Jueves, 16 Febrero 2017 07:03

La aceptación y el rechazo (el maniqueísmo dominante)

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La aceptación y el rechazo

(el maniqueísmo dominante)

 

 

De igual modo la relación entre generaciones se desarrolla a partir de la noción maestro-alumno, en la mayoría de los casos; y personalmente, la vive como un proceso edípico —o eléktrico— el poeta, que buscará “trascender” a una figura parental intangible para sentir que ha ganado el sitio “del poeta”. Se impone así un proceso emocional-político, antes que un proceso evolutivo-técnico de experiencia vital dentro del mismo desarrollo poético, y se abona el terreno para su relación con el padre-estado, padremecenas o padre-maestro.

El sujeto en cuestión, sin tener un panorama pro-

pio esclarecido, ejerce con descuido esta veta pasional, cayendo inconscientemente, en el círculo vicioso de la enajenación, que da origen al sesgo autoimpuesto que desata el pensamiento nepotista o “corrupto”.

Así es como la reunión de ejecutantes del poema

se da en torno a cierta figura del poder, de generaciones pasadas que tampoco reflexionaron el papel de sus predecesores, y que se erigieron ruptura (siguiendo la tradición/inercia) antes que atreverse a la variable de la experiencia y de la generación del nuevoconocimiento [el giro vectorial de la episteme].

Por eso la figura del viejo sabio en México, es percibida como la de un gurú, antes que la de un interlocutor crítico. Es visto como un tlatoani y no como un tlamatinime. Se busca la dinastía, antes que la sabiduría de vivir y morir. El poeta viejo, para el poeta joven, es un obstáculo, antes que un detonante para el aprendizaje. Obstáculo, que en muchos casos, es conquistado, vía la lisonja. Lo erigen rey, y se vuelven corte para dar soporte a su herencia nobiliaria.

El problema no se queda ahí. Porque las generaciones, una vez cerradas en su halo de ignoranciaconocimiento totalizada, se “creen” su perspectiva y defienden a capa y espada su punto aprendido en la juventud primera. Es esta la lógica, del porqué se encuentran abundantes reuniones de “poesía mexicana”, en los estantes. “La” poesía mexicana se enuncia como totalizada siempre desde un discurso enajenado. ¿Se ven ridículos? Sí. Son reyes desnudos que caminan en la cuerda floja de su creencia. Erigen antologías como pequeños templos con sus propios dioses de paja. Emulación del oro. Y su midas, un gloloso de las monedas de chocolate.

Por eso, una de las tareas urgentes para el poeta, es construir el armatoste de un ojo crítico. Que no es como se piensa y se prejuicia desde el falaz término de “crítico” como un “está mal”; como si criticar fuera buscar empecinadamente con un catalejo las manchas al diamante. El ser crítico es autobersvarse en los demás. No en esa otredad narcisista del “que camina como reflejo de uno en la otra calle”. Sino el demás que no es nosotros, pero que representa una proyección de la cual aprenderemos “cómo vemos el mundo”, y que nos dará la oportunidad de romper la piel que nos divide del verdadero “otro” que camina allá afuera y nos puede enseñar “otra forma del dolor”.

El poeta es un ser que logra desarrollar la capaci-

dad de no dejar de aprender [es decir de asombrarse, apreciar lo terrible]: cambiar el ángulo de aprehensión de la realidad. El diamante de la poesía consiste en pasar por el mismo punto —el poeta— desde diferentes ángulos. [Si el poeta, sólo se confía de la variable que da el ángulo del transcurrir del tiempo, no se volverá más sabio, sino que sólo se volverá más viejo. Atravesará por sí mismo desde el mismo ángulo ratificado. Será constatación de su augurio]. Esa es la diferencia del gurú y el sabio. El gurú se rodea de creyentes. El sabio, de interlocutores.

Sobresalir en el mundo, política y amiguismo

Del contexto brota el poeta. Y el poeta siempre responde a su contexto. Es un interlocutor elemental y “natural” de su historia (no de la Historia), sino de su particular entorno, que contrario a lo que pueda pensarse en la época de la globalización, es cada vez más limitado para los individuos. (Cada vez más homogéneo en lo nuclear, y al mismo tiempo, más aislado). No hay variable en el enfoque, porque todos asumen que el enfoque ajeno es el propio.

