ERIKO STARK

ERIKO STARK

Erik Meneses o mejor conocido como Eriko Stark es fotoperiodista residente de la Ciudad de México. Eriko estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Insurgentes, cuenta con una especialidad en Defensa de los Derechos Humanos y otra especialidad en Arte y Nuevos Medios.

Ha publicado un libro de poesía ganador en el concurso Editorial Lectio Mx, además, Eriko fue uno de los ganadores en el Festival Internacional de la Sexualidad (FIDS) en la categoría de crónica y fotografía. Su trabajo fotográfico ha sido expuesto dentro y fuera del país en las localidades: Chicago, Francia, Madrid, Chile, Venezuela y Colombia. Forma parte del catálogo “Made in Tepito” que recupera medio siglo de arte siendo Eriko el primer creador en temática Queer.

Actualmente el trabajo de Erik se enfoca en temas como narcotráfico, sexualidades clandestinas, literatura LGBTI e investigaciones históricas.

 

 

 

 

Novelas underground

del sida en México

 Eriko Stark

 

 

Imagina historias donde encuentran la cura del sida, imagina proyectos secretos patrocinados por el gobierno para tratar el virus con imanes, imagina que una de las pocas novelas donde el amor homosexual triunfa se debe al VIH…

Ahora imagina que todos estos libros nunca fueron leídos, todos y cada uno de ellos terminaron en la basura o en las librerías de segunda mano debido al miedo, al horror de ser señalado como un sidoso por tenerlos; ir a una librería y comprarlos era igual que ser diagnosticado con VIH, por ese motivo, las personas se congelaron, se permitieron degradar en los horrores de la enfermedad; muchos, prefirieron morir antes que informarse, antes que confiar en la ciencia.

Existe una literatura underground del sida en México. Desde 1990 se comenzaron a publicar una cantidad interesante de novelas, libros educativos, ensayos científicos y también textos alucinantes donde se encontraban supuestas curas para erradicar el virus y también la homosexualidad.

Sin embargo, esos libros quedarían olvidados debido a que no fueron leídos por miedo, por falta de tiempo y por el enorme estigma que representaban; su existencia generaba rechazo, también odio por parte de la sociedad donde se crucificaban condones y hacían quemas públicas de homosexuales acusados de sidosos. Por otra parte, las editoriales no se atrevían a publicarlos por miedo o sus tirajes eran muy pequeños; no existían campañas publicitarias y la gente se informaba literalmente en antros, bares, obras de teatro, así como en pequeños grupos de resistencia.

La respuesta tardía de los activistas influyó mucho ya que ellos se convirtieron en enfermeros de todos esos pacientes a los cuales nadie quería ver, enfocando sus esfuerzos en aprender a cuidarlos, en calmar sus malestares y en su momento, darles eutanasia de manera clandestina e ilegal.

Hoy, las investigaciones narrativas sobre el VIH han dejado desplazados todos estos libros debido a la falta de investigación, búsqueda y acceso. Todos los títulos, aproximadamente entre 40 a 60 obras estuvieron enfocadas en cinco temas principales: informar sobre el virus, autoayuda y tanatología (aceptar que si tienes VIH-sida, vas a morir), prevenir el virus, explicar el virus (¿qué ocurrió con el virus a México?) y testimonios (las vidas lloradas).

Estos temas perduraron hasta el año 2000 con la llegada de un nuevo siglo y también con la evolución de nuevos antirretrovirales que acabarían con estos episodios de inevitable muerte. Para poder entender la llegada de estas novelas es preciso explicar el contexto del sida en México.

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El expresidente Miguel de la Madrid reconoció públicamente la llegada del sida en el año de 1985 con 32 casos confirmados, sin embargo, el primer registro documentado en nuestro país fue en 1983 en el Instituto Nacional de Nutrición. Gracias al tiempo y a los rastreos epidemiológicos que hoy formulan nuevas teorías sobre la llegada del sida a Estados Unidos podemos decir que, en México, el virus de inmunodeficiencia humana tuvo su origen entre 1975 a 1978, tiempo suficiente para que el virus desatara una cadena de infecciones. Hasta fecha no existen investigaciones certeras sobre un rastreo del virus en México, sin embargo, esto nos ayuda a ubicar la existencia de novelas que ya estaban desarrollándose ante la respuesta tardía de las instituciones y los medios de comunicación.

