ya que el suyo, es un poema que cumple los criterios del verso libre, aunque ciertamente en los tres últimos versos, el ritmo se cae por completo.

 Por lo que hace al estudio de fondo de este poema, llama la atención de forma especial el tema, cliché de la melancolía, aquella carne nocturna, aquellos ojos recordados, la imagen que aún entra por la ventana abierta, el medio morir y la rutina previsible del café. Con una sobrada ingenuidad simbolista, el fondo de este poema lo podemos encontrar en un sin fin de cantos populares. Extraña forma esta de hacer “poesía culta”, componiendo una cursi balada estilo Ricardo Arjona, disfrazando todos sus lugares comunes con versos de arte mayor. Alberto, no te confundas, lo tuyo son los octosílabos trovescos.

 

  1. La antipoesía como un fracaso del espíritu

 

“¡Ah, preocupaciones de los hombre!

¡Ah, qué gran vaciedad hay en las cosas!

‘¿Quién leerá esto?’ ¿A mi me dices tu eso? Nadie, por Hércules.

‘¿Nadie?’ O dos, o nadie. ‘¡Vergonzoso y compasible!’ ¿Por qué?...”

Aulo Persio Flaco

"Cállate o di algo mejor que el silencio."

Pitágoras de Samos

¡Vaya profanación!, la de estos titanes. Momificando en el lugar común, el cuerpo ya tantas veces resucitado de la inspiración. De vez en cuando es saludable comer carroña y vomitar plumas de pavo real, según la más pulcra exégesis sobre la poética de Carnero. Quienes realmente nos dedicamos al oficio de unir y desunir palabras, de modificar la esencia escondida con las diferentes posturas del nombre permanente, sabemos que la fama no la merece nadie, y que la Historia, ese Leviatán afeminado, conoce a quienes “están hechos para el látigo” como diría Baudelaire al desnudar su corazón, y golpeará, no por justicia sino por capricho.

 La poesía no es recomendable para quien busca la gloria, la fama o riquezas, pues es el viaje de uno con su propio cadáver a cuestas, la poesía debe revelar el no-ser como única verdad posible, como aquello hacia lo que todo ser tiende y en lo que el universo entero acabará, la poesía es un Nirvana terrorífico, porque es posible llegar a ella en cualquier estado mental, ese es su peligro, una receta infalible para el insomnio perfecto.

 En este espacio yo sólo veo una disidencia, sin excepción, los siete autores renuncian a la poesía y se adhieren a aquel ya caduco movimiento de antipoesía que ciertamente hoy es por demás anodino. La matemática precisa a la que responden el ritmo, el metro y la sintaxis, aún en el verso libre y en el verso blanco, estos dos últimos que supuestamente son trabajados por los titanes, aunque a veces parecen indecisos sobre este punto al grado de perder en ocasiones los estribos y coquetear con la prosa sin un sentido aparente de las proporciones poéticas ni del aliento, ese que provoca la asfixia, en última instancia, la música del poema. Así, la ausencia de esta labor de medidas y cuentas de las sílabas y los versos, de fonemas y de acentos, parece no alterar el firme propósito de los titanes de escribir poesía, de colocarse como ídolos adentro del lecho del río y cortar su cauce.

 Así, esta poesía culta que pretenden hilvanar los siete titanes en laberínticas ramificaciones, no puede ni siquiera ser considerada parte de esa carga renovadora, de esa verdadera actitud de exploración de los rojas raíces del insomnio intelectual, cuando se cae por falta de talento, o lo que es peor, por falta de dedicación, en tantos ecos de silencios mal ubicados, en tantos derroches de imágenes desarticuladas y naiff, donde el lenguaje poético no es más un ordenamiento de lo enigmático, a la manera de pensar de Borges, sino una simple estructura de perdición, donde quien escribe es el último en disiparse, pues ni siquiera él está presente en su propio engendro.

 Espacios en Disidencia, es un ciego testigo más de la ignominiosa actitud de un statu quo que ha encontrado la fórmula de acallar el espíritu revolucionario, regalando puestos y oficinas de mediocre gestión, y ya que si bien es cierto que la burocracia es el purgatorio de los revolucionarios, es un malogrado umbral del infierno, donde el Estado puede y de hecho crea un espacio libre de toda subversión y por tanto desarrollo en el discurso literario actual. Por tal motivo, en Espacios en Disidencia, no encontraremos las nuevas voces de la poesía mexicana, por el contrario, encontramos la decadente letanía del automatismo esteticista por el que se pretende justificar la caducidad del espíritu humano.

Publicado en ZONA DE DESASTRE

 

 

Pilares de la poesía escrita en México.

Dr. Adán Echeverría García.

Cuatro son los pilares sobre los que descansa toda la poesía mexicana. Se trata de cuatro poemas, que todo aquel que se diga poeta, que haya nacido, o que radique en México, y pretenda tener el oficio de la poesía, como parte primordial en su vida, deben de conocer, valorar, aprender, respetar, enseñar, admirar, compartir, descubrir, analizar.

El primero es de Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), y lleva por título Primero sueño, el segundo fue escrito por Ramón López Velarde (1888-1921) y titulado La suave patria; el tercer pilar de nuestra poesía es Muerte sin fin, del escritor José Gorostiza (1901-1973), y claro, la poesía mexicana no estaría completa si no contara con el cuarto pilar que es Piedra de sol, del poeta, laureado con el premio Nobel en 1990, Octavio Paz (1914-1998).

Sobres estos cuatro grandes poemas descansa la poesía mexicana. Uno tiene que conocer al menos estos cuatro poemas, revisarlos, y medir los alcances de su propia obra poética. Desde luego que la poesía (que es creación), jamás podrá ser limitada ni tener barreras, lo que arriba he expresado, lleva simplemente el reconocimiento de nuestra tradición.

Cada año aparecen en México al menos 32 antologías de poetas, (que no de poemas) en las que los autores antologados vierten parte de su creación anual, y se agrupan al menos una por estado de la República con el fin de llegar a muchos más lectores. Pero al mismo tiempo se desarrolla una cadena mercadológica, y varios tipos de negocios editoriales, que llevan consigo la promesa de presentaciones en Ferias del Libro, que miden las aspiraciones de quienes participan en dichas antologías. Las más de las veces pagadas por los mismos que autores, quienes además pagan su viaje a Guadalajara (la feria de las ferias del libro en México), para formar parte de aquella celebración de la palabra (o de la vanidad de los autores).

Muchos de estos autores de la palabra, se ven engañados por los mismos que se dedican a la fantasía de ser editores, y se la pasan enganchando autores para hacerles sus libros de poemas, que las más de las veces ni siquiera leen y mucho menos editan con revisiones bien desarrolladas, con la finalidad de tener poemas de calidad literaria. Y los autores, casi siempre de buena fe, creen que sus libros llegarán a los lectores, pero no se dan cuenta de que sus textos pueden traer aún errores en su concepción (rimas internas, lugares comunes al por mayor), y al no ser revisados ni editados por aquellos editores, solo entregan un producto que carece en las más de las ocasiones de profundidad, y no son revisados por aquellos que se dedican con seriedad a la literatura.

Esos autores de poemas para las tantas antologías, pueden ser buenos poetas en ciernes, que necesitan guía, necesitan taller, requieren disciplina para ir aprendiendo cada vez más acerca de la literatura en la que les gusta mirarse absortos. Lo suyo, a veces sin darse cuenta, es la promoción cultural. Sus eventos, recitales, y muchas de las actividades que desarrollan para sacar adelante sus propuestas poéticas, es admirable, sin embargo en el camino se han visto engañados por aquellos coyotes del mercado editorial, que los maltratan las más de las veces, y les hacen claudicar en ocasiones, pero casi siempre evitan ayudar para que los textos y el trabajo poético mejore.

Si uno charlara con aquellos mercenarios de la edición de antologías poéticas, encontraría, que la gran mayoría de ellos, ni siquiera conoce los cuatro grandes poemas que son la base de la poesía hecha en México. La literatura es primordialmente comunicación, porque se desarrolla con base en el lenguaje, ese código que requiere Emisor-Canal-Receptor. Y eso jamás habrían de olvidarlo.

Etiquetado como

 

 

El mal amor y otras contradicciones

Alejandra Estrada Velázquez

 

La vida está ordenada a partir de opuestos. Cuando algún dios dijo: “Hágase la luz”, involuntariamente creó la obscuridad. Si decimos arriba, estamos conscientes de una caída. Si decimos adentro, afuera lloverá, hará frío, sentiremos el significado de la palabra intemperie. Amor y mal son casi un oxímoron, son conceptos de naturalezas opuestas y, sin embargo, existe el “mal de amores” y es posible “amar a la mala” o estar “enfermo de amor”.  Pienso en el amor platónico, en el intocable, el que se arruina si atraviesa el cuerpo de los hombres. Aunque la naturaleza de los sentimientos universales es divina, su concreción en la vida material los transforma y vuelve esa naturaleza compleja y contradictoria. ¿Cuántas veces hemos escuchado: “Si no duele, no es cierto” o “Ay, dolor, ya me volviste a dar”? Como si necesariamente amar conllevara el sufrimiento.

En El Libro del Mal Amor (Versodestierro/Campo Literario, 2018), Hortensia Carrasco Santos (1971) escribe poemas sobre estas contradicciones; prefiere hablar del revés de las cosas, del dolor y la tristeza, de la nostalgia y el coraje, de la lucha y el juego, del arrebato y la violencia, del trastorno apasionado que es la esencia real del amor. La razón para decir todo esto es el deseo. El libro es un conjunto de estampas, postales del paisaje de provincia en el que el cuerpo es libre y las emociones florecen a la orilla de una vereda, en medio de las huertas, en el arroyo o entre las milpas; los poemas contenidos en El libro del Mal Amor crean un sitio alejado del vertiginoso ritmo de la vida citadina y de las relaciones posmodernas, dibujan un locus amoenus en el que el yo lírico, femenino y punzante, domina el deseo.

El libro se divide en dos partes, lo que representa el enfrentamiento entre los que se aman, ese querer ceder y la necesidad de imponer. La primera parte, que no tiene título, corresponde a quien cede, a quien se sacrifica y acepta las circunstancias de un amor hiriente, doloroso. Es una serie de poemas que muestran al amor como una batalla constante en medio de lo cotidiano. En el texto “El amor se ha vuelto malo”, la autora dice: “aún así, te escucho decir que debo doblegarme…” y se dirige a ese otro que representa el amor o al objeto del deseo; el yo lírico lucha con aquella fuerza que lo somete y que al mismo tiempo es el sitio a donde quiere ir.

En esta primera sección, también encontraremos el desgaste de los sentimientos a través del tiempo, la rutina y la traición de la memoria, como en el poema “Los conocidos”, texto que abre el libro: “…se percatan de que la lluvia no es un ángel, sino la pertinaz presencia del hastío”. Hortensia Carrasco desacraliza el amor, le quita su cualidad de divino y lo expone como lo que es: una constante lucha de poder.

En la segunda parte, “El gran juego”, la autora describe el instinto y el deseo en una secuencia de escenas costumbristas y pícaras. Encontramos la huerta, el sembradío, la maleza, las flores, el río, el campo como lugares en los que sucede el amor. En oposición al yo lírico, definido por otredad, se dibuja un hombre corpulento, violento, fuerte, trabajador y, sin embargo, no es él eje central del libro. El yo lírico femenino se torna más fuerte, es el origen del deseo.

La autora se vale de los elementos de la naturaleza, de frutas y de árboles para describir el cuerpo. Estos son elementos de una naturaleza totalmente mexicana: magueyes, tlachiques, tunas, nopales y fogones. En este libro, se vuelve paisaje el cuerpo. Así mismo, logra una cadena de sinestesias que, sin duda, provocará en el lector sonrojos y escalofríos. Las metáforas tan agudas aquí escritas hacen que uno casi pueda tocar los labios, la espalda o las manos de otro; los olores y los paisajes completan la experiencia de sensorial que es este libro: un viaje por el cuerpo, por el sexo de otro.

Es pertinente señalar la dificultad que conlleva escribir poesía erótica: se corre el riesgo de expresar vulgaridades o caer en lo pornográfico, en lo explícito que molesta y produce repulsión. No es este el caso de Hortensia Carrasco. Aquí, los poemas son la traducción del erotismo. Contrario a lo que marca la tradición, la voz femenina de Carrasco es quien rige la fantasía sexual, es quien guía el deseo.

Tras El Libro del Mal Amor se esconde una profunda tradición literaria. Empecemos con la referencia directa a la que nos lleva el título: el Arcipreste de Hita y su Libro del Buen Amor, conjunto de exempla, de fábulas, de corte autobiográfico y con afán de enseñanza, con intención moralizante. En este sentido, Carrasco nos dice cómo es el amor, cómo tratarlo, cómo enfrentarlo, cómo salir ilesos. Además, estas dos obras comparten el escenario en el que se desarrolla la vida del yo lírico: el campo. Por otro lado, aunque es caprichoso pensar que el poeta habla solo de su vida, esta referencia nos hace pensar que el yo del Libro del Mal Amor se corresponde en buena medida con la voz, la experiencia y el conocimiento de la autora. Por lo tanto, Carrasco nos muestra cómo ha vivido, cómo ha sentido el amor, más que el amor, los encuentros y las revelaciones que el contacto con otros generan en nosotros.

Por otro lado, la descripción del espacio y las vivencias descritas nos hacen pensar en El Decamerón. En El Libro del Mal Amor, encontramos personajes como el señor del costal, el agricultor, el hombre de campo y su mujer. En ambas obras se describen las costumbres y lo que sucede dentro de la casa o en el lugar secreto, en el ámbito de lo privado y el lector descubre esta vida cotidiana como quien mira a través de una ventana o espía entre los arbustos.

La contradicción barroca y el conceptismo están presentes en este libro. Los poemas de Carrasco podrían leerse como una paráfrasis extendida de las frases de Francisco de Quevedo. Pensemos en el soneto Definiendo al amor, en el estado emocional de confusión que describe éste: “Es hielo abrazador, es fuego helado/ es herida que duele y no se siente”. Eso es El Libro del Mal Amor, lo que nos hace desear la herida, pero excede la definición y la explicación quevediana; los poemas reunidos en este poemario son la aceptación de la contradicción. Quevedo dice: “Este es el niño Amor y este es su abismo” y Carrasco se arroja al abismo, no habla de dioses, habla de cuerpos: “Mis pechos crecen como fuego en la zarza” o “Me arrimo a la única rama que cuida de mi sombra”, aunque esa rama hiera. En El Libro del Mal Amor, la mujer toca, siente, penetra: “Así el hombre te mira y te descubre/ se desnuda se tiende y se prepara/ a lo que tu dispongas:/ te vuelves maguey de hojas amables y macizas”.

Además de poseer una profunda tradición literaria, el libro propone una traslación del papel de la mujer, hace un retruécano: en el estereotipo, donde el hombre jugaba un rol activo y dominante, la mujer cedía y sufría. En el libro, la mujer pasa de esa fragilidad y de esa sumisión al descubrimiento y el fortalecimiento, tanto de su rol como de su cuerpo. Conforme se avanza en el camino trazado por estos poemas, la voz femenina se descubre.

En el contexto en el que vivimos, que una mujer hable de deseo es un riesgo, es complicado, es peligroso. Hortensia Carrasco no expresa la sexualidad de manera débil o cursi, no cae en el lugar común y no pone a la mujer a disposición de una voz masculina; la poeta se adentra en un mundo de sensaciones, asume que es un cuerpo. El paisaje descrito matiza la forma agresiva con la que se expresa y nos lleva al impulso primitivo, primigenio de los instintos.

El Libro del Mal Amor se equilibra porque están presentes Eros y Tánatos: el primero es esta atracción por lo que nos daña y el segundo, el deseo sexual que nos provoca, ambos, enredados en una espiral que conforma nuestra existencia. 

Leer este texto es un ejercicio fetichista, una experiencia voyerista que nos hace descubrir la intimidad del amor en su justa dimensión. En cada poema nos encontraremos con verbos como mirar, observar, descubrir, espiar, cualidad que nos recuerda la capacidad de asombro del ser humano, como si Carrasco nos dejara mirar a través de sus ojos: “Detrás del mezquite, espío a los que trabajan…”. 

El poema que cierra el libro, “El gran juego”, es una suerte de síntesis. Encontramos las aves, la naturaleza, esta fijación con espiar, con mirar, con tocar: “Una parvada de mirlos alborota mi entrepierna/ te arrancas un ojo y lo haces recorrer mi cuerpo.” Y el final: “Sé que mañana volverás por tu ojo/ para ver de nuevo lo que pasó ayer en el campo”. No podemos dejar de lado que, al igual que la enfermedad, el juego es una metáfora del amor. Aquí, el territorio de ese juego es el cuerpo de los amantes, ganan y pierden, constantemente, las formas de su deseo.

Aun cuando El Libro del Mal Amor está escrito en verso libre, posee una cadencia, un ritmo que se asemeja al de un arrullo o al de una danza, al de la taquicardia que detona la mirada de la persona amada. Con un léxico sencillo y cotidiano, a la usanza de Jaime Sabines, Hortensia Carrasco define las cuitas del amor terrenal. Después de leer esta obra, uno sabe que, a pesar de todo, el amor es el más cruel de los azares, que es carne y que es este cuerpo, racimo de sentidos, lo único que tenemos para vivirlo.