Sin embargo lo que pesa es el gurú. El líder, el jefe de grupo. Por eso el fenómeno mayoritario dentro de la juventud (y algunos foreveryoung) es inventar lenguajes “alienados o alienígenas” —así los definen ellos mismos— a partir de un poeta rockstar, paraferneando con un show de performance de fondo conceptual new age que se encumbra desde un sol verde locochón (haciendo de la Spoken Comedy un templete para chamanes pícaros que la hacen de bufón) para sentir que rompen desde su asilamiento el lenguaje; son dadás reload, y con esa promesa de lenguaje nuevo no es sino una sopa de letras de las canciones de moda y la cultura soft pop porn, donde el poeta es un maíz que estalla, que se hace ave blanca, paloma para ser digerida. Linda imagen que simboliza cómo la poesía se vuelve una música de fondo en las mandíbulas de los asistentes a una función de cine, mientras ven la saga apocalíptica del nuevo mundo. 

Entonces, las figuras visibles de la poesía, sin im-

portar su carente propuesta, determinan la episteme de los “nuevos poetas” que andan buscando qué es poesía, y cómo hacerla. Y se juntan con el más sonriente de los maestros. De tal modo, estos bufones poéticos —sin que esto sea necesariamente peyorativo— sirven a poetas sacerdotes que necesitan atraer con supercherías a los niños con talento; de tal modo, al final son dos o tres fuerzas las que terminan por disputarse el “lente mayor” para proyectar la pirámide jerárquica. Y eso nos da un panorama de cómo se define el llamado “canon”, que no es sino una ilusión de hipnosis colectiva, y que hace que en México, después de una guerra de marketing y politiquería, triunfa el que corrompió a más incipientes pupilos, que en su inconsciente colectivo: amalgama de mexicanos (poeta y lectores, académicos y estudiosos) junto a sus instituciones (universitarias y culturales, administrativas y políticas) y los proyectos autónomos (librerías y centros culturales, editoriales, asociaciones civiles y promotores), definirán lo que es poesía. 

El poeta-héroe, tan bien querido por la tradición, es un problema que pudre el corazón de la Historia, y se aferra con todas sus garras contrafacticas a la historicidad, y hace del contexto un documento, que luego será producido como film. Sea thriller o llano melodrama. Una película de espías —donde el protagonista puede matar, y justificar cualquier acción—. Por eso el cine comercial ha abusado tanto de la técnica documental, de la cámara en mano (y que fueron variaciones sustanciales del enfoque, realizado por el cine Dogma 9 o cinema verité, aunque la decadencia, sea la réplica pusilánime; como Beethoven en un comercial de champú), pero que al “poeta” le ayuda para hacer más verosímil su discurso. Igual es con la poesía.

[Diapositiva I: Juan Rulfo y la Cia]

A Juan Rulfo la CIA le compró una casa. Pero no lo compró a él ni a su obra. Esa es la premisa de Patrick Iber, y su argumento es: “No quiero negar que el imperialismo cultural sea un asunto serio e importante, pero en este caso me impresiona más la idea de que muchas joyas de la literatura mexicana del siglo xx fueron producidas con apoyo de dinero extranjero (y muchas veces comprometido), sin producir fricciones significativas”.

Pueden leer la entrevista Cómo la CIA compró para Juan Rulfo un terreno en el campo para hallar el argumento de que esta inversión “imperialista” de fines “frustrados” no alteró un ápice la obra escrita por gente de izquierda como Carlos Fuentes, Poniatowska o Carlos Monsiváis.

Aunque el historiador Patrick Iber documenta “el financiamiento recibido por el Centro Mexicano de Escritores (cme) de parte de Farfield Foundation y el Congress for Cultural Freedom (Congreso por la Libertad de la Cultura, clc); instituciones que servían de pantalla a la cia, la agencia central de inteligencia del gobierno de Estado Unidos, en sus esfuerzos por influir a nivel cultural en América Latina”. Entre otros asuntos, Iber informa que el sueldo de Juan Rulfo como profesor del cme fue pagado durante dos años por el clc, y que la Farfield Foundation le ayudó a comprar un terreno en el campo; apunta “que habría existido la expectativa de que la figura del autor de Pedro Páramo rivalizara con la de famosos escritores comunistas como Pablo Neruda”. Aclara que, sin embargo, el cme en su funcionamiento no imprimió ningún sesgo ideológico, pues dio becas a autores comprometidos con la izquierda. Iber concluye: “La manipulación de la cia se vio enteramente malograda: es muy difícil hallar una relación clara entre las políticas de los fundadores del Centro y sus resultados literarios”.