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Parece ser que la primera novela sobre el sida en México fue “El HOMOSIDAcom” del escritor Oscar Brondo, publicada en 1990. La historia es una ficción que habla sobre la evolución de una raza que se enfrenta a una enfermedad antigua llamada “Sida”. Mientras esta novela fue publicada en Tabasco otra novela extranjera ya estaba circulando en el país. “Más allá del sida” (1989) de George E. Melton y Will García es una narración autobiográfica y de autoayuda sobre dos hombres que deciden enfrentar el virus a toda costa. Emprenden un viaje a México para buscar medicinas y reflexionar sobre la llegada del virus. Su decisión es prolongar sus vidas hasta el límite de la resistencia humana.

Después, el escritor Alberto Sánchez publica “Sueños de piel caliente. El testimonio veraz y descarnado de un gay con Sida”. (1995). Esta novela es la historia de un chico que narra el inicio del VIH en Zamora, Michoacán. La historia inicia en una fiesta gay de un pueblo que permite ver otras historias, todas expuestas en la vida nocturna y la homosexualidad en México. El virus es incurable, no hay forma de sobrevivir, es por eso que los gays llevan sus vidas al camino de la destrucción hasta el grado de cometer suicidio para no caer en estado de enfermedad total, dando un recordatorio a las futuras parejas y chicos que salen del clóset, haciéndoles recordar que su destino puede ser el mismo si no aman honestamente, confían o se apoyan los unos a los otros sin traicionarse.

Para 1996, la escritora Edmée Pardo se convierte en la primera mujer en abordar el tema del VIH a través de una historia cómica y sentimental que cuenta la vida de una chica que vive con la incertidumbre de haber contraído el virus. En esta novela corta somos testigos no solo del humor y la sinceridad que habita en nuestra protagonista sino en la decisión de aceptar el virus y vivirlo con dignidad. Esta historia se genera un cambio, por primera vez una mujer habla del tema desde una perspectiva más relajada y consciente, nos regala un mensaje de prevención sin caer en cruces morales, un mensaje positivo y enternecedor.

Para este momento los libros informativos se convirtieron en la primera línea de defensa ante el virus, su principal objetivo era explicar las vías de transmisión y cómo prevenirse a través del uso del condón. Sin embargo, ya se estaban publicando ensayos e investigaciones en contra de los sectores conservadores que satanizaban el uso del condón.

“Cómo propagar el sida. Conservadurismo y sexualidad” es una investigación de Edgar González Ruiz publicada en 1994 donde expone los movimientos de ultraderecha que hacían movilizaciones en contra del aborto, la homosexualidad, el uso del condón y la educación sexual; estos movimientos empeoraron la situación del virus llevándolo al extremo de decir que “solo los homosexuales se contagiaban de sida” (sic); motivo por el cual se hicieron campañas para prohibir el uso del condón y prohibir la educación sexual. Uno de los partidos que apoyaron estas campañas fue el PAN (Partido Acción Nacional).

Este error de estigmatizar a los homosexuales como únicos portadores le costó caro a la sociedad. Las trasfusiones de sangre contaminada a niños y el incremento exponencial en mujeres portadoras de VIH por parte de sus parejas que eran infieles tuvieron un impacto mediático doloroso. Los ensayos e investigaciones sociales se convirtieron en la manera más sensata de hablar sobre las mujeres (el primer caso documentado de una mujer con virus de inmunodeficiencia fue en 1985, caso que ayudó al expresidente Miguel de la Madrid a hacer pública la existencia del VIH-sida).

En 1998 se publica “Una Pareja Serodiscordante” del escritor Alain Blanchard Goicochea. En esta historia es la segunda parte de una trilogía documentada en tres etapas: la búsqueda del amor homosexual (el primer libro llamado “Mi peregrinar”), vivir una relación amorosa con una persona que vive con VIH y el luto amoroso al perderlo (la tercera novela: “Alfredo. Amor Eterno”) publicada en el año 2000.

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Para la entrada del nuevo siglo ya estaban publicadas cinco de las obras más importantes del sida en América Latina: “Antes que anochezca” (1993) de Reinaldo Arenas, “Loco afán: crónicas de sidario” (1996) de Pedro Lemebel, “Un año sin amor” (1998) de Pablo Pérez, “Salón de belleza” (1999) de Mario Bellatin, “Poesida” (se publica en el año 2000, sin embargo, esta obra fue concluida en 1996. Escrita desde la poesía) de Abigael Bohórquez.

En 2001 llega la obra más leída y más reseñada sobre el sida. “El desbarrancadero” de Fernando Vallejo. Esta novela nos ayuda cerrar una etapa narrativa y abrir otra. ¿Mientras estas novelas sobresalían convirtiéndose en referentes del sida, qué ocurría con la narrativa underground?