 

 

 

 

Alejandra Estrada Velázquez

 

 

 

(México, 1986). Estudió lengua y literatura hispánicas en la UNAM. Poeta, docente y correctora de estilo. Ha sido miembro del taller de poesía experimental del CCLXV (Centro de Creación Literaria Xavier Vilaurrutia) en CDMX coordinado por Raúl Renán.. Participó en antologías de poesía en la Colección La Séptima Llave, dirigida, también,  por Raúl Renán, sus textos fueron incluidos en los libros Impresiones, tejidos y vidas (2011) y Segmentos Rutilantes (2012). También ha publicado en la gaceta bimestral Río Arriba (Gaceta Noviembre – Diciembre 2010 Tema: Muerte) y en revistas electrónicas como  Dos DisparosContraescritura y Liberoamérica. Fue becaria de Los signos en Rotación Festival Interfaz Issste en 2014. Actualmente es becaria del programa PECDA-FOCAEM en su vigésima edición.

 

Publicado en El Ojo de Faetón
Etiquetado como
Martes, 05 Enero 2021 17:54

LOS ROSTROS DEL CRUCIFICADO

…SOMOS TODOS

                Por Roberto López Moreno               

 

Con el rostro transido por interminables fatigas, materia por el sufrimiento burilada, materia para campos de dolor y tragedia henchida, con una humildad murmuradora de silencios, con silencios que de tragedias cuando toman la voz, lo vi subir al metro de la ciudad de México. Su amargo facial lastimaba el aire circundante, toda la visión que daba era como para adorarse en campañas navideñas, viendo, a éstas, como la invitación a la generosidad entre los seres y junto, invitación a las buenas acciones.

Jamás pensé que pudiera ser Cristo reeditado o algún Cristo que había perdido la dirección en barullos decembrinos o que habíase extraviado en medio de los desconciertos pandémicos.

Lo vi como solicitando a alguien que le brindara apoyo. Fue por eso que me acerqué a preguntarle en qué le podía auxiliar. Me miró sereno todo él y me confió que tenía cita con el poeta Luis Alfaro Vega. Le respondí que siguiera como iba y que descendiera en la estación Costa Rica.

Ahora veo que cumplió puntual con la cita y desde Costa Rica me llegan trece rostros que “aspiran a un acercamiento franco, sencillo y directo con la cotidianidad de los seres humanos”.

 El poeta se manifiesta ahora en los terrenos de la plástica. Muestra que dibuja y pinta aquellos rostros, trece ellos y un solo Cristo verdadero, no buscando la aprobación del crítico sino buscando, sí, la comunión con los seres que están más por la ternura que por el formalismo. El poeta, ya como artista plástico trata de seguir siendo muy él y lo es en sus trece golpes bajo el cielo.

Las alteraciones en los rasgos faciales en el varío expuesto es movimiento, ayudan a dar con la expresión de la tragedia de la historia desde el genuino asombro del que pinta. Qué manera de tocar lo humano con las alianzas de la emoción y el talento. Las deformidades en el plano hacen que, ahí, enfrente, esté el hombre, cumpliendo sin rebuscamientos, los horarios que le corresponden en la Tierra.

Las vicisitudes de nuestro tiempo están en esos rostros que son el rostro. El hombre con sus desgarramientos reflejados en la cara materializa una dinámica de tragedia que es pan cotidiano para el ojo que habla, de eso y más está redondeada la pupila del artista, pueblo es y en pueblo se convertirá. Y así se pone a sumar caras, trece son, trece están siendo.

Puesto a meditar frente a los trece rostros diré junto al escriba de tal tinta: “el océano divino somos todos”

 

 

.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS ROSTROS DEL CRUCIFICADO

Luis Alfaro Vega

 

Con estos rostros he intentado un acercamiento jubilosamente humano al susurro espiritual por antonomasia de la fe cristiana: El Hijo de Dios. No es una propuesta con la intención de multiplicar la fe, o de estrecharla, esas lides pertenecen al ámbito más íntimo de los individuos. Estos dibujos-pinturas, bordeando el límite y arrojo de la tradición del crucificado, aspiran a un acercamiento franco, sencillo y directo con la cotidianidad de los seres humanos.

Las formas no son alegorías acabadas, los colores no están en disposición de un equilibrio estético. Son unidades al margen de la perfección artística, conciernen al perímetro de la recreación, o mejor, de la interpretación subjetiva que realiza el ejecutante. Es decir, están barruntados del compendio anímico de aquel que observa el paisaje con ojos de asombro, y se atreve a intentar una reproducción, necesariamente personal, pero cercana al arrastre de convenciones y colores que lo impresionan.

He procurado el acomodo tenso de las formas de los rostros, intentando una disposición física y anímica en un plano no acabado, incluso difuso, y hasta deforme, pero que guíe hacia la postura original de un breviario humano, el estruendo matriz que nos define: estallido de homo sapiens sapiens enfrentando la vida.

La mayoría de los rostros muestran un viento ajeno a la antropológica felicidad que se nos narra como aspiración suprema, una cadencia diferente a la utopía de la idílica belleza a la que se nos incita a aspirar. En su lugar, los perfiles evidencian una mustia hendidura en las expresiones, un opacamiento en los gestos, un defraudado brillo en los ojos, una confusión enmascarada de normalidad. Miradas que, en el ejercicio de sus intrínsecas convulsiones, despojadas del júbilo de las mundanas pretensiones, acicalan una tristeza y un dolor venido desde lo más hondo.

El empeño de estos rostros es poner de relieve la plataforma humana a ras de suelo, el escenario colectivo de un hábitat moderno en el que la fraternidad es un bien esquivo, una modernidad tecnológica en la que se nos impone el individualismo como magnánima, invulnerable estrategia para la sobrevivencia.

He procurado expresar con estas imágenes que la llama espiritual que no cesa no está allá afuera, perdida en las tinieblas de la eternidad, en el fondo subjetivo de otro cielo, sino aquí, en la única célula humana que habita nuestro mundo, en la multitudinaria colmena de individuos conformada por siete mil millones de almas. El océano divino somos todos, todos, aunque unos estén naufragando en el oleaje de la miseria y el dolor infrahumano, y otros estés en la parte alta del estrado, usufructuando.

Estos rostros intentan ser una huella de la historia que somos, mostrar con esos gestos descompuestos, y con esas profusas lágrimas, el entramado de relaciones entre los seres humanos, un relacionamiento que nos ha conducido a un pantano, donde reina la incertidumbre y el temor, donde el aire limpio y funcional es escaso porque, en el desmedido afán de acumular bienes materiales y desarrollar sofisticadas tecnologías, estamos destruyendo la única parcela fértil a nuestro alcance: el planeta Tierra.

Los rostros tienen aberturas por donde se fuga la esperanza de una hermandad ecuménica, vértigos en el argumento de sus mohines, roturas propias de un frío interno no resuelto, y lágrimas en abundancia, lúcidas lágrimas como evidencia de una zozobra que se impone.

Son rostros con una carga de emociones heladas, de despojo y desventura, aunque algunos, tropezando con una carga anímica distinta, muestran un pálido gozo, una elemental luz de beneplácito, la llaga benévola de una esperanza que se cuece en las entrañas, la ilusión de que es posible un aliento de gracia entre los seres humanos, el regodeo original de que es viable un entendimiento que nos hermane, en cómplice ejercicio de confraternidad, hacia la noción de que formamos parte indisoluble de la metáfora cristiana: que somos uno con el Hijo de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

Etiquetado como

 

 

 

Comentarios que se han escrito sobre la Obra de Adán Echeverría

Actualizado al 4 de septiembre de 2020

 

-----/////-----

 

"Hay una frase de un poemario escrito por un autor yucateco, llamado Adán Echeverría, que dice: 'Guardo en el ropero del suicida mi traje de vale madre' y me encantó".

(Stephani Capetillo Cabrera)

https://www.milenio.com/cultura/todas-las-personas-son-fuente-de-inspiracion-de-mis-escritos

 

 

 

-----/////-----

 

"Dos temas resaltan la obra de Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, México, 1975) el sexo -en sus múltiples y polémicas vertientes- y el grito de protesta, rebeldía o inconformidad. El género (novela, cuento, poesía, microrrelato) solo es el medio a través del cual el autor da voz a sus demonios más personales. ¡Adanizáralos!, sus textos de manufactura más breve, lo mismo ironizan que invitan a la reflexión, pero sobre todo rondan el escándalo, y quizá a no pocos lectores (o lectoras) despierten el deseo de mentarle su madre al autor. Él lo sabe, y lo provoca; su lectura no pasa desapercibida."

(Internacional Microcuentista. Revista de lo breve.)

http://revistamicrorrelatos.blogspot.com/2012/11/adanizaralos-de-adan-echeverria.html

 

 

-----//////-----

 

En Xenankó, los niños en contacto con los textos han imaginado e ilustrado criaturas de todo el mundo. La obra es autoría de Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, 1975), quien escribe poesía y cuento.

SEMARNAT

 

-----/////-----

 

Los tumultos del lenguaje en Del silencio hacia la luz: mapa poético de México.

Sondear en los actuales terrenos del arte resulta una tarea movediza, semejante a arar en el mar y –desde la perspectiva cultural, en un país tan indiferente como México– a clamar en el desierto. No obstante, se revela también como una labor necesaria, en un horizonte poblado por reminiscencias de corrientes consolidadas y en proceso de disolución; tendencias a la ruptura y a la renovación –imposiblemente– absoluta; ausencia de grupos con temas, enfoques y vías de expresión comunes; generaciones dispersas por la multiplicidad de lenguajes y concepciones vitales; creadores fascinados o repelidos por el acceso a la tecnología y la diversificación de los códigos estéticos. En el plano literario, esta situación ha derivado en consecuencias desconcertantes y luminosas: las últimas dos décadas han atestiguado una auténtica catarata de antologías que, en su disparidad de criterios, se han ganado a pulso el mote de antojolía y han colaborado a la construcción de una ciudad letrada titubeante, saturada de pirotecnias verbales y defensas críticas, en la cual se transparentan las carencias del aparato editorial mexicano –desde la selección hasta la distribución de sus publicaciones– y la postura del lector se disuelve entre la contemplación pasiva, inevitablemente neutral.

Frente a este panorama, Adán Echeverría (Yucatán, 1975), poeta y narrador asociado al Centro Yucateco de Escritores, se ha convertido en el animador central de una iniciativa nacional que aspira –al menos parcialmente– a contrarrestar los efectos de este tipo de trabajos antológicos. En 2007, convocó a los poetas mexicanos nacidos entre 1960 y 1989, radicados tanto en el país como en el extranjero, a participar en Del silencio hacia la luz: mapa poético de México. Este esfuerzo, de raigambre indiscutiblemente independiente y colectiva –en el sentido más abierto del término–, produjo un documento electrónico conformado por 1,500 páginas, en las cuales se concentran siete volúmenes de muestras literarias de más de 660 escritores, clasificados según su fecha de nacimiento y su entidad de origen, y cuatro tomos complementarios, en los que aparecen las fichas biobibliográficas de los autores correspondientes.

Así, mediante parámetros sencillos, pero claros, válidos y eficaces, esta antología –publicada en agosto de 2008 y realizada en colaboración con Armando Pacheco (Estado de México, 1980)– consigue zanjar algunas cuestiones alrededor de la valoración estética, artística e histórica implícita en este tipo de recopilaciones; al mismo tiempo, se atreve a detonar nuevas interrogantes al respecto. De esta manera, mientras restringe los argumentos estrictamente críticos de la compilación, promueve –desde una óptica amplia– un debate profundo en torno a la libertad de la creación poética, que depende más de la opción de comunión entre autor y lector que de las razones aducidas por la mayoría de instituciones culturales, consejos editoriales, jurados y florecientes mafias literarias, que se limitan a propagar ensayos teóricos sobre la poesía, sus estilos y fórmulas retóricas. En contraste, Del silencio hacia la luz propone disfrutar las múltiples combinaciones de la literatura en tanto expresión sintética –concreta e irrepetible– de una visión del mundo, susceptible de comprensión y enriquecimiento a través de la percepción intelectual y sensorial de los lectores, quienes ejercen, en última instancia, su derecho al goce, el juicio y la elección del arte.

Por otro lado, este proyecto pretende romper con el centralismo que predomina en numerosos espacios de la vida nacional; para ello, ha resuelto las exigencias propias del trabajo editorial mediante la publicación electrónica, que expande la distribución en dos vías: facilita el tránsito por fronteras físicas –más imaginarias que reales– y permite reproducir, en nuevas áreas y para distintos ojos, materiales ya aparecidos en libros, plaquettes, revistas y otras antologías de circulación local –en el caso del Estado de México, por ejemplo, coloca la poesía de Marco Aurelio Chávezmaya, Lizbeth Padilla, Patricia Solar, Félix Suárez, Eduardo Villegas y Sergio Ernesto Ríos en el vasto movimiento del país–. De este modo, lectores y escritores del norte pueden acceder a la escena literaria del sur, mientras que el valle central se abre a la rica sensibilidad de otras latitudes. Por estas razones, es posible adquirir Del silencio hacia la luz en todos lados y en ninguna parte: los discos compactos con los once volúmenes de la compilación se venden a solicitud expresa por internet (mediante el correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.), con envíos a toda la República.

Pese a su amplitud, pluralidad y minuciosa confección, Del silencio hacia la luz también arroja numerosas insuficiencias: ante el océano de creaciones emergentes, independientes y marginales, apenas ha logrado recoger un puñado de las voces que convergen en el horizonte poético contemporáneo. Por ello, Adán Echeverría, ahora en estrecha colaboración con Ileana Garma (Yucatán, 1985), ha lanzado la convocatoria para una segunda edición, a la cual se encuentran invitados todos los escritores mexicanos nacidos entre 1960 y 1992, radicados en tierras nacionales y extranjeras. Los requisitos de participación recuerdan la sencillez de criterios instaurados para aquella primera tentativa: los autores deben tener, por lo menos, un libro o una plaquette de poesía en circulación, a nivel estatal, regional, nacional o internacional. Igualmente, pueden validar su experiencia literaria con un premio de poesía en idénticos ámbitos. Para enriquecer el contenido de este nuevo proyecto, es necesario que los integrantes hayan publicado sus trabajos en una revista comprendida en el Sistema de Información del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el cual se halla disponible para consultas aquí.

Si los interesados cumplen con estas condiciones, deberán enviar a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. una ficha biobiliográfica con los siguientes datos: nombre completo; lugar y año de nacimiento; estudios realizados; conjunto de obras publicadas, premios recibidos y becas artísticas obtenidas a lo largo de su trayectoria; relación de antologías, revistas y otras ediciones periódicas que han incluido sus textos, además de otras referencias importantes sobre su producción literaria. Asimismo, complementarán su contribución con hasta seis cuartillas de sus poemas –inéditos o ya aparecidos en otros espacios, en cuyo caso señalarán la fuente pertinente– y una fotografía de alta resolución de su rostro, de preferencia en blanco y negro. La convocatoria continuará abierta hasta el 30 de abril, con el propósito de presentar el resultado final –por segunda ocasión, un documento electrónico en el que confluirán piezas literarias e información biográfica sobre los artistas– en agosto de este año. Como retribución y reconocimiento, cada participante recibirá dos ejemplares de esta recopilación, que también estará a disposición de los lectores a través del mismo mecanismo: correos electrónicos y certificados, destinados sondear en los tumultos del lenguaje, en su dimensión más dinámica y vivaz.

(Margarita Hernández Martínez)

http://vocesfragmentarias.blogspot.com/2011/04/los-tumultos-del-lenguaje-en-del.html

 

 

-----/////-----

 

(…) el libro que hoy nos convoca, y que forma parte de esta nueva y post moderna corriente gore que gana cada vez más adeptos, tiene como tema central, la inmortalidad. Y es, precisamente a través de los hábitos de reproducción de estos quelonios, como se irá conformando la trama de Arena, la primera novela de Echeverría. La historia, ambientada en un ribete perdido de tierra, Las Bocas, que evidentemente remite a la reserva ecológica de Dzilam Bravo en la Península de Yucatán pero que podría ser cualquier costa del mundo, cuenta el regreso de Lucrecia en contra de la voluntad de su madre Yosefina, a ese misterioso sitio donde su padre desapareciera, y en donde el tiempo no transcurre para sus habitantes, literalmente.