En conclusión: a pesar del financiamiento recibido durante los cincuenta y sesenta, “el cme fue un notable fracaso como instrumento de diplomacia cultural, pero se convirtió en uno de los centros de apoyo a la escritura más importantes y exitosos durante sus mejores años”. Lo curioso de esta afirmación somera es que asume Iber el cme de la cia como un fracaso, porque pese a su ejercicio, no influyó ideológicamente en grandes obras. Sin embargo no habla (no puede hablar: porque no las tiene dentro de su visor) de las obras que “no se hicieron”, o que simplemente quedaron “relegadas” del foco narrativo de la escritura mexicana. Esas obras que se volvieron invisibles gracias a la creación de un núcleo fuerte de capital para escritores, con el soporte de un mecanismo de difusión bastante sólido, suficiente como para desaparecer los esfuerzos de todos los escritores mexicanos exteriores a este círculo de autores perfectamente entrenados en el arte literario.

Que México sea un campo de batalla de peleas

políticas de otros países no es nuevo. Que el poeta —de primera generación— adquiera consciencia profunda de su entorno, para decidir (si es que decide decidir) su orientación, sería la novedad. Y así romper con la inercia, que se ha querido asumir como una tradición edípica de la ruptura.

De esta tradición, no sólo salen los “talleres”, como afirma Iber. Sino también el Fonca o la f,l,m, cada una con su particular estructura de formación y pago del autor. Con el mismo argumento de “no hay ideologización”. Sin embargo sí hay un “criterio” de selección. Que tiene sus puntos claros, más allá de los elementales requisitos que debe cumplir un aspirante. En este nivel la corrupción toma la forma del “amiguismo”, bajo el consabido lema de “antes somos amigos que poetas”, y bajo esa afirmación las decisiones personales o laborales quedarán supeditadas a una supuesta no competencia, sea por subestimación o sobreestimación. Así, es un modo de cerrar filas, a través de estos organismos, donde “los que son, son los que están”.

El maniqueísmo ejercido por los buenos, es decir, los que tienen el “recurso” de su lado, deja una visión en blanco y negro del gremio. Los que están y los que no están. Donde los que no están (que serán los malos; es decir, los perdedores, los que no saben o “no tiene autoridad para decir”, para pensar o escribir, y que hacen una poética del “resentimiento” por no “estar en”) serán los mismos aspirantes rechazados que garantizan una gremio que por “lógica” permanece en suspenso en la órbita periférica del núcleo artificial de ese poder que se sustente en el capital (otorgado por Azcárraga, Slim, el mismo Estado, o sea, los ciudadanos sin ser consultados, y otros).

Evidentemente la malicia no está en los jóvenes

que reciben estos estímulos, puesto que todo mexicano (sobreviviente por antonomasia) necesita algo de qué comer, con qué vivir, y siguiendo la lectura del bien, tampoco es necesario que un poeta-escritor tenga que vivir “mal”. Los apoyos tampoco son grandiosos, pero son suficiente para un veinteañero y complejamente suficiente para un treintañero. Sin embargo, esa es la entrada sólo al escalafón de puestos burocráticos. De algo tienen que vivir los poetas. Y esa lógica le ha funcionado bien a los “empleadores” que buscan mano de obra intelectual calificada y barata.

Los jóvenes quieren vivir, y al final encontrarán las opciones que estén a su alcance. Casi siempre, sucede que todas las opciones estaban delante de sus ojos, pero no las alcanzaron a ver, porque no tenían puestas las gafas de la experiencia. Por lo tanto es crucial que los aspirantes a ser poeta, tengan presente esto cuando den un primer paso. Caminar el camino de otros garantiza un destino ajeno. Aprender, significa, en dado caso, ver en los demás el potencial de un propio camino, y el reconocimiento del ajeno, para distinguir lo propio. “Tener” no es cargar, sino saber dónde poner el pie. Ninguna poesía vale menos que otra. Pero cada poesía está determinada por su contexto y su clase de cuna. Pero lo que queda en manos del poeta, es decidir si será un camino propio, o la inercia de su destino.

