Lunes, 06 Marzo 2017 05:18

INFANCIA Y EXPRESIÓN LITERARIA

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INFANCIA Y EXPRESIÓN LITERARIA

Dra. Rocío García Rey

 

En esta ocasión inicio mi participación recurriendo a una cita de Borges. Ello se explica porque este texto tiene como eje exhortar el trabajo literario para la infancia. El escritor argentino en “La biblioteca de Babel”, señala que: “La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)”. En efecto lo que aquí nos reúne es una suerte de herencia de historias, poemas, glosas, paráfrasis, es decir todas aquellas formas que a lo largo de los tiempos se han posicionado como parte de ciertas tradiciones de escritura. Es así que somos poseedores, aunque no lo hayamos percibido plenamente, de una gran Biblioteca a la vez simbólica y física. Para entrar en ella no hace falta sino echar a andar esa acción que puede situarnos en la episteme, en la duda, en la develación de nuevos significados del mundo. ¿A qué acción me refiero? A leer. Coloco a propósito el verbo en infinitivo porque deseo que este escrito sea una invitación para que hagamos un ejercicio de “elección”. Se trata, en efecto, de querer contagiarlos –para que después ustedes contagien.- de la emoción, incluso de la confrontación que produce la literatura, y si logro transmitirles aunque sea una pizca de emoción y reflexión, será más fácil que ustedes elijan si conjugan este verbo que he arrojado: “leer”. Porque no es lo mismo pronunciar: leer que decir yo leo, yo leí, ustedes leerán. No será lo miso incluso decir yo fomento la lectoescritura que quedarnos mirando fríamente los libros. En nuestras manos, como adultos vinculados con el quehacer literario, está no obliterar nuestro compromiso con un sector imprescindible: la niñez.

            La lectura y la escritura nos posibilitarán ser sujetos y no objetos. Entre la palabra y el silencio, entre el nombrar y el callar está también una toma de posición de vida. Ya lo dijo la gran filósofa María Zambrano: “Pues el hombre puede estar en la vida de varias maneras: pasivamente o en activo. Lo cual sólo se realiza plenamente cuando se acepta la responsabilidad o cuando se la vive moralmente”.

            Aun cuando hay emoción por la palabra vuelta literatura, también soy consciente que atravesamos una suerte de andamio oscuro que es la ausencia del hábito de la lectura. No reduzco el acto a decodificar palabras, sino a llevar a estas a una significación mayor que incluye hacer inferencias, síntesis, paráfrasis. El panorama no es muy colorido porque el resultado ante las Pruebas de PISA que México ha arrojado, en materia de lectura, no ha sido el mejor. Veamos, en la prueba del 2009, cuando se evaluó la capacidad lectora de los estudiantes, nuestro país obtuvo un 0.4 frente a un 6.8 como marcador de la OCDE.

            Ahora bien, si existe tal situación no es el momento de asimilarla de manera pasiva, sino de vislumbrar si podemos hacer algo desde nuestro espacio, desde nuestra trinchera. Tal vez podamos comenzar por desempolvar nosotros mismos libros y textos que por una u otra razón han sido arrojados al cajón del olvido.  He dicho “por una u otra razón”, pero ello en realidad es un eufemismo, pues hay que ser valientes para reconocer que vivimos en términos de Zygmunt Bauman, en un mundo líquido, en cual hasta las ideas parecen ser evanescentes.  En un artículo que publiqué hace algún tiempo, titulado “Notas para mirar el presente / Notas para nombrar el pasado señalo:

Vivimos un tiempo en que nuestra lectura del mundo tiene que ver con un cúmulo de acelerados cambios cuyos significantes podemos visualizar, pero cuyos significados no terminan de ser emitidos porque mayoritariamente pertenecemos al aquí y al ahora en el que la reflexión tiene un espacio cada vez más reducido. Acaso seguimos siendo testigos de la llamada “crisis de paradigmas.” No está por demás decir que, si recurrimos, precisamente a la historia, caeremos en la cuenta de que éstas son parte de la misma dialéctica económica, social y de pensamiento[1].