Trepidante, enloquecedora, llena de una oscura ambientación que por momentos recuerda el estilo del norteamericano Lovecraft, Adán se ha enfrascado en la realización de un texto prohibido para todos aquellos que no entienden que en el arte no hay barreras y que es posible mezclar la sangre con la ironía, siempre y cuando se salpique con un toque de humor negro. A menudo, tal como sucede en las historias del escritor estadounidense, creador de Los mitos de Cthulhu, los protagonistas de Arena parecen incapaces de controlar sus propias acciones, o encuentran imposible cambiar el curso de los acontecimientos. Muchos de estos personajes –Mauricio, Lucrecia, Rulor Miranda,- escaparían del peligro si simplemente corrieran en dirección opuesta, aunque esta posibilidad nunca surge o es, de alguna forma, sometida por una entidad externa. No es casual, pues, que los moradores de Las Bocas no puedan huir debido a las fuertes corrientes del océano o a las repentinas tormentas de arena que se abaten sobre ellos. Lo interesante es que, a pesar de girar alrededor de un solo tema, el autor ha tenido la habilidad suficiente para enriquecer la trama y enseñarnos de a poco, como en aquellas legendarias cajas chinas, los motivos de cada uno de sus personajes. Y cito:

“Ah, mi madre tan bella y tan puta la condenada, siempre he pensado que he sido la mezcla de mucha leche. Yo, ¿sabes?, el mismísimo general que está acá contigo; soy la mezcla de muchas leches, porque la noche que me concibieron, a mi madre se la cogieron varios hombres, le llenaron el culo de leche, la llenaron todita de leche a la muy puta. Ay mi madre tan puta la pobrecita, éramos tan pobres, tanto; tuve dos hermanas, y creo que ambas me dieron hijos, ¿sabes?, murieron en la revuelta…”

Ahora bien, lo que creemos leer, no es necesariamente igual a lo que deberíamos saber. Pareciera que el autor, debido a su desbordante imaginación y su trabajo como investigador, observa detalles que para nosotros pasan inadvertidos. Quizá la vena poética de Adán, conjuntamente con su voluntad, contribuya también a crear esta impresión. No en balde, Adán es compilador, junto con el poeta mexiquense Armando Pacheco, de una trascendente antología digital llamada Del silencio hacia la luz, donde se dan cita 658 poetas mexicanos.

Así, en Arena, por momentos nos encontramos leyendo la novela dentro de la novela, pues es un manuscrito dejado por Mauricio a su esposa Yosefina, el pretexto para iniciar la historia. Y es también el manuscrito de Lucrecia, hija de ambos, el que cerrará el texto. (…) Nada es lo que parece. Detrás de cada ser humano se esconde otro. Así lo constatarán, estoy seguro, los que se acerquen a esta hilarante novela de Adán Echeverría.

(Carlos Martín Briceño)

https://carlosmartinbriceno.com/2010/01/13/a-la-memoria-de-charles-darwin/

 

------//////------

Seremos tumba, novela de Adán Echeverría

En el nombre del padre y del hijo de su santísima iglesia católica. Oremos.

Ese Adán está muy loco, puras pendejadas dice en Facebook. Le oí decir y sonreí con aprobación tomando aquello como verdaderas flores para una de nuestras mejores plumas, al menos para una de las pocas que admiro de por acá. Al poco recibí mensaje invitándome a comentar Seremos tumba, su segunda novela, y de inmediato dije que sí, antes de que se arrepintiese pues calibrara el riesgo de sentarme a hablar de su obra sabiendo que soy un oportunista y me iré perdiendo en mis debrayes para terminar hablando mal de algunos y muy bien de mí mismo.

 

Primera lectura.

¡Una novela, carajo! En 2009 decía de Arena, primera novela de Adán, que había caído como lluvia fresca en la ciénaga novelesca poco seca de la literatura yucateca. Y hace poco me quejaba de lo cuestionable que es la existencia de algo que se pueda llamar Literatura Yucateca Contemporánea. Hoy, con Seremos tumba, me queda claro que aquí está, en sus temas y sus voces meridanas, en sus ambientes y sabores yucatecos, en sus personajes y formas peninsulares.

Cuando, a la hora de la comida, le dije a mi mamá “está buena la novela que estoy leyendo”, no le conté que iba de una historia de amor y muerte juvenil exquisitamente narrada, ni de que cuestionase valores y antivalores escarbando con clavos oxidados en las yagas de los 'doblemoralinos' meridanos que somos casi todos, mucho menos le dije qué chingones estaban los manejos de flashbacks, los tiempos y las voces narrativas. No. Le dije que sacaba los ¿trapitos sucios? de los grupos juveniles parroquiales como aquellos del famoso templo de Cristo Rey y de paso dejaba mal parada, por si hiciera falta, a la iglesia católica institucional. Ella contestó contándome el caso de la vecina que registró como suya a la hija que su vástago, flamante corista de la parroquia le fabricó a una mocosa del mismo grupo, ello, claro, con asesoría del párroco y la correspondiente bendición de Dios. Por ello nada de trapitos sucios, pues todo mundo sabe en qué piensan los chavos y a qué van a la iglesia. Pero pérate, le dije a mi mamá. La onda de la renovación cristiana, los sitios de Jericó y esos tejemanejes de alabanza, negocio y no sé qué más, es otro rollo que también sale en la novela. Y ella dijo “ha me prestas el libro”.

 

Segunda lectura.

El caso es que cuando empecé a leer me costaba trabajo no confundir recuerdos y fantasías con lo leído. De repente desescuchaba las contundentes descripciones del narrador y ponía rostros conocidos a ciertos personajes, así como reconocía lugares y situaciones (lo que les decía de la literatura yucateca contemporánea). Por momentos, algunas realidades de la ficción que leía me rebotaban entre la conciencia y la moral o entre la memoria y cierta frustración. La obra es cercana al lector habitante, pero su arquitectura le brinda carácter universal. Y esto me lleva al primero de dos reproches que tengo para el autor:

 

Adán Echeverría: ¡deja el fondo editorial del ayuntamiento de Mérida para los piojos! Sé que en nuestro amado pueblo no existe la industria editorial, entiendo que lo tuyo es otra onda, la belleza, la subversión, que para el caso ambas cosas son la misma, el arte. Pero contras, Seremos tumba, y al menos toda tu obra narrativa, debe tener repercusiones más grandes. Que la novela es el producto que más vende y prostituye a la literatura, dicen algunos, y que mejor nos vamos por el “underground oficialista”. Adán, déjame decirte que haces novelas muy chingonas. Y dime si no te faltó al respeto un poco el ayuntamiento con sólo quinientos ejemplares.

 

Lectura del santo evangelio según este gallo.

Pensé algunas frases publicitarias. “Una vibrante y apasionada historia de amistad, amor y muerte”, “Seremos tumba, el amor es para los subversivos”, “Anecdotario de un patán que ninguna mujer liberal debe dejar pasar”. Y ésta última trae a colación el segundo reproche que tengo para el autor. Advertencia: las siguientes líneas contienen información explícita del contenido de la obra, lo cual podría enrarecer la experiencia virginal con la misma. No es cierto. En realidad es un reproche a medias. Porque dice por ahí que el amor que E siente por A es indudable. Y neta que nunca lo dudé, eso me quedó clarísimo y es entendible todo el tiempo, mi problema, como lector mega-romántico que soy, es que no lo sentí hasta el mero final, cuando leí la ultimísima palabra. Y es que la narrativa está plagada de poesía y de sensaciones verdaderas, pero ese amor de-ses-pe-ra-do que al final resulta lo que resulta no lo sentí hasta la última palabra. Por eso digo que es un reproche a medias, pues la verdad es que resulta el máximo acierto, ya que cuando la ultimísima palabra cayó, toda la piel se me erizó y viví eso que sólo el arte, y otra cosa que luego les cuento, permite, tras ciento ochenta páginas de imperdible Seremos tumba.

Demos gracias al autor, pero mejor que dé su tanda.

(Rígel Solís)

 

 

-----/////-----

 

"Cualquiera que lea el muro de Facebook de Adán Echeverría diría, con cierta razón, que pudiera tratarse de un sociópata, su lenguaje virulento, combativo y desencantado asusta a las buenas conciencias, y precisamente ese es el lenguaje que rescata para elaborar una novela, la segunda, que evoca la novela de iniciación como El guardián entre el centeno de J.D. Salinger. Esos escritos que en su contexto histórico y social crearon una piedra en el zapato del establishment. La transgresión es un arma para sabotear la placidez del entumecimiento social."

(Roberto Azcorra Cámara)

 

 

------//////------

 

Cuando hace unos meses el escritor Adán Echeverría nos compartió, a través de las redes sociales, la noticia de la publicación de su más reciente libro, Las sombras de Fabián, lo primero que advertí fue su vocación y destreza literaria para incursionar en un género tan poco estimado. (…) Las sombras de Fabián puede leerse como un signo de iniciación a la madurez, un despertar de consciencia que pugna por enfrentar la realidad que lo atañe; es asimismo, una metáfora del pasado: las sombras de Fabián son nuestros miedos, nuestras incertidumbres, nuestras propias sombras por supuesto. Un elemento preponderante a lo largo del libro es la presencia de lo fantástico. Lo fantástico como tema, lo fantástico como condición sine qua non, lo fantástico como vehículo para acercarse a los niños. En Las sombras de Fabián, el relato se dimensiona cuando el protagonista, tras ser enviado a su cuarto, descubre que puede jugar con las sombras proyectadas por sus manos. Es en este momento cuando acontece lo realmente maravilloso: “Y al desdoblar las manos, la sombra del cachorro corrió por las paredes.” De pronto, como si de un truco de magia se tratara, la frontera entre la realidad y la ficción se ha roto, un nuevo orden, en donde todo es posible, se instaura y los rayos de luz y la alcoba –como espacio íntimo– se vuelven requerimientos indispensables para que esto suceda. Así, lo fantástico se despliega desdibujando una atmósfera de luces y sombras, de certeros contrastes, como lo es sin duda nuestra propia vida. Otro aspecto relevante en la obra de Adán Echeverría es la representación familiar. Las sombras de Fabián, en uno de sus planos argumentativos, puede interpretarse como una refinada crítica a la comunicación familiar. El cuento, entrevera una situación de premio y castigo, de estímulo y respuesta, que se expresa cuando los padres advierten el comportamiento hostil de su hijo. Por otro lado, no es menos significativa la contribución de las ilustraciones. Presentadas con equidad de género, por lo que a grados de participación social y estereotipos respecta, las imágenes ayudan y multiplican la comprensión del texto. Las sombras de Fabián es un libro infantil que se circunscribe con sagacidad en su contexto histórico. Ya sea para quien interprete un anhelo por la fantasía o para quien defina una preocupación real por la madurez, el libro ofrece una cortina de temas actuales. Es un libro para leerse en voz alta con total disponibilidad de espíritu.

(Daniel Ferrera)

https://www.revistasinfin.com/resenas/las-emociones-perdidas-resena-del-libro-las-sombras-de-fabian-de-adan-echeverria/

 

 

-----/////-----

 

Si no fuera por el subtítulo del poemario Tremévolo, compuesto de tres libros, con la lectura de los poemas de la segunda parte sabríamos de qué se trata: Pornoversos titulados metafóricamente como Estanterías dionisiacas. Me quedo con esta segunda parte del libro para ser la que sostiene a la primera y la tercera, -desde mi apreciación como lectora- la segunda parte es la que altera, golpea el rostro con su realidad, la de una concepción decimonónica de la poesía.

Pero la poesía no solo se hace de la belleza, también en la fealdad o en lo perverso hay una estética poética, la que hay en la turbia existencia de los subyugados a sus pasiones. La pasión se ha abordado el Ars Amatoria de Ovidio, fue de invocación a Venus, a inspirar El Arte de las putas de Nicolás Fernández de Moratín, auténtico manual sobre las prostitutas del Madrid en 1777. Algo que se antoja más ligado a la pornografía que a la literatura, pero el tema es ¿la pornografía es literatura? Acaso cabe la pregunta, y como Adán con la intención y el gusto por el tema procuro la respuesta: Varios son los matices que pueden abordarse pero en lo esencial “en griego antiguo pornógrafos designaba al autor que trataba sobre la prostitución: así como pornografía designaba aun género pictórico: la representación de prostituidas…”, entonces la literatura y la pornografía se ligan hasta ser una categoría de análisis y como tal está sometida a las mismas exigencias de otras categorías de la literatura.

Cumpliendo con esta premisa, es que el autor titula al segundo libro inserto en el poemario Tremévolo: Pornoversos y calumniaditas sin censura. Así, Adán Echeverría anuncia con las palabras de Tolstoi, en un epígrafe, los linderos del poemario que va de la subyugación, el deseo, la locura, la pasión que son al mismo tiempo un dragón de varias cabezas. No es casualidad, hay una intencionalidad latente en la voz lírica del poema cuando dice: Dejen que me inflame/que suelte mi verso amoral y nocheciente, / mi verso-dardo irreparable.

El verso no se limita, ni se reprime no le teme a lo obsceno y lo pornográfico, en presentar el amor como algo carnal, y por ende lleno de humores y olores, de fluidos y nombrando al cuerpo con sus nombres, a sus partes. El discurso poético de Tremévolo se sostiene en estructuras gramaticales y estilísticas específicas y distintivas, desde una dimensión específica de descripción que atraviesa el poemario: la sexualización de la existencia. No es posible una lectura ingenua de Tremévolo, al que hay que dar una lectura intencionalmente obscena para obtener el placer del texto no solo en el sentido de Roland Barthes, sino propiamente en el entendimiento de la retórica popular, pero construido con un lenguaje poético que confirma que todo en la vida es pues sexualidad consumada en la palabra. Cito:

Todos están ardiendo en el fuego que somos crematorio

dormitadas velas de la madrugada.

 

Qué mejor entierro que enterrarnos,

enterrarte el pene y el ojo básico de cada noche,

 

El verso no se construye con la metáfora, se sustenta en la polifonía de las palabras que usa, sugiere imágenes sexualizadas latentes en el imaginario de quien lee –o escucha-, pero también se atreve a interpretar la concepción prejuiciada de la sexualidad y la perversión con una mirada de devota fascinación. En el texto pornográfico el cuerpo es frecuentemente castigado, espectáculo que produce placer en personas que han sufrido represión en sus actividades amorosas y sexuales, dice Gabriel Weiz en Dioses de la Peste, y en el poema esa fascinación por la violencia se sublima como un ingrediente más de la obra que aquí presentamos con versos sutiles o que se confrontan con imágenes descarnadas:

 

Quiero castigarte con la punta de mi lengua

rozarte con el glande sin hacer la embestida

 

 

Versos más adelante dice:

 

Ven a orinarme, ornitorrinco.

Ven a volverme paradigma

 

La poesía no es realidad pero crea una capaz de reflejar la que vivimos, y Tremévolo se inserta en una interpretación del mundo, en una cultura en la que el cuerpo en una escritura masculina que describe lo femenino como objeto sexual, pero el autor se abre, se imposta en una voz femenina pero No es otra voz lírica, es la del mismo sujeto textual que habla y se enuncia, se ofrece en esa concepción pornográfica de sumisión femenina, porque en el deseo construido en el imaginario popular solo lo femenino cabe a abrirse, a someterse, a ser poseída y penetrada. Y en el poema se confiesa el sujeto lírico sometido:

 

Qué me has dado sino el más puro dolor

purificado y rectilíneo, retardado y trovador de lunas

 

Porque hasta la pornografía a pesar de su papel transgresor reproduce modelos patriarcales de sumisión femenina frente a la embestida masculina, aunque el doliente obsesivo enamorado se torne abierto-femenino, sumiso sometido en el poema:

 

Quiero ser tu hembrecita dulce

dime si no soy buena mujercita, tú lo sabes.

Lo sabes cuando me insertas tus uñas de lodo,

 

El deseo es lo latente y a partir de esa emoción plantea una forma de amor humano, carnal y nos despierta furia con su obscenidad que nos estrella en la palabra; el recurso de la repetición busca y alcanza exasperar, alterar y enfatizar. En una concepción perversa del deseo. Cito:

 

¿Quieres que te mire coger? Déjame sodomizarte

Clávame ese bastón de aluminio que te he regalado

 

Pero también es una forma de pulsión latente en estos días en esa concepción de lo placentero de la actualidad; Renata Salecl, plantea en Perversiones de amor y de odio que la pulsión obtiene siempre satisfacción, mientras que el deseo siempre permanece insatisfecho. Cito:

 

Los espero en este punto,

en este pedazo de vértebra

en que no dejo de presentirme lobo,

quimera equidistante que nada justifica

ni el amor, ni la muerte que llevo acá en la espalda.

 

En última instancia, la pulsión es siempre la pulsión de muerte –sostiene Salecl-, la fuerza destructiva que socava sin piedad y sin fin los puntos de apoyo que el sujeto ha encontrado en el universo simbólico. Entonces no extraña que en el poemario la muerte sea un ritual sensual de sublimación. Cito:

 

Vamos a matarnos todos juntos

a brindarnos al suicidio colectivo

 

El poemario no es ni moral ni aleccionador, es amoral porque se presenta sin temor de lo que despierta, es una fotografía de una forma de intimidad humana que las más de las veces nos negamos a aceptar en lo público aunque en lo cotidiano palpamos su existencia, con toda su violencia y la fealdad de lo perverso que se entraña en formas de amar que la sociedad hoy prefiere etiquetar como decadente aunque es lo que se vive en este tiempo. Por momentos, el verso es una película que transcurre en nuestros ojos, con la referencia de las imágenes de filmes pornográficos, la sublime fantasía elucubrada en lo profundo o como la pesadilla de ser la víctima de un ataque; pero capaz de construirse como imagen escupiéndonos en la moral que nos obliga a esconder la confesión del placer o la compresión de las imágenes poética si se hace en una lectura hipócrita evasora. Algo hay siempre de grotesco en la pornografía como nos cuesta confesarnos humanos, comunes y ordinarios. (…) vale decir que el amor es también el deseo del otro, una insatisfacción perpetua por nunca poseerlo del todo. El discurso poético de Tremévolo es globalmente coherente, con una primera parte llamada Anatomía distante y sin retornos que no es ociosa, es la metáfora del tiempo del deseo el enamoramiento que se torna obsesión y empieza a agobiar, con imágenes que se confrontan y nos guía a una poesía de lo que se habla, se vive, se escribe y se hace en la realidad de las personas, de esos posibles lectores, del sujeto lírico que habla en el poema y posiblemente del autor. Cito:

¿Buscarte? Todos te buscan,

¿Quién te encontrará en el resorte de las camas?,

¿o eres tú buscándolos?