 [Diapositiva II. Las becas del Estado; la monarquía de la supervivencia]

Cual anuncio light de una crema para blanquear la piel, o las ventajas de usar tal papel de baño porque huele a almendra, así también son los publirreportajes que realizan en ciertas revistas de Estado. Se formulan, inventan (acto de crear lo que a nadie le hace falta, pero qué bueno que lo hicieron, y ahora todos lo necesitan) argumentos para decir por qué, al igual que en Estados Unidos —gran ejemplo de realización— los estímulos son el mayor insumo para que exista la “nueva literatura”. De otro modo todo “habría caído en un inevitable abandono y se hubiera impuesto una visión retrógrada de la nación”. Gracias a la maestría que desarrollaron muchos autores en aprender las teorías vanguardistas de EU o España. ¿Suena a exageración? Lo curioso es que en donde más se burlan y lanzan patadas a los estímulos es en Letras Libres y Tierra dentro, donde tanto los que colaboran como los que editan son los que siempre tienen estos estímulos, siguiendo esa premisa que buena o mala, la publicidad es publicidad, aunque sea autopublicidad. Este fragmento de Antonio Ortuño (finalista del premio Herralde de Novela México, Anagrama 2013) es revelador: “En la otra esquina están quienes sostienen que el Fonca ha permitido la formación y difusión del trabajo de varias de las principales figuras intelectuales y creativas del país y con ello justifican su existencia. El Fondo, opina el crítico Christopher Domínguez, ‘no es una graciosa concesión del Estado, sino el resultado de una vieja demanda de la comunidad intelectual del país [...]. Para hablar solo de literatura [...] la inmensa mayoría de los escritores mexicanos de valor (desde los más jóvenes hasta los eméritos) hemos recibido, al menos en una ocasión, los apoyos’. Sin el Fondo y sus convocatorias, opina la escritora Carmen Leñero, “la pobreza espiritual del país sería evidente”. No falta, incluso, quien lo repute como un mecanismo que ofrece un refugio a los creadores frente la tiranía de los mercados del arte y los vaivenes del interés del público, como el ensayista y narrador Gabriel Wolfson: ‘Ser un creador del Fonca me permite escribir sin pensar en agradar a ningún editor ni agente. [Los estímulos] abren un pequeño espacio de investigación mayor para la escritura en un momento de autoridad mayúscula y sexy del mercado editorial.’ No obstante, Wolfson matiza: ‘Las becas del Fonca, o el Fonca mismo, son problemáticos, sin duda, y hay que discutirlos.’ El poeta Óscar de Pablo va más allá y en una columna para la revista Vice asienta: ‘Sin apoyo público al sustento de los creadores, el arte sería (aún más) monopolio de la clase ociosa. Las becas y premios a la creación artística son como los aumentos salariales y las prestaciones laborales: pueden ‘cooptar’ a algunos, pero sin ellos no sobreviviría ninguno.’

No es exagerado decir que detrás de todo gran poeta —promovido a nivel internacional—hay un movimiento político que lo impulsa, sistema nervioso de relaciones, al interior de la infraestructura que da soporte a su desplazamiento y difusión pertinentes para que se vuelva una figura referencial. De igual modo este templete incluye la edición constante de revisiones de su obra [sean efímeros comentarios en red o revistas soft, o si es un autor encumbrado, en libros de ensayo entorno a su figura y su quehacer], así como de toda su escritura, tanto teórica, literaria o poética. Es decir, detrás de la promoción de un poeta para que se perciba “grande”, hay la inversión de un capital. Incluso si éste ya ha muerto.

Los institutos, fundaciones, o los sistemas de becas, son la inversión elemental para tener una reserva para la banca, y también un público consumidor, que asumirá también el papel de mentor de generaciones enteras que asumirán sus referencias como verdades. Sin embargo, los escritores que ocuparán los escaparates, y serán las grandes “luminarias”, son miembros de familias ya instaladas en los medios culturales, políticos y aristocráticos; se educan bajo una especial supervisión: vienen de abolengo, de una tradición asumida. Son niños que fueron educados desde pequeños para ser líderes dentro su campo. En este caso, la literatura y la poesía.