En el año 2000 se publica “Sida en el año 2010” de Luis Arcaraz. En esta ficción se descubre la cura del sida gracias a la evolución humana; todo parece un milagro hasta el momento en que una horda de enfermos destruyen las instalaciones y asesinan al hombre que tiene la cura. Con el tiempo, los doctores descubren a nuevos superhumanos, pero las ambiciones de terribles mafiosos llevan a asesinar a otro ser milagroso. Es aquí cuando descubren que la cura solo actúa bajo una transfusión sanguínea, motivo por el cual el doctor escapa con sus mutantes y se enconden en una caverna para crear una nueva civilización.

“Sida. Testimonio de una madre” (2003) son las memorias de Rosa Feijoo dedicadas a su hijo quien murió de sida. Aquí, el testimonio de una mujer se convierte en un acto primordial porque es la madre la que narra, dándonos la oportunidad de entender el virus gracias a la voz familiar.

Es momento de saber qué ocurre con las mujeres portadoras de VIH. La periodista Lydia Cacho escribe una novela sobre una mujer víctima de la infidelidad de su marido. Al convertirse en portadora sus defensas de destruyen demoledoramente enfermando de un cáncer incurable. Narrar su muerte se convierte en un primer testimonio poético a las mujeres, por fin las mujeres hablan desde su cuerpo enfermo en “Muérdele el corazón”, escrita en 2006.

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Por otra parte, la narrativa tuvo casos totalmente opuestos como el del escritor Carlos Cuauhtémoc Sánchez con su novela “Juventud en éxtasis. Joven en libertinaje” publicada en 1994, obra que se popularizó en los dos mil y fue utilizada como manual educativo para promover una sexualidad sana a estudiantes de secundaria bajo un discurso moral donde las personas con VIH se convierten en peligros de nuestra sociedad. Justo en ese momento la educación sexual de las escuelas en México comenzaron a promover la película “Punto y aparte” (2002). Un filme del director Francisco del Toro quien expone las consecuencias espirituales del aborto e incita a las mujeres a no cometerlo. Otro producto promovido fue la novela “Cañitas” (2002) del escritor Carlos Trejo en donde los temas paranormales nos permiten ver un incidente documentado en los ochentas donde varias personas pierden la vida al invocar espíritus. La novela está escrita con profundos tintes machistas donde el mismo espectro sabe utilizar el lenguaje homófobo.

Pero el caso más alucinante fue el libro escrito por el doctor Isaac Goiz (a quien se le debe dedicar una investigación especial). “El sida es curable” fue publicado en 1993. En esta investigación científica se encuentra la cura del VIH-sida gracias al uso de imanes o mejor conocida como La terapia Biomagnética, donde se somete al paciente a energía electromagnética para generar una vibración positiva en el cuerpo. La investigación no solo fue llevada a la práctica, El doctor Isaac comenzó a enviar cartas al presidente Ernesto Zedillo Ponce de León para la pronta creación de un departamento de investigación. Lo más absurdo es que estuvieron a punto de experimentar con personas, sin embargo, las autoridades médicas denunciaron al doctor Isaac quien continuó sus investigaciones en otros países de Latinoamérica.

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Esta es una pequeña muestra de cómo la narrativa empieza a evolucionar desde un pequeño susurro, a pesar de no ser todas las novelas, los temas se desarrollaban bajo una misma inquietud, recuperar el valor a la vida de una manera justa.

Hoy, comienzan a publicarse las memorias de personas adultas que sobrevivieron al virus, personas que encabezaron la lucha contra el sida desde el activismo y las memorias ocultas de muchos sujetos que no sobresalieron, pero ayudan a encajar las partes de una historia que hasta el momento no tiene existencia ni conciencia social.

 

 

 

 

Leer el fracaso

del amor homosexual extingue

Reseña por: Eriko Stark.

 

“Era el momento de decidir, de dejarlo todo sin arrepentimientos, de parar el tiempo y recuperar esos momentos perdidos a los que yo me había aferrado y que él había decidido intentar olvidar. Era un momento que nunca tuvimos y que nunca volveríamos a tener. Era ahora o nunca. Quise… deseé que fuese él el que diese el primer paso para seguir tejiendo la bandera que había comenzado en aquella noche, que tomara el rumbo de nuestra relación y yo sentirme llevado por su deseo. Pero mis labios se adelantaron; mi corazón, roto, se antepuso a mi alma, y mi mente se alió con él para traicionar al destino. Quizás era el momento de decir «te quiero» y «quédate conmigo», pero el daño había removido los sentimientos de tal forma que aquel puzle no se vería completado de nuevo”.

Clímax de “Fuimos crimen, seremos poesía”. José Manuel Cotilla.