¿Para qué otros rostros para qué otros nombres?

¿Mi orgasmo no te basta?

 

Una tercera parte donde el yo lírico se imposta en la hipocresía de amorosas confesiones. Donde la nostalgia se teje como una forma también de sentir deseo, de consumar la pasión por la “ella” distante, una vuelta al discurso amoroso después de las probadas perversiones que le anteceden al mismo objeto del deseo porque después de todo también esas son formas del amor. Y termino citando a Tremévolo:

Hemos herido tanto, hemos sangrado poco,

lamiéndonos, paladeándonos como las hienas

hiriendo el cenit de alumbre en que nos alumbramos.

 

(Argentina Casanova, Campeche, Camp.)

 

 

-----/////-----

 

Tremévolo no es palabra muerta del diccionario. Tremévolo es una ensoñación poética (quiero decir imaginación, invención poética), es la transformación del lenguaje que exige la función estética al artista si acaso quiere poner en obra un mundo inédito. Adán Echeverría (recuerdo a Gaston Bachelard) extrajo de su cuarto de poeta la palabra Tremévolo que en la densidad de significado o en su afán de otorgar pistas al lector, la acompaña del subtítulo Tres lados de un mismo rostro. Así esta palabra otra pasa del ensueño a los hechos tangibles, a incorporarse al mundo de la palabra, el mundo del lenguaje poético. Es verdad que (cito de Bachelard) “no todos los objetos del mundo están disponibles para las ensoñaciones poéticas. Pero una vez que un poeta ha elegido su objeto, el objeto mismo cambia de ser y es promovido a lo poético”. Tremévolo, cierto, sugiere Tres lados de un mismo rostro, que en una posible lectura, puede ser el rostro amoroso. En mi criterio, el poemario de Echeverría son tres fragmentos para el amor (título que tomo en préstamo a María Zambrano de su libro Dos fragmentos sobre el amor), es esa travesía de la muy humana condición que todos emprendemos y, a veces, se convierte en un viaje sin retorno o, a veces, en un periplo porque se vuelve al punto de partida desde donde algunos creen estar listos para empezar de nuevo. La fonética de Tremévolo remite a las sensaciones de lo malévolo o al legendario trébol o, como dice un verso del belga Edmond Vandercammen, es “una palabra que puede ser un alba y aun un abrigo incierto”. Es una palabra infiel porque puede tener uno o varios significados, intenta establecer (vuelvo a Bachelard) sinonimias oníricas de una cosa o de otra. Tremévolo en su alucinación verbal dibuja y desdibuja al amor. El sujeto poético, ese que habla en cada verso, pone en obra el amor contradictorio que en la filosofía zambraniana es el amor divino: ese que sublima y de golpe conduce al abismo. Pero el lector no asiste a ese ciclo, la voz poética desde la primera parte del poemario, “Anatomía distante y sin retornos”, está ya en el abandono amoroso (cito el poema IX):

 

Déjame aullar sobre mi cuerpo / que baje a las alcantarillas para arrodillarme ante la victoria de tu vida, / que baje al inframundo en que me reconozco / ansioso por los lobos que sangran en mis muslos; / déjame enredarme el opio dentro de las vértebras, / que me sirva esta luz que se lo come todo, / que me sirva esta navaja que anida entre mis venas / para rasgar el rostro de saberme tuyo hasta el huesito. / Todo me dimite al abandono y me deshago música, / párpado y terroso laberinto / de ese fauno que soy, que he sido admonitoriamente / encorvado como el arcoíris que doblega, como el arpa silenciosa de los edificios / con temor a caer sobre los automóviles; / ahí va mi cuerpo volando en libertad.

 

En “Anatomía distante y sin retornos”, el amor divino, coincido por lo expresado en la cuarta de forros, tiene al “cuerpo como centro del universo”, en realidad todo el poemario toma al cuerpo como clave del universo poético, pero en “Anatomía distante y sin retornos” la anatomía humana se convierte en un tormentoso recuerdo del amor en fuga, del amor que cada vez más se encuentra (traigo a María Zambrano) “sin espacio vital donde alentar, como pájaro asfixiado en el vacío de una libertad negativa” (leo el poema XII):

 

“Qué me has dado sino el más puro dolor / purificado y rectilíneo, retardado y trovador de lunas, / porque siempre ha sido robarnos el tiempo y la caricia, / ha sido desecarnos junto al ventilador, / observando el odio creciendo rojo en la pupila. / Nos gusta el dolor / (somos así: cuarzo y machete desgastado) / y crece la angustia de perdernos para siempre entre los autobuses / entre las manos de otros, paso por paso / (somos así: lágrimas y golpes en el rostro), / garra por garra, labio por labio, soberbios e invencibles; / de tu piel a mi piel cuelgan los orgasmos”.

 

El segundo fragmento sobre el amor lo propone Echeverría en “Estanterías dionisiacas. Pornoversos y calumniaditas sin censura”. Aunque el autor los etiqueta como pornoversos, se trata de eroversos: es el disfrute, el goce, el placer desde la recordación del sujeto lírico. Un instintivo festín de los sentidos que no escapa a lo escatológico, con esta parte del poemario empieza la debacle del amor divino en provecho del ejercicio de una función orgánica (leo del poema VIII): “Dime dime dime que soy tu Dios, quiero violarte. / dime dime dime que no me acabo tus relámpagos, / defécame insaciable. Mírame comerte los reflejos, / dibujarte latigazos, lamer tus excrementos insípidos / y enfermos; un buscador de sombras surge de mis ojos / parasitarios, inhalantes, devoradores, regurgitantes, / explotadores calamitosos, / mis ojos que lo creen todo. Dímelo con gritos auriculares, / dímelo sobre la costra con el dedo y el masaje en los pezones. / Ciérrame los ojos. Clausúrame tus líquidos. Deja tus vómitos / sobre mis alas. Deja cogerte las axilas y volcarme intacto / hasta que los ojos se desangren”.

 

“La región en que me encuentro. Sobredosis de anormalidades y una lata vacía” es la tercera parte de Tremévolo. En este tercer fragmento amoroso, en lo personal el que más me gusta del poemario, se encuentra impregnado del desasosiego, del dolor por la indigencia amorosa, quizá, la esencia del amor de nuestros días (leo el poema IV): “He de matarme accidentariamente, / he de matarme con el símbolo de siempre /laminitas de uva suave brincan en tu espalda / con tus fotos ardiendo entre las llamas, / tus huesos limpios, / los colmillos hartos ya del abandono. / He de matarme ya con la sonrisa a cuestas / y el valor que me obsequia la Nada obscenadoriamente. / Líquidas sombras se derraman, / inundan esta casa de libros y periódicos donde no logro encontrarte, / en que ya no logro saber qué eras. / ¿Adicta? ¿qué eras? ¿ingrávida tetera hermafrodita? / Eras tú... / enamorada de este manicomio que sumerge, / ¿quién te ha pagado para hacerme feliz?”.

 

El desencanto del poeta, el amor inexistente, infinito, está simbolizado en la idílica pantera blanca. Las palabras de Zambrano son eficaces para esta parte de Tremévolo: “No es que no exista [el amor], sino que su existencia no halla lugar, acogida en la propia mente y aun en la propia alma de quien es visitado por él. En el ilimitado espacio que en apariencia la mente de hoy abre a toda realidad, el amor tropieza con barreras infinitas. Y ha de justificarse y dar razones sin término, y ha de resignarse por fin a ser confundido con la multitud de los sentimientos, o de los instintos [...] o ser tratado como una enfermedad secreta, de la que habría que liberarse”. En “La región en que me encuentro...” la condición amorosa ha quedado reducida a lo humano, apartada de lo divino ha decaído en acontecimiento (vuelvo a Zambrano), ha sido “desposeído de su fuerza y de su virtud”, despojado de su esencia divina, desacralizado, aparece bajo la forma de la arrebatadora pasión; “es como si cuidadosamente alguien hubiera operado un análisis y extrajera lo divino y avasallador de él para dejarlo convertido en un suceso, en el ejercicio de un humano derecho y nada más” (leo el poema VIII):

“Allá estoy despedazado, / fértil y poderoso me recogiste y acá me miro de nuevo, / vacío como esa lata que conducen los mendigos hasta el ojo, / fuerte y poderoso por tu silencio, fuerte y poderoso por tu impasible tiempo eternizante. Aterrizante terrorífica / dantesca solución en que nos divertimos / envueltos en el aluminio de los sueños, / oxidado tirito junto a los desperdicios / de mi nombre te miro / recorrer los puentes hacia arriba, / con tu capa roja vas recogiendo lluvia, / mirando cada gota entre los dedos; / su transparencia de luz te abre los ojos / para navegar náufragos a la mordedura de caricias”.

 

El problema de despojar el amor de su carácter sagrado, reducirlo a suceso, es condenarnos a la fatalidad de la horrorosa repetición de nuestros actos, la repetición de la Historia toda, el eterno retorno de todo, porque el alfa de la existencia se funda en el amor divino en tanto esencia filosófica. Abandonar la idealización en el amor divino, quiero decir, someterlo a causas que llamamos razones, es condenarnos a la sombra, a la oquedad. Esto es algo de lo que nos dice Tremévolo donde no habla Adán Echeverría, sino el mundo o, para reproducir las palabras de Bachelard, “La voz del poeta es una voz del mundo”.

(Kenia Aubry)

https://letralia.com/242/articulo10.htm

 

 

-----/////-----

 

La confusión creciente de la alcantarilla (Prólogo)

ADÁN ANTORCHA. Es inevitable ser arrastrados por la poesía de Adán Echeverría, por la jauría de sus versos. Adán, con su vigilia sobre la rabia, nos hace deudos y cómplices de su dolor. Con sus demonios sueltos el autor nos va guiando por sentimientos de intensidad extrema, nos obliga a mirar sus dioses muertos donde también reconocemos sus heridas como propias. Nadie escapa a su lamento, nadie comprende cuando alguien deja de amarnos: todos a la profecía, condena Adán, abierto como una pluma al aire. ADÁN MAR. Nuestro poeta hace alarde de técnica y dominio del lenguaje dentro de su único y tempestuoso oleaje interior, aquí el lector se deleita con hermosas imágenes junto a un panal de avispas donde arde y descuelga la niebla de los álamos. Es también cualquiera de nosotros caminando solitario en su pena secreta, entre sombras de iglesias y mercados, donde toda muchedumbre nos es ajena: me deslizo invisible entre automóviles/ inmóvil me contemplo entre los charcos. ADÁN SAL. Su poesía no carga inútiles culpas, no tiene remordimientos. Transcurre como cualquier día en la vida de todos nosotros, pepenadores de la caridad inalienable. Simplemente observa como todos llevamos cicatrices, pues hasta el más bravo ante la vida será nombrado confesor del mal. Adán busca en el misterio de la muerte el hueso mismo de la pérdida, aún mucho antes de que se haga presente: somos ventisca huracanada/ glaciar disuelto en las hormonas/ calcinados ojos/ cadáver/ átomo/ dios. ADÁN CARNAVAL. Hombre y poeta comulgan en cuerpo, mente, espacio y tiempo. Uno acuchilla lo que amó y el otro va sembrando voces, aquí el milagro en cada célula es nacer de la derrota. El autor escudriña y asiste al ritual de sus semejantes ignorando la pirotecnia de la noche, ¿asoma el hombre cuando afirma estas niñas debutantes se perciben limpias como los días antiguos o los apellidos de siempre? ¿o asoma el poeta cuando acusa a las mismas debutantes? … ellas encienden la entrepierna en los dedos chambelanes/que portan en solapa tulipanes blancos/camuflajeando los condones. ADÁN LLUVIA. Emocional e íntimo, Adán transita la noche, cómodo consigo mismo y en su silencio crea la palabra que ha de rehacer su mundo poético. Es uno de aquéllos viajeros que al fulgor de los cometas/ cuecen sombras en la cacerola del demonio. Contempla la oscuridad y sabe que en ella las luciérnagas anidan sus astros. Y nos deja el gozo desencadenado que fluye en cada línea hasta fundir cristal y roca/ en el fuego continuo del rostro que seremos. ADÁN LUNA. El poeta también recorre los atestados sitios de los solitarios, cada uno en su santuario a cubierto de la mentira y la falsa felicidad. La prostituta adquiere, al fin, su precio exacto junto al abismo del que se precipita en el alcohol, mientras escuchamos: En el pliegue iconoclasta de su minifalda/las hembritas marcan el trébol que afirma el culo, porque escuchamos su voz de profeta abandonado, más que leer y atestiguamos también que En las fauces de la borrachera/muy dentro de los antros/siempre hay lugar para la hembra sin partido/. Nadie es intocable, nada es inalcanzable en este su territorio onírico. ADÁN BÍBLICO. Apocalíptico en su drama, nuestro autor se vale de los símbolos, todo símbolo sagrado y pagano, habido y por haber y recién acuñado entre viejos vocablos y palabrejas en desuso. Esta es una guerra personal, un drama de festín donde el lector es engañado al asistir y quedar atrapado por la fuerza de sus furias, cantamos con él soy la ráfaga. Y palidecemos cada remolino de silencio/cada célula que ha borrado el viento en nuestra calle. Adán Echeverría, poquito Dios sagrado y dios completo, lleva su revancha con el ojo abierto del Espíritu y nos deja en su poesía su firma escrita en la palabra y dada en juramento. Amén. Con mi respeto y admiración.

(Alexandra Botto.)

 

 

-----/////-----

 

El tercer título es La confusión creciente de la alcantarilla, del mexicano Adán Echeverría (Mérida, 1975), autor de una decena de títulos entre poemarios, narrativa y antologías. En el libro hay una voz que vigila, acechante en medio de la noche, aquello que juzga e inspira a la vez el comportamiento de los hombres. Es una noche interminable de curas maldicientes y pecadores, charlatanes, poetas, prostitutas, juerguistas y una orgía interminable de todos los sentidos para que la vida misma se convierta en rueda que gira al infinito. En esa noche de vida y de todos los recuerdos racimos de voces cuelgan como telarañas / habitan en la cornisa de las tejas / habitan la ventana el desagûe los roperos [...]. En lo más profundo de las alcantarillas la muerte espera, muerte que cierra, querámoslo o no, cualquier paréntesis por largo que sea. Echeverría lo sospecha. 'Bienvenida mi muerte' es el poema que reposa al final de todos sus desagües.

(L. Santiago Méndez Alpízar.)

 

 

-----/////-----

 

La sonrisa del insecto es desde mi perspectiva crítica una catarsis desenfrenada y alegórica por el abandono en todos los sentidos, llevada al ritmo y a la cadencia de una forma poética donde la estética es el núcleo del erotismo que Adán Echeverría nos entrega en puñados de letras húmedas y carnosas; y como la belleza, al igual que la estirpe del verso no se puede negar ni esconder, el autor recurre al tono autobiográfico donde se desnuda, se desduda y se desanuda en sus adentros; es entonces, el momento justo donde no solamente escribe, describe, lamenta, reclama y grita su dolor, por el desgajamiento de sus besos, por el desangrar de su venas y el desaliento de sus versos…todo ello en un plano horizontal y en el corazón de la hoja en blanco, donde “transcurrió el presente siempre a doble espacio” ahí en el sentir del tiempo y el espacio “es hueso nuevo el laberinto”. La capacidad creativa, además de transmisión que posee el poeta, son nexos claves para que el lector entre de lleno a sus poemas y naufrague verso adentro en el mar de la angustia, donde él mismo nos ha llevado.

(Federico Corral Vallejo)

 

-----/////-----

 

Con un alto nivel de erotismo y un contenido cercano a lo escatológico, los relatos que integran este libro abordan muchos de esos temas que la mayoría, por pudor o falsa decencia, prefiere callar. Poblado de personajes bizarros —mujeres que practican la zoofilia, ancianos perversos, obreros pederastas, izquierdistas manipuladores, hembras con instintos asesinos, suicidas en potencia—, Compañeros todos es un perturbador muestrario de las distintas maneras en que se abordan las relaciones humanas y la sexualidad en el siglo XXI. No estamos ante un autor complaciente. Desde sus primeros trabajos, Adán Echeverría se ha caracterizado por salpicar sus letras de irreverencia sin preocuparse demasiado por la reacción de las “buenas conciencias”. Prosa dura, rítmica y trepidante que abreva de la poesía para suavizar las verdades que se cuentan y que mantiene al lector atento, en abierta confrontación con los personajes y, en ocasiones, consigo mismo.