De tal modo tenemos que la clase que rige el mundo es la clase intelectual, pues posee los recursos de conocimiento para doblegar la realidad a “su imagen y semejanza”. Hay dentro de esta clase intelectual contrarios a la naturaleza del poder que les fue heredada, y por otra parte, un ápice de astilla de la clase baja que se desplaza a la clase intelectual, pero que representa con dificultad 1%, por mucho. De este mismo modo, el ejercicio del poeta es, por principio el de un intelectual que siente, vive, se arriesga desde su propio círculo existencial. Pero la variable de este 1% regularmente es útil, más para el 99% de la clase intelectual acomodada que representa 8% de toda la humanidad, que para el resto de mortales. La percepción de la vida, como de la literatura misma es maleable, y puede ajustarse de acuerdo a quién tenga más recursos de producción mediática.

Siguiendo esta lógica, y el análisis de Iber, no sería extraño pensar que el boom de la narrativa latinoamericana haya sido un ardid para contrarrestar el peso inminente que había adquirido la poesía en América. El realismo mágico era el punto exacto entre lo narrativo y lo poético. Entre lo surrealista y lo folclórico. Un terreno perfecto para cimentar un “nuevo mensaje”, una “tradición renovada” de los deberes teológicos. Para Latinoamérica el surrealismo le era externo, tanto que su realidad inherente es de una plasticidad onírica, porque son materia pura de los sueños, lo que vieron los europeos (colonos) como un problema, pero también como un nexo con su tradición anquilosada, la cual era conveniente retomar para colocar herraduras al trote de la idea poética política de América, que se estaba vinculando con mayor naturalidad a un realismo militante, o de carácter comprometido con las diversas causas emancipatorias. Pero al final el monarquismo vitalista Bolivariano, como una extraña gramática de lo puro, al estilo de Andrés Bello, se terminó imponiendo como una monarquía promisoria de “un mundo mejor”: América, pero que no daba más que para sobrevivir en la natural disolución de las jerarquías, donde los gobernantes bien intencionados, absortos e ignorantes de su propia ignorancia, condujeron al pique su propio ideario. De tal modo, obedeciendo a este análisis, las becas son una especie de populismo literario, que compara fácil (8 mil al mes) a los futuros y presentes lectores de los clásicos mundiales, sean mexicanos o extranjeros. Y algunos buenos prestadores de servicios que llegarán a poder decir que son poeta con todas las de la ley, incluyendo los títulos nobilarios.

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orque la gente busca mitos. Y por muy cruen-

ta que sea la realidad, siempre se sujetará del ideal mortífero que representa la promesa del porvenir, sean en esta vida, o en el “más allá”. Los poetas, son divididos, por los mismos espectadores-poetas en los nobles, o Nobeles, que ganan el peso de la corona de los reyes Suecos. Y por otra parte, los que caen, pierden, son borrados; se suicidan, o como mártires con su aureola, saben soportar su corona de espinas, y se vuelven ellos mismos, cual cínicos griegos, reyes de sí mismos. Y esta percepción se da, porque los que aspiran a ser poetas, aspiran primero a ser figuras públicas; ídolos de masas, y proyectan su deseo sobre las figuras dramáticamente radicales (en caso de los poetas aislados) porque su deseo es producto de una fantasía neurótica. Así es como brillan nuestros mártires: Lorca, Maiakovski. Miguel Hernández. Cesar Vallejo. Víctor Jara. Gabriel Celaya. Roque Dalton.

Pero tampoco es llevar las cosas al extremo y decir que el poeta becario está “maldito” o “bendito” por tener el estímulo. Sería ejecutar la misma perspectiva maniquea del marco político de la poesía. A veces, como sucede en esta sociedad, el estímulo monetario, sobre-exalta, y al modo del cocainómano que abre más los ojos cuando habla y desarrolla una aparente alta estima, el becario tiende a desconectarse momentáneamente del mundo.

El reto es ser congruente sin caer en la desespera-

ción. La prepotencia del empoderado, sea del recurso como estímulo, o el salario en un puesto influyente [departamento de edición, administración de recurso], tiende a darle cierta seguridad para que ejerza abiertamente el discurso de su “economía” sin tapujos ni prejuicios. Al final, ser legión del Estado o de un grupo que gobierna desde el Estado, sin representar a la población (que por naturaleza debería ser un administrador equitativo) también es una forma de vivir. Y es tan válida como la del narcomenudista que logra pagar casa, auto y otras exigencias (o necesidades) del habitante contemporáneo de la urbe.