Lo expuesto no pretende conducirlos al muro de lamentaciones, más bien desea invitarlos, ya he insistido mucho, a leer y en este momento también a escribir, pues no lograremos formar lectores ni constructores del mundo (en términos de Paulo Freire) si no nos atrevemos a exhortar a que los niños plasmen en la pantalla, en el papel, sus historias, sus sueños, sus temores. ¿Qué sería el hombre, aun el infante, sin la posibilidad de ejercer el derecho a la escritura?

En este sentido apoyo totalmente lo expuesto por la gran Maestra Emilia Ferreiro, cuando advierte de los peligros que entraña dicotomizar lectura y escritura. Destaco parte de una de su ponencia:

Queremos, además, que (los alumnos) sean capaces de producir textos […] no sólo para cumplir requisitos burocráticos […] sino para eso tan importante que es «decir por escrito», poner la propia palabra por escrito y a través de ese aprendizaje, comprender mejor la estructura, la función, la fuerza elocutiva y la belleza de los textos que otros han producido”.

           

Producir textos conlleva una acción de abstracción y de recreación de otras historias ya contadas, ya dichas, aunque no por ello agotadas. En efecto, se trata de enseñar a dialogar a los niños con los textos que le proporcionemos. A ellos, en efecto, no les importa si les decimos “mira, esto es la poiesis, aquí está la inventio”, aun así serán partícipes de ellas y robustecerán su bagaje lector. Si no enseñamos a los pequeños a dialogar con la lectura estaremos inhumando esa gran Biblioteca a la que se refiere Borges, y al mismo tiempo le daríamos la espalda al trazo vuelto, letra, emoción, metáfora, descripción. He ahí la gran importancia de nutrirnos de literatura. He ahí la importancia de permitirnos escribir guiados por los exhortos de Huidobro en su “Arte poética”. “Que el verso sea como una llave que abra mil puertas” / Después el poeta chileno dirá: “Una hoja cae; algo pasa volando/; Cuanto miren los ojos creado sea, / y el alma del oyente quede temblando”.

            El verso, los versos, el cúmulo de palabras vueltas texto, aun en tiempos líquidos, por fortuna, siguen apareciendo. Y los niños bien guiados pueden ser los grandes poetas.

            ¿De qué se trata entonces? De asimilar, entender, significar el término que también la maestra Ferreiro ha aportado: Cultura escrita. Ahora bien esa cultura escrita no podrá cobrar alas, no podrá ser significado si no asumimos lo que otra gran teórica de la lectoescritura: Teresa Colomer ha enunciado: la intervención. Para que los niños se embarquen en el viaje de la creación y recreación que implica la lectoescritura, debe existir un cuerpo guía; un cuerpo que sostenga las cuerdas de ese andamio que acompañe a los niños en el recorrido y que comparta la pasión por las letras. Se trata de intervenir en la praxis en el mundo de los niños, esos seres por lo que FrÖbel, en el ámbito europeo, se ocupó. En geografías propias no debemos obliterar proyectos de lectura como el de José Martí, quien en 1889 editó su periódico ex profeso para la infancia: La Edad de Oro (1889) o los proyectos de Gabriela Mistral.

  A continuación me tomaré la libertad de contar mi propia experiencia como adulta que se atrevió a romper el canon y cantar el verso.

 II

CANTANDO EL VERSO / ROMPIENDO EL CANON

Hice mi doctorado en Letras con un tesis titulada: “Proyectos literarios para la infancia latinoamericana: Una revisión de José Martí, Gabriela Mistral y Carmen Lyra”. Durante mi paso por el doctorado surgieron las siguientes preguntas que junto con las consecuentes repuestas  deseo compartir.