(Carlos Martín Briceño)

 

 

-----/////-----

 

 

Grietas, una revolución a pluma armada

Sin más pretensión que la de ser un espacio de difusión para los dispuestos a publicar en este espacio que se enuncia a sí mismo como "pasquín literario" en su evocación romántica más llana, en una alianza entre poetas y narradores del Sureste se creó hace 7 semanas Grietas.

De este proyecto, emprendido a vuelo virtual de sus colaboradores, Adán Echeverría expone toda su intención irónica y mordaz razón de su existencia: "Nace debido a la enajenación existente de los lectores, autores, sociedad toda. Como una intención de protesta, un juego macabro de la burla, por el sistema político tan vilipendiado que todo mundo reconoce en las charlas de café, pero que pocos se animan a asumir desde la letra. Su objetivo primordial es Hacer del panfleto arte.

El segundo objetivo tiene que ver con reconocer precisamente esas charlas de café, que los puritanos desprecian, pero que son parte de una memoria colectiva. Todos el país tienen una opinión política. Grietas busca darles el espacio. Formado en tan solo una hoja tamaño carta por ambas caras pretende presentar una imagen de un artista visual, un comentario (que no requiera mas citas que las que el autor tenga a la mano -o a la lengua-) de dos cuartillas y media, y un poema.

Grietas pretende ser vehículo. Espacio. Apoyo. Grietas esta condenado, nacio en junio del 2010, para morir el miércoles después de las fatídicas elecciones presidenciales del 2012.”, hasta ahí señala Adan Echeverría.

Este pasquín ha presentado a lo largo de varias semanas en una clara intención de ligar el momento histórico de celebración caótica de un bicentenario y centenario como una obra de teatro cuyo escenario de fondo es el de un campo de guerra con 28 mil ejecuciones en los últimos tres años, en 998 enfrentamientos diarios, es decir casi uno por día. Un momento histórico en el que es imposible que no toque a sus individuos. No es el México que nos trastoque la existencia para quienes vivimos en un Sur donde las cifras de ejecuciones no son las del Norte, en un país colapsado y dividido, del que sabemos por el temor que asalta a la vida cotidiana de las familias de ciudades donde el miedo se vuelve algo cotidiano.

El proyecto está ahí, como un espacio para quienes escriban de estos temas con la conciencia y la voluntad, con la noción de que es una irónica representación del panfleto que en otros tiempos sirvió a los escenarios revolucionarios. En la Revolución a palabra armada.

 

tomado de "La literatura como re-evolución" / Argentina Casanova

Texto leído en el Encuentro de Escritores Jóvenes de MTY

(publicado 24 de agosto de 2010).

 

 

-----/////-----

 

Compañeros todos" es un tren cargado de realidades escondidas. Escenarios que conocemos al pestañear por las calles o con el estornudo que vuela en el aire. Todos somos los pasajes cotidianos. Comienzas clavándote una aguja en el estómago y terminas liberado por una experiencia que jamás imaginaste. Adán Echeverría es impredecible. Sus personajes gruñen y vomitan rebeldía. Las paredes parecen hacernos llorar y sus grietas son tan crudas como corruptibles. Feménite arrulla un canto de sirenas que luchan contra mareas revoltosas y mortales. Ciudadanizarse reparte corazones que se agitan para dar un último aliento. Sueños que se construyen con ladrillos vagabundos y que no tienen miedo de gritar cómo se sienten. Aquí el asombro nace de las mismas pupilas de sus personajes. Seres sexuales y dominantes, capaces de salirse de las páginas y causar una rebelión en tu propia casa.

(Paulina Jiménez Cíntora)

 

 

-----/////-----

 

Me había perdido la inauguración, pero era lo menos importante de todo lo importante. Recorrí varias veces los pasillos del gran salón admirando miles y miles de títulos de obras, ya sean novelas, poemarios, libros de cocina, arquitectura, fotografía, de periodismo, cómics, etc. Al primer lugar que acudí fue al stand del Centro Yucateco de Escritores, donde se exhibían libros de autores locales, y un joven, muy amablemente me atendió. —¿Cómo qué buscabas? Tengo libros de poesía sencilla y otras más trabajadas— señalando al del autor yucateco, Adán Echeverría, “El orgasmo de los ídolos”.

(Jhonny Euan Canul)

 

 

-----//////------

 

Adán Echeverría, es ya, le guste a unos y a otros no, un referente de las letras de Yucatán y algunos dicen, los menos, que de México. Nacido unos años antes que un servidor, ambos compartimos algunas pasiones: la literatura, el fútbol (cuando juega México y los Pumas de la UNAM) y lo bizarro. Nos citamos, como es habitual de la clase media meridana, en un café céntrico de la capital yucateca, a eso de las seis de la tarde; sin embargo, las altas temperaturas ya habían hecho estragos en mi garganta y acudí a la cita sólo para cambiar el rumbo de nuestros pasos. Fuimos, como antaño, a una cantina; en esta ocasión, una céntrica ubicada a unos metros del mercado municipal Lucas del Galvez. Entramos y allá, se encontraba ya otro colega: Saulo de Rode. La ya añejada guarida de los beodos vespertinos, rodeada de imágenes de la Santa Muerte y Buda de todos los tamaños imaginables, daba un aspecto lúgubre y bizarro al Jacalito. Tras solicitar a un mesero, de avanzada edad, una misil de León Negra y una Coca-Cola para Adán, nos apartamos de los ruidos causados por una rockola moderna que iniciaba una canción de los Ángeles Azules acompañados del vocalista de Moderatto. Encendí la grabadora del celular e inició la charla.

(Armando Pacheco)

 

 

 

-----/////-----

 

 

Adán se llamó el primer hombre. Adán, también nombre del autor de Trapacería y Fiesta. Hombre Ave que con su canto despierta a las dormidas Gomorra y Sodoma, prostitutas que se sacuden los escombros y se encaminan a esta orgía poética para sumarse a las mujeres desnudas, mujeres de muslos lustrosos, de muslos de titanio y eucalipto que predominan en la fiesta. Ellas y sus terciopélicos muslos. Y Eva la primera mujer se deshace de la hoja de parra y su desnudez de gacela, su infame desnudez, camina hacia el Tigris o al Éufrates donde se enjuga la vagina para lavarse los pecados; ella la cuna del pecado, de la pasión y la poesía.

(Ángel Augusto Uicab)

https://revistaliterariamonolito.com/la-fiesta-del-hombre-ave-trapaceria-y-fiesta-de-adan-echeverria/

 

 

-----/////------

 

Adán Echeverría emplea la microficción, en la cual, representa a través de ellos el conflicto al que se enfrentan los homosexuales por ocultar sus preferencias a consecuencia de la sociedad homofóbica. Son tres microcuentos: el primero llamado "El veneno de la flor"; el segundo "Si no eres honesto contigo" y el tercero "Los vestidos de Cristo."

(http://erevistas.uacj.mx/ojs/index.php/cuadfront/article/view/1791)

 

 

-----/////------

 

Es la palabra la luz del humano para saberse distinto de los animales que le acompañan en este agonizante planeta. Crearon, como dioses, la poesía para liberarla y hacerse eternos. No fueron siete días, pero formaron rapsodas o juglares, y vivieron de ella. Fue crucificada, muerta y sepultada, la volvieron su puta, su niña de ojos de miel y la embarraron en cualquier cuarto amontada de palabras huecas, tan huecas volviéndolas nada.

Adán Echeverría en Trapacería y fiesta hace un recuento de esa poesía sempiterna, pero al mismo tiempo refriega en nuestras pupilas el mundo que ha abusado de ella. No calla, no esconde, es un blasfemo ante las formas conjuradas del poeta laureado que ha dejado a la palabra en la derrota.

La poesía es vida, es el molde de los pequeños dioses. Pero ésos, ya no existen, se han vuelto demonios en busca del oro de la cultura del escenario fútil.

(Blanca Vázquez)

 

-----/////------

 

En "Mar Océano", de Adán Echeverría, los ojos de inocentes almas nos embarcan en la travesía por uno de los ecosistemas preferidos por los vacacionistas: las costas arenosas.

Desde el inicio del relato chocamos con la premisa: Hemos heredado un mundo tan lleno de fantasía como tan lleno de horror.

Un juego de niños que nos desafía a renunciar a lo terrestre, lleno de limitantes, y sumergirnos en la piel de monstruos incapaces de dañar, y tan hábiles para llenarnos el corazón de Océano.

(Melbin Cervantes)

 

-----/////------

 

 

Ciudad adentro (comentario sobre "Ciudad Abierta" de Adán Echeverría).

La ciudad se abre al poeta como una vena adolescente frente al ocio de los sentidos. Es en ese caminar donde la voz es el laberinto de los otros, cuando se transcribe la infancia transparente, el dolor inabarcable que calla frente al espejo, el oficio descifrado entre las calles y el ruido que murmura su silencio entre los dientes. El volumen sostenido de Adán Echeverría en los versos de distancia con que forma el andamiaje de su poesía, da la pauta a la lectura de las distintas urbes íntimas que forman el orbe literario en este paisaje aéreo habitado por el aliento y el sosiego. Cada verso nos transporta desde el vértigo del eco que deja las calles para instalarse en la memoria y dejar ahí la primera piedra del olvido, a las alturas de un discurso instalado en las arterias. Este poemario se deja habitar, en la exploración de su entraña nos descubrimos de regreso al lugar del que nunca nos fuimos, sólo la lectura nos enseña que somos gota de sangre convocada por el pulso urbano, “hasta formar el charco que somos en esta ciudad abierta”.

(Raúl Cota Álvarez, Baja California Sur)

 

 

-----/////------

 

Comentario al Poemario “En Espera de la Noche”

La poesía es un regalo sumamente valioso. Nos da la oportunidad de asomarnos y conocer la complejidad del mundo desde los ojos de alguien más. Disfrutamos la magia, nos abraza y nos empuja el amor, nos cala en los huesos el frio y nos explota en la cara aquello que preferimos esconder bajo la alfombra. La poesía se siente, se reflexiona y se comparte.

“En espera de la noche” es un poemario que guarda nudos para la garganta y mariposas para el estómago. Si pudiera definirlo en una frase, sin duda usaría la de aquel poema del buen Sabines que nos dice “No es que muera de amor, muero de ti”. Y la elijo porque, para mi corazón, eso es lo que refleja esta obra: No habla simplemente de amor, sino por quiénes sentimos ese amor, por quiénes morimos y qué hay luego del amor, ese amor profundo que nos motiva a despertar por las mañanas, y que al mismo tiempo nos hace recordar que no somos eternos.

El mensaje de cada uno de los poemas va pasando etapa tras etapa de la vida, ese ciclo que nos enseñaron en primaria como si la vida fuera cosita de nada: naces, creces, te reproduces y mueres. Pero sabemos que se vive diferente y, con toda la ternura, Adán Echeverría supo cómo contarlo.

Sus textos inspiran a voltear alrededor y resignificar lo que vemos; apreciar hasta las pesadillas; a sentirnos ricos de tener a quien amar, a quien darle las buenas noches, a quien dedicarle un verso. Cuenta que el amor también nace, crece y se reproduce y, al reproducirse, se convierte en lo más preciado que cualquiera pudiera tener; se vuelve incondicional, infinito en cantidad y tiempo, un tesoro que proteges con tu propia vida, aun después de escuchar su silencio; entiendes que el amor no acaba aunque te quedes sin nada y ya hasta te cueste respirar; que puedes morir por una mujer, por un hombre, por un niño, por tus sueños, por tus recuerdos, y no deja de ser amor.

Lees y vibras, tiemblas, recuerdas y experimentas sentimientos que tal vez jamás creías podrías sentir. De entre toda la maravilla que es “En espera de la noche” tengo un texto favorito, y este texto me dejó con un nudo en la garganta y otro en el estómago. La primera vez que lo leí no pude contener las lágrimas, pues descubrí otra cara de la vida. Y aprovecho el momento para compartirlo, y cuando se dé la oportunidad, me gustaría mucho que compartieran sus impresiones.

El texto lo pueden encontrar en la página 32 y dice de la siguiente manera:

Apenas terminaba la celebración

cuando vinieron a decir que mi hija había caído de un árbol

edificios y espinos y edificios y gritos

había caído de un árbol a sus nueve años

el vestidito rosa que recién le había comprado

raído y sucio de lodo

cerrados los ojitos dormía

siempre disfruto mirarla dormir

dormía al amamantarla

dormía al crecer dentro de mi vientre

hoy de nuevo dormía en el pavimento

en sueños iba dejando un rastro de ternura

en alguna derrota incomprensible

mis gritos se elevan con las aves

con las nubes van mis gritos por toda la ciudad

Ayúdennos señora, hágase aún lado

Shhh

que la niña está dormida

 

 

Este fue mi texto favorito.

Sin embargo, hubo muchos textos más que me provocaron, y que me parecieron tan buenos que decidí crear una lista de los poemas que más me gustaron, todo esto con el propósito de recomendarles esa parte que a mí me motivó a continuar leyendo e hizo tan especial mi experiencia.

El orden en el que los mencionaré es en el que van apareciendo en el poemario, no tiene nada qué ver con cuál me haya gustado más, aunque, ya saben cuál es mi favorito.

-Fueron pataditas (pág. 16)

-No alcanzas a trepar sobre los cobertores (pág. 20)

-Oiremos música en espera de calmarnos (pág. 22)

-Esta noche me despertó el sueño con las brujas (pág. 24)

-Hace dos años éramos eternos (pág. 25)

-La maestra ha dicho (pág. 26)

-Ella tenía 20 años (pág. 27)

-El primer día de escuela (pág. 29)

-Apenas terminaba la celebración (pág. 32)

-Dicen que debo protegerme de ti (pág. 54)

 

Para finalizar mi participación, solo me queda decirles que “En espera de la noche” ha sido, me parece, una gran oportunidad para reconocer el mundo, para sentirme viva, frágil, amada; pero, sobre todo, para sentirme humana.

(Damaris Cuevas)

Texto preparado para su lectura en la Presentación del Poemario «En espera de la noche» (Ediciones El Humo-FONCA-CONACULTA, 2015) de Adán Echeverría, en la Galería de la Ciudad del Centro Cívico Cultural y Social Riviera, Instituto de Cultura de Baja California, Representación Ensenada, el 9 de septiembre de 2016.

 

 

-----/////------

 

Al contrario de otros escribidores que no sueltan prenda al enterarse de posibles lugares para publicar, por aquello de “cada quien se rasque con sus propias uñas”, a mí me encanta compartir con otros, como lo hace el colega Adán Echeverría, quien me da a conocer nuevas plumas para difundir su obra, otras formas y nuevos sitios para editar obras literarias.

(Edgar Rodríguez Cimé)

 

-----/////------

 

 

"Ciudad Abierta", impresiones.

 

Ciudad Abierta. Publicado por Ediciones Letras de Barro. Editorial mexicana.

Es un libro de poesía. Consta de 37 poemas. Y el primer punto a destacar es el ritmo, que se sostiene en todos y cada uno de los poemas.

El autor hace un despliegue de recursos, antítesis, metáfora, reiteración, comparación. A lo largo de estos 37 poemas de extensión variada.

Hay 4 que son muy cortos, de entre 6 y 5 versos.

Uno de ellos se titula "Él me regaló la carne".

Que remata con: la carne y la noche se cubrió de labios.

El más extenso es el último de la colección:

"Deshabitarse".

Ocupa 5 cuartillas y narra la pasión de unos enamorados, desde su juventud, hasta su vejez, y lo continúa cuando uno de los dos ha fallecido.

“Los domingos todos no hay cervezas en el refrigerador”.

Aquí el hablante lírico es una mujer.

Y es un tema recurrente en el poemario.

Más allá de que el libro se titule "Ciudad Abierta", ya que, ciertamente todos los poemas tienen lugar en el ambiente urbano.

La mujer tiene fuerte presencia en más de la mitad de los poemas, sobre todo la niña o jovencita que destaca en los primeros 5 poemas.

Un ejemplo de ello es:

"Es tan larga la calle y al final el disco rojo."

Que canta la violación de una chiquilla ocurrida dentro de esta "Ciudad Abierta."

No es un libro que se lea rápido, aunque goza de buen ritmo es inevitable detenerse a paladear estos versos. He aquí un ejemplo.

"Y para el amor la sombra de luna ciega

La flor marchita en el huerto/ y este cadáver que soy."

(J.R. Spinoza)

 

-----/////------

 

“Compañeros Todos”, de Adán Echeverría

 

Este es el segundo libro de Adán que leo y debo comenzar dejando en claro que son evidentes los esfuerzos de su autor por dejarnos una lección – una moraleja – a través de sus palabras, las cuales han adquirido mucha mayor madurez y, también, complejidad.

En “El Orgasmo de los Ídolos” Adán privilegió lo breve y directo, a mi parecer porque estaba desarrollando las herramientas que ahora aprecio en “Compañeros Todos”: una prosa feroz, a menudo confusa, pero siempre vigorosa y, sobre todo, implacable y desgarrada.

