Jueves, 15 Junio 2017 08:02

MI PSIQUIATRA RUBIA. / EL SEIS /

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MI PSIQUIATRA RUBIA.

EL SEIS

 

María me dijo con voz grave: ¡Mátame! Mientras pronunciaba semejante palabra, yo el demente, del manicomio privado: El Paraíso Artificial, me le quedé mirando absorto. Mientras la observaba y escuchaba a plenitud, mi corazón latía más fuerte, y mi respiración aumentaba. Estaba a punto de lanzarme sobre su cuerpo y "comérmelo" todo.

Ella, era mi psiquiatra, a la cual, le había comentado mis problemas mentales. Todo empezó con una pregunta de ella: ¡Cuéntame tus obsesiones! Le dije que me gustaría hacer el amor con ella, y que siempre por las noches la soñaba desnuda, con una flor marchita en su cabello rubio. Añadí (sin ningún miedo) que le levantaba el vestido, y le hacía a un lado la bombacha, y la penetraba por ambos huecos calentitos. Pensé, con esta confesión quizá me hará beber algunos nuevos psicotrópicos, o me aplicará una sesión de electrochoques, pero mi amor sexual por ella bien valía la pena... Me quedé callado, en espera de que sus labios pronunciaran algunas frases, y las letras (de su boca) se fueran volando, y gritando de pasión...

Se acomodó como es menester, para esas lides sexuales, y lo hizo precisamente como a mí me fascina, y había soñado. Me acerqué suavemente, me saqué el falo (en llamas) de mi bata blanca (de enfermo), lo apunté al umbral de su vagina, presioné con tal maestría y perfección, que gritó: ¡Mi Dios! Iba a decirle que Dios no existía, pero no era el momento preciso, por lo cual me dediqué a hacerla mía. Gritaba, gemía, aullaba, lloraba, y decía palabras "nada" propias para tal efecto: Más y más, fuerte papi, con todo, muévete, ritmo, fuerza, velocidad, rapidez, amor de mi vida...

Volvió a gritar ¡mátame!, y estuve a punto de hacerlo, saqué una cuerda delgada, con la cual pensaba ahorcarla. La médica con calma, me explicó: No, así no. Mátame de placer, mi amor. ¡Oh!, comprendí perfectamente, mientras nos movíamos como si fuese una cabalgata perfecta.

Ya no recordaba cuanto tiempo tenía de no hacer el coito. Yo pensé que ese era mi mejor tratamiento, eso lo medité después, cuando estábamos desnudos, mirándonos, y fumándonos un cigarrillo. Luego lanzó el humo y me dijo: todas las trabajadoras de la medicina de este lugar somos tus amantes, tus mujeres, tus "esposas"...

Espero que nunca se te quite esa "enfermedad" del ensueño, y menos la capacidad que tienes del convencimiento. Eres como un Sultán y nosotras somos tu harem. Sólo pide algo y de inmediato serás complacido. Se escuchaba como un eco interminable (no sé si todos lo escuchaban). "Eres como un Sultán..."

Después se volvió a ponerse cómoda para volver a copular, y con esa sonrisa encantadora, y su voz especial exclamó: Te falta el otro hueco, mi amor...

Mientras me movía (entraba y salía) en su cuerpo dichoso, ella la bella, volvía a decirme Dios. Así me sentía como un Dios: Todopoderoso.

“Un Ángel lujurioso y beodo  

Vuela con alas metálicas

Sobre el cielo encapotado

En busca perpetua

De la luna desnuda

Plateada…”

Gritaba encantado: Escucho voces maravillosas, acompañadas con laúdes lejanos, y un coro de Arcángeles, mientras copulo.

Ella “cantaba” de una manera incoherente, mezclada con respiraciones, gemidos, gritos, y algunas palabras entendibles: ¡concéntrate en tu hembra y no dejes de moverte! 

     

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EL SEIS

EL SEIS

Cuando nací el cielo lloró sangre azul; y pintó los rostros enjutos, tristes, de todas las rameras del planeta. Las flores frescas y multicolores; al escuchar mi nombre se marchitaron de puro terror. Todos los habitantes de la ciudad enferma; donde respiré por primera vez, observaron ciertos símbolos de maldad, en semejante suceso, y presa del pánico irreflexivo, pedían a gritos mi cabeza. Mi familia hubo de huir presurosa, hacía un punto geográfico desconocido, donde ocultó la existencia de mi complicada persona. El tiempo voló con alas de buitre hambriento, sobre las testas de los infelices ciudadanos. Los humanos elevaban plegarias lastimosas para ser oídas por sus dioses ya muertos; y éstos se escondían en el cementerio del cosmos. Estudié en una escuela cualquiera; donde era temido por mis condiscípulos, y venerado por los profesores. Nunca mis actos fueron causa de conflicto; fue mi rostro de loco, el que trasmitía cierto miedo. Las compañeras preciosas y bellas veían en mí; a su príncipe de la demencia, y cual fieles devotas, me adoraban hasta el arrebato. Mis progenitores sabedores de mi intrínseca sabiduría; se dedicaron a cultivar mi mente, hasta la excelencia. Argumentando que encontraban en mí (El Seis) todas las características de un genio excéntrico. Inicié con la poesía; la escribía sobre la piel tersa y erótica de mis exquisitas amantes. He escrito mis mejores textos; los más geniales, bellos y sublimes, en los ardientes cuerpos, de cientos de damas que me han amado todo. Mi lengua ha sido la pluma, mi saliva la tinta; y los pechos henchidos, los glúteos maravillosos (de las féminas impetuosas), son mis hojas en blanco, donde lentamente, voy tatuando un verso, un cuento, una novela. Me encantan también los elixires necesarios; para volar sobre los intestinos del universo. El hachís me otorga alas metafísicas; para surcar el mundo de las ideas, y el placer de la autorreflexión. La cocaína noble y necesaria, hace que olvide por algunos momentos mi misantropía, y así puedo relacionarme con los mortales. El licor (Dionisos); droga necesaria para soportar el vacío existencial de mi espíritu. Debo de manifestar que siempre he deseado ser un virtuoso alcohólico sin conseguirlo, hasta la fecha. Esta historia de mi vida es mucho más importante y de mayor relevancia que cualquiera de esos escritos donde los mediocres, los medianos, triviales, serviles (“escritores” oficiales y marginales) anotan sus datos “reales” de sus ínfimas vidas. Yo soy el arte/Yo soy el proxeneta de la parca/Yo soy el único camino a la literatura/Yo soy el supremo gurú de la poesía/Yo soy el artista universal.

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