 

He leído muchas historias de amor homosexual, las he buscado con mucho detenimiento, las he atesorado profundamente y, sobre todo, he tratado de encontrar la esperanza en ellas, sin embargo, la mayoría de estas historias terminan en separación, infelicidad, sobrevivencia a la ruptura, recuerdos amargos, lejanos; diálogos que buscan alcanzar la intensidad atrapados en el predecible final. Aquí, en estas novelas la felicidad no es plena, las almas se salvan, pero no se iluminan a través de la llama del amor. Este sentimiento de dos hombres que no logran ser felices, que no se aman hasta el fin de los tiempos o de sus vidas es sin duda desolador, es un sentimiento cruel del que se debe hablar. La última novela que leí sobre el desamor homosexual es la obra del escritor español José Manuel Cotilla. “Fuimos crimen, seremos poesía”, un terrible espejo al que corresponde el amor gay.

La historia se desarrolla en Monte Saint-Michel, una isla ubicada al noroeste de Francia. Javier, decide volverse a rencontrar con Alex, el amor más importante de su vida para saldar cuentas del pasado. Durante siete días, ambos personajes vuelven a reconquistarse para poder abrir sus corazones y revelar las heridas de su relación pasada. Alex esta dispuesto a luchar por el amor de Javier, impedirá a toda costa que Javi se aleje de su vida para casarse con otro, sin embargo, no logra su cometido. Por otra parte, Javier lucha contra el pasado y el dolor de sus rechazos hasta lograr las pases con él mismo y retomar el inevitable destino, casarse con otro hombre.

La historia es contada por la voz de Javier. Desde el inicio, la atmosfera es metálica, llena de incertidumbre y melancolía escritas a través de una prosa suave y delicada, cursi y melosa; cosa interesante debido a que el autor te logra atrapar. Los capítulos son cortos y quieres saber más sobre los secretos que envuelven a los dos chicos, ansias llegar el resultado final, incluso, te hace desear un final feliz para ambos. El peso y el dolor de Javier es más grande que el amor orillando sus actos a tomar la peor decisión, es aquí donde comienzo a sentirme agobiado, ¿cuál es el valor de una novela escrita con grandes decoros de amor si va a terminar igual que otros libros escritos desde un lenguaje salvaje, realista y sucio? ¿Todas estas novelas son iguales, están tratando de decir que el amor homosexual va a fracasar?

La respuesta parece un inevitable sí, las historias de amor homosexual estarán condicionadas a través del tiempo y los resultados parecen desfavorables en nuestra actualidad. La obra de José es muy buena, su escritura es seductora, la forma en que esta estructurada dota de una universalidad, ya que no se remonta a una historia local de una cultura en particular, a todos nos puede ocurrir y justo por ese detalle se vuelve escalofriante leerla, ya que los jóvenes homosexuales (en el mundo) parecen aspirar y estar predestinados a este tipo de historias de amor tóxico que pueden alcanzar grados de destrucción humana.

La descripción física de los personajes, sus gustos culturales, sus oficios, las sensaciones, todo esta escrito y destinado a la juventud como un relámpago tiránico y burlón: incluso la forma de que estos personajes se comportan, discuten, se autoflagelan es sin duda triste, nos recuerda que hoy, en pleno 2020, muchos gays no pueden aspirar al amor a pesar de existir leyes y garantías que respeten su orientación e identidad.

La crítica dedicada a “Fuimos crimen, seremos poesía”, no esta hecha para que las personas se desanimen, al contrario, es una crítica de la clase de personas que podemos ser y somos, es como mirarse al espejo y a veces rechazar nuestra imagen. El ciclo de la infelicidad, el fracaso, la tristeza debe terminar, eso ocurrirá en algún momento de la historia. Como lo dije antes, el protagonista logra salvarse y reconciliarse con sus propios sentimientos para salir adelante, pero lo hará solo, aunque sea amado por otro hombre estará solo.

Fuimos crimen, seremos poesía fue publicada en septiembre de 2018 por la editorial “Libros.com”, presente en un momento histórico para muchos países que gracias a la interconexión digital han permitido el acceso a esta clase de obras. Felicito a José Manuel Cotilla por escribir tan hermosa obra, me hizo recordar mi propio pasado, mi propia juventud y mis propios errores a la hora de atreverme a amar, esos estados crueles a los cuales he querido evitar, pero hoy, agradezco reencontrarme con ellos.

Deseo que en tu próxima obra el amor triunfe y no sea una historia sobre el fracaso del amor homosexual.