¿Cuál es la labor de una doctorante en letras, cuya investigación versa sobre literatura infantil? ¿Cuál es su “deber”, además de leer, escribir, conceptualizar en torno a su objeto de estudio? Estas preguntas surgieron en mí, luego de que en varios Congresos y Coloquios me preguntaban ¿Crees que los niños de este tiempo entiendan los textos que estás trabajando? ¿Le has dado a leer a algún niño los cuentos que estás estudiando? Preguntas que me hicieron reflexionar en torno al papel que yo podría desempeñar para intentar romper el canon literario infantil.

En agosto y septiembre del 2014, implementé un modesto taller “piloto” para que niños alfabetizados se acercaran a textos de José Martí (1853-1895), Gabriela Mistral (1889-1957) y Carmen Lyra (1887- 1949). La duración fue de cuatro sesiones de 2 horas y media cada una.

El taller llevó el nombre tomado de un poema de Mistral (“Doña Primavera”): “El mismo verso cantaremos”. Logramos reunir a seis niños, cuyas edades fluctuaban entre los 6 y los 12 años. Los pequeños, hay que reconocerlo, tenían un bagaje como lectores. Ello fue de gran utilidad para que siguiéramos en voz alta los textos, lo cual también implica otra forma de acercarse a los textos.

Fueron seis textos los que trabajamos: “La casita de las torrejas”, de Carmen Lyra; “Doña Primavera”, “Estrellita” y “Piececitos”, de Mistral; “Los zapaticos de Rosa” y “Nené traviesa”, de Martí. Cada texto era leído en voz alta, en el caso de los poemas, éstos fueron musicalizados por los niños con ayuda de un xilófono. Echamos mano, también, de un pequeño teatrino para que representaran algunos cuentos e incluso poemas. A algunos textos les dieron continuidad, es decir, continuaron la historia después del final dado por el autor.

Cada sesión acudí con entusiasmo, asombro, pero también con un dejo de preocupación, pues pensaba ¿Y si les aburre este cuento? ¿Y si no entienden este poema? Mi sorpresa fue grata, cada clase los niños alzaban la mano para pedir leer, tocar el xilófono. En el caso de “Los zapaticos de Rosa”, todos estuvieron de acuerdo en que la personaje había hecho “bien” en ayudar a la niña enferma. Lo único que no entendieron fue que la niña enferma al final había muerto, aun así su reacción fue natural: “Um, pues entonces, la niña ya estaba muy enferma.”

Además de las actividades descritas, hacíamos de la pequeña salita, un espacio dialógico. Comentaban, daban su punto de vista de los cuentos. Iluminaban el mapa que utilizaban para ubicar el país de cada autor. Cuando leímos “Piececitos”, la pequeña Regina, de siete años, de inmediato dijo: “Habla de los niños de la calle”. El más pequeño, de seis años, sin que se lo pidiera, se puso frente al teatrino y dijo: “Vamos a hacerle unos zapatos”.

Los textos se volvieron no sólo material de lectura, también material lúdico que los invitaba a escribir o a hacer dibujos para representar alguna escena del cuento o poema.

Los niños nunca dijeron no entiendo o me aburro. Cuando les decía que los escritores que leíamos habían vivido “hace muchos, muchos años”, algunos preguntaban: “¿Cómo mis abuelitos?”

El cuento que despertó más comentarios fue “Nené traviesa”: se reían de lo que hacía la pequeña personaje. A diferencia de los adultos, con quienes en otro taller trabajé el mismo cuento, no se espantaron porque al final el personaje cree que por desobedecer no irá a la estrella azul cuando muera. Al contrario, los niños hicieron suyo el personaje y aconsejaban qué debía hacer.

Los participantes hallaron el ritmo, la musicalidad y se atrevieron, incluso, a cantar algunos poemas. Cuando finalizamos el taller, me atreví a preguntarles ¿qué habían aprendido? “Que hay un país que se llama Costa Rica”; “Leímos historias divertidas como la de los chacalincitos (se referían a “La casita de las torrejas”) y aprendimos a hacer poemas. Habían aprendido todo lo que yo nunca hubiera imaginado.