Este ejemplo nos deja claro que no se puede pen-

sar en una sola economía. O dicho de otro modo, en una sola ley que rija todas las casas. Lo que resulta en que cada micro economía deriva de sus contexto y que la poesía puede ser potenciador de su desarrollo. Visto así, son muchas las economías, que derivan en N cantidad de poéticas y que por lógica, vuelve inoperante la idea de una sola ley, es decir, de un solo canon. Porque sólo si se logra imponer un icono central que unifique la visión de todas estas economías, se consolida el centralismo. Pero pensar en una sola economía, planteada desde este punto de vista, es pensar también en una economía que responde a una visión enajenada y corrupta. Por eso la poesía, al igual que todas las otras partes sociales, está gangrenada.

La economía es la forma del hogar, “la forma en que individuos y colectividades sobreviven, prosperan y funcionan”. Y de ese modelo de vida, se desprende todo lo demás, todo el domo de lo que concebimos como real. La economía que nos mantiene vivos es la que determina si lograremos ser congruentes, o contrario a ello, en un acto desesperado, nos hará asumir lo que tuvimos que hacer con fin de sobrevivir y al mismo tiempo falsear lo que somos como acto de existencia.

Esa es la magnitud de la paradoja a la que se en-

frenta el poeta contemporáneo.

 

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Andrés Cisneros de la Cruz

Andrés Cisneros de la Cruz. Ciudad de México, 1979. Poeta, ensayista y editor. Ha publicado los libros de poesía: Vitrina de últimas cenas (VO/ Andrógino, 2007), No hay letras para escribir tu epitafio (Mezcalero Brothers, 2008), Como la nieve que dejan los muertos (Letras de Pasto Verde, 2009, Poesía sin permiso, 2010), Ópera de la tempestad (Metáfora/VO, 2011), La perra láctea (Inferno Ediciones, 2012), Fue catástrofe (Rojo Siena, 2013), Eufórica [partituras para la guerra] (Sikore, 2015), Tétrada (Taller Nuclear, 2014, Ediciones El Viaje, 2015) El viejo arte de lo nuevo. Manifiestos matéricos (Sikore, 2016), La rosa ebria y treintaitrés anforismos (La cosa escrita, 2016) y Dinamita (Cisnegro, 2016). Realizó selección y curaduría crítica del poeta Josué Mirlo, en Museo de esperpentos y ensayos en prosa bárbara. Es segundo lugar en el Certamen Internacional Relámpago de Poesía Bernardo Ruiz, 2008, mención honorífica en el Concurso Nacional de Poesía El Laberinto, 2004, y en el Concurso Nacional de Poesía Jaime Sabines, 1999. Y segundo lugar en Premio Nacional de Poesía Temática Tinta Nueva 2011. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y Comunicación Social en la UAM. Ha sido incluido en más de cuarenta antologías, entre ellas, 24 años, 24 poetas (Tianguis del Chopo / Conaculta, 2004), Descifrar el laberinto (El Laberinto, 2005), La Mujer Rota (Literalia, 2008), el Anuario de Poesía 2007 (FCE, 2008, selección de Julián Herbert), Hacedores de Palabras (Cantera Verde, 2009) y La semilla desnuda (Poetas en Construcción / Conaculta, 2010). Es organizador del Debate Abierto de Crítica Poética (en colaboración con Casa del Lago) y creador del Torneo de Poesía (Adversario en el cuadrilátero), los Miércoles Itinerantes de Poesía, el Premio Latinoamericano de Poesía Transgresora y compilador de 40 Barcos de Guerra, y del compendio Torneo de Poesía 2007-2010. Antología de poetas sobre el cuadrilátero (Linaje Editores / Verso Destierro, 2013). Es colaborador del programa Luces de la ciudad (en la Hora Nacional) y Radio Etiopía. Participó en el ciclo de Poesía en Voz Alta organizado por la Casa del Lago, en 2013. Ha impartido talleres de poesía en el IPN y en la Universidad Iberoamericana. Como periodista fue parte de la mesa de redacción de El Universal y El Independiente, y colaborador de la revista Bucareli 8 y Chilango, así como investigador de poesía especializada en ajedrez, para la Gran Fiesta Internacional de la UNAM 2012. Ha sido curador poético de la obra plástica de Orlando Díaz, Kenta Torii y Omar SM. También ha colaborado en suplementos y revistas de México, Argentina, Venezuela, Nicaragua, Chile y España. Su poesía ha sido traducida al náhuatl y al portugués. Actualmente es editor de la versión en línea de la revista Blanco Móvil, y operador del proyecto múltiple Cisnegro. Lectores de alto riesgo

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