El libro consta de 14 cuentos, divididos simétricamente en cantidad en las secciones “Femenité” y “Ciudadanizarse”. Aquellos hablan de diferentes situaciones – cada una más complicada que la anterior – en las que las protagonistas son mujeres que sufren algún tipo de manía o persecución; estos hablan de diversas manifestaciones de hombres que ejercen de alguna manera su libertad, interactuando con mujeres complicadas, todos con consecuencias no precisamente afortunadas.

Dicen algunos que los escritores hablan en sus relatos de aquello que ellos viven, que se nutren de aquello que les sucede. De ser así, y a juzgar por los pocos retazos de vida que conocemos del autor, esto también se cumple en su caso. Queda claro a través de sus letras que las mujeres son personajes complejos, y Adán nos presenta en sus relatos diferentes personalidades de ellas, diferentes facetas, aunque todas con un elemento común: todas son – o han sido – desgraciadas. Los personajes masculinos – ¿reflejos de la experiencia? – cometen errores comunes y tampoco tienen un final feliz.

Hay algo que también se percibe en este libro de Adán: hizo un esfuerzo consciente para ser más extenso de lo que normalmente es, y aquí es en donde me parece que el libro falla un poco. Si bien nos conduce adecuadamente al desenlace de la historia, en ocasiones sus palabras, y el hilo de la trama, se tornan confusos y difíciles de seguir.

Adán es un asiduo colaborador en nuestro "Diario del Sureste", y sus historias cortas son apreciadas no únicamente por nosotros que colaboramos junto con él, sino por muchos de nuestros lectores que lo siguen semana tras semana. Al comparar estas historias con las de “Compañeros Todos” se observa inmediatamente la extensión adicional que abarcó. Esfuerzo plausible a todas luces, y tal vez efectuado a sabiendas de que el cuento corto lo domina a la perfección.

Este es el único pero que encontré en su libro.

Al finalizar su lectura me surgió una pregunta que quisiera compartir con él: ¿cómo resultaría un cuento cómico de Adán? Si es cierto lo de los clichés, entonces también podría ser cierto que por sus vivencias podría escribir una magnífica comedia, puesto que el sarcasmo y el humor negro también parecen dársele muy bien.

Así pues, estimado Adán, ¿qué tal una comedia?

Recientemente avecindado en Morelia por motivos de trabajo, Adán es una pluma honesta entre tantos que se enamoran de sus propios textos, narcisistas que se abanican con los presupuestos y regalos de las secretarías. Él no lo es, él ha picado – y continúa – picando piedra. Tan solo por esa autenticidad y esfuerzo le lleva un buen trecho de ventaja a muchos de los otros “escritores” yucatecos.

 “Compañeros Todos” es un buen libro y una magnífica adición para cualquier biblioteca.

Que se te cumpla, Adán: que Morelia pronto reconozca que un talento de las letras yucatecas les ha llegado, y que el éxito te acompañe.

(Gerardo Saviola)

 

-----/////------

 

 

LOS ELEMENTOS DEL POEMA.

NI LA POESÍA NI LOS POETAS están hechos del mismo molde. De ser así la poesía sería aburrida y el poeta apenas se alcanzaría a distinguir en unas cuantas formas.

Un poema de plástico puede que sea pegajoso pero sus días están contados. Un poema de piedra, obviamente, es más consistente y habrá en su interior misterios por indagar, secretos por develar y si se le talla un poco es probable que la materia que la integra le dé consistencia y la piedra deje de ser piedra y dé a luz un poema.

Hay en los campos estériles de la poesía poemas de hule, de espuma, de madera, de agua, sólo de palabras, de lodo, de arena, de bisutería. Los más consistentes son de hierro forjado, de material fosilizado; los textos de huesos de animales suelen resistir.

Diría que los poemas de Nicanor Parra tienen una consistencia extraña, como de elementos corroídos por el tiempo. Antielementos, quizá. ¿Y Vallejo? Sin duda de material imposible de encontrar en los tiempos frágiles que nos toca vivir.

Neruda estaría hecho de materiales tan consistentes como endebles; Olga Orozco y José Carlos Becerra de materiales que se antoja imitar, aunque pocas veces se logre hacerlo con tino.

¿Qué es lo que le da consistencia al poema para que el lector de hoy y de mañana lo distinga entre en el caos de la selva urbana, en el fondo del mar, en las vías del tren o en los basureros de la miseria intelectual?

Creo en la posibilidad de una ética del poema más allá de los valores morales impuestos por la sociedad.

Pienso esto mientras leo Alter ereré del poeta Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, 1975). Desde título, la casa elegida por el poeta para reunir sus poemas, llama la atención que el autor elija un nombre propio para su libro alejado de las convenciones. No es de extrañarse en virtud de que sus libros anteriores: El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004) y Xenankó (2005) navegan por la misma ruta de los títulos poco comunes.

En principio estamos ante una irrupción de voces. Echeverría es una voz que proviene de muchas, una voz que es muchas voces porque no sigue una sola ruta sino varias. Aunque al final podemos decir que los caminos elegidos confluyen en uno: el desencanto, cierto hartazgo por las cosas o quizá una especie de desilusión que nos hace preguntar, ¿qué ruta emprenderán ahora sus versos?

Cierto que para llegar a ese descreer hay un largo camino en el que se dan cita el éxtasis por la vida, los encuentros eróticos, las heridas que sanan en la luz, la oscuridad de la noche transformada en día gracias a la materia del poema, hecho con desgarraduras, confesiones, emoción, sentimiento y garra.

Dice Kapuscinski, refiriéndose a los periodistas, que los cínicos no sirven para ese oficio. Con los poetas sucede lo contrario, hay que serlo y tener un poco de ese material para sobrevivir. Hay demasiados fenómenos naturales oscilando en el mundo de la poesía capaces de arrasar todo en un instante, desafortunadamente no todas las casas del poema quedan de pie.

Los poetas suelen tener el ego muy elevado. A veces es una pose y otras un arma para seguir con vida en la manada. Poco importa si la herramienta para construir el texto no es la adecuada. "Lo mejor acerca de la poesía —dice Simic— es que molesta mucho a los maestros, predicadores y dictadores, y a todos los demás nos alegra".

La poesía contemporánea, demasiado encerrada en sí misma, es a veces un largo y aburrido monólogo. Dialogar es preciso. Intentos hay muchos, resultados, pocos.

 

Los poemas de Echeverría siguen ese camino, el del coloquio, casi siempre extensos, a veces ajenos al candado de los títulos, fluyen de manera natural en un momento en que su generación se hace oír. A gritos a veces, derribando puertas otras, pero que el grito se escuche.

Diversidad temática, otra constante de este libro. Un tono que pocas veces mantiene la mesura, pero que sabe bien hacia donde dispara. Los blancos de Adán, previamente localizados, están a la vista de todos, pero el que dispara y atina es él.

Por una parte la ciudad, expuesta, abierta, alerta, despierta. La condición humana en su alegría y su miseria. La calle que bien puede depararnos desde un encuentro grato hasta una llamada de terror. El bien y el mal concentrados en las esquinas y en la boca de lobo de la noche. Queda claro que vivir una ciudad y reconocerse en ella hace que tengamos que destrozarla un poco. "De qué nos sirven los poetas si siempre mojan la cama", es el título de uno de los poemas de este libro. Y no puede uno dejar de pensar que hay una verdad cruel en todo esto.

La violencia, la deshumanización, el nihilismo, son a veces parte de la atmósfera de los poemas de Echeverría, temas además propios de la historia de la humanidad, acentuados quizá en ciertos momentos. No podía ser de otra manera en una civilización en que los tiempos de guerra son más prolongados que los de entreguerras.

El autor de estos textos no juzga, sólo expone, pone en evidencia, descubre y deja expuestas las heridas del mundo. Cada quien con sus cicatrices, sus fobias y su forma de armar y desarmar el rompecabezas de la vida. Y lo que hace a lo largo de Alter ereré es un muestrario de tópicos de la existencia que van mucho más allá de la tarjeta postal. Creo que estamos más cerca de la radiografía que de la simple exposición.

Cielo y tierra cayéndose a pedazos y el ser humano sobreviviente único entre los vestigios de vida, con sus alegrías, sinsabores, vicios, imaginario, sentido del caos y del equilibrio.

Hay momentos de aspereza, ¿qué material hecho de la dureza de las cosas no lo es? Uno quisiera decir algo de la época en que vive, dice Simic. En esta intención creo entender más la poesía del autor de estas páginas, en las que se dan cita las atmósferas de un mundo en convulsión al que la poesía le toma el pulso.

Hablar en verso es la manera más desparpajada que eligen los poetas para hacerse a entender.

 

"RECONSTRUIRSE

Un hueso   un poco de polvo   una costilla

construir los pasadizos de la Muerte

Muerte de muertes y cuerpos descarnados

muerte pequeña dibujándose los muslos

como en las cuevas de Altamira

prehistórica unión de muerte amordazando los cabellos

Así es tu rostro en las paredes

      dos líneas curvadas de negro

y el rojo destino que secuestra las miradas"

 

He aquí un fragmento de un libro que es y no que promete. El principio o el fin de un viaje en el que incursiona todo libro en el que hay una ruta previa. Piedras que sangran, utopías del silencio, rompimiento de vértebras.

 

"ALTER ERERÉ

Escribiré para mi

algo que contenga mis propios símbolos

dioses en los cuadernos

y para las noches tormentas

porque las tormentas son como gatos sarnosos

tan llenos de amor por las palomas

palomas negras palomas moradas palomas anaranjadas

que picotean los corazones de las medallitas milagrosas"

 

Poemas-río que desembocan en mares densos.

Desprecio, angustia, abandono, una escritura que atraviesa los valles del desasosiego y no se queda quieta.

Los versos de Echeverría son como peces, mejor dicho, como anguilas de fuego abriéndose paso desde el aire de la noche.

Los dioses se aburren con los hombres que no tienen historias que contarles, dice Simic. He aquí una galería de claroscuros para que el hipócrita lector, nuestro semejante y hermano, busque su propia máscara.

(Margarito Cuéllar)

Septiembre 21 de 2014.

 

-----/////------

 

Sobre "El corredor de las ninfas".

"Muy interesante, densa, bastante novelesca, te mantiene en suspenso; tema fuerte pero te hace pensar y analizar cada situación ..déjame decirte que acabo de ver una serie y habla más o menos del tema en otras situaciones pero me hizo recordar tu novela; me gustó en definitiva".

(Rosy Vera)

Etiquetado como

 

Juntas y de pie

(Crónica–reflexión)

Gwenn–Aëlle Folange Téry

 

Con el más profundo y sincero agradecimiento a Marcia Koryna Hernández,

sin quien estas palabras no existirían, al menos no en este orden.

 

¿Por qué los hombres atacan a las mujeres? ¿Por qué el ser mujer parece ser un castigo divino y por qué los hombres se otorgan el permiso de  aplicarlo? ¿Por qué empiezan las vejaciones cuando somos niñas, y de apodos, prohibiciones y violaciones se avanza a veces hasta el feminicidio? ¿Por qué la violencia hacia la mujer?

 

Me invade la tristeza. Llega hasta mí como las neblinas oscuras de las películas de terror y sencillamente me lleva a su mundo. Me siento indefensa. Yo que tanto hablo, demuestro, analizo, deconstruyo, para reconstruir luego y así entender qué nos hace funcionar, actuar. No puedo más. No logro entender qué lleva a algunos a ceder a la violencia que en ellos anima.

Soy mujer. He sufrido por serlo. Y no, no he sido agredida por un desconocido, no he sido violada, tal vez un poco toqueteada de niña por otro niño, que ha de sentir vergüenza si lo recuerda y, claro, tampoco he sido asesinada. Mi sufrimiento ha tenido lugar en mi cabeza y en mi corazón, y aunque obviamente no es lo mismo estar triste que estar muerta, no deja de  ser sufrimiento extremo.

Cuando niña, muy chica, mi familia se rompió. Tronó como globo lleno de gas en el zócalo, un día de feria. El fuego que la hizo explotar fue un rollo absurdo “de apellido por pasar” a hijos varones. Onda el rey no tiene quién le suceda. Mi hermana y yo salimos volando, daño colateral de la intensa lucha entre mis papás; daño colateral de la forma y calidad de nuestros genitales.

Es largo, penoso y complicado de explicar, pero te paso un resumen: Mi papá quiere un segundo hijo varón para estar seguro de que su apellido perdure a través de los años. Mi mamá, después de siete embarazos, dice que no más... Mi papá agarra sus cosas (y su pene) y va con quién le dé gusto. Mi mamá nos informa a  mi hermana y a mí que tenemos otro hermano, que mi papá la traicionó. Llora amargamente y asesta el golpe que cargaremos las dos durante años: “Es su culpa, por ser niñas”. Y claro, como en aquella época el asunto es vergonzoso, lo del otro hijo, no tanto lo de ser niñas, pues nos prohíbe hablarlo con quien sea.

Sí, ya sé. Después de años de terapia y de pensar, analizar,  pasar por las formas de perdón del yoga, del reiki y de la calle, entiendo que hizo lo que podía. No creo, no quiero creer, que en su mente o corazón nos haya querido dañar. Pero lo hizo. Y ves… No me pude defender, era una cosita de nueve años; tampoco mi hermana, ella tenía siete. Nos la creímos: por nuestra culpa; “por nuestra vulva”, dirían unas chavas que conozco, nuestra familia se volvió veneno para quien intentara vivir en ella. Y sí, sé que esto no se compara con ser violada, con ser torturada, con que te arranquen los pezones  a mordidas y luego te dejen muerta–muerta, al lado de un camino, pero la niña que yo era, de alguna forma murió ese día.

Empecé a comer mucho. Mi mamá me puso el apodo de “basurero”, porque todo me lo terminaba. Engordé y mi ropa se compraba en el departamento de señoras. Escondí mi cuerpo bajo lonjas de grasa y me tragué las lágrimas con pan y chocolate. Me convencí de que no era yo una persona que se pudiera querer. Mi hermana, que era ya medio atrabancada, usó  por siempre pantalones, blusas deportivas y tenis. Se lanzó del columpio más alto y jugó a bote pateado entre minas y arenales. Escondió su cuerpo también bajo un disfraz de chavito (e imagino…), se tragó las lágrimas pateando duro al famoso bote. No sé si ella se sintió como yo, como un ser no–querible, porque nunca se lo pregunté. Y crecimos.

Por ahí de mis trece años descubrí el feminismo. No sabía que existía. No sabía que había mujeres por el mundo clamando su orgullo de serlo. Estaba en ese tiempo en uno de mis apogeos ponderales y me seguía escondiendo tras enormes faldas de resorte y libros, leía para no ver, para no ser vista. Y sí, descubrí de repente en mí un sentido de pertenencia, algo que ahora se llama sororidad, pero que en aquel entonces yo llamaba “eso”. Un acompañamiento que presentía, que adivinaba y que quería para mí, sin lograr formular bien a bien en qué consistía. Trabajé luego muchos años, tratando de rescatarme. De sacar de aquel hoyo negro a la niña que fui.

Sí, te veo alzando los hombros, pensando que soy una payasa, que viendo lo que sucede alrededor nuestro, como por qué me permito enternecerme y llorar sobre una historia que parece de novela rosa. Pero así es, y si negara mis sentimientos, estaría, pienso, negando el camino recorrido y dejando  a esa niña en el limbo.

Un día me fui a vivir con un hombre al que amaba, y que me amaba, aunque me haya sido tan difícil reconocerlo. No soy querible, recuerda. Y otro día nos casamos y tuvimos hijos: dos niños. Orgullo sin precedente en mi vida, había logrado lo que mi madre no, tener dos varones seguidos,  y había –creía yo– logrado existir a los ojos de mi padre. Porque toda mi vida sentí que no era suficiente para él. Porque no se nos lastimó nada más al hacernos cargar con una culpa inexistente, sino que se nos prohibió (a mi hermana y a mí) hablar con quien fuera de esa noche, esas noches, que a cada una nos tocó la fulminación por separado. Si se lo hubiésemos comentado a mi papá, como lo hice cuarenta años después, nos habría dicho lo que me dijo ese día: “Lo siento, no sabía que las hubieran lastimado así. Y no, no es cierto, yo las quiero…” O si lo hubiésemos comentado en la escuela, o con algún amigo, tal vez habría desaparecido el estigma. Pero aquel silencio  sepultó mi sentir.

Y un día, otro más, tuve una hija. Y al cargarla, me cargué a mí. Y la amé porque era niña. Y sentí en mí una explosión de amor que superó al globo tronado, que todo lo tiñó de rosa, claro, y que trajo a mi vida luz y alegría. Me tomó por sorpresa. Pienso que una parte de mí seguía creyendo que las niñas no son queribles, pero me dejé llevar y juré (no sólo prometí), juré que ella crecería orgullosa de ser mujer, aunque me llevé a mis dos niños varones, entre las patas. Tanto fue enseñarle a mi hija que podía hacer lo mismo que los hombres, que ser mujer tenía facetas llenas de enormes cualidades, que… Que mis hijos terminaron por pensar que el ser varones era algo malo. Tuvimos suerte. El hacer tan pobremente mi trabajo de mamá, por la razón que fuera, el ser quien era yo, el ser mi esposo quien era,  metió a nuestra familia en un lio emocional bárbaro. Y la suerte fue tener que encontrar solución, haber vivido de niña lo que viví y entonces ser capaz de reconocer que la solución no era taparme ojos y oídos, sino salir al quite. Han sido muchos años, no te lo puedo ocultar. Pero aquí  en casa ya sabemos quiénes somos y en ningún momento entran en consideración nuestros géneros.