Me hiciste sentir de nuevo, gracias

 

 

 

 

LUBRICANTES

poemario del escritor Uriel Martínez

"Una viscosidad que estimula"

 

Eriko Stark 

 

 

 

A finales de noviembre del año 2017 se terminó de imprimir el nuevo poemario del escritor Uriel Martínez. Lubricantes es un acercamiento íntimo a la historia de la vida de cualquier persona y sobre todo, el acercamiento a los pensamientos íntimos que nos acompañan a lo largo de nuestra vida como una segunda persona que interactúa con nosotros. A lo largo de 69 poemas —Número más acercado al equilibro entre dos personas cuando tienen sexo oral, número que representa del signo de Piscis y también el Ying y el Yang— distribuido en siete capítulos que ayudan a descubrir faces, personalidades integradas dentro del mismo autor.

Lubricantes, como su nombre lo dice, es la sustancia que ayuda deslimitar o quitar la áspera o dolorosa fricción entre dos cosas, también ayuda al cuerpo brindándole de una viscosidad que estimula a llegar a lugares tan desconocidos, alguno de ellos sería el orgasmo; sin la existencia de lubricantes, la penetración anal sería un acto de dolor y transgresión pura.

Esta metáfora del líquido que ayuda a cumplir ciertas funciones corporales y mecánicas tiene mucho que ver en la poesía. Cuando se leen los poemas, leemos historias inconclusas, historias que no terminan o son pequeños prefacios a los cuales les vamos a dar un empujón imaginando atmósferas con imágenes muy claras y otras veces poco nítidas.

Es importante reconocer que la obra de Uriel se sitúa en el cotidiano de una forma fuera de lo común. Cuando se reseña lo cotidiano como algo sorprende o que no le tomamos importancia debido a la repetición, sabemos que eso es una mentira. Uriel demuestra que lo cotidiano no existe, cada día y cada acción está plagada de diferencias, incluso la repetición es diferente. Cada poema habla sobre un tema distinto aunque puedan encasillarse en conceptos como la noche, la deterioración del cuerpo, el tiempo o la vejez; cada verso tiene su propio núcleo e historia con suma intensidad y pasión.

 

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A finales de diciembre conocí a Uriel de una forma muy extraña, estaba sentado en una pequeña banca afuera de un Oxxo, vestía de ropas oscuras y tenía entre sus manos el poemario que leí con sumo cuidado. Fuimos a una librería Gandhi a revisar las ofertas, el tiempo corre diferente en otros Estados, había pequeños sillones y sillas para tomar café y poder revisar los libros con más calma, recuerdo que compró una obra de Fernando Pessoa y un par de películas. Comenzamos a platicar de diversos temas, pero era importante escuchar parte de su pasado cuando vivió en la Ciudad de México y la relación que tuvo con otros autores. El tiempo me ayudaría a entender el carácter fuerte y a veces ácido que representa su persona, mucha de su poesía tiene fuego y dolor, mucho dolor, tanto que es posible sentirlo en nuestros cuerpos.

Todos los días lee poemas y reseña en su blog, el número de entradas es incontable, casi nadie lee su portal, pero es una verdadera enciclopedia de la poesía LGBT en México y Latinoamérica. Después de charlar caminamos y terminamos en el Centro comiendo en un restaurante, poco a poco pude abrirme y confesarme, la situación que vivía en la ciudad me estaba agobiado por las noticias que vivíamos, pero pude darme cuenta de muchas cosas. Nos despedimos y supe por un momento que la vida gay siempre será diferente, pero existen oficios como la escritura que ayudan a reconciliar.

 

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Leer Lubricantes es la reconciliación de las personas personas con el mundo y enemas, un puente a los sentimientos; es un libro que debe llegar a la esfera pública porque a diferencia de otras obras, esta clase de libros tiene la particularidad de quedarse en la mente. Los invito a leerlo, a dejarse llevar por las historias e identificarse con algunos escenarios, y también a darles un epílogo a estos poemas.

Me despido con uno de sus versos.

 

 

LA PERRA

 

La perra del segundo piso

llegó a la hora del ángelus,

por quinto mes consecutivo

portó entra una y otra oreja

un moño rosa desleído;

me pidió un gesto de buena

vecindad y le acerqué

un hueso salvado del basurero;

la perra y yo somos amigos

a partir un piñón desde

aquel entonces que compartimos

galletas Emperador de chocolate;

era una tarde soleada

de junio, cuando empiezan

las amistades duraderas

y fincadas en la honestidad;

ella sabe que somos

semejantes de pocas pulgas:

que se beba o no la leche

que le alcanzo, el hueso duro

de roer que soy o la galleta

integral, seremos amigos

aquí y ahora, allá y después.