El taller, como he dicho, duró cuatro sesiones, aun así me dio la pauta para convencerme que el canon puede ser roto y nuestros niños pueden acercarse, disfrutar y dialogar con aquellos textos que muchos maestros y promotores de lectura verán como “pasados de moda”. Se trata de reposicionar en el campo de las letras de nuestros niños aquellos textos ricos en el tratamiento del lenguaje, en la musicalidad. Los pequeños, sin ser tabula rasa, están dispuestos a leer, a comentar e incluso a recontar historias, siempre y cuando el andamio para llegar a tales lecturas no tenga relación con la obligación.

Por lo anterior, no tengo duda que la escritura y la literatura infantil es una construcción cultural e histórica que no es ajena a los circuitos intelectuales. De ahí que la aceptación tanto de autores como de los propios textos para niños está ligada al tamiz del tiempo y de los referentes culturales. Además, a ello se une el compromiso que como ciudadanos adultos nos toca ejercer ante las nuevas generaciones.

No dudamos, por ello que el siglo XXI reclama nuevas formulaciones, nuevas explicaciones y sobre todo espera el relato pendiente que explique que la literatura infantil es un amplio abanico de riquezas por descubrir en el que los niños pueden ser posicionados como escritores de sus propios textos. Tal como lo propuso el propio Martí o el italiano Gianni Rodari. (Premio de Literatura Hans Christian Andersen en 1970).

            Demos la oportunidad a los pequeños  de vivir, de gozar, de ejercer plenamente, mediante la literatura, su derecho a la libertad de expresión y de acceso a la información:

Niñas, niños y adolescentes tienen derecho a expresar libremente su opinión, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de todo tipo y por cualquier medio, sin más limitaciones que las establecidas en el artículo 6o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (Derecho de los niños XIV / http://www.cndh.org.mx/ninos_derechos_humanos)

Si damos esta oportunidad, aquella hoja mencionada por Huidobro, se transformara en texto, palabra niña, palabra vuelo, palabra semilla, palabra futuro. Si damos paso a esta palabra estaremos construyendo el ancla al conocimiento y será fruto de que como adultos estamos formando futuros ciudadanos para que sean dueños de la palabra, de la voz. No más ciudadanos que permanezcan en aquella Caverna aludida por Platón.

 

Visto 488 veces Modificado por última vez en Lunes, 06 Marzo 2017 05:35
Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

3 comentarios

  • Enlace al Comentario Roselia Rodriguez Mejia. Viernes, 23 Junio 2017 13:56 publicado por Roselia Rodriguez Mejia.

    Leer y escribir desde la infancia; escribir y leer PARA la infancia; seria la herramienta para construir un mundo de seres perceptivos, pensantes, decididos, autónomos, sensibles, soñadores y sobre todo, rebeldes y propósitivos para construir y reconstruir un mundo de justicia y libertad.
    Excelente artículo, querida Rocío.

  • Enlace al Comentario Irma islas Jueves, 09 Marzo 2017 00:51 publicado por Irma islas

    Muy interesante el.plantear la necesidad de que los niños se apropien de la palabra. Para lo cual concuerdo que los adultos debemos prepararnos para ser guías; aprender a leer a buscar significados y no quedarnos en lo plano.
    La otra parte cob la que concuerdo es que este aprendizaje sea de manera lúdica. No hay nada más chocante para un niño que las cosas por "obligación"
    Yo por mi parte no estoy de acuerdo con las tareas para niños de kinder o preprimaria cuando lo que quieren es conocer el.mundo de la manera que más
    Les gusta: divirtiéndose.
    Gracias prof Rocio

  • Enlace al Comentario Ibeth Martínez Ruiz Martes, 07 Marzo 2017 13:03 publicado por Ibeth Martínez Ruiz

    Me parece una gran invitación a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos como adultos en la formación de las niñas y niños. Debemos ser o buscar el andamio para formar el amor a la lectura y así, establecer las bases que darán frutos en Seres Pensantes que actúen y establezcan una sociedad mejor.

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