Ya estoy oyendo a mi hija protestar, diciendo que no es cierto, que cuando  empezó a salir sola de noche, yo no la dejaba regresar igual de tarde que sus hermanos. Porque allá afuera, está lleno de monstruos…

Me podría haber saltado  lo anterior, pero me era importante explicarte por qué tengo derecho a hablar de violencia hacia la mujer. Y para lograrlo, he hecho lo que acostumbro cuando estoy frente a algo que no entiendo: he desmenuzado  los datos; por un lado he puesto lo que sé; por otro, lo que intuyo. Y trato de entender, porque si no entendemos qué pasa no lo podremos detener.

Me he preguntado si yo podría violar a  alguien. Llego a la conclusión de que sí. ¿Por qué al visualizar la escena siempre es mujer la violada? ¿será porque es más fácil introducir objetos en una vagina que en un ano o porque el sexo anal no se me da? Siento subir en mí una excitación poderosa. Sí, porque sería yo la más fuerte; dominaría a alguien y ese alguien me tendría miedo. Y yo ganaría. Estaría en alguna suerte de cima, onda magnate cubierto de relojes o diva aplaudida por miles. Lo digo, así, sin tapujos. Uno, porque si no analizo con honradez, no me sirve, y dos, porque –desde luego– no pienso violar a nadie. El barniz de educación moral y emocional que llevo encima  me hace entender que “eso No se debe hacer”, representa lastimar a otra persona. Y luego, me detienen las leyes también. Los violadores se van presos, en el mejor de los mundos posibles, ¿verdad?

Extrañamente, cuando pienso en eso, en lo que se puede sentir, tengo pene. No me imagino violando sin él. ¿Será por lo que vemos en películas o nos dicen en lo noticiarios? ¿Porque en mi mente violación es igual a hombre lastimando mujer? ¿Violaría yo a mi hija, a una niña? Jamás. Vamos, lo analizo hoy porque estoy haciendo lo posible por entender a los que lo hacen, pero jamás lo he pensado antes, ni lo pensaré después. Violar, según lo que sienten mi cuerpo y mi mente, tiene que ver con poder, no con violencia, aunque se recurra a ella para lograr el cometido. Y el violentar la entrada a una vulva tan pequeñita implica demasiada violencia para que la sensación de poder sobreviva. Y porque, al imaginarme hombre, no soportaría tampoco lastimar mi pene, dañar una parte mía… Y porque son niñas, carajo, son niñas…

¿Tengo ganas de violar a alguien? No. Una cosa es medio entender qué se siente, o imaginarlo, y otra querer sentir lo mismo. Soy honesta, no monstruosa. No quiero ni violar, ni lastimar. Me prohíbo ser violenta. Y esto me lleva a considerar la violencia, el ceder a su impulso. ¿Mataría yo a alguien? He estado dos veces en la disyuntiva y la conclusión es que no. No lo haría. Esto ni siquiera se me antoja vamos, no siento ninguna erección mental o emocional al considerarlo. Primero, la sangre de una persona odiada,  el sólo hecho de tocar su piel, despierta en mí una repulsión descomunal. Luego, otra vez lo de las leyes. A los asesinos, más si son cómo yo, no profesionales, pues, se les mete presos… Pero además, en esos dos momentos de mi vida, mi ira estaba dirigida a dos personas en especial, no a una masa informe o a un grupo de desconocidos. Mucho menos mataría a un grupo por llevar tal o cual etiqueta: la de judíos, negros, indígenas, musulmanes, mujeres… Sé que hay gente, hombres en general, que… que… ¿qué pongo? ¿odian? ¿desprecian, envidian, temen a las mujeres? ¿Por ser mujeres? ¿Así, en grupo? Yo pienso que el decidir violar, golpear, patear, picar o matar a una mujer tiene más que ver  con valemadrismo, con el “hago lo que se me pega la regalada gana” y eso que te decía del poder sobre otros, que con odio o miedo. No el desearlo. El llevarlo a cabo.

¿Qué pasa en la mente de una persona para que decida pasar al acto? ¿Se decide siquiera algo así? ¿Son la violación o el asesinato el resultado de un impulso o de una reflexión? Veo mucho en películas y en la tele el recurso del arma improvisada para matar a alguien. Dicen que el usar un cuchillo sacado por ahí de la cocina no es lo mismo que llegar ya con él en la mochila. Que hay una onda de premeditación en  el segundo caso. Algo como lo que entiendo yo del dolo o de la culpa. No de impulso.

Pero pienso que lo que nos pasa a las mujeres que tanto hemos sido ignoradas, denigradas, oprimidas, reprimidas, menospreciadas, violentadas, violadas y asesinadas, es producto de la reflexión. Nos aniquilan con dolo. Alevosía. Ventaja. Y son hombres los que lo hacen. Lo que busco analizar ahora es el origen de esa actitud porque si entiendo contra qué luchamos, la defensa se vuelve más eficaz. ¿Desde cuándo la mujer es considerada presa mayor de cada día?  ¿Por qué diablos tiene que ser la mujer inferior? ¿De dónde viene esa idea, esa necesidad? ¿Y es… cierto? Lo de la realidad de la inferioridad física de la mujer en relación al hombre se podría probar usando ejemplos fehacientes: sí, al hombre se le daba más fácil perseguir y matar a un mamut que a la mujer; sí, mi esposo carga el botellón del agua más fácilmente que yo, y sí, no hay duda, en general los humanos de sexo masculino tienen más fuerza que los de sexo femenino. ¿Pero es eso ser inferior físicamente? ¿Se mide la capacidad física en términos de kilos, megabytes o caballos de fuerza? ¿Nada más? Pues sí. No cuenta que podamos quedarnos despiertas días y noches velando a un enfermo. No cuenta que una vez al mes, lunar, sigamos con nuestras actividades aunque el vientre se nos contraiga dolorosamente. No cuenta que, si no hay hombre, podamos cargar el famoso botellón (cuenco de agua sobre la cabeza), incluso por kilómetros, como lo hacen las mujeres en Irak  o en la India. Y si le agregas a todo esto los desmayos provocados por ropa ajustada –corsés, sí, pero también tu pantalón de mezclilla, míralo bien– o por la falta de nutrición, que las llantitas no son de buen ver, pues sí... frágiles sí nos vemos.

Luego está lo de ser inferior intelectualmente. Pues si de entrada a las niñas y mujeres se les prohibía ir a la escuela, no hay duda de que la distancia entre lo que ellas sabían y lo que ellos también sabían se agrandaba cada día. Hoy en día, todavía miles de niñas no van más que a primero de primaria, para aprender a leer y a contar tantito, y a ellas tanto tiempo se les reservaron las clases de costura y cocina, alejándolas de las ciencias, por ejemplo. Y  en la sobremesa (comida familiar) los hombres se apartan para hablar de cosas serias y dejan a las mujeres hablar de chucherías. Y sí, eso lo organizamos a veces nosotras mismas. ¿Es eso ser inferior intelectualmente? ¿Se mide la capacidad intelectual en cantidad de conocimientos o en calidad de razonamiento?

Inferioridad emocional. Bueno, si está probado por A+B, que mostrar cualquier signo de emoción es signo de debilidad; si los hombres no lloran, pobres, y si  nosotras somos nada más rosas y pétalos de flor atontados por el agua salada de nuestros ojos, pues obviamente que el llorar, sonreír, reír, amar, odiar a puertas abiertas no puede ser más que demostración cotidiana de nuestra fragilidad.  ¿Es eso ser inferior emocionalmente? ¿Se mide la capacidad emocional, la inteligencia emocional, término recientemente acuñado, en cantidad de signos exteriores de las emociones o en capacidad para resolver situaciones emocionales?

Inferioridad. Si aceptamos  los argumentos de la sociedad antes citados, pues no hay duda, lo somos… A menos que seamos seres pensantes y analicemos, lo que llevo mi vida adulta entera haciendo, y alineemos nuestras conclusiones.

No defiendo aquello de la igualdad de géneros: no somos iguales. Lo que defiendo es la igualdad de valor. Igualdad de derechos. Nacemos mujeres. Y luego se nos convence de que no servimos, o de que no debemos. No podemos, hay peligro en mostrar la inteligencia, la independencia. Las calles son riesgosas para las mujeres: no salgas. Los hombres no se controlan si te ven el escote: cúbrete. Los jefes te acosan: no trabajes…

Y las que nacieron mujeres se van haciendo las mujeres que creen que deben ser. Hasta que dicen basta. Una por una en general. Aunque en general también, porque otra mujer, que ya recorrió el camino, le da la mano y le dice que sí, que sí puede.

¿Por qué hacernos sentir inferiores? ¿Qué se gana al hacer algo así? ¿Cómo se ha logrado y se sigue logrando? No estoy de acuerdo en lo más mínimo con la teoría de que los hombres nos envidian, que el vernos llevar  “la vida por dentro” les produce urticaria. La pongo en la misma repisa que la idea de Freud cuando aseveró que sentimos envidia del pene. No envidio yo el pene de mi marido.  Es absurdo, ¿qué haría yo con algo así? Envidio, a veces sí, el poder falsamente nato que les otorga a los varones el llevar su órgano  reproductivo por fuera. Nada más. ¿Y qué si los hombres no necesitan sentarse para hacer pipí? Bueno, pues se sientan para hacer popó, ¿qué tiene eso de interesante, a menos que tengas una mente particularmente escatológica? En cambio, sentir los movimientos de un bebé por dentro es extraordinario, añoro esa sensación. ¿Pero ellos nos odian por algo que dura tan poco tiempo? (por cierto para mí que tuve tres hijos, el lapso cubre aproximadamente año y medio de mi vida). Aunque salen mejor parados los hombres envidiosos de un hecho real: llevamos bebés por dentro. Ellos nada más quieren ser los amos del mundo. Y creo que de ahí viene el asunto, de la sed de poder: si en una yurta, humeada por la fogata diaria, hay junta de pobladores y cualquiera tiene derecho a hablar, a opinar, no se termina nunca de tomar una decisión. Por eso hay un jefe, rituales, turnos. Y ¿por qué no?, es válido arreglárselas para que la mitad del pueblo no tenga voz. ¿Cómo hacerlo? Demostrando que no puede. Entonces se instaura algo como “la mayoría de edad”, no puedes hablar si no has reglado aún, o si no te has hecho hombre cazando algún animal terrible. No puedes hablar si eres viuda, si estás embarazada o reglando;  no puedes si esto, si lo otro. Y luego la propuesta genial: que –preferentemente– las mujeres no hablen. Esto es idea mía, no sé si así sucedió. Pero pienso que sí. También pienso que no fue un complot organizado, sencillamente se fue dando. ¿Cómo, sin embargo, se logró apartar a las mujeres del poder, fuere cuál fuere? Porque la no–mayoría de edad se cuenta con los dedos, la viudez con ausencia marital, el embarazo se nota. ¿Cómo descartar a las mujeres sin parecer injusto?, pues demostrando que sólo los hombres valen. ¿Y cómo demostrar la superioridad de cualquier persona, cosa o decisión?, pues denotando la inferioridad de las otras personas, cosas, decisiones. Rápido y eficiente. “No cuenta el que yo, hombre, pueda cargar el botellón de agua; cuenta que tú, mujer, no puedas. Porque entiendo que tus manos son más delgaditas, y estás embarazada, cuidado con el bebé y más”. “No cuenta que yo, hombre, pueda salir meses de viaje a cazar mamuts modernos; cuenta que tú, mujer, no puedas. Porque entiendo que estás amamantando, no puedes irte con el crío a cuestas, y cómo hablarías con extraños, luego te pones nerviosa”. “No cuenta que yo, hombre, pueda navegar en aguas tumultuosas; cuenta que tú, mujer, no puedas. Porque estás reglando, no te vayan a oler los tiburones”. “No soy yo el que cuenta más; eres TÚ a quién tenemos que cuidar. Porque no puedes sola… Te estoy cuidando, dulce mujer indefensa”.

Y un día se toman decisiones en la famosa junta de la yurta, y claro que no estabas, y cómo no estabas, no puedes protestar. De todas maneras, no sabes por qué se tomó la decisión. Y aunque hubieras estado, no podrías haber tomado la palabra, eres mujer.

Y por eso el derecho de voto no se te otorga sino hasta el siglo XX.  “No es que no puedas, nena, es que no sabes”. Y de ahí, poco a poco, la costumbre de heredar propiedades y títulos a los hijos hombres, por orden de nacimiento. La de la famosa dote para casar a las herederas. La de no permitir métodos anticonceptivos, el aborto legal y otras nimiedades…

Un amigo comentó en algún momento que cuando el león monta a la leona, el perro a la perra, ellas no siempre levantaron el trasero para recibirlos. Dice, este amigo, que desde esa manera de reproducirse, hay violación. Estuve masticando su idea. Mira que los peces no se acoplan, la fecundación es externa, semen sobre hueva. Los pájaros, pues, hacen su labor de conquista, checa al pavo real, cómo abre y muestra sus colores, para que la hembra le dé el sí. Igual los gallos de cresta enrojecida y los preliminares de las serpientes, caricias y mordidas leves. He visto a los gatos rondar a las gatas y a los perros pelear por una perra. Aquí, en plena ciudad, no tengo acceso más que a documentales para analizar la manera de aparearse de los animales. Y sí, a veces, parece violación lo que pasa. Ves a la tigresa inclinarse para tomar agua y de repente al tigre echársele encima, sin pedir permiso. Pero en general, nos muestran los camarógrafos rituales interminables de “te enseño mis pompas rojas” o de peleas encarnizadas entre los machos mientras la hembra examina de cerca sus pezuñas… Y es una lástima. Porque me sería más fácil entender lo de las violaciones si en los no–humanos se viera que sucede lo mismo. Preferiría pensar en  instinto, no en un acto calculado. Porque si no es nato el asunto, si no es cuestión de instinto, entonces se puede regular, educar, y entonces evitar que suceda.

Me puse a examinar datos históricos, para entender cuándo empezó esa idea de que las mujeres, dada su inferioridad,  sirven para ser cogidas, violentadas y asesinadas. Mira que sentí el antojo de ponerte palabras más crudas, pero justamente, el punto de mi reflexión es encontrar alguna manera de resistir antojos… Empiezo con el famoso Rapto de las Sabinas. Es mitológico el asunto. Es decir historia basada en hechos reales, costumbres o eventos importantes de la vida de aquel entonces, pero atribuida a los dioses. Significa que los romanos ya admitían la violencia generalizada hacia las mujeres. Generalizada y justificada. Explican los dioses el evento con el hecho de que las mujeres no alcanzaban para tanto hombre en Roma y que algo se debía hacer. Para reproducirse, para coger a gusto, o para tener igualdad en números, eso no lo quiero saber. Pero el caso es que esa violencia llevaba ya una etiqueta gigantesca de justificación. Y años, siglos más tarde, lo que abundan son las representaciones artísticas de ese rapto, cuadros, esculturas, frente a los cuales nos quedamos babeando… ¿Qué bonitos y bien hechos están verdad?

Me salto, porque así soy de dispersa, mujer al fin, a los pies apachurrados de las chinas. Método de tortura  vergonzoso ampliamente aceptado por la sociedad china desde siglo X hasta el siglo XX,  con una justificación hermosa para cubrir la verdad horrorosa: las mujeres de pies chicos, parecidos a la flor de loto –por sus dedos aplastados imagino– eran preciadas por los hombres y encontraban marido más rápido. (Imagino que si no hay pies en el camino es más fácil atinarle a una vulva.) La verdad profunda es que una mujer de pies atrofiados no se mueve; no puede escapar, ya sea del matrimonio forzado, ya del trabajo forzado o de su vida.

He hecho desde adolescente, una relación estrecha entre esos pies torturados con vendas y los zapatos de tacón, alto, muy alto. ¿Quién puede correr sobre zancos, quién puede decir algo inteligente en una junta empresarial si lo único que siente es dolor en los pies y en las pantorrillas; quién dime? Sí, las piernas se ven más bonitas y las faldas lucen más, pero sólo según los cánones de belleza que, te juro, no han sido forjados por mentes femeninas.

Y me regreso a China. Muy padre la onda del respeto y culto a los antepasados, pero reservado a los hijos varones desde los tiempos del Neolítico Terminal, según los arqueólogos, relegando así, una vez más, a las mujeres a otro plano, inferior. ¿Por qué? Lo de los pies lo capto: no huyas, no seas libre, no pienses. ¿Pero esto? Todavía en los años 80, hace tan poquito, se mataba a las niñas recién nacidas, por no servir de nada y por aquello de la limitación de nacimientos por pareja. Date cuenta. Mide lo que significa. No es cuestión de emoción en la panza, ni de instinto, ni de impulso. Es raciocinio: no me sirves, mueres. Es ahogar la camada de gatitos.

Me vas a decir, porque no se puede entender, que eso es lejos, es otra manera de vivir, un barniz civilizatorio diferente del nuestro. Pero es que a eso voy: la violencia hacia la mujer no es un problema mexicano, es un problema humano. No es producto de los videojuegos, es producto de la mente masculina. Y no, no soy feminista extremista; soy nada más feminista sobreviviente.

Mira, te llevo a Europa, siglo XV, Juana de Arco. En la historia de Francia, se le considera la salvadora del reino. ¿Qué hizo? Salir a pelear. ¿Cómo lo hizo? Disfrazada de hombre; no fuera a ser que no le dieran chance. ¿Cuándo lo hizo? Antes de ser plenamente mujer, era virgen la niña, ¿verdad? Ah, ¿y por qué? Por oír voces. No fue su decisión luchar por el rey, fue alucinación, pobre mujer de mente frágil. ¿Sabemos si cada  detalle es verídico? Pues no. Sólo contamos con los testimonios y escritos de los testigos de la época (hombres), quienes eran los designados para relatar batallas, alegrías y desgracias. ¿Habrán tergiversado la realidad para justificar que fuera una mujer la que llevara a hombres aguerridos a la batalla y lograra el sacro del rey Charles VII?  ¿Habrá sido nada más una manera de adornar lo sucedido; deformación profesional? No es posible que una mujer logre esa clase de hazaña. Pobre Juana de Arco, acusada más tarde de brujería. Y quemada, claro.

Y en la misma línea de análisis, citemos lo de las Guerreras Amazonas, diferente época pero misma situación. Nos enseñaron en la escuela que eran tan bravas que se cortaban el seno derecho con tal de usar mejor sus arcos, ¿verdad? Pues en estudios relativamente recientes (2014), parece ser que eso no es cierto. Esa versión podría provenir del error de un historiador, al confundir la palabra “mazon” con la traducción de  “seno”. La persona que desmonta este mito es mujer, la historiadora Adrienne Mayor. ¿Por qué se habrá dado esa confusión del historiador que les arrebató un seno a aquellas guerreras? ¿Habrá tenido la cabeza llena de prejuicios, de los de hace más de 2500 años? ¿Habrá habido en él una predisposición a no creer en mujeres normales guerreras? Porque así, a medio pecho, ya no son tan mujeres esas guerreras, ¿verdad? Se masculinizaron.

Te cito a otra mujer no sólo célebre sino venerada, a quién se le robó su feminitud: la misma madre de Jesús. ¿Cómo permitir que el hijo de Dios naciera de una simple mujer? Entonces, hábilmente, se le hizo embarazarse sin contacto carnal. Su himen intacto la protege eternamente de ser mujer. Nos quitaron así toda participación en un evento de importancia mundial lo queramos o no, seamos cristianas o no. María no era mujer, era, con mayúscula, una Virgen. Y por ende, cómo permitir que la mujer tuviese un rol dominante en la iglesia. ¿A cuántas mujeres curas conoces…? Sí ya sé, si nos vamos a  la rama de los anglicanos, las mujeres pueden serlo. ¿Pero conoces a alguna mujer rabí? ¿A alguna mujer imán? ¿Me sigo? ¿Por qué? Caramba, pues por la ambición, por las ansias de poder de los religiosos, altos religiosos se entiende. Y si nos seguimos en la lógica de que las mujeres “son seres inferiores a los hombres”, no se les puede poner esa clase de poder entre las manos. Más si usan tacones, pobres.

¿Qué otro ejemplo te doy? Claro, lo del derecho de pernada. Eso de que si va a haber boda, llegue el señor del castillo y pueda, por ley, date cuenta, por ley, tener la primera noche con la mujer que se casa: Me arrogo el derecho de ser el que abra tus piernas por primera vez. Hay también allí metido un rollo de amo–vasallo, sí, pero no mandan a la señora del castillo a desvirgar al novio. Es derecho de hombre sobre mujer, otra vez. Y otra vez, no sólo en México, no hoy, esto data de la Edad Media en Europa.

O lo de las dotes, hace todavía menos de un siglo. Los matrimonios eran primero un contrato, en el que se especificaba cuanta lana (en ocasiones así, literal) o qué propiedades se le daban al futuro esposo. Un pago por casarse con la futura esposa. Hasta mediados del siglo XVII, se usaba dar parte de las tierras de la familia de la novia. María Teresa de España fue de las primeras en entregar dinero en lugar de tierras a su futuro esposo, el rey Luis XIV de Francia, 500 mil escudos, de a más o menos 4 gramos de oro cada uno, algo cómo 2000 kilos, 2 toneladas de oro. ¿Se compraba marido? ¿Se le pagaba por hacerse cargo de la mujer? ¿Por qué no se daba también, en nombre del hombre, una ganancia para la mujer? Claro que el contrato estaba escrito bonito y con garigoleos, y las únicas mujeres que tal vez tenían ganas de protestar contra ese sistema eran justamente las que no tenían dote, sólo familias pobres o castillos desvencijados.

Y salto a Turquía, otro continente (mismas épocas), refiriéndome ahora a los harems del imperio otomano. Cien mujeres para un sólo hombre. No es nada más cuento de las mil y una noches. Pertenecer daba acceso a una existencia privilegiada, estudios, comida, y si eras de las favoritas, camas de seda y visitas del macho, tu dueño, supremo honor. ¿Por qué no unirse, todas contra uno y abatirlo? ¿Por qué imperaba la lucha por ser la favorita, madre de hijos varones, asegurándose así una vida tranquila, fuera de los dolores del mundo externo? ¿Respeto a la tradición, a la educación? Al parecer no nada más el hombre está convencido de que la mujer le es inferior, somos las primeras en tragarnos el cuento. En 1909, Abdul Hamid II todavía poseía 370 mujeres en su palacio. Y en un discurso en 2016, eso es hoy, ¡hoy!, la mujer de Erdogan, presidente turco, todavía alabó la existencia de los harems, comparándolos con escuelas de vida para las mujeres. Mensaje de una mujer, convencida u obligada, pero mujer “contemporánea”.

Y luego lo de los velos. Las mujeres de aquellos harems raudas y acomedidas se aprendían  la danza. Justificación hay, otra vez, para lo que yo considero una vejación. La costumbre de cubrir cuerpos y rostros de las mujeres data de unos mil años antes de J. C., no es invento nuevo eso de que las mujeres no sirven, se deben de esconder y martirizar, aunque sea de manera encubierta, con un velo sobre la cara. Los griegos antiguos, los romanos (los del Rapto de las Sabinas ¿te acuerdas?),  los cristianos, tantos han intentado esconder a la mujer, con la consabida justificación de es para protegerlas, para que se vea que son nobles, o buenas, o no–sexuadas. El mismo profeta Mahoma dijo que los hombres no son capaces de practicar la continencia y pone entre las manos de las mujeres, a través del  porte del velo, toda la responsabilidad de actos indebidos cometidos por hombres. Ellos hacen y deshacen y tú eres la culpable… Y podría seguir, pero esto no es enciclopedia.

Escogí no hablar de las mujeres violadas en tiempo de guerra, cruzadas,  invasiones y colonizaciones o  guerrillas internas en algún país. Y escogí no hacerlo porque en tiempo de guerra, morir y ser violada “es normal”. (Sarcasmo. Sí, es sarcasmo, entiéndase, caray).

Y busqué números, pero sólo asustan. Me enteré de que Suecia, país tan lindo, es de los primeros en la cuenta de violaciones a mujeres. Aunque eso tal vez sólo signifique que en ese país sí hay cultura de la denuncia. Que en México, país donde vivo y que siento tan entregado a la violencia, nada más consigna el número 23, sí 23, en la competencia de violaciones de humanas hembras… Aunque, otra vez, puede que esto sólo signifique que no se levantan denuncias o que las violaciones terminan en feminicidios. Digo, si tus papás no te hacen caso cuando te pega tu hermano, qué vas a andar denunciando más tarde, ¿verdad? Las cifras que encontré en los datos de Amnistía Internacional afirman que, en el mundo, una de cada tres mujeres ha sido violada. Esto es un tercio de la población femenina. Una de tus tres sobrinas. Una de tus tres amigas. Y yo pensando que el mundo nos ignora. Falso. Pasa que la situación es igual o peor en otros lados. Luego, no es sólo un rollo de machismo latino, no permitas que te limite esa explicación, es un rollo de machismo en el ser humano,  de valemadrismo como lo dije antes, y de costumbrismo. (Sí, violenta costumbre).

Intenté decirte, probarte, que el lastimar a las mujeres no es algo reciente, ni nada más propio de ciertas culturas. Que no, no es un problema de instintos, mira a las leonas tomar su siesta, ni de sociedad latina, europea o asiática. Es. Y ya. Te platiqué que no violaría a nadie. Que no mataría. (Puedo entender las ansias, pero no, no lo haría). Te expliqué que no acepto la idea de que las mujeres somos inferiores a los hombres. Te dije que no creo que la violación sea algo natural, que no veo a los animales hacerlo. Sólo a los humanos. Te enlisté, brevemente,  eventos que muestran que no es moda, que la costumbre de violar, torturar y asesinar a las mujeres es milenaria. No te puse números exactos, pero te los sugerí. Termino dándote el último ejemplo, el que me parece ser el más viable para detener la violencia hacia la mujer, y es el de pueblos que han sobrevivido a todos los ataques, a todas las persecuciones. Pueblos como el pueblo judío o como el pueblo gitano. Mira que están igual de mal parados que nosotras si comparamos odio a grupos, odio sin razón válida. Recordemos las palabras genocidio, pogromo, deportación, campo de concentración, y más.

Pero exploremos al menos algunas palabras que orientan hacia una posible solución.

1) Educación. En la escuela y en la casa, en la calle, en el metro, en el campo y hasta en la luna, me cae. Pero habrá de ser educación mediante el ejemplo, no sólo mediante palabras. ¿De qué sirve decir que las labores de la casa no son sólo para mujeres si te levantas cada dos minutos de la mesa a servir a los que comen contigo? Y sí, algo tan sencillo como esto tiene que ver con el respeto que se nos debe. No separes la vida familiar en dos: no es futbol para los niños y  resorte para las niñas. Ni es enseñar a tender camas sólo a las niñas, ¿qué, nosotras las hacemos y ellos las deshacen? Tampoco es que los niños sean los encargados del coche, ¿qué ellos lo cuidan y nosotras vamos de paseo con él?

Es no obligar a nadie a hacer algo que no quiere hacer, nunca. Claro que si el nene no se quiere bañar, pues algo le dirán en la escuela al día siguiente, y ya verá si le gusta. O si la nena no quiere comer, pues luego tendrá hambre, y no, no se le dará nada. Es aprender la ley de acción/consecuencia al mismo tiempo que se aprende que se vale decir “no” y que ese “no” se respeta. No digo que hagamos de los hijos energúmenos que  se crean permitido cualquier antojo (no te me vayas por el lado fácil), porque la consecuencia ahí está, siempre. Pienso que así, cuando se diga No, no quiero acostarme contigo, pues se oirá, y se acatará. Y sin llegar a esos extremos, que no se lastimará de ninguna manera ni a mujeres, ni a hombres.

2) Consecuencias. En el trabajo y en casa, en la calle, en el metro, en el campo y en la luna, me cae. Porque en México, en particular, el agredir a una mujer, poquito o muchito, no tiene consecuencias. La ley, siempre muy bonita, no se aplica, sobre todo si hay lana de por medio, amenazas sobre la familia del juez o el mismo juez anda de chistoso violando a su mujer, cada viernes, porque toca. O no denunciamos, porque da miedo, porque hay amenazas sobre la familia, o porque los polis están coludidos, o porque ellos son los presuntos perpetradores. Mira qué lindo vocabulario hemos aprendido… y entonces olvídate de ir a denunciar. (Recuerda el ranking de diferentes países en cuanto a violaciones conocidas, lo de Suecia y lo de acá). Y, no obstante…

3) Denunciar. Se necesita tanto valor para hacerlo, tanto, pero sí puedes. Hazlo desde la primera amenaza, la primera burla, el primer golpe. Mira que si fuera tu hija la violada, la asesinada, desaparecida, estarías removiendo cielo y tierra, gritando tu rabia, tu odio. Si fuiste tú la asesinada, de allá por dónde andes, descarga truenos sobre el responsable, hazlo. Si fuiste tú la golpeada, violada, torturada, denuncia. Nada más no vayas sola. Denuncia en radio, en tele, con una llamada basta, y ve luego a donde se tenga que ir, preferentemente acompañada, con reporteros y cámaras. No te bañes, no te quites ni la tierra de los pies, nada… Ve y aprieta los dientes mientras te ignoran y luego mientras te examinan. Aprieta los dientes, y si quieres, voy contigo. Voy yo y vamos otros/otras. Alerta a tus vecinos, a la secre del cubículo de al lado, a los de mantenimiento de la fábrica, vamos todos. No nos pueden matar a todos, no nos pueden ignorar a todos. Sí,  hombres y mujeres, juntos.

(Paréntesis necesario: Esto ya no sé si es educación o preparación de las consecuencias, pero si pedimos, exigimos que no se nos considere ni inferiores ni superiores, ¿cómo es que no aceptamos la presencia de los hombres de bien? ¿Por qué no pueden ir a las marchas con nosotras? ¿Por qué decimos que Todos los hombres esto o aquello? No es un asunto de mujeres, no existen los asuntos exclusivamente de mujeres o los asuntos de hombre, debemos entender eso, trabajar juntos. Porque el argumento de Te lastimo porque tú antes me lastimaste no nos lleva a ningún lugar. Demostrar que no somos inferiores no va por ahí.)

Y entonces denunciemos juntos, hombres, mujeres, reporteros, medios,  cada vez. Y no, no dejemos a la víctima sola con el examinador, con el policía, con el doctorcito de la delegación. Grabemos, además, todo lo posible. Mira que se puede con los teléfonos que hoy cargamos con nosotros día y noche, esto ya es juego de niños. Sí, lo sé. En pueblos chicos, no se puede ir a denunciar, el presidente municipal es avisado, luego luego, las amenazas no necesitan ni hacerse. Pero aprieta los dientes, ve a la ciudad, vamos, denuncia–consecuencia, denuncia–consecuencia, denuncia–consecuencia.

Entonces, tres ejes: educación, consecuencias, unidad al denunciar. ¿Se ve padre verdad…? Pues pienso que de nada sirve todo esto que te dije. Vamos que al menos no sirve para los hombres que piensan en nosotras como en cosas, como en presas. Imagino que sus padres, cuando los educaron, no les decían a la hora de la comida que salieran a violar y a matar… Pienso que esto de la educación sólo va a servir en quienes de todas maneras no habrían ni violado, ni obligado, ni secuestrado. Que lo de aplicar la ley, sólo sirve en Suecia y que lo de unirnos sólo sirve si aceptamos hacerlo con otros y con otras, aunque nos ha dado por quererlo hacer todo solas en ese terrible afán de demostrar que sí podemos.

Y de nada sirve porque estamos en un país, México, en el que te cobran derecho de piso por poner tu puesto de quesadillas en la calle. Porque  si denuncias un robo, los mismos polis te sacan más lana por hacerlo. Porque estamos en un país en el que a las niñas desparecidas no se les debe buscar porque entonces se llevan a las hermanas. Porque detrás de las puertas, violan y maltratan a las niñas, desde que tienen edad para lavar platos, caramba. Porque hay pueblos en los que las puertas están blindadas y aun así se meten de noche para robarse a las niñas y jovencitas, rompiendo paredes. Y no,  no son pueblos perdidos en la sierra, están cerca de ciudades grandes. Porque, aquí, si vas a denunciar que te violaron, los polis (otra vez ellos) te llevan a un cuarto a examinar y te vuelven a violar. Porque aquí las cruces rosas de Juárez ya no horrorizan a nadie. Porque el que no seamos las únicas, y que esto sea costumbre milenaria es consuelo de tontas. Porque tal vez no haya más salida que la de andar armadas y ser entonces (también) homicidas. Y porque tal vez, tal vez sea más fácil vivir pensando que mataste por defenderte, que vivir con una violación un año sí y el otro también. Y porque seguro es más fácil (o viable) vivir habiendo matado que habiendo sido asesinada.

Y no, no termino aquí. Porque sería cobarde haberte dicho tanto, haberte casi obligado a salir con pancartas a la calle para decirte que no se puede hacer nada, y que ni modo, y que si nacimos mujeres, pues nacimos para sufrir. Retomo que si han sobrevivido tanto los gitanos como los judíos ha sido por dos cosas: resiliencia y unión. Nos podemos reponer… Duele, es largo, terrible el proceso, pero no permitiremos que por la injerencia de algún sujeto nefasto nuestra vida se aruine o termine. Y, finalmente, recuérdalo y practícalo: la real y plena sororidad es lo que nos puede sacar a ti y a mí del hoyo ficticio al que nos ha tirado la historia. Recuérdalo: Juntas y de pie.

 

 

 

Etiquetado como
Página 1 de 14